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lámina con la descripción breve del espacio y estructura en la arquitectura
Tipo: Apuntes
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La estructura y el espacio constituyen parte de los medios de la arquitectura. Un edificio se aguanta gracias a su estructura. La estructura también desempeña un papel en la organización del espacio en lugares. La relación entre espacio y estructura no siempre es simple y directa, sino que puede ser abordada de diferentes maneras. Existen dos actitudes opuestas: La primera consiste en dejar que sea la estructura la que defina los lugares que uno quiere lograr, mientras que la segunda opta por definir primero los lugares y forzar luego a la estructura adaptarse a ellos. De ahí surgen tres tipos generales de relación entre espacio y estructura: el orden estructural dominante, el orden espacial dominante, y la relación armónica entre ellos, caracterizada por la concordancia entre ambos órdenes. En la historia de la arquitectura ha habido adalides de esas tres relaciones, como tendemos ocasión de ver en los ejemplos siguientes. También ha habido seguidores de cuarto tipo de relación, en el cual la organización espacial es independiente de la estructural, razón por la cual ambas pueden coexistir, cada una obediente a su propia lógica, por lo tanto, de las posibles coacciones impuestas por la otra. Como hemos visto en el capítulo La geometría de la arquitectura, con relación a “la geometría de fabricación”, la estructura tiende a adaptar sus propias geometrías. Cuando en ese mismo capítulo hablábamos de “la geometría del ser” y de la “geometría social”, veíamos que los objetos y la gente, individualmente y en grupos, definen sus propias geometrías. En arquitectura la relación entre esas geometrías resulta vital: aunque a veces pueden superponerse, continúan estando conceptualmente separadas. Una complicación adicional sobreviene cuando, una vez establecido un modelo estructural, éste puede influir (y no meramente responder) en la organización espacial. Una norma importante del arte de la arquitectura es escoger siempre una estrategia estructural que esté en concordancia con la organización espacial que se pretende conseguir. La forma en que los arquitectos de la Antigua Grecia transformaron sus anfiteatros al aire libre en teatros cerrados, constituye en buen ejemplo de organización espacial que entra en conflicto con la estructural, y de las maneras cómo puede resolverse el problema mediante compromisos de diferentes tipos.
El anfiteatro griego clásico fue la formalización geométrica de la geometría social de la gente sentada en la ladera de una colina para contemplar un espectáculo. Su forma tridimensional era una fusión de la geometría ideal y la configuración del terreno. Como no estaba cubierto, no había necesidad de tener en cuenta la geometría de la estructura. Sin embargo, en otros casos, los griegos sintieron la necesidad de crear un lugar para ver espectáculos en cubierto y que pudiera albergar a mucha gente. Ello conllevaba una cierta complicación: la necesidad de tener en cuenta la geometría de la estructura que debía sostener la cubierta. Las estructuras que solían usar los griegos tendían a crear espacios de plante rectangular, y no tenían la posibilidad de salvar grandes luces. Ambas características entraban en conflicto con la forma de anfiteatro, que era circular y exigía un amplo espacio sin interrupciones. En algunos casos, la solución de los griegos consistió meramente en introducir la “clavija redonda” en el “agujero cuadrado”; la planta de abajo corresponde a la Cámara de Consejo de Mileto. El anfiteatro está encerrado en una cella rectangular; los espacios de las esquinas no tienen otra función que albergar las escaleras que comunican con el nivel del suelo. El número de columnas intermedias es el mínimo indispensable para sostener la cubierta; las dos anteriores, hasta cierto punto, ayudan incluso a enmarcar el espacio focal de la cámara, mientras que las dos posteriores suponen a todas luces un estorbo. Una concesión menor a la geometría de las gradas circulares es la gorma en que el basamento de las columnas se alinea con los asientos, en lugar de disponerse según la geometría ortogonal de la estructura. En la “nueva” Cámara de Consejo (fines del siglo V a. de c.) encontramos una relación muy similar, aunque a menor escala entre las organizaciones espacial y estructural. Se supone que los dos pares de columnas, junto con los muros exteriores, sostenían las jácenas estructurales principales, cuyas proyecciones se han representado en la planta con líneas de trazos, dividiendo así la dimensión más larga de la cubierta en tres crujías más pequeñas y más manejables. En otros ejemplos, la disposición de las filas de asientos se ha hecho coincidir con la geometría rectangular determinada por la estructura. Es el caso del ecclesiasterion de Priene.
En el curso de la historia se han creado innumerables obras bajo la convicción de que la estructura era la principal fuerza conformadora de la arquitectura, y de que el orden geométrico inherente a la estructura es también el más apropiado para el espacio. Semejante convicción tal vez fuese más evidente que en ninguna otra época durante los períodos románico y gótico, aunque también ha sido la fuerza impulsora en numerosos edificios de los siglos XIX y XX, tanto religiosos como seglares. En Hagia Sophia en Estambul, construida y dedicada a Santa Sofía en el siglo VI d. de c., la estructura es la arquitectura: los espacios que contiene están ordenados siguiendo el orden impuesto por la estructura; la estructura identifica los lugares en el interior del edificio, e incluso el propio lugar sagrado se identifica desde el exterior por la estructura de la cúpula. Esta íntima relación entre espacio y estructura es también muy visible en las iglesias y catedrales medievales. Todos sus lugares – el presbiterio, las capillas, las naves, etc. – son identificados estructuralmente mediante bóvedas de piedra. Santa Sofía y las catedrales medievales estaban construidas en piedra, pero la relación íntima entre estructura y organización espacial que exhiben también se produce en estructuras de otros materiales. El arquitecto francés y pionero en el uso del hormigón armado, Auguste Perret, trasladó la claridad estructural y espacial de las iglesias medievales a la estructura de hormigón. Esta es su iglesia de NotreDame en Le Raincy, a las afueras de París, construida en 1922. Su superficie es inferior a la de la catedral de Reims, pero, con todo, la proporción de superficie de suelo ocupada por los soportes estructurales es muy inferior, debido a que el hormigón es un material estructural mucho más resistente que la piedra. La separación relativa entre las columnas en Le Raincy es, por la misma razón, mucho mayor que en Reims. Sin embargo, la claridad estructural y espacial de ambas iglesias es la misma. En la iglesia de Perret, todos los lugares están identificados por la estructura: la posición del altar mayor, las posiciones de los altares secundarios, el púlpito, la pila bautismal, y así sucesivamente, vienen definidas, sin excepción, por la estructura. Los requerimientos de proyecto del espacio en los edificios religiosos son, generalmente, bastante simples: que los lugares a identificar puedan ser acomodados fácilmente en el orden geométrico de la estructura, confirmando el orden espiritual introducido por la religión. En la arquitectura doméstica, sin embargo, esa relación entre orden estructural y organización espacial suele ser más tensa.
