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Asignatura: Historia de los Viajes y el Turismo, Profesor: Pablo Ozcáriz, Carrera: Turismo, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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Los viajes en Egipto:
Egipto, al contrario que lo que se suele afirmar, era un pueblo viajero. Se suele afirmar que no viajaban por dos razones diferentes: 1.- Se trataba de una sociedad extremadamente jerarquizada, lo que llevaba a cada uno a cumplir su papel en la escala social. Los campesinos no podían viajar, ya que se encontrarían atados a la tierra, y sólo cuando cumplían trabajos para el faraón o para la administración eran desplazados a otros lugares. Según muchos autores, el pueblo llano tenía prohibido desplazarse si no era por causas justificadas. Sólo los comerciantes tendrían este privilegio. Esto no es verdad. Se ha producido una identificación entre el régimen soviético y el faraónico. Es verdad que los agricultores estaban muy unidos a la tierra. Pero resultaría imposible mantener a toda la población quieta cuando un tercio del año era imposible realizar labores en el campo. Nos encontramos con numerosos ejemplos de viajes de personas normales. Las fiestas en los diferentes santuarios eran celebradas por miles de peregrinos, lo que resultaría imposible si no se pudiese llegar.
2.- Pero a esta situación se ha añadido otra, fruto de la gran influencia que tenía la religión en el día a día. En pocos pueblos el más allá ha influido tanto en el más acá. Así, cuando uno moría, tenía que ser preparado y momificado según unos ritos muy meticulosos y que era muy importante llevar a cabo de manera escrupulosa para que el espíritu pudiese vivir en el otro mundo. Los egipcios habrían tenían mucho miedo a viajar por temor a morir en el viaje y que no hubiese nadie que pudiese recuperar el cuerpo y cumplir los ritos de manera correcta, ya que de esto se encargaba la familia. Esto pudo ser verdad en muchos casos, y pudo ser un elemento a tener en cuenta, pero no determinante.
Los viajes de este tipo en Egipto pueden dividirse en dos tipos, claramente diferenciados: por un lado, los viajes puramente míticos y legendarios, y por otro lado los viajes literarios, que son inventados pero podrían haber sido reales.
a) Entre los viajes míticos, tenemos como mejor ejemplo los llamados “Textos de las pirámides”. Se trata de relatos grabados en los muros interiores de las tumbas reales, de las dinastías V a la VIII. En ellos se habla de regiones lejanas pero de manera concreta, aunque siempre con caracteres fabulosos, así como de viajes al más allá.
b) Los viajes literarios, tienen unas características muy peculiares y propias de las historias de viajes egipcias: Se trata de viajes protagonizados por humanos que podrían ser reales, en escenarios reales. Existen muchísimos ejemplos de cuentos de este tipo, verosímiles. Era lo que les gustaba escuchar. Dos de los más conocidos fueron el de Sinhué el egipcio o el relato del náufrago, pero existen muchísimos más:
Ejemplo de Viaje Mediterráneo: El relato de Unamunú cuenta cómo este personaje fue a comprar madera a Siria, destinada a la reparación de la gran barca del dios Amón Ra que estaba en el río Nilo. Desde Tebas llegó a Tannis, después de lo cual embarcó en dirección al mar de Siria: Me despacharon con el capitán del navío Mangabuti, y así me
embarqué en el gran mar de Siria el día uno del cuarto mes de la cosecha. Llegué a Dora, ciudad de los Zakkala, y su príncipe Badilu hizo que me trajesen diez mil panes, una ánfora de vino y una pata de buey. Un hombre de mi nave desertó, llevándose un vaso de oro y un saquito de plata.. Después del robo, Unamunú presentó una denuncia ante las autoridades del puerto y, aunque le atendieron bien, no encontraron al culpable y perdieron muchos días. Marchó por diversos puertos de Fenicia como Tiro y Biblos, donde tuvo problemas por su personalidad problemática. Finalmente le permiten salir del país le pasó lo siguiente: Yo me alejé del puerto de mar y el viento me arrojó al país de Alasia. Los habitantes de la ciudad salieron contra mi con intención de matarme, y me arrastraron entre todos al sitio donde vivía Habiti, la princesa de la ciudad. La vi cuando salía de uno de sus aposentos para entrar en otro y le imploré. La princesa se enfadó mucho por esa interrupción y el egipcio le dijo: Ahora que el mar se ha encolerizado y que el viento me ha arrojado a tu país, ¿acaso no permites que me asesinen delante de ti? Como yo soy un mensajero de Amón, me buscarán hasta el fin de los tiempos. Y respecto a esta tripulación del príncipe de Biblos que has intentado matar, si su señor halla después a diez de tus tripulantes, ¿acaso no los matará en represalias? La princesa convocó a su pueblo, los detuvo y me dijo: ve a descansar.
