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De Gutemberg a Internet, Apuntes de Comunicación Audiovisual

Asignatura: Historia general de la comunicacion social, Profesor: , Carrera: Comunicación Audiovisual, Universidad: UPV-EHU

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 01/12/2014

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AsABRIGGS
PETER BURKE
DE GUTENBERG A INTERNET
UNA HISTORIA SOCIAL
DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Traducción de Marco Aurelio Galmarini
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AsABRIGGS

PETERBURKE

DE GUTENBERG A INTERNET

UNA HISTORIA SOCIAL

DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Traducción de Marco Aurelio Galmarini

taurus historia

T

-'IWo original: A Social History of the Media. i'Tom Gutenberg lo the Jnternet

OAsa Briggs y Peter Burke, 2002 CHle esta edición: Santillana Ediciones Generales, S. L., 2002 Torrelaguna, 60. 28043 Madrid Teléfono 91 744 90 60 Telefax 91 744 92 24 WW\-·.taurus.santillana.es

  • Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S. A. Beazley 3860. 1437 Buenos Aires
  • Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S. A de C. V. Avda. Universidad, 767, Col. del Valle, México, D.F. C. P. 03100
  • Distribuidora y Editora AguiJar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. Calle 80, n.0 10. Teléfono: 6..'\5 12 00 Santafé de Bogotá, Colombia

Diseño de cubierta: Pep Carrió y Sonia Sánchez

Esta obra ha sido publicada con la ayuda de la Dirección General del libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

cultura Libre

ISBNo 84-306-0479-D Dep. Legalo M-31.061- Printed in Spain- Impreso en España

Queda prohibida, salvo C'Xccpción pl"-ista en la ley, cualquier forma de reproducción. distribución, COIDunicación pública y tr,msfonnación de ota obra sin contar con autorización de los tirulares de propiedad intelectual. la infracción de los derechos mencionados � SCT constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (.-u. 270 � sgts. Código Penal)

  • PREFACIO
  • PREFACIO A LA EDICIÓN ESPA.<;¡OLA
    • l. Il';'TRODUCCIÓN.
  • 2 LA REVOLUCIÓN DE LA IMPRENTA EN SU CONTEXTO - Reconsideración de la revolución de la imprenta - La comunicación física - Imperio y comunicación - Comunicaciones transatlánticas - Comunicación oral - Comunicación escrita - Lenguas de l<t comunicación - La comunicación visual • - Imágenes impresas - Comunicación multimediática - Interacciones entre los medios , - Censura - Comunicaci6n clandestina - El auge del mercado - La historia de la lectura - Instrucción y entretenimiento •.. · - Revisión de la revolución de la imprenta - DE LA ERA MODERNA EN EUROPA • 3. MEDIOS Y ESFERA PÚBI.ICA A COMIENZOS - La reforma - Las guerras de religión y la rebelión de los holandeses - De la revolución puritana a la Revolución Gloriosa - La Ilustración y la Revolución en Francia - Variedades de la esfera pública - Comercio, industria y comunicación - 4. DEL VAPOR A LA ELECTRICIDAD - 5. PROCESOS Y MODELOS - El ferrocarril - Los barcos - El correo - El telégrafo - El teléfono - La radio - El cine y la televisión - El gramófono - Conclusiones - 6. INFORMACIÓN, EDUCACIÓN, ENTRETENIMIENTO - El <<cuarto estado••: la prensa - La era de la radio - La era de la televisión - Comentario e investigación - La dinámica del cambio - La sociedad de la información - Conclusiones - 7. CONVERGENCIA. - Cornucopia, elección y crisis - Ordenadores - Satélites - Cable - Videodatos - Internet - Conclusiones
      1. CONCLUSIÓN: ¿EN EL CIBERESPACIO?
  • CRmiOLOGÍA
    • PROCEDENCIA DE lAS ILUSTRACIONES
    • l.ECTL'RAS RECOMENDADAS
  • Í'IIDICE.-.'>ALÍTICO

