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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CAJAMARCA FACULTAD CIENCIAS DE LA SALUD DEPARTAMENTO ACADÉMICO DE ENFERMERÍA ASIGNATURA: BASES TEÓRICAS Y FILOSÓFICAS DEL CUIDADO ENFERMERO
ENFERMERÍA
Carper citado en Waldow destaca la deshumanización en los servicios de prestación de salud y la resultante despersonalización de los clientes/pacientes. Para ella la consideración a la persona como un todo y la consideración y sensibilidad a la integridad del self (yo) es un orden ético. El cuidar como un valor profesional y personal, es de central importancia para proveer patrones normativos que gobiernen las acciones y las actitudes en relación con las personas a las que se cuida (1). Roch también se refiere a la deshumanización y hace un llamado a la conciencia, a la compasión, a la espiritualidad, dice que el mundo de la salud que busca la espiritualidad, la trascendencia, es un mundo en pos de sentido. Llama a la conciencia de los valores que moldean nuestros pensamientos y nuestras decisiones; a examinar los fracasos de un humanismo reduccionista que rechaza cualquier cosa más allá de lo físico y de lo empírico y llama al cuestionamiento de las insuficiencias de la visión mecanicista de la ciencia que reduce todos los fenómenos a un análisis material (1). En la enfermería el cuidado es una acción que involucra comportamientos y actitudes que expresan los valores o los principios como el compromiso, la responsabilidad, la obligación, la esperanza. Equivale a entender el cuidado como la ética de enfermería (1). Carper, a su vez, habla de la erosión del cuidado, en la que los factores parecen tener una influencia determinante. Uno de estos factores es la ya establecida especialización en las profesiones de salud. Esta excesiva especialización ha resultado en divisiones y subdivisiones de tareas y de pericia profesional. La estructuración de las instituciones cada vez más sofisticadas y burocratizadas, son inevitablemente despersonalizantes. Los pacientes están a merced de extraños cuyas funciones y roles desconocen de máquinas, de aparatos y pruebas estremecedoras y de rutinas totalmente desconectadas de sus conocidos hábitos familiares. El paciente se convierte solamente en otro paciente más, otra patología, otro tratamiento, otro prontuario, otro nombre en la lista diaria del cronograma de las salas y de las cirugías, unidades y menúes, se le pide que descarte su identidad como persona y se convierta en paciente. Pocas personas tienen una experiencia hospitalaria sin sentirse, de alguna forma, con algún grado, despersonalizadas y privadas de sus derechos humanos básicos y de su dignidad (1). Otra influencia de la erosión del cuidado resulta en uno de los productos de la ciencia, la tecnología. Incluso aunque los avances científicos y tecnológicos produzcan innumerables beneficios, al igual que la habilidad y el conocimiento de muchos equipos de especialistas, también causan despersonalización, formalismo, frialdad, devaluación a los que se acaba sometiendo a los individuos (1).
que simplemente estés con ella. Acepta sus limitaciones, demuestra tu cariño, muestra que te gusta estar con ella, sin decir ni hacer nada”. Después de un cierto tiempo, se podía ver a los dos sentados largo tiempo en silencio; Fernando sosteniendo la mano de su madre y ella sonriendo. El parece haber aprendido a tener más paciencia y a apreciar la compañía de la madre, la cual, a su vez, también daba muestras de felicidad por la visita del hijo (1). La verdadera presencia de los seres queridos contribuye a afirmar la conciencia de la persona, los pacientes perciben la diferencia valorando el cuidado y a las personas cuidadoras, pues sienten que no son meros objetos, sino seres respetados y valorados como personas (1). Se puede decir que la ética está siempre asociada a esta presencia , que es uno de los componentes más importantes del cuidado humano. Es estar allí, presente de forma plena con el ser que necesita de cuidado y de ayuda. En realidad, el cuidado humano por sus características se considera la ética propia de la enfermería (1). Bishop y Scudder también afirman que el cuidado involucra la acción de pensar y que muchas veces, la enfermería disocia el pensar del sentido de cuidar. El cuidado humano es una relación terapéutica en la cual la presencia es total y el sentido moral de la enfermería es pleno, promoviendo el bienestar. Esta relación se actualiza y refuerza a través de la práctica de la enfermería (1). Las enfermeras, en general no reconocen las implicaciones morales de sus acciones de cuidar. Están habituadas a actuar técnicamente y no consiguen articular el sentido moral (1). La acción de cuidar pensada como una ética de cuidar la denomina Roselló edificante. Para él, mientras curar se relaciona directamente con el exterior de la estructura personal, esto es su corporeidad, el cuidar con la interioridad de la persona. Así edificar al ser enfermo quiere decir recomponer su interioridad, reconduciéndolo a su identidad (1). En la enfermería el cuidado es una acción que involucra comportamientos y actitudes que expresan los valores o los principios como el compromiso, la responsabilidad, la obligación, la esperanza. Equivale a entender el cuidado como la ética de enfermería (1). La ética, como un conjunto de valores y principios, responde por el actuar humano que en realidad quiere decir vivir en forma humanitaria. De modo semejante, la moral involucra los preceptos y normas que organizan la vida de las personas. La ética es la morada humana (la casa) y la forma de organizarla, constituirla e imprimirle un estilo, es la moral. Es decir, la ética constituye y es parte de la filosofía (de la vida, del ser, etc.), mientras que la moral constituye a parte concreta de la vida (valores, costumbres). Entre los principios para vivir humanamente, Boff considera el amor, el cuidado y la solidaridad, elementos que componen la ética. El postula que es preciso rescatar la actitud del cuidado, siempre esencial, como ética mínima y universal. (1).
