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El Banco Ciudad, por solicitud de la Secretaría de
Cultura del gobierno porteño, adquirió los manuscritos
de Manuelita Rosas, que contienen un epistolario durante
sus años de exilio, dirigido a su mejor amiga, Petronila
Villegas de Cordero, entre 1864 y 1884. Este material
permitirá una mejor lectura de la historia de esa época a
través de su exhibición y consulta.
De esta manera el Banco Ciudad reafirma el compromiso
con la cultura que mantiene con toda la comunidad.
Esta convicción lo ha llevado a participar en acciones
que, como esta exposición, propician la recuperación y
preservación de nuestro patrimonio y su difusión.
Por ello, el Banco ha estado presente siempre que ha sido
necesario, constituyéndose en defensor de nuestra memoria
e identidad. Esta concepción se fundamenta en el precepto
de que es imposible saber hacia dónde vamos si no podemos
construir de dónde venimos.
Roberto J. Feletti
La muestra "De Rosas a Sarmiento, Buenos Aires vida
cotidiana" es la pimera de una serie de exhibiciones
patrimoniales previstas para el Espacio Casa de la
Cultura.
Concebida para ilustrar y confrontar usos y costumbres
de un extenso período en el que se operaron importantes
transformaciones en la historia de nuestro país, esta
muestra está integrada por piezas y documentos
procedentes de museos e instituciones culturales del
Gobierno de la Ciudad.
Todas ellas contribuyen a articular un friso en el que las
cartas de Manuelita Rosas y Domingo F. Sarmiento
asumen protagonismo y actúan como contrapunto de dos
voces y dos visiones de época.
La inauguración de esta muestra coincide también con la
apertura de la etapa más reciente del plan de
restauración, mantenimiento y puesta en valor de los
espacios significativos del edificio, uno de los baluartes de
nuestro patrimonio aquitectónico. De este modo se
incorpora a la oferta de muestras, espectáculos y eventos
que componen la vasta actividad cultural de la Ciudad de
Buenos Aires.
Silvia Fajre
Proyecto y dirección Silvia Fajre
Curaduría Ana Battistozzi
Coordinación general Delia Krupnik
Investigación y guión histórico Liliana Barela - Lidia González
Investigación arqueológica Daniel Schávelzon
Guión museográfico, diseño y montaje Adriana De Paulis - Magdalena Insausti - Nora Seilicovich
Diseño de comunicación visual Fabio Ares
Producción fotográfica Gabriela Mareque - Sol Arrese
Coordinación técnica museológica Elena Colom
Coordinación técnica Irma Cancio
Consultores Carlos Melo - Enrique Luco - Patricia Frazzi - Rosa De Luca
Relaciones institucionales Marcela Pungitore
Producción Alejandro Antico
Participa Banco de la Ciudad de Buenos Aires Roberto J. Feletti
Agradecimientos Archivo General de la Nación: Miguel Unamuno / Banco de la Ciudad de Buenos Aires: Juan Carlos Álvarez, Ana van Raap, Julio Alejandro Abal / Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo: Bernardo Dujovne / Museo Nacional del Traje: Susana Speroni / Museo de la Ciudad: José María Peña, Eduardo Vázquez / Museo Histórico Saavedra: Alberto Piñeiro, Marta Sánchez / Museo Eduardo Sívori: María Isabel de Larrañaga / Museo I. Fernández Blanco: Jorge Cometti, Patricio López Méndez, Gustavo Tudisco, Roberto Devicenzi / Museo José Hernández: Ana María Cousillas, Alicia Negrín / Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires: Enrique Robira, Sandra Condoleo, Rubén Martínez, Susana Sprovieri, Roberto Negri, Marcela Barsamian / Imprenta Municipal: Jorge Catania, Jorge Macri / Museo del Patrimonio de Aguas Argentinas: Jorge Tartarini
La casona
El edificio fue proyectado por el ingeniero español Felipe
Senillosa y construido por José Santos Sartorio; su diseño
era similar al Poggio Reale de Nápoles, compuesto por un
gran rectángulo con cuatro torreones esquineros y un
planteo simétrico.
