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el estudio del bebe, Apuntes de Psicología

Asignatura: Desarrollo Cognitivo, Profesor: Ileana Enesco, Carrera: Psicología, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 09/10/2014

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Prof. Ileana Enesco
Desarrollo Cognitivo
El estudio del bebé
El ingenio y la paciencia de los investigadores que estudian a bebés son admirables. Tienen
que vérselas con un individuo que no habla ni puede expresar voluntariamente lo que siente, ve u
oye; que permanece poco tiempo despierto y cuando se consigue que esté atento a la tarea, a
menudo termina distrayéndose o llorando (lo usual es que la mortandad experimental debida a
estos y otros factores alcance el 40% en bebés menores de 8 meses). Pero incluso cuando logran
que el bebé se involucre hasta el final de la tarea, los resultados no siempre son claros e
inequívocos. Por un lado, las situaciones experimentales creadas artificialmente para estudiar
algún aspecto de la cognición temprana difieren casi inevitablemente en varios aspectos a la vez.
¿A cuál de ellos está respondiendo el bebé? A menudo, un pequeño cambio en la condición de un
experimento da lugar a una gran diferencia en las respuestas de los bebés. Por otro lado, una
misma conducta del bebé puede deberse a razones o causas distintas. Su interpretación, en suma,
no es obvia. Aunque normalmente los investigadores prevén este obstáculo asumiendo una línea
argumental (si se da esta condición y el bebé exhibe tal conducta, entonces ello se debe a...),
rápidamente surgen investigadores críticos o de otros paradigmas experimentales que desvelan
alguna debilidad metodológica del estudio, poniendo en entredicho sus conclusiones. Claro que
así es como avanza la investigación en cualquier ámbito y gracias a ello los investigadores deben
esforzarse por pensar en interpretaciones alternativas a la suya y rebatirlas con argumentos
plausibles. En este sentido, si el estudio del bebé requiere más ingenio y paciencia que el estudio
de sujetos cognitivamente más avanzados (niños o adultos que no se duermen ni lloran durante el
estudio, a los que podemos dar consignas verbales, pedirles aclaración de su conducta o
respuestas, etc.), la parsimonia en la interpretación de resultados debe ser un principio rector de
toda investigación, no sólo en la del bebé.
Veamos a continuación algunas de las técnicas que se emplean para estudiar distintos
aspectos del desarrollo de la percepción en bebés.
1. Técnicas de preferencias
A los pocos minutos de nacer, el bebé explora visualmente su entorno, y sus ojos se
detienen cuando tropiezan con algún objeto o persona que esté a no más de 25 cm. de sus ojos (a
mayor distancia, su agudeza visual es aún muy pobre para distinguir formas y límites entre
objetos). Esta conducta espontánea de exploración visual ha permitido a los investigadores
desarrollar una técnica sencilla para estudiar distintos aspectos de la percepción en bebés: la
técnica de preferencia de la mirada. Se colocan dos estímulos diferentes frente al bebé,
equidistantes a su derecha e izquierda. Si el bebé mira más uno que otro, se supone que los puede
discriminar y que tiene preferencia por uno de ellos. El primero en utilizar esta técnica fue Robert
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Prof. Ileana Enesco Desarrollo Cognitivo

