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Este documento ofrece una detallada descripción del tejido linfático, uno de los principales sistemas inmunes del cuerpo humano. Aprenda sobre su estructura, función y localización en el organismo, así como los diferentes tipos de células que lo componen. Además, se abordan los órganos linfáticos primarios y secundarios, su importancia en la identificación de antígenos y su papel en la respuesta inmunitaria.
Tipo: Apuntes
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Órganos inmunológicos primarios Compleja red de células, tejidos y órganos especializados que reconocen las sustancias extrañas, principalmente los microorganismos patógenos (causantes de enfermedades), como bacterias, virus, parásitos y hongos, y defienden al cuerpo contra ellos. Se considera tejido linfático o linfoide a una forma especial de organización del tejido conjuntivo, constituido por tejido conjuntivo reticular como integrante del estroma y un conjunto de células en el que la mayor parte de sus componentes celulares funcionales son los linfocitos (Figura linf. 1). Por lo tanto, cualquiera que sea la estructura u órgano linfático que exista en nuestro organismo el tejido linfático está constituido por tres componentes: Un componente fibrilar integrado por fibras reticulares (colágena tipo III) que se disponen en la forma de una red Tridimensional. Un tipo especial de fibroblastos denominados, células reticulares, situadas en los puntos de intersección de las fibras que ellas mismos elaboran En este entramado fibrocelular se disponen células linfáticas de diversa estirpe que ocupan los espacios de esa red tridimensional. También células plasmáticas y macrófagos libres El tejido linfático o linfoide se dispone en el organismo de tres maneras: a).Tejido linfático difuso, especialmente en las mucosas de una serie de órganos membranosos integrantes de los aparatos respiratorio, digestivo, genital y urinario. b) Tejido linfático en forma de cordones, por ejemplo en la médula de los ganglios linfáticos o integrando el parénquima de la denominada pulpa blanca del bazo. c) Tejido linfático folicular, constituido por tejido linfático organizado en estructuras esféricas u ovoides denominados nódulos o folículos linfáticos, que, a su vez pueden estar diseminados en las mucosas antes mencionadas o agrupados constituyendo acumulaciones linfáticas asociadas a ciertas mucosas como la bucal faríngea (tonsilas o amígdalas), en la intestinal (placas de Peyer) o (la bursa de Fabricio, en aves) o rodeados de una cápsula conjuntiva para formar los órganos linfáticos como el bazo, ganglios linfáticos o linfonodos y el timo. Los órganos linfáticos se clasifican en: Órganos linfáticos primarios, como el timo y la médula ósea. Órganos linfáticos secundarios, entre los que se consideran a folículos linfáticos asociados a mucosas de los aparatos digestivo, respiratorio y urogenital, las amígdalas o tonsilas, placas de Peyer, ganglios linfáticos o linfonodos y al Bazo.
Moléculas que hacen reaccionar al sistema inmune Los antígenos son cualquier sustancia que el sistema inmunitario pueda detectar y que induce una respuesta inmunitaria. Si los antígenos se perciben como peligrosos (por ejemplo, si pueden causar una enfermedad), pueden estimular una respuesta
inmunitaria del organismo. Los antígenos pueden ser partes del interior o del exterior de bacterias, virus, otros microorganismos, parásitos o de células cancerosas. Los antígenos también pueden existir independientemente de un organismo, en forma, por ejemplo, de moléculas de alimentos o polen. Una respuesta inmunitaria normal consiste en: Reconocimiento de un antígeno extraño al organismo potencialmente dañino Activación y movilización de fuerzas para defenderse de él Atacarlo Controlar y finalizar el ataque Cuando el sistema inmunitario no funciona de forma adecuada, de modo que confunde lo propio con lo extraño, puede atacar a tejidos del propio organismo y causar algún trastorno autoinmunitario, como la artritis reumatoide, la tiroiditis de Hashimoto o el lupus eritematoso sistémico (lupus). Los "antígenos" son estructuras moleculares que se encuentran en la superficie de los virus y el sistema inmunitario reconoce. Son capaces de desencadenar un tipo de respuesta inmunitaria conocida como producción de anticuerpos Se definen como antígenos aquellas sustancias capaces de inducir una respuesta inmune específica. Los antígenos exhiben (o pueden mostrar) una serie de propiedades inmunológicas: inmunogenicidad: capacidad de inducir una respuesta inmune específica, humoral y/o celular. Estos antígenos también se pueden usar como marcadores en pruebas de laboratorio para identificar esos tejidos o células. Los antígenos son usualmente proteínas o polisacáridos. Esto incluye partes de bacterias (cápsula, pared celular, flagelos, fimbrias, y toxinas), de virus y otros microorganismos. Los lípidos y ácidos nucleicos son antigénicos únicamente cuando se combinan con proteínas y/o polisacáridos.
