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Filosofía evau 2020, Exámenes selectividad de Historia de la Filosofía

Apuntes de fílosofia para la selectividad

Tipo: Exámenes selectividad

2019/2020

Subido el 22/05/2020

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Época antigua
EL PROBLEMA DE LA REALIDAD Y DEL CONOCIMIENTO: METAFÍSICA Y EPISTEMOLOGÍA Platón hace
una distinción entre dos mundos: el mundo sensible y el mundo de las ideas. El mundo sensible o aparente, es
el terrenal y material compuesto por los seres particulares y concretos, diversos, múltiples, imperfectos y
corruptibles, que son sólo una copia de las ideas. Frente a él, está el mundo de las ideas o real, el mundo
trascendente, el de las ideas que existen de forma independiente a sus realizaciones concretas. Las ideas son
la esencia, la verdadera realidad de las cosas y son únicas, eternas, inmutables, perfectas e inteligibles. Así, el
mundo real y verdadero es el mundo de las ideas y el mundo material y sensible es solo una copia. La relación
entre ambos mundos se explica con la Teoría de la Participación: los seres concretos y materiales del mundo
sensible sólo existen en tanto que participan en diversos grados de perfección en la idea con la que se
corresponden y, por ello, son múltiples y diversos siendo unos mejores copias que otros de acuerdo a su mayor
o menor grado de participación. Los seres sensibles no son más que la realización de las ideas en la materia
imperfecta, como se afirma en el mito del Demiurgo al explicar el origen del mundo material. El mundo de las
ideas es, por lo tanto, el mundo real y perfecto. En él, todas las ideas se relacionan y coordinan, están
jerarquizadas y organizadas racionalmente. La jerarquía de las ideas va, de abajo a arriba, de las ideas menos
generales (de las que participan menos ideas) a las más abstractas (de las que participan más ideas): ideas de
los seres sensibles; ideas matemáticas; ideas éticas, estéticas y políticas; y, en la cúspide, la idea de Bien. La
idea de Bien (de Perfección) es el fundamento ontológico ya que todas las ideas participan plenamente de la
idea de Bien porque esta idea hace posible que las ideas existan y que sean perfectas y racionales.
Igualmente, el Bien hará que los seres sensibles sean más o menos perfectos según el grado en que participen
de su idea (cumpliendo así su finalidad: teleología). La idea de Bien es también el fundamento epistemológico
de la realidad: las ideas no son conocidas plenamente (su racionalidad y perfección) hasta que no se conoce la
idea de Bien. Al igual que existe una duplicidad en su metafísica, Platón distinguirá, tal y como señala en el
mito de la caverna, dos modos fundamentales de conocer: la doxa (opinión), el falso conocimiento que proviene
de la percepción sensible de los seres concretos o aparentes del mundo sensible; y la episteme (ciencia), el
verdadero conocimiento de las ideas trascendentes e inteligibles, el conocimiento de la verdadera realidad de
las cosas que pertenece al mundo de las ideas y que se obtiene a través de la razón. Según la Teoría de la
Reminiscencia platónica, conocer es recordar las ideas que nuestra alma ya tenía pero ha olvidado: la verdad
se recuerda, no se enseña. Esto es posible porque el alma racional, que es su esencia, pre existió en el mundo
de las ideas. De allí cayó al mundo terrenal, mito del carro alado, y fue atrapada por el cuerpo olvidando su
conocimiento. El filósofo usa para ayudar a recordar a otros el método de la mayéutica: arte por el cual
mediante preguntas se hace reflexionar racionalmente al interlocutor, obligándole a recordar las ideas que su
alma ya conocía pero que ha olvidado. www.lalechuzademinerva.es De esta forma surge el proceso dialéctico
que sigue nuestra alma racional para conseguir el conocimiento de la idea de Bien, momento en que el
conocimiento de las ideas es perfecto. La dialéctica pasa por cuatro grados del conocimiento, según el símil de
la línea, hasta llegar al conocimiento verdadero. Comienza con la Doxa, que se divide a su vez en Imaginación
(eikasia: percepción de los objetos sensibles) para pasar luego a la Creencia (pistis: teorías sobre el mundo
sensible). A continuación, y ya en la Episteme, aparece la Razón Discursiva (dianoia: razonamiento de modelo
matemático) y, como grado máximo, la Intelección (noesis: intuición intelectual y pura de las ideas). Al llegar a
la intelección se completa la dialéctica y el conocimiento es total.
EL PROBLEMA DEL SER HUMANO Y DE LA MORAL: ANTROPOLOGÍA Y ÉTICA Platón defenderá el
dualismo: alma y cuerpo son dos sustancias distintas y forman una unión accidental. Ambos están en continua