mismo autor indica que la propia educación tiene una dimensión estética: llevar a los educandos a crear los sentidos y valores que fundamentan su acción en su ambiente cultural, de modo que haya coherencia, armonía, entre el sentir, el pensar y el hacer (2). En este sentido Waldow busca sensibilizar el sentido humano, lo estético y el cuidado, articulándolos con el conocimiento y ejercitando la reflexión. Pretende auxiliar la exploración y la expresión del conocimiento a través no sólo del lenguaje hablado o escrito, sino también a través de metáforas, símbolos y otras formas de arte como la poesía, la música, la danza, la pintura, la escultura, la fotografía (1). La relación del individuo con el mundo y, en este, con los otros seres, incluye los sentimientos. Al cuidar y, por tanto, al relacionarse con el otro, uno se dispone a conocer y vivir sentimientos. El arte es una forma de expresión cultural, de comunicación y de esa manera expresa sentimientos. La forma en que los seres humanos presienten, intuyen y se mueven en dirección a alguna acción, primero es sentida, vivida. De eso se deduce que el ser humano se mueve, experimenta el mundo, primero a través de los sentidos. El sentir es anterior al pensar, comprende aspectos perceptivos (internos y externos) y aspectos emocionales. Así antes de ser razón, los seres humanos son emoción, y un puente que nos lleva a hacer y a expresar los sentimientos es entonces el arte y la forma en que nuestra conciencia los aprehende es a través de la experiencia estética. A través del arte expresamos, de diferentes maneras, como nos sentimos en el mundo, lo que el lenguaje no puede conceptuar. Esto lleva a concluir que los hombres y mujeres encuentran sentidos que no pueden darse de otra manera que la propia (1). En el proceso de explorar el mundo, o de conocerlo, los seres humanos sienten a priori a través de los sentidos (percepción). A partir de sus experiencias con los elementos de la naturaleza el ser se relaciona con el mundo, y después con las personas. Este mundo, las cosas, las personas, se vuelven más o menos importantes, de acuerdo al significado que se les atribuye, lo que, incluye una actitud valorativa. Entonces el cuidado es responsivo y como tal afirma los valores (1). Los seres humanos interpretan el mundo de acuerdo a la importancia o significado que las cosas y personas adquieren y en cómo se relacionan con su experiencia. De allí el justificativo que da Watson de la necesidad de unión entre ciencia y humanismo en la enfermería, cuando es imposible separar los valores humanos de la ciencia, según la visión tradicional (1).
