






Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
El dibujo arqueológico es el proceso de representar fidelmente diferentes materiales arqueológicos, como cerámica, herramientas y armas, mediante dibujos claros y precisos. El objetivo es transmitir a todos la información relevante sobre las piezas, incluidas dimensiones, texturas y decorados, a través de dibujos y fotografías. La fotografía también desempeña un papel importante en el proceso, especialmente cuando el dibujo no puede capturar todos los detalles, como el brillo del vidriado.
Tipo: Ejercicios
1 / 12
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!







¿Qué es el dibujo arqueológico? ¿Por qué dibujamos objetos? El dibujo arqueológico es el dibujo fidedigno de los diferentes materiales recogidos arqueológicamente: cerámica, herramientas líticas, armas… Su objetivo es traspasar al papel de manera clara, limpia y correcta las dimensiones y a menudo también textura, decorados… de los ítems arqueológicos para acercarlos a todo aquel que no pueda contemplarlos y estudiarlos en directo. Es por eso tiene que ser lo más preciso posible, conteniendo siempre una escala y una identificación, desde diferentes perspectivas, siguiendo unas normas más o menos universales. De esta manera, cualquiera en cualquier momento y lugar podrá entenderlos de manera correcta. La fotografía y el dibujo. En qué puede ayudar la fotografía durante el proceso de documentación gráfica. En este proceso de documentación gráfica del material, la fotografía también juega un papel importante. Dependiendo del artículo o estudio, a veces la fotografía es la única fuente gráfica, otras veces acompaña al dibujo. En todo caso, juega un papel importante porque puede ayudar a comprender la pieza, no solo en el proceso previo a dibujarla sino también al estudiar el propio dibujo. El autor de este muestra las características del ítem que considera importantes o necesarias, pero no todas. Por ejemplo, en una escudilla medieval vidriada, el autor nos mostrará en su dibujo la forma y el tamaño, las líneas tipológicas, pinturas del interior y del exterior, pero quizás no nos pueda mostrar el brillo propio del vidriado. Una foto completaría esta información. Y volviendo a la ayuda de la fotografía previamente a la elaboración del croquis, quizás ese mismo autor no ha dispuesto de la escudilla y ha tenido que guiarse de una o varias fotos. El trabajo del dibujante no sería correcto si la escudilla de la foto no viniera acompañada también de una escala y una identificación que asocie pieza, croquis y foto propiamente.
Además, seria también esencial si el único documento gráfico fuese la fotografía, que esta tuviese la pieza centrada, un fondo neutro o croma, con una luz correcta que no distorsione colores y detalles, sin sombras… En definitiva, que sea profesional. Disponemos de recursos como Ilustrator o Photoshop para conseguir este acabado (Imagen 1, anexo). De un conjunto de materiales cerámicos, ¿qué se tiene que dibujar y qué no? Es importante saber diferenciar qué nos puede aportar información arqueológica y qué no. Generalmente, y especialmente si hablamos de cerámica, dibujamos todo aquello que tenga forma: bases, cuellos, asas, paredes con perforaciones… Esto se debe a que la tipología cerámica se establece, además de por el tipo de pasta y las dimensiones, por estos elementos. De nada serviría dibujar un gran trozo de cerámica, con una ligera forma curva. Nos podría orientar de cara a las dimensiones y la utilidad, al periodo de tiempo en que se produjo… pero no podríamos decir jamás a qué tipo de recipiente pertenece concretamente. Nunca podríamos “reconstruirlo”, ni seguir las normas del dibujo arqueológico. Al final, no podríamos apenas diferenciarlo de otros cuantos trozos similares a él. Si un fragmento cerámico informe tuviese decoración que considerásemos relevante, quizás sería más adecuado fotografiarlo y ya está, simplemente para dejar constancia. El dibujo de campo y el dibujo de objetos y de laboratorio. ¿Qué los diferencia y para qué sirven uno y otro? El dibujo que se ha estado explicado hasta ahora es el de objetos y laboratorio, pero esto no quita que el dibujo de campo no requiera fidelidad, claridad, etc. El dibujo de campo tiene como objetivo dibujar Unidades Estratigráficas, generalmente estructuras, pero también negativas y estratos. Todo dependerá del objetivo del dibujo y del momento que describa el yacimiento. En resumen, elementos inmuebles, que no podemos transportar (Imagen 2, anexo). El hecho de que estas UE sean normalmente de mayores dimensiones y que no podamos observarlas en sus 360º, hace que tengamos que usar también material diferente para conseguir el dibujo. Por ejemplo, si queremos dibujar un muro, tendremos que elegir el plano y en consecuencia ver si nos interesan las medidas de X, Y, o Z. Necesitaremos un metro, una estación total, fotografía con dron…También tendremos que indicar qué muro es de todos los que tenemos, indicar el norte para orientarlo, y jugar con otras escalas.