PREFACIO

E 1 propósito de este libro -sobre un tema tan amplio y en constante expansión- es mostrar la pertinencia del pasado en el presente me diante la introducción de la historia en el estudio de los medios de co municación y éstos en la historia. Nuestra elección personal del medio refleja un optimismo cualificado en el futuro del libro, que creemos que continuará conviviendo con formas nuevas de comunicación en una nueva división del trabajo entre los medios, como ocurrió con los manuscritos en la era de la imprenta. En lo que concierne a nuestra división del trabajo, Peter Burke es

el principal responsable de los capítulos 1-3; Asa Briggs, de los capítu

los 4-8. Pero ambos autores unieron sus fuerzas para revisar el texto en reuniones regulares en diferentes locales, de King's Cross Station al Claridge, y mediante el contacto telefónico permanente. Quizás a los historiadores del siglo XXI les agrade saber que el texto fue redactado en parte a mano y en parte en ordenador por dos académicos cuya re sistencia a conducir automóviles y a utilizar el correo electrónico no es en absoluto incompatible con el interés por el cambio tecnológico y social tanto del presente y el futuro como del pasado. Nos gustaría dar las gracias a Amleto Lorenzini por haber sido el primero en ponernos a trabajar juntos en un proyecto sobre la histo ria de la comunicación, y aJohn Thompson por encargarnos el presen te volumen. Además, Asa Briggs agradece a Pat Spencer su colaboración como secretaria, y Peter Burke aJoad Raymond por sus comentarios a un borrador del capítulo tercero.

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DE GUTENBERG A 1:-.TERNET

peñó la prensa en la Revolución Norteamericana. Dada la vasta exten sión del Nuevo Mundo, la construcción de las líneas férreas fue en América más necesaria aún que en Europa. El auge de la alfabetiza ción popular fue importante por razones políticas y culturales, como recuerdan a los turistas que visitan fábricas tabacaleras cubanas los púlpitos desde donde era costumbre que un trabajador leyera para los demás. El auge de la telenovela' en México y Brasil y la exportación de muchos de esos seriales a otros países, incluso a España, ilustra la contribución de los nuevos medios a una cultura global. Sin duda, cualquier intento de escribir una historia que incluya el presente, como en nuestro caso, resulta interminable. El cambio tec nológico se produce cada vez más rápidamente y cualquier exposi ción corre el riesgo de quedar superada por los acontecimientos. Por ejemplo, este libro ya estaba en proceso de producción cuando tuvie ron lugar los trágicos sucesos delll de septiembre. Es probable que nadie que haya visto por televisión la destrucción de las torres geme las olvide jamás esas imágenes, y es probable que a los responsables del ataque les interesara más el impacto directo en los millones de es pectadores que en las víctimas directas. Mientras escribo, la búsqueda de una prueba de la responsabilidad de Osama ben Laden en el ata que se centra en un video, que es otro medio de comunicación de fi nales del siglo xx. Los acontecimientos del 11 de septiembre fueron nuevos, inesperados y devastadores, pero su demostración del papel decisivo de los medios en nuestra percepción del mundo del presen te ofrece muchos paralelismos.

*En castellano en el original.

INTRODUCCIÓN

S@lo en los años veinte del siglo XX -de acuerdo con el Oxford En

glish Dictionary-- se comenzó a hablar de «los media» o medios de c

municación y una generación después, en la década de los cincuen ta, de una «revolución de las comunicaciones>,, pero el interés por los medios de comunicación es mucho más antiguo. La retórica, que es el estudio del arte de la comunicación oral y escrita, se tomó muy en se rio en la antigüedad grecorromana y se estudió en el medievo y con mayor entusiasmo en el Renacimiento. Todavía en los siglos XVIII y XIX se consideraba con seriedad la retó

rica, aunque ya iban surgiendo otras ideas clave. A finales del siglo XVIII

apareció el concepto de «opinión pública», mientras que la preocupa ción por las «masas» se hizo visible a comienzos del XIX, en el momento

en que los periódicos, como sostiene BenedictAnderson en su Imagined

Communities (1983), contribuyeron a modelar la conciencia nacional al

hacer que la gente tomara en cuenta a otros lectores.

A comienzos del siglo xx, y sobre todo después de las dos guerras

mundiales, el interés de los estudiosos se dirigió a la propaganda. Más recientemente, ciertos teóricos ambiciosos, del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss al sociólogo alemán Niklas Luhmann, han exten dido más aún el concepto de «Comunicación». Lévi-Strauss escribió s bre el intercambio de bienes y de mujeres, mientras que Luhmann lo

hizo sobre el poder, el dinero y el amor como otros tantos Kommunika

tionsmedien. Así las cosas, como ya se han de estar preguntando los lec

tores, ¿hay algo en el mundo que no sea comunicación? Esta historia, por otro lado, se limitará a la comunicación de información y de ideas en palabras e imágenes por medio del habla, la escritura, la prensa, la radio, la televisión y, en los últimos tiempos, internet. Es significativo que precisamente en la era de la radio los estudi sos empezaran a reconocer la impor_tancia de la comunicación oral en la antigua Grecia y en la Edad Media/El comienzo de la era de la tele-

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AsA 8RIGGS Y PETER 8URKE

Figura l. Tintoretto, San Marcos rescatando a un esclavo, 1548.