lucha pues el alma pertenece al mundo de las ideas siendo inmortal y espiritual mientras que el cuerpo es
propio del mundo sensible y es mortal y material. Así, el cuerpo una cárcel para el alma. Esta alma racional es
la esencia del hombre y el principio del conocimiento racional, pues nos permite llegar a conocer las ideas del
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Época antigua EL PROBLEMA DE LA REALIDAD Y DEL CONOCIMIENTO: METAFÍSICA Y EPISTEMOLOGÍA Platón hace una distinción entre dos mundos: el mundo sensible y el mundo de las ideas. El mundo sensible o aparente, es el terrenal y material compuesto por los seres particulares y concretos, diversos, múltiples, imperfectos y corruptibles, que son sólo una copia de las ideas. Frente a él, está el mundo de las ideas o real, el mundo trascendente, el de las ideas que existen de forma independiente a sus realizaciones concretas. Las ideas son la esencia, la verdadera realidad de las cosas y son únicas, eternas, inmutables, perfectas e inteligibles. Así, el mundo real y verdadero es el mundo de las ideas y el mundo material y sensible es solo una copia. La relación entre ambos mundos se explica con la Teoría de la Participación: los seres concretos y materiales del mundo sensible sólo existen en tanto que participan en diversos grados de perfección en la idea con la que se corresponden y, por ello, son múltiples y diversos siendo unos mejores copias que otros de acuerdo a su mayor o menor grado de participación. Los seres sensibles no son más que la realización de las ideas en la materia imperfecta, como se afirma en el mito del Demiurgo al explicar el origen del mundo material. El mundo de las ideas es, por lo tanto, el mundo real y perfecto. En él, todas las ideas se relacionan y coordinan, están jerarquizadas y organizadas racionalmente. La jerarquía de las ideas va, de abajo a arriba, de las ideas menos generales (de las que participan menos ideas) a las más abstractas (de las que participan más ideas): ideas de los seres sensibles; ideas matemáticas; ideas éticas, estéticas y políticas; y, en la cúspide, la idea de Bien. La idea de Bien (de Perfección) es el fundamento ontológico ya que todas las ideas participan plenamente de la idea de Bien porque esta idea hace posible que las ideas existan y que sean perfectas y racionales. Igualmente, el Bien hará que los seres sensibles sean más o menos perfectos según el grado en que participen de su idea (cumpliendo así su finalidad: teleología). La idea de Bien es también el fundamento epistemológico de la realidad: las ideas no son conocidas plenamente (su racionalidad y perfección) hasta que no se conoce la idea de Bien. Al igual que existe una duplicidad en su metafísica, Platón distinguirá, tal y como señala en el mito de la caverna, dos modos fundamentales de conocer: la doxa (opinión), el falso conocimiento que proviene de la percepción sensible de los seres concretos o aparentes del mundo sensible; y la episteme (ciencia), el verdadero conocimiento de las ideas trascendentes e inteligibles, el conocimiento de la verdadera realidad de las cosas que pertenece al mundo de las ideas y que se obtiene a través de la razón. Según la Teoría de la Reminiscencia platónica, conocer es recordar las ideas que nuestra alma ya tenía pero ha olvidado: la verdad se recuerda, no se enseña. Esto es posible porque el alma racional, que es su esencia, pre existió en el mundo de las ideas. De allí cayó al mundo terrenal, mito del carro alado, y fue atrapada por el cuerpo olvidando su conocimiento. El filósofo usa para ayudar a recordar a otros el método de la mayéutica: arte por el cual mediante preguntas se hace reflexionar racionalmente al interlocutor, obligándole a recordar las ideas que su alma ya conocía pero que ha olvidado. www.lalechuzademinerva.es De esta forma surge el proceso dialéctico que sigue nuestra alma racional para conseguir el conocimiento de la idea de Bien, momento en que el conocimiento de las ideas es perfecto. La dialéctica pasa por cuatro grados del conocimiento, según el símil de la línea, hasta llegar al conocimiento verdadero. Comienza con la Doxa, que se divide a su vez en Imaginación (eikasia: percepción de los objetos sensibles) para pasar luego a la Creencia (pistis: teorías sobre el mundo sensible). A continuación, y ya en la Episteme, aparece la Razón Discursiva (dianoia: razonamiento de modelo matemático) y, como grado máximo, la Intelección (noesis: intuición intelectual y pura de las ideas). Al llegar a la intelección se completa la dialéctica y el conocimiento es total.