El significado de las cosas posee una dimensión sentida (vivida) y una simbolizada (reflejada). Hay una relación entre conocimiento y experiencia. En otras palabras, para que el conocimiento se dé debe experimentarse, sentirse; para emprender acciones racionales es necesario comprender. La experiencia y la intuición son importantes, engloba el conocimiento personal en la enfermería y son esenciales para el cuidado (1). El conocimiento personal puede incluir formas espirituales o metafísicas de conocimiento. La plena comprensión del self, el momento y el contexto de la interacción hacen significativamente posible compartir la experiencia humana. Considerándolo así, el proceso de cuidar se facilita incluso en los momentos breves de interacción entre enfermera (o) y paciente (1). Si el arte es una forma de conocimiento y si a través de ella se expresan los sentimientos y comportamientos de los pueblos respecto a las cuestiones humanas y la forma en que se experimentan e interpretan el vivir y el morir, así como los rituales de cuidar en las diferentes épocas, se concluye que el cuidado, al igual que el arte, constituye conocimiento (1). La dimensión estética de cuidar se refiere a los sentidos y valores que fundamentan la acción en un contexto inter-relacional , de modo que haya coherencia y armonía entre el sentir, el pensar (conocer/saber) y el hacer (1). El arte y la estética se han rescatado en enfermería, principalmente como consecuencia del desarrollo de los estudios sobre el cuidado (1). La filosofía y el humanismo, en cierta forma, despertaron los aspectos éticos y estéticos en diversas situaciones y disciplinas. El arte y la estética, tanto en la práctica como en la enseñanza, comienzan a dar una nueva imagen, un nuevo rostro a la enfermería, revelando sensibilidad y espiritualidad (1). Según Watson el arte captura, expresa y recrea el espíritu humano y la vida en sus formas, evoca la espiritualidad, la intuición, la imaginación, la creatividad y la dedicación. El arte, en la enfermería, incluye la disponibilidad para recibir a otro ser, comprender su experiencia y expresar esto, permitiendo que el otro también exprese sus sentimientos. Es vivenciado y co-creado en el momento de cuidar (1). La experiencia artística abarca movimientos, tacto, sonidos, formas: obras o arte sensorial táctil. La característica estética del cuidado se revela en la percepción y en las acciones de la cuidadora, incluyendo dirección, fuerza, balance y ritmo. El cuidado puede considerarse la expresión artística de la enfermería. El conocimiento estético se materializa por las acciones durante el momento del cuidado
Una de las definiciones de la Enfermería más completas y acertadas, aunque poco conocida, fue elaborada por I. Stewart (1929) para quien la verdadera esencia de la Enfermería, como la de cualquiera de las bellas artes, no reside en los detalles mecánicos de la ejecución, ni siquiera en la destreza del ejecutor, sino en la imaginación creativa, el espíritu sensible y la comprensión inteligente que subyacen a estas técnicas y habilidades. Sin ellas, la Enfermería puede ser un oficio de gran destreza, pero no puede ser una profesión ni una de las bellas artes. Stewart creía que la enfermera (o) era una “verdadera (o) artista” y que ese arte era esencial para cuidar. Consideraba que un trabajo podía ser técnicamente perfecto y, sin embargo, carecer de arte. La técnica, el alma, la mente y la imaginación eran esenciales para la formación del verdadero artista (2) Para Collière (1996) cuidar es actuar sobre el poder de existir, permitiendo que este poder se movilice, se desarrolle, se utilice o por el contrario, haciendo que se inmovilice, se limite o se reduzca. Esta autora identificó tres tipos diferentes de poder en los cuidados enfermeros: A. Poder liberador de las capacidades. Es liberador cuando es creador, cuando estimula las capacidades de vivir existentes y permite que estas se desarrollen o se utilicen. Esto sucede cuando:
relevancia, el poder ejercido por la clase médica sobre su formación y su práctica (2).
Significa encuentro con uno mismo, encuentro con otro, encuentro con lo trascendental o sagrado. El bienestar espiritual es mantener la coherencia entre el pensar, el sentir, el hablar, en especial entre estos y el actuar diario, a fin de llevar una vida en armonía, y por consiguiente, de amor trascendente, implica encontrarle sentido al cuidado de Enfermería, sustentado en el amor del quehacer cotidiano, puesto en la presencia de Dios, pidiéndole a Él que nos apoye a reconocernos como seres en proceso de crecimiento y cambio permanente con capacidad de cuidar con amor, educar con amor, prevenir con amor, perfectibles no perfectos y para que veamos al otro y al colectivo también en ese proceso. Con necesidad de ser comprendidos y con capacidad de comprender (3). ¿Qué apoya al desarrollo de este proceso? Tomar las enseñanzas y la vida de Jesucristo como modelo que da armonía a nuestra existencia y sentido a la labor cotidiana (3).
La sensibilidad es un valor moral que poseen todos los seres humanos, pero además es un valor que se espera que apliquen las personas que tienen responsabilidad de cuidar a otras. Se define como la Facultad de sentir, de percibir, la inclinación hacia los más elevados sentimientos humanitarios, capacidad de captar los aspectos más bellos y delicados de las cosas. En la Enfermería sin duda alguna, es donde la sensibilidad y la empatía se deben de poner en constante práctica, ya que es uno de los valores principales en la enfermería. Sentir esa sensibilidad no significa debilidad o lástima por aquella persona a la cual se le brinda un cuidado. La misma representa esa capacidad de comprender el dolor humano y prestar la ayuda que sea necesaria para el bienestar tanto físico, psicológico y espiritual.
