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Asignatura: Generos periodisticos, Profesor: Sanguino Sanguino, Carrera: Enfermería, Universidad: Nebrija
Tipo: Apuntes
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1. Introducción El presente artículo se propone dar cuenta del estado actual de una investigación en curso que se realiza en el marco de la programación científica 2002-2003 de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales y que tiene por objeto la delimita- ción de diferencias estilísticas en el tratamiento discursivo de clases de textos que un segmento de la sociedad, el vinculado directa o indirectamente con los medios masi- vos, denomina géneros periodísticos.
En una exposición anterior a este trabajo^1 se intentó una definición provisoria de género periodístico : los géneros periodísticos son clases de textos relacionados con lo que la sociedad llama información, que generan un horizonte de expectativas y que son producidos por los medios masivos, tanto gráficos como radiales y audiovisua- les.
Esta definición provisoria intenta estar en línea con la que Oscar Steimberg hizo en Semiótica de los Medios Masivos^2. En ese texto Steimberg desarrolla el concepto de género a través de un conjunto de hipótesis, entre las cuales se encuentra la que sostiene que “la vida social del género supone la vigencia de fenómenos metadiscur- sivos permanentes y contemporáneos”.^3
Este trabajo se propone observar los mecanismos metadiscursivos de los géneros periodísticos, qué tan consolidados están o, por el contrario, qué tan débiles son, cuá- les son los acuerdos, si los hay, y en qué grado.
Revista Científica de Vol. VIII Nº 1
(^1) Páez, 2000.
(^2) Steimberg, 1993: 45.
(^3) Steimberg, 1993: 67.
Un lugar de observación posible de ese tratamiento discursivo lo constituyen dos tipos de textos que circulan socialmente con el nombre de manuales de estilo , por un lado, y de manuales de periodismo , por otro. La comparación de las operaciones de sentido^4 , que de los géneros periodísticos hacen ambos tipos de manuales, permite explicar, al menos en parte, cómo el periodismo prescribe su propia producción dis- cursiva.^5
En los manuales de estilo, los diarios, de alguna manera, se definen a sí mismos por tratarse de textos que prescriben normas de escritura, diagramación, argumenta- ción, de contenidos, etc. En los manuales de periodismo, las instituciones de forma- ción profesional, como las escuelas, talleres y academias, también prescriben reglas de presentación, redacción y argumentación. Y es en los capítulos dedicados a los gé- neros periodísticos donde estos manuales ofrecen definiciones y descripciones que dan cuenta de posibilidades y restricciones de organización discursiva, que los dia- rios dicen aplicar y las academias enseñar.
Por otro lado, la descripción de esas reglas da cuenta, fragmentariamente, por su- puesto, de cómo estos discursos se insertan en la semiosis , lo que es una manera de observar, aunque más no sea parcialmente, la interacción de los medios masivos con el funcionamiento discursivo del resto de la sociedad, interacción en la cual se cons - truye lo real.
2. Los manuales de estilo Una etapa del trabajo consistió en la descripción de los capítulos referidos a los géneros periodísticos en los manuales de estilo de tres diarios nacionales: Clarín, La Nación y Perfil, y de un diario extranjero, El País , de Madrid. De la confrontación de aquellos textos surgieron posicionamientos estilíticos opuestos^6. Por un lado, en- tre el manual de Perfil frente a los de Clarín , La Nación y El País y, por otro, entre el de La Nación frente a los de Clarín y El País. La primera oposición se mostró co- mo más “fuerte” en comparación con la segunda, más “débil”. El manual de Perfil se posicionaba como el lugar de la irrestricción , de la ausencia de norma, de la acep- tación de la subjetividad frente a la imposibilidad de una práctica discursiva objeti- va, del reconocimiento de la opacidad frente a la transparencia. Todo lo contrario ocurría con los otros tres manuales en los que la prescripción de reglas, de restriccio- nes, de una práctica discursiva objetiva se señalaba como no sólo necesaria sino co- mo ineludible: en esos textos, las operaciones discursivas construían un enunciador
(^4) El modelo teórico de referencia es el desarrollado por Eliseo Verón en Verón, 1987 y 1999.
