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El Imperio Inca, Apuntes de Historia

Asignatura: Magdalena, Profesor: Magdalena Guerrero Cano, Carrera: Historia, Universidad: UGR

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 09/05/2013

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TEMAS 8-9: LOS INCAS
El pueblo inca tradicionalmente ha excitado la imaginación de investigadores, filósofos…
y estos vienen sucediendo así desde el mismo momento en que su existencia es dada a conocer
por los protagonistas de la empresa descubridora y conquistadora. El mundo occidental primero
muestra su curiosidad y enseguida un profundo interés y admiración por el reino de las cuatro
regiones.
Para los utopistas y los ilustrados del XVIII, el reino incaico se mantuvo en una línea de
interés justificada con la originalidad de sus instituciones que siguen siendo consideradas como
signo diferenciador de una cultura excepcional, tanto que Toynbee le ocupa un lugar preferente
entre las XXI civilizaciones originales.
El Estado actual del conocimiento sobre la civilización incaica está determinado por la
generalización de la postura revisionista, que intenta reorientar la interpretación de las fuentes
tradicionales a la luz de documentos administrativos de los siglos XVI y XVII, cuyos datos a
veces permiten controlar la exactitud de las noticias recogidas por cronistas e historiadores.
Pero en otros casos, indican que la versión que da del funcionamiento de las instituciones
no fue absolutamente comprendida, porque en muchos casos estaban condicionados por la
mentalidad europea, que era ajena a los patrones del comportamiento del hombre americano.
No obstante, los resultados actuales de la postura revisionista, no permiten en este
momento establecer una nueva revisión sobre la historia y las instituciones incaicas. Es
necesario subrayar que hay un hecho importante que determina la inseguridad de este
conocimiento, y es el carácter ágrafo de estas culturas andinas. Es cierto que la carencia de
escritura estuvo compensada por el rigor de la tradición histórica transmitida a través de relatos
cuya base conserva un grupo de funcionarios estatales, los quipucamayoes, o simplemente por
la tradición oral entre la gente del pueblo.
1. Medio ambiente y población
La civilización inca es el resultado de un proceso evolutivo que pasa por una adecuación
entre las sociedades humanas y el medio ambiente. En su momento de máxima expansión, el
Imperio Inca o Tahuantinsuyo ocupó desde la región sur de Colombia hasta una zona media de
Chile, y desde la costa del Pacífico hasta el comienzo del bosque tropical amazónico.
Este espacio se ha dividido en tres regiones: la costa, la sierra y la selva. Esto, combinado
con factores como la altitud, la latitud, la proximidad al océano o la influencia de la región
amazónica dan lugar a un sinfín de paisajes en el área señalada.
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TEMAS 8-9: LOS INCAS

El pueblo inca tradicionalmente ha excitado la imaginación de investigadores, filósofos… y estos vienen sucediendo así desde el mismo momento en que su existencia es dada a conocer por los protagonistas de la empresa descubridora y conquistadora. El mundo occidental primero muestra su curiosidad y enseguida un profundo interés y admiración por el reino de las cuatro regiones.

Para los utopistas y los ilustrados del XVIII, el reino incaico se mantuvo en una línea de interés justificada con la originalidad de sus instituciones que siguen siendo consideradas como signo diferenciador de una cultura excepcional, tanto que Toynbee le ocupa un lugar preferente entre las XXI civilizaciones originales.

El Estado actual del conocimiento sobre la civilización incaica está determinado por la generalización de la postura revisionista, que intenta reorientar la interpretación de las fuentes tradicionales a la luz de documentos administrativos de los siglos XVI y XVII, cuyos datos a veces permiten controlar la exactitud de las noticias recogidas por cronistas e historiadores.

Pero en otros casos, indican que la versión que da del funcionamiento de las instituciones no fue absolutamente comprendida, porque en muchos casos estaban condicionados por la mentalidad europea, que era ajena a los patrones del comportamiento del hombre americano.

No obstante, los resultados actuales de la postura revisionista, no permiten en este momento establecer una nueva revisión sobre la historia y las instituciones incaicas. Es necesario subrayar que hay un hecho importante que determina la inseguridad de este conocimiento, y es el carácter ágrafo de estas culturas andinas. Es cierto que la carencia de escritura estuvo compensada por el rigor de la tradición histórica transmitida a través de relatos cuya base conserva un grupo de funcionarios estatales, los quipucamayoes , o simplemente por la tradición oral entre la gente del pueblo.

