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Libro que te describe de que manera puedes educar con inteligencia emocional a tus hijos, alumnos, sobrinos, etc.
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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¡No te pierdas las partes importantes!





























































































DANIEL GOLEMAN
INTELIGENCIA EMOCIONAL
CON
Cómo conseguir que nuestros hijos
sean sociables, felices y responsables
Como padre, ¿se ha encontrado usted en alguna ocasión con que trataba a su hijo de un modo que no toleraría a los demás? Los autores de Educar con inteligencia emocional proclaman una nueva regla de oro educativa: «Trate a sus hijos como le gustaría que les tratasen los demás.» Basándose en una investigación exhaustiva, en experiencias de primera mano y en estudios de casos concretos, este libro rompe el molde de las obras tradicionales sobre la educación de los hijos al tener en cuenta el importante papel de las emociones —tanto de los progenitores como de los niños— en el desarrollo psicológico. Con este libro, los padres aprenderán a comunicarse con sus hijos en un nivel más profundo y gratificante y a ayudarles a salvar el intrincado laberinto de las relaciones con los demás.
Los autores toman los cinco principios básicos del gran éxito de Daniel Goleman Inteligencia emocional y explican cómo pueden aplicarse para obtener buenos resultados en la educación de los niños. Con ese fin, el libro ofrece sugerencias, relatos, diálogos, actividades y una sección especial de consejos prácticos, que ayudarán a los padres a utilizar sus emociones del modo más positivo, centrándose en asuntos tan cotidianos como la rivalidad entre hermanos, conflictos con los amigos, situaciones escolares diversas o la presión ejercida por los compañeros. Según la amplia experiencia de los autores, los niños responden con rapidez a las estrategias sugeridas, su autoconfianza se fortalece, su curiosidad se despierta, y aprenden a reafirmar su independencia y a llevar a cabo elecciones responsables.
EDUCAR CON
INTELIGENCIA
EMOCIONAL
Traducción de
Para mis hijas, Sara Elizabeth y Samara Alexandra. me han enseñado muchísimas cosas sobre la crianza de niños y enriquecen mi vida más allá de lo que jamás seré capaz de expresar con palabras.
M AURICE J. E LIAS
Para mis hijas, Neg y Gillian, y para su generación. Trato de ser emocionalmente inteligente y de enseñar a otros a serlo para que el mundo en que los de su edad vivan sea seguro, así como gratificantes sus relaciones y plenas sus vidas.
S TEVEN E. T OBIAS
A la memoria de mi querida madre, Marilyn Friedlander, quien me inculcó la importancia del amor incondicional, la familia y el aprendizaje. A pesar de su ausencia todavía continúa inspirándome para alcanzar nuevas cumbres
BRIAN S. F RIEDLANDER
Quiero agradecer a mi familia el tolerar los trastornos que mi condición de escritor crea en nuestras vidas y en nuestra casa. Mi esposa, Ellen, ha sido mi compañera en la crianza de nuestras hijas y en casi todo lo demás durante más de 29 anos, y su apoyo inquebrantable me anima a seguir adelante. También quisiera dar las gracias a mis colegas de profesión en la Asociación para el Fomento del Aprendizaje Social y Emocional, con quienes continúo trabajando para aplicar los principios de la inteligencia emocional a la educación; a los afanosos y dedicados miembros del Centro de Resolución de Problemas Sociales en la UMDNJ; a los estupendos profesores de inteligencia emocional en las pioneras escuelas de Highland Park, Piscataway, Berkeley Heights y Cape May Courthouse, Nueva Jersey; al Instituto Infantil de Verona, Nueva Jersey, y a Kiryat Ono en el distrito escolar metropolitano de Tel Aviv; a los licenciados y estudiantes universitarios de Rutgers a quienes he tenido el privilegio de enseñar y supervisar durante las dos últimas décadas; y a cuatro colegas muy especiales con quienes confío en continuar trabajando durante muchos años más: Ed Dunkelblau, Tom Schuyler, Linda Bruene-Butler y Bernie Novick. Cada una de estas personas es un amigo de toda la vida cuya dedicación a los niños y su modo de ganarse a la gente con verdaderas franqueza y simpatía han puesto el listón a una altura que aún me esfuerzo en alcanzar. M AURICE J. E LIAS