EL PROBLEMA DEL SER HUMANO Y DE LA MORAL: ANTROPOLOGÍA Y ÉTICA Platón defenderá el dualismo: alma y cuerpo son dos sustancias distintas y forman una unión accidental. Ambos están en continua lucha pues el alma pertenece al mundo de las ideas siendo inmortal y espiritual mientras que el cuerpo es propio del mundo sensible y es mortal y material. Así, el cuerpo una cárcel para el alma. Esta alma racional es la esencia del hombre y el principio del conocimiento racional, pues nos permite llegar a conocer las ideas del

mundo trascendente. El alma transmigra de cuerpo en cuerpo hasta que consigue purificarse para acceder de nuevo al mundo de las ideas. Platón presenta varias demostraciones de la inmortalidad del alma, destacando la de la reminiscencia (solo podemos conocer el mundo de las ideas por la preexistencia del alma en él) y la de la simplicidad (el alma es simple, pues no es material, y por lo tanto no puede descomponerse y morir). Además, distinguió tres tipos de alma o tres partes del alma en el hombre. La racional, esencial y propia del hombre, que posibilita el conocimiento racional, debiendo gobernar el desarrollo de las otras dos y siendo inmortal. La irascible, proporciona la capacidad del esfuerzo, la voluntad y el vigor, y es mortal. La concupiscible, ofrece la capacidad del deseo y las pasiones sensuales, y también es mortal. La virtud se fundamenta en el desarrollo del bien propio del hombre, su esencia racional, y por lo tanto, es universal. Distingue tres virtudes de acuerdo a la división del alma: la sabiduría o la prudencia, se consigue con el desarrollo del alma racional; la valentía, se realiza con el desarrollo prudente del alma irascible; y la templanza, que se realiza con el desarrollo prudente del alma concupiscible. Con el desarrollo armonioso de las tres virtudes se consigue la Justicia, el orden estable y perfecto de las tres partes del alma, cuando cada parte cumple su función específica.

EL PROBLEMA DE LA MORAL: ÉTICA Para Aristóteles, la moral sigue un esquema teleológico, pues los seres tienden a un fin que en los seres humanos es la felicidad y, por ello, su ética se denomina Eudemonismo. Según Aristóteles, la felicidad consiste en desarrollar y cumplir lo propio de cada ser de acuerdo a su esencia. Esto en los seres humanos es la actividad intelectual, la vida contemplativa, pues la facultad intelectiva es lo característico del ser humano, que lleva al conocimiento de los seres y especialmente del ser supremo, el motor inmóvil. Por ello, lo fundamental será perfeccionar esta característica racional y con ella las virtudes dianoéticas o intelectuales, que son aquellas que perfeccionan el entendimiento: la sabiduría o la contemplación, la reflexión,... Pero el hombre no es sólo una sustancia con entendimiento, sino que tiene necesidades corporales y sociales resultando imposible conseguir la plena felicidad pues no puede ejercer plenamente la vida contemplativa (que sería estar permanentemente pensando) siendo la felicidad absoluta exclusivamente propia del Primer Motor. Así, la felicidad humana es limitada. Precisamente, para cumplir estas necesidades sociales están las virtudes éticas o prácticas, las más humanas (frente a las dianoéticas que serían "dignas") y que deben organizar nuestras vidas de forma que podamos dedicarnos a lo que nos es propio (el desarrollo de la facultad intelectiva). La virtud ética se define en Aristóteles como un hábito (disposición adquirida por la práctica frecuente) de determinar con prudencia (utilizando la facultad intelectiva o entendimiento) el término medio entre dos extremos viciosos (uno por defecto y otro por exceso) de forma personal. El término medio es personal, no universal.

EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD: POLÍTICA Las virtudes se desarrollan en sociedad ya que el hombre es considerado un ser social por naturaleza. El gobierno debe pensar en el bien común y conseguir la justicia social. El orden perfecto de la sociedad se generará con el desarrollo de la virtud característica de cada hombre, según qué alma predomine más en ellos, para así proceder después a la división social en la ciudad y el puesto que cada uno ocupará en ella. La educación es por ello muy importante para descubrir el alma propia de cada individuo y guiar su desarrollo. Platón distingue tres funciones sociales de acuerdo al predominio del alma y que jerarquizan la sociedad: el gobernante, en el que predomina la facultad racional y que debe ser el filósofo que tiene la episteme y la virtud de la sabiduría, cuya función será gobernar; el guerrero, con predominio del alma irascible y cuya virtud es la valentía encargándose de defender la ciudad; y el pueblo, con predominio del alma concupiscible, cuya virtud es la templanza, que proveen a la ciudad de las necesidades económicas o materiales. Para Platón la mejor forma de gobierno es la Aristocracia, el gobierno de los mejores que son los filósofos, que poseen la episteme y por tanto la verdad. Después, y por orden descendente, catalogó a la timocracia (gobierno de los honorables), la oligarquía (gobierno de los ricos), la democracia

identidad personal. La inteligencia permite conocer la verdad. La voluntad, por último, lleva a buscar el amor y la felicidad que solo se pueden encontrar plenamente en Dios. Por todo ello, y siendo ese amor lo fundamental, el alma debe regir el cuerpo para volver a Dios de quien procede. S. Agustín defiende la libertad del ser humano y, con ella, el libre albedrío. La voluntad libre nos hace pecar o vivir bien y conforme a la ley de Dios. Sin embargo, la voluntad no es suficiente para ser bueno por culpa del pecado original y el ser humano necesita la gracia, dada por Dios, para obrar correctamente. Una acción humana debe juzgarse en relación con la intención que la guía: si es conforme a la ley de Dios será buena; si no, será pecado. El mal moral es el abuso que el hombre comete de su libre albedrío, y por ello, es responsable personalmente del pecado cometido. La voluntad humana tiende a la felicidad, fin supremo que sólo se consigue en la otra vida, con la contemplación y amor de Dios cumpliéndose así la auténtica libertad.

EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD: POLÍTICA La facultad racional del hombre sólo puede desarrollarse en sociedad ya que el hombre es para Sto. Tomás un ser social por naturaleza. Los preceptos de la ley natural son demasiado generales y deben ser concretados mediante la ley positiva, las leyes que rigen una sociedad concreta. Las leyes positivas son convencionales y deben ser una prolongación de la ley natural y respetarla, ya que si no es así serán injustas y existe el derecho a desobedecerlas. La búsqueda de la justicia es el punto de unión entre la moral y el derecho. Las mejores formas de gobierno, para Esto. Tomás son la Monarquía, la Aristocracia y la Democracia siempre que respeten la ley natural al hacer sus leyes positivas.