1. Medio ambiente y población

La civilización inca es el resultado de un proceso evolutivo que pasa por una adecuación entre las sociedades humanas y el medio ambiente. En su momento de máxima expansión, el Imperio Inca o Tahuantinsuyo ocupó desde la región sur de Colombia hasta una zona media de Chile, y desde la costa del Pacífico hasta el comienzo del bosque tropical amazónico.

Este espacio se ha dividido en tres regiones: la costa, la sierra y la selva. Esto, combinado con factores como la altitud, la latitud, la proximidad al océano o la influencia de la región amazónica dan lugar a un sinfín de paisajes en el área señalada.

El clima, aunque está inserto en una región intertropical, está sujeto a los condicionamientos del relieve, únicos por la presencia de la cordillera de los Andes, muy volcada al océano Pacífico, con elevaciones de más de 6.500 m.

Si hacemos una división zonal teniendo en cuenta la altitud desde los límites de la agricultura y los bosques hasta el límite de las tierras perpetuas, aparecen cuatro zonas diferentes:

  • La franja ecuatorial, siempre húmeda, de busques lluviosos.
  • La franja tropical semihúmeda, con lluvias periódicas, es húmeda en verano y seca en invierno, con sabanas y estepas húmedas.
  • La franja tropical de estepas con plantas espinosas y suculentas, con lluvias periódicas húmedas en verano y secas en invierno.
  • La franja desértica.

Todas las poblaciones andinas parecen tener características raciales homogéneas, si exceptuamos algunas diversidades, que se dan en la costa. En el momento de la conquista, la población del imperio incaico podrá elevarse de 20 a 30 millones de habitantes, aunque hay variedad de opiniones de forma que, algunos hablan de 3 millones. Lo que es real es que algunas poblaciones del Imperio Inca o Tahuantinsuyo, eran semejantes en número de habitantes a sus contemporáneos de Europa. Se supone que Cuzco tenía unos 200. habitantes, y otros tantos podía albergar la ciudad de Chan Chan.

En este amplio territorio, el panorama lingüístico en la época anterior a la constitución del Imperio representaba un mosaico muy complejo y poco conocido sobre el que se superpuso el quechua como lengua oficial del imperio. Se conserva en parte de Perú y algunas regiones de Ecuador, Bolivia, Chile del norte; mientras que las otras lenguas solo se hablan por un número reducido de indígenas exceptuando el aimara, que se habla en Bolivia y Perú.

2. Historia política

a. Historia legendaria

La historia política de los incas, como la de la mayor parte de los pueblos protohistóricos, se halla mezclada en sus orígenes con el sistema cosmogónico y el mundo legendario, de tal manera que todo aquello que corresponde a lo más remoto de la historia que nos han legado los cronistas hay que interpretarlo más como un relato legendario que como historia.

b) Historia política

Solo a partir del octavo soberano o Inca, llamado el Cápac Inca Viracocha , se pude hablar con propiedad del Imperio o Tahuantinsuyo, siendo el verdadero fundador de este imperio, el sucesor de Viracocha , de nombre Pachacuti , que reinó al parecer entre 1438 y 1471. Este nuevo soberano, según representa en la tradición, es posible que se salga de la fase legendaria para entrar en la fase histórica. Es el verdadero creador de Cuzco, y el primer constructor del imperio territorial de los incas en el ámbito andino.

El primer éxito que se le atribuye se refiere a la milagrosa historia de los incas, contra sus tradicionales enemigos, los chancas , aunque todavía en vida de su padre, había sido el artífice del ensanchamiento territorial del Tahuantinsuyo. Sus campañas lo habían llevado hasta la tierra de los señores del norte, en el reino de Quito y del señor de Chimú. Desde Chimú, pudo regresar a Cuzco, subyugando a todos los señoríos costeros, en la actual ciudad de Lima. Así consiguió el gran santuario prehispánico, en el que se rendía un tipo de culto que aceptaron los incas, imponiendo la estructura y organización de la religión estatal.

También existe tradición de que en esta época se conquistaron unas islas en el Pacífico que pueden ser las Islas Galápagos, aunque por cercanía también puede ser el Archipiélago de las Islas Salomón. Este descubrimiento ha sido recogido por el cronista Pedro Sarmiento de Gamboa, pero como se trata de un cronista del último cuarto del siglo XVI, puede que no sea real.

No es fácil aceptar la veracidad de este viaje llevado a cabo por un pueblo que, indudablemente, no tenía actitudes marineras y que, difícilmente, puedo afrontar y superar las dificultades de ida y vuelta por el Pacífico. Lo que sí fue un hecho consumado, es que durante su reinado y el de su padre, la expansión del Tahuantinsuyo llegó hasta las tierras chilenas e impusieron su autoridad a todos sus habitantes hasta el río Maihue.

