














































Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Descripción del documento de prueba
Tipo: Diapositivas
1 / 54
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!















































EL PANTONE DE LA CRUZ
ORACIÓN PARA EL COMIENZO
CANCIÓN - ESTRIBILLO (entre estación y estación) Toda tu carne herida por mí, toda tu sed clamando por mí. Naceré de nuevo con tu sangre, Señor, libre para siempre por tu amor. Toda mi vida solo por Ti, cada locura solo por Ti. Arderé en la gloria de tu cruz, mi Señor, libre para siempre por tu amor.
Libre, porque se cuece en el alma libre. Palabra, porque los actos y decisiones cuajan, toman forma, son expresables. De nuevo libre, porque se lanza al aire para que se haga eficaz. ¡Qué poder el de la libre palabra libre! Libre antes que palabra, y palabra después libre. Palabras, palabras, palabras... Si no salen de un corazón libre... son ruido. Palabras, palabras, palabras... Si no entran libres en otro corazón... se vuelan. Pero cuando las palabras son el cable que une dos corazones... ¡qué poderío más extraordinario! «Te quiero», esas dos libres palabras libres son capaces de llenar de sentido toda una vida. «Idiota», esa sola libre palabra libre es capaz de producir el más grande dolor humano. Mi palabra interior, insonora, cableada hasta el corazón de Cristo –¡libre palabra libre!– es capaz de condenar al Hijo de Dios: «no quiero», «no me interesas», «no te elijo», y Cristo renovará mañana en la Misa su condena por todas las libres palabras libres que hoy le han condenado. ¡Cuál es el poder de la palabra! La palabra del sacerdote en la Consagración hace carne a Dios, ¡Solo unas palabras... encarnan a Dios! Si mis palabras son poderosas... que lo sean las tuyas también, que tu palabra se haga carne en mi vida, que tus libres palabras libres lleguen
cableadas a mi corazón. Si las dejo entrar, serán poderosas. ¡Cuál es el poder de tus libres palabras libres! YO TAMBIÉN TE OLVIDÉ Pedro, sin darse cuenta del pecado, consintió hasta tres veces en negarte; el miedo le tentó para olvidarte después de tanto estar, fiel, a tu lado. Un gallo le cantó; desesperado, lo traspasó el dolor de parte a parte; su martirio ofreció por recobrarte y lloró arrepentido y humillado. Yo también te olvidé; vivo mi pena. Tanto remordimiento me condena; ¿será otra vez Jesús mi compañero? Se ha convertido en mi deseo. Lo que Pedro sufrió, esa es mi espera, caminar tras de ti mi vida entera; a ver si me preguntas si te quiero, a ver si soy valiente y no niego. Yo también te olvidé; vivo mi pena. Tanto remordimiento me condena; ¿será otra vez Jesús mi compañero? Se ha convertido en mi deseo (x2) CANCIÓN — ESTRIBILLO (entre estación y estación)
y mil miles de tontos, y millones de miles de tontos. ¡No te dejes atar esa carga, Señor! No puede dejar de atarse, porque le ata el cariño que nos tiene a tantos tontos, a todos los tontos. No puede dejar de querernos. No le importa, por eso, cargar con lo que sea. Nos quiere demasiado. No puede dejar de tomarnos tan en serio. Ya sabemos que «amores de quita y pon no son amores». Él me quiere... y me quiere ¡y basta!, le cueste lo que le cueste… Y ya te está costando mucho, ¿verdad? Seguro que te gusta que te diga, Señor, que te lo agradezco, pues lo único que tengo es tu Amor. ¡Lo único que realmente tengo! Unos tontos estaban allí, atándole un madero, otros tontos están aquí, ignorándole, otros insultándole, otros ahora haciendo el tonto, fantasmeando, abusando, jugando a hacerse los ricos o a la gallinita ciega, que van ciegos sin ver más allá de la moda, del sábado por la noche, o del rubio del portal de al lado. Otros tontos, cambiando el rico oro de la nueva vida, por cinco lentejuelas de plástico deslumbrante: ¡Cómo deslumbra darse la vida padre y la riqueza! ¡El placer deslumbrante de usar cuerpos humanos y suaves y sensuales! ¡Y el deslumbramiento que me produce deslumbrar a otros,
con trucos de brillos que manejo como un profesional! ¡Y...! ¡Y conociéndonos, no puedes dejar de querernos! Seguro que te gusta que te diga, Señor, que te lo agradezco, pues lo único que tengo es tu Amor. ¡Lo único que realmente tengo! LO ÚNICO QUE TENGO ES TU AMOR ¡Pero qué hace ahí tirado, dejando que le aten un madero a las espaldas! Si es Dios... ¿Qué hace ahí? ¿Por qué está ahí? Él quiso morir, atado a nuestro peso en sus espaldas. Y Tú te ataste a mí, te ataste a mil. Hoy quiero decirte, Señor, que te doy las gracias, que recuerdo mi peso en tus hombros, pues lo único que te ata al leño es tu amor. No puedes dejar de atarte, ni de tomarte tan en serio mi pecado Solo quieres verme liberada. No es un «amor de quita y pon»; me quieres como un ciego apasionado. Señor, contágiame de tu pasión.
