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Tipo: Ejercicios
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Érase una vez una niña que iba caminando cada día a la escuela, a pesar de tener que recorrer un largo trayecto era muy feliz. Ella se llamaba Sara y vivía en un pequeño pueblo en África, su familia era pobre y no podían permitirse ir a vivir en un sitio cercano a la escuela. Por ello cada día Sara y sus hermanos tenían que levantarse muy temprano, ya que la escuela empezaba a las nueve y el camino les llevaba 2 horas. Un día ellos salieron un poco antes de casa, ya que estaba lloviendo mucho. A medio camino se encontraron unas latas de cerveza las cuales Sara cogió y se las llevó para tirarlas en la papelera cuando llegaran a la escuela, siguieron avanzando bajo la terrible tormenta y de repente Sara vio a lo lejos 2 motos tiradas en el suelo. Sus hermanos corrieron hacia ellas, pero ella los cogió del brazo ya que algo pintaba mal. Sin embargo, siguieron caminando. A pocos metros de las motos la hermana mayor vio a dos chicos con chistorra negra pasándose una especie de bolsa similar a las de basura. Sara muy rápidamente supo que contenían esas bolsas y cambio de ruta para no cruzarse con ellos. Sin embargo, uno de esos chicos los vio y se dirigieron hacia ellos. Sara y sus hermanos corrieron, pero los chicos los atraparon. Cogieron a uno de los hermanos de Sara por la mochila y los amenazaron con matarlo. Sara en ese momento no sabía que hacer. Los adolescentes les dijeron que si alguien se enteraba de lo sucedido los matarían a todos juntamente con sus familiares, ellos cogieron la moto y se fueron. Sara estaba muy apenada ya su hermano tenía unos pequeños rasguños en el cuello y no había podido lograr ver la cara de los muchachos ya que su pelo mojado le tapaba la mirada. Ese día Sara tenía muy claro lo que iba a hacer, ninguno de ellos iba a ir al colegio, sino que iban a ir a la policía. La hermana mayor savia que eso era un gran riesgo ya que ir a la ciudad les llevaba más o menos 5 horas y tenían que pasar por muchas carreteras mojadas, pero a ella no le importo, no quería volver a pasar el riesgo de volver a encontrarse a esos drogadictos otro día. Pasaron por calles, campos, bosques y carreteras, pero al fin llegaron a su destino. Una vez ya habían declarado lo hechos a la policía, los agentes los llevaron a casa ya que ya era muy tarde. Una vez habían dejado los niños en su casa los guardias se fueron en busca de esos adolescentes. Días después Sara y sus hermanos se encontraron una gran sorpresa. Les había llegado una carta, que ponía lo siguiente: “Queridos niños, somos los agentes que os ayudamos el otro día. Queremos avisaros de que ya tenemos en comisaria a los criminales y ya no habréis que tener miedo de encontrároslos ya que irán presos.
PD: Una última cosita… ir a fuera que tenéis una sorpresita. La policía municipal” Los niños salieron fuera, donde vieron a unos jóvenes agentes con una bicicleta para cada uno, la de Sara era preciosa, era rosa y estaba adornada con un hermoso y brillante lazo. Todos se pusieron muy contentos. A partir de entonces Sara y sus hermanos, cogían cada día su bicicleta para llegar a la escuela. Se lo pasaban de diez haciendo carreras entre ellos.