Cusi-Yupanqui llegó al poder porque Viracocha y su sucesor designado Urco , habían huido de Cuzco cuando la atacaron los chancas. Este fue el momento elegido por Cusi-Yupanqui y los generales que lo acompañaban; consigue imponerse en el gobierno como hizo anteriormente Sinchi Roca y, además, derrota estrepitosamente a los chancas; una guerra que fue larga y que bien podría haber supuesto el fin del pueblo inca. Su momento más peligroso fue el ataque a la ciudad de Cuzco, en los últimos años del reinado de Viracocha.

El triunfo de Cusi-Yupanqui , supuso una subyugación al pueblo chanca, e incluso el utilizarlo como auxiliar de sus propias campañas. Pero los chancas eran enemigos peligrosos, y el temor de que los triunfos o éxitos militares que conseguían, aun bajo la bandera inca, los

animara a recobrar su poderío e independencia, indujo a Cusi-Yupanqui a encargar a uno de sus hermanos el exterminio total de este grupo. Advertidos los chancas del peligro, consiguieron huir, adentrándose en la zona de la selva oriental. Desde este momento, no volvieron a representar una amenaza para la expansión incaica.

Como resultado, Cusi-Yupanqui (1438 – 1471) es coronado rey de los incas en el año 1438, con el nombre de Pachacuti. Una de las principales obras que se le atribuyen pueden ser algunas reformas urbanísticas en Cuzco, convirtiéndola en una gran urbe, para lo que el soberano decidió aumentar la población y por consiguiente, aumentar la producción de alimento. Ello le obligó a replantear el sistema de riego, así como el establecimiento de un sistema de almacenes de grano que pudieran alimentar a la población, por lo que también fue necesaria mayor población obrera.

A todas estas actividades hay que unir la intensa y amplia expansión en el exterior. Llevó a cabo una serie de campañas militares que estuvieron destinadas a consolidar definitivamente el dominio inca en el ámbito inmediato a la zona de Cuzco. Tras estas campañas, su hermano dirigió una campaña hacia el sur, y Pachacuti , ayudado por dos de sus hijos, se extendió hacia la costa, aunque las expediciones para doblegar a las tribus selváticas de oriente fueron un auténtico fracaso.

A su muerte, su hijo, Tupac Yupanqui , culminó la expansión, subiendo finalmente al trono en 1471. Este fue sucedido tras algunos enfrentamientos fratricidas, por su hijo Huayna Cápac , que reinó entre 1493 y 1525. Durante el reinado de Tupac Yupanqui (1471 – 1493), el gobierno de los incas se caracterizó por el ejercicio de un poder absoluto, controlado por el Sapa Inca a través de una compleja red burocrática que alcanzaba a todos los súbditos.

Durante el reinado de Huayna Cápac (1493 – 1525), prosiguió el esplendor y extensión del imperio, aunque el engrandecimiento territorial fue controlado probablemente porque las fronteras políticas habían alcanzado ya los límites naturales. Por el sur, los araucanos y por el este, las tribus amazónicas, constituían un mundo de naturaleza cultural diferente, notablemente hostil, y de poco interés para los incas. Solamente por el norte había en estos momentos pueblos de cultura parecida, aunque todos habían sido englobados por el imperio.

La realidad es que las distancias eran muy considerables, y la organización imperial tan compleja difícilmente hubiera podido gobernar más territorios que los que hasta ese momento estaban integrados dentro del imperio. A la muerte de Huayna Cápac , el orden incaico estaba plenamente establecido y era respetado por todos. La leyenda de su unión con una princesa quiteña con la que tuvo un hijo, el cual se enfrentó con su otro hijo, Huáscar , no tiene fundamento.

ejecutado en 1572 tras ser capturado por los españoles tras una dura guerra hispano-incaica, lo que supuso el fin de la historia de los incas.

En 1909, Bigham hizo un viaje por los Andes, con la intención de encontrar la última capital de los incas. El 9 de agosto de 1911, encontró unas ruinas llegando a la conclusión de que en Vilcabamba había dos centros señoriales: uno de poder político (Cuzco) y otro de poder religioso, después conocido como Machu Picchu en investigaciones posteriores. En él, se acogían a vírgenes arraigadas a la religión.

3. Organización política

a) El Cápac Inca

El imperio incaico desarrolló una estructura centralizada, gracias al uso sistemático de varios principios de organización política y económica como fueron: la clasificación decimal de la población, el traslado de pueblos y el uso de prestaciones de trabajo para sostener la hacienda pública. Al llegar a este punto, vemos que nunca hubo impuestos en especie.

