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documento documentado, Esquemas y mapas conceptuales de Historia

documento documentado de roma para resolver

Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

2024/2025

Subido el 28/05/2026

francisco-rodriguez-tq5
francisco-rodriguez-tq5 🇪🇸

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Cato. Agr. Praef. 1-4: “A veces es preferible procurarse bienes mediante el comercio, a
menos que sea demasiado arriesgado, y también prestar dinero a interés con tal de que
sea honradamente. Nuestros antepasados de tal manera lo consideraron y así lo fijaron en
las leyes: que se condenara al ladrón al duplo y al prestamista al cuádruplo. Puede
estimarse a partir de ello cuánta peor opinión tenían del prestamista que del ladrón. Y
cuando elogiaban a un hombre de [2] bien (vir bonus), lo elogiaban precisamente en
cuanto buen agricultor y colono. Quien tales elogios recibían consideraba que se le [3]
elogiaba en sumo grado. Por mi parte, al comerciante lo considero valiente y afanoso de
procurarse bienes, pero, como he dicho arriba, expuesto a riesgos y contrariedades. Por
el contrario, [4] de entre los agricultores nacen los hombres más esforzados y los soldados
más arrojados, y en consecuencia su oficio es el más virtuoso y seguro y el que menos
envidias suscita, y quienes se ocupan en ese afán son quienes abrigan menos
malquerencias. Y ahora, para volver al asunto, esto será el comienzo de la empresa en que
me he comprometido”.
Cato. Agr. 1. 1-7: “Cuando estés pensando en adquirir una hacienda, para mientes en esto,
en no comprarla ansiosamente, en no ahorrarte el trabajo de verla repetidamente y en no
contentarte con recorrerla una sola vez. Cuantas más veces vayas, tanto más te gustará lo
que sea bueno. [2] Dirige tu atención a la manera en que los vecinos prosperan: en una
comarca buena deberán prosperar bien. Y entra allí y observa atentamente cómo puedes
salir de allí, que tenga buen clima, que no esté expuesta a calamidades, que destaque por
su [3] buen suelo y sus características naturales. Si puedes, que esté al pie de un monte,
mire a mediodía y esté en lugar saludable, que haya abundancia de obreros y haya cerca
un buen curso de agua y una ciudad próspera, o el mar o un río por donde circulan [4]
barcos o una carretera buena y transitada; que esté en esa clase de tierras que no cambian
a menudo de dueño: que quienes en esas tierras vendan sus haciendas se arrepientan de
haberlas vendido. Debe estar bien dotada de construcciones. Cuida de no menospreciar a
la ligera los métodos de los demás: mejor se comprará a un propietario que sea buen
cultivador y buen constructor. Cuando vayas a la alquería, mira si son muchas las tinajas
[5] de aceite y los toneles: si no lo son, debes saber que la cosecha está en proporción;
que no sea de muchos enseres y que esté en buen sitio. Mira que la propiedad sea de muy
pocos enseres [6] y no costosa. Debes saber que una propiedad es lo mismo que las
personas: si son gastadoras, no queda gran cosa aunque [7] ganen mucho. Si me preguntas
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Cato. Agr. Praef. 1-4: “A veces es preferible procurarse bienes mediante el comercio, a menos que sea demasiado arriesgado, y también prestar dinero a interés con tal de que sea honradamente. Nuestros antepasados de tal manera lo consideraron y así lo fijaron en las leyes: que se condenara al ladrón al duplo y al prestamista al cuádruplo. Puede estimarse a partir de ello cuánta peor opinión tenían del prestamista que del ladrón. Y cuando elogiaban a un hombre de [2] bien ( vir bonus ), lo elogiaban precisamente en cuanto buen agricultor y colono. Quien tales elogios recibían consideraba que se le [3] elogiaba en sumo grado. Por mi parte, al comerciante lo considero valiente y afanoso de procurarse bienes, pero, como he dicho arriba, expuesto a riesgos y contrariedades. Por el contrario, [4] de entre los agricultores nacen los hombres más esforzados y los soldados más arrojados, y en consecuencia su oficio es el más virtuoso y seguro y el que menos envidias suscita, y quienes se ocupan en ese afán son quienes abrigan menos malquerencias. Y ahora, para volver al asunto, esto será el comienzo de la empresa en que me he comprometido”. Cato. Agr. 1. 1-7: “Cuando estés pensando en adquirir una hacienda, para mientes en esto, en no comprarla ansiosamente, en no ahorrarte el trabajo de verla repetidamente y en no contentarte con recorrerla una sola vez. Cuantas más veces vayas, tanto más te gustará lo que sea bueno. [2] Dirige tu atención a la manera en que los vecinos prosperan: en una comarca buena deberán prosperar bien. Y entra allí y observa atentamente cómo puedes salir de allí, que tenga buen clima, que no esté expuesta a calamidades, que destaque por su [3] buen suelo y sus características naturales. Si puedes, que esté al pie de un monte, mire a mediodía y esté en lugar saludable, que haya abundancia de obreros y haya cerca un buen curso de agua y una ciudad próspera, o el mar o un río por donde circulan [4] barcos o una carretera buena y transitada; que esté en esa clase de tierras que no cambian a menudo de dueño: que quienes en esas tierras vendan sus haciendas se arrepientan de haberlas vendido. Debe estar bien dotada de construcciones. Cuida de no menospreciar a la ligera los métodos de los demás: mejor se comprará a un propietario que sea buen cultivador y buen constructor. Cuando vayas a la alquería, mira si son muchas las tinajas [5] de aceite y los toneles: si no lo son, debes saber que la cosecha está en proporción; que no sea de muchos enseres y que esté en buen sitio. Mira que la propiedad sea de muy pocos enseres [6] y no costosa. Debes saber que una propiedad es lo mismo que las personas: si son gastadoras, no queda gran cosa aunque [7] ganen mucho. Si me preguntas