Four Argumentsfor the Elimination ofTelevision, de Dennis y Merrill, se titu

laba «El vientre de la bestia••. El papel de la prensa y el de los periodistas que se ganan la vida con ella han sido siempre muy controvertidos!la

poca fiabilidad de los escritores de folletines era ya lugar común en el

siglo XVII. También es antigua la acusación de «sensacionalismo» o

«amarillismo;,¡ A pesar de todas esas continuidades, este libro se centrará en los cambios que se han producido en los medip$. En la presentación de tales cambios intentará evitar dos peligros: la afirmación de que todo' ha ido a peor y la suposición de que ha habido progreso continuó: Debe rechazarse la implicación de que las tendencias se han movido en una sola dirección, por elocuentes y distinguidos que sean en sus respectivos campos los autores que creen en ello. Así, el historiador

italiano Cario Cipolla, en su estudio Educación y desarrollo en Occidente

( !970) , acentúa la contribución de la alfabetización a la industriali zación y al «progreso)) y a la «civilización))' y sugiere que la «alfabe tización extendida entraña [... ] un enfoque más racional y más sensible de la vida». A este respecto, la obra de Cipolla es represen tativa de la fe en la «modernización)) ' característica de mediados

DE GLTENBERG A INTERNET

Figura 2. Anon, La vüión de San Bernardo, Libro de las horas, c. 1470.

DE GUTENBERG A INTERNET

en el cual operan, junto con los mensajes que comunican. Y más difí ciles de separar son los efectos a largo plazo, especialmente las con secuencias no intencionales y a veces sorprendentes del uso de un medio de comunicación antes que otro, incluso con la ventaja de la mirada retrospectiva. En verdad, que «efecto» sea el término correcto, dada su implicación de una relación unilateral de causa a efecto, es en sí mismo un tema de controversia. Ya en el siglo XIX se usaba el térmi no «red». El libro se centra en el Occidente moderno a partir de finales del si

gloxv. El relato comienza con la imprenta (c. 1450 d.C.) y no con el al

fabeto (c. 2000 a.C.), la escritura (c. 5000 a.C.) o el habla; sin embargo,

a pesar de la importancia que suele atribuirse ajohann Gutenberg

(c. 1400-1468), a quien los lectores de un periódico británico eligieron

recientemente como «hombre del milenio» (Sunday Times, 28 de n

viembre de 1999), no hay un corte claro o punto cero a partir del cual comience esta historia, de modo que a veces habrá que hacer breves referencias al mundo antiguo y al medieval. En aquellos días, las co municaciones no eran inmediatas, pero ya llegaban a todos los rinco- nes del mundo conocido.

·

En el siglo XX, el canadiense Harold Innis fue uno de los diversos estudiosos que advirtieron la importancia de los medios en el mundo antiguo. Con formación de economista, se hizo famoso por la «teoría de las materias primas» del desarrollo canadiense, en la que observaba el predominio sucesivo del comercio en pieles, la pesca y el papel, así como los efectos de estos ciclos en la sociedad canadiense. «Cada ma teria prima dejó su impronta, y todo paso al predominio de una nueva produjo invariablemente un periodo de crisis». El estudio del papel le llevó a la historia del periodismo, mientras que el de Canadá, donde las comunicaciones influyeron profundamente en el desarrollo políti

co y económico colonial y poscolonial, lo atrajo a la historia compara

tiva de los imperios y sus respectivos medios de comunicación, desde

la Asiria y el Egipto antiguos hasta hoy. En su Empire and Communica

tians (1950), Innis sostiene, por ejemplo, que el Imperio asirio fue pi nero en la construcción de autopistas y se decía que desde cualquier sitio era posible enviar un mens<Ye al centro y tener la respuesta en el plazo máximo de una semana. Como buen historiador económico, cuando Innis habla de «me dios» se refiere a los materiales que se empleaban para la comunicación y opone sustancias relativamente duráderas como el pergamino, la ar cilla y la piedra, a productos relativamente efímeros como el papiro y el papel (las secciones sobre las llamadas «eras» del vapor y la electrici dad subrayarán en capítulos posteriores de este libro la opinión de Innis sobre los medios materiales de comunicación). Luego Innis sugirió que

