



Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Mètodes dInvestigació, Profesor: alumne anònim, Carrera: Psicologia, Universidad: UAB
Tipo: Apuntes
1 / 6
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!




Discursos perversos acerca de la infancia y de la adolescencia
Más allá de los discursos políticos pero influyendo sobre ellos, en ese marco más o menos difuso que algunos autores llaman el “imaginario social”, en ese ámbito difícil de abarcar en su globalidad, donde el sentido común mantiene fecundos encuentros con las frases hechas, los mitos y los prejuicios, aparecen, desaparecen y también persisten lo que hemos dado en llamar los discursos perversos acerca de la infancia y de la adolescencia. Naturalmente estos discursos no afectan solamente a los niños, niñas y adolescentes, se proyectan hacia los grupos familiares y los sectores populares a los que pertenecen. Son prejuicios y discriminaciones que señalan además la existencia de culpables o si se quiere de causas originarias, generalmente la pobreza y la exclusión social. Al escribir sobre este tema, nos viene a la memoria elmaestro Arturo Jauretvche y su “Manual de la Zoncera Criolla”, cuyas descripciones de ayer guardan coherencia con nuestras observaciones de ayer. Precisamente en estos días se cumplen 30 años de su muerte. y no puedo dejar de recorda rque el último día que lo saludé fue en el entierro de Carlos Mugica, el 12 de mayo de 1974.
1er. Discurso perverso: “Un menor mató a un chico” En rigor esta expresión la utilizó un diario sensacionalista porteño hace varios años para apuntalar una de las tantas campañas por la baja de la edad de imputabilidad. Pero analicemos sobre este tema las palabras de Blumberg^1 en el acto de abril frente a los Tribunales: “...No sé por qué los organismos de derechos humanos lo toman como si fuera un drama. Hay que entender que esos chicos son los que asesinan a nuestros hijos, a los ciudadanos. Entonces hay que separarlos de la sociedad”. Pongamos atención en la incoherencias (o coherencias) del Sr. Blumberg: "No sé por qué los organismos de derechos humanos lo toman como si fuera un drama" .Para JCB defender los derechos del niño, de todos los niños y adolescentes es absurdo. Hay niños que tienen derechos ( "nuestros hijos" ) y hay niños que carecen de derechos y sólo tienen conflictos ( "los menores" ). "Estos chicos son los que asesinan a nuestros hijos...". JCB No apela a la razonabilidad que le hubiera permitido ver como injusta muerte la de Ezequiel Demonty (arrojado al Riachuelo por un grupo de policías) o de Beluscio (cuyo caso ha significado un pronunciamiento de la Cidh y la obligación de reconocer y reparar para el gobierno argentino). El discurso es perverso porque revela incapacidad de comprender que todos los niños y jóvenes son nuestros hijos y que para todos es la justicia. Que no hay ninguna desigualdad compatible con la dignidad humana ¿No se está intentando criminalizar la pobreza, castigar a las víctimas y sobre todo reemplazando la ausencia de políticas sociales por medidas de control social represivo?
2° Discurso perverso: “Hay pobres buenos y pobres malos” Para el “sentido común” de los sectores medios de la sociedad hay “pobres y pobres ”. Hay pobres buenos y pobres malos. Para esto, dicen, se ha hecho el Código Penal. Para controlar y poner en vereda a los pobres malos. Ellos son los responsables de todos los males que tiene el país de la desocupación, de la indigencia, de la miseria. Y muy especialmente los chicos muy chicos, “ hijos de padres degenerados por lo que deben ser separados de la sociedad”. (Blumberg, discurso del 22/4/04 ). Hace años atrás el ex -Comisario Colotto empleaba el mismo argumento: “la abundante energía en la infancia y en la adolescencia, puesta en libertad y acrecentada por el juego y el ejercicio constituye un beneficio físico y mental, pero puesta en libertad en la pocilga, en el arroyo, en compañías perniciosas acarrea peligros, vicios, depredaciones y prácticas que en un adulto serían consideradas criminosas” (1988).
