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Asignatura: iconografia cristiana, Profesor: , Carrera: Historia del Arte, Universidad: ULL
Tipo: Apuntes
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Dios crea la luz y al ver que era buena, la separó de las tinieblas, llamándola día y noche. Creó la bóveda que está encima para separar las aguas, el cielo, y la bóveda que estaba abajo y seca: la tierra, junto con un cúmulo de agua (los mares). Como vio que era bueno, añadió en la tierra plantas con semilla y árboles frutales.
Al tercer día, creó dos lumbreras para distinguir en la bóveda celeste el día de la noche, el sol y la luna, junto con las estrellas para separar la luz de las tinieblas. Finalmente, crea los seres vivos marinos y del aire, junto con los seres por especies en la tierra para que crecieran y se multiplicaran.
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, varón y hombre, para que dominara sobre todo el resto de animales y crecieran y se multiplicaran también. Le da alimento tanto al hombre como a los animales y al día sexto todo había sido creado y vio que todo era muy bueno. Al séptimo día, Dios descansó por todo lo que había hecho y lo consagró.
A Adán lo creó del polvo de la tierra, le insufló aire en la nariz (dándole vida) y lo colocó en el huerto del Edén, en donde situó árboles para comer, como el árbol de la vida, y otros como el del conocimiento del bien y del mal. Su tarea era cultivar y guardar el huerto, con una condición: Podía comer de todos los árboles del huerto menos del árbol del conocimiento del bien y del mal. Para que no estuviera solo, le presentó a todos los animales, a quienes les puso nombre, y mientras dormía, Dios le saco de una costilla a Eva. Ambos estaban desnudos y eran hueso de sus huesos y carne de sus carnes.
La serpiente era el animal más astuto de todos y preguntándole a Eva por lo que le había dicho Dios acerca de los árboles, le dijo que no moriría por comer fruto del árbol del centro, sino que solo abrirían los ojos y serían conocedores del bien y del mal. Al final, Eva se come el fruto convencida y se lo da a Adán también. Al abrir los ojos, se dan cuenta de que están desnudos y se tapan. Mientras Dios paseaba por el huerto, ambos se esconden y le dicen a Dios que se habían escondido porque sentían vergüenza de estar desnudos. Dios se da cuenta de que Adán había comido del fruto porque Eva se lo había dicho, quién había sido engañada por la serpiente.
Así, castigó a la serpiente convirtiéndola en el animal más maldito, haciéndola que se arrastrara, y a la mujer, haciendo que pariera a los hijos con dolor y que fuera dominada por su marido. Al hombre también lo castigo, y ahora que eran conocedores del bien y del mal, vistió a Adán y Eva, expulsándolos del huerto del Edén para que trabajaran la tierra. Por último, puso la espada de fuego para guardar el camino del árbol de la vida.
De la unión de Adán y Eva nació Abel , que fue pastor, y Caín , que se dedicaba a la agricultura. Un día, Abel ofreció al Señor los primogénitos de su rebaño, y Caín le ofreció sus frutos. Sin embargo, Dios se fijo más en la ofrenda de Abel y Caín, furioso, llevo a su hermano al campo y lo mató. Dios castigó a Caín y le dijo que cuando cultivara el campo, éste no le daría frutos y tendría que huir de la tierra. La culpa era tal, que Caín tuvo que huir del Edén avergonzado, y Dios lo marcó para que nadie lo matara.
Una vez que los hombres se habían extendido y el mal también, Dios se arrepintió de haber creado a todos los hombres y animales de la superficie de la tierra. Así, le encargó a Noé , un hombre justo y fiel, el siguiente encargo y estableció una alianza: Debía construir un arca de madera dividida por compartimientos, siguiendo todas sus instrucciones, para introducir a sus hijos, mujer, nueras y una pareja de cada especie de animales. De esta manera, se salvarían del castigo que Dios tenía preparado a la tierra: Un diluvio universal durante 40 días y 40 noches.
