¡Descarga Didactica Magna - Comenio y más Apuntes en PDF de Didáctica General solo en Docsity!
JUAN AMÓS COMENIO
Didáctica Magna
Octava edición
EDITORIAL PORRÚA
AV. REPÚBLICA ARGENTINA, 15
MÉXICO, 1998
CAPITULO VI
CONVIENE FORMAR AL HOMBRE SI DEBE SER TAL
- Como ya hemos visto, la Naturaleza nos da las semillas de la Ciencia, honestidad y religión, pero no proporciona las mismas Ciencia, Religión y Virtud; éstas se adquieren rogando, aprendiendo y practicando. De aquí se deduce que no definió mal al hombre el que dijo que era un Animal disciplinable, pues verdaderamente no puede, en modo alguno, formarse el hombre sin someterle a disciplina.
- Pues si consideramos la ciencia de las cosas, veremos la que es propio de Dios únicamente conocer todas las cosas sin principio, sin progreso, sin fin, en una simple y sola intuición, y esto no puede hallarse ni en el Hombre ni en el Ángel, porque en ellos no puede darse ni la infinitud ni la eternidad; esto es, la divinidad. No es poca la excelencia del Ángel y del Hombre con haber recibido la luz de la Mente, gracias a la cual pueden apreciar las obras de Dios y reunir el tesoro de la inteligencia. Nos consta que los Ángeles aprenden con la contemplación (1 Pet., 1.12.-Efes., 3.10.-1 Rey., 22.20.-Job, 1.6), y de aquí que su conocimiento, de igual manera que el nuestro, es experimental.
- Nadie puede creer que es un verdadero hombre a no ser que haya aprendido a formar su hombre; es decir, que esté apto para todas aquellas cosas que hacen el hombre. Esto se demuestra con el ejemplo de todas las criaturas que, aunque destinadas a usos humanos, no sirven para ello a no ser que nuestras manos las adapten. Por ejemplo: Las piedras, que nos son dadas para construir nuestras casas, torres, muros, columnas, etc.; pero que no sirven para ello a no ser que nuestras manos las corten, las tracen, las labren. De igual modo, las perlas y piedras preciosas destinadas a ornamentos humanos deben ser cortadas, talladas y pulimentadas por la mano del hombre; los Metales empleados para notables usos de nuestra vida, han de ser necesariamente rebuscados, licuados, purificados y de vario modo fundidos y batidos, y sin esto, tienen para nosotros menos aplicación que el mismo barro de la tierra. De las Plantas tenemos alimento, bebida, medicina; pero de manera que las hierbas han de sembrarse, cultivarse, recogerse, triturarse, etc., y los árboles deben ser plantados, regados, estercolados y sus frutos recogidos, secos, etc., y mucho más, si hay que obtener algo para la medicina o la construcción, porque en tal caso deben ser preparados de muchos y diversos modos. Y aunque parece que los Animales, por estar dotados de vida y movimiento, habían de sernos suficientes con esto; sin embargo, si queremos utilizar su trabajo, por el que nos son concedidos, hemos de procurar antes su aprendizaje. Si no, veamos: el caballo nació apto para la guerra, el buey para el tiro, el asno para la carga; para la guarda y caza el perro; para la cetrería el halcón y el milano, etc., y de muy poco nos valdrán si no amaestramos a cada uno de ellos para su oficio.
- El hombre es a propósito para el trabajo en cuanto a su cuerpo, pero vemos que al nacer sólo hay en él una simple aptitud y poco a poco ha de ser enseñado a sentarse, tenerse en pie, andar y mover las manos para servirse de ellas. ¿De dónde, pues, procede esa prerrogativa de nuestra Mente de existir perfecta por sí y ante sí sin preparación anterior? Porque es la ley de todas las criaturas tener su principio en la nada y gradualmente irse elevando tanto en cuanto a su esencia como en cuanto a sus acciones. Pues ciertamente sabemos que los Ángeles, cercanos a Dios en perfección, no conocen las cosas sino al caminar gradualmente en el conocimiento de la admirable sabiduría de Dios, como antes hicimos observar.
- También está claro que para el hombre fue el Paraíso una escuela manifiesta antes de la caída, y poco a poco aprovechaba de ella. Pues aunque al primer hombre, en cuanto fue producido, no le faltó ni la marcha, ni el lenguaje, ni el raciocinio, sin embargo carecía del conocimiento de las cosas que proviene de la experiencia, como lo atestigua el coloquio de Eva con la serpiente, en el que, si ella hubiese tenido mayor experiencia, no habría accedido tan sencillamente sabiendo que no era propio el lenguaje de tal criatura y, por lo tanto, que existía engaño. Mucho más necesitará esto
que guiar con voces, cárcel o azotes a la criatura racional, sino con la razón. Si se obra de modo contrario, redunda en injuria de Dios, que puso en ellos igualmente su imagen, y las cosas humanas estarán llenas, como lo están, de violencias e inquietud.
