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Asignatura: administracio i direccio d'empreses, Profesor: , Carrera: Administració i Direcció d'Empreses, Universidad: UB
Tipo: Exámenes
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66 Finanzas & DesarrolloFinanzas & Desarrollo septiembre de 2011septiembre de 2011
L
A DESIGUALDAD está en aumento, entre ricos y pobres dentro del mismo país y, hasta hace poco, entre los paí- ses. La crisis financiera mundial ha estancado los ingresos reales en las economías avanzadas; pero probablemente ha reducido la desigualdad en el mundo, ya que la mayoría de los países en desarrollo siguen creciendo con vigor. Hay quienes dicen que la desigualdad no importa si los mercados son eficientes o si todos ganan más; otros sostienen que la desigualdad frena el crecimiento, o que por ética se ha de limitar la desigualdad.
Medir la desigualdad ¿Cómo se mide la desigualdad? La gente tiende a comparar su situación financiera con la de sus vecinos, colegas o amigos, fijándose en sus hogares o posesiones. Los economistas en cambio suelen recurrir a las encuestas de hogares, en las que un espectro amplio de hoga- res declara sus diversas fuentes de ingresos (monetarios y en especie) y sus patrones de consumo. El ingreso total de un hogar menos los impuestos directos que paga (es decir, el consumo total del hogar) se divide por el número de integrantes de ese hogar, para luego establecer un orden de todas las personas de la encuesta, de la más pobre a la más rica, según el ingreso per cápita de su hogar. El llamado coeficiente de Gini se calcula a partir de estos datos (recuadro 1). Las encuestas de hoga- res son el mejor instru- mento para evaluar el ingreso de los hogares y su variabilidad, pero no son perfectas. El segmento superior de la distribución puede estar “truncado”: los muy ricos pueden rehusar ser entre- vistados o pueden declarar un ingreso inferior al real. Las razones de estas evasivas no son claras, dado que las encuestas son confidenciales. Pero la sospe- cha de un “truncamiento superior” ha hecho que últimamente se recurra a los datos fiscales —el ingreso declarado de los ricos antes de impuestos— para estimar el porcentaje de participación en el ingreso
del 1% (o 0,1%) más rico. La idea es que a los ricos les resulta más difícil evadir impuestos que evadir encuestadores, y que quizá son más francos con las autoridades tributarias. Pero el hecho es que en Estados Unidos los resultados de las encuestas y los basados en datos fiscales (Burkhauser et al., 2009) casi no difieren, pese a que las encuestas abarcan toda la distribución del ingreso y los datos fiscales solo el segmento superior.
¿buena o mala? La idea de que la desigualdad del ingreso per- judica el crecimiento —o de que una mayor igualdad puede ayudar a sustentar el creci- miento— se ha popularizado últimamente (véase “Igualdad y eficiencia”, en esta edición de F&D). Históricamente, los economistas apostaban por lo contrario, que la desigualdad propiciaba el crecimiento. El motivo principal de este giro es la cre- ciente importancia del capital humano en el desarrollo. Cuando el capital físico era lo más importante, el ahorro y la inversión eran críti- cos. Entonces, era importante que hubiera un grupo numeroso de ricos que pudiera ahorrar una mayor proporción de sus ingresos que los pobres para invertirla en capital físico. Ahora que el capital humano es más escaso que las máquinas, la educación generalizada es la clave del crecimiento, aunque es algo difícil de lograr si el ingreso no se distribuye con relativa equidad. Además, la educación generalizada crea un círculo virtuoso en el que la equidad se regenera, reduciendo las brechas de ingreso entre la mano de obra calificada y la no calificada. Y por eso ahora los economistas critican la desigualdad más que antes. Las ventajas de reducirla son prácticas (facilitar el creci- miento económico) y éticas (reducir diferen- cias injustificadas del ingreso entre hombres y mujeres, entre regiones de un mismo país o entre habitantes de distintas naciones). En los últimos 25 años se produjeron cambios contradictorios: muchos tipos de desigualdad han disminuido (sobre todo dentro de los países), pero otros se han agudizado.