El estudio del bebé

El ingenio y la paciencia de los investigadores que estudian a bebés son admirables. Tienen que vérselas con un individuo que no habla ni puede expresar voluntariamente lo que siente, ve u oye; que permanece poco tiempo despierto y cuando se consigue que esté atento a la tarea , a menudo termina distrayéndose o llorando (lo usual es que la mortandad experimental debida a estos y otros factores alcance el 40% en bebés menores de 8 meses). Pero incluso cuando logran que el bebé se involucre hasta el final de la tarea, los resultados no siempre son claros e inequívocos. Por un lado, las situaciones experimentales creadas artificialmente para estudiar algún aspecto de la cognición temprana difieren casi inevitablemente en varios aspectos a la vez. ¿A cuál de ellos está respondiendo el bebé? A menudo, un pequeño cambio en la condición de un experimento da lugar a una gran diferencia en las respuestas de los bebés. Por otro lado, una misma conducta del bebé puede deberse a razones o causas distintas. Su interpretación, en suma, no es obvia. Aunque normalmente los investigadores prevén este obstáculo asumiendo una línea argumental ( si se da esta condición y el bebé exhibe tal conducta, entonces ello se debe a ...), rápidamente surgen investigadores críticos o de otros paradigmas experimentales que desvelan alguna debilidad metodológica del estudio, poniendo en entredicho sus conclusiones. Claro que así es como avanza la investigación en cualquier ámbito y gracias a ello los investigadores deben esforzarse por pensar en interpretaciones alternativas a la suya y rebatirlas con argumentos plausibles. En este sentido, si el estudio del bebé requiere más ingenio y paciencia que el estudio de sujetos cognitivamente más avanzados (niños o adultos que no se duermen ni lloran durante el estudio, a los que podemos dar consignas verbales, pedirles aclaración de su conducta o respuestas, etc.), la parsimonia en la interpretación de resultados debe ser un principio rector de toda investigación, no sólo en la del bebé. Veamos a continuación algunas de las técnicas que se emplean para estudiar distintos aspectos del desarrollo de la percepción en bebés.

1. Técnicas de preferencias

A los pocos minutos de nacer, el bebé explora visualmente su entorno, y sus ojos se detienen cuando tropiezan con algún objeto o persona que esté a no más de 25 cm. de sus ojos (a mayor distancia, su agudeza visual es aún muy pobre para distinguir formas y límites entre objetos). Esta conducta espontánea de exploración visual ha permitido a los investigadores desarrollar una técnica sencilla para estudiar distintos aspectos de la percepción en bebés: la técnica de preferencia de la mirada. Se colocan dos estímulos diferentes frente al bebé, equidistantes a su derecha e izquierda. Si el bebé mira más uno que otro, se supone que los puede discriminar y que tiene preferencia por uno de ellos. El primero en utilizar esta técnica fue Robert

Fantz (1961) y comprobó que ante algunos pares de estímulos los bebés miraban más tiempo aquéllos que presentaban contrastes y pautas internas (láminas con dibujos internos de un tablero de ajedrez, de una diana, o de una careta) que los que eran simples láminas de color. Los resultados de sus experimentos llevaron a Fantz a una sencilla pero potente conclusión: los recién nacidos, como los adultos, prefieren mirar algo que nada. Esta técnica se ha seguido utilizando ampliamente para evaluar también otras capacidades perceptivas del bebé (véase la revisión de Enesco y Guerrero, 2003). Por ejemplo, en estudios sobre el oído o el olfato del bebé (algunos ejemplos en el texto: Del feto al recién nacido ), se toma como medida de discriminación y preferencia la rotación de la cabeza hacia una fuente estimular (por ejemplo, hacia la voz de la madre frente a la voz de una extraña; hacia un paño empapado con leche materna frente al de otra madre, etc.). No obstante, con la técnica de preferencias no se puede resolver un problema frecuente: el significado de un resultado negativo. Es decir, si el bebé mira por igual los dos estímulos no se puede afirmar que no los discrimine pues puede que ambos le interesen o le aburran por igual.

2. La habituación

La habituación constituye una de las formas de aprendizaje más elementales y se basa en un supuesto ampliamente contrastado en la investigación con humanos y animales: la preferencia por la novedad, un sesgo que garantiza que el bebé, como otros animales, atienda a nuevos estímulos o sucesos y aprenda nuevas cosas del mundo. El procedimiento de habituación se puede ilustrar así: presentamos al bebé un estímulo visual de forma repetida hasta que su atención – que se mide a través del tiempo de mirada hacia el estímulo- termina disminuyendo. Se supone que esto ocurre porque el bebé reconoce el estímulo, es decir, lo ha codificado o aprendido de alguna forma y, por tanto, deja de ser algo novedoso. Una manera de controlar que ha habido habituación es presentando otro estímulo que difiere en cierto aspecto del original y observando si el bebé recupera la atención ante este nuevo estímulo (a lo que se denomina deshabituación). Obviamente, que este nuevo estímulo resulte novedoso para el bebé depende, entre otras cosas, de que pueda discriminarlo del anterior. Por ejemplo, si su agudeza visual es aún limitada y su exploración visual muy pobre no detectará diferencias entre una careta con ojos, nariz y boca, y una con ojos y boca. Los investigadores han ido afinando sus experimentos para controlar estos y otros muchos aspectos que pueden llevar a resultados equívocos. Aun así, no siempre es posible saber con toda seguridad a qué se debe la deshabituación o la ausencia de ella pues, entre otras cosas, existen diferencias individuales notables entre los bebés. Algunos tardan mucho menos tiempo en habituarse y no se sabe con certeza si se debe a que son procesadores de información más rápidos o a que tienen umbrales de saciedad más bajos (Colombo y Frick, 1999). La habituación se desarrolló fundamentalmente para evaluar capacidades perceptivas del bebé y ha resultado ser una técnica fiable y potente en este ámbito. Sin embargo, en los últimos 25 años se ha incorporado al estudio de aspectos cognitivos mucho más complejos, como la noción de permanencia e identidad de los objetos, la comprensión de leyes físicas (e.g. gravedad, Baillargeon, 1999) y de diversas propiedades de los objetos en el espacio (su trayectoria, solidez e