La construcción contaba con la Casona principal y la
Maestranza, conjunto de talleres, oficinas, caballerizas y
sede de la guardia. Para la realización de esta obra se
debió preparar el terreno pantanoso con un sistema de
drenaje, terraplenes, canales y piletas. El parque
formado en torno de la mansión exhibía numerosas
variedades de plantas, calles de ombúes y palmeras,
frutales y especies autóctonas. Había un zoológico y una
variada fauna en libertad.
La vida en Palermo fue intensa, ya que allí se
concentraban las actividades políticas y diplomáticas.
Los fines de semana, Rosas permitía el ingreso de
paseantes, que concurrían al parque para recrearse con
su belleza.
Londres, Febrero 7 1865
...Si el retrato de Tatita a que te refieres es una fotografía en tarjeta tomada de la miniatura original que yo poseo y que hizo en aquel mismo tiempo... Por supuesto que obtener de Tatita permita hoy tomar su retrato es casi imposible, pero vamos a probar otra vez a ver si lo conseguimos y en tal caso se los mandaríamos tal cual está al presente, pues aquel retrato fue tomado cuando tenía 37 años, única vez que se prestó a ello y eso se lo debemos a los empeños de Sir Morbine Paris (sic) ...
“Llegué a Palermo como a las cinco de la tarde... dejé mi caballo y me fui a buscar a Manuelita... estaba rodeada de gran séquito, en lo que se llamaba el jardín de las magnolias...”
Lucio V. Mansilla. Los siete platos de arroz con leche
Testimonios del caserón
En las excavaciones arqueológicas hechas en lo que fuera el
caserón, se hallaron objetos de la vida cotidiana desde los
tiempos de Rosas y Manuelita, hasta su demolición en 1899.
El hecho de que estos elementos se encontraran entre los
escombros del mismo edificio, revela los usos diarios del
lugar. Se trata de fragmentos de diversos objetos cotidianos
cuya mayor parte proviene de Inglaterra, principal
fabricante y exportador en ese tiempo: platos, pipas, ollas,
botellas de vidrio negro; otros provienen de Francia y hasta
de Holanda, mostrando el tipo de economía que tenía
nuestro país en la época.
Es interesante destacar que por aquel entonces lo cotidiano
era aun modesto, sin los lujos que tendría Buenos Aires una
generación más tarde, siendo lo suntuario poco; valgan
como muestra de la nueva moda europea en higiene, un
fragmento de cepillo de dientes de hueso y otro de un frasco
de brillantina para el pelo, ambos franceses. Estos objetos
fueron recuperados en las excavaciones realizadas en
1985 y 1988.
Juan Manuel de Rosas^ Maqueta del caserón
Buenos Aires
Hacia 1850, Buenos Aires contaba con algo más de
80.000 habitantes. Aunque mantenía en su trazado y
estructura características coloniales, sorprendía por su
gran dinamismo. El centro comercial estaba en la Plaza
Victoria y su entorno. En la calle 25 de Mayo se
agrupaban los tenderos ingleses e irlandeses y en la zona
comprendida entre Belgrano, Perú, Universidad
(Bolívar) y Biblioteca (Moreno) se ubicaban las casas de
importación y exportación. En los alrededores había
fundiciones, carpinterías, jabonerías, herrerías,
platerías, talabarterías, molinos.
Además del núcleo central de la ciudad, se distinguían los
poblados de San José de Flores, al oeste; la Blanqueada y
Palermo de San Benito, al norte, y el de Barracas, al sur,
junto al Riachuelo. Un poco más allá, la ciudad se fundía
en un paisaje rural, donde el matadero mostraba todo su
realismo.
Benito Hortelano, un periodista español, escribe en 1849 su encuentro en Burdeos con tres vascos “cubiertos con boina y poncho: —¿De dónde vienen ustedes? —De Buenos Aires, señor. —¿Qué tal país es aquél? —Magnífico, señor, es la tierra de promisión. —¿Qué tiempo han estado allí? —Cinco años y hemos ganado 20.000 patacones, entre los tres. —Pues, ¿de qué se han ocupado ustedes? —En saladeros, friendo grasa y desollando reses...”