aumento de la desigualdad En la mayoría de países la desigualdad del ingreso ha aumentado —o en el mejor de los casos se ha estancado— desde comienzos de los años ochenta (oCDE, 2008), desbaratando
los impuestos directos redujeron el índice de Gini 9 puntos en Alemania, pero solo 6 en Estados Unidos. Algunos gobiernos se niegan a tomar medidas para reducir la desigualdad quizá porque consideran que la redistribución es un despilfarro y desincentiva al mercado (aduciendo una clara disyuntiva entre igualdad y crecimiento). Pero también puede tratarse de una realidad política: los ricos influyen desproporcionadamente en las políticas porque son más activos en ese ámbito y aportan más que otros a las campañas políticas. modelos recientes de economía política sobre desigualdad suponen que el “votante decisivo” —el que determina una elección— es mucho más rico que el “votante de ingreso mediano”. De ser así, las decisiones políticas coincidirán mucho más con las preferencias de los ricos, y los sistemas políticos se aproximarán más al modelo de “un dólar, un voto” que al más tradicional de “una persona, un voto” (Karabarbounis, 2011). otra explicación de la mayor desigualdad son las nuevas normas sociales. Antes la sociedad criticaba las brechas enormes entre el presidente y los empleados de una empresa. Ahora esas brechas son grandes y no solo se toleran, sino que se incentivan (Levy y Temin, 2007). Los datos confirman el aumento de la brecha, pero cuesta distinguir con precisión qué normas han cambiado y por qué. También se ha culpado a la globalización del aumento de la desigualdad en los países ricos. La especialización en expor- taciones sofisticadas amplía la brecha entre los salarios de trabajadores calificados y no calificados. Y las importaciones
no sofisticadas y la tercerización también reducen los salarios o incrementan el desempleo entre los trabajadores poco o medianamente calificados, lo cual agrava la desigualdad. Es probable que los cuatro factores —avance tecnológico, cambio institucional, nuevas normas sociales y globali- zación— hayan incidido en el aumento de la desigualdad en las economías avanzadas. Pero incluso si estas fuerzas impersonales son la causa principal, el gobierno aún puede frenar el aumento de la desigualdad.
Mayores brechas en los mercados emergentes Algo similar sucedió en los países en desarrollo. mientras Estados Unidos —el país grande más rico del mundo— es el paradigma del aumento de la desigualdad, China ocupa el extremo opuesto del espectro económico y político. China era (y en buen grado sigue siendo) pobre y ha reemplazado su gran autarquía de comienzos de los años ochenta por una fuerte participación en el comercio exterior. Antes de las reformas iniciadas en 1978, la pobreza en China era generalizada, con un coeficiente de Gini inferior a 30. Pero a medida que la economía fue creciendo, la desigualdad en China se disparó, en todas sus manifestaciones, y superó a la de Estados Unidos (gráfico 2). Ahora la brecha entre los ingresos medios urbano y rural es de más de 3 a 1 (cuando en India, por ejemplo, es de 2 a 1). Las brechas entre provincias se ampliaron porque el litoral, que ya era más rico, creció más rápido que el interior. La desigualdad de los salarios se disparó y las rentas de la propiedad y las empresas —siempre las menos equitativas, e inexistentes en China antes de las reformas— aumentaron mucho. Pero el caso de China hasta ahora coincide con el patrón clásico de Kuznets: la desigualdad tiende a aumentar en un país pobre que empieza a desarrollarse. Si el patrón de Kuznets se cumple, cabe esperar una menor desigualdad en los próximos años. Esto sucedería si el gobierno incluyera a más gente (fuera del sector estatal) en la seguridad social o si
Recuadro 2 Teóricamente hablando Según la curva de Kuznets , formulada por Simon Kuznets a mediados de los años cincuenta, en las sociedades prein- dustriales la desigualdad es baja porque casi todos son igualmente pobres. La desigualdad aumenta a medida que la gente pasa de la baja productividad del sector agrícola a la alta productividad del sector industrial, con ingresos medios más altos y salarios menos uniformes. Pero al madurar y enriquecerse la sociedad, la brecha urbana-rural se reduce y las jubilaciones, las prestaciones por desempleo y otras transferencias sociales reducen la desigualdad. Por eso la curva de Kuznets se parece a una U invertida. El teorema de Heckscher-Ohlin-Samuelson sobre comercio exterior plantea que al integrarse más al comercio mundial, los países pobres tienden a especializarse en la producción de bienes con ventaja comparativa, concretamente los que requieren mano de obra poco calificada. Esto debería incre- mentar la demanda interna de ese tipo de trabajadores y elevar sus salarios frente al segmento calificado. Si se usa la razón entre esos dos salarios como indicador indirecto, la desigualdad debería disminuir. En los países ricos debe- ría suceder lo contrario: la desigualdad debería aumentar conforme aumenta la exportación de bienes de mano de obra calificada.
Gráfico 2 Curvas imprecisas La desigualdad ha aumentado en la mayoría de los países, pero solo en Brasil se ha registrado la reducción de la desigualdad que predice la U invertida de Kuznets. (coeficiente de Gini)
milanovic, chart 3, F&D 9- revised, 8/25/
Fuente: Base de datos World Income Distribution. Nota: China (1964–2005), Estados Unidos (1950–2008), Brasil (1960–2007), Rusia (1992–2005).
PIB per cápita en dólares de PPA
China (^) Estados Unidos
Brasil
Rusia
1.000 5.000 10.000 40.