En resumen, se pueden ver todas las características de estos cuentos: No se trata de un campesino sino de un personaje importante pero que podría ser real (no es un semidiós, ni tiene una fuerza sobrehumana, etc.), En segundo lugar en el desarrollo del viaje suceden hechos, acontecimientos, narrados de forma subjetiva (en primera persona), que ponen en serios peligros al protagonista. Esos peligros eran los que les gustaba escuchar a la gente. En tercer lugar, por lo general los peligros no son fantasmagóricos ni irreales, sino reales y verosímiles (excepciones como la serpiente de “El náufrago”. En cuarto lugar, siempre terminan bien por definición, les encantan los finales felices.
Esto mismo ocurre en el caso de Sinhué, que contiene elementos como cambios políticos, intrigas palaciegas, huidas, etc.
Sinuhé el Egipcio
Al morir el faraón AMENEMHET (personaje histórico real), su primogénito, SESOSTRIS se encontraba combatiendo al mando del ejército y rápidamente fue avisado para que pudiera llegar cuanto antes a palacio, ya que sus hermanos querían también suceder a su padre.
SINUHÉ era un noble y estaba en el ejército. Había sido hombre de confianza, administrador de los dominios en los países asiáticos y verdadero amigo del rey, y al enterarse de la muerte de este mientras alguien avisaba a unos de los príncipes, decidió abandonar Egipto para salvar la vida, consciente de las disputas que llevaría consigo la sucesión. Buscó el mejor momento para abandonar el ejército y huir. Atravesé el canal Muiti por el lugar llamado del Sicómoro. Llegué a la isla Sanafrui, donde pasé todo el día en un prado, y luego volví a ponerme en marcha al amanecer y así fui viajando. Un hombre que estaba al lado del camino me pidió protección pues tenía miedo. A la hora de cenar me acerqué a la ciudad de /agau, crucé el río en una chalupa sin gobernante, gracias al viento del oeste, y pasé al oriente por el nomo de las Carreras... por la noche me puse en ruta y al amanecer al día siguiente llegué a Puteni, descansando en la isla de Qamueri.
relaciona con la felicidad de la vida al entrar al servicio del faraón. Al parecer, para todos era un deseo entrar como funcionarios en la Corte, mejor cuanto más alto en el escalafón.
Viajes Comerciales:
En Egipto, al contrario que en Mesopotamia, el gran comercio, el comercio de carácter internacional o de larga distancia, era una empresa del faraón, o de manera secundaria de los grandes templos. El pequeño comerciante y el buhonero quedaba para las localidades, para el transporte entre puntos próximos. Sin duda, este comercio de larga distancia, en expedición estatal, nació desde los primeros tiempos del Egipto faraónico. Pero es durante el mandato del faraón Snefru, en el 2650 a.C. cuando encontramos el primer relato histórico. Muy sencillo, pero que da origen a la Historia conocida: trajo cuarenta barcos llenos de troncos de cedro. Se trataba de una expedición a Biblos, en el actual Líbano (explicar la bandera de El Líbano), y traía un producto fundamental: la madera que faltaba en Egipto. Con toda probabilidad, también en esta misma época la flota faraónica (que no era pequeña, como demuestra la utilización de cuarenta barcos en una empresa comercial) traían cobre de Chipre (explicar la función del cobre en Egipto).
Pero la empresa comercial egipcia más famosa de la antigüedad no fue dirigida al Mediterráneo, sino al mar Rojo y el país de Punt. El primer viaje al país del Punt aparece documentado bajo el faraón Sahure, de la Vª dinastía, hacia el 2550 a.C. Los productos ahí recogidos son destinados a la casa del faraón, y sólo los excedentes se venderán para sufragar parte de los viajes. En este primer viajes se traerán 80. cántaros de perfumes. Pero los productos que se importaban de este lugar fueron muy diversos y cambiaron con el tiempo. Por ejemplo, un siglo después de Sahure, el faraón Dedkare, en su viaje comercial se trajo una serie de enanos destinados para el servicio de los templos.