“El gaucho, o el argentino de la campaña, es un hombre alto, enjuto y moreno. Apenas puede tenerse en pie, apartado del pecho materno, se le coloca a caballo en la delantera de la silla paterna y aprende así al mismo tiempo, a conocer el suelo que pisa y el fiel animal que ya no abandonará hasta su muerte”.
Pablo Mantegazza. Viajes por el Río de la Plata.
En la Alameda se daba cita todo el mundo elegante; por la tarde, era el lugar del cortejo, y en las noches de verano, ofrecía un paisaje pintoresco al divisarse en la playa las luces de los faroles de una multitud de bañistas.
Payada en la Pulpería , Morel. Óleo
Calle de la Alameda , Carlsen. Óleo, 1845
Par de botas de potro
Matadero , Ísola. Litografía
Poncho pampa y montura inglesa
La vida de las mujeres descubierta a través de la
correspondencia tiene el encanto indudable de acercarnos
a intimidades, secretos y confesiones que trascienden el
ámbito privado. En el caso de las mujeres notables,
aquellas que formaron el círculo íntimo y familiar de los
hombres que ejercieron el poder, revela no solamente
historias del entorno familiar sino también, y en la
mayoría de los casos, una verdadera influencia y un peso
político que no han sido valorados en toda su dimensión.
Es el caso de Manuelita. Estas cartas manuscritas por
Manuelita Rosas durante su exilio en Londres, dirigidas a
su amiga Petronila “Pituca” Villegas de Cordero tienen el
tono afectivo de una larga amistad, expresan a la vez la
simpleza de la vida y la magnitud que les ha otorgado la
historia.
Manuelita trató de mantener en su nuevo destino los
vínculos con sus amigos y su círculo porteño. Contestaba
la correspondencia con puntualidad y recibía a los que
iban a visitarla.
Pituca será la amiga fiel, que mantendrá el nexo con la
patria durante treinta años de confidencia y auxilio
pecuniario.
Compartirán a través de la distancia, la crianza de los
hijos, las preocupaciones por los acontecimientos que
ocurren en Buenos Aires, los sentimientos que van
madurando a lo largo de sus vidas.
Los manuscritos de Sarmiento, que pertenecían a su
secretario privado, son notas y borradores que Sarmiento
preparó para la inauguración del Parque Tres de Febrero
en 1875, cuando ejercía la presidencia de la Comisión
encargada de la creación del Parque.
En estos escritos se aprecia la concepción del espacio
público, relacionada con la recreación, la higiene y la
función pedagógica.
Para Sarmiento, el Parque es un gran espacio
civilizatorio. Representa un paso hacia la modernidad,
hacia la equiparación con lo que se entendía era el
progreso, ya manifestado en otras capitales del mundo.
Un gran Parque como éste permitiría a toda la población,
sin diferencias sociales, étnicas o religiosas,
disfrutar del aire puro y solazarse con la belleza
artística de su entorno.
El exilio
Después de Caseros, Rosas y sus hijos, Juan y Manuelita,
se refugian en Inglaterra. Allí los espera una vida
silenciosa y despojada de protagonismo político.
Quedarán atrás para siempre, las reuniones en Palermo,
las cabalgatas, el campo inmensurable...
Buenos Aires
El desarrollo del comercio de exportación y la llegada
masiva de inmigrantes al país fueron factores
fundamentales en el proceso de transformación que inicia
Buenos Aires en los últimos años del siglo XIX.
La inmigración europea, llamada a poblar el campo,
permanece en un gran porcentaje en Buenos Aires, que
demandaba brazos para la construcción de obras públicas
y de infraestructura, así como personal para el
funcionamiento cotidiano de la ciudad, comerciantes y
empleados de servicio.