Al cabo de siete días, Cayó el diluvio universal y Noé entró en el arca con toda su familia (sus hijos eran Sem, Cam, y Jafet ) y parejas de animales. Todos los seres vivos perecieron menos los que estaban dentro y la tierra se quedo inundada. Cuando el diluvio terminó, Noé esperó a que bajaran las aguas, soltó un cuervo y finalmente una paloma tres veces para ver si las aguas habían menguado. A la segunda vez que la soltó, la paloma volvió con una ramita de olivo y a la tercera vez ya no volvió más. Finalmente, cuando ya estaba completamente seca, Dios le dijo a Noé que saliera del arca. Otra vez, le dijo a Noé y a sus hijos que crecieran y se multiplicaran, pues podían dominar al resto de seres vivos, confiriéndoles los alimentos. Creó así una nueva alianza con sus descendientes: No volvería a crear otro diluvio y el arco iris sería el símbolo de esta nueva alianza. En la tierra. Noé levantó un altar en honor al señor.
Abrahán
El Señor le dijo a Abrahán que saliera de su casa y que fuera a la tierra que le indicaría y, si así hacía, el señor haría de Abrahán un gran pueblo y le bendeciría haciendo famoso su nombre. Así, Abrahán partió junto con su mujer Saray y su sobrino Lot. En el camino, Abrahán paso por Egipto y le dijo a Saray, al ser muy bella, que dijera que era su hermano para que no lo mataran. Así hizo y Dios castigó al faraón con grandes plagas por tomar a Saray como esposa, por lo que expulsó a Abrahán y su esposa. A continuación, Abrahán se estableció en Canaán y Lot en el valle del Jordán. En el lugar donde se estableció Abrahán, Dios se presentó y le dijo que a su descendencia le daría toda esa tierra, que se podría contar como tanto polvo de la tierra.
En Sodoma, Lot fue apresado por unos reyes y Abrahán, al enterarse de la noticia, fue con sus criados a su búsqueda, derrotando a los reyes que lo habían capturado. De esta forma, Melquisedec (rey de Salem), le ofreció pan y vino (origen eucarístico) bendiciéndolo por haber dado victoria a sus enemigos.
El señor se le presentó a Abrahán y le dijo que no se preocupara, que su recompensa y descendencia sería muy grande, puesto que aún no había tenido hijos. Así, le dijo que su descendencia sería tanta como el número de estrellas en el cielo, a quienes les daría una tierra (Canaán). A su vez, le dijo que sus descendientes serían forasteros en un país extranjero y tratados como esclavos, pero que no se tenía que preocupar, ya que al final juzgaría a este país y saldrían con numerosos bienes. Así, la alianza se hizo y le ofrendó con una ternera, cabra y carnero.
Tal y como había prometido el Señor, Sara dio a luz a Isaac. Sara vio como su hijo jugaba con el hijo de la esclava Agar, Ismael, y le dijo a Abraham que la despidiera. Dios dijo que así hiciera, pero que no se preocupara, pues aunque su gran descendería sería Isaac, de Ismael también haría un gran pueblo. Agar caminó perdida por el desierto con su hijo y cuando se le acabó el agua, dejó a su hijo en un matorral porque no quería verlo morir. Dios escuchó los llantos del niño y le abrió los ojos a Agar, que logró ver un pozo de agua para darle de beber a Ismael.
Sacrificio de Isaac:
Dios quiso poner a prueba a Abraham y por ello le dijo que fuera a Moria junto con su hijo Isaac a ofrecérselo allí en sacrificio. Así, Abraham se levantó de madrugada y fue con sus siervos y su hijo en dirección al lugar, quien cargaba las leñas. Una vez allí, Abraham preparó el altar, las leñas y ató a su hijo poniéndolo sobre el altar. A continuación, se dispuso a coger un cuchillo para degollar a su hijo, pero un ángel le dijo que no lo hiciera, que ya había quedado demostrado que obedecía a su Dios. Finalmente, apareció un carnero enredado en un matorral para ofrecerlo como sacrificio. Gracias a su fidelidad, el Señor colmó aún más de bendiciones y descendencia a Abraham.
