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Cuentos para leer en secundaria
Tipo: Ejercicios
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FUNDACIÓN SECRETOS PARA CONTAR
Directora pedagógica: Tita Maya Presidenta Consejo: Lina Mejía Correa Directora administrativa: Isabel Cristina Castellanos Arteaga Directora instalación: Natalia Olano Velásquez Directora de educación: Vanessa Escobar Rodríguez
Talleristas: Alejandro Gómez J., Ana Isabel Cadavid C., Andrés David Alvarez C., Carlos Andrés Valencia F., Daniel Álvarez B., Daniel Úsuga M., Diego Franco G., Fabio Andrés Zapata M., Isabel Cristina López M., Juan David Londoño V., Juan José Obando J., Juan Luis Vega G., Juan Sebastián Castro P., León Felipe Franco C., Mary Belle Salazar M., Silvia Londoño C.
Consejo de Administración: David Escobar A., Ignacio Calle C., Juan Guillermo Jaramillo C., Beatriz Restrepo G., Lina Mejía C., Jorge Mario Ángel A., Paula Restrepo D., Manuel Santiago Mejía C., María Cristina Restrepo L. Invitados permanentes: Tita Maya, Gilberto Restrepo V.
Gracias a los aportes de: Abicano Ltda., Acción Social – Programa Red de Seguridad Alimentaria RESA, Agenciauto S.A., Alcaldía de Medellín – Secretaría de Cultura Ciudadana – Secretaría de Educación, Antioqueña de Negocios Ltda., Arquitectos e Ingenieros S.A. – AIA, Augura, Bimbo de Colombia S.A., Boulevard Mayorca, C.I. Cultivos Miramonte S.A., C.I. Hermeco S.A., Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, Central Hidroeléctrica de Chivor (AES CHIVOR), Cervecería Unión S.A., Coca–Cola Servicios de Colombia, Colombiana de Comercio S.A., Comfama, Comfenalco Antioquia, Compañía de Empaques S.A., Compartamos con Colombia, Coninsa Ramón H. S.A., Contegral Medellín S.A., Coordinadora Mercantil S.A., Corantioquia, Corbanacol, Cornare, Corpoayapel, Corporación Banco de Bogotá para el fomento de la educación, Corporación Cultural Cantoalegre, DeLima Marsh, Developing Minds Foundation, Inc., Distrihogar S.A., Dominante Ltda., Edatel S.A. E.S.P, Electrolux de Colombia S.A., Emilio Restrepo Ángel, Emisora Cultural Universidad de Antioquia, Empresas Públicas de Medellín, Exxon Mobil de Colombia, Fábrica de Calcetines Crystal S.A., Fabricato – Tejicóndor S.A., Federación Nacional de Cafeteros – Comité Departamental de Antioquia, Fernando Vélez Escobar, Ferrasa – Fundación Pizarra, Fundación Amigos de Camilo C. y Jonás, Fundación Argos, Fundación Aurelio Llano, Fundación Bancolombia, Fundación Colinversiones, Fundación Éxito, Fundación Fraternidad Medellín, Fundación Grupo Nacional de Chocolates, Fundación Oleoductos de Colombia, Fundación Pinar del Río, Fundación Probán, Fundación Saldarriaga Concha, Fundación Sofía Pérez de Soto, Fundación Suramericana, Fundaunibán, Give to Colombia – Mc Millan Foundation, Give to Colombia – CITI Foundation, Gobernación de Antioquia – Secretaría de Educación para la Cultura de Antioquia, IDEA, Imusa S.A., Indupalma S.A, Industrias Haceb S.A., Interconexión Eléctrica S.A. – ISA, Isagen, Johnson & Johnson de Colombia, Jorge Agudelo Restrepo, LG Electronics, Londoño Gómez S.A., María Luz Ospina Villa, Meriléctrica S.A., Mineros S.A., Nestlé de Colombia, Panasonic, Philip Morris Colombia S.A., Procter & Gamble Industrial Colombia, Productos Familia – Sancela, Protección S.A., RCN Radio, Samsung Electronics, Setas Colombianas, Sofasa S.A., Solla S.A., Sony Colombia, Tablemac S.A., Tahamí Cultiflores S.A. C.I., Todelar – Transmisora Surandes, Transmetano S.A. E.S.P., Warner Lambert y a otras entidades, fundaciones y personas que han ayudado de manera silenciosa.