El gobierno inca se caracterizó por el ejercicio de su poder absoluto controlado por el Çapa Inca a través de una amplia red de burocracia que alcanzaba a todos los súbditos. Las tradiciones de los grupos dominantes se respetaron en los aspectos religiosos, económicos e incluso político.

Se trataba de un estado en el que se mezclaron de forma original instituciones y formas de gobierno ‘comunista’ con un régimen monárquico y teocrático. El poder supremo residía en el Çapa Inca , y la capital de Cuzco albergaba la mayor parte de la clase dominante. A la cabeza estaba el soberano del Tahuantinsuyo, cuya autoridad era absoluta y acatada por los súbditos ya que era considerado ‘hijo del sol’. Era el dueño de todas las tierras del imperio y de la fuerza de trabajo de la población campesina.

En la base de la estructura política se hallaban los antiguos señoríos locales, organizados como las provincias del imperio. Estos estaban organizados a la manera de los cacicazgos, y su jefe o curaca era esencial para la organización de la economía, disponiendo de la distribución de los recursos productivos y de la acumulación de bienes para actividades de interés general.

Este grupo estaba ligado en su totalidad a un ser sobrenatural o huaca, que pensaban que le habría dado el origen y que era objeto de culto. La relación entre el Çapa Inca y sus súbditos, la organización de los trabajos públicos y las redistribuciones ampliaban a una escala gigantesca los principios organizativos del cacicazgo.

El imperio estructuraba las comunidades locales como mecanismo para dominar la masa sometida. A la vez establecía como clase dominante a los miembros de la etnia conquistadora y

creaba un grupo de funcionarios, los llamados yanas que estaban desarraigados de la organización étnica de los señoríos.

El Çapa Inca ejercía la autoridad suprema y al hacer la descripción de la organización política incaica, nos tenemos que detener sobre su persona y todas las instituciones que mantenían el dominio imperial de las provincias.

Éste participaba de todo lo sagrado y se le consideraba descendiente del sol, llevaba grandes orejas de oro y como símbolo de su rango, poseía la llauta o banda frontal y la Mascapaycha que era la corona del soberano inca. Se sentaba sobre un escabel puesto sobre una plataforma y, en los viajes, era trasladado en litera cuyos portadores formaban un grupo especial llamado los ‘pies del Inca’.

La etiqueta de Çapa Inca exigía que todo visitante se descalzara y se echara una carga a la espalda para indicar así la subordinación al emperador. Éste se sentaba tras una pantalla y raras veces recibía al visitante cara a cara.

No había reglas fijas de sucesión, el emperador solía escoger al hijo que considerara más apto, por lo general el hijo de la mujer principal y lo asociaba a su gobierno. Sin embargo, solía haber enfrentamientos entre los hermanos hasta que uno lograba imponerse, aunque éste no fuera hijo de la coya o mujer principal.

El hijo designado era en realidad un verdadero correinante con el padre, y siempre que su edad lo permitiera, desempeñaba funciones de gobierno. Sin embargo, era frecuente que no llegara a ostentar la Mascapaycha. Tenía que tener el visto bueno de la nobleza de Cuzco y, de hecho, las sucesiones frecuentemente fueron tumultuosas y se decidieron después de motines y conspiraciones entre los sectores de la nobleza, defendiendo cada grupo distintos intereses familiares, en unos casos condicionados por el sector que apoyaba a las madres de los pretendientes. Una vez que el heredero era reconocido y proclamado, su autoridad era indiscutible por la nobleza y el pueblo, estando este último ajeno por completo a las intrigas de la corte.

El Çapa Inca tenía una mujer principal o coya , que en un principio era hija de algún rey vecino, pero después fue la hermana del éste y se consideraba representante de la luna. Esto parece que tuvo lugar a partir del reinado de Pachacuti. La institución del matrimonio adelfogámico obedeció tal vez al afán de revitalizar el mítico origen de los hijos del sol, como descendientes de la primitiva pareja de hermanos Manco Capac y Mama Ocllo.

b) Cuzco

uno. Lo más frecuente era la división en dos partes, una alta y otra baja, como sucedía en Cuzco y en otras muchas provincias. Estas dos partes, a su vez, estaban divididas en cuatro sectores, según los cuatro rumbos del universo. La sociedad inca, en un principio contaba con diez ayllus , que encajaban en la organización de dos mitades de cinco ayllus cada uno.