- Quede, pues, sentado que a todos los que nacieron hombres les es precisa la enseñanza, porque es necesario que sean hombres, no bestias feroces, no brutos, no troncos inertes. De lo que se deduce que tanto más sobresaldrá cada uno a los demás cuanto más instruido esté sobre ellos. Acabe el sabio este capítulo: El que no aprecia la sabiduría y la disciplina es un mísero; su esperanza (es decir, el conseguir su fin) será vana, sus trabajos infructuosos y sus obras inútiles. (Sab., 3.11.)
CAPITULO VII
LA FORMACIÓN DEL HOMBRE SE HACE MUY FÁCILMENTE
EN LA PRIMERA EDAD, Y NO PUEDE HACERSE SINO EN ÉSTA
- Se deduce claramente de lo dicho que la condición del hombre y la de la planta son semejantes. Pues así como a un árbol frutal (manzano, peral, higuera, vid) puede desarrollarse por sí mismo, pero silvestre y dando frutos silvestres también; es necesario que si ha de dar frutos agradables y dulces sea plantado, regado y podado por un experto agricultor. De igual modo el hombre se desarrolla por sí mismo en su figura humana (como todo bruto en la suya); pero no puede llegar a ser Animal racional, sabio, honesto y piadoso sin la previa plantación de los injertos de sabiduría, honestidad y piedad. Ahora hay que demostrar que esta plantación debe efectuarse cuando las plantas son nuevas.
- Seis son los fundamentos de lo afirmado en cuanto a los hombres: Primero. La incertidumbre de la vida presente, de la que sólo sabemos de un modo cierto que hemos de salir, pero el dónde y cuándo es desconocido. Es cosa de tan gran peligro que no puede corregirse para que a cualquiera coja descuidado. El tiempo presente nos ha sido dado para que con él se gane o se pierda la gracia de Dios por toda una eternidad. Y así como en el útero materno se forma el hombre de tal manera, que si alguno no sacase de allí cualquier miembro habría necesariamente de carecer de él por toda la vida, así el alma en nosotros vivientes se forma para el conocimiento y participación divina de tal modo, que si alguno no llegara a conseguirlo aquí, no habría de quedarle al salir del cuerpo ni lugar ni tiempo para alcanzarlo. Tratándose en esta vida negocio de tanta importancia, es necesaria gran prisa para no ser adelantado.
- Pero aunque no sea inminente la muerte y se esté seguro de una vida larguísima, sin embargo debe, naturalmente, empezarse la formación, puesto que la vida ha de pasarse, no aprendiendo, sino operando. Es conveniente comenzar a instruirnos para las acciones de la vida, no sea que nos veamos forzados a decaer antes de haber aprendido a obrar. Pues aunque agrade a alguno pasar la edad aprendiendo, es infinita la multitud de cosas que el autor de ellas ofrece a nuestra grata especulación; tanto, que si alguno alcanzase la vida de Néstor ha de tener mucho que hacer, descubriendo por doquier los inagotables tesoros de la divina sabiduría y haciendo acopio de ellos para la bienaventuranza. Los hombres deben reservar sus sentidos para la contemplación de las cosas, lo cual tiene mucho que conocer, experimentar y conseguir.
- La condición de todo lo nacido es que mientras está tierno fácilmente se dobla y conforma; si se endurece resiste el intento. La cera blanda consiente ser formada y modelada; endurecida la quebrarás fácilmente. Los arbolitos permiten plantarlos, transplantarlos, podarlos, doblarlos a uno y otro lado; el árbol ya hecho lo resiste en extremo. Así, si queremos retorcer un nervio vegetal conviene escogerle nuevo y verde; el reseco, árido o nudoso de ningún modo puede torcerse. Los huevos recién puestos rápidamente se incuban y sacan pollos; en balde esperarás esto de los atrasados. El jinete, el labrador, el cazador, escogen muy jóvenes y nuevos para su trabajo al caballo, los bueyes, los perros y los halcones (como el vagabundo el oso para el baile y la solterona a la urraca, el cuervo y el loro para imitar la voz humana); si fueran viejos trabajo habría de costarles.
