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DARWIN LAS EMOCIONES, Resúmenes de Psicología

TRES PRINCIPIOS LOS MOVIMIENTOS UTILES AL CUMPLIMIENTO DE UN DESEO SI SE REPITEN CON FRECUENCIA SE TORNAN HABITUALES QUE SE REPRODUCEN QUE APARECE ESTE DESEO O SENSACION, AUNQUE SU UTILIDAD SEA NULA O DISCUTIBLE. ANTITESIS; LA COSTUMBRE DE EJECUTAR VOLUNTARIAMENTE MOVIMIENTOS OPUESTOS BAJO LA INFLUENCIA DE IMPULSOS OPUESTOS. ACCION DIRECTA SOBRE LA ECONOMIA DE LAS EXCITACIONES DEL SISTEMA NERVIOSOS, INDEPENDIENTE DE LA VOLUNTAD Y DE LA COSTUMBRE EN GRAN MEDIDA. LA INFLUENCIA DE LA COSTUMBRE EN T

Tipo: Resúmenes

2018/2019

Subido el 03/05/2022

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1 Resumen texto La expresión de las emociones DARWIN
La expresión de las emociones en el hombre y en los animales. Carlos
Darwin
CAPÍTULO XIV CONCLUSIONES Y RESUMEN
Los tres principios fundamentales que han determinado los principales movimientos
expresivos. — Su herencia. — Papel de la voluntad y de la atención en la adquisición de las
diversas impresiones. — La expresión se reconoce instintivamente. — Prueba dada por
nosotros a la unidad específica de las razas humanas. — De la adquisición sucesiva por los
antecesores del hombre de las diversas expresiones. — Importancia de la expresión.
El primero de estos capítulos es el siguiente: He acabado ya de describir los actos
expresivos y explicar el origen o desarrollo de estos actos.
1. Los movimientos útiles al cumplimiento de un deseo acaban por tornarse tan
habituales , que se reproducen siempre que aparecen este deseo o esta sensación.
2. Nuestro segundo principio es el de la antítesis. Un uso constante ha afirmado en
nosotros la costumbre de ejecutar voluntariamente movimientos opuestos bajo la
influencia de impulsos también opuestos.
3. Por último, el tercer principio es el de la acción directa sobre la economía de las
excitaciones del sistema nervioso.
La experiencia demuestra que cierta cantidad de fuerza nerviosa es engendrada y
puesta en libertad siempre que el sistema cerebro-espinal es excitado. La fuerza ner-
viosa toma voluntariamente las vías que ha recorrido ya con frecuencia.
Vemos aún la influencia de la costumbre en todas las emociones y sensaciones resultado
de cualquier acción enérgica. Cuando estas emociones y estas sensaciones son experi-
mentadas en un débil grado y no provocan ningún acto exterior
Se califica de deprimentes otras emociones y sensaciones, porque no dan generalmente
lugar a un movimiento enérgico y acaban por producir un agotamiento completo; así es que
se expresan por señales negativas y por postración.
Por último, hay otras emociones, como el afecto, que no traen generalmente ninguna
clase de acto. Excita las señales ordinarias del placer.
Algunos efectos debidos a la excitación del sistema nervioso parecen ser independientes
del flujo de la fuerza nerviosa.
Los tres principios precedentes dan clara cuenta del gran número de movimientos y de
actos expresivos.
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1 Resumen texto La expresión de las emociones DARWIN

La expresión de las emociones en el hombre y en los animales. Carlos

Darwin

CAPÍTULO XIV CONCLUSIONES Y RESUMEN

Los tres principios fundamentales que han determinado los principales movimientos expresivos. — Su herencia. — Papel de la voluntad y de la atención en la adquisición de las diversas impresiones. — La expresión se reconoce instintivamente. — Prueba dada por nosotros a la unidad específica de las razas humanas. — De la adquisición sucesiva por los antecesores del hombre de las diversas expresiones. — Importancia de la expresión. El primero de estos capítulos es el siguiente: He acabado ya de describir los actos expresivos y explicar el origen o desarrollo de estos actos.

  1. Los movimientos útiles al cumplimiento de un deseo acaban por tornarse tan habituales , que se reproducen siempre que aparecen este deseo o esta sensación.
  2. Nuestro segundo principio es el de la antítesis. Un uso constante ha afirmado en nosotros la costumbre de ejecutar voluntariamente movimientos opuestos bajo la influencia de impulsos también opuestos.
  3. Por último, el tercer principio es el de la acción directa sobre la economía de las excitaciones del sistema nervioso. La experiencia demuestra que cierta cantidad de fuerza nerviosa es engendrada y puesta en libertad siempre que el sistema cerebro-espinal es excitado. La fuerza ner- viosa toma voluntariamente las vías que ha recorrido ya con frecuencia. Vemos aún la influencia de la costumbre en todas las emociones y sensaciones resultado de cualquier acción enérgica. Cuando estas emociones y estas sensaciones son experi- mentadas en un débil grado y no provocan ningún acto exterior Se califica de deprimentes otras emociones y sensaciones, porque no dan generalmente lugar a un movimiento enérgico y acaban por producir un agotamiento completo; así es que se expresan por señales negativas y por postración. Por último, hay otras emociones, como el afecto, que no traen generalmente ninguna clase de acto. Excita las señales ordinarias del placer. Algunos efectos debidos a la excitación del sistema nervioso parecen ser independientes del flujo de la fuerza nerviosa. Los tres principios precedentes dan clara cuenta del gran número de movimientos y de actos expresivos.