CUENTOS PARA CONTAR. Cuentos populares colombianos. Edición: Lina Mejía Correa – Tita Maya – Fundación Secretos para contar. Asesores: Alberto Quiroga, Elkin Obregón, Luis Fernando Macías. Comité editorial: Beatriz Restrepo G., Juan Guillermo Jaramillo C., María Cristina Restrepo L., Olga Elena Mejía L., Gloria Palomino L. Investigación en bibliotecas: Juan Luis Vega, Zunil Lozano, Melisa Lozano. Investigación de campo: Javier Burgos, Sebastián Castro, Sebastián Muñoz, Juan David Londoño, Ángela Higuera, Juan Luis Vega, Tita Maya. Corrección de estilo: Alberto Quiroga. Corrección Gramatical: Elkin Obregón, Uver Valencia Vera. Diseño gráfico y montaje: Carolina Bernal Camargo. Ilustraciones del glosario: Catalina Londoño Carder. Agradecimientos: A los cuenteros de todas las comunidades, a Ángela Pérez y los directores de la Red de Bibliotecas del Banco de la República, Panamericana editorial, Ediciones B., Helmer Hernández, Gloria Morales, Adriana Rendón, Ana María Medrano y a las demás personas que apoyaron este trabajo.
Primera edición: 55.000 colecciones, abril de 2011 Segunda edición: 55.176 colecciones, septiembre de 2011 Tercera edición: 53.000 colecciones, marzo de 2012 Cuarta edición: 53.000 colecciones, agosto de 2012 Quinta edición: 8.000 colecciones, mayo de 2013 Sexta edición: 10.000 colecciones, marzo de 2014
Secretos para contar ISBN 978 – 958 – 33 – 8473 – 8 Libro Cuentos para contar ISBN 978–958–98845–7– Impreso en Colombia por Panamericana Formas e Impresos S.A.
® Todos los derechos reservados Fundación Secretos para contar [email protected] Tel. 57 (4) 266 41 63 Medellín – Colombia www.secretosparacontar.org
MATERIAL EDUCATIVO DE DISTRIBUCIÓN GRATUITA, NO TIENE VALOR COMERCIAL.
El cuento contiene la sabiduría de los pueblos y, sin proponér- selo, da tranquilidad y enseña a vivir. Es bonita la costumbre de contar cuentos en las reuniones familiares. Una persona que crece con el recuerdo de las jornadas al calor de los cuen- tos contados o leídos en grupo será un adulto con raíces pro- fundas, pues no hay alegría comparable a la de recordar lo que se siente cuando alguien nos narra un cuento.
La presente selección de cuentos populares colombianos es el resultado de un largo proceso, en el que el equipo de trabajo de Secretos para contar recopiló cientos de páginas y de mi- nutos grabados. Entre los relatos e historias reunidos, escogió los que constituyen este libro. Hay cuentos de casi todas las regiones del país y, como Colombia es un territorio rico en razas y culturas, quisimos incluirlas a todas o casi todas, como muestra de nuestra riqueza folclórica y cultural. Es un libro variado en personajes, lugares y situaciones.
No obstante, ésta no es más que una invitación para que, en todos los rincones del país, los niños y los jóvenes hablen con sus padres y abuelos, les pidan que recuerden los cuentos que alguna vez escucharon en la narración de sus mayores y des- pués los transcriban o los cuenten a otros, quienes podrán se- guir llevando el recipiente mágico de la sabiduría que son los cuentos en su viaje a través del tiempo y la memoria.
Luis Fernando Macías
Si quieren que cante coplas, voy a cantar la primera, pero como tengo susto, ni me acuerdo cómo era.