Los viajes al Punt cada vez fueron más frecuentes. Hacia el 2000 a.C., el faraón Mentuhotep III mandó a su canciller al Punt. Este personaje dejó escrito “Mi señor me envió a despachar un barco al Punt para que lo trajera de vuelta con mirra fresca”. La mirra es un producto lujoso, exótico, suntuario, que no es de primera necesidad, pero sí importante para el lujo faraónico y el culto de los templos. Estos viajes aparecen representados a menudo en tumbas y templos, y nos hablan de una empresa estatal que tuvo muchísima continuidad. Tenemos especial información de los viajes llevados a cabo por la faraona Hatshepshut. La soberana hizo grabar las escenas en las paredes de su gran templo, lo cual constituye todo un relato gráfico de la gran empresa comercial del Estado egipcio. Esta faraona logró llevar a cabo un proceso de saneamiento de las arcas egipcias gracias al comercio. Hacía tiempo que se habían perdido las expediciones y Hatchepsut las recuperó y restauró la flota. Las escenas de su templo son las siguientes: son cinco barcos los que forman la expedición. Luego se representa el desembarco en Punt, recibidos por el rey y su deforme familia, a quien los egipcios entregan collares, cuchillos, pequeñas hachas, etc. Y después, en las escenas a modo de cómic, con textos, vienen los productos que han conseguido los egipcios: árboles, maderas de diversos tipos, resina de mirra, árboles de mirra con sus raíces empaquetadas, incienso, marfil, oro, cosméticos para los ojos, pieles y muchísimas cabezas de ganado.
Los barcos tienen más de veinte metros de eslora, pero son de borda baja ya que estaban destinados al tranquilo mar rojo.
Los viajes al Punt siguieron, pero se espaciaron en el tiempo. Con la dinastía de los ramsés se producirá un cierto declive, y los organizadores de estos viajes ya no serán los propios egipcios sino fenicios o griegos, como veremos más adelante.
Viajes por tierra
La gente menos favorecida sólo conocía una forma de viajar: ir a pie. En los viajes se utilizaba una vestimenta muy sencilla, como todo en Egipto: un bastón, unos calzones y unas sandalias, aunque a menudo se viajaba descalzo y se llevaban las sandalias en la mano. No existían caminos pavimentados, sino pistas de arena. La mayor parte de los viajes se realizaban de norte a sur, siguiendo el eje marcado por el río nilo. Los jeroglíficos de una tumba advierte de que en este tipo de viajes, los soldados eran el mayor peligro para los viajeros: cuando se encontraban con un hombre desarmado, cargado con un saco de harina y unas bellas sandalias en la mano, tenían por costumbre asaltarle y dejarle desnudo por completo en mitad del camino. Frente a estas noticias, tenemos otras como la aportada por un gobernador de un nomo que asegura que en su mandato el viajero sorprendido por la noche podía dormirse tranquilamente y dejar a su lado en el camino sus provisiones y sus cabras. El temor que inspiraban sus guardias le servía de protección. Pero la mera precaución que tomaba como gobernador, prueba precisamente que existían bandidos y que eran un peligro presente en los viajes.
Las carreteras o vías eran numerosas. Había tantas carreteras como canales o vegas del Nilo. Al lado del río siempre existía una senda y cuando se abría un nuevo canal siempre se construía una vía a una altura suficiente que no fuese ahogada por la crecida. Y los faraones cada vez que procedían a la limpieza de un canal, ello incluía la de su vía correspondiente. Estas vías servían, por ejemplo, como vías de sirga. No conocemos ninguna palabra egipcia que signifique puente ni ninguna representación de alguno de ellos, excepto una que representa la vuelta de Seti I después de una campaña triunfal en Palestina, uniría las dos orillas que separan África y Asia. Nunca hubo ningún puente sobre el Nilo ni sobre los brazos del Delta. Cuando había que cruzar algún río o canal, o bien se utilizaba un barco o se nadaba, ya que los egipcios eran buenos nadadores. Muchos personajes ricos ofrecían sus barcas a los pobres para que cruzasen de un lado al otro, y el ofrecer el barco para esto era una virtud a la altura de dar de comer al hambriento o de vestir al desnudo.
La gente rica utilizaba para los pequeños viajes la silla de manos. Era un medio de transporte fastuoso pero lento, costoso e incómodo. Normalmente utilizaban el carro
El desarrollo del carro en el Antiguo Egipto.