células linfáticas vírgenes indiferenciadas funcionalmente que se forman en la médula ósea a partir de células madres linfoblásticas_._ Estructura histológica del timo: cada lóbulo del timo está rodeado por una cápsula delgada de tejido conjuntivo laxo, la cual envía al interior del órgano trabéculas finas acompañadas de vasos sanguíneos de calibre pequeño (arteriolas y vénulas); las trabéculas al introducirse subdividen a los lóbulos en lobulillos incompletos. Cada lobulillo, de forma poliédrica, está integrado por una corteza y una médula. Las trabéculas sólo llegan al límite corticomedular. Las médulas de los lobulillos vecinos confluyen entre sí.
Secciones microscópicas de timo, coloreadas con H-E, muestran a la corteza de un color azul morado oscuro, esto debido a la gran cantidad de linfocitos localizados en esa zona y que están muy agrupados entre sí; en cambio la médula exhibe un color rosa azulado porque en ella los linfocitos existen en menor cantidad y, por la presencia de numerosas células epiteliales reticulares, abundantes macrófagos y células interdigitantes (presentadoras de antígenos) y de unas estructuras formadas por células epiteliales queratinizadas de disposición concéntrica denominadas corpúsculos de Hassal
capacidad tintorial y muestran una presencia evidente de cisternas dilatadas de retículo endoplásmico rugoso que indica síntesis proteínica abundante.
Médula tímica. La médula tímica presenta un color más pálido y posee una menor población celular linfática por unidad de superficie. Casi un 5% del total de linfocitos que albergaba la corteza. Son todos ellos linfocitos pequeños que en la corteza se han vuelto en linfocitos T inmunocompetentes. También existen células dendríticas, macrófagos, aunque de menor tamaño que los de la corteza, algunas células plasmáticas y cebadas. Estas últimas llegan al parénquima a través de la irrigación sanguínea medular. En la médula se localizan tres tipos de células reticulares epiteliales: Células epiteliales reticulares tipo IV. Se localizan debajo de las células reticulares tipo III de la corteza, junto con ellas forman el límite corticomedular tímico. Poseen un núcleo voluminoso con cromatina distribuida en grumos gruesos. El citoplasma es acidófilo y contiene abundantes tonofilamentos. Células epiteliales reticulares tipo V. Son las células que forman el retículo celular de la médula. Poseen prolongaciones gruesas y escasas, unidas entre sí mediante desmosomas. Los núcleos son de forma variada, de contornos precisos y cromatina perinuclear distribuida uniformemente. Células epiteliales reticulares tipo VI. Forman una estructura característica de la médula del timo, los corpúsculos de Hassall; Estos consisten en la disposición concéntrica de las células reticulares alrededor de, posiblemente, restos celulares de linfocitos T medulares muertos. Poseen tamaños variables ( pueden medir de 20 hasta más de 100 μm de diámetro); se tiñen intensamente con la eosina, aunque algunas células más internas suelen poseer gránulos basófilos de queratohialina. Se piensa que son las únicas células epiteliales reticulares que puedan derivar del ectodermo. En ciertos casos están sumamente queratinizadas (cornificadas) e inclusive pueden calcificarse. Circulación sanguínea y linfática del timo. A través de la cápsula penetran a la corteza pequeños vasos arteriales que se ramifican para ingresar al interior del órgano, a través de las trabéculas y llegar al límite de la corteza con la médula. En ese lugar originan abundantes capilares continuos que se introducen al parénquima cortical. Por lo tanto, la corteza del timo carece de irrigación arteriolar. Los capilares poseen una membrana basal bastante desarrollada y los rodean estrechamente las células epiteliales reticulares del tipo I que les forman la barrera hematotímica. Los capilares corticales forman pequeñas venas en el límite corticomedular las cuales se introducen a la médula para incorporarse posteriormente a los tabiques o trabéculas conjuntivas y drenar a venas eferentes de mayor calibre que abandonan al timo s través de la cápsula. Las arteriolas trabeculares que llegan al límite de la corteza pueden emitir ramas de menor calibre que discurren hacia la médula, allí forman una red capilar profusa que irriga el parénquima medular, a continuación se forman vénulas, las cuales forman otras de mayor diámetro y salen del timo como venas eferentes interlobulillares e interlobulares. El timo no recibe vasos linfáticos aferentes. No es fácil visualizar vasos linfáticos en el parénquima cortical o medular. Unicamente se distinguen