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Ejercicio de compresión, Ejercicios de Lengua y Literatura

ejercicio de comprensión lectora y análisis para examen

Tipo: Ejercicios

2021/2022

Subido el 16/02/2023

andres-felipe-ortega-mejia
andres-felipe-ortega-mejia 🇨🇴

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La insignia
Julio Ramón Ribeyro
Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño
basural un objeto brillante. Con una curiosidad muy explicable en mi temperamento de
coleccionista, me agaché y después de recogerlo lo froté contra la manga de mi saco. Así
pude observar que se trataba de una menuda insignia de plata, atravesada por unos signos
que en ese momento me parecieron incomprensibles. Me la eché al bolsillo y, sin darle
mayor importancia al asunto, regresé a mi casa. No puedo precisar cuánto tiempo estuvo
guardada en aquel traje que usaba poco. Sólo recuerdo que en una oportunidad lo mandé a
lavar y, con gran sorpresa mía, cuando el dependiente me lo devolvió limpio, me entregó
una cajita, diciéndome: “Esto debe ser suyo, pues lo he encontrado en su bolsillo”.
Era, naturalmente, la insignia y este rescate inesperado me conmovió a tal extremo que
decidí usarla.
Aquí empieza realmente el encadenamiento de sucesos extraños que me acontecieron. Lo
primero fue un incidente que tuve en una librería de viejo. Me hallaba repasando añejas
encuadernaciones cuando el patrón, que desde hacía rato me observaba desde el ángulo más
oscuro de su librería, se me acercó y, con un tono de complicidad, entre guiños y muecas
convencionales, me dijo: “Aquí tenemos libros de Feifer”. Yo lo quedé mirando intrigado
porque no había preguntado por dicho autor, el cual, por lo demás, aunque mis
conocimientos de literatura no son muy amplios, me era enteramente desconocido. Y acto
seguido añadió: “Feifer estuvo en Pilsen”. Como yo no saliera de mi estupor, el librero
terminó con un tono de revelación, de confidencia definitiva: “Debe usted saber que lo
mataron. Sí, lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga”. Y dicho esto se retiró
hacia el ángulo de donde había surgido y permaneció en el más profundo silencio. Yo seguí
revisando algunos volúmenes maquinalmente pero mi pensamiento se hallaba preocupado
en las palabras enigmáticas del librero. Después de comprar un libro de mecánica salí,
desconcertado, del negocio.
Durante algún tiempo estuve razonando sobre el significado de dicho incidente, pero como
no pude solucionarlo acabé por olvidarme de él. Mas, pronto, un nuevo acontecimiento me
alarmó sobremanera. Caminaba por una plaza de los suburbios cuando un hombre menudo,
de faz hepática y angulosa, me abordó intempestivamente y antes de que yo pudiera
reaccionar, me dejó una tarjeta entre las manos, desapareciendo sin pronunciar palabra. La
tarjeta, en cartulina blanca, sólo tenía una dirección y una cita que rezaba: SEGUNDA
SESIÓN: MARTES 4. Como es de suponer, el martes 4 me dirigí a la numeración indicada.
Ya por los alrededores me encontré con varios sujetos extraños que merodeaban y que, por
una coincidencia que me sorprendió, tenían una insignia igual a la mía. Me introduje en el
círculo y noté que todos me estrechaban la mano con gran familiaridad. En seguida
ingresamos a la casa señalada y en una habitación grande tomamos asiento. Un señor de
aspecto grave emergió tras un cortinaje y, desde un estrado, después de saludarnos, empezó
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