El asunto de estos estudios presenta pocos puntos tan interesantes cuyo último término es la producción de ciertos movimientos expresivos. Piénsese, por ejemplo, en la oblicuidad de las cejas en un hombre que sufre o se atormenta Este acto, en el transcurso de muchas generaciones, ha arraigado fuertemente y ha llegado a ser transmitido por herencia. Con el tiempo y los progresos de la civilización, la costumbre de gritar casi fué borrándose, quedó una tendencia a la contracción de los músculos. Los principales actos de la expresión, en el hombre y los animales, son innatos o hereditarios; es decir, que no son producto de la educación del individuo: es una verdad universalmente reconocida. Gran número de nuestras expresiones más importantes no tuvieron necesidad de ser aprendidas ; es, sin embargo, digno de ser observado que algunas de ellas, aunque seguramente innatas, reclaman de cada individuo un largo ejercicio antes de llegar a su perfección. Esta herencia explica también cómo jóvenes y viejos, así en el hombre como en los animales, expresan los mismos actos del espíritu por movimientos idénticos. Que un perro joven, por ejemplo, agite su cola cuando está contento y baje las orejas y descubra los caninos cuando quiere darse un aire feroz, lo mismo que un dogo viejo. Sin embargo, si en nuestra propia especie consideramos ciertos gestos, menos comunes que los precedentes, reconocemos con una sorpresa tal vez excesiva que son innatos (alzar los brazos abriendo las manos y extendiendo los dedos en señal de sorpresa). Podemos deducir la herencia de tales gestos y de algunos otros, viéndolos ejecutar por niños de corta edad, por ciegos de nacimiento, y por las razas humanas más diversas. Se ha de recordar también que se ha visto producirse en ciertos individuos ciertos vicios de una naturaleza nueva y particularísima. Cierto número de otros gestos que nos parecen de tal modo naturales parecen, no obstante, haber sido aprendidos como las palabras del lenguaje. Citaré por ejemplo, el que consiste en alzar las manos juntas y elevar los ojos ,al cielo cuando se está en oración No es perfectamente cierto que la costumbre de inclinar o alzar la cabeza en señal de afirmación o de negación sea hereditaria, porque no está universalmente difundida; sin embargo, es demasiado general. No hay más que un corto número de movimientos expresivos que hayan sido aprendidos individualmente, es decir, que hayan sido ejecutados de una manera consciente y voluntaria

La tendencia a ejecutar estos movimientos se afirmará y aumentará tanto más cuanto que se ejercerá más frecuentemente de una manera voluntaria, y sus efectos podrán hacerse hereditarios. Tal vez resultara interesante investigar si ciertos movimientos, que en su origen eran particulares a uno solo o a un pequeño número, no han podido transmitirse a otros individuos y tornarse finalmente universales. Cierto es que hay en el hombre, independientemente de la voluntad consciente, una fuerte tendencia a la imitación. Esta tendencia se encuentra asimismo en los animales: el chacal y el lobo han aprendido a imitar el aullido del perro. Ciertos actos primero voluntarios, se tornan pronto habituales, acaban por hacerse hereditarios, y hasta pueden entonces producirse, a pesar de la intervención de la voluntad. Todo el mundo admite que la mayoría de nuestros actos expresivos son innatos o instintivos; pero otra cuestión es saber si poseemos la facultad instintiva de conocer estos actos. Según las afirmaciones de Reggner , los monos aprenden pronto a distinguir, no sólo la entonación de la voz de sus amos, sino hasta la expresión de su rostro. Los niños pueden aprender en su temprana edad a distinguir los movimientos de la expresión en sus mayores. Lemoine responde a esto que, si el hombre tuviese una conciencia innata de la expresión, los autores y los artistas no hubieran encontrado tan difíciles de describir y de pintar las señales características de cada estado del espíritu. Pero este argumento no me parece convincente. Podemos, por ejemplo, ver cambiar la expresión de una manera incontestable en un hombre o animal y, sin embargo, ser incapaces de analizar la naturaleza. Muchos observadores declaran que estas expresiones se reconocen en las diversas razas humanas. Nuestra facultad de reconocer la expresión, aunque vaga y poco precisa en verdad, no es innata en nosotros. Las principales expresiones humanas son las mismas en el mundo entero; he tratado de demostrarlo. Particularidades orgánicas semejantes, adaptadas a las mismas funciones, han sido a menudo adquiridas por especies diferentes, gracias a la variación y a la selección natural. Pero esta consideración no basta para explicar la semejanza perfecta que existe en especies distintas. Sería curioso, aunque ocioso tal vez, investigar en qué época aparecieron sucesivamente los diversos movimientos de la expresión que el hombre ofrece actualmente. En efecto, gran

número de especies de monos lanzan, cuando están contentos, un sonido entrecortado evidentemente análogo a nuestra risa. Es pues, probable que nuestros antecesores no comenzaran sino bastante tarde a llorar; y esta conclusión está perfectamente de acuerdo con el hecho de que nuestros más próximos parientes, los monos antropomorfos, no lloran. Si el hombre hubiese respirado en el agua con ayuda de branquias exteriores en lugar de inspirar el aire por la boca y las ventanas de la nariz, sus facciones no hubieran ya expresado sus sentimientos, como lo hacen sus manos y sus miembros. Los movimientos expresivos del rostro y del cuerpo son en sí de gran utilidad. Son los primeros medios de comunicación entre la madre y el niño Según Haller cada individuo contrae preferentemente ciertos músculos del rostro según sus disposiciones personales; el desarrollo de estos músculos puede a causa de ello ser aumentado, y por consiguiente, las líneas o arrugas del rostro debidas a su contracción habitual pueden tornarse más profundas y aparentes. La libre expresión de una emoción cualquiera, por señales exteriores, la hace más intensa. Inversamente, los esfuerzos que se hacen para reprimir toda manifestación exterior moderan la emoción misma. La expresión o el lenguaje de las emociones tiene ciertamente su importancia para el bien de la humanidad.