60
50
40
30
20
introdujera prestaciones de desempleo e incluso un posible plan de empleo rural garantizado, como hizo India hace poco. También sucedería a medida que la prosperidad del litoral se extienda al centro y al oeste del país. La desigualdad no obedece solo a fuerzas impersonales; crece cuando la sociedad lo permite y puede limitarse con políticas públicas puntuales.
Transformaciones drásticas Con pocas excepciones, los países ex comunistas sufrieron los aumentos de desigualdad más marcados. Tras la desintegra- ción de la Unión Soviética a comienzos de los años noventa, la desigualdad en Rusia aumentó a un ritmo sin preceden- tes. mientras que en Estados Unidos el índice de Gini subió aproximadamente un tercio de punto por año entre 1980 y 1995, en la década que siguió al fin de la Unión Soviética dicho índice aumentó en Rusia tres veces más rápido. Y el ingreso real medio en Rusia disminuyó, a menudo precipitadamente, generando nuevos segmentos enormes de pobreza.
El principal factor de la mayor desigualdad en los países de la antigua Unión Soviética fue un proceso de privatización que puso los enormes activos del Estado en manos de personas cercanas al poder político (la oligarquía), y que creó una gran división entre los trabajadores estatales que conservaron su empleo —y algunos que incluso prosperaron— y los que lo perdieron y vieron desplomarse sus ingresos (milanovic y Ersado, de próxima publicación). Las redes sociales, por lo general a cargo de las empresas, también se derrumbaron. La desigualdad en Rusia dejo de aumentar a finales de los años noventa, y desde entonces se sitúa un poco por encima de la de Estados Unidos, en un nivel similar al de China. La desigualdad también aumentó en otros países ex comu- nistas, pero no tanto como en Rusia. En varios países cen- troeuropeos (Eslovaquia, Eslovenia y la República Checa) el nuevo nivel de desigualdad fue, para los niveles de las actuales economías de mercado, relativamente bajo, gracias a que al iniciarse la transición la distribución del ingreso era muy equitativa, y la desigualdad, incluso tras registrar aumentos fuertes, no rebasó niveles considerados normales para Europa continental.
excepciones latinoamericanas En cambio, en países clave de América Latina la desigualdad ha disminuido sostenidamente en los últimos 10 años (Gas- parini, Cruces y Tomarolli, 2011; y “Distribuir la riqueza”, F&D, marzo de 2011). Cabe destacar el caso de Brasil, país
que por décadas fue considerado un ejemplo típico de gran desigualdad y cuyo índice Gini bajó de alrededor de 60 en 2000 a menos de 57 hoy en día, una diferencia sorprendente si se considera cuánto han de variar los ingresos relativos para que el índice Gini suba o baje 1 punto, la rapidez del cambio y lo singular que resulta en comparación con el resto del mundo (gráficos 2 y 3). La desigualdad también se redujo en méxico y Argentina. Las mejoras suelen atribuirse a programas sociales como los programas oportunidades en méxico y Bolsa Familia en Brasil. Pero tiene que haber otra explicación, porque el tamaño de esos programas como proporción del PIB es muy limitado (Soares et al., 2007). En Brasil también influyó el mayor acceso a la educación, que amplió la oferta de trabajadores calificados, como preveía Tinbergen. Pero pese a estas mejoras, la des- igualdad en América Latina es una de las mayores del mundo. Brasil aún está entre los cinco países con mayor desigualdad.
en todo el mundo Si en la mayoría de los países la desigualdad aumentó o permaneció constante en los últimos 30 años, ¿quiere decir que la desigualdad mundial también aumentó? La relación no es tan simple. La desigualdad mundial también depende de las brechas entre los ingresos per cápita, la población y el volumen de ingresos de los países. Por ejemplo, China influirá en la desigualdad mundial mucho más que Luxemburgo. Para evaluar la desigualdad entre todos los habitantes del mundo hay que analizar dos movimientos contradictorios: el aumento de la desigualdad en cada país incrementa la desigualdad mundial, pero el fuerte crecimiento del ingreso real en los países pobres, sobre todo en países enormes como China e India, reduce la desigualdad mundial.
La desigualdad mundial también
depende de las brechas entre
los ingresos per cápita, la
población y el volumen de
ingresos de los países.
milanovic, chart 2, F&D 9- 8/24/
Fuentes: Base de datos de World Income Distribution; y cálculos del autor. Nota: Los datos corresponden a 2005.
1% más rico 20% más pobre
0
2
4
6
8
10
12
14
Gráfico 3 ¡Qué diferencia! El 1% más rico del mundo acapara casi el 14% del ingreso mundial, mientras que el 20% más pobre recibe apenas un poco más del 1%. (porcentaje del ingreso mundial)
13,8%
1,27%