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Asignatura: anguita, Profesor: Pablo Martínez de Anguita, Carrera: Ciencias Ambientales, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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en tomar decisiones técnicas de optimización sobre un marco previamente establecido. En la actualidad este marco no es fácil de definir. La participación de grupos de interés como pueden ser las asociaciones ecologistas con distintas perspectivas econó- micas, políticas y éticas a las tradicionales en el aprovechamien- to de un monte, y la extensión de la problemática ambiental has- ta transformar la tradicional gestión forestal en una gestión am- biental requieren un marco más amplio para los ingenieros. En la actualidad, un ingeniero de Montes que no pueda enmarcar su toma de decisiones en un contexto global corre el riesgo de que- darse anclado en el pasado. De ahí la importancia de ampliar la toma de decisiones, y por extensión la futura formación de los profesionales forestales y ambientales a marcos decisionales glo- bales. El presente artículo propone un modelo para clarificar la jerarquía de decisiones que se toman o se podrán tomar en rela- ción a las cuestiones ambientales.
Pablo Martínez de Anguita Dr. Ingeniero de Montes. Profesor de Medio Ambiente y Sociedad. Universi- dad Católica de Ávila. (pablo.marti- [email protected])
Filosófica
Ética
Política
Técnica
Económica
Tradicionalmente, el Ingeniero de Montes trabaja en gran medida en el ámbito técnico. La elaboración y el cumplimiento de planes venían dado por objetivos muy claros y ya establecidos. Su labor era por lo tanto meramente técnica. A lo sumo, el Ingeniero podía te- ner ciertas competencias de decisión económica en aquellos casos en los que debía optar entre varias al- ternativas de uso para un monte. Si alguno llegaba a la esfera política sus decisiones podían basarse casi exclusivamente en su experiencia técnica. No es raro todavía hoy escuchar cuestiones tales como «¿por qué no me dejan hacer mi trabajo los ecologistas si yo soy el profesional y por lo tanto el que decide sobre lo que se debe hacer en el monte? o ¿qué tienen que ver los grupos de interés en la gestión de un monte públi- co?» Esta pregunta puede ser contestada sólo si se considera el ámbito social en toda su extensión como marco de referencia para la toma de decisión. El presente trabajo intenta arrojar luces sobre como integrar todas las variables técnicas, económicas, y sociales, dividiendo este último ámbito en los campos político, ético y filosófico que necesariamente inciden siempre en cualquier toma de decisiones sobre una cuestión ambiental.
La tecnología
El primer marco decisional es el técnico. La crisis ambiental del planeta tiene hoy en día varias caracte- rísticas, entre ellas, la de ser común y global, si bien afecta de diverso modo a distintas actividades, secto- res y poblaciones. El agotamiento de los recursos amenaza nuestros niveles de vida y el deterioro cre- ciente del medio natural incide en nuestra calidad y forma de vida evidenciando así la fragilidad de nues- tro modelo de desarrollo. Ante tal situación la elabo- ración de nuevas tecnologías, entre ellas la ingeniería ambiental fueron consideradas como la solución que el problema requería y de hecho aún son muchos son los que todavía creen que el problema ambiental pue- de ser resuelto exclusivamente con instrumentos téc- nicos o de gestión. Estos instrumentos básicos para el análisis, el estudio y corrección de problemas incluirí- an entre otros junto con la ingeniería ambiental pro- piamente dicha a.- La evaluación de impactos ambientales b.- Las auditorías ambientales c.- La gestión ambiental de las empresas: ubicación de la actividad y su entorno, balances ecológicos y medioambientales de la industria... d.- Los proyectos de ingeniería realizados con tecno- logías limpias e.- La gestión de los recursos naturales, y dentro de ellos la ingeniería de Montes
Algunos autores^1 plantearon que la sustitución –me- canismo mediante el cual los recursos y tecnologías cambian y se suceden en el tiempo- y la mejora tec-
nológica supondrían la solución al problema ambien- tal, sin necesidad de establecer límites al crecimiento económico. Cuando un recurso se agota, mediante los mecanismos de sustitución -básicamente el precio- utilizaríamos otro. Cuando un proceso contaminara, la demanda de limpieza - el mercado -se encargaría de minimizar la contaminación mediante la existencia de empresas descontaminantes. La historia es garantía para estos autores optimistas de que en el futuro la sustitución y la tecnología producirán el bienestar de- seado. Sin embargo no todos los analistas piensan igual. Ante el planteamiento de que la tecnología avanzará siempre más rápido que la gravedad de los problemas, la crítica más incontestable que se puede hacer a dicho planteamiento optimista es que este se basa más en la esperanza de que así sea que en el análisis razonado de los hechos a la vista de la situa- ción del planeta. Las Reales Academias de Ciencias Americana e Inglesa contestaron a este planteamiento afirmando de forma pesimista – y desde un análisis más ecológico que económico del problema - que si « las predicciones actuales de crecimiento de pobla- ción asociadas a sus pautas de consumo se muestran correctas, la ciencia y la tecnología no serán capaces de prevenir ni la irreversible degradación del medio ambiente ni la pobreza creciente del planeta». La tecnología ambiental, además de aportar solucio- nes concretas a los problemas ecológicos, abrió un nuevo debate. Hasta la fecha, las tecnología ambienta- les han mejorado considerablemente y sin embargo hoy se vierte más dióxido de carbono a la atmósfera que nunca, los bosques tropicales siguen desaparecien- do y cada vez es más numeroso el número de especies extinguidas. Si el problema ambiental no fuera exclusi- vamente de índole mecánica, es decir, si éste no pudie- ra resolverse únicamente con el conocimiento de la mecánica de la naturaleza –ecología- y de nuestros arti- ficios – tecnologías como la ingeniería ambiental- sería necesario incluir nuevos elementos para el análisis de la problemática ambiental. Pero ¿dónde encontrarlos?
La economía
El elemento que se sugirió en primer lugar fue la ciencia económica. La economía aporta nuevas solu- ciones al debate ambiental, introduciendo el concep- to de eficiencia para lograr unos objetivos concretos a partir de unos recursos escasos. La economía plantea una estrategia inteligente: proteger el medio ambiente con un coste económico mínimo. Algunos autores ba- sados en que la experiencia demuestra que los países ricos, a medida que prosperan terminan elevando al- gunos de sus estándares ambientales 2 han pretendido hacer de la naturaleza, la tecnología y la ecología ob- jetos de la economía. Suponiendo que no se va a con- seguir un cambio voluntario de los estilos de vida, los economistas confían en los mecanismos económicos como alternativa y proponen distintas alternativas pa- ra la solución del conflicto ambiental. La economía verde propone el mercado como solu-
(^1) (MAS COLELL, 1994) 2 (CAIRNCROSS 1996)
segundo caso la negociación se plantea como solu- ción óptima ya que lleva a una situación en la que to- dos ganan a través de la comprensión mútua en el pri- mer caso o en la que cada parte satisface parcialmen- te sus intereses a través del compromiso en el segundo. Sin embargo, este modelo político falla cuando para alguna de las partes motivada por unos principios inamovibles, el compromiso se vuelve ina- ceptable. La aparición de diferencias no negociables – o al menos aparentemente no negociables – también impi- de hallar en la ciencia política una solución última y definitiva a los conflictos. Esta conlleva necesariamen- te a la distinción entre principios e intereses, entre acuerdos de principios y consensos entre intereses, y los principios tienen su origen en las motivaciones fundamentales por las que se rigen las personas. Ni la economía ni la política dan explicaciones al origen de los principios, sólo las distintas filosofías sugieren un marco antropológico en el cual las personas descu- bren o intentan descubrir su identidad.
La ética
La lógica de los principios transciende la de los in- tereses, así pues, no queda más remedio que abordar la cuestión de los principios, si se pretende hallar una solución global ante un problema global como es el ambiental. Un problema ambiental que no profundice hasta su dimensión moral y antropológica no es capaz de establecer el marco completo que requiere la reso- lución del conflicto. Raquel Carson, culpaba del deterioro ambiental en su libro «La primavera silenciosa» a la voluntad ilimi- tada de poder del ser humano. La creencia – surgida en la modernidad - de que todo lo que el ser humano decidía era en sí mismo lo mejor, por haber sido fruto de una voluntad libérrima^12 fue culpada del desastre ambiental y, frente a esta posición, surgió una ética ecologista basada en la primacía de la conservación del orden ecológico. La naciente ética ecologista esta- blece la necesidad de transcender los criterios de bie- nestar antropocéntricos ya que « un sistema de conser- vación basado exclusivamente en intereses económi- cos está irremediablemente condenado al fracaso ya que la mayor parte de los miembros de una comuni- dad biótica no tienen valor económico» (LEOPOLD,
1949, en La ética de la tierra). La ética de las relacio- nes con la naturaleza y el respeto a lo creado, fueron definidos como elementos necesarios sobre los cuales establecer principios irrenunciables. Dada la diversidad de principios irrenunciables apa- rentes basados en un sistema ético, se hace necesario poderlos someter a algún tipo de juicio para encontrar elementos que los validen o no. La ética es conse- cuencia de la concepción antropológica y filosófica que se tiene. La filosofía, y dentro de ella la antropo- logía amplía la respuesta a los problemas ambientales al pretender contestar quién o qué es el hombre y quién o qué es el planeta y cual es la naturaleza de la relación entre ambos. La ética se deriva pues, de la coherencia entre las respuestas halladas en la primera con las acciones llevadas a cabo por las personas. La ética por lo tanto, tampoco es el último lugar donde puede resolverse la cuestión ambiental. Es necesario conocer los sistemas filosóficos en los que se apoyan los valores éticos.