(^5) En este punto, y en algunos otros, el presente trabajo coincide con el publicado por José Luis Petris,
(^6) Se emplea el concepto de estilo en el sentido en que lo desarrolló Oscar Steimberg (1993: 45-84).
Reportaje Columna de opinión , que incluye Editorial, Columna fija y Nota de opinión Gacetilla Apostillas Agendas, carteleras y guías Cronología Cartas de lectores Críticas
El sistema de Martínez Valle es muy diferente. La autora distingue entre géneros y modelos o formas periodísticos y dice que esta clasificación fue realizada por una institución, el Centro Interamericano para la Producción de Material Educativo y Científico para la Prensa (CIMPEC), “cuya sede se encuentra en Colombia y es un organismo del Programa Regional de Desarrollo Educativo de la Organización de los Estados Americanos (OEA)” (Martínez Valle: 47) y que “con ella pretende: a) dar un paso hacia la uniformidad de la nomenclatura latinoamericana de modelos o formas periodísticos; b) facilitar el estudio de las técnicas periodísticas; c) buscar una siste- matización que signifique una ayuda para los estudiantes de periodismo.” (ibídem)
Esta clasificación data del año 1980, es decir, que es anterior a la edición del tex- to de Camps y Pazos. Sin embargo, estos autores no parecen haberla tomado en cuen- ta. Martínez Valle reconoce que “en los países latinoamericanos y en Europa la nomenclatura de los modelos o formas periodísticas registra una variación muy grande” (ibídem) y que “no es fácil, entonces, intentar una clasificación de los modelos o formas periodísticos, especialmente si ellos deben estar relacionados con los géneros” (ibídem). De esta manera, esta autora se diferencia del manual de Camps y Pazos no sólo por la clasificación en sí sino por reflexionar, aunque brevemente, sobre los acuerdos y desacuerdos acerca de los sistemas de clasifi- cación, es decir, que hace del sistema un problema , aunque sin llegar a constituir- lo en objeto científico. Este esfuerzo por buscar mayor precisión en la diferen- ciación y definición de los géneros periodísticos se mantiene a lo largo del texto y, aunque cae reiteradas veces en descripciones ambiguas, es el rasgo central que hace que este manual genere, como efecto, un enunciador preocupado por la pre- cisión en la delimitación de su objeto y la sistematicidad en la descripción y ex- plicación del mismo.
Esta referencia de Martínez Valle al CIMPEC habla también del recurso a lo ins - titucional , en tanto que legitimador del propio discurso, lo que se va a complemen- tar, a lo largo del texto, con el empleo de la cita de autoridad. En esto también se di- ferencia del manual de Camps y Pazos, que va a dar como efecto global un enuncia- dor menos institucionalizado, más acotado, menos formal, aunque igualmente peda- gógico, en el que lo académico de Martínez Valle cede ante la informalidad, que no quiere decir vaguedad, del taller de periodismo.
Por otro lado, el apoyarse en el sistema de géneros del CIMPEC le ahorra a Mar-
tínez Valle el tener que explicarlo. La autora no da cuenta de por qué distingue entre “género” y “modelo o forma periodística” ni qué entiende por género y por modelo periodístico. En esto se diferencia de Camps y Pazos.
