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Exploración de la evolución filosófica de edgar morín, desde su adolescencia hasta la reforma paradigmática de sus esquemas mentales. Morín busca un orden mundial que coexiste con la solidaridad terrestre, reforma el saber y propone educar a los educadores. El autor se inspira en hegel, marx, la cibernética, la física cuántica y la teoría de sistemas, entre otros.
Tipo: Apuntes
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Por Rafael Reyes Galindo Centro Universidad Abierta -Pontificia Universidad Javeriana A Edgar Morín se le considera una de las figuras más prestigiosas del pensamiento contemporáneo. Las ideas centrales en las que descansa su reflexión sobre el futuro del mundo y de la humanidad giran alrededor de la convicción de que se puede buscar un orden económico mundial que no riña con la idea de la solidaridad terrestre; de que es necesario reformar el saber, hacerlo polifásico, interdisciplinar y transdiciplinar; como también su propuesta de reformar el pensamiento a través de la educación de los educadores. Morín ha dividido la evolución de sus ideas en tres grandes reorganizaciones: Una primera concepción del mundo: Aquí se ubica su época de adolescencia y juventud, sus estudios interrumpidos por la guerra. Es lector de Hegel; este autor le muestra que la insuficiencia de asumir los conocimientos en forma desunida; se plantea que las verdades no existen aisladas una de otras sino articuladas siempre. Hegel también le enseña que la contradicción no debe ser rechazada; al contrario, la contradicción es un alimento de conocimiento. De la misma manera la duda no debe desalentar sino que es energía del espíritu. Por esta época también lee a Marx, sobre todo Manuscritos económico-filosófico centrados en la preocupación por el hombre; de aquí surge la idea de que no se puede abarcar una ciencia de la naturaleza sin una ciencia del hombre. Segunda reorganización genética: Ubicable en 1947 donde sin abandonar a Hegel y a Marx, somete a crítica el pensamiento de cada uno de ellos. Las contradicciones existen, pero no se superan una a las otras, como dice Hegel, sino que se mantienen sin eliminar una a la otra. No es "dialéctica", por tanto, sino "dialógica". Ya no es tan importante la duda sino el desarrollo de un "pensamiento interrogativo". Su ética se centra en una resistencia contra las barbaries de nuestro tiempo. El cine le enseñó que la condición humana también es imaginaria y no sólo realidad pura. El hombre además de técnica y razón, es también imaginación y afectividad. Se vuelve autónomo en política y se opone al comunismo soviético. En su diagnóstico social le preocupa el subdesarrollo de las civilizaciones desarrolladas. En el inicio de los 60 su discurso se va enrutando, imperceptiblemente, por el pensamiento complejo. Las experiencias concretas de las convulsiones sociales que vivió de 1963 a 1969 lo lleva a buscar estrategias de investigación que respondan a los retos de la complejidad que afronta. Tercera reorganización genética: Empieza, la " reforma paradigmática", es decir, la reforma de sus esquemas mentales. De 1968 a 1970, a los cincuenta años. comienza su reaprendizaje. Estudia biología, la cibernética la teoría de sistemas, la teoría de la información, la física cuántica, termodinámica. Además realiza una reflexión filosófica sobre la ciencia leyendo a Popper,. Kuhn, Lakatos; también a Husserl y Heidegger. Estos horizontes distintos lo marcan de forma decisiva y le permite plantear su última aventura, el desarrollo del pensamiento complejo. Ya no hay orden soberano en el universo; el caos, el desorden y el azar obligan a negociar constantemente con la incertidumbre. Así plantea, a propósito, su libro fundamental, El Método: orden - desorden- interacción - organización.