(^1) Expreso mi respeto por el dolor de Juan Carlos Blumberg, como por el de todas las familias víctimas del
terrorismo de Estado, la violencia delictiva, el abuso policial y la violencia institucionalizada. Ello no nos impide ejercer la crítica sobre aspectos de los discursos que se desvían, en nuestra opinión, de un objetivo social para expresar ideologías o actitudes discriminatorias o autoritarias. (Nota del autor)
Muchos años antes hacia 1910 un Informe presentado por J.J. Vieyra al Jefe de la Sección Orden Público de la Policía en la Ciudad de Buenos Aires afirma: “...Esa enorme masa de menores que pululan las calles, ya porque sus padres no saben o no pueden darles educación y oficio, ya porque condiciones orgánicas (sic) o morales patológicas los convierten en pequeños criminales actuales o futuros, con todo un cortejo morboso de degeneración y vicio”. Como se ve los tiempos cambian y los prejuicios persisten... Muchos de los chicos a los que aludía Vieyra en 1910, eran migrantes europeos. Muchos de sus nietos y biznietos, hoy imputan a los pibes pobres de de pelo duro y carita morena, los mismos “vicios genéricos”, con que fueran discriminados sus antepasados. ¿Cosas del prejuicio, vió?
3er. Discurso perverso: “Los pobres no quieren a sus hijos” Este discurso se encuentra entre los más populares en los sectores medios: “Tienen hijos como conejos” “No son capaces ni de alimentarlos, ni de educarlos”. “Los pobres son pegadores, maltratan a sus hijos”. “Son madres abandónicas” Para fundamentar estos prejuicios discriminatorios y generalizadores apelan a la patología, que les da frecuentes ejemplos de madres en conflicto, en otros casos desamoradas y de padres castigadores o abusadores. Piensan que siempre la patología está asociada a la pobreza. De nada vale que se les señale que modalidades de abandono, maltrato y abuso sexual, imperan también en los sectores medios y altos de la sociedad. Pobreza y enfermedad se equiparan en el imaginario social. Por ello Carlos de Arenaza y otros significativos participantes del Primer y Segundo Congreso Nacional de “La Minoridad Abandonada y Delincuente” (1933-1934), consideraban ociosa y nociva esta distinción, porque “ nos impide aplicar las medidas correctivas..., cuando aún no se ha cometido delito”. Más tarde, avanzados los 70, el discurso incorporaría a los “delincuentes subversivos” , tan peligrosos como los pobres malos. Para todos ellos, teniendo en cuenta “el bien de los niños” , proponen apelar a la sustitución familiar. La apropiación o sustitución de identidad , el robo de niños y la adopción (legal o fingida) son también buenos remedios. Hay que expropiar los chicos de los pobres y de los subversivos, para evitar que se conviertan en “menores díscolos”^2. Siempre en a historia el objetivo estaba centrado respecto de los niños en la tutela-protección- represión: “La historia del control social formal de la niñez como estrategia específica constituye un ejemplo paradigmático de construcción de una categoría de sujetos débiles para quienes la protección, mucho más que constituir un derecho, resulta una imposición”^3 Es muy reciente en nuestro país la conciencia de que el tráfico de niños, sea gratuito “por el bien de los chicos”, sea delictivo, es malo y daña el derecho a la identidad. Y todavía no se logrado hacer comprender que la adopción, es un recurso extremo y no una política social deseable y tendiente a promover “el fecundo encuentro dos carencias”. Personalmente creemos que la política social en esta materia pasa por el fortalecimiento del vínculo biológico y la lucha contra la apropiación y también contra la presión ilegítima sobre la madre en conflicto. Hay que luchar contra la naturalización de lo que constituye un delito: la sustitución de identidad^4.
4° Discurso perverso: Los chicos pobres no aprenden Hay un discurso dominante en el “imaginario social” propio de los sectores medios: la gente pobre del interior y de los países limítrofes, caracterizado por expresiones como éstas: “los hijos de los negros, los “cabecitas”, los “bolitas”, los “perucas”, los “paraguas”, etc., “son lentos y no aprenden.”