Si vas para Atrato abajo, lleva tu toldo y tu gato, porque de día pica el mosco y de noche el chimbilaco.
Arrancame un tamarindo y sembrame un gualanday, que yo no creo en las brujas pero que haberlas, las hay.
Picá tu macho Manuel y recogé tu sombrero, vámonos que va a llover y el camino es culebrero.
Sobre los llanos, la palma; sobre la palma, los cielos; sobre mi caballo, yo, y sobre yo, mi sombrero.
Mi mamá me dio un consejo que lo repetía mi abuela: el que tenga rabo de paja no se arrime a la candela.
El pájaro carpintero le preguntó al dios-te-dé: con ese pico tan largo, cómo come sumercé.
Las coplas que yo me sé ninguno me las enseña porque yo las improviso cuando estoy rajando leña.
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L os hombres, cansados del sol, no sabían qué hacer para que cayera agua sobre sus cultivos. Un día, Bigidima se encontraba recogiendo agua para regar su sembrado de yuca y chontaduro cuando, de pronto, saltó un gran pez de las profundidades del río, que lo asustó mucho. Enfurecido, Bigidima sacó su lanza y la arrojó con toda su fuerza, pero la punta de la lanza sólo alcanzó el fuerte cuello del animal. Inmediatamente, el pez sopló con tal fuerza que el agua que había tomado salió por la herida y cayó en forma de lluvia.
Desde entonces se sabe que siempre que hay lluvias, el delfín del río está soplando por el orificio que le hizo la lanza del airado Bigidima.
Selección y adaptación: Fabio Silva V. Publicado en: Mitos y Leyendas Colombianos. Bogotá. Panamericana, 1999. Ilustración: Nadir Figueroa.
El origen de las lluvias
R E G I Ó N A M A Z Ó N I C A M I T O W I T O T O
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El tigre volvió a dormirse. La lagartija pensó otra vez en apagar el fuego con su orina, pero en cambio cogió para sí una chispa de fue- go, la metió en su cresta y huyó atravesando el río. Despertó el tigre y divisó su fuego al otro lado del río, mas como él no sabía nadar y el río había crecido mucho con la lluvia, no podía ir a buscarlo. Así, pues, amaneció sin fuego. La lagartija llegó a donde estaban los demás, y así tuvieron fuego mientras que el tigre dejó de tenerlo, por lo cual ahora le toca comer carne cruda como antes les había tocado a los otros.
Clara Helena Baquero. Publicado en: La escuela en la tradición oral. Compilado por Helena Roldán. Bogotá. Editorial Plaza y Janés, 1998. Ilustraciones: Johana Bojanini.
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E n el principio de los tiempos los animales no encontraban buenos alimentos que comer.
La tierra, sembrada de colores, tenía árboles y flores, ríos y lagu- nas enmarcadas en playas de arena cálida, pero los animales no conocían el fuego ni sabían cultivar y se veían obligados a comer pepas y hongos de palos podridos.
Un buen día, Kutzikutzi, el perro de agua, a quien le gustaba sa- lir de noche a buscar su alimento entre las ramas de los árboles, sintió un agradable olor que se hacía más fuerte a medida que avanzaba. Cerró los ojos y se dejó llevar, hasta cuando tropezó con un gigantesco árbol y quedó extasiado al ver la variedad de alimentos que colgaban de sus ramas: plátano, piña, ají, yuca, caña, chontaduro, marañón y tantos otros, que solo los niños de hoy los conocen todos.
Kutzikutzi
R E G I Ó N A M A Z Ó N I C A
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hizo mirar para abajo, y descubrió el cuerpo de Piizí, el picure, en la oscuridad. Se enfureció, pero no dijo nada para que Piizí no se diera cuenta de que había sido descubierto, y desvió su camino hacia un pequeño árbol, del cual dejó caer unas pepas. Cuando Piizí vio las pepas, las recogió y regresó llevándolas para que los demás animales las probaran.
Todos las observaron, las tocaron y las olieron exclamando: —Esas pepas son amargas, huelen muy mal.