La relación entre espacio y estructura en una sencilla casa de una sola celda o ambiente es clara y directa: todos los lugares a organizar están bajo la protección de la cubierta y dentro del recinto delimitado por las cuatro paredes. Puede haber unas vigas más importantes que otras, como la sencilla cercha del ejemplo de arriba, pero eso difícilmente va a influir en la organización espacial de la habitación. Esta sala está definida por muros que desempeñan, de manera clara e inseparablemente, la doble función de cerramiento y sostén estructural. Las grandes mansiones de paredes de carga, en el extremo opuesto en lo que a complejidad se refiere, tienden a organizar sus espacios en numerosas dependencias celulares. La época victoriana fue probablemente la era dorada para este tipo de casa, en la que mucha gente recién enriquecida se hizo construir grandes mansiones. Existen muchos tipos de casa tradicional en los que las funciones de cerramiento y estructura son independientes entre sí. En esas casas, la cubierta es una estructura de madera (en nuestros días, de acero y hormigón) y los distintos espacios están delimitados por tabiques no portantes. Esos edificios de esqueleto estructural pueden consistir, simplemente, en un único ambiente, o en un conjunto de habitaciones. En los ejemplos tradicionales, las habitaciones o ambientes sueles organizarse de acuerdo con el orden geométrico que sugiere el esqueleto estructural. Esta vas consta de unas pequeñas habitaciones distribuidas en dos pisos en las crujías centrales. Los cerramientos están construidos por paredes ligeras de adobe y cañas. La planta de esta casa es un simple rectángulo, pero las estructuras de entramado de madera pueden también dar lugar a plantas más complejas. Las casas malayas tradicionales están construidas con una sencilla estructura de madera. Pero mediante simples procesos de adición, esas casas pueden llegar a ser bastante grandes y constar de numerosos espacios. Los distintos ambientes interiores suelen estar definidos por las crujías de las estructuras, y es frecuente que vayan acompañados de cambios de nivel. En los ejemplos tratados hasta ahora, la propia geometría de la estructura sugería la organización del espacio en rectángulos. Como vimos en el apartado sobre “la geometría de fabricación”, la estructura puede conducir a la creación de formas circulares tanto como rectangulares. Casas de todas las épocas poseen espacios circulares inducidas por la estructura cónica de la cubierta.
planta del edificio de su dependencia de la geometría de la estructura gracias al empleo de una estructura de pilares y forjados. Le Corbusier proyectó varias casas con el sistema Dom-ino. Mies Van der Rohe también experimentó sobre el tema de la independización de la organización espacial especto al orden estructura. No obstante, ambos arquitectos coincidieron en reservar a la estructura un papel en la identificación del lugar. También ambos experimentaron con el espacio limitado por plano horizontales. Bajo estas líneas se muestra el diagrama estructural de la VillaDavoie, construida en 1929 en Poissy, cerca de París. Igual que el thersilion en Megalópolis, la retícula estructural ha sido distorsionada. Aunque no pueda decirse propiamente que la estructura determine ambientes en planta, Le Corbusier la utiliza para que colabore en la identificación de lugares, como puede apreciarse, por ejemplo, en el dibujo superior; las columnas que definen el espacio ocupado por la rampa central, o la columna que define la posición de la escalera, u las dos columnas que enmarcan la entrada principal. En su casa Tugendhat en Brno (1931), Mies van der Rohe mantuvo el orden geométrico de la retícula estructural de columnas cruciformes, pero también se sirvió de columnas para ayudar a la identificación de los lugares; dos de esas columnas, en colaboración con el muro curvo, enmarcan la zona del comedor; otras dos ayudan a definir la zona de estar; y otra columna siguiere el límite de la zona de estudio, en el ángulo superior derecho de la planta. Sin embargo, en el pabellón de Barcelona (1929), en el que Mies van der Rohe no tenía ninguna necesidad de identificar lugares para dines concretos, el arquitecto creó un edificio en el que el espacio está casi totalmente liberado de la disciplina de le estructura, tan solo estructurado por sus muros macizos, translúcidos y transparente.
Existen dos actitudes opuestas: La primera consiste en dejar que sea la estructura la que defina los lugares que uno quiere lograr, mientras que la segunda opta por definir primero los lugares y forzar luego a la estructura adaptarse a ellos. De ahí surgen tres tipos generales de relación entre espacio y estructura: el orden estructural dominante, el orden espacial dominante, y la relación armónica entre ellos, caracterizada por la concordancia entre ambos órdenes.