cuál propiedad es la primordial, te diré así: de cien yugadas de tierra de toda clase de terrenos y en óptimo emplazamiento, la viña es lo primero si es de vino abundante, segundo un huerto bien regado, tercero una salceda, cuarto un olivar, quinto una pradera, sexto un campo de trigo, séptimo un bosque para madera, octavo una arboleda, noveno un encinar”. Cato. Agr. 2. 1-7: “Cuando el paterfamilias llega a la alquería y ha saludado al lar familiar, ese mismo día recorra, si es posible, su hacienda; si no ese mismo día, al menos al siguiente. Cuando se ha enterado de cómo está cultivada la hacienda y qué labores están concluidas y por concluir, al día siguiente llame al capataz ( vilicus ), pregúntele qué labor se ha concluido y qué queda, si las labores se han concluido suficientemente a tiempo, si va a poder concluir las restantes y qué se ha producido de vino, trigo y todas las demás labores. Cuando se haya enterado, [2] conviene emprender el cálculo de las labores y sus jornadas. Si la tarea no está a la vista, el capataz ( vilicus ) va a decir que él ha obrado diligentemente, que los esclavos no han estado bien de salud, que el tiempo ha sido malo, que los esclavos se han escapado, que ha hecho trabajos públicos. Cuando haya dicho estas y otras muchas excusas, vuelve a recordar con el capataz el cálculo de las labores y de los obreros. Si la temporada ha sido lluviosa, [3] qué labores habrían podido hacerse con lluvia: lavar las cubas y untarlas de pez, limpiar la alquería, trasvasar el trigo, sacar afuera el estiércol, hacer un depósito de estiércol, limpiar la simiente, remendar las sogas y hacer otras nuevas; recuérdale que habría sido conveniente que los esclavos se remendaran sus centones [4] y capuchones; en los días feriados ( feriae ) se habrían podido limpiar las zanjas viejas, aparejar un camino público, cortar las zarzas, cavar el huerto, limpiar la pradera, liar varas, arrancar los abrojos, majar el farro y hacer limpieza; si los esclavos ( servii ) han estado enfermos, no habría sido menester darles muchos alimentos. [5] Cuando haya quedado constancia de ello con calma, procura que se rematen las labores restantes: hacer las cuentas del dinero y del trigo, de lo que está dispuesto para forraje, las cuentas del vino y del aceite: qué se ha vendido, qué se ha percibido, qué queda por percibir y qué hay que pueda venderse: recíbanse [6] las garantías que haya que recibir; lo que falte, que aparezca. Si algo falta para ese año, que se adquiera; lo que sobre, que se venda: lo que sea necesario arrendar, que se arriende; las labores que se quiera hacer y las que se quiera alquilar, que las ordene y las deje por escrito. Preste atención al ganado. [7] Haga almoneda: venda el aceite si tiene buen precio, venda el vino