- Evidentemente se obtienen todas estas cosas de igual modo en el hombre mismo, cuyo cerebro (que antes dijimos que se asemejaba a la cera en recibir las imágenes de las cosas por medio de los sentidos) está húmedo y blando en la edad pueril, dispuesto a recoger todas las impresiones; y poco a poco se reseca y endurece hasta el punto de que la experiencia testifica que de un modo más difícil se impriman o esculpan en él las cosas. De aquí aquel dicho de Cicerón: Los niños recogen rápidamente innumerables cosas. Así, lo mismo las manos que los demás miembros solamente pueden ejercitarse y educarse para las artes y los trabajos durante los años de la infancia, en que los
CAPITULO VIII
ES PRECISO FORMAR A LA JUVENTUD CONJUNTAMENTE
EN ESCUELAS
- Demostrado que las plantas del Paraíso, la juventud cristiana, no pueden desarrollarse de modo selvático, sino que necesitan cuidados, vamos a ver ahora a quién le incumben. Corresponden, naturalmente, a los padres; los cuales, ya que fueron autores de la vida natural, deben también serlo de la vida racional, honesta y santa. Dios testifica que esto era costumbre de Abraham, diciendo: Le conocí en que educaba a sus hijos y a su familia tras sí, para observar el camino de Jehová ejerciendo la justicia y el derecho. (Gen. 18. 19.) Y esto mismo recomienda Dios a los padres en general, ordenándolo así: Hondamente grabarás mis palabras en tus hijos; y hablarás de ellas cuando estés sentado en tu casa, y cuando andes por el camino, cuando estés echado y cuando te levantes. (Deut., 6. 7.) Y por el Apóstol: Y vosotros, padres, no provoquéis a la ira a vuestros hijos, sino criadlos en la enseñanza y temor del Señor. (Ephes., 6. 4.)
- Pero como son raros, siendo tan múltiples los hombres como los asuntos humanos, aquellos que o sepan, o puedan, o estén sin ocupaciones para entregarse a la enseñanza de los suyos, ha tiempo que con avisado propósito se estableció que personas escogidas, notables por el conocimiento de las cosas y por la ponderación de costumbres, se encargasen de educar al mismo tiempo a los hijos de otras muchas. Y estos formadores de la juventud se llamaron Preceptores, Maestros, Profesores; y los lugares destinados a estas comunes enseñanzas: Escuelas, Estudios literarios, Auditorios, Colegios, Gimnasios, Academias, etc.
- Josefo afirma que después del Diluvio el Patriarca Sem abrió la primera escuela, que después fue llamada Hebrea. ¿Quién ignora que en Caldea, especialmente en Babilonia, hubo bastantes escuelas en las que se enseñaban las artes, entre otras la Astronomía? Cuando, posteriormente (en tiempo de Nabucodonosor), Daniel y sus compañeros fueron adiestrados en esta ciencia de los caldeos (Dan., 1.20), come igualmente en Egipto, donde Moisés fue educado. (Ac., 7. 22.) En el pueblo de Israel, por mandato divino, se creaban escuelas, llamadas Sinagogas, donde los Levitas enseñaban la ley; éstas duraron hasta Cristo, conocidas por las predicaciones de Él y las de los Apóstoles. De los egipcios, los griegos y de éstos, los romanos, tomaron la costumbre de fundar escuelas; y principalmente de los romanos partió la admirable costumbre de abrir escuelas por todo su Imperio, especialmente después de propagada la religión de Cristo por el piadoso cuidado de los Príncipes y Obispos. La historia nos refiere que Carlo Magno, así que sometía gentes paganas, ordenaba a los Obispos y Doctores la creación de templos y escuelas; y siguiendo este ejemplo otros cristianos Emperadores, Reyes, Príncipes y Magistrados de las ciudades, aumentaron de tal modo el número de escuelas que hoy son innumerables.
- Y es de gran interés para toda la República Cristiana, no sólo conservar esta santa costumbre, sino aumentarla de tal manera que en toda reunión bien ordenada de hombres (bien sea ciudad, pueblo o lugar) se abra una escuela como educatorio común de la juventud. Y esto lo exige:
- El admirable orden de las cosas. Pues si el padre de familia no se dedica él a todo aquello que hace relación a la casa, sino que utiliza diversos artesanos, ¿por qué no ha de proceder en esto de semejante manera? Cuando necesita harina busca al molinero; si carne, al carnicero; si agua, al aguador; si vestidos, al sastre; calzados, al zapatero, y si construcciones, tabiques, herrajes, etc., al carpintero, albañil, herrero, etc. Y si para instruir a los adultos en la religión tenemos Templos, y para resolver las causas de los litigantes o convocar al pueblo para informarle de algo poseemos el Pretorio y la Curia, ¿por qué no hemos de tener escuelas para la juventud? Del mismo modo que cada uno de los campesinos no lleva a pacer sus vacas y puercos, sino que los encomiendan a los vaqueros que presten el servicio a todos a un tiempo, mientras ellos se entregan a sus ocupaciones sin distraerse en ello. Esto es, que es muy útil la reducción del trabajo cuando cada uno hace una
sola cosa sin distraerse en otras; y de este modo cada cual puede servir a muchos y muchos a cada uno.