La filosofía
Si en el campo de la tecnología, la economía y la política han surgido distintas opciones opuestas, no es de extrañar que en el terreno filosófico también se planteen distintas alternativas. Dos sistemas filosóficos tienden principalmente a oponerse al discutir sobre la posición del hombre en la naturaleza: ésta puede ser antropocéntrica o biocéntri- ca. El antropocentrismo tiene su origen en la voluntad de dominio que caracteriza la sociedad industrial eu- ropea, y cuyo objetivo final el de liberar al hombre disminuyendo su dependencia de la naturaleza y con- siguiendo objetivos biológicamente no imprescindibles para la supervivencia^13. El biocentrismo tiene su ori- gen en Leopold, quien abre una nueva vía que se en- frenta radicalmente a la concepción antropocéntrica
(^12) (BELLVER, 1997) (^13) (KOSTKA et al 1997). (^14) La posición biocéntrica se conformó definitivamente en 1979, momento en el que la tierra es observada a través de una serie de fotografías desde el espacio por primera vez, A raíz de éstas, el geólogo James Lovelock (1979) en Hipótesis Gaia recu- pera la idea de madre tierra (Gaia), y la define como “un sujeto vivo, consciente y capaz de sentir« puesto que “es la vida la que fabrica en gran medida su propio ambiente”. Frente al an- tropocentrismo fuerte y destructor, las distintas formas de bio- centrismo o de la “ deep ecology” afirman la prioridad de lo vi- tal. Como consecuencia de ello, se reivindica un cambio de conciencia que ayude a encontrar nuevos criterios de progreso, eficiencia y acción racional (VELAYOS, 1997). En los principios que ahora se plantean, ya no tiene sentido aquellos que partían de la exclusividad del ser humano o sus relaciones sociales.
Figura 1
Solidaria
Realista
Coherente
Correcta
Eficiente
Eficaz
Filosófica
Ética
Política
Técnica
Económica
dominadora o fuerte: «La Conservación no va a ningu- na parte, porque es incompatible con nuestro abrahá- mico concepto de la tierra. Abusamos de la tierra por- que la miramos como si nos perteneciera. Si la miráse- mos como una comunidad a la que pertenecemos, empezaríamos a utilizarla con amor y respeto». En sus versiones menos extremas, el primero resalta la centralidad del ser humano en todas sus actuacio- nes mientras que el biocéntrico afirma el valor intrín- seco de todas las cosas sobre la tierra. En las versiones extremas de ambas posturas, el antropocentrismo con- sidera que el individuo es lo único importante en el mundo y en consecuencia todo lo demás no tendría más que un valor instrumental mientras que el bio- centrismo extremo (FOX, 1984) iguala la especie hu- mana a cualquier otro negando el valor de la indivi- dualidad humana^14. Entre el biocentrismo más extre- mo que propugnan un igualitarismo entre el hombre y el resto de las especies y el antropocentrismo fuerte surgen posturas intermedias tales como el antropocen- trismo débil que reconoce la centralidad del ser hu- mano en todas sus decisiones sin que ello implique la reducción de todo lo demás a puro instrumento o un biocentrismo que también puede llamarse débil que afirma que la naturaleza no agota su ser en su fun- ción, de lo cual se deriva la importancia de preservar un orden que el hombre ha encontrado y le ha prece- dido en lugar de considerarse a si mismo último tribu- nal de sus acciones. Pero ¿con qué sistema filosófico se han de alcanzar mejores resultados en la conservación el planeta? Si el antropocentrismo no tenía más ética con la naturaleza que la dominación con el objetivo de mejorar el bie- nestar humano, al biocentrismo se le puede achacar junto a la dificultad que presenta para traducirse en una doctrina positiva, que tampoco es capaz de acla- rar la posición del hombre en el ecosistema. Encontramos así paradigmas enfrentados. Para el biocentrismo el norte ético de las actitudes hacia la naturaleza le es dado al hombre por una realidad ex- terna a él –el ser humano está hecho para conservar la integridad del ecosistema-, si bien no es capaz de en- contrar respuesta que justifique la singularidad huma- na en el ecosistema. En el antropocentrismo, la singu- laridad se convierte en norte ético si bien no encuen- tra otra razón de ser que la persona como respuesta última de sus actividades. Ambas posturas quedan jus- tificadas en función de