lo que el amo [3] ha ordenado. No crea saber más que el amo. A los amigos del amo, téngalos por amigos suyos. Escuche a quien se le ha ordenado escuchar. No haga sacrificios religiosos a no ser en las fiestas Compitales en las encrucijadas o en el hogar. No dé a crédito a nadie sin permiso del amo: reclame lo que el amo ha dado a crédito. No tenga prestada a nadie simiente para la sementera, vituallas, farro, vino y aceite. Tenga dos o tres familias de donde solicitar lo que haya de usarse y a quienes dárselo, [4] y a nadie más. Haga las cuentas con el amo a menudo. No tenga un mismo obrero a jornal ( mercenarius ) o allanador mucho tiempo *** (laguna). No pretenda comprar nada sin saberlo el amo ni pretenda ocultarle nada al amo. No tenga ningún parásito. No pretenda consultar a ningún arúspice, augur, adivino o caldeo. No defraude en la mies, pues es de mala suerte. Ocúpese de saber hacer todas las labores del campo y hágalas habitualmente con tal de no llegar [5] a fatigarse; si lo hiciere, sabrá qué hay en la mente de los esclavos y ellos lo harán de mejor gana. Si lo hace, le gustará menos andar de acá para allá, tendrá mejor salud y dormirá más a gusto. Levántese de la cama el primero, vaya a la cama el último. Sea el primero en ver que la alquería esté cerrada, que cada uno [6] esté acostado en su cama y que las acémilas tengan forraje. Mantenga cuidados los bueyes con la mayor diligencia. Sea particularmente indulgente con los boyeros ( bulbuci ) para que cuiden de los bueyes de mejor gana. Cato. Agr. 8. 1-2: “Los higos mariscos plántalos en sitio gredoso y abierto; los africanos y herculanos, los saguntinos, los invernizos y los telanos negros de pedúnculo largo, ésos plántalos en terreno más graso o estercolado. Deja producir el prado si lo tienes bien regado; si no, uno seco para que no falte [2] forraje. Haz que se planten en tu finca de las afueras huertas de todas clases, parterres de todas clases, cebollas de Mégara, mirto matrimonial, blanco y negro, laurel de Delfos, de Chipre y silvestre, nueces lisas, avellanas de Abela, de Preneste y almendras. Quien tenga una finca en las afueras, y especialmente quien sólo tenga esa finca, debe aparejarla y cultivarla de modo que la tenga lo más productiva posible”. Cato. Agr. 10. 1-5: “Cómo conviene proveer un campo de olivos de 240 yugadas: un capataz ( vilicus ), la mujer del capataz ( vilica ), cinco obreros ( operarii ), tres boyeros ( bulbuci ), un mulero ( asinarius ), un porquero ( sulbucus ), un pastor ( opilio ); total, trece

personas; tres pares de bueyes, tres burros equipados con albardas que transporten el estiércol, un burro para hacer girar la muela y cien ovejas; cinco equipos [2] de aceite aparejados, un caldero de cobre de treinta cuadrantales de capacidad, su tapadera de cobre, tres garfios de hierro, tres cántaros de agua, dos embudos, un caldero de cobre de cinco cuadrantales de capacidad, su tapadera de cobre, tres garfios, una cuba pequeña, dos ánforas de aceite, una cuba de cincuenta heminas, tres cucharones, un cubo para el agua, un barreño, un balde, una jofaina, una escudilla, una jarra, un aguamanil, una palangana, un candelero y un sextario; tres carros grandes, seis arados con sus rejas, tres yugos provistos de correas, seis juegos de jaeces para los bueyes; un rastro, cuatro [3] parihuelas para el estiércol, tres cestas para el estiércol, tres pares de cestos de media onza, tres pares de enjalmas para los burros; herramientas: ocho azadas, ocho escardillos, cuatro palas, cinco escardas, dos rastrillos de cuatro dientes, †ocho† hoces para la hierba, cinco para la paja, cinco para descortezar árboles, tres hachas, tres cuñas, un mazo de majar farro, dos [4] tenazas, una pala de horno, dos hornillos; cien tinajas de aceite, doce cubetas, diez tinajas para guardar el orujo, diez para el alpechín, diez para el vino, veinte para el trigo, una para los altramuces, diez cántaras, una tina para lavar, una pila, dos vasijas de agua, tapaderas apropiadas para las vasijas y cántaros; una muela de caballería y otra manual, una hispana, tres juegos de correajes para la caballería, una masera, dos discos de cobre, dos mesas, tres bancos grandes, un taburete para la habitación, [5] tres banquetas, cuatro sillas, dos sillones, una cama para la habitación, cuatro camas con somieres de correas y otras tres camas; un mortero de madera, un mortero de batán, un telar en forma de yugo, dos morteros, un mortero de habas, uno de farro, uno de semillas, uno que cribe piñones, una medida de modios y una de medio modio: ocho colchones, ocho colchas, dieciséis almohadas, diez cobertores, tres servilletas y seis centones para los esclavos jóvenes ( pueri )”. Cato. Agr. 16: “Quienes dan la cal a cocer a un aparcero ( partiarius ) la dan de la siguiente manera: el calero dispone y cuece la cal y la saca del horno y hace leña para el horno. El propietario proporciona la piedra y leña de que haya necesidad para el horno” Cato. Agr. 56: “Alimentos para los esclavos ( familia ): a los que están en el laboreo, cuatro modios de trigo durante el invierno y cuatro modios y medio durante el verano; al capataz