Hoy Morín reside en un apartamento parisino en Saint Claude y es Presidente de la Asociación por el Pensamiento complejo con Sede en París y Presidente de la Agencia europea por la Cultura (Unesco). El pensamiento de Morín está ligado a sus experiencias dolorosas personales, al drama de la guerra y la desilusión que le produjo la tiranía en que cayó el pensamiento marxista en manos del Stalinismo; al mismo tiempo, está marcado por el espíritu aventurero en que ha estado envuelto su vida intelectual y en la huída de toda doctrina que considere impuesta. La vida de Morín ha sido impulsada por lo que el mismo llamó un obsesivo miedo al error, sobre todo como fruto del fracaso final del comunismo soviético y que produjo inicialmente una adhesión fervorosa en la juventud europea y en él mismo. Esto experiencia lo convirtió en un interrogador incesante, cultivó su curiosidad nómada, la búsqueda insaciable, el interés por las ideas contrarias. La exploración de los nuevos mundos de la cibernética, de la física quántica lo pusieron en contacto con las teorías del caos y de la interconectividad de los diferentes elementos del cosmos. La biología lo dotó de nuevos esquemas mentales para entender el mundo de los vivo y para comprender al mismo hombre. La realidad no es simple, constata Morín, son muchos los elementos de que consta, pero estos elementos no están aislados sino interconectados. Incluso entre unos elementos y otro los límites son borrosos. Si la realidad no es simple, el conocimiento tampoco puede serlo so pena de incurrir en el error. ¿En qué consiste el pensamiento complejo en Edgar Morín? Morín plantea superar el pensamiento simplificador , es decir, aquel que se vincula ciegamente a una sistema de conocimiento para comprender al mundo sin ser capaz de ir más allá de los límites que a sí mismo se impone. Este pensamiento es unidimensional y simplista. En el pensamiento llamado simplificador uno podría distinguir cuatro principios básicos constantemente mencionados por Morín:
En 1996, la Comisión para el desarrollo sostenible de las Naciones Unidas, le encargó a la Unesco, el “Programa Internacional sobre educación, la sensibilización del público y la formación para la viabilidad“. Preocupados, en la construcción de un futuro viable, LA UNESCO le encargó al pensador Edgar Morín plantear la educación en términos de durabilidad. Para este fin elaboró el documento “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro“. El trabajo enuncia prioridades para tomar medidas en todos los ámbitos, políticos, económicos, sociales. Es por eso, que el documento no es exhaustivo en sus orientaciones. Sin embargo, nos invita a tomar medidas con respecto a esas prioridades y se convierte en texto obligado para los que nos ocupamos de una educación que, aunque es para el presente, también cuando se mira desde la perspectiva de la durabilidad, arroja nuevos datos de reflexión para proyectar un futuro mejor. De esta manera el autor señala saberes para la educación del futuro en siete planteamientos: 1 1. Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión. 2 2. Los principios del conocimiento pertinente. 3 3. Enseñar la condición humana 4 4. Enseñar la identidad terrenal. 5 5. Enfrentar las incertidumbres. 6 6. Enseñar la comprensión 7 7. La ética del género humano 8 Habiendo ubicado algunos rasgos del pensamiento complejo vistos por Morín consideramos que podemos asumir los temas de los Siete Saberes necesarios para la educación del futuro. Ciertamente no se trata de estudiar la complejidad por curiosidad intelectual, sino de explorar sus planteamientos para ver hasta qué punto se podría aplicar para iluminar la misión de educación y de los educadores. "Los siete saberes necesarios para la educación de futuro" se constituye en su última obra, con la que Edgar Morín cierra el ciclo pedagógico que había iniciado en 1999 con dos libros, "La mente bien ordenada" y "Relacionar los conocimientos: el desafío del siglo XXI", trilogía que refleja las bases de su pensamiento sobre la educación. En ellos plantea que mientras nuestros conocimientos, son cada vez más especializados y fragmentados, los problemas a los que debemos enfrentarnos, son cada vez más complejos y globales. Esto hace que el presente y un futuro viable se nos escape cada vez más de nuestras manos. Según Morin, a este desajuste contribuye el sistema educativo con sus divisiones en Ciencias y Humanidades, con sus departamentos cerrados y sus disciplinas aisladas, con sus métodos que, desde la misma Primaria, tienden a aislar a los objetos de su entorno. Si queremos reformar la educación hemos de pasar por una reforma del pensamiento. Hoy se ha hace necesario pensar la educación en términos de durabilidad, es decir, en una educación que nos pueda hacer pensar, o soñar, en un futuro sostenible “para nuestros hijos, nuestros nietos y los hijos de nuestros nietos”.