Isaac y Rebeca:
Abraham le pidió al siervo más antiguo de su casa que fuera a la tierra en donde habitaba su familia para buscarle una esposa a su hijo Isaac. Así hizo, y una vez que llegó, le dijo a Dios que, como señal, aquella mujer que le diera de beber a él y a su camello sería la elegida para casarse con Isaac, pues estaría destinada para ello. Esto fue exactamente lo que ocurrió y Rebeca , la hija del hermano de Abraham, fue la escogida.
Jacob
Isaac tuvo dos hijos con Rebeca: Esaú , el primogénito, y Jacob. Así, dos pueblos se separaban en su seno, uno sería más fuerte que el otro. Sin embargo, un día Esaú vendió sus derechos de primogénito a Jacob a cambio de un potaje de lentejas.
Isaac bendice a Jacob:
Cuando Isaac era ya muy viejo y había perdido la vista, le dijo a su hijo favorito, Esaú, que saliera a cazar y le preparara un guisado, y así le bendeciría antes de morir. Rebeca estaba escuchando todo esto y como su hijo favorito era Jacob , le dijo que le trajera dos cabritos y que ella prepararía un plato para que se lo entregara a su padre. Además, Rebeca le puso un poco de la piel de los cabritos a su hijo ya que Esaú era mucho más velludo. Así hizo, le entregó el plato y su padre le palpo, aunque su voz le recordaba a la de Jacob. No obstante, tras degustar el plato, finalmente le bendijo. Por último, Esaú llegó y se dio cuenta que su hermano le había suplantado, sin embargo, su padre ya no podía hacer nada. Desde ese momento, Esaú odió a Jacob y dijo que le mataría, por lo que Rebeca avisó a Jacob para que huyera.
La escalera de Jacob:
Al partir, Jacob fue a Harán, al anochecer se quedo dormido y tuvo un sueño: vio una escalinata que, apoyada en el suelo, alcanzaba el cielo y por ella subían y bajaban ángeles. Asimismo, en esa escalera se le aparece Dios y le dice que su descendencia será enorme y le entregará la tierra sobre la que estaba acostado. Cuando despertó, cogió la piedra sobre la que dormía y la colocó a modo de estela, prometiendo que si Dios le daba protección ese lugar se convertiría en la casa de Dios.
Tras la disputa y solución de Jacob con el padre de sus esposas (Labán) por los rebaños de ovejas, Jacob decide volver a su tierra y le hace numerosos regalos en forma de ganado a su hermano Esaú a medida que se acercaba, por miedo a que este se vengara por la traición anterior. Al final del camino, se encuentra solo y tiene que luchar con un personaje hasta el amanecer, un ángel enviado por Dios, que le hiere en el tendón aunque sale victorioso. A partir de ese momento, el ángel le dice que se llamará Israel.
Al final del camino, Jacob se reencuentra con su hermano Esaú, que corre a abrazarlo y se queda admirado por toda la descendencia que Dios le ha dado a su hermano Jacob. De esta manera, todos los regalos de ganado eran para presentarse ante él como quien se presenta a Dios, finalmente Esaú acaba aceptando todo el ganado.
Rapto de Dina:
Dina , hija de Jacob y de Lía, fue raptada y violada por Siquén , el príncipe de aquella tierra al haberse enamorado de ella. Así, Siquén le pidió a su padre Jamor que por favor pidiera su mano, y éste pidió a los hermanos de Dina que vivieran con ellos y que entregaran a sus mujeres a cambio de las suyas. De esta manera, para perdonar el agravio y ganarse su confianza, le pidieron a Jamor que harían todo eso si circuncidaban a todos los varones de la ciudad. Por consiguiente, estos aceptaron el trato pero, al tercer día, dos hijos de Jacob (Simeón y Leví) acuchillaron a padre e hijo y el resto de hermanos de Dina saquearon toda la ciudad.
José
Israel se estableció en la tierra de su padre, en Canaán. José guardaba el rebaño junto a sus hermanos y este era el hijo más amado de Israel (Jacob), pues lo había tenido ya muy viejo. Esto hizo que sus hermanos comenzaran recelar de José, odio que fue en aumentó cuando les contó los sueños que había tenido: Primero soñó que su gavilla se ponía derecha y las de sus hermanos se inclinaban ante la suya y se ponían alrededor, después soñó que el sol, la luna y las estrellas se postraban ante él. Todos estos sueños daban a entender a sus hermanos y a su padre que iba a hacer el futuro señor.