tinaja, después échelo en otro barril; extraiga siempre de esas tinajas las heces y el alpechín. Cuando hayas extraído del caldero el aceite, retira completamente el alpechín”. Cato. Agr. 67: “Cometidos del vigilante ( custos ) igualmente: quienes estén en la prensa mantengan limpios los recipientes y cuiden de que la aceituna esté en perfecto estado y se seque bien. No corten leña en la prensa. Trasieguen el aceite con frecuencia. Dé a los elaboradores por cada estrujón un sextario de aceite, y para la candela el que sea menester. Tire a diario las heces. Trasiegue el alpechín hasta [2] llegar al último depósito que hay en la bodega. Limpie las cestas con una esponja. Cambie a diario de lugar el aceite hasta que llegue a la tinaja. Cuide atentamente de que no se sustraiga nada de aceite en la prensa y en la bodega”. Cato. Agr. 83: “Haz de la siguiente manera el voto por los bueyes para que tengan salud: en un bosque, de día, haz un voto a Marte Silvano por cada una de las cabezas de ganado bovino; tres libras de farro, cuatro libras y media de tocino, cuatro libras y media de carne magra y tres sextarios de vino: tienes permiso para echarlo en una sola vasija y tienes permiso igualmente para echar el vino en una sola vasija. Este rito sagrado tiene licencia para hacerlo un esclavo ( servus ) o un hombre libre ( liber ). Cuando el rito sagrado esté hecho, cómelo al punto allí mismo. No haya mujer presente en este rito sagrado ni vea cómo se hace. Este voto será lícito ofrecerlo, si quieres, para cada año”. Cato. Agr. 102: “Si una serpiente muerde a un buey o a cualquier otro cuadrúpedo, tritura bien en una hemina de vino añejo un acetábulo de neguilla, que los médicos llaman esmirneo; introdúceselo por la nariz y aplícales estiércol de cerdo en la propia mordedura. Y haz esto mismo con las personas si surgiere la necesidad”. Cato. Agr. 104. 1-2: “Vino para los esclavos, para utilizar durante el invierno: echa en un tonel diez cuadrantales de mosto; vierte ahí mismo dos cuadrantales de vinagre fuerte, dos cuadrantales de arrope y cincuenta cuadrantales de agua dulce. Mézclalo con una paleta tres veces al día durante cinco días [2] seguidos. Añádele sesenta y cuatro sextarios de agua de mar añeja, ponle una tapadera al tonel y tápalo con pez a los diez días. Este

