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Test de Lectura Rápida: Técnicas del Speed Reading, Ejercicios de Educación Plástica, Visual y Audiovisual

Lectura comprensiva - ejercicio en clase- cronometro del tiempo. Practica libre para alumnos

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 04/05/2023

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TEST DE LECTURA RÁPIDA APLICANDO TÉCNICAS DEL SPEED READING
INSTRUCCIONES
1. Lea el siguiente fragmento de la obra “Violeta” de Isabel Allende, utilizando las
técnicas aprendidas
Vine al mundo un viernes de tormenta en 1920, el año de la peste. Esa tarde de mi nacimiento
se había cortado la electricidad, como solía suceder en los temporales, y habían encendido las
velas y lámparas de queroseno, que siempre mantenían a mano para esas emergencias. María
Gracia, mi madre, sintió las contracciones, que tan bien conocía, porque había parido cinco hijos,
y se abandonó al sufrimiento, resignada a dar a luz a otro varón con ayuda de sus hermanas,
quienes la habían asistido en ese trance varias veces y no se ofuscaban. El médico de la familia
llevaba semanas trabajando sin descanso en uno de los hospitales de campaña y les pareció una
imprudencia llamarlo para algo tan prosaico como un nacimiento. En ocasiones anteriores
habían contado con una comadrona, siempre la misma, pero la mujer había sido una de las
primeras víctimas de la influenza y no conocían a otra.
Mi madre calculaba que había pasado toda su vida adulta preñada, recién parida o reponiéndose
de un aborto espontáneo. Su hijo mayor, José Antonio había cumplido diecisiete años, de eso
estaba segura, porque nació el año de uno de nuestros peores terremotos, que tiró medio país
al suelo y dejó un saldo de cuatro mil muertos, pero no recordaba con exactitud la edad de los
otros hijos ni cuántos embarazos malogrados había padecido. Cada uno la incapacitaba por
meses y cada nacimiento la dejaba agotada y melancólica por mucho tiempo. Antes de casarse
había sido la debutante más bella de la capital, espigada, con un rostro inolvidable de ojos verdes
y piel traslúcida, pero los excesos de la maternidad le habían deformado el cuerpo y agotado el
ánimo.
En teoría, amaba a sus hijos, pero en la práctica prefería mantenerlos a una confortable
distancia, porque la energía de ese tropel de muchachos producía un disturbio de batalla en su
pequeño reino femenino. En una ocasión le admitió a su confesor que estaba señalada para parir
varones, como una maldición del Diablo. Recibió la penitencia de rezar un rosario diario por dos
años completos y hacer una donación significativa para reparar la iglesia. Su marido le prohibió
volver a confesarse.
Bajo la supervisión de mi tía Pilar, el muchacho empleado para todo servicio, Torito, se trepó a
una escalera y amarró las cuerdas, que se guardaban en un armario para esas ocasiones, en dos
ganchos de acero, que él mismo había instalado en el cielo raso. Mi madre, en camisón,
arrodillada, colgando de una cuerda en cada mano, empujó por un tiempo que le pareció eterno,
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TEST DE LECTURA RÁPIDA APLICANDO TÉCNICAS DEL SPEED READING

INSTRUCCIONES

1. Lea el siguiente fragmento de la obra “Violeta” de Isabel Allende, utilizando las técnicas aprendidas Vine al mundo un viernes de tormenta en 1920, el año de la peste. Esa tarde de mi nacimiento se había cortado la electricidad, como solía suceder en los temporales, y habían encendido las velas y lámparas de queroseno, que siempre mantenían a mano para esas emergencias. María Gracia, mi madre, sintió las contracciones, que tan bien conocía, porque había parido cinco hijos, y se abandonó al sufrimiento, resignada a dar a luz a otro varón con ayuda de sus hermanas, quienes la habían asistido en ese trance varias veces y no se ofuscaban. El médico de la familia llevaba semanas trabajando sin descanso en uno de los hospitales de campaña y les pareció una imprudencia llamarlo para algo tan prosaico como un nacimiento. En ocasiones anteriores habían contado con una comadrona, siempre la misma, pero la mujer había sido una de las primeras víctimas de la influenza y no conocían a otra. Mi madre calculaba que había pasado toda su vida adulta preñada, recién parida o reponiéndose de un aborto espontáneo. Su hijo mayor, José Antonio había cumplido diecisiete años, de eso estaba segura, porque nació el año de uno de nuestros peores terremotos, que tiró medio país al suelo y dejó un saldo de cuatro mil muertos, pero no recordaba con exactitud la edad de los otros hijos ni cuántos embarazos malogrados había padecido. Cada uno la incapacitaba por meses y cada nacimiento la dejaba agotada y melancólica por mucho tiempo. Antes de casarse había sido la debutante más bella de la capital, espigada, con un rostro inolvidable de ojos verdes y piel traslúcida, pero los excesos de la maternidad le habían deformado el cuerpo y agotado el ánimo. En teoría, amaba a sus hijos, pero en la práctica prefería mantenerlos a una confortable distancia, porque la energía de ese tropel de muchachos producía un disturbio de batalla en su pequeño reino femenino. En una ocasión le admitió a su confesor que estaba señalada para parir varones, como una maldición del Diablo. Recibió la penitencia de rezar un rosario diario por dos años completos y hacer una donación significativa para reparar la iglesia. Su marido le prohibió volver a confesarse. Bajo la supervisión de mi tía Pilar, el muchacho empleado para todo servicio, Torito, se trepó a una escalera y amarró las cuerdas, que se guardaban en un armario para esas ocasiones, en dos ganchos de acero, que él mismo había instalado en el cielo raso. Mi madre, en camisón, arrodillada, colgando de una cuerda en cada mano, empujó por un tiempo que le pareció eterno,

maldiciendo con palabrotas de filibustero, que jamás empleaba en otros momentos. Mi tía Pía, agachada entre sus piernas, estaba lista para recibir al recién nacido antes de que tocara el suelo. Tenía preparadas las infusiones de ortiga, artemisa y ruda para después del parto. El clamor de la tormenta, que se estrellaba contra las persianas y arrancaba pedazos del tejado, apagó los gemidos y el largo grito final cuando asomé primero la cabeza y enseguida el cuerpo cubierto de mucus y sangre, que resbaló entre las manos de mi tía y se estrelló en el suelo de madera. ¡Qué torpe eres, Pía! - gritó Pilar alzándome de un pie. -! ¡Es una niña! - agregó, sorprendida. No puede ser, revísala bien, - masculló mi madre, agotada. Te digo, hermana, no tiene piripicho, - replicó la otra.

2. ¿Cuánto tiempo empleó para la lectura del fragmento anterior (texto de 560 palabras), **utilizando las técnicas de lectura rápida?

  1. Ahora, conteste las siguientes preguntas: La mujer embarazada a la que se hace referencia se llamaba:** ( ) Pilar ( ) María Gracia ( ) Pía ( ) Violeta ( ) Ninguna de las anteriores La mujer que estaba a punto de dar a luz, decía que había estado la mayor parte de su vida adulta: ( ) Preñada ( ) Pariendo ( ) Recuperándose de un aborto espontáneo ( ) Las tres opciones son correctas De acuerdo a lo leído, Violeta es: ( ) La mujer que está dando a luz ( ) La bebé que nace ( ) La partera Finalmente divida el número de aciertos para 3 y multiplíquelo por 100. Su nivel de comprensión es de ______%