- En segundo lugar la Necesidad. Y puesto que muy raramente los mismos padres tienen condiciones o tiempo para educar a los hijos, debe haber, por consiguiente, quienes hagan esto exclusivamente y por lo mismo sirvan a toda la comunidad.
- Y aunque no faltarán padres que puedan dedicarse completamente a la enseñanza de sus hijos, es mucho mejor que se eduque la juventud reunida, porque el fruto y la satisfacción del trabajo es mayor cuando se toma el ejemplo y el impulso de los demás. Es naturalísimo hacer lo que otros hacen, ir adonde vemos que van los demás y seguir a los que van delante, como adelantarse a los que nos siguen.El fuerte caballo corre bien una vez abierta su cuadra cuando tiene a quienes seguir o a quienes adelantarse. Más con ejemplos que con reglas se guía a la edad infantil. Si algo preceptúas, poco queda; mas si muestras que otros hacen algo, lo verás imitado aun sin mandarlo.
- Finalmente, la Naturaleza nos ofrece admirable ejemplar al hacer que se produzcan en cada sitio las cosas que deben existir abundantemente. Así los árboles nacen con profusión en las selvas, las hierbas en los campos, los peces en las aguas, los metales en las entrañas de la tierra. Y sin un bosque produce abetos, cedros o encinas, lo produce en abundancia, sin que puedan con igual facilidad desarrollarse allí otras clases de árboles; la tierra que produce oro no da los demás metales con igual plenitud. Aún más claro se ve esto que decimos en nuestro cuerpo, donde es necesario que cada miembro tome su porción correspondiente del alimento consumido; pero no se le entrega su parte cruda para que él la prepare y asimile, sino que hay otros miembros destinados como a oficina para que tomen los alimentos para todo el cuerpo, los calienten, cuezan y, finalmente, distribuyan a los demás miembros el alimento así preparado. Así el estómago forma el quilo; el hígado, la sangre; el corazón, el espíritu vital, y el cerebro, el animal; y así preparados, corren cómodamente por todas partes y conservan la vida por todo el cuerpo. ¿Por qué, pues, así como los talleres forman los artesanos, los templos conservan la piedad y las curias administran la justicia, no han las escuelas de avivar, depurar y multiplicar las luces de la sabiduría, y distribuirla en todo el cuerpo de la comunidad humana?
- Por último, en las cosas artísticas también observamos esto mismo cuando se procede racionalmente. El arboricultor, recorriendo las selvas y jarales, no planta la semilla en cualquier parte que es a propósito para la plantación, sino que preparada la lleva al jardín y con otras ciento las cuida al mismo tiempo; así también el que se dedica a la multiplicación de peces para la cocina construye una piscina y los hace criar a millares; y cuanto mayor es el jardín más felizmente suelen crecer los árboles, y cuanto más grande es la piscina mayores son los peces. Por lo cual, así como es indispensable la piscina para los peces y el vivero para los árboles, así las escuelas son precisas para la juventud.
de ocupaciones tanto más las apartaremos de la ligereza que suele tener por origen el vacío del entendimiento.
- Sin embargo, no se le ha de llenar de un fárrago de libros (como a la juventud del otro sexo; lo que hay que deplorar que hasta ahora no haya sido más cautamente evitado), sino libros en los que, al mismo tiempo que adquieran el verdadero conocimiento de Dios y de sus obras, puedan perpetuamente aprender las verdaderas virtudes y la verdadera piedad.
- Nadie me objete aquello del Apóstol: No permito enseñar a la mujer (1. Tim. 2.12), o lo de Juvenal en la Sátira 6a.: "No tenga afición a hablar la matrona que junto a ti duerma, ni retuerza el entimema con lenguaje rotundo, ni sepa todas las historias." Ni aquello otro que pone Eurípides en boca de Hipólito: Odio a la erudita; no haya jamás en mi casa mujer que sepa más de lo que conviene a una mujer, pues ella tiene mayor astucia que los eruditos chipriotas.Todas estas cosas no son pruebas contra nuestro aserto, puesto que nosotros pretendemos educar a la mujer, no para la curiosidad, sino para la honestidad y santidad. Y de todo esto lo que más necesario les sea conocer y poder, ya para proveer dignamente al cuidado familiar, como para promover la salvación propia, del marido, de los hijos y de la familia.