vino te durará hasta el solsticio; si sobra algo después del solsticio, será un vinagre muy fuerte y muy fino”. Cato. Agr. 135. 1-3: “Dónde se compran túnicas y demás cosas. En Roma, túnicas, togas, capotes, centones y zuecos. En Cales y en Minturnas, capuchas, útiles de hierro, hoces, azadas, azadones, hachas, jaeces, bocados y cadenillas. En Venafro, azadas. En Suesa y en Lucania, carros. En Trebla, en Alba y en Roma, toneles y vasijas. Tejas, de Venafro. Los arados [2] romanos serán buenos para un terreno duro, los campanos para uno negro; los yugos romanos serán los mejores, la reja adaptable será la mejor. Prensas de aceite, en Pompeya, en Nola y en la Cerca de Rufrio. Llaves y cerrojos, en Roma. Cubos, vasijas de aceite, orzas de agua, vasijas de vino y otros recipientes de cobre, en Capua y en Nola. Las canastillas de Campania [3] † † hacen buen servicio. Sogas de polea y esparto de todo tipo, en Capua. Canastillos de tipo romano, en Suesa y en Casino: los mejores serán los de Roma. Quien hace sogas para prensa es Lucio Tunio en Casino y Gayo Menio, hijo de Lucio, en Venafro: para ello conviene ponerles ocho buenas pieles del país, frescas, que estén curtidas y tengan el mínimo de sal: conviene primero curtirlas y untarlas de grasa, después secarlas”. Cato. Agr. 137: “Viña al cuidado de un aparcero ( partiarius ). Cuide bien la hacienda, la arboleda y el campo de trigo. Para el aparcero, el heno y el forraje que sea suficiente para los bueyes que allí haya; todo lo demás, pro indiviso ”. Cato. Agr. 138: “Es lícito uncir los bueyes en días feriados ( feriae ). Es lícito que hagan las siguientes faenas: acarrear leña, tallos de haba, y trigo que no se va a sembrar. Para las mulas, caballos y asnos no hay ninguna fiesta, salvo si las hay para los esclavos ( familia )”. Cato. Agr. 139: “Es menester aclarar un bosque sagrado según la costumbre romana de la siguiente manera: sacrifica un cerdo como víctima expiatoria y pronuncia las siguientes palabras: «Si eres un dios, si eres una diosa a quien este bosque está consagrado, puesto que es de justicia hacerte el sacrificio de un cerdo expiatorio por violentar este bosque

Cato. Agr. 145. 1-3: “Es menester ajustar la elaboración del aceite según el siguiente contrato: trabaje debidamente al arbitrio del amo o del vigilante que se ocupe de este quehacer. Si hubiere necesidad de seis aparatos completos, úselos. Proporcione los hombres que parezcan bien al vigilante o a quien haya comprado la aceituna. Elabórelo con trapiches; si se hubiere contratado obreros ( operarii ) o si se hubiere adjudicado la elaboración ( locatio ), [2] pague por ello a proporción o dedúzcase. No toque el aceite para su servicio ni para sustraerlo, a no ser el que le diere el vigilante o el amo; si detrajere algo, por cada detracción se deducirán cuarenta sestercios y no se le deberán. Los elaboradores que elaboraren el aceite juren todos al amo o al vigilante que ni ellos ni otro cualquiera han sustraído dolosamente de la propiedad de Lucio Manlio ni aceite ni aceituna: el que de entre ellos [3] no prestare tal juramento, de la parte que sea de él se le deducirá todo y no se le deberá. No tenga a nadie de socio, a no ser quien el amo o vigilante mandare. Si por obra del adjudicatario ( redemptio ) se le hubiere causado algún daño al amo, se deducirá a criterio de un hombre bueno. Si hubiere necesidad de aceite verde, hágalo. Se le bonificará con aceite y sal para su propio consumo, en medida suficiente, y dos victoriatos por el alquiler de la prensa”. Cato. Agr. 150. 1-2: “Es menester vender los productos de las ovejas de acuerdo con el siguiente contrato: por cada una, una libra y media de queso (la mitad, seco), de leche la mitad de la que se hubiere ordeñado en los días de fiesta y además una urna de leche. Según estas condiciones, el cordero que hubiere vivido un día y una noche entra en el producto; el comprador cese en el disfrute en las calendas de junio: si hubiere un mes intercalar, en las calendas de mayo. No se comprometa [2] a más de treinta corderos. Las ovejas que no hubieren parido resultarán en el producto a dos por una. † Un día † venda la lana y los corderos, el propietario reciba del cobrador el dinero en el plazo de diez meses. Críe un lechón por cada diez ovejas. El empresario ( conductor ) proporcione un pastor durante dos meses: mientras no diere garantías al dueño o le pagare, quede en prenda ( pignorii ) el pastor”. Cato. Agr. 157. 5: “Si un niño o una niña ( puellae ) tuviera una llaga de este tipo, añádele harina de cebada. Si quieres comerla picada, lavada, seca o espolvoreada de sal y vinagre, no hay nada más saludable”.