La grilla clasificatoria de Medios gráficos y técnicas periodísticas, tomada de la “Tabla de modelos o formas periodísticas del CIMPEC” (Martínez Valle: 48), es la siguiente:
Informativo
Géneros Modelos o formas
Noticia escueta o gacetilla Información Crónica Entrevista o reportaje Biografía Nota
De imágenes
Géneros Modelos o formas Ilustraciones informativas Ilustraciones complementarias Ilustraciones seriadas Retratos Fotografías Mapas, planos, croquis, gráficos Notas gráficas Infografías
De opinión
Géneros (^) Modelos o formas
Artículo (en todas sus formas) Columna Comentario Crítica Editorial
Interpretativo o de explicación
Géneros (^) Modelos o formas
Crónica Entrevista o reportaje Nota Biografía
ejemplo, una fotografía (signo icónico – indicial) obedece a una dinámica recep- tiva^10 que puede entenderse como una descripción, y en qué casos no. Martínez Va- lle, de todos modos, no se pregunta por el estatuto de género de la imagen, en gene- ral, ni por el estatuto de modelo de las diversas sustancias de la expresión considera- das en su texto. Como se dijo antes, Martínez Valle no define el estatuto de género ni de modelo como tales. No son objeto del manual, aunque en ese pasaje parecen serlo. Por otro lado, el fragmento citado sirve como ejemplo, también, de la ambi- güedad general que atraviesa a todo el texto y no solamente el referido al género en sí.
3.1 Noticia escueta o gacetilla e Información Si bien el manual de Camps y Pazos no designa con estos nombres a clases espe- cíficas de textos (con la excepción de gacetilla ), el capítulo en el que definen y des- criben a los géneros periodísticos tiene una introducción en la que se pueden obser- var rasgos comparables a los del texto de Martínez Valle.
Camps y Pazos, si bien no definen “información”, designan con ese término al objeto del género periodístico, al que, a su vez, definen como “forma de redactar” a aquella: “según la información a transmitir se elegirá la forma de redactarla, es de- cir, lo que en periodismo se denomina el género ” (Camps y Pazos: 71).^11
En esto se diferencian de Martínez Valle, que no explica a qué denomina género. Esta autora, por otro lado, sostiene que “el género básico en el periodismo” es el in - formativo y que en él “debe brillar la objetividad. El periodista simplemente infor- ma, con mayor o menor extensión según la forma que trate, pero sin entrar en la in- terpretación, y sin expresar nunca su opinión personal, ni la del medio para el cual trabaja” (Martínez Valle: 49).^12
Y más adelante agrega que “en ninguna de las formas del periodismo informati- vo el periodista da su opinón, ni siquiera cambia algo los hechos, simplemente infor- ma lo que vio, lo que presenció o la información que recibió de terceras personas (...)” (ibídem). En este pasaje, además de afirmar que es posible la transparencia en el lenguaje, Martínez Valle sostiene que es posible, también, una concepción ingenua de la percepción. Un poco antes ya había explicitado su posición al respecto al tomar distancia de dos posturas opuestas, que toma de un autor que no figura en la biblio- grafía del manual, Doménico de Gregorio, el que habla de una posición sociológica y de una posición positivista. La primera niega la posibilidad de una narración obje- tiva y la segunda, la sostiene. Martínez Valle comparte la posición de este autor, que
(^10) Schaeffer, 1987: 11-77.
(^11) En negrita en el original.
(^12) La cursiva es mía.
parece que busca salir de esa oposición: “si se acepta la objetividad como algo que no puede existir por las limitaciones sensoriales del hombre, Doménico de Gregorio señala que conviene, sin embargo, establecer que tal objetividad constituye lo que se llama una frontera que se debe perseguir. Es lo que en matemática se denomina ‘lí- mite’, es decir, el valor al cual siempre hay posibilidad de acercarse más y más, aun- que cueste alcanzarlo” (Martínez Valle: 45). En el género informativo y sus modelos es donde debería perseguirse esa frontera, mientras que en los modelos del género de opinión no. Ese sería el lugar de la subjetividad, según Martínez Valle.
El primer modelo del género informativo que describe la autora es gacetilla o no - ticia escueta. Martínez Valle se queda con el término “gacetilla” para designarlo, aparentemente por comodidad. Para esta autora, “la palabra gacetilla tiene dos acep- ciones. Designa a la forma más elemental del periodismo informativo y es una bre- ve relación que responde a las cinco preguntas básicas: ¿qué?, ¿quién?, ¿cuándo?, ¿dónde? y ¿cómo? Sin embargo, se suele llamar también gacetilla a los comunicados para la prensa que emiten las oficinas de prensa de organismos oficiales y entidades privadas para dar a conocer sus informaciones y solicitar su publicación en los me- dios de comunicación” (Martínez Valle: 49).