- Si alguno dijera: ¿Qué va a ser esto si se hacen literatos los artesanos, los campesinos, los gañanes y hasta las mujercillas? Respondo: Ocurrirá que formada de un modo legítimo esta universal instrucción de la juventud, a nadie han de faltarle ideas para pensar, desear, conseguir y obrar el bien; todos sabrán en qué hay que fijar todas las acciones y deseos de la vida, por qué caminos hay que andar y cómo proteger la posición de cada uno. Además, se preocuparán todos, aun en medio de sus obras y trabajos, de la meditación de las palabras y obras de Dios, y evitarán peligrosas holganzas a la carne y a la sangre con la profusión de las Biblias y la lectura de otros buenos libros, con lo que estos pensamientos mejores arrastrarán a aquéllos ya descarriados. Finalmente y para decirlo de una vez: aprenderán a ver a Dios en todas partes, a alabarle por doquier, a amarle siempre; y por lo mismo pasarán más alegremente esta vida pesada y aguardarán con mayor deseo y esperanza la vida eterna. ¿Y no sería para nosotros este estado de la Iglesia como una representación del Paraíso, tal como es posible tenerla bajo la bóveda celeste?
CAPITULO X
LA ENSEÑANZA EN LAS ESCUELAS DEBE SER UNIVERSAL
- Ahora tócanos demostrar que: En las escuelas hay que enseñar todo a todos. No ha de entenderse con esto que juzguemos necesario que todos tengan conocimientos (especialmente acabados y laboriosos) de todas las ciencias y artes. Esto ni es útil por su misma naturaleza ni posible dada la brevedad de la humana existencia. Ya sabemos que si se pretende conocer tan extensa como minuciosamente cualquier arte (como la Física, Aritmética, Geometría, Astronomía, etc., o la Agricultura o Arboricultura, etc.), aun a los ingenios más despiertos puede ocuparles toda la vida si han de entregarse a especulaciones y experimentos; como acaeció a Pitágoras con la Aritmética; a Arquímedes, en la Mecánica; a Agrícola, en los Metales, y a Longolo, en la Retórica, mientras se dedicó a esto solo para hacerse un ciceroniano perfecto. Por tanto, todos los que hemos venido a este mundo, no sólo como espectadores, sino también como actores, debemos ser enseñados e instruidos acerca de los fundamentos, razones y fines de las más principales cosas que existen y se crean. Y hay que atender a esto, y especialmente atenderlo para que no ocurra nada, durante nuestro paso por este mundo, que nos sea tan desconocido que no lo podamos juzgar modestamente y aplicarlo con prudencia a su uso cierto sin dañoso error.
- Desde luego, y sin excepción, hay que tender a que en las escuelas, y después toda la vida gracias a ellas: I. Se instruyan los entendimientos en las artes y las ciencias. II. Se cultiven los idiomas. III. Se formen las costumbres con suma honestidad. IV. Se adore sinceramente a DIOS.
- Sabiamente habló el que dijo que las escuelas eran TALLERES DE LA HUMANIDAD, laborando para que los hombres se hagan verdaderamente HOMBRES; esto es ( y recordemos las premisas antes establecidas): I. Criaturas racionales. II. Criatura señora de las demás criaturas ( y aun de sí misma). III. Criatura delicia de su Criador. Y esto se logrará si las escuelas procuran formar hombres sabios de entendimiento, prudentes en sus acciones, piadosos de corazón.
- Estas tres cosas deben ser imbuidas a toda la juventud en todas las escuelas. Lo demostraré tomando fundamento: I. De las cosas que nos rodean. II. De nosotros mismos. III. De Cristo, ejemplo perfectísimo de nuestra perfección.
- Tres son los grupos que pueden hacerse de las cosas en cuanto toca a nosotros. Unas solamente se ofrecen a nuestra contemplación, como el cielo, la tierra y lo que hay en ellos. Otras a la imitación, como el orden admirable que se halla en todo y que el mismo hombre está obligado a guardar en sus acciones; otras, por último, al goce como la protección divina y su múltiple bendición aquí y en la eternidad. Si el hombre ha de ser semejante a estas tres cosas, es preciso que se le enseñe: ya a conocer las cosas que se ofrecen a la admiración en este admirable anfiteatro; ya a hacer lo que se le presenta hacedero; ya, por último, a gozar de todo aquello que el Criador con generosa mano le ofrece a él como huésped en su casa.
- Si nos examinamos nosotros mismos, deduciremos igualmente que a todos nos competen del mismo modo la erudición, las costumbres y la piedad, bien estudiemos la esencia de nuestra alma o bien indaguemos el fin de nuestra creación y colocación en este mundo.