  1. Otra base organizativa clasificaba las divisiones territoriales y los funcionarios que debían tener según la cuantía de la población registrada en el quipu , según una división decimal hecha previamente. Las unidades con las que contaban eran de 100 y de 10.000 personas, que a su vez se dividían en grupos de 50, de 500 y de 5. personas.
  2. Otro principio para guardar su estructura era el de trasladar la población de una parte a otra de los dominios. Este sistema fue conocido por los españoles y le impusieron el nombre de mitimaes , que consistía en que después de conquistar una provincia se establecían en ella los colonos de las regiones próximas a Cuzco o de provincias sometidas, pero siempre fieles al imperio.

De esta forma, la provincia tenía población de distinta extracción sin cohesión política. Esto dificultaba las sublevaciones y se afianzaba el poder central. Cada pueblo étnico componía una comunidad o ayllu , pero todos estaban sometidos a los poderes superiores de la provincia. Con este sistema, se conseguían fines políticos y militares, pero también tenían que ver con una tradición incaica de que una comunidad tuviera colonias en regiones de distinto nivel ecológico que le suministraran productos.

Los principios organizativos expuestos, también se aplicaban a la estructura política del Tahuantinsuyo, que estaba dividido en 4 partes, de forma que las divisiones corrían de este a oeste y de norte a sur, a partir del centro de Cuzco:

Suroeste: Contisuyo ; que corresponde al oeste y al sur de Perú.

Noroeste: Chichasuyo ; que corresponde al norte de Perú, Ecuador y al sur de Colombia hasta el río Angasmayo.

Sureste: Collasuyo ; que corresponde al sur de Perú, Bolivia y el norte de Argentina y de Chile hasta el río Maule.

Noreste: Antisuyo ; que corresponde a los Andes orientales.

Cada zona tenía un gobernador que recibía el título de Apu , que formaba el consejo en el que había un secretario que era el intermediario entre el consejo y el Cápac Inca. Cada suyu , comprendía las provincias que antes eran independientes y que se había incorporado al imperio. En algunas ocasiones, éstas se habían agrupado en dos o tres.

Cada provincia tenía su capital, generalmente llamada con el nombre de la provincia precedida de la letra H. Éstas también estaban divididas en dos partes: la parte alta y la baja, de forma que tenía mayor rango la parte alta, su representante tenía preferencia y se sentaba en el lado derecho de Cápac Inca.

Estas provincias se basaban más en el número de población que debían tener para mantener su productividad. Cada una de las provincias debía ser el asentamiento de unas 40. familias siendo importantes algunos factores que se tenían en cuenta y que constituyeron las formas más originales de tipo político-administrativo.

Cuando conquistaban un territorio se procedía a la distribución de los recursos naturales y humanos y se procuraba respetar la estructura del ayllu , que tenía propiedad de tierras comunales; aunque el Cápac Inca confiscaba un lote de estas tierras y se destinaba al mantenimiento del Estado. Otro lote se reservaba para tender a las exigencias del culto. Eran las llamadas tierras del sol y, en el ayllu , quedaba un lote que abarcaba las parcelas necesarias para el sustento de sus miembros.

Entre estos tres lotes había proporción y se seguía un criterio para hacer la distribución. Se aseguraba la autosuficiencia de las comunidades, pero las necesidades de consumo de estas se reglamentaban y se mantenían en un nivel mínimo, lo que permitía que la extensión de los otros grupos de tierra fuera considerable. Esta era una exigencia impuesta por la cantidad de recursos que absorbía el sustento del Estado, el de las élites religiosas y los cultos que dependían de las explotaciones de esas tierras cuyo cultivo estaba confiado al trabajo de las comunidades que tenían que prestar su servicio en trabajo.

Por otra parte, existía otro tipo de tierra que se podía considerar como de propiedad privada, que eran las patrimoniales de los nobles y del Cápac Inca , que trasmitían a sus respectivas familias o panacas , y que eran explotadas por poblaciones de yanas.

En las provincias, la máxima autoridad estaba representada por un gobernador o tocricoc , cuyas funciones, aunque eran esencialmente administrativas, también tenían aspectos políticos

estaban encomendados. Estos capataces eran nombrados por los curacas y su puesto no era hereditario. Con este nombre también se designaba a otros funcionarios, que llevaban delante de camayoc distintos epítetos, que indicaban la función encomendada, como por ejemplo, el contador de censos o el administrador de los almacenes del Estado.

  • La administración de justicia

La administración de justicia, carecía de un cuerpo especial de funcionarios, de forma que los gobernadores y curacas actuaban también como jueces, aunque para las causas graves, iban directamente al gobernador provincial o al mismo emperador, que era el único que podía imponer la pena de muerte.

