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Ecosistema de saberes, Resúmenes de Historia del Arte

El autor defiende una posición poscolonial de la construcción del conocimiento, que habilita el desarrollo de la producción de saber local y territorialmente situados en América del sur y el Caribe.

Tipo: Resúmenes

2022/2023

Subido el 14/06/2023

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UNIVERSIDAD DE CHILE
LICEO EXPERIMENTAL MANUEL DE SALAS
DIFERENCIADO SOCIOLOGÍA – III°-IV° MEDIO
_______________________________________________________________________________
La ciencia moderna como parte de una ecología de saberes1
Como un producto del pensamiento abismal, el conocimiento científico no es socialmente distribuido
de un modo equitativo; no podría serlo; fue diseñado originariamente para convertir este lado de la
línea en un sujeto de conocimiento, y el otro lado en un objeto de conocimiento. Las intervenciones
del mundo real que favorece tienden a ser aquellas que abastecen a los grupos sociales que tienen
mayor acceso al conocimiento científico. Mientras las líneas abismales avancen, la lucha por la
justicia cognitiva global no será exitosa si solamente está basada en la idea de una distribución más
igualitaria del conocimiento científico. Aparte del hecho de que una distribución equitativa es
imposible en las condiciones del capitalismo y el colonialismo, el conocimiento científico tiene límites
intrínsecos en relación con los tipos de intervención del mundo real que hace posible.
Como una epistemología posabismal, la ecología de saberes, mientras fuerza la credibilidad
para un conocimiento no científico, no implica desacreditar el conocimiento científico. Simplemente
implica su uso contrahegemónico. Ese uso consiste, por un lado, en explorar la pluralidad interna de
la ciencia, esto es, prácticas científicas alternativas que han sido hechas visibles por epistemologías
feministas y poscoloniales y, por otro lado, en promover la interacción e interdependencia entre
conocimientos científicos y no científicos.
Una de las premisas básicas de la ecología de saberes es que todos los conocimientos tienen
límites internos y externos. Los límites internos están relacionados con las restricciones en las
intervenciones del mundo real impuestas por cada forma de conocimiento, mientras que los límites
externos resultan del reconocimiento de intervenciones alternativas posibilitadas por otras formas
de conocimiento. Por definición, las formas de conocimiento hegemónicas solo reconocen límites
internos; por lo tanto, la exploración de ambos, de los límites internos y externos de la ciencia
moderna tan solo pueden ser alcanzados como parte de una concepción contrahegemónica de la
ciencia. Esto es por lo que el uso contrahegemónico de la ciencia no puede ser restringido solo a la
ciencia. Solo tiene sentido dentro de una ecología de saberes.
Para una ecología de saberes, el conocimiento-como-intervención-en-la-realidad es la
medida de realismo, no el conocimiento-como-una-representación-de-la-realidad. La credibilidad de
una construcción cognitiva es medida por el tipo de intervención en el mundo que esta permite o
previene. Puesto que cualquier gravamen de esta intervención combina siempre lo cognitivo con lo
ético-político, la ecología de saberes hace una distinción entre objetividad analítica y neutralidad
ético política. Hoy en día, nadie pregunta el valor total de las intervenciones del mundo real
posibilitadas por la productividad tecnológica de la ciencia moderna. Pero esto no debería evitar que
reconozcamos el valor de otras intervenciones del mundo real posibilitadas por otras formas de
conocimiento. En muchas áreas de la vida social, la ciencia moderna ha demostrado una superioridad
incuestionable con relación a otras formas de conocimiento. Hay, sin embargo, otras intervenciones
en el mundo real que hoy en día son valiosas para nosotros y en las cuales la ciencia moderna no ha
sido parte. Está, por ejemplo, la preservación de la biodiversidad posibilitada por las formas de
conocimiento rurales e indígenas las cuales, paradójicamente, se encuentran bajo amenaza desde el
incremento de las intervenciones científicas (Santos, Nunes y Meneses, 2007). ¿Y no deberíamos ser
sorprendidos por la abundancia de los conocimientos, los modos de vida, los universos simbólicos y
las sabidurías que han sido preservados para sobrevivir en condiciones hostiles y que están basados
enteramente en la tradición oral? El hecho de que nada de esto habría sido posible a través de la
ciencia ¿no nos dice algo sobre la misma?
1 Extraído de: De Sousa Santos, Bonaventura. 2010. Descolonizar el saber, reinventar el poder.

