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Una breve historia de los libros de estilo en español, empezando por el primer libro publicado por la universidad de chicago en 1906 y continuando con los primeros ejemplos en américa latina y españa. Además, se detalla la importancia de estos manuales en la actualidad y sus normas éticas. Se incluyen ejemplos de libros de estilo de el mundo, el periódico, y el país, y se mencionan las novedades de la última edición de este último.
Tipo: Apuntes
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Cultura: conjunto de símbolos identificativos de un pueblo o sociedad destinados a crear nexos de unión entre los individuos y para reforzar el sentido de pertenencia a la comunidad, talas como la lengua, la música, la literatura, las tradiciones, las festividades...
Hay que distinguir entre la construcción de tecnologías materiales y las tecnologías simbólicas. Las tecnologías simbólicas son aquellas que ayudan a saber lo que ha pasado y la más importante es la identificación entre los objetos y una grafía y un sonido: el lenguaje.
Estas tecnologías simbólicas tienen 3 finalidades básicas:
por parte de los esquimales)
Todas estas tecnologías simbólicas acaban integrándose de forma tan profunda que acabamos interpretándolas como cultura, y lo consideramos “natural” porque toda la vida lo hemos hecho así. Toda esta cultura adquirida “naturalmente” (sin necesidad de aprenderla) nos distancia de otras culturas, por la ignorancia de creer que la nuestra es la “natural”.
Todas las culturas desarrollan unas normas para guiar la conducta humana o cualquier otra actividad, por ejemplo, las normas ortográficas, las normas de tránsito, el calendario, el código penal... Las normas son necesarias para “combatir” la segunda ley de la termodinámica. Estas normas son sólo convencionales, se pueden cambiar, pero no cualquiera puede hacerlo ni de cualquier manera. Por ejemplo, para modificar alguna palabra de diccionario de la RAE, se deben hacer comisiones para discutir las propuestas.
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El primer libro de estilo del que se tiene conocimiento es de la Universidad de Chicago, que en 1906 hizo una especie de recopilación de normas ortográficas, gramaticales, léxicas, etc.
Los primeros libros de estilo en lengua castellana surgieron en América Latina, puesto que tenían más cerca la tradición norte americana. El primer libro de estilo en lengua castellana se publicó en 1959 en La Habana y pertenecía a la revista Selecciones del Reader’s Digest. Esta revista pertenecía a un periódico norte americano y era una recopilación de artículos de varias publicaciones diferentes. Crearon el libro de estilo porque se quería garantizar una buena traducción inglés – español. El segundo libro de estilo que salió fue en 1974 en Buenos Aires llamado Normas de Estilo Periodístico.
En España, el primer libro de estilo lo publicó la agencia Efe en 1975, y lo titularon Manual de estilo Efe – exterior. En el momento de publicarse tenía 31 páginas, y al año siguiente ya contaba con 68. Este manual surgió, sobre todo, para defender el español del sudamericano y contenía normas muy radicales. Constaba de tres capítulos:
En 1980 la agencia Efe publicó el Manual de español urgente y actualmente también cuenta con el Vademécum del español urgente.
En 1977 se publicó el libro de estilo de El País. Se trataba de un libro de uso interno y aparece por la necesidad de unificar criterios (se basa en el del New York Times). En 1980 aparece la segunda edición y en 1990 la tercera, que introduce una gran novedad: es de uso público y se vende en las librerías, con la intención de que el público lector pueda diferenciar la calidad del diario. En 1996 se realizó una revisión profunda, y a partir de ese año ya se han hecho 13 ediciones más. La última es de 2002. Se trata de una publicación muy importante, y muchas revistas y publicaciones pequeñas lo usan como modelo.
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El Colegio de periodistas de Cataluña fue el primer organismo de este tipo que se planteó crear un código deontológico y lo publicó en 1992. consta de 12 puntos:
Contenidos habituales de los libros de estilo
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El Libro de Estilo de El País En 1977, cuando nace el primer libro de estilo de El País, no había nada semejante. Fue un cambio muy revolucionario. Por primera vez, el propio medio se auto exigía públicamente seriedad y rigor, lo que se demostraba en, por ejemplo, la norma que decía que la fe de erratas debía ir siempre en la misma página para ser fácilmente localizable (hasta ese momento iba cambiando de página para pasar lo más desapercibida posible).