4. El bebé detecta y computa regularidades

La detección de contingencias se relaciona con otro mecanismo importante de cambio que varios autores describen como aprendizaje estadístico y que parece funcionar desde al menos los 2 meses de vida (Kirkham, Slemmer y Johnson, 2002). Se refiere a la capacidad de aprender y anticipar la probabilidad de que dos o más acontecimientos se sucedan en una secuencia. La inmensa mayoría de sucesos de la vida cotidiana suelen seguir un orden bastante estable y predecible, como si se ajustaran a un guion. En el ritual del baño, por ejemplo, el bebé aprende a anticipar lo que va a seguir después de que la madre lo ha desvestido... sabe que entrar en la bañera precede a jabonarlo y que esto precede a sacarlo del baño, secarlo y ponerle el pijama. Hay acontecimientos que siempre van juntos (el olor de la madre y el contacto íntimo y directo con ella), otros que suelen ir juntos o muy próximos en el tiempo (oír y ver a la madre); y otros sucesos que se caracterizan por no ir nunca juntos (llevar botas y guantes al ir a la cuna a dormir). La lista podría ser interminable pues cualquier experiencia se presta a un análisis de este tipo. El lenguaje ofrece también un buen ejemplo: las combinaciones de sonidos en una lengua son relativamente predecibles pues algunas son frecuentes mientras que otras son inusuales o inexistentes. En español, las combinaciones consonante-vocal son muy frecuentes mientras que la sucesión de cuatro o más consonantes es inexistente. A partir de la regularidad estadística de los sonidos de cada lengua, los bebés aprenden a anticiparlos y a identificar (segmentar) palabras dentro del fluido continuo del habla que oyen. Numerosos estudios actuales de percepción del habla se basan en este mecanismo para conocer cuándo empieza el bebé a anticipar las cadenas de sonidos propios de su lengua materna y a discriminar ésta de otras lenguas.

5. Generalización de la imitación

Este procedimiento se ha incorporado hace relativamente poco tiempo a la investigación con bebés y se basa en procesos generales de inferencia o generalización inductiva. Aquí hablaremos sólo de la técnica de generalización de la imitación que se emplea normalmente con bebés mayores de 9-10 meses puesto que requiere haber desarrollado la capacidad de imitar voluntariamente conductas ajenas. Una versión sencilla de este procedimiento es la siguiente: el bebé observa a un experimentador realizar una acción o un movimiento (por ejemplo, dar de beber a un animal de juguete); luego, se le anima a que ejecute esa acción presentándole nuevos objetos: otros animales de peluche, vehículos de juguete, etc. De este modo, se puede ver si los bebés imitan indiscriminadamente la acción de dar de comer a peluches y a vehículos o si sólo lo hacen con los primeros. Es un paradigma útil para evaluar aspectos como la categorización o la comprensión de trayectorias de los objetos (por ej., los animales o las personas, pero no los vehículos, se mueven hacia objetivos de forma racional, Rakison et al., 2007) e implica activamente al bebé, a diferencia de las técnicas de habituación visual. Revisaremos más a fondo esta técnica cuando se trate de forma específica el desarrollo de la imitación en bebés y niños.