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En este trabajo encontraras la definición, clasificación, extensión, profundidad, complicaciones y tratamientos de las quemaduras
Tipo: Tesis
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Primer informe de trabajo independiente: Quemaduras Pérez Guerra Mariangel Ponce Duarte Pedro Miguel Facultad de Medicina, Universidad Metropolitana de Barranquilla 300331: Fundamentos en medicina Dr. Fabián de Jesús Akel Rodríguez Barranquilla, 20 de febrero 2022
El peligro de sufrir quemaduras es constante en la vida diaria. Desde las quemaduras solares a las causadas directamente por el fuego, hay toda una gama de posibilidades y situaciones de riesgo. En el presente trabajo se abordan los diferentes tipos de quemaduras y su gravedad, así como sus complicaciones, tratamiento y prevención. Se ha visto que las personas padecientes de lesiones ocasionadas por quemaduras no tienen la información suficiente para llevar a cabo las acciones competentes y solucionar sus dolencias, esta falta de información es tan grande que se ha llevado a cabo este proyecto donde se hablaran de las generalidades, la gravedad, complicaciones y los tratamientos necesarios para dejar de lado esa falta de conocimiento y apropiarnos de esta información tan fundamental en la vida diaria.
El objetivo del presente informe es conseguir que quienes lo lean adquieran y entiendan más sobre las quemaduras, sus grados y tratamiento de las mismas. OBJETIVOS ESPECIFICOS Identificar y proponer tratamientos en función a su gravedad Promover el estudio de la regla de los 9 WALLACE
Las quemaduras se clasifican como de primero, segundo y tercer grado, según qué tan profundo y con qué gravedad penetran la superficie de la piel. Quemaduras de primer grado (superficiales). Las quemaduras de primer grado afectan únicamente la epidermis, o capa externa de la piel. El sitio de la quemadura es rojo, doloroso, seco y sin ampollas. Las quemaduras leves del sol son un ejemplo. Es raro el daño de largo plazo al tejido y generalmente consiste de un aumento o disminución del color de la piel. Quemaduras de segundo grado (espesor parcial). Las quemaduras de segundo grado involucran la epidermis y parte de la capa de la dermis de la piel. El sitio de la quemadura se ve rojo, con ampollas y puede estar inflamado y ser doloroso. Quemaduras de tercer grado (espesor total). Las quemaduras de tercer grado destruyen la epidermis y dermis y pueden dañar el tejido subcutáneo. La quemadura puede verse blanca o carbonizada. La zona afectada pierde sensibilidad. Quemaduras de cuarto grado. Las quemaduras de cuarto grado también dañan los huesos, los músculos y los tendones subyacentes. No hay sensación en la zona, ya que las terminales nerviosas han sido destruidas.
Para calcular la extensión aproximada de la zona afectada se ha empleado tradicionalmente la «regla de los 9 de Wallace», en virtud de la cual el cuerpo se divide en zonas a las que, según la extensión que ocupan en relación con la superficie corporal total, se les asigna el valor 9 o un múltiplo de 9. En la figura 1 quedan reflejados los segmentos corporales y el valor asignado. Este cálculo no es aplicable en niños Fig. 1. Regla de los 9 Se considera que una quemadura tiene repercusiones importantes si afecta a un 10% de la superficie corporal de un niño o a más del 15% del organismo de un adulto. En personas en las que el área quemada supere del 15 al 30% del organismo puede producirse un shock hipovolémico, debido a la elevada pérdida de agua.
Profundas. Estas lesiones llegan a la capa regenerativa de la piel, en la dermis. No afectan ni a los folículos pilosos ni a las glándulas sudoríparas. Suelen manifestarse como manchas rojas punteadas sobre un fondo blanquecino. La recuperación es más lenta y puede durar más de un mes. Suelen dejar cicatrices hipertróficas. Quemaduras de tercer grado En esta quemadura se destruye toda la piel en profundidad e incluso pueden afectar a tejidos subyacentes. Su color tiende a blanquecino y coriáceo. No hay ampollas. Suelen ser insensibles y no producen dolor, ya que la quemadura alcanza las terminaciones nerviosas. La reepitelización se produce a partir de los bordes de la lesión de manera irregular, por tanto, suelen requerir tratamiento quirúrgico. En la tabla I se resume la clasificación de las quemaduras por profundidad. Si el farmacéutico aprecia claramente que el objeto de consulta es una quemadura de primer grado en adulto sano, que no compromete órganos críticos y afecta a un porcentaje de superficie corporal no superior al 1%, podrá aconsejar un tratamiento desde la oficina de farmacia. En el resto de casos derivará al paciente al servicio médico de urgencias más cercano.
Las complicaciones de las quemaduras profundas o generalizadas pueden ser las siguientes: Una infección bacteriana, que puede ocasionar una infección en el torrente sanguíneo (sepsis) La pérdida de líquidos, que incluye un volumen sanguíneo bajo (hipovolemia) Una temperatura corporal peligrosamente baja (hipotermia) Problemas respiratorios por la entrada de aire caliente o humo Cicatrices o áreas estriadas producidas por un crecimiento excesivo de tejido cicatrizal (queloides) Problemas óseos y articulares, como cuando el tejido cicatrizal provoca acortamiento y tirantez de la piel, los músculos o los tendones (contracturas) TRATAMIENTOS Si las quemaduras son leves y afectan a una pequeña zona de la superficie corporal, pueden ser tratadas en régimen ambulatorio, salvo en el caso de que existan lesiones por inhalación. Se consideran quemaduras menores aquellas de primer o segundo grado superficiales (de extensión menor al 15% de la superficie corporal en adultos y del 10% en niños), las de segundo grado profundas (de extensión inferior al 10% de la superficie corporal que no afectan a zonas vitales) y las de tercer grado que afecten a menos del 1% de la totalidad de la superficie del cuerpo. En el resto de quemaduras se procederá al ingreso hospitalario.