También rompía, de forma pública, con algunos tics franquistas que los diarios habían perpetuado y asumido como, por ejemplo, en época franquista se decía Iberoamérica pero esta denominación no incluía a los brasileños. Lo correcto es decir Latinoamérica. El libro de estilo también decía que había que acabar con la diferenciación de trato por clase social (antes solo se llamaba don a los de clase alta, mientras que a los demás no se las daba ningún trato de señor).
Era innovador porque quería acabar con errores que, aun ahora, se siguen cometiendo. Errores como masacre (es mejor matanza), oriente próximo (es mejor oriente medio) o israelitas (lo correcto es israelíes).
En último término, lo que era más novedoso, era el hecho de que, al hacerlo público se pretendía dar herramientas a los lectores para que pudiesen criticar y encontrar los fallos. Se le otorga al lector el derecho a la información correcta.
Novedades de la última edición del libro de estilo de El País Las más importantes novedades se encuentran en el área de economía: esta última versión resalta la necesidad de llevar a cabo un ejercicio de transparencia, y hacer constar los vínculos que pueda tener El País con las empresas que se numeran en un artículo. También se dice que los periodistas deben informar a su superior si tienen
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Nuestros Apuntes de Estilo Nuestros Apuntes de Estilo son una recopilación de todos los libros de estilo actuales, pero faltan algunos epígrafes (Ej.: negritas). Como en las discrepancias entre La Vanguardia y El País, el tema de las mayúsculas y de los apodos son los más subjetivos.
Cualquier acontecimiento puede ser explicado en diferentes formatos, dependiendo de lo que queramos transmitir. También hay diversas voces para explicar los hechos (testigos directos, pruebas documentales, terceras personas...).
En el formato de información, la voz predominante es la del narrador omnipresente, diluida con recursos estilísticos, sin marcas claras de que aquello lo escriba una persona concreta. Lo explica todo y exactamente como ha pasado. En estos textos informativos, pueden aparecer otras fuentes que proporcionan datos mediante declaraciones (portavoces, instituciones, protagonistas y fuentes documentales).
Otro género habitual es el de la interpretación (crónica, entrevista de perfil, reportaje, artículo y análisis). Las voces son mucho más visibles porque lo más importante es el testigo (“yo estuve allí”). También hay otras personas que harán la función de hacer creíble que el periodista también estaba allí. Estos recursos pueden estar camuflados (tratarse como si fueran terceras personas, hablar en 1ª persona del plural...) También aparecen fuentes informativas que deben estar contextualizadas.
El otro género es el de la opinión (editorial, crítica y columna). Se diluye en una forma impersonal. En estos géneros, el diario se expresa, y si trata un tema que le implica, son más parciales e interesados. En la editorial no se encuentra nunca la 1ª persona, porque es la voz de todo el conjunto. En la crítica sale la voz de quien firma, pero autorizada por otras voces que avalan la crítica (documentación, otras voces...). La columna es de creación totalmente libre: puede haber comentarios, temas diversos... PAGE
¿Quién firma, cuándo y porqué? Vale la pena firmar las noticias propias que avalan el origen de las fuentes. En los comunicados de prensa o noticias que salen de agencias no se acostumbra a poner el número (a veces solo ponen las iniciales), pero haría falta desglosar la información por agencias y poner el número de la agencia en negrita.
A veces, una información la pueden firmar dos o más periodistas (trabajar conjuntamente la información para tratar distintos temas que tengan con lo mismo: la economía de un club deportivo).
No se firman las ruedas de prensa, las condensaciones de teletipos, los resúmenes de crónicas de corresponsales ni los complementos de tipo documental.
Los reportajes, las crónicas y las entrevistas deben ir firmadas, porque avalan el trabajo del periodista y porque representa la atribución de responsabilidad de lo que se dice.
Las traducciones de artículos literarios llevan el número del traductor al final del mismo.
Los editores no firman. Esto puede comportar dos cosas: o acabará desapareciendo la figura de editor o se acabará alabando su figura y tendrán que firmar.
En las revistas, el editorial va firmado por el director o directora de la revista y acostumbra a llevar su foto.
Los artículos y críticas también se firman porque avalan y “crean clientela”, se lee a la persona que lo escribe (por identificación, porque se está de acuerdo con su pensamiento) y no el artículo.
El análisis y la opinión siempre llevan el número completo.
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individuos de esa sociedad. Si la sociedad es clasista, sexista, racista... el lenguaje de esa sociedad también lo será. Los medios de comunicación son modelos de transmisión de significados, y se debe tener mucho cuidado cuando se utiliza el lenguaje. El lenguaje es un proceso dinámico, que se va adaptando a la sociedad que le rodea.
En el tema del racismo y el sexismo, el lenguaje es muy delicado:
Tanto el racismo como el sexismo desvelan el miedo hacia todo aquello que nos es desconocido, como las otras culturas. Son mecanismos para considerar al “otro” inferior, por el simple hecho de ser “diferente”.
Algunos colectivos, como los colegios de periodistas, están actualmente más atentos a cómo los medios de comunicación tratan estos temas, y a los mecanismos que usan:
Los estereotipos son una forma rápida de catalogar la sociedad. Se trata de clichés que se repiten constantemente, y que habitualmente son falsos. Es un mecanismo para situaciones en las que se deben tomar decisiones rápidamente para catalogar, clasificar... Por ejemplo, se tiende a relacionar la inteligencia, la mente y el trabajo
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fuera de casa con los hombres, y en cambio, a la mujer se la relaciona con la belleza, el cuerpo y con las faenas del hogar.
El lenguaje también se puede utilizar para crear estos estereotipos. Con la gramática hay maneras de hacer invisibles a las mujeres: usar el denominativo “hombre” para englobar a hombres y mujeres, siendo mejor la utilización de “ser humano”.
También es habitual el salto semántico , que consiste en que la mirada masculina que, supuestamente, engloba también a la mujer. Aunque muy a menudo, éstas no están incluidas.
Es habitual ver en la prensa escrita cómo a los hombres se los nombra por su número completo y el cargo que ocupan, y a las mujeres sólo se las menciona el número, sin apellidos y sin referencia alguna a su cargo.
La masculinización y feminización de las profesiones es un hecho muy habitual también en el lenguaje: médico y enfermeras, jefes y secretarias...
Antes, los titulares eran una frase informativa, habitualmente sin verbo. Los titulares no importaban demasiado. Después empezaron a ser frases muy largas y descriptivas.
El titular moderno exige que aparezca la modificación más importante de la que se está informando en el artículo, a parte de muchas otras exigencias. Actualmente, los titulares son básicamente interpretativos y sugerentes, son muy rígidos y atienden a normas aportadas por el diseño gráfico.
Los titulares deben ser precisos, veraces y breves. Esto se resume en C B A: Claros, Breves y Atractivos (los titulares informativos deben ser claros y breves, y los interpretativos deben ser breves y atractivos).
Los titulares deben ocupar el espacio disponible, deben tener una letra predeterminada y reglamentada y siempre se hacen con urgencia.
Se titula para llamar la atención, se trata de un ejercicio de síntesis. El titular debe armonizar con los aspectos éticos y respetar la sensibilidad. El titular debe ser autónomo del subtítulo y del antetítulo, no deben mantener dependencia sintáctica.
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F 0 E 0Debemos tener en cuenta el utilizar las palabras calientes, no frías:
F 0 E 0Son preferibles los titulares con verbo (informaciones duras). Los que no tienen verbo se consideran informaciones blandas.
F 0 E 0En los titulares interpretativos debemos contar con el verbo (motor de la acción). Los adverbios sirven para adjetivar verbos y acostumbran a calificarlos también. Debemos, pues, evitar usar adverbios, sobre todo los acabados en –mente.
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F 0 E 0Es mejor ahorrarse los adjetivos, sobre todo los calificativos.
Secciones
Aparato diario F 0 E 0componentes de apoyo
Una buena edición puede convertir un texto lamentable en aceptable, y de igual forma, una mala edición puede estropear un muy buen texto. Los textos, para ser editados, deben reunir unas determinadas condiciones y adaptarse a 4 marcos de referencia:
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Vocabulario general y léxico especializado
Según la Gramática esencial del español de Manuel Seco, los diccionarios tratan de recoger el vocabulario “geeral” de la lengua, es decir, todas aquellas voces que son de uso común para la mayoría de los hablantes. El léxico especializado de ciencia, técnica, oficios, etc. no se acostumbra a recoger en los diccionarios generalas, a menudo existen diccionarios específicos para cada disciplina y en los generalas se recogen sólo aquellos términos que se han incorporado al lenguaje y los conocimientos más amplios. ¿Cuántas más palabras, más rico es un idioma?