Para Camps y Pazos, gacetilla tiene una sola acepción: “es el anuncio de un even- to –cultural, político, social– a través de información sucinta, precisa y objetiva. Se llama gacetilla tanto al texto que será publicado en los medios, como a la comunica- ción enviada a las redacciones por la persona, el organismo o la entidad que desea di- vulgar esa información” (Camps y Pazos: 86).
Pero, por otro lado, ambos manuales comparten “las cinco preguntas básicas” que Martínez Valle atribuye a gacetilla , sólo que Camps y Pazos las extienden a todos los géneros: “todos ellos tienen en común el hecho de que, en primer lugar, deberán res- ponder a la pregunta qué pasó (o qué está pasando , o qué va a pasar ). A partir de esa respuesta, pasarán a tener importancia otras preguntas, según el tema :
*a quién le pasó o quién lo hizo ***dónde *cuándo por qué cómo ” (Camps y Pazos: 71).^13
Para Martínez Valle, este modelo “es la escueta enumeración de los datos de un acontecer por producirse, o menos frecuentemente ya producido, dado que en tal ins- tancia se recurre a la crónica” (Martínez Valle: 50). Es decir, que gacetilla es un “mo- delo” de anticipación, anuncia lo que va a pasar. Para lo que pasó se recurre a otra forma periodística: la crónica. De hecho, los ejemplos que la autora desarrolla en el
(^13) En adelante, todas las palabras y frases en negrita son del original.
do según la cual el actor, individual o colectivo, desde la instancia de emisión con- trola, dirige, manipula, determina la lectura de otro actor, colectivo pero plural, en re- cepción. Y, por eso mismo, el primero “debe ser: una persona de principios, tener una formación amplia, (...)” (Martínez Valle: 57), es decir, que debe atenerse a una suer- te de ontología periodística.
“La crónica es el relato de un hecho recién ocurrido, desarrollado en forma más extensa y minuciosa que la simple información. (...) El contenido de la cró- nica incluye la narración del hecho, descripciones sucintas de ambientes y perso- nas (...), pero siempre sin formular juicios de valor, porque de ese modo se en- traría en el comentario” (Martínez Valle: 56), que es un “modelo” del “género” de opinión. Martínez Valle define así a crónica , lo que no la diferencia de Camps y Pazos, salvo en que, para éstos, crónica “es el relato preciso de un hecho me- diante la información pura, sin interpretación ni opinión ” (Camps yPazos: 76). A esta altura del análisis va quedando claro que el manual de Camps y Pazos, si bien no deja de tener sus contradicciones, le lleva una ventaja al de Martínez Va- lle al no enredarse con la articulación de “géneros” y “modelos” que se encabal- gan unos con otros. Con esto no se abre juicio sobre una supuesta “superioridad” de un sistema clasificatorio sobre el otro. Lo que intenta este análisis es desmon- tar el proceso de significación, que explicaría cómo funcionan estos sistemas, di- ferenciarlos y con esto reconstruir, parcialmente por lo menos, un fragmento de la semiosis, el del discurso periodístico.
3.3. Nota El manual de Camps y Pazos no es muy claro para definir las características de la narración, tanto para nota como para crónica. En el caso del último, lo describe como un relato que “sigue un orden cronológico ; aún cuando comience por el resul- tado de los hechos, el orden cronológico siempre será necesario para contar como se llegó a ese desenlace” (Camps y Pazos: 76). Y en el caso de nota no se hace referen- cia al orden cronológico, es decir, que no menciona a la pirámide invertida, estructu- ra narrativa que otros manuales, como el de Martínez Valle, prescriben para algunos géneros (o modelos), como la crónica.
Camps y Pazos prescriben “una estructura fija” (Camps y Pazos: 77) para nota que consiste en “1°) cabeza , comienzo o introducción (abarca el primer párrafo y a veces, también el segundo), 2°) cuerpo o desarrollo (si el texto es extenso, puede in- cluir subtítulos), 3°) remate o final (abarca el último párrafo)” (ibídem) y que se pue- den emplear “distintos tipos de cabezas:
informativa : la nota se inicia con la síntesis de la noticia –la forma más usual–, o bien con los antecedentes que la desencadenan.
descriptiva : la nota parte de la descripción de un lugar, una persona o una situación.
declarativa : la nota comienza con una cita textual (...)” (ibídem)
¿Es la “pirámide invertida”? Sólo la “cabeza informativa” parece correspon- derse con ese modelo. Y este manual no lo aclara. Martínez Valle, por su parte, afirma que “la técnica de la pirámide invertida suele desecharse cuando la se- cuencia de los hechos se encarga de armar un buen relato” (Martínez Valle: 59). Aunque, más adelante, también prescribe una estructura, similar a la de Camps y Pazos, incluso con mayor cantidad de tipos de “entrada”, de “finales” y “técni- cas de cuerpo” (Martínez Valle: 65).
Esta autora sostiene que “la nota periodística es una relación creativa, a veces subjetiva, cuyo principal objeto es formar la opinión del público a través de la infor- mación de un suceso o de una situación” (Martínez Valle: 59). No explica por qué se trata de una relación (¿entre qué términos?), aunque sí por qué sería “creativa”: en ella, “el periodista no debe ceñirse tan estrictamente a la narración de los hechos co- mo en la crónica, sino que puede pensarlos, recrearlos y redactarlos con mayor liber- tad” (Martínez Valle: 58), aunque advierte que “esa creación y ese vuelo de la ima- ginación, no incluye ficciones, es decir, que debe manejarse con realidades” (ibí- dem). Por otro lado, que sea subjetiva a veces parece explicarse por la inclusión de nota en los “géneros” informativo e interpretativo. Pero en ambos tiene el mismo “objeto”: formar la opinión del público. Este punto, el de la formación del lector, no es desarrollado por Camps y Pazos. Estos autores, por otro lado, sostienen que nota “admite la opinión o la interpretación de la noticia por parte del periodista” (Camps y Pazos: 77), aunque los “recursos” no difieren de los de Martínez Valle: descripcio- nes, comparaciones, preguntas, declaraciones, citas, etc.
Un subgénero o submodelo compartido por ambos manuales es nota de color. Camps y Pazos lo definen como “la que cuenta una historia o describe una situación poniendo el acento en el modo como se desarrolla o plantea, antes que en la informa- ción. Los recursos (...) son más literarios que periodísticos , ya que pasan funda- mentalmente por la utilización de imágenes sensoriales y por la trasmisión de emo- ciones y sentimientos ” (Camps y Pazos: 78).
Martínez Valle coincide: “profundiza en la gente y sus emociones (...)” (Martínez Valle: 61). También coinciden en hablar del “ punto de vista que elige el periodista” (Camps y Pazos: 78) “desde el cual el cronista calará hondo en los aspectos objeti- vos y subjetivos del hecho que la motiva” (Martínez Valle: 61).
Como se puede observar en estos ejemplos, ambos manuales, aun cuando se pro- ponen ser descriptivos, no pueden evitar la ambigüedad y la prescripción.
3.4. Entrevista y Reportaje Uno de los pocos géneros en el que Camps y Pazos mencionan efectos en recep- ción es en el del reportaje, cuando prescriben que “en un buen reportaje (...) el lec- tor siente que participa de la charla, o que puede espiarla sin culpas” (Camps y Pazos: 85), lo que supone el empleo de una serie de técnicas, por parte del entrevistador, que los autores despliegan a modo de una normativa muy detallada.
Y poco más. Tal como en el resto del capítulo, no hay remisiones a otros textos ni a citas de autoridad, lo que genera el efecto de un enunciador que habla desde sí, que “funda” al género. Todo lo contrario en Martínez Valle: un capítulo entero de extensión, una larga introducción con el desarrollo de conceptos más generales como “política editorial”, la aclaración del sentido que en ese texto se le da a algunos términos como “política”, la distinción de dos enfoques en la ejecución de la política editorial de un medio masivo, la referencia a citas de autoridad –siempre de autores que no figuran en la bibliografía general–, un tratamiento más amplio de los “modelos” que el que hacen Camps y Pazos de los géneros, además de una clasificación distinta de los mismos, y un cierre con “conceptos generales sobre la opinión pública” (Martínez Valle: 97), que incluye una cita de Santo Tomás de Aquino y una reseña histórica del concepto.
En cuanto a los géneros en sí, no hay diferencias profundas. En el caso de editorial , Martínez Valle trabaja la estructura, menciona una tipología de editoriales y prescribe la exigencia de “riqueza en el lenguaje” (Martínez Valle: 85-87). Artículo sólo se puede comparar parcialmente con los géneros de Camps y Pazos, pues Martínez Valle distingue artículo propiamente dicho, glosa y ensayo (Martínez Valle: 87-89) y sólo el primero co- rrespondería a nota de opinión , género que también se puede relacionar con comentario , (Martínez Valle 90-91). Por otro lado, en el texto de esta autora tampoco es muy convin- cente la diferenciación entre los “modelos” artículo propiamente dicho y comentario : no hay algún rasgo que permita hablar de una diferencia estructural entre ambos. Columna es definido de una manera muy similar en ambos textos (Martínez Valle: 92-93).
En este capítulo, Martínez Valle incluye al humor , al periodismo especializado , que no son trabajados por Camps y Pazos, y a crítica y biografía , que estos últimos autores tratan por separado, no como parte de géneros de opinión.
Sobre crítica , Camps y Pazos sólo dicen que “es la opinión de un especialista acerca de espectáculos, medios, hechos artísticos y publicaciones” (Camps y Pazos: 89) y que “los conocimientos previos sobre el tema (...)” y “las técnicas de redacción (...) implican un grado de especificidad que trasciende lo periodístico y excede las características de es- te manual” (ibídem). No es igual para Martínez Valle, quien ve en la crítica un “modelo” hecho por periodistas, aunque expertos. La autora ve en el crítico un “mediador entre la obra o el hecho y el público (...) que debe evitar la tendencia al elogio y la inclinación a la dureza (...) y tener pasión por el arte al cual se dedica” (Martínez Valle: 92). Además, incluye una cita de Ortega y Gasset sobre los valores artísticos.
En relación con biografía , ambos textos le dedican una extensión parecida. Martí- nez Valle entiende que es “una forma periodística que si bien es de manera explícita del periodismo informativo e interpretativo, suele utilizarse, mal usada , como una forma de opinión, al darse la circunstancia del elogio o de la detracción de la persona cuya biografía se realiza” (Martínez Valle: 95). Diferencia entre nota biográfica y bio - grafía : “la nota biográfica es el esqueleto de la biografía (...) La biografía es el estu- dio, lo más completo posible de una persona” (ibídem). Recurre varias veces a metá- foras biológicas y místicas para definir biografía: “el esqueleto de la nota biográfica
se reviste de músculo, nervios y se le infunde alma, soplo vital” (ibídem). Tam- bién a la metáfora artística: “el biógrafo debe actuar como pintor y como perio- dista. Como pintor, porque hay que exigir al que escribe que el retrato se parez- ca al modelo” (Martínez Valle: 96). La prescripción de la objetividad vuelve a aparecer con toda su fuerza: “dos requisitos han de cumplirse: objetividad y sin- ceridad. No deben expresarse juicios. La biografía debe ser escueta, exacta y sin comentarios”. (ibídem)
Camps y Pazos diferencian cuatro géneros biográficos: biografía propiamen - te dicha, perfil o semblanza, necrológica e historia de vida. Según estos autores, “en el vocabulario periodístico no hay un término único que englobe los distin- tos modos como se puede informar acerca de la vida y/o los aspectos más desta- cados de una persona” (Camps y Pazos: 79).