Quisiera agradecerles a todos mis profesores el haber hecho posible este libro. Desde la señorita Pazulli en el parvulario hasta el doctor Marvin Bram en la universidad, y a todos los profesores estimulantes y afectuosos entre ambos, reconozco agradecido su contribución a mi desarrollo personal y académico. Mi esposa, Carol, ha sido también profesora, animadora y amiga, y su apoyo ha posibilitado que alcanzara mis objetivos. La aprecio de veras. En la lista de mis profesores incluyo también a mis padres, Ruth Zin, Hersch Zin y George Tobias, quienes me inculcaron ideales y soluciones; a mi hermana Susan, quien también es mi amiga; a mis colegas, de quienes he aprendido tanto en el terreno profesional como en el personal; y a mis clientes, quienes no sólo demuestran que
tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Sin este equipo, nuestro libro no habría llegado a tantos padres y otras personas a cargo de los niños de forma tan efectiva. Y ése es nuestro objetivo: el de ayudar a aquellos que se preocupan por los niños a hacerla de un modo emocionalmente inteligente.
Si ha existido un tiempo en que los padres han necesitado la clase de guía que ofrece Educar con inteligencia emocional es el presente. Como padre, me preocupan los datos arrojados por una encuesta a escala nacional en que los niños americanos, de entre 7 y 14 años, eran descritos por sus padres y profesores, adultos que los conocían bien. Realizada a mediados de los años setenta y repetida a finales de los ochenta, la encuesta descubrió que, como promedio, los niños americanos aparecían en general en una situación inferior con respecto a los indicadores básicos de la inteligencia emocional. Se mostraban más impulsivos y desobedientes, más ansiosos y temerosos, más solitarios y tristes, más irritables y violentos. En resumen, los niños se mostraron inferiores en cuarenta y dos de tales indicadores y superiores en ninguno, lo que suponía una tendencia muy fuerte. Durante esos mismos años tuvieron lugar simultáneamente bruscos aumentos en las estadísticas de violencia, suicidios y violaciones por parte de adolescentes. Para mí lo más escalofriante es el número creciente de muertes relacionadas con armas en nuestras escuelas. ¿Por qué esta erosión de las capacidades básicas para la existencia? Opino que los niños son las víctimas no planeadas de dos fuerzas que andan sueltas en el panorama mundial, económica la una, tecnológica la otra. La intensísima presión de la competitividad global significa que la generación actual de progenitores tiene que empeñarse más tiempo y con mayor ahínco en mantener un nivel de vida decente que era el real en la generación de sus propios padres; no es que nosotros queramos menos a nuestros hijos, pero disponemos de menos tiempo libre para pasar con ellos del que nuestros padres podían dedicamos. Al mismo tiempo, el aumento de la movilidad de las familias significa que cada vez menos de ellas cuenten con un pariente en el vecindario, como una abuela, para hacerse cargo de la situación. Demasiadas familias viven en barrios en los que temen dejar que sus hijos jueguen sin supervisión, y no digamos ya dejar que vayan a casa de un vecino. En el aspecto tecnológico, un suceso sin precedentes está teniendo lugar entre los
¿Conoce usted la regla de oro? la mayoría de gente sí. Normalmente se expresa así: «Trate a los demás como le gustaría que los demás le tratasen a usted.» la llamamos la «regla de oro de 14 quilates». ¿Por qué? Pues porque existe una mejor, una que refleja lo que llamamos educación emocionalmente inteligente:
Trate a sus hijos como le gustaría que les tratasen los demás