La vulnerabilidad ontológica es la que se relaciona con el ser en cuanto ser, un ser inacabado, limitado, frágil y determinado por su finitud. Por otro lado, al decir que el ser humano es un ser vulnerable, significa que afecta a todas y cada una de sus dimensiones y facetas. La vulnerabilidad somática está relacionada con el cuerpo, principalmente en aquellos sujetos que padecen de una enfermedad o una deficiencia de orden físico. La vulnerabilidad psicológica, a su vez, considera los aspectos del sujeto fragilizado en consecuencia de situaciones estresantes, pérdidas, crisis, y en función de una enfermedad. La enfermedad implica frecuentemente sentimientos de solitud, temor, entre otros. La enfermedad altera la condición del sujeto, o sea, su papel en la familia, en la sociedad, en fin, su modo de ser y estar en el mundo. La vulnerabilidad social se relaciona con la erosión que sufre el sujeto enfermo en lo que se refiere a sus relaciones. La vulnerabilidad espiritual dice respeto a la vida interior del sujeto; al enfermar, su vida interior se altera y puede ocurrir una sensación de pérdida de sentido, principalmente en situaciones de muerte y morir ( 4 ) En la perspectiva ética existe una aproximación con la cuestión percibida como alteridad, o sea, la responsabilidad con el otro, con el prójimo. Esta perspectiva se atañe más directamente al ser que cuida, pues hay un imperativo de la vulnerabilidad y esto significa que existe una necesidad de atender, de cuidar al otro ( 4 ). La enfermedad ocasiona una alteración global en todas las dimensiones del ser. Esta alteración afecta desde la estructura exterior del ser como a su estructura interior. La dimensión externa está relacionada con el cuerpo, con lo físico, y puede ser susceptible de percibir por la sintomatología y las señales que acostumbran resultar: alteraciones corpóreas, malestar, dolor, agotamiento, palidez, desplome de las extremidades, etc., hasta alteraciones de orden vital, como cambios en la temperatura, en la presión sanguínea, alteraciones cardíacas, neurológicas, etc. Los efectos en la estructura interior son en su mayoría invisibles y pueden caracterizarse por las expectativas, esperanzas y temores frente a la dolencia, a la muerte, a la vida después de la enfermedad o, incluso, después de la muerte. La enfermedad altera de modo significativo el mundo afectivo y relacional ( 4 ). El ser doliente o estar doliente es una circunstancia diferente en la vida y hace que el ser se depare con el hecho de no-ser, el venir a ser nada, el venir a morir. El ser prueba una especie de volverse sobre sí mismo. "Él puede habitar la enfermedad, significando familiarizarse con ella, aceptándola, conformándose y conviviendo con ella, puede rebelarse, tornarse agresivo, solitario, pues tiene miedo y el miedo es aún mayor cuando no está seguro del tipo de amenaza o peligro que sufre y de cuanto se siente impotente para combatirla” ( 4 ). La condición de estar hospitalizado, en general, es un agravante e intensifica sentimientos que surgen y la desinformación es un hecho crucial, pues aflora más el sentimiento de
impotencia, de dependencia, de carencia, de control sobre sí mismo y sus actividades e, incluso, de despersonalización. En verdad varios aspectos son comprometidos por la dolencia, compromete nuestra experiencia de vivir ( 4 ). El sujeto que se encuentra enfermo deja de ser como era antes y se torna un paciente, y la idea de dejar de ser, o sea, de venir a morir, dejar de existir pasa a ser una posibilidad y no un acontecimiento remoto. La circunstancia de estar doliente o en estado de finitud trae una nueva conciencia, de quien se es, de lo que le gustaría haber sido, de la importancia de la familia, del significado de las cosas, de la vida, etc. Los valores, las prioridades cambian y hay un interrogante acerca del sentido de la existencia. ( 4 ) Un hecho que se torna fundamental y hoy día de innegable relevancia en el sistema de salud es el papel de la familia. La familia es considerada hoy una co-partícipe en el cuidado, o sea, pasa a ser considerada una colaboradora, sus miembros también se convierten en cuidadores, no solo en el domicilio, también en el hospital. Otra visión que me gusta destacar es que la familia también necesita ser cuidada. La familia sufre, se preocupa, tiene miedo, sus hábitos cambian e igual que los de su ser querido, las relaciones y roles se alteran y los sentimientos son diversos; sus miembros están fragilizados, también son seres vulnerables. El equipo de salud debe estar atento y estar preparado para entender los sentimientos y reacciones de los familiares. ( 4 ) REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS