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Eutanasia y argumentos presentados, Monografías, Ensayos de Filosofía

Argumentos en contra de la eutanasia

Tipo: Monografías, Ensayos

2019/2020

Subido el 30/10/2020

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eugenia-montoya 🇵🇪

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n México, entre 2003 y 2005, según estadís-
ticas del Instituto Nacional de Estadística
Geografía e Informática (INEGI),1 se han
suicidado 10,204 personas; sin incluir los intentos
de suicidio. Datos de la Organización Panamericana
de la Salud2 indican que mueren más personas por
suicidio en el mundo que el total combinado de fa-
llecidos por guerras y asesinatos, pero en este ca-
so ninguna organización pro vida ha realizado al-
guna manifestación ni ha propuesto siquiera algún
programa a favor de las futuras víctimas. Sin em-
bargo, el tema de la eutanasia es constantemen-
te cuestionado.
Como es bien sabido, en nuestro país la euta-
nasia está totalmente vedada; se le considera un
crimen. Las asociaciones en pro de la vida, tan
escuchadas en relación con el aborto ni siquiera
consideran algún dispositivo en relación con la eu-
tanasia. La negación impera. Pero no hay que olvi-
dar que hoy en día, en un mundo práctico y cientí-
fico, es un tema a discutir.
Hablar de eutanasia es entrar en un tema com-
plejo que reviste matices éticos, jurídicos, médi-
cos y sociológicos, que lo convierten en un asunto
de compleja solución.
Eutanasia, crimen o derecho
María Elena Berengueras
E
Profesora, Facultad de Psicología
El que se le reconozca al individuo el derecho y
la posibilidad de disponer de su propia vida en si-
tuaciones especiales, simplemente por la dignidad
que éste puede tener; el que un ser humano pueda
definir qué hacer con su existencia, qué hacer con
su cuerpo, es respetar la condición del otro. Es el
respeto de la libertad de la vida propia, y esto nos
ayuda a definir lo que es una vida digna.
En las discusiones éticas que se mantienen en
la profesión médica, la eutanasia es un tema pre-
sente. Luego de diversos debates durante años no
hay acuerdo; existen publicaciones médicas a fa-
vor y otras en contra. El tema gira alrededor de
los imperativos éticos para aliviar el sufrimiento
en pacientes terminales, quienes toman una deci-
sión consciente de finalizar sus vidas y, a la vez, la
detracción contra la participación del médico en el
control de una vida.
La discusión comprende conceptos como “el de-
recho a decidir sobre la propia vida”, así como “el
derecho a una muerte honorable”. Algunos opinan
que la eutanasia es una forma de ocultar el inten-
to de suicidio, dignificándolo y cooperando enton-
ces de manera homicida con el suicida, sin analizar
realmente qué es lo que desea un enfermo termi-
1 Consultado en: www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/rutinas/ept.asp?t=mvio25&c=5462&e=03.
2 OPS. Comunicado de prensa. Washington, 6 de octubre de 2006.
PENSAMIENTO Y LENGUAJE UNIVERSITARIO
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n México, entre 2003 y 2005, según estadís- ticas del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), 1 se han suicidado 10,204 personas; sin incluir los intentos de suicidio. Datos de la Organización Panamericana de la Salud 2 indican que mueren más personas por suicidio en el mundo que el total combinado de fa- llecidos por guerras y asesinatos, pero en este ca- so ninguna organización pro vida ha realizado al- guna manifestación ni ha propuesto siquiera algún programa a favor de las futuras víctimas. Sin em- bargo, el tema de la eutanasia es constantemen- te cuestionado. Como es bien sabido, en nuestro país la euta- nasia está totalmente vedada; se le considera un crimen. Las asociaciones en pro de la vida, tan escuchadas en relación con el aborto ni siquiera consideran algún dispositivo en relación con la eu- tanasia. La negación impera. Pero no hay que olvi- dar que hoy en día, en un mundo práctico y cientí- fico, es un tema a discutir. Hablar de eutanasia es entrar en un tema com- plejo que reviste matices éticos, jurídicos, médi- cos y sociológicos, que lo convierten en un asunto de compleja solución.

Eutanasia, crimen o derecho

María Elena Berengueras

E

Profesora, Facultad de Psicología

El que se le reconozca al individuo el derecho y la posibilidad de disponer de su propia vida en si- tuaciones especiales, simplemente por la dignidad que éste puede tener; el que un ser humano pueda definir qué hacer con su existencia, qué hacer con su cuerpo, es respetar la condición del otro. Es el respeto de la libertad de la vida propia, y esto nos ayuda a definir lo que es una vida digna. En las discusiones éticas que se mantienen en la profesión médica, la eutanasia es un tema pre- sente. Luego de diversos debates durante años no hay acuerdo; existen publicaciones médicas a fa- vor y otras en contra. El tema gira alrededor de los imperativos éticos para aliviar el sufrimiento en pacientes terminales, quienes toman una deci- sión consciente de finalizar sus vidas y, a la vez, la detracción contra la participación del médico en el control de una vida. La discusión comprende conceptos como “el de- recho a decidir sobre la propia vida”, así como “el derecho a una muerte honorable”. Algunos opinan que la eutanasia es una forma de ocultar el inten- to de suicidio, dignificándolo y cooperando enton- ces de manera homicida con el suicida, sin analizar realmente qué es lo que desea un enfermo termi-

(^1) Consultado en: www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/rutinas/ept.asp?t=mvio25&c=5462&e=03. (^2) OPS. Comunicado de prensa. Washington, 6 de octubre de 2006.

P E N S A M I E N T O Y L E N G U A J E U N I V E R S I TA R I O

nal. Nuestra vida se rige por patrones establecidos en la sociedad, vivimos presos en la necesidad de no fallar a los esquemas que ésta nos impone y la realidad es que nos organiza para que pueda ha- ber una forma ordenada y respetable de vida. Así transcurre nuestra existencia, siempre siguiendo esquemas de comportamiento establecidos previa- mente. La pregunta es: ¿ni siquiera podemos ele- gir cómo morir? ¿No se le puede dar respetabilidad al sujeto si ése es su deseo, cuando ya cumplió con todas las reglas establecidas durante su vida?

Pasado y presente En todos los códigos de deontología médica de la historia se indica que la misión del médico ha sido siempre curar o aliviar a sus enfermos, nunca pro- vocarles deliberadamente la muerte. En general, moralmente es lícito usar analgésicos para aliviar dolores agudos aunque éstos acorten la vida del pa- ciente, siempre y cuando el propósito sea aliviar el dolor y no matar al doliente. En Grecia, Hipócrates, en su Juramento ( a.C.) afirma que no dará ninguna droga mortal a nadie por más que se lo soliciten. Platón (427- a.C.) dice lo contrario en La República : “Se dejará morir a quienes no sean sanos de cuerpo”. Desde entonces ya se presentaba este dilema y tal parece que aún no lo hemos podido resolver. Para Séneca, 3 “es preferible quitarse la vida, a una vida sin sentido y con sufrimiento”. Él defien-

de la eutanasia: “No se debe ni querer demasiado a la vida ni odiarla demasiado, sino buscar un térmi- no medio y ponerle fin cuando la razón lo aconse- je. No se trata de huir de la vida, sino de saber de- jarla”. Tomás Moro, al describir en su famosa Uto- pía^4 la forma de estado ideal, afirma por una parte que se debe prestar a los moribundos todo cuida- do y solidaridad, pero considera que en casos de dolores extraordinarios se puede recomendar po- ner término a su vida. Se le puede causar la muer- te al enfermo, si éste está de acuerdo, privándo- le de los alimentos o administrándole un veneno. También se requiere el permiso de las autoridades y de los sacerdotes para evitar los abusos que po- drían seguirse. Respecto de la postura de la Iglesia Católica, el Concilio Ecuménico Vaticano II reafirma el dere- cho a la vida de la persona humana. Por eso denun- cia los crímenes contra la vida como homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado. La Declaración sobre la Eutanasia del Vaticano señala: “según la doctrina cristiana, el dolor, so- bre todo el de los últimos momentos de la vida, asume un significado particular en el plan salvífico de Dios; en efecto, es una participación en la pa- sión de Cristo y una unión con el sacrificio redentor que Él ha ofrecido en obediencia a la voluntad del Padre. No debe pues maravillar si algunos cristia- nos desean moderar el uso de los analgésicos, pa-

(^3) Séneca. Epístolas a Lucilio. Madrid, Gredos, 1986. (^4) T. Moro. Utopía. Madrid, Alianza, 1984, p. 167.

la Ley General de Sanidad, primer paso para lo- grar la despenalización de la eutanasia activa en España”. 8 El parlamento holandés ha aprobado una ley que permite la eutanasia activa en determinados casos; esta medida convierte a Holanda en el pri- mer país que legaliza la eutanasia. Suiza es el úni- co país del mundo que les permite a personas que no son médicos ayudar a pacientes a suicidarse. Ni siquiera Holanda, que permite la eutanasia y el suicidio asistido por médicos ha aceptado tal de- cisión. 9

Eutanasia y suicidio asistido Etimológicamente, el término eutanasia provie- ne del griego eu-thanatos (“buena muerte”), en el sentido de muerte sin dolor. Con dicha acep- ción, la introdujo al vocabulario Francis Bacon en

  1. En la actualidad, su significado también es el de “muerte indolora provocada por procedimien- tos médicos a personas en estado terminal e irre- versible, o que están sometidas a un dolor inso- portable”. Hay diferentes clasificaciones de eutanasia. Por el modo o forma como se realiza, puede ser acti- va (acción encaminada a provocar la muerte) o pa- siva (omitir el tratamiento que lleva implícito cau- sar la muerte). Por su intención, se divide en di- recta (realizar un acto en que deliberadamente se provoca la muerte) e indirecta (la muerte resul- ta como efecto secundario no pretendido en sí).

Y respecto de la voluntad del paciente, puede ser voluntaria (cuando él da su consentimiento) o no voluntaria (cuando no lo da). Aunque la víctima dé su consentimiento, la eu- tanasia es siempre practicada por otras personas, por lo que se considera un homicidio con caracte- rísticas determinadas. En la eutanasia directa exis- te siempre una responsabilidad jurídica penal. En los países occidentales ésta se considera un homi- cidio y no está legalizada, aunque se practique con frecuencia. Existen alrededor de 37 grupos a favor de la eu- tanasia en todo el mundo, los cuales han tratado de legalizarla y una de esas maneras es promovien- do los “testamentos en vida”. Éstos son documen- tos legales en los que el paciente pide que, en caso de quedar incompetente, se le retiren medios ex- traordinarios de conservación de la vida, es decir, que en determinadas circunstancias no se le apli- que cualquier tratamiento que le prolongue la vi- da. Madrid, por citar un ejemplo, aprueba la regu- lación del testamento vital. En el suicidio asistido o con auxilio médico, el médico no mata al enfer- mo sino que le facilita los medios para que el pa- ciente se mate. Debemos distinguir entre el auxilio médico al suicidio y el abandono al tratamiento médico. Es decir, también está el derecho de los pacientes a rechazar todo tratamiento, pues se puede presen- tar la inducción a la muerte en relación con la ex- pectativa que el médico pueda tener y manipular

(^8) www.zenit.org. (^9) C. Nullis. “Group Helps Those Seeking Suicide”. AP, 26 de septiembre de 1999. www.infobeat.com.

a su vez al enfermo. El número de enfermos en si- tuación de solicitar que no se les aplique un trata- miento o se suspenda el que están recibiendo, es mucho menor que el grupo de pacientes que pue- den solicitar ayuda del médico para suicidarse. En consecuencia, no se puede generalizar de mane- ra indiscriminada y sí revisar el conflicto de mane- ra particular. Países con diferentes grados de aceptaciones a la eutanasia o al suicidio asistido 10 son Holanda (1984), Estados Unidos (Oregon 1994, Nueva York 1996), Japón (1995), Australia (1995), Camboya (1997), Colombia (1997) y Bélgica (2002). La eutanasia activa sólo es legal en Holanda (2001) y en Bélgica (2002), mientras que otros paí- ses autorizan el suicidio asistido, como en Suiza y el estado de Oregon (EU), o la eutanasia pasiva. En 1994, el territorio de Australia del Norte aprobó el Acta de Derechos de los Enfermos Terminales que legalizaba la eutanasia; sin embargo, en 1997 la ley fue revocada. Como ya se mencionó, en Estados Unidos el Tribunal Federal de Apelaciones de Nueva York autorizó en 1996 la eutanasia médica, aunque después, el Tribunal Supremo suspendió las senten- cias del Tribunal Federal. En el estado de Oregon las leyes permiten que un enfermo terminal pueda acceder al suicidio asistido ingiriendo un medica- mento letal prescrito por un médico. El Código Penal de Uruguay de 1934 tipifica co- mo homicidio la acción de quien “con intención de matar, diere muerte a alguna persona”. La pena

prevista para el homicida sería aplicable al médico que practica una eutanasia. Uruguay y Perú prevén en su Código Penal “el homicidio piadoso”. En Co- lombia, la Corte Constitucional autorizó en 1997 la eutanasia voluntaria para pacientes terminales que la pidan. El gobierno francés prometió apoyo a un proyecto que legaliza la eutanasia. México ha pre- sentado un proyecto para la legalización de la eu- tanasia (2005), a través de una reforma del Código Penal y el Código Civil.^11 En la Alemania Occidental, después de la Segunda Guerra Mundial la eutanasia fue un tema tabú, pero ahora se empieza a debatir en el Parlamento y se promueve sutilmente en re- vistas médicas y de leyes. La pequeña Sociedad de Eutanasia Voluntaria del Japón opera en una tradi- ción en la cual el suicidio es visto como la alterna- tiva honorable a la pérdida del prestigio y del ho- nor. En Japón, fue autorizado el suicidio asistido en 1995, aunque sólo en determinadas condiciones. Un proyecto de ley introducido en 1980 en el parlamen- to de la India, de ser aprobado, hubiera proporcio- nado la muerte “a petición del paciente” a inválidos e incurables de todo tipo. Otro proyecto de ley in- troducido en la legislatura filipina en 1989 promovió la eutanasia, permitiendo el retiro de “respiradores o cualquier otro sistema para conservar la vida”, a petición de los parientes, 30 días después que éstos hayan sido notificados de que no hay esperanza de que el paciente se recupere. Alemania, China, Ja- pón, Inglaterra e India podrían en breve anunciar la legalización del derecho a morir dignamente.

(^10) www.actualderechosanitario.com/eutanasia.htm. (^11) www.aciprensa.com/noticia.php?n=8541.

P E N S A M I E N T O Y L E N G U A J E U N I V E R S I TA R I O

ser humano tiene un umbral diferente para el do- lor. Dentro del proceso de hominización se produ- ce la aparición de la inteligencia, gracias a una se- rie ininterrumpida de cambios anatómicos genéti- camente determinados que favorecen el desarrollo del cerebro. A partir de cierto momento, el cerebro del homínido pudo ejercer la actividad intelectual, y pudo aprehender el medio no sólo ya como un mero estímulo, sino como una realidad producto de una reflexión. Puede entonces considerar con cierta atención su corporalidad y su valor de la vida bioló- gica. Entonces, desde la analogía de la vida corpo- ral humana, se puede decidir el valor de ésta. Hay que descubrir la relación entre la vida biológica del hombre con su propia dignidad personal; así como la relación entre la vida corporal del hombre con otras formas de vida, en donde está implícita la vi- da psicológica, que tiene una gran riqueza en rela- ción con la diversidad de los estados de ánimo, pro- pósitos, actitudes, sentimientos, emociones, ideas, necesidades, intereses, valores e ideales. Se puede definir la conciencia como la capaci- dad del sujeto para percibirse a sí mismo actuan- te o modificado: fijarse un destino, una dirección. Actúa la conciencia cuando sabemos lo que está aconteciendo en nuestro yo , ya en lo que es propio de nuestro mundo interior, ya en lo que es el mun- do exterior que en él se refleja. Una persona en fa- se terminal carece de proyecto alguno, se siente pérdida y desubicada. La asociación Derecho a Morir Dignamente re- porta que en España son 20,000 los pacientes que desean la eutanasia. En los Países Bajos, en 1995, 54% de los médicos de residencias asistidas reci-

bieron peticiones para eutanasia o suicidio asistido para “cuando llegue el momento propicio”. La de- cisión de morir pertenece al ámbito de la autono- mía de un enfermo terminal. Un argumento en contra de la eutanasia es que si ésta fuera aceptada por amplios círculos de mé- dicos, mermaría la capacidad de innovación y pro- greso de la medicina en su conjunto. La realidad es que a veces la eutanasia puede presentarse en perjuicio de los pacientes, porque el médico care- ce de recursos humanos, profesionales o económi- cos; por equivocaciones de diagnósticos; en casos de hospitales sobre poblados donde las camas de- ben ser desocupadas; en situaciones de convenien- cias por herencias, etcétera. La eutanasia o el suicidio asistido no pueden generalizarse. Es necesario proceder con caute- la, observando los casos de manera individual. No podemos cerrar los ojos ante la realidad del con- flicto por escudarnos en convencionalismos socia- les. No debemos negar el derecho a la muerte a un ser que, en pleno uso de sus facultades menta- les y con aspectos irreversibles de su dolencia de- see la muerte, practicándole entonces la eutanasia voluntaria, la que se realiza a instancia o voluntad propia del enfermo. Así como tenemos el derecho a vivir con dig- nidad, también tenemos el derecho a morir con dignidad. En ese trance final vamos a vivir nues- tra propia muerte y no podemos perder en el mo- mento supremo la estima que nos debemos tener y la que queremos que los demás nos tengan. Esa ac- titud frente a la muerte se llama dignidad y nadie tiene derecho a quitarla.

P E N S A M I E N T O Y L E N G U A J E U N I V E R S I TA R I O

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