- La esencia del alma está formada por tres potencias (que parecen hacer relación a la Trinidad increada): Entendimiento, Voluntad y Memoria. El entendimiento se aplica a estudiar las diferencias de las cosas (hasta por las menores notas). La voluntad tiene por oficio la opción de las cosas, para elegir las provechosas y reprobar las dañinas. La memoria guarda para usos futuros todo cuanto alguna vez fue objeto de la Voluntad y del Entendimiento y hace que el alma tenga presente
santos de conciencia, poderosos en sus hechos (cada cual en su vocación). Así, pues, cristianas tienen que ser las escuelas si han de hacernos semejantes en lo posible a Cristo.
- Donde quiera que los dichos tres elementos no estén enlazados con diamantino lazo habrá un divorcio desgraciado. ¡Mísera erudición la que no tiende a las buenas costumbres y a la piedad! ¿Qué es la literatura sin buenas costumbres? El que gana en letras y pierde en costumbres más pierde que gana, dice un viejo adagio. Así, pues, podemos decir del literato de malas costumbres lo que Salomón dice de la mujer hermosa, pero que pierde la razón: Diadema de oro en rostro de puerco es la erudición en hombre que desprecia la virtud (Prov., 11.22). Así como las piedras preciosas no se engastan en plomo, sino en oro, y entre ambos irradian con mayor esplendor; así la ciencia no debe juntarse a la disolución, sino a la virtud, y añade honor la una a la otra. Si a ambas se junta la verdadera piedad, completará la perfección. El temor del Señor es el principio y fin de la sabiduría, como también el pináculo y corona de la ciencia, porque la plenitud de la sabiduría es temer al Señor (Prov. 1. Syr. 1 y en otros lugares).
- En resumen: puesto que toda la vida depende de la primera edad y de su educación, se habrá perdido si todos los espíritus no fueren aquí preparados para todas las cosas de la vida. Y como en el útero materno se forman a cada hombre los mismos miembros, manos, pies, lengua, etc. aunque todos no han de ser artesanos, corredores, escribientes u oradores, así en la escuela deberán enseñarse a todos cuantas cosas hacen referencia al hombre completo, aunque unas hayan de ser después de mayor uso para unos que para otros.
CAPITULO XIII
EL FUNDAMENTO DE LA REFORMA DE LAS ESCUELAS ES
PROCURAR EL ORDEN EN TODO
- Si consideramos qué es lo que hace que el Universo con todas las cosas singulares que encierra, se mantenga en su propio ser, notaremos que no hay otra cosa sino orden, que es la disposición de las cosas anteriores y posteriores, superiores e inferiores, mayores y menores, semejantes y diferentes en el lugar, tiempo, número, medida y peso a cada una de ellas debido y adecuado. De aquí que alguno, con acierto y elegancia, haya llamado al orden el alma de las cosas. Lo que está ordenado, conserva su estado e incólume existencia mientras mantiene este orden. Si el orden falta, desfallece, se arruina, se cae. Múltiples ejemplos de la Naturaleza y de las artes lo prueban. Veamos.
- ¿Qué es lo que hace, pregunto yo, que el Mundo sea tal y perdure en toda su plenitud? Pues es realmente que cada criatura se contiene dentro de sus límites conforme al mandato de la Naturaleza, y por este respeto del orden particular se conserva el orden de todo el Universo.
- ¿Quién hace que transcurran los siglos de los tiempos, con intervalo tan exacto de años, meses y días, sin confusión alguna? El solo orden inmutable del Firmamento.
- ¿Qué induce a las abejas, hormigas y arañas a ejecutar obras de tanta sutileza que en ellas encuentra el ingenio del hombre más que admirar que poder imitar? Nada más que la destreza innata para guardar en todas sus Operaciones el orden, número y medida.
- ¿Qué hace que el cuerpo del hombre sea un órgano tan maravilloso que sea capaz de infinitas acciones aun sin estar dotado de instrumentos infinitos; es decir, que con los pocos miembros de que está formado pueda ejecutar obras de admirable variedad sin encontrar que falte algo o que debiera ser de otro modo? Es el resultado de la sapientísima proporción de todos los miembros, tanto entre sí como en conjunto.
- ¿Qué es lo que hace posible que un solo entendimiento, de que estamos dotados, sea suficiente para gobernar al cuerpo y proveer a tantas acciones al mismo tiempo? No es otra cosa sino el orden en virtud del cual todos los miembros están enlazados por vínculos perpetuos y han de obrar en consonancia con el primer movimiento que procede de la mente.