De nuevo, el hambre volvió e Israel ordenó a sus hijos que fueran de nuevo por provisiones, aceptando que fuera con ellos su hijo menor, Benjamín, pero prometiéndole que lo traerían de vuelta. Una vez que llegaron a Egipto, José vio que habían cumplido con su palabra y le ordenó a su mayordomo que les preparara una comida porque iba a comer con ellos ese mismo día.
La copa de José:
Después, José ordenó a su mayordomo que llenara los sacos de los hermanos con dinero y en uno de ellos pusiera su copa de plata, dejándoles marchar. Asimismo, le ordenó que fuera a buscarlos acusándolos de haber robado su copa y estos dijeron que eso era imposible, que les revisaran y que si la encontraban uno de ellos quedaría como esclavo de José. El mayordomo registró los sacos y encontró la copa en el mismo sitio donde la había puesto, en el saco del hermano menor. Así, volvieron a la casa de José y éste dijo que tan solo quería como esclavo al hermano menor, pues habían encontrado la copa en su saco. Ante estas palabras, uno de los hermanos dijo que por favor le pidiera a él como esclavo a cambio de su hermano menor, pues le había prometido que lo traería de vuelta y, si no era así, moriría del disgusto.
José se da a conocer:
No pudiendo contener las lágrimas, finalmente José se presentó ante sus hermanos sin rencor, recordándoles que no sufrieran porque en realidad era Dios quien había querido que llegara hasta Egipto, convirtiéndose en el gobernador de Egipto y señor de la casa del faraón. A su vez, les dijo que enviarán a su padre a Egipto para que allí pudieran vivir todos sus hermanos y nietos, cuidando José de su familia. Benjamín llorando abrazó a su hermano y José se besó con todos sus hermanos entre lágrimas. José envió carros para que pudieran venir a Egipto y víveres durante el camino de vuelta. Al enterarse de la noticia, Israel pareció revivir y decidió ir a verlo antes de morir.
Jacob partió de Canaán a Egipto con todo lo que tenía y sus numerosos familiares. Esa misma noche, Dios se le presentó en una visión a Jacob y le dijo que no temiera, pues haría de él un gran pueblo, le ayudaría a bajar y José le cerraría los ojos. A su llegada, José e Israel tuvieron un emotivo reencuentro, diciéndole que ya podía morir tranquilo. Asimismo, José presentó al faraón ante sus hermanos y su padre, indicándole que se dedicaban al oficio del pastor como había sido sus antepasados. Finalmente, instaló a su familia en la mejor parte del país y les dio sustento y alimento.
El número de israelitas aumentó considerablemente y se convirtió en un
pueblo muy poderoso dentro de Egipto, lo que preocupó a los egipcios y al
faraón. Por esta razón, fueron sometidos a trabajos forzosos y tratados
como esclavos, además de que el faraón ordenó que se tiraran al río a todos
los niños varones hebreos que nacieran.
Moisés
Un hombre de la familia de Leví se casó con la hija de otro levita, unión de la que nació Moisés. Al ser tan bello, lo tuvo escondido meses, y finalmente lo metió en una cesta de papiro en los juncos del río Nilo. De esta forma, mientras se bañaba la hija del faraón, vio la cesta con el niño hebreo y, llamándolo Moisés (sacado del agua), decidió pagarle a su madre para que se lo criara hasta que fuera mayor y pudiera adoptarlo.
