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Características de los fármacos en general
Tipo: Apuntes
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En la parte anterior hicimos un breve recuento de la situación de salud y enfermedad de la po- blación en mundo y en México. Mediante dos ejercicios identificamos los principales proble- mas de salud.
Dado que la salud y la enfermedad son el objeto de estudio y de trabajo de los médicos, revisaremos ahora algunos conceptos básicos sobre qué es ese objeto de la medicina, para posteriormente revisar y usar algunos modelos explicativos.
Algunos conceptos generales sobre la salud y la enfermedad.
Si queremos definir ¿que es la salud y la enfer- medad? podemos empezar diciendo que no son cosas independientes que tengan una existencia propia y separada de los seres vivos (y de los humanos en particular). Sin personas no hay enfermos, ni tampoco sanos. La enfermedad, tampoco es algo con existencia propia que pasa de una persona a otra; en este sentido la deno- minación enfermedad transmisible es equívoca. Lo que se transmite son algunos agentes gene- radores de enfermedad presentes en algunas personas hacia otros que no los tienen. Estas últimas podrán entonces pasar de la salud a la enfermedad (o no).
Si salud y enfermedad no son una cosa, en- tonces deberán referirse más bien a un estado de cosas en la persona. Así, cuando decimos que las personas están sanas o que están enfer- mas nos estamos refiriendo a distintas formas de un orden de cosas del cuerpo y de la mente. Una persona puede entonces estar en un estado o en otro, o transitando de uno hacia otro. En este último sentido es que se habla del proceso salud enfermedad para referirse a un cambio constante entre ambos estados como polos ex- tremos dentro de un continuo.
En realidad el proceso más general que se desarrolla es el proceso de la vida, que es como
una forma de fluir de la materia a través de complejas formas de organización. La vida es como un río: a través de sus intrincados contor- nos fluyen gotas de agua que tal vez solo pasen una vez por ese río, mientras que el río mantie- ne el mismo contorno mucho más tiempo. La salud y la enfermedad son así formas polares a través de las cuales transcurre la vida. En los seres vivos que cuentan con formas de repro- ducción sexuada, la enfermedad y la muerte de los individuos parecen ser incluso parte del pro- pio programa de la vida, en la medida en que garantizan un adecuado reemplazo de indivi- duos viejos por jóvenes, como mejor condición para la especie. Pero, ¿cómo saber si una persona o pobla- ción presentan alguna enfermedad, o bien si están sanos? Un viejo aforismo de la medicina definió a la salud como “ la vida en silencio de los órganos. ” En consecuencia, la enfermedad tendería a identificarse con el síntoma, esto es la presencia ruidosa de la pérdida de la salud. Sin embargo, podríamos poner muchos ejem- plos de cómo pueden existir serios problemas en la estructura o funcionamiento del cuerpo sin que ello sea sintomático (por ejemplo mu- chos cánceres avanzan mucho tiempo de mane- ra silenciosa). De ahí que surgiera un nuevo aforismo que dice: “ no hay enfermedad sin se- de ” para el cual la presencia de alteración en la estructura, es decir la lesión, definiría la presencia de enfermedad, independientemente de si esa lesión se acompaña de síntomas o no. El hallazgo de células anormales en un Papani- colaou, así mostrará la enfermedad antes de que genere ningún síntoma. Pero la alteración de la estructura tiene que leerse a partir de su repercusión en la función. Si esta última no se altera los cambios estructu- rales representan meras variantes del proceso vital, como los son nuestras huellas digitales, las formas de nuestro iris o la peculiar forma de disposición individual de nuestros vasos retinia- nos. Para el fisiólogo del siglo XIX, la enferme- dad es tal si se altera la función más allá de las posibilidades de mantener el equilibrio (físico o mental). Pueden entonces haber situaciones de desequilibrio funcional previas a las lesiones estructurales evidentes, e incluso aparente-
mente precediéndolas; por ejemplo la pérdi- da de las función de coagulación parece pre- ceder a las lesiones (hemartrosis) en los hemofílicos. Y decimos aparentemente, por- que en el hemofílico la alteración estructu- ral se encuentra en el nivel molecular, mas precisamente en el ADN del cromosoma X. Esta definición molecular tenderá a estable- cer mejor los vínculos entre la alteración de la estructura y la función propias de la en- fermedad.
Pero estas definiciones resultan insufi- cientes si no se juzgan a partir de un marco mas amplio, el de la subjetividad del indivi- duo, así como de la definición de ésta por sociedad y la cultura. Así, la salud y la en- fermedad son conceptos construidos indivi- dual y colectivamente por personas que vi- ven dentro de una sociedad y dentro de una cultura. Quedarán así definidas en función de polaridades como la de bienestar y ma- lestar, capacidad y discapacidad, o limita- ción y potencialidad. Para ser consideradas como enfermedades quedarán así ubicadas aquellas condiciones del cuerpo o de la mente que generen malestar, que repercu- tan en una disminución de las capacidades o bien que impidan el pleno desarrollo de las potencialidades. Y la actividad humana diri- gida a promover la salud, prevenir y tratar la enfermedad será n o meramente una activi- dad de “ingenieria” biopsiquica, sino una acción orientada hacia el bienestar y el ple- no desarrollo de las capacidades y potencia- lidades humanas. De hecho, no son pocos los estudiantes de medicina que dicen haber escogido esta profesión precisamente porque desean estos objetivos...
Salud y enfermedad, finalmente, no son solo atributos de los individuos, sino también lo son de las poblaciones que éstos confor- man para mantener la identidad de las orga- nizaciones de la vida. Estamos entonces en condiciones de definir la salud y enfermedad de las poblaciones en términos de la capaci- dad que tienen para re-producirse, para des- arrollar su vigor físico, intelectual y cultural, y por aquellas características de individuos o grupos de individuos que puedan limitar aquellos atributos.
Modelos explicativos de la salud y la enfer- medad. Pero, ¿ qué, cómo, y quien son los responsa- bles de la salud y la enfermedad tanto de individuos como de poblaciones? Para res- ponder a estas preguntas se han elaborado diversos modelos explicativos. Por ejemplo en los inicios del siglo XIX había un modelo que dividía a las enfermedades en dos gru- pos: miasmáticas y contagiosas en función de la forma en que las personas las adquir- ían. Las primeras se adquirían producto de que a las personas llegaban emanaciones llamadas miasmas que contenían esencias mórbidas aparentemente producto de putre- facciones en el ambiente (entraba aquí por ejemplo el cólera); las enfermedades conta- giosas, en cambio, eran transmitidas direc- tamente de una persona a otra sin que me- diaran miasmas (por ejemplo la sífilis). En algunos momentos incluso había grandes dis- cusiones sobre la naturaleza miasmática o contagiosa de tales o cuales enfermedades, y posteriormente entre modelos miasmáticos o microbiológicos de la enfermedad. Como sea, este tipo de modelos permitía compren- der la enfermedad y diseñar acciones para controlar su difusión. Con el desarrollo del conocimiento cientí- fico fueron surgiendo nuevos modelos más poderosos y útiles para el entendimiento y la acción ante la enfermedad, y en la actuali- dad se siguen construyendo modelos por ejemplo que expliquen las interacciones en- tre genes, ambiente y sociedad en la pro- ducción de la enfermedad. En los textos que se presentan a continua- ción se plantean algunos de estos modelos: historia natural de la enfermedad (Laevel y Clark), red de multicausalidad Mc Mahon), modelo psicosocial (Cassel), modelo históri- co social (varios), modelo ecosocial (Krieger). Te recomendamos realizar el ejercicio de contraste de modelos que se expone en la siguiente página.