dibujar, y que dependiendo de este tendríamos que dibujar en horizontal o vertical. Evidentemente, ser pulcro es esencial, porque te ahorra problemas de cara al resultado final y de cara a la fidelidad del mismo dibujo; por eso se recomienda no dibujar muy pegado a los límites del papel. También hay que tener en cuenta si la pieza tiene asas o no, o algún tipo de decoración que amplíe la anchura, que requiera más espacio en el folio. Por ejemplo, si dibujamos un plato con decoración central tenemos que tener en cuenta que necesitaremos un espacio sobre el croquis de este para dibujarlo también. En cuanto a material, si se tratase de una pieza muy grande, como un ánfora, aparte de más papel también tendríamos que preparar los perfiladores y unirlos, una regla grande… El primer contacto con la pieza. Las medidas y las proporciones básicas. Es importante: la orientación y la forma o formas de determinar el ángulo de inclinación de la pieza, tanto del objeto entero como del fragmento (borde, base, cuerpo…). Una vez tenemos claro el material, empezaríamos como tal a dibujar. Necesitaríamos crear una línea, un plano en el papel, que será o bien el del borde o el de la base. Después vendría oriental la pieza, como ya se ha dicho, o la base o el borde. Una base suele ser más fácil: las cerámicas están diseñadas para ser estables sobre una superficie plana, y eso mismo es o nuestra mesa de trabajo o nuestra caja. El caso del borde, tendríamos que pegarlo a la cajita y conseguir que en toda su superficie haya la menor distancia posible, que toda su extensión se sitúe en la medida de la posible en nuestro plano. Al conseguir eso, tendremos la pieza orientada. El grado de conservación de la cerámica es directamente proporcional a la facilidad para orientarla. El siguiente paso sería perfilar la cara exterior de nuestra cerámica o nuestro fragmento junto con el plano de la cajita. Al hacer esto solamente quedaría hacer coincidir la línea de nuestra hoja con la parte del perfilador correspondiente a la cajita o la mesa. Entonces al reseguir el perfilador tendríamos la cara exterior perfectamente orientada. Una vez tienes una cara correctamente, el resto se dibujará en referencia a la primera y por tanto también estará correcto.
Una vez se entienden estas premisas, continuarías dibujando la pieza. Si has orientado la pieza con el perfil izquierdo, deberías medir la anchura de la pared y marcarla. Entonces al tomar el perfil interior con el perfilador, podrías situarlo en su sitio, obteniendo las medidas correctas. A veces no puedes tomar un perfil completo en una sola vez, pero no es un problema si haces coincidir las líneas. Otras veces, la boca de la pieza no te permite tomar el perfil interior, por eso generalmente hacemos una línea discontinua “recreándolo” (Imagen 6, anexo). De cara al fondo interior de la cerámica, puedes ayudarte de una regla o el mismo pie de rey para ver la profundidad de la pieza desde el borde. Al final es ir jugando con las líneas y medidas que tienes por seguras y entender que hay formas más posibles que otras. Si llegado a este punto no tienes representado aún el eje vertical, sería el momento. No puede ir en cualquier sitio: depende de los diámetros de la pieza. Colocando la cerámica sobre las plantillas podrías descubrirlo de manera bastante aproximada. Ese número corresponde a la distancia entre la línea del perfil exterior derecho y la línea del perfil exterior izquierdo. O sea que el eje vertical es la mitad de tu diámetro. Solo tienes que asegurarte de marcar bien las distancias y de que no esté desviada. Doblando el folio por el eje vertical podrías calcar ese perfil y obtener el perfil derecho. Solo necesitarías la línea que representa el exterior. Puedes hacer el perfil de cero, tal y como has hecho el primero, pero es faena innecesaria. Solo quedaría representar el borde, generalmente una línea horizontal, paralela