Moisés andaba pastoreando los rebaños de su suegro cuando llegó al monte Horeb y presenció como una zarza estaba ardiendo pero no se consumía, un ángel enviado del Señor. Así, Dios se le presentó ante Moisés y le dijo que se quitara las sandalias, porque el lugar que pisaba era sagrado, y Moisés se cubrió el rostro porque temía mirar a Dios. Además, le dijo que era el dios de su pueblo y que le enviaba al faraón para que sacara a su pueblo de Egipto, en donde estaban sometidos y esclavizados. De esta forma, los gritos de auxilio de los israelitas habían llegado hasta Dios. Por consiguiente, Dios le había encargado esta misión a Moisés, en ningún momento lo dejaría solo y debía ir a transmitir este mensaje a su pueblo, prometiéndoles que una vez que salieran de Egipto tendrían una tierra nueva. Tampoco tendrían problemas aunque el faraón no les dejara marchar, pues Dios desplegaría su fuerza para castigar a los egipcios.
Moisés le preguntó que como haría para que le creyeran y dios le dijo que hiciera lo siguiente prodigios: Tirara su cayado al suelo, que se había convertido en serpiente, y al cogerlo por la cola se volvía a convertir en cayado; Metería su mano en su seno y saldría con lepra, pero después al volver a meterla ya estaría sana. Por último, si con todo eso no lo creerían, debía derramar agua del río que se convertiría en sangre. No obstante, Moisés seguía sin querer ser el escogido, ya que era tartamudo y tenía problemas para hablar. Dios le dijo que su hermano Aarón se convertiría en su portavoz y hablaría al pueblo. Una vez llegados, Aarón contó todo al pueblo israelita y, tras haber realizado Moisés los prodigios, le creyeron y se postraron ante él.
Moisés y Aarón se presentaron ante el faraón e hicieron lo que Dios les había pedido, pidiéndole que dejara marchar al pueblo hebreo durante 3 días para celebrar una fiesta en honor a su Dios. El faraón no solo no lo acepto, sino que además aumentó los castigos de los hebreos y duplicó su trabajo al considerarlos holgazanes.
Asimismo, Aarón tomó el cayado de Moisés y al tirarlo al suelo se convirtió en serpiente. El faraón llamó a sus magos y encantadores, quienes hicieron lo mismo, aunque la serpiente del cayado de Moisés devoró a las otras. Sin embargo, el faraón siguió sin mostrarse flexible. El Señor le dijo a Moisés que el faraón se vería obligado por una fuerza superior y les dejaría marchar, liberando a los hebreos de la opresión egipcia.
La primera plaga consistió en que el Señor le dijo a Moisés que Aarón golpeara con su cayado sobre las aguas del Nilo, convirtiéndolas en sangre, de forma que los peces se morirían y los
podrido. Asimismo, cuando fue sábado consagrado al Señor, Moisés indicó que cocinaran toda la comida ese mismo día y que la guardaran al día siguiente: Así no se pudrió.
Por consiguiente, el Señor se enfadó y dijo que debían seguir sus leyes: El séptimo día nadie debía salir en busca de comida, pues el sábado debían cocer doble ración. A esta comida la llamaron maná.
El pueblo seguía murmurando porque estaban sedientos, por lo que Moisés golpeó la roca del Horeb con el cayado y de ella brotó un manantial. Más tarde, Moisés le dijo a sus hombres que se enfrentaran con los amalecitas, por lo que fue a situarse en lo alto de la colina. No obstante, los hebreos dieron con la victoria, ya que si Moisés tenía los brazos levantados, su pueblo ganaría. Cuando se cansó, le colocaron dos piedras debajo de los brazos y Aarón le ayudaba sosteniéndole los brazos.
El pueblo se impacientaba por el camino ya que apenas les quedaba agua y comida, cansados de la misma comida de siempre. Así, comenzaron a murmurar contra Moisés y Dios, quien lanzó numerosas serpientes ardientes que mordían a los hebreos y mataron a gran parte de ellos. Al darse cuenta, los hebreos pidieron perdón a Moisés por haber murmurado y Moisés oró por ellos. Entonces, siguiendo las palabras del Señor, Moisés construyó una serpiente de bronce sobre un asta para que todos aquellos que habían resultado heridos por las serpientes quedaran curados y vivieran.
