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Deleuze y Guattari, C. Jung. Apuntes.
Tipo: Resúmenes
Subido el 12/04/2026
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DELEUZE Y GUATTARI y el inconsciente: Crean la teoría del esquizoanálisis, un enfoque que busca liberar el deseo de las estructuras represivas familiares y sociales. Ambos publican “Anti-Edipo: Capitalismo y esquizofrenia” (1972), que parte de la crítica al psicoanálisis tradicional de Freud y se centra en la represión del deseo debido al sistema capitalista. El inconsciente es visto como una “fábrica” productiva de deseo que funciona mediante “máquinas deseantes”, produciendo una realidad, conexiones y flujos en lugar de simbolizar o imaginar. El deseo no es una falta o carencia, sino una producción, una fuerza. Gracias a esta fuerza productiva, el inconsciente funciona conectando estas “máquinas deseantes”. Esta energía puede ser empleada en el arte para ser liberada. Entonces, el arte funciona de manera rizomática: no tiene inicio, ni fin, sino múltiples entradas y conexiones, opuesto a la estructura del conocimiento clásico. Por ende, como el arte no representa una realidad, sino que hace visibles estas fuerzas invisibles, se cargan los códigos establecidos por entes como el capitalismo. En el caso de la publicidad, no se analiza solo como persuasión, sino como una “máquina deseante” impuesta por el capitalismo, capturando el flujo energético en la búsqueda del consumo y crear un vacío en el sujeto, llenándolo de necesidades y subjetividades artificiales. G. JUNG y el inconsciente colectivo: Jung explica el inconsciente colectivo como una parte profunda de la mente, compartida por todos los seres humanos y heredada genéticamente. A diferencia del inconsciente personal, este almacena arquetipos y símbolos universales que influyen en comportamientos y experiencias a través de culturas y épocas. Arquetipo : formas preexistentes, patrones heredados que estructuran la psique y se manifiestan en mitos, sueños y el arte. La psique se divide en dos subsistemas: El consciente tiene un eje central (el yo, ego). Se caracteriza por su capacidad de transducción y asimilación crítica de vivencias. Entonces, el YO se instituye en una “máscara” o “persona” que porta un papel social o rol diferente como: el yo público/social, el yo político o el “yo personaje”… En este último, reside la conciencia colectiva , que representa el nomos, la ley que reina en ese entonces. Es decir, la conciencia es parte del “yo” y, en cambio, la conciencia colectiva está regida por este nomos y la “máscara/persona” (cómo nos presentamos cada uno a la sociedad, que ejerce una serie de normativas estandarizadas en nosotros como conjunto).
El inconsciente colectivo es un reservorio de nuestra experiencia filogenética, albergando las pautas de nuestros comportamientos, los moldes de nuestra conducta. La experiencia filogenética se refiere a la información adaptativa genéticamente a la largo de la evolución de una especie, que se manifiesta en comportamientos innatos. Este inconsciente transpersonal entonces recoge los arquetipos consideradas como “huellas primigenias” y encarrilamientos del sentido. Estos residuos estratificados de las vivencias de nuestros antepasados configuran engramas, dichas huellas que juegan como predispositivos: imágenes primordiales aprióricas, protoimágenes de nuestras pulsiones. De esta manera, el arquetipo es la configuración de energía o cómo esta energía se autoconfigura y autorepresenta en imágenes prototípicas. Estas imágenes del imaginario transcendental (imaginario o inconsciente colectivo) funcionan por metamorfosis. El inconsciente se conoce a través de su proyección. El símbolo no es sino una expresión accidental o visibilización de un arquetipo. Por ejemplo, observamos el arquetipo de la Gran Madre, que simboliza la energía femenina universal, la creación y el renacer representados a través de símbolos como la flor, la cueva (útero), la tierra (fertilidad)…