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AsA BRICGS Y f>ETER BURKE

el uso de materiales más pesados, como en el caso de Asiria, produjo una inclinación cultural al tiempo y las organizaciones religiosas, mien tras que el uso de materiales más ligeros, fáciles de transportar con ra pidez a grandes distancias, produjo una inclinación al espacio y a las organizaciones políticas. Parte de la historia más antigua de Innis es dé bil y algunos de sus conceptos están mal definidos, pero las ideas que expuso, así como la amplitud de su enfoque comparativo, han sido estí mulo y motivo de inspiración para quienes trabajaron en este campo con posterioridad. Es de esperar que los historiadores futuros anali cen las consecuencias del uso del plástico y el cable de la misma mane ra en que Innis lo hizo respecto de la piedra y el papiro. Otro concepto central en la teoría pionera de Innis fue la idea de que cada medio de comunicación tiende a crear un peligroso mono polio de conocimiento. Antes de decidir que sería economista, Innis pensó seriamente en hacerse pastor baptista. El interés del economis ta por la competencia, en este caso competencia entre medios de comu nicación, iba unido a la crítica del protestante radical al sacerdocio. En efecto, decía que el monopolio intelectual de los monjes medievales, basado en el pergamino, fue socavado por el papel y la imprenta, así como el «poder monopolista sobre la escritura» que ejercían los sacer dotes egipcios en la era de los jeroglíficos se vio subvertido por los griegos y su alfabeto. Sin embargo, en el caso de la Grecia antigua, Innis enfatizó más el habla que el alfabeto. En sus palabras, «la civilización griega fue un reflejo del poder de la palabra hablada». A este respecto seguía la opinión de un colega de Toronto, Eric Havelock (1903-1988), cuyo

Prefacio a Platón (1994) se centró en la cultura oral de los griegos clá

sicos. En ésta, lo mismo que en otras culturas orales, las canciones y los relatos se transmitían de manera fluida, no fija, y la creación era colectiva en el sentido en que los rapsodas y los narradores de histo rias adoptaban y adaptaban continua y recíprocamente temas y fra ses. Es lo que hacen hoy los intelectuales, aunque el plagio sea un de lito y nuestras concepciones de propiedad intelectual requieran el reconocimiento de la fuente del material utilizado, al menos en nota bibliográfica. Al clarificar el proceso de creación, Milman Parry (1900-1935) , pro fesor de Harvard, sostuvo que la Ilíada y la Odisea-aunque sólo sobre vivieron hasta nuestros días merced a su transcripción escrita- fueron poemas orales esencialmente improvisados. Para probar esta teoría, Parry realizó un trab.Yo de campo durante los años treinta en la Yu goslavia rural (como era ese país a la sazón) y registró actuaciones de poetas narrativos en un magnetófono de alambre (antecesor del de cin ta). Luego analizó las fórmulas recurrentes (frases hechas como «mar

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A<;A BRICGS Y PETER BI;RKE

Figura 3. Tapicería anóni�a, Apocalipsis, siglo XIV.

«iconografía» habría de pasar a la alta cultura y más tarde a la popular, donde el «Ícono» se refiere a una celebridad secular como Madonna, la cantante pop de tan apropiado nombre. Los iconos de Bizancio podían verse tanto en los hogares y las calles como en las iglesias, donde se exhibían en la iconostasis, que eran las puertas que separaban el santuario de los legos. En las iglesias catoli cas romanas no existía esa separación. En ambaii confesiones, el sim bolismo era un rasgo del arte religioso y de los mensajes que vehicula ba, pero en Bizancio, a diferencia de Occidente hasta la Reforma, se rechazaba la enseñanza por medio de la cultura visual y cada tanto las imágenes eran objeto de ataques porque las consideraban ídolos, has ta que fueron destruidas por los iconoclastas, movimiento que llegó a su apogeo en el año 726. El islam prohibió el uso de la figura humana en el arte religioso, como el judaísmo, de modo que mezquitas y sinagogas presentan un aspecto muy distinto del de las iglesias cristianas. No obstante, a partir

del siglo XIV fueron predominantes en Persia las figuras humanas jun

to con aves y animales en los manuscritos iluminados que florecieron bajo el Imperio otomano y la India mongola. Ilustraban una historia o una fábula. El ejemplo occidental más famoso de este tipo de ilustra ción es un bordado, el Tapiz deBayeux (c. 1 100) , pieza de unos siete me-

