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El documento narra la historia de carlos, un exitoso chef con varios restaurantes michelin, que tras la trágica muerte de su esposa clara, una famosa actriz y cantante, entra en una profunda depresión. Carlos recuerda con nostalgia los momentos que pasó con su abuela josefa, quien le enseñó a cocinar desde pequeño y creyó que sería uno de los mejores chefs del mundo. Ahora, carlos vive aislado en su casa, rememorando a su difunta esposa a través de vídeos y fotografías, y buscando consuelo en el alcohol. Su hija teresa intenta ayudarlo, revelándole que tiene un hermano del que carlos no tenía conocimiento. El documento explora temas como el duelo, la depresión, las relaciones familiares y la pasión por la cocina.
Tipo: Apuntes
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Miguel Palomeque Carrasco CARLOS “Cocinar es crear trozos de amor comestibles”. Esta frase tan ñoña era la que decía siempre Carlos. No había nada que le gustara más que cocinar. Salvo su mujer Clara y su hija Martina. Desde que no era más que un niño le fascinaba ver a su abuela desenvolverse con maestría en la cocina del bar familiar. Allá era la reina. Dominaba a la perfección cada elemento, cada herramienta en ese reino vedado, al que, por
cierto, no permitía la entrada a nadie. A nadie excepto a Carlos. Su nieto tenía el único salvoconducto que le permitía acceder al maravilloso coto de Josefa. Él sabía muy bien que ella no le dio ese privilegio a la ligera. -No entres en la cocina Carlos. Que ya sabes que a MamaPepa no le gusta que nadie entre en su territorio. No la molestes, anda hijo. (Le decía su madre) -Él sí que puede.
En ese momento el semblante de Carlos se torna sombrío, serio y cadavérico. Queda mudo por unos segundos.
-Hija, ya sabes que no soy de café con leche y magdalenas. -No, es verdad. Pero un zumo, unas tostadas, unas galletas...Pero un whiskazo... A ver, tú siempre has sido de café rápido antes de salir a trabajar. A hacer lo que mejor sabes hacer, llevar la empresa que fundaste. -Tú la llevas divinamente. Embutidos Ranjel no me necesita a mi para nada. Sé que la dejé en las mejores manos. -Pero papá... -¡Me retiré y es definitivo! Y no voy a ser como esos toreros que se retiran y a los dos días vuelven. Si dije que me iba es porque me iba. -Bueno. ¿Y cómo estás? -¿Cómo quieres que esté? Hoy hace tres años del accidente. Pues como una mierda. Y...aún me parece encontrármela por los pasillos, en la cocina, en nuestro dormitorio... -Has vuelto a... -Anoche creí verla tumbada en la cama y durante unos segundos fue muy real. ¿Sabes qué es lo peor? Que me encanta, sé que no está ahí pero es que, lo jodido es que yo la veo...y si me bebo tres copas es más seguro que vuelva a verla. Así que me tomo 7. -Pero es que no te conviene. ¿Te tomas la medicación? A ver si te va a hacer reacción con el alcohol. -Pues bendita reacción. -Es imposible razonar contigo cuando te pones así. -Que sí. Que lo que tú digas (da un trago al whisky) Pero de lo que quería hablarte es de otra cosa. Verás, cuando tú tenías 3 años mamá volvió al trabajo que había dejado un poco apartado cuando tú naciste. Contratamos una niñera, yo estaba casi todo el día en el restaurante. Y tu madre fue encadenando giras, bolos, rodajes, en España, en Latinoamérica...y se pasaba meses sin venir por casa. (apura de un trago todo el whisky que queda aún en el vaso) Me sentía muy solo... -Papá, para. No quiero saberlo. -No, escucha. Yo quería a tu madre pero es que para poder verla tenía que poner la televisión. En fin, acabé teniendo un lío con la niñera. Ella era muy joven, guapa y muy graciosa, y estaba allí cada noche. -Papá...no hace falta que me cuentes tooodo. ¿ Lo sabes, no? -Fue una locura, y yo...obviamente no sentía nada por ella. No fue nada. Menos que nada. El caso es que se quedó embarazada. Yo sabía que si tu madre se enteraba me dejaría. Así que la despedí. No estoy orgulloso de ello pero lo hice, en fin. La eché de aquí. Pero le encargué a tu tío Pedro que se asegurara de que no les faltara de nada a ella ni a la criatura, les enviaba dinero periódicamente a ésta dirección, hasta que dejó de cobrar los cheques y desapareció sin dejar rastro. A mí me fue bien. Era como si ya no formara parte de mi vida. -Estoy alucinando. ¿Tienes un hijo por ahí? Esto parece el argumento de una telenovela. -Sí. Tienes un hermano por ahí. Tu madre por suerte nunca lo supo. Y ahora que no está...quiero encontrarle. -Papá, no soy quién para juzgarte. Y me parece lógico que quieras conocerle. -No creo que me quede mucho, hija. La cabeza se me va llendo, y creo que es hora de que él reciba su parte. Que reciba su parte de la herencia, que viva aquí, o donde quiera... -Vaya. Demasiadas emociones de golpe. (queda pensativa) Bueno, centrémonos. Verónica me comentó que tenía