A los tres meses de haber salido de Egipto, el pueblo llegó al desierto del Sinaí y el Señor le transmitió a Moisés que al tercer día, el Señor bajaría al monte Sinaí a la vista de todos, bajo una densa nube de fuego y con truenos, relámpagos y trompetas. Así, le encargo que purificara al pueblo, lavara sus vestidos y preparara al pueblo para su bajada, además de repetir a Moisés que debía limitar un contorno, pues nadie debía pisar el monte, o de lo contrario, morirían. Por último, desde la nube de humo y con el pueblo temeroso, el Señor pronunció los Diez Mandamientos. Moisés fue el encargado de transmitírselos al pueblo.
Al día siguiente, Moisés se levantó pronto y construyó un altar al pie del monte con doce piedras que representaban las doce tribus de Israel. También, se inmolaron novillos como sacrificio y mitad de la sangre la derramó en el altar. Además, Moisés dejo por escrito todo lo que había dicho el Señor y subió a su encuentro para que le diera unas losas de piedra con las leyes y preceptos.
El Señor le encargó a Moisés que recaudara tributos mediante materiales para la construcción de un santuario en donde habitaría el Señor. Así, le indicó a Moisés punto por punto el modelo que debía seguir este santuario con los materiales que debía utilizar (oro, plata, cobre, púrpura, escarlata, lino pelo de cabra…), las medidas, la disposición de los objetos, los vestidos litúrgicos… Asimismo, en el lugar santísimo se colocara el arca con las tablillas de piedra del testimonio que Él le daría y, por último, indicó en qué consistía en ritual de consagración y los pasos que se debía realizar su hermano Aarón y sus hijos (sacerdocio).
Atento a las indicaciones del Señor, Moisés permaneció en la nube de humo durante 40 días. Por esta razón, el pueblo se encontraba perdido y le pidió a Aarón que les hiciera una divinidad que les guiara. Así, este pidió los pendientes de oro de todas las mujeres e hijos y con ello realizó un becerro de oro chapado en metal. Por consiguiente, todos se postraron ante la figura y al día siguiente celebraron sacrificios en honor a la figura. De esta manera, el Señor se enfureció mucho ya que se dedicaban a adorar a una figura, tal y como había dicho que no hicieran, y por un momento pensó en aniquilarlos. No obstante, Moisés lo calmó y le dijo que recordara las palabras que había prometido a los hebreos de multiplicar la descendencia y darles la tierra prometida.
A continuación, Moisés bajo con las losas del testimonio escritas por Dios y cuando bajo vio el becerro de oro y los alborotos de fiesta. Enfurecido, rompió las losas contra la montaña, quemó el becerro y ordenó a los levitas a ejecutar a los causantes de tal pecado monstruoso, fueran familiares o no. Finalmente, Moisés contó a Dios lo ocurrido y este dijo que los llevara a donde le indicaba, que ya les pediría cuenta de sus pecados.
De nuevo, el Señor ordenó a Moisés que volviera a tallar dos losas de piedra como las primeras y en ellas escribiera otra vez los preceptos que había destruido cuando se enfado, el decálogo. De esta forma, se crearía una nueva alianza entre Dios y los israelitas. Cuando las talló, subió al monte Sinaí sin la presencia de nadie más y Dios fue a su encuentro en una nube de humo.
Finalmente, cuando terminó de hacerlo, bajo del monte Sinaí con el rostro luminoso por haber hablad con Dios. Por último, llevaron a cabo las obras del primer santuario (tienda del encuentro) tal y como había indicado el Señor, mediante los donativos de los hebreos.
En esta escena se representa el tema del castigo que se impuso a Coré, Datán y Abirón, sacerdotes hebreos que se rebelaron contra la autoridad de Moisés, Aarón y otros sacerdotes, negando su autoridad civil y religiosa. Estos sacerdotes fueron enguillidos por la tierra y consumidos por el fuego.
La pintura se lee de derecha a izquierda:
La clara arquitectura del fondo contrasta con la violencia y agitación de las figuras. La elección
del Arco de Constantino como escenografía no es casual. Se trata de un arco levantado por el
primer emperador romano cristiano. Alude con él a la prefiguración de Roma como sede de
Pedro. Por otro lado, la profusa utilización de oro subraya los detalles.