al eje horizontal de la base, que une las dos paredes del cuerpo de la cerámica; y también las líneas tipológicas. Todo lo que se ha comentado de decoraciones, asas, pitorros, perforaciones… es lo último (Imagen 7, anexo). Construimos nuestro dibujo tal y como el ceramista creó la pieza. Es posible “recortar” el eje vertical si necesitas ese espacio para representar alguno de los elementos anteriores (Imagen 8, anexo). El dibujo y el retoque digital. A partir de lo que hemos visto y aprendido en las clases prácticas. ¿Para qué hacemos servir Photoshop en el proceso de documentación arqueológica? ¿Para qué hacemos servir Ilustrator? Mapa de bits versus dibujo vectorial. La terea del dibujante no termina en el laboratorio, una vez ha acabado el proceso anterior. El dibujo a lápiz es solo la base: posteriormente escaneará los dibujos y los rehará con programas de capas. Con esto consigue un acabado más pulcro y también
digitalizarlos, ya que normalmente su destino es también algún tipo de documento digital. De todas maneras, estos programas de capas permiten realizar otras tareas gráficas de la documentación arqueológica, como retoque de fotografía o creación de posters y mapas. Como hemos explicado, las fotos de materiales arqueológicos pueden ir de manera autónoma, en publicaciones, por ejemplo, o acompañar a dibujos. Para conseguir el aspecto que hemos descrito antes, un programa como Photoshop no ayuda a modificar el brillo, el contraste y la saturación, los índices de color, recortar… Incluso también eliminar el fondo, añadir texto, modificar las formas de la misma imagen… Al final, todos estos recursos son también útiles para hacer mapas y posters sobre exposiciones y excavaciones, o cualquier otro evento arqueológico. Lo positivo es que nos permite elegir parámetros del soporte, el fondo… Y superponer capas para poder elegir como visible la que nos convenga, y reunirlas todas para convertirlas en una sola. Photoshop permite hacer esta tarea de conversión de un dibujo a lápiz a uno digitalizado, pero también lo permite Ilustrator y otros programas. Cada dibujante usa el que le resulta más fácil, el que tiene más al alcance, o sencillamente con el que aprendió en primera instancia. Lo positivo es que la mayoría son muy similares y comparten herramientas. En Ilustrator, jugando y superponiendo capas, podemos reseguir nuestras líneas a lápiz, pintar polígonos formados por las mismas, recortar y mover y secciones, añadir imágenes como escalas (o el norte), clonar líneas que ya tenemos dibujadas… Y finalmente eliminar la capa de nuestro dibujo a lápiz escaneado. Por último, es importante diferenciar entre un mapa de bits y un dibujo vectorial. Al final, un mapa de bits es una imagen ráster, es decir, una imagen formada por píxeles. Los píxeles son estos cuadritos de color que podemos visualizar al ampliar una imagen. El número de píxeles determina la resolución de la imagen: a más píxeles, más resolución, por lo tanto, mejor se verá el documento en nuestra pantalla y más pesará. Un dibujo o imagen vectorial no está formada por píxeles, sino por líneas, puntos y polígonos. Se llama vectorial porque al final estamos situando siempre puntos en dos dimensiones, X e Y. Sería como jugar a “Hundir la flota”. Muchas veces estos dos tipos se combinan en Photoshop o Ilustrator, y tenemos que tener en cuenta los parámetros de ppp (píxel por pulgada) y lpp (línea por pulgada). También hay que tener en cuenta
Imagen 2. Croquis del yacimiento de la alfarería Tarrés (El Raval, Barcelona). Imagen 4. Diferencia entre la base de la mitad izquierda (interior) y la mitad derecha (exterior). Imagen 3. Zona a perfilar usando la caja para orientar. Imagen 5. Líneas tipológicas externas e internas. Imagen 6. Línea discontinua para la zona a la que no accedemos con el perfilador.
Imagen 7. Representación de la decoración de las diferentes perspectivas de la pieza.