

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Dossier orientativo sobre el autor en lengua latina Salustio.
Tipo: Apuntes
1 / 3
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!


MUNDO ROMANO (GRUPOS REDUCIDOS) Curso Curso académico 1º 2015- SALUSTIO Datos biográficos C. Salustio Crispo (86-35 a.C.) procedía de la región de la Sabina, de familia plebeya, pero acomodada. Se trasladó muy joven a Roma con intención de hacer carrera política como homo novus. Desempeñó algunos cargos, como cuestor y tribuno de la plebe, pero ciertos escándalos de su vida privada le costaron el ser expulsado del Senado en el año 50 a.C. Parece que su alineación en el bando popular, y su persistente oposición a la clase aristocrática senatorial pudo contribuir a una medida de tal magnitud. No obstante, su rentable amistad con César le sirvió para conseguir, en el 46 a.C., el cargo de gobernador de la provincia de Africa Nova, donde acumuló una enorme fortuna de dudosa procedencia y que le obligó a hacer frente a una denuncia de corrupción; denuncia que no prosperó gracias, de nuevo, a su amistad con César. Muerto el dictador en el 44 a.C., se retrajo voluntariamente de toda actividad política, dedicándose a la redacción de sus obras históricas. Salustio se vio fascinado por la interpretación de la época tumultuosa y revolucionaria que le tocó vivir. Se convirtió en el intérprete de la crisis de la República, del progresivo deterioro de las antiguas instituciones y del surgir, sobre sus ruinas, de un nuevo estado. Los protagonistas de su análisis son la nobleza y su mundo cerrado, el concepto de plebe y su participación en la política como mero comparsa, la demagogia, la corrupción administrativa, la crisis de valores... en suma, el resquebrajamiento del sistema sociopolítico de la República. Obra La obra de Salustio no es muy extensa. En los casi siete años que pudo dedicar a ella compuso dos monografías y una extensa obra de historia de la época:
psicológica se obtienen magníficos retratos, tanto de los protagonistas como de los personajes secundarios que, en conjunto, exponen los aspectos relevantes de la decadente sociedad romana que Salustio se esforzó en retratar. (Adaptado de Pérez Royo, M.ª C. y Ramos Morell, M.ª L.: “Historiografía romana”, en Latín: lengua y literatura. Sevilla: Ediciones La Ñ, 1996). Textos: Roma en su plenitud “... parece increíble cuánto prosperó la ciudad en breve tiempo, una vez conseguida la libertad: tanta era la sed de gloria que les había entrado. Los jóvenes, apenas tenían edad para la guerra, aprendían el arte militar en los campamentos con duros ejercicios, poniendo su pasión, no en las cortesanas ni en los banquetes, sino en la gentileza de las armas y los caballos de batalla (...) Entre ellos había una gran emulación por la gloria (...) Eran ávidos de fama y generosos de dinero: querían una gloria grande y un honrado bienestar... Fomentábanse, pues, las buenas prácticas, así en la guerra como en la paz; la concordia era grande, muy rara la avaricia; lo justo y lo bueno tomaban entre ellos más fuerza de la naturaleza que de las leyes. Sus rencillas, discordias y rivalidades no eran más que con los enemigos; entre los ciudadanos no había otra emulación que la de la virtud. Eran espléndidos en el culto de los dioses, parcos en sus propias casas, leales para con sus amigos; y con estas dos cualidades, la audacia en la guerra y la equidad en la paz, atendían a su propio bien y al de la república...” (Cat., 8-9) La decadencia de Roma “Por lo demás, esta moda de los partidos populares y las pandillas políticas, como la de las corruptelas todas que la siguieron, había surgido en Roma pocos años antes, por efecto de la paz y de la sobra de aquellos bienes que los hombres estiman en más que ningún otro. En efecto, antes de la destrucción de Cartago, el senado y el pueblo romano se repartían pacífica y equitativamente la administración del Estado; no había entre los ciudadanos rivalidad por el lustre o el poder; el miedo de los enemigos mantenía a la ciudad en las prácticas virtuosas; pero al salir de sus corazones aquel miedo, entraron en ellos aquellas otras cosas que suelen seguir a la prosperidad: la disolución y el orgullo; así el sosiego que habían deseado en la adversidad fue para ellos, una vez alcanzado, más duro y amargo que aquélla. La nobleza, en efecto, empezó a servirse a capricho de su superior posición, como asimismo el pueblo de su libertad; dióse cada cual a apropiárselo todo en su singular provecho, a saquear, a robar; así, no hubo cosa que no fuese arrebatada de una parte a otra, y la patria, que estaba en medio, quedó despedazada. Por lo demás, la nobleza, formando bando, tenía más poder, mientras la fuerza de la plebe se debilitaba, disuelta y repartida en su muchedumbre; tanto en la guerra como en el interior del Estado se vivía al arbitrio de los oligarcas; en sus manos estaban el tesoro, las provincias, los cargos, las honras y los triunfos; el pueblo se veía oprimido por el servicio militar y la indigencia; el botín de guerra lo arrebataban y partían los generales con unos pocos; entretanto, los padres e hijitos de los soldados eran echados de sus moradas dondequiera tenían por lindero a un propietario más poderoso...” (Iug. 41). “Desde que las riquezas comenzaron a servir de honra, y gloria, poder e influencia las acompañaban, la virtud se embotaba, la pobreza era considerada un oprobio, la honestidad empezó a tenerse por mala fe. De esta manera, por culpa de las riquezas, invadieron a la juventud la frivolidad, la avaricia y el engreimiento: robaban, gastaban, valoraban en poco lo propio, anhelaban lo ajeno, la decencia, el pudor, lo divino y lo humano indistintamente, nada les merecía consideración ni moderación. Merece la pena, cuando se han visto casas y villas construidas a modo de ciudades, visitar los templos de los dioses que nuestros antepasados, hombres tan religiosos, edificaron. Ciertamente, ellos decoraban los santuarios de los dioses con su piedad, las casas propias, con su gloria, y no les quitaban a los vencidos nada excepto la facultad de hacerles daño.