(^2) Esta expresión o sus sinónimos se repiten en la historia. Ya José Hernández en el Martín Fierro, había hacía
mención a la expresión “vagos y malentretenidos” (^3) García Méndez, E; “Lecciones y ensayos”, Astrea, Buenos Aires, 1989, pg 51 (^4) Sobre este tema recomendamos consultar las publicaciones de Abuelas de Plaza de Mayo, especialmente los
dos tomos dedicados al Congreso del 25 Aniversario (“Juventud e Identidad, t. I y II, Espacio Editorial, Bs. As. 2001 y 2002
b) Los chicos “tienen menos capacidad de comprensión y menos cultura general”. Periodistas que no resistirían el “múltiple choice” aplicado a los alumnos, se ríen del poco nivel de nuestros adolescentes que pretenden ingresar a la Universidad y hasta aparecen los “docentes magos”, que con un curso de nivelación de tres meses, resuelven todos los problemas generados por doce años presuntamente “inútiles” en la formación de nuestros chicos. Los chicos jóvenes de hogares muy humildes que acceden a la Universidad, no necesitan que los medios de comunicación social y la sociedad “bien pensante” los denigren y los humillen. Necesitan que la Universidad se prepare para recibirlos con sistemas de tutorías y los recursos que hoy tiene la pedagogía para adaptar a los estudiantes con “menos nivel cultural” a las exigencias de la formación universitaria. Personalmente cono docente de trabajo social que tuvo oportunamente desempeño en universidades del segundo cordón del Gran Buenos Aires, realicé una indagación con alumnos de primer año de una de las carreras de trabajo social. Unos de los resultados arrojados es que el 30% de los alumn@s habían nacido en villas o asentamientos. Trabajando con ellos pude ver que tenían dificultades para la comprensión de algunos niveles de abstracción teórica, pero aportaban una experiencia de vida mucho más rica que sus compañeros provenientes de hogares de clase media. La otra punta del problema son los docentes también denigrados, particularmente los esforzados maestros primarios, hoy profesores de EGB. Mal pagados, imposibilitados por factores diversos de mantener un nivel adecuado de actualización, con pésimas condiciones laborales realizan una formidable tarea pedagógica y de contención social y afectiva, junto a los chicos más pobres de la sociedad y sus familias Merecen un mejor trato y acompañamiento que les permita dejar de ser reproductores de prejuicios y discriminaciones y asumir con libertad una de las más nobles de las profesiones. Y una universidad sostenida por la inmensa mayoría de docentes sin remuneración alguna o con salarios promedio de $180.- para profesores titulares con diez años de antigüedad- y que a pesar de todo mantiene su nivel de exigencia, no debe dejarse humillar con discursos cuya única excelencia se basa en concepciones elitistas y alejadas de la realidad de quiénes demuestran diariamente su incapacidad, entre otras cosas, para conducir con justicia y creatividad instituciones masivas y complejas como la Universidad Pública. Es cierto. Se necesita cambiar, lo que requiere en primer lugar políticas activas del Estado que posibiliten la incorporación de la comunidad educativa en la búsqueda e implementación de medidas adecuadas para la superación de la crisis. En todo caso no es con la denigración de los actores significativos del sistema educativo en todos sus niveles como resolveremos el problema. Estamos hartos de las quejas vacías, que esconden en muchos funcionarios públicos la incapacidad para definir creativamente los caminos del cambio. Que los elitistas se queden en sus estrechos ámbitos. Y que los que nos sentimos tributarios de lo público, asumamos con responsabilidad hacerlo más fecundo para el servicio de toda la comunidad, priorizando la igualdad de oportunidades.
Epílogo para docentes, trabajadores sociales y profesionales de las áreas de infancia y adolescencia: En nosotros está la posibilidad de optar entre los discursos conservadores y los discursos progresistas. No son unívocos, sino que en ambos casos reconocen un pluralismo necesario. No se trata de reproducir “pensamientos únicos”. Se trata de comprender y asumir un compromiso existencial con el cambio, como diría el maestro Paulo Freire. Hay un debate planteado en torno a la infancia y la adolescencia entre el pensamiento conservador y las corrientes progresistas: “Tradicionalmente los conservadores tienen en mira la consolidación del orden establecido y de sus modalidades de funcionamiento. Así el orden social se convierte en la única meta digna de ser tenida en cuenta como sólido fundamento de la sociedad, a la que deben quedar subordinados todos los demás conceptos, aún cuando se trate de valores trascendentes o de estructuras formales inherentes a la vigencia plena del estado de derecho. De esta manera entonces, la atención se concentra sobre la función, al punto que su contenido es colocado y delimitado en los parámetros funcionales que está llamado a desempeñar. En la relación que se
instaura entre progresismo y conservadurismo, éste último se coloca siempre como negación, mas o menos acentuada, del primero.