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UNIVERSIDAD DE CHILE LICEO EXPERIMENTAL MANUEL DE SALAS DIFERENCIADO SOCIOLOGÍA – III°-IV° MEDIO


La ciencia moderna como parte de una ecología de saberes^1 Como un producto del pensamiento abismal, el conocimiento científico no es socialmente distribuido de un modo equitativo; no podría serlo; fue diseñado originariamente para convertir este lado de la línea en un sujeto de conocimiento, y el otro lado en un objeto de conocimiento. Las intervenciones del mundo real que favorece tienden a ser aquellas que abastecen a los grupos sociales que tienen mayor acceso al conocimiento científico. Mientras las líneas abismales avancen, la lucha por la justicia cognitiva global no será exitosa si solamente está basada en la idea de una distribución más igualitaria del conocimiento científico. Aparte del hecho de que una distribución equitativa es imposible en las condiciones del capitalismo y el colonialismo, el conocimiento científico tiene límites intrínsecos en relación con los tipos de intervención del mundo real que hace posible. Como una epistemología posabismal, la ecología de saberes, mientras fuerza la credibilidad para un conocimiento no científico, no implica desacreditar el conocimiento científico. Simplemente implica su uso contrahegemónico. Ese uso consiste, por un lado, en explorar la pluralidad interna de la ciencia, esto es, prácticas científicas alternativas que han sido hechas visibles por epistemologías feministas y poscoloniales y, por otro lado, en promover la interacción e interdependencia entre conocimientos científicos y no científicos. Una de las premisas básicas de la ecología de saberes es que todos los conocimientos tienen límites internos y externos. Los límites internos están relacionados con las restricciones en las intervenciones del mundo real impuestas por cada forma de conocimiento, mientras que los límites externos resultan del reconocimiento de intervenciones alternativas posibilitadas por otras formas de conocimiento. Por definición, las formas de conocimiento hegemónicas solo reconocen límites internos; por lo tanto, la exploración de ambos, de los límites internos y externos de la ciencia moderna tan solo pueden ser alcanzados como parte de una concepción contrahegemónica de la ciencia. Esto es por lo que el uso contrahegemónico de la ciencia no puede ser restringido solo a la ciencia. Solo tiene sentido dentro de una ecología de saberes. Para una ecología de saberes, el conocimiento-como-intervención-en-la-realidad es la medida de realismo, no el conocimiento-como-una-representación-de-la-realidad. La credibilidad de una construcción cognitiva es medida por el tipo de intervención en el mundo que esta permite o previene. Puesto que cualquier gravamen de esta intervención combina siempre lo cognitivo con lo ético-político, la ecología de saberes hace una distinción entre objetividad analítica y neutralidad ético política. Hoy en día, nadie pregunta el valor total de las intervenciones del mundo real posibilitadas por la productividad tecnológica de la ciencia moderna. Pero esto no debería evitar que reconozcamos el valor de otras intervenciones del mundo real posibilitadas por otras formas de conocimiento. En muchas áreas de la vida social, la ciencia moderna ha demostrado una superioridad incuestionable con relación a otras formas de conocimiento. Hay, sin embargo, otras intervenciones en el mundo real que hoy en día son valiosas para nosotros y en las cuales la ciencia moderna no ha sido parte. Está, por ejemplo, la preservación de la biodiversidad posibilitada por las formas de conocimiento rurales e indígenas las cuales, paradójicamente, se encuentran bajo amenaza desde el incremento de las intervenciones científicas (Santos, Nunes y Meneses, 2007). ¿Y no deberíamos ser sorprendidos por la abundancia de los conocimientos, los modos de vida, los universos simbólicos y las sabidurías que han sido preservados para sobrevivir en condiciones hostiles y que están basados enteramente en la tradición oral? El hecho de que nada de esto habría sido posible a través de la ciencia ¿no nos dice algo sobre la misma? (^1) Extraído de: De Sousa Santos, Bonaventura. 2010. Descolonizar el saber, reinventar el poder.