A veces se habla de la riqueza de un idioma en función del número de palabras que incluye, pero esto, según Manuel Seco, es un error, pues no es poden contar las PAGE
El María Moliner lo define así: “Palabra o expresión recién introducida en una lengua. Son, en general, considerados legítimos, sin necesidad de que estén sancionados por la Real Academia, los tecnicismos necesarios para designar conceptos nuevos, así como las designaciones científicas formadas con una raíz culta para atender una nueva necesidad de acuerdo con las normas generalas de derivación”.
Da dos criterios para considerar legítimo un neologismo: los tecnicismos necesarios para designar conceptos nuevos, y las designaciones científicas formadas con una raíz culta para atender una nueva necesidad, siempre de acuerdo con las normas generales de derivación. Hay que tener cuidado, pues, con las traducciones literales y con los inventos hechos deprisa y corriendo. El contenido y el lugar de las palabras
No debemos olvidar que las palabras son piezas que unas al lado de las otras sirven para comunicarnos. El mensaje se produce por la combinación de los contenidos que los que hablamos una lengua hemos convenido otorgarle a cada palabra y teniendo en cuenta el lugar que ocupa dentro de la oración. Todo esto funciona gracias a unas reglas del juego que debemos conocer y respetar, si no se produce un guirigay en el que no es posible entendernos.
El léxico en los medios de comunicación
Lázaro Carreter, en El dardo en la palabra , que son un seguido de artículos publicados durante los últimos 20 años, critica el lenguaje que utilizamos en los medios de comunicación. Dice que una lengua es una especie de archivo en el que han ido a parar las experiencias, los conocimientos y las creencias de una comunidad. Hay otro recopilatorio publicado con los artículos de 1999 a 2002, El nuevo dardo de la palabra.
Nosotros, como a profesionales acreditados para hablar con altavoz debemos ser mucho más conscientes de la influencia que ejercemos en la comunidad de hablantes. Los medios ponen de moda expresiones, hacen circular neologismos, extranjerismos y barbarismos, sin ninguna consideración por el idioma, ni tan siquiera por la primera premisa que hay que tener en periodismo, que es comunicar de manera entendedora (texto Lázaro Carreter). Según Grijelmo en El estilo del periodista , el vocabulario del y la periodista debe ser preciso y rico, riguroso en los matices, amplio en las acepciones, de manera que escriba en cada momento la palabra más acertada.
Propone un lema: tolerancia con el neologismo y guerra contra el barbarismo (o sea, los neologismos que proceden de otras lenguas).
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Ante un extranjerismo, hay que buscar equivalencias en la propia lengua, proponer alternativas que puedan comprender los usuarios, en lugar de dar por buenos términos en inglés, como reality show , talk show o science-fiction (ficción científica).
Libros de consulta: diccionarios
El Manual del Español Urgente de EFE recomienda tener 3 diccionarios: el Maria Moliner, el de la Real Academia y el Casares. Deberíamos añadir uno de sinónimos y antónimos, y un libro de verbos conjugados. Este sería el equipo mínimo del periodista profesional.
También iría bien tener el Diccionario de dudas del español, de Manuel Seco y su Gramática esencial del español. Si os queréis dedicar a la edición, el Manual de ortotipografía de los autores Pujol y Solà también os será muy útil.
Características del léxico periodístico
En esta la primera característica, la pobreza del lenguaje , no nos detendremos demasiado, pues solo hace falta leer o escuchar y veremos como el lenguaje que usamos resulta gris y plano o, el que es lo mismo, aburrido y monótono. Ejemplos: Ahora, las cosas se realizan, no se hacen, se ejecutan, efectúan, elaboran, producen, crean, confeccionan, etc. Todo es prioritario (anglicismo), en lugar de prioridad, preferencia, prelación. Se especula (anglicismo), en lugar de se presume, se sospecha, se tiene indicios. Locuciones como “en base a” en lugar de según, basándose en los datos. “A escala de”, “a nivel de”, en lugar de por. El galicismo “tener lugar” en lugar de celebrarse, ocurrir, producirse, desarrollarse. Estos anglicismos hacen decir unas cosas por otras, ofertar no es igual que ofrecer, el primero es presentar una propuesta para contratar, y el otro es ofrecer un refresco, por ejemplo. O hacen confundir: asequible (que hace referencia a cosas) por accesible (personas). Para evitar decir disparates y para usar las palabras adecuadas: hace falta leer mucho para ampliar el vocabulario y los recursos sintácticos, consultar diccionarios y gramáticas, y mantener los criterios de los libros de estilo.
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