3ª ESTACIÓN Cae Jesús por primera vez
LA NECESIDAD QUE TIENE DE MÍ... LO AGUANTA TODO ¡Aguantarlo todo! No lo entiendo. ¿Hasta dónde hay que aguantar? Si no fuera porque Tú lo has hecho así, jamás se me hubiese pasado por la cabeza que haya que comportarse de este modo. Creo que yo hubiese mandado a paseo a esa panda de mirones. ¡Todos mirando! Morbo, morbo, morbo, curiosidad, espectáculo, codazos para ver mejor. Caes, y les da igual. Y sigues dando igual. Te caes, ¡te tiramos!, y sigues aguantando. Te levantas, y tiene más éxito la Coca-Cola que la presencia en el mundo del Dios hecho hombre. Y sigues aguantando, y preferimos vivir nuestra vida y pasar de ti.
Te caes, ¡te tiramos!, y sigues aguantando. Te levantas y te tratamos como a un muerto, como a un viejo chocho impotente, como a alguien que ya no puede nada. Y sigues aguantando, y nos das pereza, nos aburres, no nos apeteces. Y sigues aguantando. ¡Aguantarlo todo! No lo entiendo. ¿Hasta dónde hay que aguantar? Hasta que me descubran, hasta que quieran recibirme, hasta que se den cuenta de que les quiero… Es que..., ¡no puedo vivir sin el amor de ellos! Los necesito. Es mi gozo estar con los hombres. Y esperaré a cada uno el tiempo que haga falta. Y aunque uno me tire mil veces, mil veces me levantaré para recibirle. Y aguantaré lo que necesite que yo aguante, hasta que me descubra, y me acepte. Y aguantaré hasta que venga a mí, aunque venga porque todo le ha fallado, como último recurso, porque ya no le queda vida. ¡Aguantaré!». Está claro que cuando me falta aguante... lo que me falta es amor. ME LEVANTO SIEMPRE EN TI Busqué paraísos sin tu rostro, horizontes sin tu luz. Pinté de colores mis pecados, pero el cielo no era azul.
4ª ESTACIÓN Jesús encuentra a María, su madre
NECESITADO DE CONSUELO... ¡CÓMO ME GUSTAS ASÍ! Esto sí que lo entiendo. ¡Y cómo me gusta! Verte un Dios débil, naturalmente débil, naturalmente necesitado de compañía, naturalmente necesitado de madre, naturalmente sensible a una mirada de cariño. Esto sí que lo entiendo. ¡Y cómo me gustas así! Físicamente no ha cambiado nada, pero todo ha cambiado. Como cambia el espíritu de un niño una noche de miedo, cuando se arropa bajo las sábanas de su madre; como cambia el dolor del enfermo
cuando entrelaza sus dedos con los de otra mano conocida; como cambia el sufrimiento del que pregunta: «¿Estás ahí? Bien, ¡no te vayas!». Calor, tacto, vista... cercanía. No cambia nada, y lo cambian todo. En los momentos de cruz el alma pide, llama, grita, gime, rabia por recibir el único consuelo posible: ¡saberme acompañado por el amor de alguien! Ese es el único consuelo, y es todo el consuelo. Sufrir... se sufre, pero es otro sufrimiento. Esto sí que lo entiendo ¡Y cómo me gustas así! Quiero sentir clavados los dos ojos de mi madre, en los momentos de cruz. Quiero que otros sientan los ojos de Jesús clavados cuando miro a otros en sus momentos de cruz. ¡Ojos que consuelen! ¡El único consuelo! ¡Y cómo me gustas así, necesitado de consuelos! UN DIOS DÉBIL Esto sí que lo entiendo, y cómo me gusta ver un Dios débil, niño desnudo en tus brazos. Y rehén aplastado por la cruz y en agonía, pero siempre necesitado de ti, María. Cómo cambia el espíritu de un niño una noche de miedo,
5ª ESTACIÓN Simón ayuda a llevar la cruz de Jesús
UN HOMBRE AYUDA A DIOS... ¡ESO SÍ VALE LA PENA! Simón ayuda a Jesús; un hombre ayuda a Cristo. Simón ayuda a Jesús; un forastero ayuda a un revoltoso, un hombre ayuda a un agonizante, una buena persona ayuda a un necesitado, un buen chico se pone el pin de solidaridad. Proceso de desvirtuación, de ceguera, que acaba por convertir a la Iglesia en la más antigua de las ONGs. Y por decana, con una reglamentación anticuada, exigente, incomprensible... imposible. Simón ayuda a Jesús; un hombre ayuda a Cristo, un seguidor ayuda a su Maestro,
un salvado ayuda a su Salvador, un enamorado ayuda a su Amor. Y Cristo no es una palabra, no es aire, no es un muerto. Yo ayudo a Cristo vivo, vivo en el Pan, vivo en la Palabra, vivo en el hermano, vivo en el enfermo. Que te veamos vivo. Y así... ya no te daré limosnas, ya no te dedicaré los minutos de aburrimiento, ya no te regalaré ropa vieja, ya no te destinaré las sobras, ya no te daré para sentirme bien, ya no te reclamaré agradecimientos. Que te veamos vivo. Y así... te daré lo que necesito, te daré mi tiempo —el mío, el que me dedico a mí—, te daré lo mejor que tengo —lo que me gusta a mí—, te daré lo que considero imprescindible para mí, te daré para que Tú te sientas bien, te daré las gracias —porque me libras de mí—. ¿Qué tal te sientes, Señor, ayudado a la fuerza —por obligación—, o al son de la moda —porque se lleva—, por humanitarismo —¡también me puede pasar a mí!—, por filantropía —es bonito tratarnos bien entre nosotros—. Que te veamos vivo. Y así... no nos quedaremos cortos. ¡Yo ayudo a Cristo vivo!