DE GLTEN6ERG A INTER....,ET

tros de largo que describe con gran vivacidad la conquista normanda de Inglaterra en 1066, representación narrativa que, en lo tocante a sus técnicas y efectos, se ha comparado a veces con un filme. En las catedrales medievales, las imágenes labradas en madera, pie dra, bronce o representadas en las vidrieras constituían un poderoso sistema de comunicación. En su novela Nuestra Señora de París (1832) , Victor Hugo describía l a Catedral y el libro como dos sistemas rivales: «éste matará a aquélla». En realidad, ambos sistemas coexistieron e

interactuaron durante mucho tiempo, como ocurrió luego con los

manuscritos y la imprenta. «En la Edad Media --de acuerdo con el hi toriador francés del arte Émile Mal e (1862-1954)- el arte era didácti co. La gente aprendía de las imágenes «todo lo que era necesario que

supiera: la historia del mundo desde la creación, los dogmas de la reli

gión, los ejemplos de los santos, la jerarquía de las virtudes, la variedad

de ciencias, artes y oficios: todo esto se les enseñaba mediante las vi

drieras de las iglesias o mediante las estatuas del pórtico». Otro medio de comunicación medieval a tener en cuenta era �1 ri tual. La importancia de los rituales públicos en Europa, incluso los rituales de fiestas, durante los mil años que van del 500 al 1500, se ha explicado (con agudeza pero inadecúadamente) por la baja tasa de al

fabetización de la época, Lo que no se podía registrar necesitaba ser

recordado, y lo que necesitaba ser recordado tenía que ser presentado

de un modo memorable. Los rituales elaborados y dr.unáticos, como

la coronación de los reyes y el homenaje de vasallos arnxlillados ante

sus señores sentados demostraban a los espectadores que había tenido

lugar un acontecimiento importante. Las transferencias de tierra po

dían ir acompañadas de regalos de objetos simbólicos, tales como un

terrón de hierba o una espada. El ritual, con su fuerte componente vi

sual, era una forma mayor de publicidad, como� a serlo en la

era de los acontecimientos televisados, como la COIOIIadóo de la reina

Isabel II de Inglaterra.

No obstante, la Europa medieval, como la antigua Grecia, se han

, considerado culturas esencialmente orales. La predicación era un me

. dio importante de difusión de información. Lo que ahora llamamos

literatura medieval se producía, en palabras de un estudioso pionero

en el tema, «no para un público lector, sino para un público oyente».

La lectura se realizaba en voz alta. Como observó el rector de una fa

cultad de Cambridge, H. J. Chaytor, en From Script toPrint (1945), si se

llenara con lectores medievales el salón de lectura de (digamos) la Bi

blioteca Británica, el zumbido provocado por el susurro y el murmu

llo sería insoportable. Los relatos medievales eran literalmente escu chados mientras alguien los leía en voz alta. Es lo que sucedía con todo tipo de poemas, tanto monásticos como seculares. La saga islande-

""

luación tanto de la invención de la imprenta como de todas las otras

tecnologías que en sus comienzos fueron tratadas como prodigios. Que

los cambios en los medios han tenido consecuencias sociales y cultura

les importantes es algo que hoy goza de aceptación gener.d. Lo que se

discute es la naturaleza y el alcance de esas consecuencias. ¿Son pri

mordialmente políticas o psicológicas? Desde el punto de visla políti

co, ¿favorecen la democracia o la dictadura? La era de la radio no sólo

fue la era de Roosevelt y Churchill, sino también la de Hitler, Mussoli

ni y Stalin. Desde el punto de vista psicológico, ¿estimula la lectura la

empatía con los otros o el retiro a un mundo privado? ¿Destru)oen la te

levisión o la red las comunidades o crean nuevos tipos de comunidad

en los que la proximidad espacial deja de ser importante?

Una vez más, cabe preguntarse: ¿son las consecuencias de laalfu

tización, o de la televisión, más o menos las mismas en todas las socie

dades o varían de acuerdo con el contexto social o cultural? ¿Es posi

ble distinguir entre culturas visuales, en las que lo que se ve pesa más

que lo que se oye, y culturas auditivas, más a tono con paisajes son

ros? ¿Hay, cronológicamente hablando, una •gran divisoria de aguas»

entre culturas orales y culturas alfubetizadas, o entre sociedades ante-

�"riores a la televisión y sociedades posteriores a la televisión? ¿Cómo se

relaciona eJ_motor de vapor con esta división? Con su invención, ado

ción y desarrolltr;las locomotoras y los barcos a vapor pudieron redu

cir el tiempo de viaje y extender los mercados. Y la electrónica, palabra

que no se usaba en el siglo XIX, logró la inmediatez, como ya sabían los

estudiosos del XIX.