En 1887, siete años después de su federalización, Buenos
Aires incorpora los municipios de Flores y Belgrano. Es
el ámbito capaz de asegurar el progreso y la instrucción
de los ciudadanos. Como centro administrativo y
comercial, generará una nueva arquitectura burocrática:
Casa de Gobierno, proyecto de construcción del
Congreso y la apertura de un bulevar que los unirá, la
Avenida de Mayo.
Mientras una actividad incesante y febril se percibía en la
zona de los muelles, en los suburbios se iban generando
nuevos núcleos urbanos.
“Después de revestir al General Rosas con un gran capote y gorro de marino, a su hija como si fuese un joven y a su hijo con mis ropas, y hallándose listo un bote en cierto lugar, perteneciente a un bajel mercante, nos dirigimos hacia él...”
Robert Gore, representante diplomático inglés en Buenos Aires
“Viniendo de Lisboa a Francia, mi buen viejo quiso visitar a Manuelita y nos fuimos a Southampton. Allí estaban alijados, en la misma casa, una quintita de los alrededores: Rozas, Manuelita, Juan Rozas mi primo, Mercedes Fuentes su mujer, Juan Manuel mi sobrino, Máximo Terrero, y un negrito, al cual ya mi tío le decía, por ironía, Míster... Mi tío conservaba su chaleco colorado y Manuelita su moño. ..”
Lucio V. Mansilla. Memorias
Bombonera de plata labrada con tapa de perlas
Buenos Ayres a vista de pájaro. Col. Moores
Recibo firmado por Rosas por los cincuenta pesos fuertes, suma con que me auxilia
Londres, Octubre 6 1884
...Nuestros principios pa. la educación no son los que hoy se practican en esa...
...el pueblo argentino puede desde hoi (sic) considerarse iniciado en todos los esplendores de la civilización...
Manuelita Rosas de Terrero
Vida cotidiana en tiempos de Sarmiento
El incremento del consumo en la vida doméstica toma un
impulso muy fuerte después de la batalla de Caseros y la
apertura al comercio internacional, especialmente con
Inglaterra. Las casas se ven llenas de nuevas vajillas
decoradas a todo color, en especial con flores pintadas a
mano, en las cuales la decoración pasaba incluso por las
bacinicas para debajo de la cama. Llegaban botellas de
vino de Francia, refrescos de todo el mundo, vinagre y
especias.
Las mujeres podían retocar su cutis con delicados
potes de polvos faciales importados, o lavarse los
dientes con las nuevas pastas dentales, las
medicinas para dolores verdaderos y ficticios
llenaban las farmacias y la decoración abarrocada
Londres, Febrero 7 1865
Mi Máximo te manda decir que si hubiera sabido antes que deseabas la máquina para planchar manteles... te la habría mandado... y que la verdad son de gran utilidad en una casa de familia...
llegaba a los herrajes de las puertas y a todo lo
visible en la casa.
El aluvión de los objetos importados impactó en todos los
niveles sociales, y a partir de la mitad del siglo XIX
desaparecen de Buenos Aires las cerámicas y objetos de
tradición indígena y africana. Entran en los hogares
modestos las muy utilitarias vajillas de cocina y mesa,
hechas de hierro esmaltado, o, cuando se podía comprar
algo mejor, la loza blanca inglesa sin decorar. Se hacen
habituales las planchas de hierro para trabajar de
lavanderas, y se reciclan objetos de todo tipo, como los
cuchillos sin mango encontrados en excavaciones, o
simples cajitas hechas de madera.
“La avenida que se denomina Sarmiento, y que flanquean Palmas y Plátanos occidentales desde la calle Santa Fe al Oeste hasta la margen del Río al este, establecía una gran línea. Esta avenida era además aconsejada por el propósito de poner en contacto inmediato el parque con la calle Santa Fe, que por su amplitud y pavimento continuo, por estar iluminada a gas en toda su extensión y servida por tramways, daría fácil acceso a las personas de modestas condiciones de existencia...” La avenida de las Palmeras o de las Escobas como también se la llamaba, pasa a llamarse Sarmiento cuando él aún vivía, en l879.
La construcción
El proyecto del parque fue discutido en la sesión
legislativa del 30 de mayo de 1874.