Para conocer la fecha de aparición del carro ligero de combate en el ejército Egipto, con un desfase tan acusado respecto al resto de los cercanos estados del norte, es conveniente hacer un previo repaso histórico a los acontecimientos que hicieron imprescindible su adopción. Los habitantes de valle del Nilo habían rehusado el empleo de los vehículos rodados y de los animales de tiro, caballos u onagros, por tener eficazmente resueltos sus problemas de transporte con tres métodos elementales: la
Cada una tenía cuatro radios, compuestos por ocho piezas dobladas en forma de V que, adosadas por pares, se ensamblaban entre las dos mitades de otra pieza central llamada cubo. La rueda, una vez montada, se aseguraba al eje mediante un pasador insertado en su extremo, el cual facilitaba la rápida reposición en caso de avería. El yugo se unía al timón con correas de cuero o fibras vegetales y estaba formado por tres piezas. La más importante recuerda a la cornamenta de un bóvido con las dos puntas muy curvadas hacia arriba, formando los pasarriendas. Por su vértice central, el yugo se aseguraba al principio del timón de forma transversal. A cada lado se ataba un horcajo para uncir al tiro de equinos que haría rodar el vehículo. Con el paso del tiempo, este tipo de carro sufrió algunas variaciones locales. Primero el aumento de los radios, de cuatro a ocho, y el recubrimiento del frente y los lados del parapeto, aunque en todo lo demás siguiera siendo idéntico al anterior
Este modelo, pese a ser el usado por un rey, fue desechado inmediatamente para dar paso al definitivo, con ruedas de seis radios y la caja sujeta al timón por medio de un casquillo.
Del elevado número de vehículos que debió poseer Egipto solamente ocho han llegado completos hasta nosotros: los seis de Tut-anj-Amón[1](L. I), el de Yuia[2](L. II), hallados en el Valle de los Reyes (Museo Egipcio de El Cairo) y el encontrado por Rosellini en una tumba tebana desconocida (Museo de Florencia)[3](L. III). El estado excepcional de conservación de todos ellos, sumado a los antiguos textos y a la iconografía de la época, permite seguir la llegada de los primeros carros ligeros a Egipto, los modelos que se usaron, sus fabricación y la evolución social de su uso.
El trineo.
El carro deriva del trineo y éste era muy utilizado en Egipto. Grandes piedras de centenares de toneladas eran transportadas mediante este sistema.
La navegación fluvial y marítima.
(Sobre la navegación en el Mar rojo, vale lo dicho para los viajes al país del punt)
El medio de transporte más importante en Egipto era el barco. Un claro ejemplo de viajes habituales en barco era la peregrinación que se hacía a Abydos, situada en el Alto Egipto: a veces se organizaban pequeñas flotas con varios barcos dirigidas a ese lugar de culto. Se solía utilizar un barco tipo arcaico, con la proa y la popa muy elevadas. En el centro existía una “camareta” o un cubículo, y delante de ella había un velador en el que se colocaba la comida. La proa se utilizaba de matadero y de cocina. Como elemento ritual relacionado con la peregrinación, se descuartizaba un buey y se preparaba la cerveza. Este tipo de barcas carecía de velas ni remos y se desplazaba por la tracción de una barca motriz desplazada a vela o a remos. Sólo hacían falta dos marinero: uno se encargaba del cable de amarre y de la profundidad. El otro se encargaba de los timones.
Los viajes en el Nilo eran siempre tranquilos y placenteros, sin sobresaltos.
Cuando los barcos tenían como función remontar hasta Nubia, eran verdaderas casas flotantes. Solían ser barcas en forma de media luna. Con un solo mástil, una gran vela cuadrada a menudo más ancha que alta y con numerosas jarcias. Los pasajeros se situaban en una camareta central, que se solía alargar para albergar a los caballos o animales de carga. A proa y a popa se situaban otras camaretas menores.
Barcos egipcios en el Mediterráneo: los egipcios siempre tuvieron muchísima conexión con la ciudad de Biblios, desde tiempos muy remotos: El dios seth habría arrojado el sarcófago con el cuerpo de Osiris al río Nilo. El cuerpo habría llegado al delta por la ciudad de Tanis y desde ahí habría llegado hasta el mediterráneo, llegando hasta biblos donde fue absorbido por un árbol. A partir de ese momento la diosa Isis se desplazó hasta Biblos y la reina de esa ciudad hizo ofrendas al árbol que contenía a Osiris. Desde antiguo la relación de Biblos con Egipto fue muy especial y positiva, al contrario que con el resto de puertos del mediterráneo, en el que estaban bastante mal vistos. El nombre incluso de los barcos egipcios del mediterráneo tiene en su raíz el nombre de esa ciudad.
-Viaje hasta la bactriana por Ramsés II.
-Vuelta a África por Necao II