Al amanecer llegó el Kutzikutzi y, ante la mirada curiosa de todos, se acostó a dormir.
Aburridos y con la boca hecha agua, los animales se miraban con preocupación.
Entonces, Taba, la lapa, se levantó muy decidida y dijo:
—Yo voy a descubrir lo que come el Kutzikutzi —y se acostó muy cerca de él para esperar su partida.
Por la noche, cuando el Kutzikutzi se dispuso a ir al gran árbol, la lapa lo acechaba, y mientras él se deslizaba de rama en rama, ella se movía sigilosa entre árboles y matorrales.
Así llegaron los dos animales a la orilla del río. El Kutzikutzi miró hacia atrás malicioso, comprobando que no lo seguían, y se agarró de una rama que lo condujo a la otra orilla del río.
Taba miró para todos lados, y con un movimiento rápido se su- mergió en el agua y salió al otro lado, donde estaba el gran árbol de los alimentos.
Todo a su alrededor olía delicioso. La lapa se acercó a la raíz del árbol y empezó a comer de lo que había en el suelo: yuca, piña, marañón, ají...
Encima del árbol el Kutzikutzi comía ruidosamente y con su ku- tzi... kutzi... kutzi... kutzi... pasaba de una fruta a otra, sin darse cuenta de la compañía que tenía.
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Llegaron todos los animales de la selva, amigos y enemigos, y tra- bajaron día y noche, hasta que pasaron muchos soles y muchas lunas, hasta que un grito de alegría se escuchó en toda la selva y otro de sorpresa robó las sonrisas de los labios de los animales: ¡el árbol del Kaliawiri no caía porque estaba prendido del cielo con un bejuco!
Duiri, el arrendajo, voló para saber qué sucedía, y con su pico trató de romper el bejuco, con tan mala suerte, que al enterrar el pico la savia del bejuco salpicó sus ojos dejándolo casi ciego. El pajarito bajó triste y adolorido.
Los animales decían que no importaba cuánto tiempo duraran tumbando el árbol. ¡Lo iban a tumbar esta vez! Materí, la ardilla, y su compañero, subieron entusiasmados decididos a tumbar el árbol del Kaliawiri, y para hacer su trabajo con mayor rapidez, una de las ardillas se paró sobre el bejuco. Cuando el corte estuvo listo, los animales no cabían de contentos: el Kaliawiri se desplo- mó llenando la tierra con sus frutos. Luego los animales fueron sembrando yuca, piña, ají, merey, chontaduro, y con las prime- ras sombras de la noche, la ardillita colgada del bejuco alumbró como un lucero la tierra cultivada.
Mariana Avilán. Publicado en: Leyendas de los Piapoco y Emberá (Colombia). Bogotá. Cooperativa Editorial Magisterio, 2006. Ilustraciones: Alejandra Higuita.
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E n los tiempos aciagos de la esclavitud la vida de los negros era muy dura y estaba llena de pe- nurias, maltrato y discriminación. Uno de esos días, una joven esclava se encontraba buscando oro en las arenas del río Güelmambí. Se sentía fatigada y apesadumbrada. Había laborado ar- duamente toda la jornada pero no había conse- guido mayor cosa que entregar al amo blanco; el sol estaba a punto de ocultarse.
De pronto, un pájaro de plumajes vistosos se posó en la rama de un árbol y se puso a gor- jear alborozadamente. Se diría que tenía el ve- hemente propósito de encender la alegría en el corazón acongojado de la minera. Ella escu- chó con fascinación las tonadas de aquella ave desconocida y comenzó a imitarla. A medida que entonaba aquellas extrañas melodías su corazón iba mudando de sentimientos y una intensa media luna de sonrisa iba dibujándose en su rostro.
En la noche, mientras intentaba conciliar el sue- ño recostada en su estera, la joven negra se de- dicó a silbar las melodías que había aprendido aquella tarde. Los mineros del barracón la escu- charon maravillados y le pidieron que volviera a entonarlas una y otra vez. Ella lo hizo a cambio
El origen de los cantos
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