“El orden-seguridad que hace a la defensa socia, asume, en la temática de la infancia y la adolescencia en riesgo, una significación de tal magnitud, que rechaza toda otra consideración. Las posturas que llamamos progresistas, en cambio, ponen el acento en los valores que sustentan los valores humanos. Es entonces “orden” pero con libertad, justicia, igualdad, participación, solidaridad. Es orden que en el proceso histórico se transforma en cambio.
“El orden, por sí mismo ausente de un marco referencial axiológico, no posibilita el desarrollo armónico de todos los grupos sociales en la democracia, sino que inevitablemente genera exclusión y discriminación. El orden, recela de lo nuevo, de los pobres, de los jóvenes, de los que tienen un estilo de vida diferente, de los migrantes y de los extranjeros. Si no está acompañado de los valores que perfilan los derechos humanos, termina generalmente en pautas morales o jurídicas liberticidas y que violentan los derechos de los grupos considerados peligrosos para la supervivencia del statu-quo......”^6
Una vez más es necesario definir la direccionalidad de nuestro compromiso profesional. La defensa acrítica del statu-quo, o la búsqueda activa del “ otro abajo”,^7 en cada circunstancia o contexto histórico.
No dudamos que los discursos que hemos definido como “perversos”, lo son porque marcan una realidad fragmentada en términos de poder. De un lado los que participan del banquete o de las migajas del poder y están satisfechos con el “statu-quo”. Del otro los que por padecimiento, conciencia crítica o solidaridad, trabajan como diría Germán Abdala^8 , para demostrar todos los días que las utopías son posibles y vamos rumbo a ellas. En nuestra utopía, todos los niños y adolescentes serán respetados como sujetos de derecho, tendrán a su servicio programas de salud, educación y acción social que los rescaten de la calle, los fortalezcan para vivir en la sociedad, en un ambiente propicio para la plena vigencia de la justicia y el desarrollo humano. Una justicia que distingue entre pobres y ricos y cuyos pronunciamientos y equipos trabajen para superar las situaciones de desigualdad y abuso de poder. Sus familias tendrán acceso a una vida digna, trabajo estable, vivienda adecuada. Podrán garantizar decoro y calidad de vida para todos sus hijos. Los jóvenes no tendrán “los horizontes cerrados” porque la sociedad estará abierta para recibirlos y permitirles realizar sus proyectos de trabajo, familia, inserción cultural, social o política. Los dirigentes serán formados en todos los ambientes de la sociedad. Es decir que los líderes emergentes no requerirán haber realizado caros posgrados en universidades del primer mundo, sino que surgirán de los movimientos sociales, de los barrios, de los centros culturales, de las iglesias o de la universidad, sin que nadie sea humillado por su origen, ni manipulado por caciques políticos. Con una Argentina así, soñaron Moreno, San Martín, Peñaloza, Yrigoyen, Perón, Evita, Palacios, Illía, Alicia Moreau de Justo, Carlos Mugica, Ortega Peña, Angelelli, Azucena Villaflor (Madres),
(^6) Fragmento del marco teórico de la investigación inerdisciplinaria acerca de “Las representaciones políticas
de la infancia”, que realiza la Cátedra Niñez, Familia y Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) Director: Carlos Eroles (2003-2005) (^7) La expresión “otro abajo”, ha sido utilizada por varios pensadores y cientistas sociales: Paulo Freire, Mario
Margulis, Santillán Güemes, Alain Touraine y recientemente el Subcomandante Marcos (cartas publicadas por Página 12 en julio de 2003). Es empleada, en todos estos casos para señalar la existencia de una direccionalidad ético-política que impide toda neutralidad en el análisis social. La praxis social, que definimos a partir de los derechos humanos, requiere involucramiento con “el otro abajo” y los procesos de cambio social, particularmente desde nuestra América Latina. (^8) Germán Abdala, dirigente sindical y político popular, uno de los cofundadores de la CTA, que murió
víctima de una enfermedad terminal, luego de una prolongada discapacidad, que no le impidió seguir militando. Agradecemos a la Agencia “Pelota de Trapo”, la inclusión de esta frase (Boletín 20, abril 2004)