- ¿Qué hace que un solo hombre, sea Rey o Emperador, pueda gobernar a pueblos enteros? ¿Que siendo tantas intenciones como cabezas todas sirvan a la intención de aquél solo y que necesariamente, si él administra bien, sean bien administradas todas las cosas? El orden, solamente el orden, mediante el cual, unidos todos por los vínculos de las leyes y de los deberes, unos pocos están próximos a aquel único Moderador para ser regidos inmediatamente; aquellos a otros, y así consiguientemente hasta el último. A semejanza de la cadena en la que un eslabón arrastra a otro, de manera que movido el primero se muevan los demás y parado el primero se detengan todos los restantes.
- ¿Cuál fue la causa mediante la cual Hieron pudo él solo trasladar de lugar, a su arbitrio, aquella ingente mole que habían intentado en vano mover tantos cientos de hombres? Una pequeña máquina verdaderamente ingeniosa compuesta de cilindros, poleas y cuerdas, de tal modo que unos elementos ayudasen a los otros para obtener la multiplicación de las fuerzas.
- Los terribles efectos de las fulminantes bombardas, con las que se cuartean los muros, se derrumban las torres y se destrozan los ejércitos, no provienen sino de un cierto orden en las cosas y la aplicación de los elementos activos a los pasivos; esto es, la adecuada mezcla del nitro con el azufre (el uno frío y el otro ardiente); la debida proporción de la máquina o bombarda; la suficiente dotación de pólvora y balas, y, por último, la sabia dirección hacia el objeto. Si falta alguna de estas condiciones todo el aparato será inútil.
- ¿Qué es lo que da la perfección al arte tipográfico que permite multiplicar los libros con rapidez, elegancia y corrección? En realidad el orden en esculpir, fundir y pulimentar los tipos de
CAPITULO XXVII
DE LA DIVISIÓN DE LAS ESCUELAS EN CUATRO ESPECIES
CONFORME A LA EDAD Y APROVECHAMIENTO
- Los artesanos señalan a sus aprendices un tiempo determinado durante el cual debe terminarse su enseñanza (dos años, tres y hasta siete, según la dificultad o amplitud del arte), y aquél que ya está instruido en todo lo que a su arte atañe, pasa de aprendiz a candidato, u oficial, y después a maestro en su oficio. Igualmente conviene establecer en la disciplina escolar que se determinen para las artes, ciencias y lenguas, sus períodos respectivos, a fin de que, en el transcurso de un cierto número de años, se lleve a cabo toda la enciclopedia de la erudición y salgan de aquellos talleres de la humanidad hombres verdaderamente eruditos, verdaderamente morales, verdaderamente piadosos.
- Para llegar a conseguir esto, emplearemos todo el tiempo de la juventud para la educación completa. (No tenemos aquí un arte solamente que aprender, sino todo el conjunto de las artes liberales con todas las ciencias y algunas lenguas), esto es, desde la infancia hasta la edad viril, veinticuatro años, distribuidos en períodos determinados. En esto procedemos de conformidad con las enseñanzas de la naturaleza. Demuestra la experiencia que el hombre alcanza el máximum de su estatura hacia los veinticinco años, y después sólo tiende a robustecerse. Este crecimiento tan lento (pues los cuerpos de las bestias más corpulentas alcanzan su mayor desarrollo en algunos meses, o a lo más en un par de años) debemos pensar que sin duda ha sido concedido a la naturaleza humana por la divina Providencia, a fin de que tenga el hombre mayor espacio de tiempo para prepararse a las obligaciones de la vida.
- Dividimos estos anos de crecimiento en cuatro distintos períodos: Infancia, Puericia, Adolescencia y Juventud, fijando en seis años la duración de cada período, y asignándole una escuela peculiar para que
I La Infancia .……. El regazo materno, Escuela maternal (Gremium maternum). II La Puericia .…… tenga La escuela de letras o Escuela común pública. III La Adolescencia por Escuela latina o Gimnasio. IV La Juventud…... Escuela La Academia y viajes o excursiones.
Así habrá una escuela materna en cada casa; una escuela pública en cada población, plaza o aldea; un Gimnasio en cada ciudad y una Academia en cada Reino o provincia mayor.
- En estas escuelas diferentes que indicamos, no se enseñaran materias también diferentes, sino las mismas, pero de distinto modo; es decir, TODAS las que pueden hacer a los hombres, verdaderos hombres; a los cristianos, verdaderos cristianos, y a los doctos, verdaderamente doctos; pero según los grados de edad y anterior preparación, profundizando más cada vez. Las enseñanzas no deben tampoco disgregarse, sino que, conforme a las leyes de este método natural, al mismo tiempo deben darse todas, a la manera que el árbol va creciendo en su totalidad por igual en todas sus partes, lo mismo este año que el próximo, que mientras viva, aunque pasen cien años.