ÉPOCA MODERNA

EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO: EPISTEMOLOGÍA

Descartes, siglo XVII, es el fundador de la Filosofía Moderna y principal pensador de la corriente filosófica del Racionalismo. El Racionalismo es una escuela filosófica que considera a la Razón, frente a los sentidos, como única fuente de conocimiento verdadero. Para Descartes lo fundamental es buscar un conocimiento cierto y seguro sin ningún tipo de duda. Por ello, su prioridad será buscar un método que nos ayude a modo de guía a razonar. Además, este método debe ser compatible con la forma de pensar de la Razón humana, pues si no sería inútil. Por ello, lo primero que hace es analizar la forma de actuar de la propia Razón. En la Razón, que es la misma para todos los hombres, se distinguen dos modos de conocimiento seguros: la intuición o luz natural, conocimiento de las ideas simples que surgen de la propia razón de forma clara y distinta, cuya verdad es evidente e indudable; y la deducción, que es el conocimiento de una sucesión de intuiciones de las ideas simples y de las conexiones que la razón descubre entre ellas para llegar a verdades complejas, juicios o leyes. Por ello, el método deberá cumplir cuatro reglas que permitan desarrollar estos modos y que nos lleven a un conocimiento seguro. La primera regla es la evidencia, que consiste en aceptar como verdadero sólo aquello que se muestra de forma clara y evidente. La segunda es el análisis, por el que se dividen las ideas complejas hasta llegar a las ideas simples y evidentes para que puedan ser intuidas. La tercera es la síntesis que busca desde lo ya intuido construir las verdades complejas. Y, por último, la cuarta es la enumeración, por la que al final se deben revisar los pasos anteriores para estar seguros de su correcta aplicación.

Descartes aplicará este método para buscar una verdad indudable y llegar así a una metafísica cierta y segura. Para encontrar esta verdad evidente aplicará la duda metódica: a través de un proceso de duda se buscará llegar hasta aquello que resulte evidente e indudable. En la primera duda, dudará del conocimiento que proviene de los sentidos pues pueden engañarnos. En la segunda duda, dudará de la existencia de la realidad extramental ya que resulta imposible distinguir la vigilia del sueño. Y por último, en la tercera duda, dudará del conocimiento que proviene de la razón, de las ideas de razón o de los razonamientos, pues se puede suponer la existencia de un genio maligno que nos lleva hacia el error cuando creemos estar en lo cierto. Sin embargo, afirma Descartes, no podemos dudar que dudamos, mientras pensamos no podemos dudar que estamos pensando y por lo tanto que existimos. La primera intuición de una verdad indudable es pienso, luego existo (cogito ergo sum). Y si existo lo hago como un yo pensante, un cogito, afirmando, pues, la existencia de la sustancia pensante (el cogito) como primera verdad indudable.

EL PROBLEMA DE DIOS: METAFÍSICA Descartes partirá del cogito, la verdad indudable, para construir una metafísica cierta. El cogito piensa ideas que pueden dividirse hipotéticamente en tres tipos: adventicias, aquellas que parecen provenir del exterior; facticias, aquellas que construye la mente a partir de otras ideas; e innatas, aquellas que la razón tiene en sí misma y no son ni adventicias y facticias. Entre las ideas innatas se encuentra la idea de Infinito, que Descartes identifica con la idea de Dios. Según Descartes, la idea de Infinito (Dios) que existe en nuestra mente no es adventicia, pues no puede proceder del exterior, ni ficticia, pues no puede ser producida por la mente, así pues deberá ser innata. Descartes aplicará a continuación el principio de causalidad para demostrar la existencia de Dios. La idea de infinito (Dios) no puede haber tenido como causa a un ser finito, pues debe haber una proporción entre la causa (lo que origina la idea de infinito en el cogito) y el efecto (la misma idea de infinito). Por tanto, esa idea de infinito debe ser causada por un ser a su vez infinito y, como consecuencia, afirmará que Dios existe pues es la causa necesaria de nuestra idea de Dios o de infinito.