El juicio tenía lugar en presencia de todos los testigos y la acusación. La sentencia se dictaba y se ejecutaba sin dilación y sin derecho de apelación. Los castigos eran distintos, siendo la pena del noble, superior a la del plebeyo, de forma que podían recibir desde la muerte, hasta castigos físicos, siendo frecuente las reprimendas públicas, la pérdida del puesto para los funcionarios y el destierro. Una pena típica incaica era la hihuaya o piedra pesada, que consistía en hacer caer una piedra sobre la espalda del condenado desde la altura de 1 vara, lo que frecuentemente lo mataba.

La pena de muerte solía ser por apedreamiento, colgándolo de los pies, despeñándolo, o aporreándole la cabeza. Otra forma de ejecución era introducir al condenado en un calabozo lleno de fieras y serpientes. El encarcelamiento no se usaba como castigo sino solo para encerrar a los acusados hasta el momento del juicio.

Los crímenes más graves eran los cometidos contra el Estado, y por tanto, los castigados lo eran con mayor severidad. Se consideraban delitos que tenían pena de muerte, robar en las tierras del Cápac Inca , quemar un puente o romper las conducciones de agua.

Los curacas que haciendo ostentación de sus antiguos derechos, imponían la pena de muerte sin la autoridad del Cápac Inca , eran condenados a la pena de la piedra, o directamente a muerte si eran reincidentes.

En caso de adulterio, los plebeyos eran torturados, pero si la mujer era noble, los dos miembros de la pareja eran condenados a pena de muerte. Otro delito que se condenaba a pena de muerte era el homicidio o el atentar contra los bienes comunales. El robo se penaba normalmente con el destierro, a menos que el que lo realizara fuera un indigente, que solo recibía una reprimenda.

  • El ejército

Otro de los sostenes del imperio incaico era el ejército, que desempeñaba un papel esencial, ya que la guerra fue el medio principal para la expansión del imperio. Las fronteras necesitaban vigilancia y defensa constante, por ello era frecuente que en ellas se construyeran fortalezas. Además de en el exterior, el ejército era el órgano de dominio interior, ya que había fuertes y guarniciones en distintos puntos que se encargaban de mantener el control sobre los pueblos sometidos.

La gran masa de los guerreros eran plebeyos, reclutados en las distintas comunidades y organizados en escuadrones según su procedencia. Mientras estos hombres estaban en el ejército, en sus lugares de origen, sus tierras eran cultivadas por otros miembros de la comunidad, ya que el servicio militar era comparable a la prestación de trabajos forzosos en la organización económica.

Esta prestación en el ejército, era asignada a algunos individuos señalados e incluso a comunidades enteras. La instrucción militar dentro de las comunidades se impartía por jefes locales que eran también los encargados de seleccionar a los jóvenes más idóneos para el ejército, aunque algunos grupos constituían fuerzas militares permanentes, como los cañaris o chachapoyas , que estaban establecidos en Cuzco como guardias personales del Cápac Inca.

De los grados superiores del ejército no tenemos buen conocimiento. Se supone que en la fortaleza de Sacsayhuamán , estaba el centro de la organización militar, mientras que en las provincias y fronteras había fortalezas donde había guarniciones militares.

Los jefes del ejército ostentaban distintos grados según la organización decimal del número de soldados que tenían a su mando. Los jefes de grupos de 10 a 50 soldados eran de origen plebeyo, de las distintas comunidades. Los oficiales de mayor categoría, estaban libres de hacer otras prestaciones, recibían dotaciones de los almacenes estatales y podían transmitir su puesto por herencia.

Los grandes jefes del ejército generalmente eran del grupo del Cápac Inca. No está claro si estos jefes constituían una jerarquía militar permanente, a parte de los funcionarios de la organización provincial, o si eran estos mismos los que actuaban como autoridades militares.

Cuando se preparaba una campaña militar, desde Cuzco, el Cápac Inca mandaba llamar a los funcionarios que tenía en las provincias que venían como consejeros, y le informaban de qué pobladores se habían distinguido como valientes para nombrarlos oficiales del ejército. No había uniformes, y los guerreros se adornaban con insignias que mostraban su rango y sus hazañas. Solían llevar planchas de metal en la frente o en el pecho, y el cobre, la plata y el oro indicaban su graduación.

Las tierras y los rebaños de esa nueva provincia se distribuían entre las comunidades, el Estado y los templos. Los caciques o jefes de las regiones conquistadas se incorporaban a la administración incaica como curacas. En este momento, sus hijos debían ir a residir a Cuzco, junto con las huacas , donde eran bien tratados pero considerados como rehenes mientras se les educaba en la cultura inca, con la idea de que estuvieran adoctrinados cuando sucedieran a su padre.