La primera es “redactada en el estilo de la crónica, contiene únicamente información, con cifras precisas, sin juicios de valor” (ibídem). Y hacen una lista de los datos que debe incluir, como estudios, ocupaciones, cargos, obra, etc.
La segunda –que es apenas mencionada por Martínez Valle como “una bio- grafía incompleta que no agota toda la vida de un personaje” (Martínez Valle: 97)–, y la tercera son apenas definidas por Camps y Pazos. De semblanza dicen que “implica un juicio de valor”, que “puede incluir o no datos biográficos (...)” y que “no es indispensable brindar informaciones precisas, salvo las ineludibles (nombre, lugar de nacimiento, edad, etc.)” (Camps y Pazos: 80), es decir, apenas más precisos que Martínez Valle. Y de necrológica que “incluye una biografía y/o perfil” y que “si tienen relaevancia, las circunstancias en que murió pueden llegar a abarcar más espacio que su biografía (suicidio o asesinato, ciertas enfer- medades prolongadas, múltiples intervenciones quirúrgicas, determinado tipo de accidentes, etc.)”. (ibídem)
Historia de vida es descripta con más detenimiento. La definen como la “biografía ampliada de una persona” y que, por eso mismo “puede incluir da- tos inéditos” e “informaciones sobre aspectos íntimos” y, seguidamente, dan un listado de rasgos como descripción física, forma de vestirse, carácter, condi- ción sexual, sentimientos, creencias, costumbres, vivienda y familia, sobre la que dan otro listado con lo que terminan describiendo al género como un retra- to, sin decirlo.
Este conjunto de datos también es incluido por Martínez Valle, pero a través de una prosa distinta, no como un listado sino como una descripción continua, sin discriminar en “submodelos” o géneros como hacen Camps y Pazos y abun- dante en prescripciones como el dominio de la narración, la descripción, el diá- logo, la documentación y el modo de obtenerla, y la estructura similar a la nota con introducción, desarrollo y final.
de los rasgos mencionados arriba: la definición del género, no de uno en parti- cular sino en general. Camps y Pazos ofrecen una definición de género, aunque muy escueta y, por otro lado, su sistema clasificatorio no presenta las ambigüe- dades del otro manual. Además, la propia redacción de estos autores, con enu- meraciones y listados, muy acotados en algunos casos, aunque de manera in- formal, también consigue un efecto de manual , sólo que más empírico que aquel que plantea el problema, como Martínez Valle, que consigue un efecto de texto teórico , apoyado, además, en que presenta una grilla en forma de tabla de- sarrollada por una institución prestigiosa después, supuestamente, de muchos estudios. Obviando, por supuesto, las inconsistencias que surgen con el análi- sis de la grilla.
El espacio empleado también ayuda a Martínez Valle a lograr este efecto: no es lo mismo 18 páginas que 50. El espesor, mayor o menor, siempre genera “ima- gen de solidez” o de debilidad. Otro rasgo que ayuda a producir el efecto de tex- to teórico, académico, es el atribuir efectos en recepción, es decir, hablar del lec- tor, incluso de tipos de lectores, de la opinión pública, citar palabras autorizadas, todo para decir qué conducta produce cada género; también construye efectos de saber , por muy lineal que sea la concepción en juego –el texto de Martínez Va- lle no es menos empírico y ambiguo que el de Camps y Pazos por presentar es- tos rasgos–.
Precisamente, la ambigüedad en las definiciones, la prescripción de nor- mas rígidas como el cumplimiento de la objetividad, ignorando la opacidad del lenguaje –aunque Martínez Valle problematiza el punto, el imperativo vuelve con mucha fuerza en la definición de cada género–, la percepción in- genua del actor –el periodista– en el campo, la ontología periodística cuando no la ética, el gesto pedagógico, si bien aparecen más acentuados en Martí- nez Valle, son comunes a ambos. En el texto de esta autora es más fuerte el intento de “hacer teoría” del periodismo, como si buscara algo más que un manual, un metadiscurso menos silvestre. Pero no es menor el gesto de cons- tituir un manual riguroso en Camps y Pazos: el nombre del libro, como diji- mos, va en ese sentido.