Plut. Vit. Cat. Mai. 1. 1-10: “Afirman que la familia de Marco Catón procedía de Túsculo, pero que tenía su residencia y medios de vida, antes de su carrera militar y política, en unos campos heredados de sus antepasados en territorio de los sabinos. Parece que sus antepasados fueron totalmente desconocidos, aunque el propio Catón alaba a su padre Marco como hombre bueno y experto militar, y afirma que su bisabuelo Catón obtuvo muchas veces premios al valor y que, al haber perdido cinco caballos de guerra en los combates, cobró su precio del dinero público debido a su bravura. [2] Los romanos acostumbran a llamar hombres nuevos a quienes, sin tener fama por su familia, empiezan a ser conocidos por sí mismos, y así también llamaban a Catón, aunque él decía que era nuevo para el mando y la fama, pero muy antiguo por las hazañas y virtudes de sus antepasados. [3] Al principio tenía como tercer nombre no Catón, sino Prisco, pero después tuvo el sobrenombre de Catón por su capacidad; pues los romanos llaman catus al hombre experimentado. [4] En su apariencia física era pelirrojo y de ojos claros, como muestra el que hizo el epigrama no con benevolencia: «Al pelirrojo, al siempre presto a morder, al de los ojos claros, a Porcio, ni muerto acepta Perséfone en el Hades». [5] Y la constitución de su cuerpo, criado desde el principio en el trabajo manual, en una moderada manera de vivir y en las campañas militares, la tenía muy útil, conformada por igual para la fuerza y para la salud. En cuanto a la elocuencia, la preparaba como un segundo cuerpo y como un hermoso instrumento casi imprescindible para un hombre que iba a vivir no de manera humilde ni inactiva, y la ejercitaba en las aldeas y poblados vecinos, defendiendo siempre a quienes lo solicitaban, y al principio se le tenía por un animoso litigante, luego también por un orador capaz. [6] A partir de eso se hacía evidente a quienes más lo trataban una seriedad y sensatez en su carácter que requería asuntos importantes y un liderazgo político. [7] Porque, según parece, no sólo se mostraba libre de recibir dinero por los juicios y pleitos, sino que ni siquiera se le veía que deseara como lo más importante la fama de tales pleitos, prefiriendo mucho más ser estimado en las batallas contra los enemigos y en las campañas militares; tenía, cuando era aún un muchacho, el cuerpo lleno de heridas recibidas de frente. [8] Porque él mismo cuenta que tenía diecisiete años cuando hizo su primera campaña militar en la época en la que Aníbal, con éxito, incendiaba Italia. En los combates se ofrecía con mano agresiva, pero con pie firme y sólido, y orgulloso en el rostro. Utilizaba ante los enemigos amenaza de palabra y aspereza de voz, pensando con razón y demostrando que muchas veces cosas así espantan a los contrarios más que la espada. [9] Durante las marchas él iba a pie, llevando sus armas, y un único criado le seguía, transportando sus víveres; se dice que con éste

