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esofago de barret, neoplasias de esfogago y esofagitis
Tipo: Resúmenes
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Los desgarros de Mallory- Weiss son laceraciones longitudinales (de milimetros a centímetros de longitud) en la unión GE asociadas a los vómitos intensos, a menudo en relación con una intoxicación alcohólica. Normalmente se produce una relajación refleja del EEI previa a la onda antiperistáltica asociada a los vómitos; cuando estos son prolongados, esta relajación no se observa y esto determina la distensión y el desgarro del esófago. Los pacientes debutan de forma típica con hematemesis; hasta el 10% de las hemorragias digestivas altas se asocian a este tipo de desgarros. Los desgarros de Mallory-Weiss no suelen resultar mortales; cicatrizan con rapidez, en general sin necesidad de cirugía. Por el contrario, el síndrome de Boerhaave es mucho menos frecuente, pero más grave, y se debe a una rotura transmural del esófago distal con una mediastinitis grave; es típico que se necesite una intervención quirúrgica.
El epitelio esofágico puede sufrir lesiones por diversos agentes: alcohol, ácidos o álcalis corrosivos, líquidos demasiado calientes y tabaquismo intenso. Los comprimidos que se quedan atascados y se disuelven en el esófago pueden ser también causa de esofagitis; entre las causas yatrógenas se encuentran la radioterapia, la quimioterapia o la enfermedad de injerto contra anfitrión (EICA). En algunas ocasiones el esófago se afecta por trastornos descarnativos sistémicos o por la enfermedad de Crohn (EC). Las infecciones se producen con más frecuencia en los anfitriones inmunodeprimidos y entre ellas están las producidas por los virus del herpes simple (VHS), el citomegalovirus (CMV) o los hongos (sobre todo Gandida). Los principales síntomas son dolor y disfagia (dolor con la deglución); en los casos graves y/o crónicos se puede observar hemorragia, estenosis o perforación.
La morfología depende de la etiología. Los infiltrados de neutrófilos densos son los más frecuentes, aunque las lesiones químicas pueden ocasionar inicialmente necrosis sin inflamación. Cualquier ulceración epitelial se acompaña de tejido de granulación y, al final, de fibrosis. La candidiasis, cuando es grave, se asocia a unas seudomembranas adherentes blanquecino-grisáceas constituidas por hifas de hongos densamente agregadas y células inflamatorias. Los virus del herpes producen típicas úlceras excavadas, mientras que el CMV cursa con ulceraciones más superficiales en las que se reconocen las características inclusiones víricas. Las lesiones asociadas a la EICA esofágica o los trastornos ampollosos se parecen a sus equivalentes cutáneos.
El reflujo del contenido gástrico es la principal causa de esofagitis; el cuadro clínico se denomina enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).
La ERGE es más frecuente en adultos mayores de 40 años; entre los síntomas se encuentran disfagia, pirosis y regurgitación del contenido gástrico hacia la boca. Las complicaciones del reflujo de larga evolución son ulceraciones, hematemesis, melenas, estenosis o esófago de Barrett.
Los adultos consultan por impactación alimentaria y disfagia; los niños debutan con intolerancia alimentaria y síntomas parecidos a la ERGE. El rasgo histológico fundamental es la existencia de gran cantidad de eosinófilos intraepiteliales. La mayoría de los pacientes presentan alguno de los diversos trastornos atópicos, y el tratamiento del trastorno esofágico incluye restricciones en la dieta y/o corticoesteroides.
Existen venas tortuosas dilatadas en la submucosa esofágica distal y gástrica proximal; se reconoce una protrusión luminal irregular de la mucosa suprayacente con ulceración superficial, inflamación o coágulos de sangre adheridos.
Las varices están presentes en casi la mitad de los pacientes con cirrosis; no producen clínica hasta que se rompen y producen hematemesis (50-80% de los pacientes con varices). Entre las causas de la rotura se encuentran una erosión inflamatoria, un aumento de la presión venosa y una elevación de la presión hidrostática en relación con los vómitos. La hemorragia se puede tratar mediante escleroterapia, taponamiento con balón o ligadura con banda. Hasta la mitad de estos pacientes fallecen durante el primer sangrado, bien desangrados o por un coma hepático; en los supervivientes existe un riesgo de recaída del 50% durante el primer año con la misma mortalidad.
El esófago de Barrett es una complicación de la ERGE crónica y se caracteriza por metaplasia intestinal de la mucosa escamosa esofágica. Se produce aproximadamente en el 10% de los individuos con una ERGE crónica; el paciente característico es un hombre de raza blanca de 40 a 60 años de edad. El esófago de Barrett se asocia a un aumento del riesgo de adenocarcinoma de esófago; cada año se detecta una displasia preinvasiva en el 0,2-2% de los pacientes con esófago de Barrett.
El diagnóstico se debe confirmar rnacroscópicarnente (endoscopia) y mediante biopsia; cuando se identifica, se realiza una endoscopia de control periódica para descartar displasia o malignidad evidente. Cuando existe una displasia de alto grado rnultifocal (con alto riesgo de progresión) o un carcinoma, será precisa la esofagectornía, aunque se están empleando otras opciones más novedosas (ablación con láser, tratamiento fotodinárnico).