razón, supone la buena voluntad. No son acciones morales por tanto las conformes al deber, pero que no se realizan por deber, ni por supuesto las contrarias al deber. Así, el bien moral, la virtud, es cumplir el deber por respeto al mismo. La exigencia de obrar moralmente, por deber, se expresa en el imperativo categórico, que establece la forma de la máxima que guía la acción moral (la forma o modo en que debemos comportarnos pero no qué debemos hacer en concreto), siendo universal y determinado por la razón a priori. De esta forma, para cumplir el deber debemos aplicar el imperativo categórico. Este imperativo tiene varias formulaciones pero destacan dos: obrar siempre de tal manera que nuestra acción pueda ser considerada como ley universal obligatoria y obrar siempre tratando a todo ser racional como un fin en sí mismo y no sólo como un medio. Cumpliendo el imperativo categórico, según Kant, se conseguiría construir el Reino de los Fines, una sociedad ideal donde cada persona sería siempre tratada como un fin y no como un medio. Además, Kant afirma tres postulados de la razón práctica. El primero, y único demostrado en la práctica, es el de la libertad pues la existencia en nuestra razón de la exigencia de obrar por deber supone la libertad como algo previo para poder ser capaces de vencer nuestras inclinaciones e intereses. El segundo, y no demostrado pero siendo una exigencia de la razón, es el alma inmortal pues el cumplimiento del deber nunca acaba y por ello se debe exigir la inmortalidad del alma. Y el tercero, tampoco demostrado pero igualmente una exigencia de la razón, es la existencia de Dios pues la exigencia racional de la identificación entre la virtud y la felicidad exige su existencia para que esto sea posible.

EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD: POLÍTICA La sociedad corrompe así al hombre pero Rousseau es consciente de que no se trata de volver a un estado primitivo, que ni siquiera se puede demostrar que existió, sino que hay que analizar esta sociedad, que produce esa infelicidad y egoísmo en el ser humano, para ver cuál es su causa y reformarla de forma tal que pueda ser una comunidad que haga felices a los hombres. Y para realizar esta tarea seguirá dos pasos: en primer lugar situar el origen del mal social; y, segundo, proponer una serie de reformas para transformar esta sociedad.

Para Rousseau el origen del mal en la sociedad es la desigualdad. Esta es fruto de la propiedad privada que al surgir produjo que los hombres acabarán siendo socialmente desiguales pues unos empezaron a atesorar privilegios frente a otros. Además, esto produjo un permanente enfrentamiento social donde lo que primaba era el egoísmo y no la cooperación, pues el deseo era poseer más y por tanto se fomenta la codicia y el enfrentamiento entre todos. Así, la sociedad actual es injusta y además impide la realización plena de los seres humanos pues no les lleva a la felicidad. Para reformarla, Rousseau propone un Contrato Social. Se debe reformar la sociedad, pero no se puede volver al estado de naturaleza sino que la idea del estado natural debe servir para crear las bases de una sociedad justa, legítima de acuerdo al ser humano. Se trata de establecer las bases para un pacto social justo, donde se pueda armonizar libertad, igualdad y poder político. En este pacto social, que es un contrato social, el pueblo es el soberano. Esta soberanía popular se expresa en la voluntad general que no es una mera suma de las voluntades de cada uno. Efectivamente, la voluntad de todos sería la suma de intereses egoístas de cada uno de los hombres; sin embargo, la voluntad general es la del sujeto colectivo que siempre pretende el bien común. Así, el individuo renuncia a sus egoísmos personales para someterse por consentimiento libre a las leyes que se emanan de la voluntad general. Cada uno renuncia así, según Rousseau, no a la libertad como ciudadano sino a la libertad de obrar de acuerdo al egoísmo propio y en contra de la comunidad. Además,opina Rousseau, para la creación de esta nueva sociedad será fundamental la educación. Rousseau, en su obra Emilio, considera que a los niños se les debe instruir desde la libertad, huyendo del

academicismo y el mero aprendizaje memorístico. Para esta educación se debe tener en cuenta que los niños tienen una mentalidad diferente a los adultos, buscando abrir su mente a la curiosidad y deseo de saber a través, fundamentalmente, del contacto con la naturaleza. Esta educación tiene como finalidad última formar buenos ciudadanos y contribuir a la mejora social. De esta forma, y según Rousseau, los hombres pueden entrar en un nuevo estado que no es ni el social anterior donde primaba el egoísmo individual ni tampoco el natural. Este nuevo estado consiste en una sociedad racional y libre donde se erradica el mal moral y la injusticia y permitirá que cada uno de los seres humanos pueda alcanzar su felicidad y plena realización.