Algunos de los que iniciaron los debates sobre los medios dieron res

puestas positivas, y no sólo Cipolla, sino teóricos de man:os académicos

muy diferentes, como Marshall McLuhan y su discípulo Walter Ong, cuya obra más conocida es Orality and Literacy (1982)_ El primero lo

gró rápidamente fama personal, mientras que el otro se contentó con

ser sacerdote e intelectual. En La galaxia Gutenherg: gñusis del homo ty

pographicus ( 1998) , escrita en forma experimental Comprender los

dios de comunicación: las extensiones del ser humano (1996), y otras obras, McLuhan, tras la huella de sus colegas de Toronto Innis y Havelock,

afirmó la índole fundamental de los medios, los identificó y estudió

sus características con independencia de la gente que los empleara,

las estructuras organizativas con las que operaran sus proveedores y los

fines con los que se utilizaran.

Para McLuhan, que tenía formación de crítico literario, lo impor

tante no era tanto el contenido de la comunicación como la forma

que adoptaba. Resumió su interpretación en frases memorables como

«el mensaje es el medio}> y la distinción entre medios «calientes))' como

la radio y el cine, y medios •fríos», como la televisión y el teléfono. Más

??

AsA BRIGGS Y PETER BURKE

recientemente, el psicólogo David Olson, otro canadienSe, acuñó en El mundo so/n-e papel ( 1998), la expresión «mente alfabetizada, para re sumir los cambios que las prácticas de lectura y escritura han produci do -es lo que él sostiene- en nuestra manera de pensar acerca de la lengua, la mente y el mundo, desde el surgimiento de la subjetividad hasta la imagen del mundo corno un libro. Ong, más interesado en el contexto, reconoció su deuda para con esta escuela de teoría de los medios de Toronto (el nombre, corno el de la escuela de Fráncfort, es un recordatorio de la continuada impor tancia de las ciudades en la corn unicación académica). Enfatizó las di ferencias de mentalidad entre culturas orales y las culturas quirográfi cas o «culturas con escritura», distinguió entre «pensamiento de base oral [... ] y el pensamiento de base quirográfica, de base tipográfica y de base electrónica,, y observó, por ejemplo, el papel de la escritura en la ••descontextualización, de ideas, en otras palabras, en sacarlas de las situaciones cara a cara en las que se las formulara originariamente, a fin de aplicarlas en otro sitio.

. El antropólogo Jack Goody ha analizado tanto las consecuencias sociales corno las psicológicas de la alfabetización de una manera pa ralela a la exposición de Ong. En La domesticación del pensamiento sal vaje ( 1985), sobre la base de un análisis de listas escritas en el antiguo Oriente Próximo, por ejemplo, Goody enfatizó la reorganización o la reclasificación de la información, otra forma de descontextualización que la escritura hizo posible. Inspirándose en su propio trabajo de campo en el África occidental, ha observado la tendencia de las cultu ras orales a lo que él llama «amnesia estructural», en otras palabras, el olvido del pasado, o más exactamente, el recuerdo del pasado corno si fuera semejante al presente. La permanencia de los registros escritos, por otro lado, actúa como obstáculo en este tipo de amnesia y estimu

la por tanto la conciencia de la diferencia entre pasado y presente. El

sistema oral es más fluido y flexible; el escrito, más fijo. Otros analistas han emitido juicios más generales acerca de las consecuencias de la al fabetización como condición para el surgimiento del pensamiento abstracto y crítico (por no hablar de empatía y racionalidad). Estas afirmaciones acerca de las consecuencias de la alfabetización han sido discutidas sobre todo por el antropólogo británico Brian Street. En Literacy in Theary andPractice (1984) , Street no sólo critica la idea de la alfabetización como «gran divisoria de aguas,, sino también lo que él llama «modelo autónomo» de alfabetización como «tecnología neu

tral que puede separarse de los contextos sociales específicos,. A cam

bio, propuso un modelo de alfabetizaciones en plural, que enfatizaba el contexto social de prácticas tales como la lectura y la escritura y el papel activo de la gente corriente que se vale de la alfabetización. To-