Insistimos en que los demás honren y respeten a sus hijos, que se dirijan a ellos con cortesía y consideración, y en que no les causen daño físico alguno. ¿Cómo ha reaccionado usted cuando alguien le ha faltado al respeto a sus hijos? Quizá se tratara de un profesor, o del dependiente de una tienda, o del padre de otro niño. Estamos seguros de que usted se sintió molesto y preguntó, entre otras cosas, cómo se atrevían a hacerla. Pero un instante de honesta reflexión podría revelar ocasiones en que hemos dicho o hecho cosas a nuestros propios hijos por las que, de intentadas un extraño, desearíamos verle arrestado y encarcelado. La diferencia entre las reglas de oro de 14 y 24 quilates reside en una educación emocionalmente inteligente. La regla de 24 quilates requiere que conozcamos bien nuestros propios sentimientos, que asumamos la perspectiva de nuestro hijo con empatía, que controlemos nuestros propios impulsos, que observemos con cautela nuestra actitud como padres, que nos dediquemos con esfuerzo a mejorar la educación de nuestros hijos y que utilicemos nuestras dotes sociales para llevar a cabo las ideas. La regla de 14 quilates no es lo bastante firme para servir de guía para la educación actual. Los tiempos han cambiado. La vida es frenética, complicada, excitante, desafiante y agotadora. Tenemos una sobrecarga de información siempre en aumento. Es el momento adecuado para una regla de oro de la crianza de los niños. No contábamos con una desde la aparición de Benjamin Spock y Haim Ginott, tres décadas atrás. Ha llegado el momento de un nuevo paradigma de la educación de los niños para el nuevo siglo y el nuevo milenio: la educación emocionalmente inteligente. ¿Qué puede hacer por su familia una educación emocionalmente inteligente? En
primer lugar, ayudará a que haya más paz y menos estrés. Se trata de un modo de restablecer una sensación de equilibrio cuando el estrés les afecta y los niños empiezan a pelearse, la cooperación se convierte en conflicto, los adolescentes se rebelan, y los miembros de la familia se sienten frustrados con todo aquello que parece precisar hacerse de inmediato. Un poco de estrés puede resultar motivante, pero un exceso de él nos impide dar lo mejor de nosotros mismos. A los individuos sometidos a estrés les resulta difícil hacer aquello que, en circunstancias más calmadas, saben que es lo correcto.
Ésta es una época muy exigente para ser padres. Tal vez lo único más difícil que eso sea ser niño. Existen más influencias que nunca sobre los niños, y más fuentes de distracción. James Comer, profesor de psiquiatría infantil en el Centro de Estudios Infantiles de Yale y autor de El poder de la escuela y A la espera de un milagro: las escuelas no pueden resolver nuestros problemas, pero nosotros sí podemos , y experto en abordar las preocupaciones de los jóvenes, señaló en una entrevista en 1977 que nunca antes en la historia de la humanidad ha habido tanta información dirigida directamente a los niños sin ser filtrada por los adultos que estén a su cargo. Uri Bronfenbrenner, especialista en desarrollo infantil de la Universidad de Cornell, observó que nos hallamos en la era de la actividad frenética; nos ocupamos en planear cómo hacer que nuestros niños lleguen a donde deben estar en siguiente lugar, en estar nosotros mismos donde debemos, y nos precipitamos de lo uno a lo otro preguntándonos si todo lo que hemos organizado dará resultado. Junte usted todo esto y obtendrá una situación familiar con toda la calma y organización de una licuadora haciendo un zumo de frutas variadas. Existe una profusión de modas pasajeras concernientes a la educación. Y cada una de esas ideas que surgen acaba por ser clonada, normalmente sin autenticidad o esperanza alguna de que se cumplan las promesas realizadas. El estrés no parece disminuir. Los padres no saben a dónde recurrir. Lo que no debemos perder de vista, sin embargo, es que los conceptos base de la biología humana, la crianza de niños y las relaciones padres-hijos no han cambiado. El libro de Daniel Goleman, La inteligencia emocional señala que hemos rechazado la biología de nuestros sentimientos como adultos y como progenitores, y que hemos rechazado el papel de los sentimientos en el crecimiento saludable de nuestros hijos. Ahora estamos pagando el precio, como familias y como sociedad, con una mayor incidencia de violencia y conducta poco respetuosa. Estamos pagando por ello cuando somos testigos de adolescentes en apariencia sensibles que se convierten en padres, para deshacerse entonces de los recién nacidos como si de artículos no deseados del supermercado se trataran. Pagamos por ello cuando ponemos énfasis en el intelecto de los estudiantes pero olvidamos sus corazones. Y, por supuesto, también nuestros hijos pagan, pues su infelicidad y sus conductas problemáticas continúan aumentando.