El enunciador construido por el manual de Martínez Valle, entonces, es académi- co, teórico, reflexivo, dispuesto a extenderse en la descripción y a fundamentarla en la palabra autorizada. Y el texto construye un enunciatario que busca la explicación rigurosa, de tipo académica, desarrollada extensamente, que puede interesarse por problemas que escapan al sentido común periodístico como el estatuto del género y la discusión sobre la objetividad, al mismo tiempo que espera la norma dura, una on- tología. Obsesividad y deber ser pueden ser términos que ilustren esta escena comu- nicacional.
El enunciador de Camps y Pazos, en cambio, es menos riguroso, busca hacer es - cuela , pero no universidad : el periodismo se hace de esta manera, pero para un enun-
ciatario que no espera un tratado, un texto teórico sino una gramática, un conjun- to de normas, escriturales y éticas, para salir rápido al campo a ejercer la prácti- ca, el oficio. Busca el texto para un curso, para un taller, no para una licenciatu- ra, como en el otro caso. Practicidad puede ser un término que ilustre a las figu- ras de esta escena.
Más allá de las diferencias entre los manuales que hacen que cada uno tenga sus propias marcas, hay un rasgo que el manual de periodismo de Camps y Pazos compar- te con los manuales de estilo de Clarín y de El País : la aparente ausencia de relación con el intertexto. Como si fuera posible un discurso sin condiciones de producción^15 , en términos de Verón, o un signo que no sea interpretante de, al menos, otro signo, en términos de Peirce. Estos manuales habrían fundado los géneros periodísticos, que no se pueden reinvindicar como propios pues se postulan, al mismo tiempo, como univer- sales: de El País –o de Clarín , o de Camps y Pazos – se postulan las reglas que pres- criben la producción textual de esos diarios, pero también del periodismo.^16
Por su parte, La Nación y Martínez Valle comparten el rasgo opuesto: el reenvío al intertexto, que en el caso de La Nación es más acentuado que en el del manual de periodismo. Los géneros, y los estilos y los modos de cobertura de los hechos, los preexisten: ambos manuales son interpretantes de signos que se citan explícitamente, son condiciones de reconocimiento de otros discursos, su lectura.^1 7 Es decir, se reconocen deudores de otros autores y medios, partes de una trama discursiva que los incluye pero no como únicos actores.
Perfil, mientras tanto, aparece como descentrado en relación con estos dos posi- cionamientos. Su aparente ausencia de restricciones lo relaciona con discursos de otro tipo, literarios, por ejemplo, no periodísticos –hablando siempre en términos de géneros periodísticos y sus reglas explícitas en manuales y no del discurso periodís- tico que se escribe efectivamente en los diarios y revistas con sus múltiples estilos–. De todos modos, en Cómo leer el diario , Perfil reconoce la existencia de los géneros desde el momento en que los nombra en el capítulo “Diseño”. Y reconocer la exis- tencia de géneros es reconocer también sus normas, aunque no se expliciten. Pero el no explicitarlas hace que construya una posición diferente, que se construya como un enunciador distinto, distanciado de los otros dos: el intratextual o inmanente y el in - tertextual.
Bibliografía Camps, S. y Pazos, L., “Los géneros periodísticos”, en Así se hace periodismo. Manual
(^15) Verón, 1987, op. cit.
(^16) Por supuesto que a modo de “efecto”: no se está afirmando que haya sido ese el propósito de los auto- res de los textos estudiados.
(^17) Verón, 1987, op. cit.
Verón, Eliseo, (1973) “Para una semiología de las operaciones translingüísticas”, Lenguajes , 2, Buenos Aires, Nueva Visión, 1974, pp. 11-35 (ahora en Verón, Eliseo, Conducta, estructura y comunicación. Escritos teóricos 1959-1973 , Buenos Aires, Amorrortu editores, 1996, pp. 221-248).
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