- La diferencia será de tres modos. Primero, que en las escuelas primeras ha de enseñarse todo de un modo general y rudimentario y en las siguientes también se enseñará todo; pero más particular y minuciosamente, como el árbol se extiende cada año en nuevas ramas y raíces, se robustece más y produce más frutos.
- Que en la primera escuela materna se atenderá principalmente al ejercicio de los sentidos externos, para que se habitúen a aplicarlos con exactitud a sus propios objetos y distinguir unos de otros. En la escuela común se ejercitarán los sentidos interiores, la imaginación y la memoria, con sus órganos ejecutivos, la mano y la lengua leyendo, escribiendo, pintando, cantando, numerando, midiendo, pesando y aprendiendo de memoria cosas diversas, etc. En el Gimnasio se procurará
formar el sentido de la reunión de todas las cosas, el entendimiento y el juicio, por medio de la Dialéctica, Gramática, Retórica y las demás ciencias y artes reales enseñadas por el qué y el cómo. Las Academias atenderán principalmente a la formación de cuanto procede de la Voluntad; esto es, enseñando a conservar las facultades en perfecta armonía (o restablecer la armonía si ha sido perturbada), el alma mediante la Teología, la inteligencia por la filosofía, las funciones vitales del cuerpo por la medicina y los bienes externos por la jurisprudencia.
- Este es el verdadero método para educar con éxito; que en primer lugar se presenten las cosas mismas a los sentidos externos a los que inmediatamente afectan; entonces, excitados los sentidos interiores, aprenden a expresar y representar las imágenes impresas por aquella sensación interior; tanto dentro de sí, por la reminiscencia, como fuera de sí mismos por las manos y la lengua. Preparados así estos elementos interviene la mente, y mediante una cuidadosa especulación, considera y sopesa todas las cosas para investigar la razón de todas ellas: que dará por resultado el verdadero conocimiento de las mismas y el juicio acerca de ellas. Finalmente, la voluntad (que es el centro del hombre y la directora de todas sus acciones), se acostumbrará a ejercer, legítimamente, su imperio. Querer formar la voluntad antes que el entendimiento (como éste antes que la imaginación y la imaginación antes que los sentidos), es trabajar en balde. Es lo que hacen los que pretenden enseñar a los muchachos la Lógica, Poesía, Retórica y Etica antes que el conocimiento de las cosas reales y sensibles; procediendo de igual manera que el que intentara enseñar a bailar a un niño de dos años, que apenas logra andar con trémulos pasos.Es nuestra divisa tomar a la Naturaleza por guía en todo: y lo mismo que ella despierta las facultades unas después de otras, así debemos proceder en su desarrollo.
- La tercera diferencia está en que las escuelas inferiores, la maternal y la común, educarán a la juventud de uno y otro sexo: la latina, principalmente, a aquellos adolescentes que aspiran a algo más que a los oficios; y las Academias formarán a los Doctores y futuros formadores y guías de otros, para que no falten nunca rectores aptos en las Iglesias, Escuelas y Negocios públicos.
- Con razón hay quien considera estos cuatro géneros de escuelas como semejantes a las cuatro partes del año. Así, la maternal se asemeja a la amena primavera, adornada de brotes y florecillas de varia fragancia; la común representa el estío, que muestra sus espigas llenas con algunos frutos más tempranos; el gimnasio recuerda el otoño, recolectando los frutos completos de los campos, huertos y viñas y guardándolos en las despensas de la mente, y la academia, finalmente, es como el invierno que prepara los frutos recolectados para sus diversos usos, a fin de que tengamos de qué vivir en todo el tiempo restante de la vida.
- Esta manera de instruir cuidadosamente a la juventud puede también ser comparada al cultivo de los huertos. En ellos, los niños de seis años, adiestrados rectamente por el cuidado del padre y de la madre, son semejantes a los arbolitos plantados a tiempo, bien arraigados, y que empiezan a producir pequeñas ramas. Los adolescentes de doce años son como arbolillos ya cubiertos de ramas y que empiezan a echar nuevos brotes; en los que aún no se ve suficientemente claro lo que han de dar de sí. Los adolescentes de diez y ocho ya instruidos en el conocimiento de lenguas y artes, son parecidos a los árboles cubiertos de flores por todas partes, ofreciendo con ellas un agradable espectáculo a la vista y un gratísimo olor al olfato y prometiendo al paladar frutos seguros. Por último, los jóvenes de veinticuatro o veinticinco años nutridos ya plenamente de los estudios académicos, son como el árbol lleno de frutos al que ha llegado su tiempo de arrancárselos y aplicarlos a sus respectivos usos. En realidad todo esto debe exponerse con mayor claridad.