realidades alternativas y exclu- yentes cuyo origen común no se plantea o no encuen- tra respuesta: Las preguntas de para qué conservar el ecosistema queda respondida en el segundo sistema -conservar para el hombre- pero no en el primero. La pregunta de para qué está hecho el hombre al segun- do queda respondida en el primero –ser hombres para conservar– pero no en el segundo. Esta dicotomía nos lleva a su vez a buscar en un ni- vel aún superior la respuesta. Las filosofías y las éti- cas parten de la observación parcial de realidades concretas que se generalizan. Así pues, para encon- trar solución a la crisis ambiental del análisis del pro- blema ambiental debemos analizar el punto de parti- da: la observación del problema en todas sus dimen- siones
La consideración global del problema
Si la razón es apertura a la realidad en todos sus sentidos, el análisis razonable de la suma de factores y posiciones de partida puede aportar más datos que el mero consenso entre posturas enfrentadas o la op- ción por una filosofía en exclusiva. La pregunta sobre el sistema filosófico que mejor responde a la proble- mática ambiental se podría transformar en cómo de- ben de ser sumados todos los elementos de observa- ción o de partida de las filosofías - los datos- de ma- nera que puedan ser integrados en un esquema siempre abierto a la posibilidad no excluyente de nue- vo datos y realidades. Esta observación cuidadosa de toda la realidad, ecológica, técnica, política, ética filosófica y por últi- mo ontológica podría establecer el mejor marco para la resolución de los problemas ambientales. Así pues, la consideración no excluyente de todos los puntos de vista de una realidad única en su ser –una única Tie- rra- y diversa en su observación –diversidad de crite- rios y planteamientos– es el marco mas amplio en el que pueden dibujarse las mejores soluciones al pro- blema ambiental. Esta consideración no es otra cosa que la definición de solidaridad: la mirada común a través de otros ojos, de todos los ojos, que es capaz de abrazar y considerar unitariamente todas las situa- ciones en un objetivo común: vivir en la tierra. Si la solidaridad es capaz de trascender la mirada propia, entonces también tiene la posibilidad de trascender el ámbito del individualismo económico y político -invi- tando a trabajar con otros, más que para otros- y te- niendo por lo tanto la capacidad de encontrar solu- ciones más razonables a los problemas. La solidaridad es el marco más razonable de trabajo, y el que permi- te abordar cada una de las soluciones propuestas en su dimensión óptima.
El Ingeniero ambiental un eslabón dentro de la ca- dena de posibles soluciones. Esto no debe ser olvida- do, pues su trabajo tendrá sentido, será útil, si éste se enmarca dentro de un correcto esquema económico, político, ético y filosófico. De acuerdo con la figura 1, el trabajo técnico del ingeniero es el último marco y más concreto en el que aplicar soluciones a la crisis ambiental. Una solución técnica ha de ser viable económica- mente y ha de exigírsele que sea eficaz. Fuera del cír- culo económico no se puede plantear una solución técnica viable en el tiempo y la condición para la elección económica ha de ser que la opción tomada resulte más eficiente que cualquier otra alternativa. El criterio respecto al cual es definida la eficiencia no viene dado por la esfera económica, viene determina- da por la política o marco social en el cual se bus- quen las soluciones. De este modo una solución eco- nómica ha de ser socialmente aceptada. Si la solución económica no está enmarcada dentro de un marco político en la que se acepta dicha decisión, el proble-
Entender todas las variables y sistemas jerárquicos de toma de decisiones puede ayudar a un Ingeniero de Montes, y por extensión todos los dedicados a las cuestiones ambientales a comprender mejor el marco y por lo tanto el alcance de sus acciones y solucio- nes. La ampliación en los estudios de los Ingenieros en la comprensión de las herramientas económicas, políticas, éticas y filosóficas que necesitarán para en- frentarse a marcos decisonales generales relaciona- dos con las cuestiones ambientales podría ayudarles a no quedarse en meros ejecutores técnicos de las so- luciones.
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