La cuestión del nombre para designarlo se convirtió en el
tema principal. Un diputado de Santa Fe propuso el de
“Gran parque de Washington”; otro diputado de Córdoba
replicó que en su opinión debía ser el de uno de nuestros
próceres. Por último, Vicente Fidel López, propuso darle
al parque “un título de propiedad”, como “Parque de
Caseros” o “Parque Tres de Febrero”, refiriéndose a la
batalla o al día de la caída del régimen de Juan Manuel de
Rosas.
El trazado y la construcción del parque fue realizado por
un conjunto de técnicos europeos y un grupo de alumnos
del Colegio Militar, quienes confeccionaron los planos.
En 1875 Sarmiento autoriza que una sección del terreno
sea ocupada por la Sociedad Rural Argentina, a fin de que
se lleve a cabo allí “una exposición que entra
completamente en los objetos de ese gran parque, y sitio
de recreo y concurrencia de la población...”
El 11 de noviembre de 1875, el presidente Nicolás
Avellaneda, ante una multitud entusiasta, plantó una
magnolia americana y dejó inaugurado el Parque Tres de
Febrero.
Plano Ciudad de Buenos Aires, Guía Kraft, 1888_._ Detalle del Parque 3 de Febrero
Tareas de jardinería en la avenida central del Parque
Orden de marcha para el desfile del día de la inauguración
“...El encargado del gas da parte con esta fecha que alumnos de la Escuela Militar se entretienen en tirar con piedras sobre los vidrios de los faroles habiendo ya roto ciento treinta...”
Carlos Thays, arquitecto y paisajista de origen francés, fue Director de Paseos Públicos de Buenos Aires en
- Entre su inmensa obra, crea el Jardín Botánico
“Cuarenta y siete años resistió de pie, desafiando hasta la cólera popular, que es abrasadora, y las pasiones embravecidas, que son impetuosas, la casa que ocupó el general Don Juan Manuel de Rosas –el más poderoso de nuestros caciques de levita y el más típico de nuestros caudillos de la época bárbara, inexplicable ya para varias generaciones, en que los gobernantes eran gauchos con exterioridad europea– en el tradicional Palermo de San Benito, en lo que hoy es el Parque Tres de Febrero. Escapó a muchas tentativas, pero siempre se salvó debido a la intervención ya de Mitre, ya de Sarmiento, ya de Avellaneda, a cuyos espíritus cultivados hablaban aquellas paredes chatas, aquellos arcos con reminiscencias de la época colonial, aquellos pilarcitos remedando chimeneas, aquel conjunto pretencioso que, sin embargo, parecía monumental a los ojos del gaucho habituado al rancho de chorizo o de sus paredes quinchadas...”
Fray Mocho, en Caras y Caretas , 4 de febrero de 1899
Foto A.G.N.
En mayo de 1874 habían comenzado las conversaciones para
la construcción de un sistema de bombas extractoras de agua
del río, su filtración y almacenamiento.
También se agregó a la obra, cañería especial dirigida al
Parque para su riego, pues los arrendatarios se quejaban de la
falta de agua, como consta en una carta dirigida por Juan
Hansen a la Comisión. Finalmente, el edificio construido es
llamado Establecimiento Recoleta o Casa de Bombas y
ocupaba el actual edificio del Museo Nacional de Bellas Artes.
En junio de 1876 se autoriza a la Empresa Gas de
Belgrano a iluminar todo el Parque con faroles dotados de
mecheros de gas.
En 1899, la casona de Rosas, que se había transformado en sede
del Colegio Militar, es demolida.
La historia nos descubre dos conceptos sobre lo privado y lo
público referidos a un mismo espacio: para Rosas, Palermo fue
demostración de autoridad, para Sarmiento, el Parque
significaba la modernidad.
Plano Ciudad de Buenos Aires, detalle del Parque de Palermo, Ludwig, 1892_._ Se aprecia la planta del antiguo edificio transformado en cuartel militar
Detalle de una bomba de agua centrífuga, 1874
Caserón de Rosas, abandonado