ÉPOCA CONTEMPORÁNEA EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO Ortega hará una crítica tanto a la filosofía anterior a la modernidad, el Realismo, como al Idealismo, la filosofía que se desarrolló a partir de Descartes. En el Realismo, la filosofía anterior a Descartes, la realidad es comprendida como el conjunto de las “cosas” que existen independientemente del sujeto. Esta realidad es algo acabado, estático, y se explica con los conceptos de “esencia” o “sustancia”. Además, en el Realismo el sujeto es una cosa más siendo el yo absorbido por el mundo. También criticará al Idealismo, la filosofía que surge con Descartes. Con el Idealismo el conocimiento de la realidad se fundamenta sobre el sujeto, sobre el pensamiento, llevándose a afirmar que todas las realidades no son sino ideas del sujeto. Este sujeto es a su vez una sustancia estática que no evoluciona con el tiempo. Por ello, y al contrario que en el Realismo, las cosas son absorbidas por el yo (subjetivismo). Frente a esto, para Ortega la verdadera realidad está en el yo con las cosas, no siendo el yo ni las cosas algo acabado e independiente, sino dependientes ambos en su constitución y desarrollo. Ésta relación mutua del sujeto y del objeto se da en la Vida y por ello ésta es el fundamento de toda realidad. Así, la vida se constituye como el elemento fundamental, la vida es la Realidad Radical. Ortega estudiará las categorías o características fundamentales que definen la Vida: primero, la vida es autoconciencia de vivir, reconocerse, saberse como conciencia; segundo, la vida es encontrarse en una circunstancia que es la mutua relación de mi vida y mi mundo; tercero, vivir es algo imprevisto pues no hay una elección en vivir aquí y ahora ni sobre las cosas que puedan ocurrir; y, este imprevisto, genera la vida como un problema ante el cual debe surgir la decisión personal guiada por un proyecto con lo cual la vida se va fabricando por uno mismo; por fin, y relacionado con este proyecto, la vida es temporalidad, es futuro permanente pues se vive para y hacia él. De esta forma, la vida es primordial pero también lo será la Razón, pues es la única que puede clarificar la propia vida. Surge así el Raciovitalismo donde la razón no es algo que esté fuera o antes de la vida, algo que existe de forma abstracta, "pura" o "a priori", sino que se encuentra en la vida concreta de cada uno. Por eso, la Razón sólo puede entenderse como Razón Vital. Y, a su vez, como toda vida se da en unas circunstancias históricas determinadas la Razón Vital es siempre Razón Histórica. Razón Vital y Razón Histórica no son pues dos razones distintas sino una misma racionalidad que asume a la vida y a la realidad en su devenir. La razón histórica o vital no acepta nada como un hecho fijo, sino que estudia el proceso de la realidad mediante esquemas intelectuales, categorías y conceptos, que van cambiando y modificándose con la vida misma. Por ello, la razón vital e histórica es algo móvil, igual que la realidad que trata de conocer, siendo un proceso que nunca acaba. www.lalechuzademinerva.es Por todo esto, Ortega defenderá el Perspectivismo: cada individuo tiene una perspectiva, una verdad propia. Estas verdades individuales son perspectivas de la realidad y no pueden ser, por tanto, tomadas como verdades absolutas. Así, la realidad se dará siempre en perspectivas diversas y cambiantes de cada uno, el cual se relaciona con ellas también desde diversas perspectivas cambiantes, desde las que les da un significado, un valor y un sentido, creando así un mundo, el mundo propio. A su vez, estas perspectivas propias podrán unirse con la de otros formando perspectivas más amplias y verdaderas, pero nunca se llegaría a la verdad absoluta pues esto implicaría la suma de todas las perspectivas pasadas, presentes y futuras. Además, el

Superestructura es dialéctica incluyéndose mutuamente. Por supuesto, la base económica puede cambiar y eso ocurre cuando surgen una serie de contradicciones que, alcanzado un determinado nivel, harán que la sociedad entre en crisis. Estas contradicciones son una negatividad surgida del sistema y se traducen en condiciones necesarias para su transformación (para hacer la revolución). Estas condiciones son tanto condiciones objetivas, elementos dentro del sistema de producción económico, como condiciones subjetivas, por las que un grupo humano debe tomar conciencia de las contradicciones e injusticias del sistema vigente y realizar la revolución.