Catón o su esposa. Una vez que le preguntaron a uno qué hacía Catón, nada respondió sino que no lo sabía. [2] Deseaba que el esclavo hiciera algo necesario en la casa o que durmiera. Y estaba más contento con los que dormían, por pensar que eran más dóciles que quienes estaban en vela, y mejores de utilizar en cualquier tarea los que habían disfrutado del sueño que los necesitados de él. [3] Y como creía que los esclavos se comportan con indolencia la mayoría de las veces debido a los placeres amorosos, estableció que se unieran a las esclavas por una cantidad fijada, pero que ninguno tuviese relaciones con otra mujer. Al principio, cuando aún era pobre y servía como soldado, en nada se enojaba por las cosas de comer, sino que declaraba lo más vergonzoso pelear con un servidor a causa del vientre. [4] Después, cuando progresaron sus asuntos, al ofrecer banquetes a amigos y colegas, castigaba de inmediato tras la comida con el látigo a los que habían servido o preparado cualquier cosa descuidadamente. Y siempre procuraba que los esclavos tuvieran alguna querella o diferencia entre ellos, porque sospechaba y temía su concordia. Juzgaba a los sospechosos de haber cometido algo digno de pena capital, y, una vez juzgados, si eran condenados, los ejecutaba en presencia de todos los sirvientes. [5] Al dedicarse con más empeño a ganar dinero, consideraba que la agricultura era más una distracción que una fuente de ingresos, y situando su capital en negocios seguros y sólidos, adquirió estanques, aguas termales, lugares a propósito para curtidores, fábricas de pez, terreno con pastos naturales y bosques, de todo lo cual le venía mucho dinero sin que ni Zeus, como afirmaba él, pudiera perjudicarle. [6] Hacía también uso del más desacreditado de los préstamos, el marítimo, de la siguiente manera. Animaba a quienes tomaban préstamos a que fomentasen una asociación de muchos; cuando llegaban a ser cincuenta y otros tantos barcos, él tenía una parte a través de Quinción, su liberto, que colaboraba en los negocios con los deudores y navegaba con ellos. [7] El riesgo, por tanto, no era sobre el total, sino sobre una parte pequeña, con grandes beneficios. Daba también dinero a cuantos de sus servidores lo deseaban; y ellos compraban jóvenes esclavos, y después de ejercitarlos y educarlos a expensas de Catón, los revendían al cabo de un año. [8] A muchos conservaba Catón, y los compraba pagando el precio más alto que se había ofrecido por ellos. Animando a su hijo a estas cosas, afirmaba que no era propio de un hombre, sino de una mujer viuda disminuir algo de su fortuna. Pero aún más severo es aquello de Catón, cuando se atrevió a decir que el hombre admirable y divino para la fama es quien deja en sus cuentas más bienes añadidos por él que los que recibió en herencia”.

Plut. Vit. Cat. Mai. 16. 6-8: (*elección de Catón como censor) “Por el contrario, Catón no mostraba moderación alguna, sino que amenazando públicamente a los malvados desde la tribuna y vociferando que la ciudad necesitaba una gran purificación, pedía que la mayoría, si eran sensatos, escogieran no al médico más complaciente, sino al más severo. [7] Y que ése era él y uno de los patricios, Valerio Flaco. Pues creía que era únicamente con aquel, cortando y quemando el lujo y la molicie como a la Hidra, con quien podría hacer algo útil, y, en cambio, veía a cada uno de los demás obligado a gobernar mal, porque temía a los que gobernarían bien. [8] Entonces el pueblo romano fue realmente grande y digno de grandes jefes, porque sin temer la inflexibilidad y el orgullo del hombre, sino al contrario, rechazando a aquellos agradables y que parecía que iban a hacer todo para dar gusto, eligieron a Flaco junto con Catón, escuchado no como si solicitara la magistratura, sino como si ya la tuviera y diera órdenes”. Livio. XXIX. 40. 4-12: “Poseía todas las dotes para desarrollar cualquier actividad tanto privada como pública; estaba igualmente versado en cuestiones de la vida urbana y del campo. [5] A unos los lleva a los más altos cargos el conocimiento del derecho, a otros la elocuencia, a otros la gloria militar él tenía un genio tan polivalente igualmente apto para todo que, cualquiera que fuese la actividad que desarrollaba, se diría nacido expresamente para ella. [6] En la guerra muy decidido para la acción, distinguido en mil combates notables; y además un gran general, una vez que llegó a la graduación más alta; y también en la paz un gran experto como jurisconsulto, y muy elocuente a la hora de defender una causa; [7] y no de aquellos cuya oratoria está en boga mientras viven, pero no se conserva ningún testimonio de su elocuencia; al contrario, esta vive y está vigente, consagrada en escritos de todo género. [8] Sus discursos, en defensa propia y de otros y contra otros, son muy numerosos, pues agotó a sus enemigos como acusador y como defensor. [9] Fue blanco de muchas, demasiadas, enemistades, y otros fueron blanco de las suyas, y es difícil decir quién persiguió más a quién, la nobleza a él o él a la nobleza. [10] Fue hombre de carácter áspero, sin duda, de lengua mordaz y exageradamente franca, pero de natural no dominado por los apetitos, de estricta integridad, por encima del afán de popularidad y de las riquezas. [11] En sobriedad, en aguante de la fatiga y el peligro, era casi de hierro física y moralmente, y no lo quebró ni siquiera la vejez, que todo lo debilita; [12] defendió un caso cuando contaba ochenta y seis años, escribió y pronunció su propia defensa, y a los noventa años sometió a Servio Galba al juicio del pueblo”.