Las huacas de los señoríos eran llevadas a Cuzco, al mismo tiempo que en la provincia, se introducía el culto al sol, se construían templos y conventos de mamaconas. El hecho es que la intervención directa del gobierno central en los aspectos fundamentales de la vida de las provincias es quizás el rasgo más sobresaliente de la organización imperial incaica.

3. Economía

a) Control de recursos

La regulación de la economía era una de las principales funciones del régimen incaico. El gobierno organizaba la producción mediante el control de los recursos fundamentales, especialmente tierras y trabajos. El hecho es que los pueblos de los Andes encontraron en el desarrollo de la agricultura la base fundamental de su subsistencia y su economía. Estuvieron sujetos a condicionamientos difíciles de superar porque la geografía le imponía serios obstáculos, pero los incas consiguieron vencerlos, a pesar de que nunca dispusieron de una tecnología muy avanzada.

Los incas ocupaban un espacio en el que la estructura geomorfológica del eje de la cordillera determinaba una extraordinaria diversidad de clima y suelo, más fáciles de articular entre sí, en el sentido de la longitud que de la latitud. A pesar de que esto supone pasar en instancias relativamente cortas de las tierras calientes de la costa a las heladas de la cima de la cordillera, hay niveles de ocupación humana que pueden alcanzar hasta los 5.000 m sobre el nivel del mar.

Esta diversidad de tierra y clima es un obstáculo difícil de superar, pero que también permite que haya gran variedad de especies vegetales, algunas específicamente andinas, como la papa, que propició que hubiera altas concentraciones de población.

La ocupación permanente del suelo fue posible también gracias a la ganadería, en especial, de auquénidos. Por otra parte, la utilización y el aprovechamiento de otros tubérculos, ayudó a la sedentarización de este pueblo, aunque el agotamiento de la tierra, imponía a veces el sistema de barbecho con largos periodos de descanso.

El clima, con fuertes oscilaciones de temperatura, facilitó la conservación de la base de la subsistencia, la patata, de la que se conservaban miles de variedades distintas. Las fuertes heladas nocturnas entre mayo y septiembre, permite que las cosechas fueran aprovechadas de forma que en los niveles de 4.000 a 5.000 m de altitud, la patata fuera sometida a un proceso de congelación, en el que se aletarga con la deshidratación y sostiene el chuño, que se puede conservar durante mucho tiempo como alimento de reserva.

En escalones inferiores, en torno a los 3.000 m y excepcionalmente 4.000 m como en el lago Titicaca, se cultivó el maíz junto con otras gramíneas. Pero en toda el área andina, se desarrolló una agricultura de irrigación que llevaría importantes obras de ingeniería para el aterrazamiento de la tierra, la construcción de complejas redes de conducción y el almacenamiento del agua.

El maíz se cultivaba de forma elemental con una herramienta, la chaquitaclla , que era una especie de arado impulsado por el pie humano. Esto permitió que el pueblo tuviera un alto valor en calorías, proteínas y minerales, de forma que se convirtió en el alimento básico de los súbditos que trabajan en la construcción, no siendo solo consumido por las élites. Este mismo carácter llegó a tener otra planta arbustiva, que era la coca, que requiere condiciones especiales del clima, el suelo y la tecnología, así como su posterior preparación para el consumo.

Hemos dicho anteriormente que el gobierno organizaba la producción mediante el control de los recursos fundamentales que eran las tierras y los trabajos. Todas las prestaciones que se hacían al Estado se hacían en trabajo, de forma que no había tributo en especies y no existía el dinero ni otro tipo de bienes que se utilizara como medio de pago.

Como consecuencia, se llevaba un control de la tierra y los trabajadores para lo que se necesitaban registros detallados que se llevaban en quipu. La acumulación de producto que recibía el Estado, precisaba de grandes almacenes con inventarios detallados, también en quipu, y la distribución de los productos se afectaba dentro de las comunidades o mediante la redistribución de los bienes acumulados por el Estado. Todas estas actividades, requerían numerosos funcionarios para administrar la producción, el almacenamiento y la distribución.

La tenencia de la tierra se basaba en el dominio supremo del Cápac Inca , de forma que podían hacerse concesiones de tierra o expropiar a rebeldes y malhechores.

b) Tierra del Sol, del Cápac Inca y de las comunidades

Se suele hablar de tres tipos de tierra: la del Sol, la del Cápac Inca y las de las comunidades o ayllus. A su vez, cada uno de estos tipos, comprendía varias comunidades de tierra.