A así mismo, el tratamiento de urgencia más efectivo es enfriar el área quemada mediante la aplicación local de frío, por ejemplo, mediante agua fría procurando que el chorro de agua no incida directamente sobre la zona quemada. También puede sumergirse el área afectada o enfriarse con compresas frías. Enfriar la quemadura disminuye la hinchazón al absorber el calor de la piel. La aplicación de agua fría debe prolongarse hasta que al suspenderla no vuelva a aparecer el dolor. En ningún caso debe aplicarse hielo directamente sobre el área quemada, puesto que podría aumentar el daño a la piel. Tampoco es recomendable aplicar pomadas o ungüentos, especialmente aceites, ya que aumentan el calor en la zona y con ello agravan el proceso y predisponen a que se produzca una infección. A continuación, debe procederse a retirar los restos de piel muerta y limpiar con jabón y abundante agua con suavidad. Igualmente, hay que tener en cuenta que, ante una quemadura de segundo grado, nunca debe procederse a abrir o vaciar las vesículas o ampollas, ya que la herida podría contaminarse por microorganismos con mayor facilidad. En caso necesario, indicado siempre por un especialista, el líquido de la ampolla podría ser evacuado por punción con una aguja estéril y la ampolla debe ser posteriormente tratada con un antibiótico. Existen algunas pomadas o soluciones que contienen bactericidas para evitar posibles infecciones. Se recomienda una pomada con cicatrizante y antibiótico, o en caso de que la quemadura curse con dolor, se puede aplicar un pulverizador con cicatrizante y anestésico. Un excelente cicatrizante es la centella asiática. Después es recomendable cubrir el área lesionada con un apósito ligero de gasa esterilizada con suficiente pomada para evitar que ésta se adhiera a la superficie de la herida. Este apósito evita que la quemadura entre en contacto con el aire y reduce el dolor. Puede fijarse la gasa con una venda floja. Cuando se producen quemaduras en las manos o en los pies, es aconsejable separar cada dedo con una gasa húmeda antes de poner la venda. Asimismo, en caso necesario puede administrarse un analgésico para reducir el dolor (teniendo en cuenta las indicaciones o
contraindicaciones). En el caso de que se haya producido una quemadura química que afecte a los ojos, hay que lavarlos de inmediato con agua corriente durante unos veinte minutos. Después, es aconsejable cubrirlos con una gasa humedecida sin presionarlos y acudir enseguida a un centro médico. Además del tratamiento antibiótico, es necesaria una óptima regulación hidroelectrolítica, por lo que, si el paciente está consciente, hay que administrarle abundantes líquidos vía oral, en lo posible suero fisiológico. En el caso de que existan quemaduras en la cara, hay que cubrirla con gasa estéril dejando unos orificios para la boca, nariz y ojos. Después de estos cuidados iniciales, trasladar al paciente al centro asistencial más próximo o consultar con el médico. Es recomendable siempre acudir al médico, aunque se trate de quemaduras leves, para que él nos indique el tratamiento adecuado de la quemadura, así como las medidas complementarias que deban adoptarse (antibióticos, analgésicos, antitetánica). Para prevenir las lesiones causadas por el sol, debemos recordar que los niños menores de tres años son especialmente susceptibles a presentar este tipo de quemaduras
Para concluir con el tema, está claro que las quemaduras son lesiones que afectan a la integridad de la piel consistentes en pérdidas de substancia de la superficie corporal producidas por distintos agentes (calor, frío, productos químicos, electricidad o radiaciones como la solar, luz ultravioleta o infrarroja, etc.), que ocasionan un desequilibrio bioquímico por desnaturalización proteica, edema y pérdida del volumen del líquido extravascular debido a un aumento de la permeabilidad vascular. El grado de la lesión (profundidad de la quemadura) es el resultado de la intensidad del efecto del agente y la duración de la exposición y puede variar desde una lesión relativamente menor y superficial hasta pérdida extensa y severa de piel. Las quemaduras térmicas más comunes en adultos son aquellas ocasionadas por fuego (40- 45%), mientras que en los niños las lesiones con mayor frecuencia son escaldaduras con líquidos calientes. Las quemaduras, sobre todo si son graves, a menudo se pueden acompañar de afección de otros aparatos, bien por alteración directa o bien a consecuencia de la deshidratación. A menudo los síntomas respiratorios que acompañan a las quemaduras térmicas se deben a la inhalación de productos resultantes de una combustión incompleta, los cuales son potentes irritantes químicos de la mucosa respiratoria; e incluso si la inhalación es de gases calientes se altera el nivel de conciencia. Aunque su pronóstico depende de la extensión y la profundidad de la lesión, hay ciertas zonas (manos, pies, cara y perineo) que por sí solas producen importantes incapacidades. La
evolución del paciente quemado depende de la fuente de calor, el tiempo de actuación y su intensidad, el tipo de paciente (edad y patologías previas) y la calidad de tratamiento que se preste en la etapa aguda.