Las tierras del Sol eran de menor extensión que las del Estado, aunque se dice que eran las más fértiles. En ellas también había almacenes para guardar su producto. Las instituciones religiosas más prestigiosas como los Templos del Sol, del Rayo o de la Luna, poseían sus propios cultos, y los templos de provincia también estaban dotados de tierra. Las tierras del Sol o de la religión, como las del Estado o del Cápac Inca , estaban cultivadas por mitayos y yanas.

c) Rebaños y pastos

A la vez que había propiedades en tierras de cultivo, también las había en rebaños y pastos, que en su origen eran recursos del Cápac Inca , que podía entregar por mercedes, y su distribución confirmaba la situación existente en la tierra. De estos rebaños también se hacían redistribuciones, tras la conquista de nuevas provincias. Incluso la ganadería se extendió, a regiones donde antes no existía.

Los rebaños y pastizales, también se dividían en tres categorías, hacinadas al Estado, a la religión y a las comunidades.

Los animales que estaban bajo el dominio del Cápac Inca , podían ser destinados a abastecer las necesidades del Estado, o ser destinados a los panacas , a los curacas o a los funcionarios, siendo posible heredarlos con lo que se convertían en propiedad del linaje.

El ganado estaba al cuidado de pastores yanas o bien de pastores que tenían que prestar un servicio rotatorio. La lana se guardaba en los almacenes reales y se distribuía entre todos los hogares campesinos, tuvieran o no animales propios. A cambio, estos hogares, tenían que entregar la lana trabajada en forma de vestido periódicamente.

Los rebaños de la religión pastaban en lugares asignados a los santuarios, las huacas o casas de mamaconas estando al cuidado de pastores yanas.

Finalmente, el ganado de las comunidades pastaba en lugares comunes, aunque cada individuo podía tener en propiedad hasta 10 animales. Solían estar al cuidado de adolescentes, y puesto que entre los incas solo se daban prestaciones en trabajo, los animales no estaban sujetos a ningún gravamen.

Además de estos usos utilitarios, gran número de animales se destinaban al sacrificio.

d) El trabajo

El trabajo en la organización incaica, estaba organizado en dos niveles fundamentales:

  1. El trabajo que prestan los plebeyos, que vivían en grupos domésticos integrados en las comunidades de ayllus.
  2. Las prestaciones en trabajo dadas por los plebeyos a la organización estatal y el trabajo de los servidores perpetuos, yanas y acllas , que formaban parte del grupo incaico.

En los hogares plebeyos, había fundamentalmente gente dedicada al cultivo que atendía sus múltiples necesidades, como eran proveer su propio vestido, tocados y calzado, y además, construir su propia vivienda. Dentro del hogar, el cultivo era una actividad masculina, aunque las mujeres trabajaban en la siembra y la cosecha.

Las mujeres tenían variadas actividades y los cronistas dicen que eran las que más sabían de todo. El hilado y el tejido eran principalmente tareas femeninas, de forma que la mujer hacía la ropa necesaria para su familia utilizando materia prima propia, principalmente lana, así como la lana que se le entregaba de los rebaños de la comunidad o del Estado. Esta última se repartía entre todas las familias para que tejieran su propia ropa y un vestido que tenían que entregar anualmente al Estado. Igual que la lana, parece que también el algodón se distribuía de forma semejante.

Los jóvenes ayudaban en el pastoreo de la comunidad y a la vigilancia de las chacras. Y los viejos se ocupaban de la administración local y como curanderos, de forma que todos los miembros de la sociedad incaica tenían su obligación.

Estas especializaciones estaban limitadas por la geografía, porque no en todas partes se daban los mismos productos.

El pastoreo también tenía limitaciones ambientales; de oficio se mencionan alfareros, metaleros, carpinteros, tejedores, salineros, carboneros, canteros, albañiles, pintores, banqueros, contadores, tañedores y curanderos, pero estos oficios no exigían una dedicación plena, sino que podían coexistir con el cultivo temporal.

Todos estos oficios estaban relacionados con el trabajo, y el hogar campesino recurría a otros miembros de la comunidad mediante el intercambio de trabajo. El ayni consistía en el cambio recíproco de trabajo individual y la minga en el trabajo común, en la chacra de un campesino o bien en la construcción de una casa.

Las parcelas de los viejos o impedidos se cultivaban en común, así como la del curaca local. No se trataba de una organización comunitaria, sino de un sistema ajustado a una economía estatal.