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gombrich, Apuntes de Historia del Arte

Asignatura: Llenguatges artistics, Profesor: Cristina Fontcuberta, Carrera: Història de l'Art, Universidad: UB

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 29/09/2014

kitinga
kitinga 🇪🇸

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Las imágenes como objetos de lujo La oferta y la demanda en la evolución del estilo gótico internacional Publicado par primeca vezen Thee Cidrures, ed. M. Bal ezal. (La Haya. 1989), págs. 127-160 Si uno va a casi cualquier museo de Europa o América encontrará los cua- dros colocados allí según las denominadas «escuelas», la de los Países Bajos, la alemana, la veneciana o la española. Creo que fue el primer director de la galería de los Uffizi de Florencia, el historiador del arte y abate del si- glo xv11 Lanza, quien introdujo esta cómoda estrategia que también se ha trasladado a los escritos y a la enseñanza de la historia del arte, Incluso los no profesionales no tendrán dificultad alguna por regla general para dis- tinguír el estilo pictórico italiano del siglo xvu del flamenco. Pero hay una época en la que se desmorona esta facilidad para el reco- nocimiento, y es acerca de este período del que me propongo hablar. Es esta dificultad a la que me he referido lo que ha dado pie al nombre del amente, estilo tilo: lo denominamos estilo internacional o, más específi gótico internacional. El gran historiador del arte Erwin Panofsky, que dedi- có a este estilo un capítulo de su importante libro Los primitivos flamen- cos, caracteriza con su habitual precisión las dificultades que esto plantea a los historiadores del arte: Los historiadores del arte tienden a desplazar de un cugar a otro obras importantes del «período internacional»; de París a Viena o Praga, de Bourges a Venecia, de Francia a Inglaterra, y a menudo coinciden final- mente en que son catalanas". Xo hace falta decir que la fascinación y las complejidades de este excep- cional período de la historia del arte europeo han llamado la atención de muchos de nuestros historiadores del arte más destacados: además del pro- pio Panofsky, también se ocuparon de él Otto Pácht, Millard Meiss o Robert Scheller'. En cualquier caso, en lugar de presentar una visión general de sus conclusiones, quisiera distanciarme de algún modo del rico tapiz de aconte- cimientos y reflexionar sobre algunos de los interrogantes generales que plan- tean al historiador. Sin embargo, no puedo hacer esto obviamente sin ofre- cer al menos una breve descripción del estilo y de los problemas que plantea. 80 96 Dipticos su, h. 1400 Matera Gallery, Lonares, Permítaseme empezar con un ejemplo práctico que personifica la natu- raleza de este estilo así como de la perplejidad que ha originado entre los especialistas; se trata de la exquisita obra de la National G llery de Londres conocida como Díptico de Wilton (Fig. 96). Sus paneles abiertos muestran al rey Ricardo U de Inglaterra arrodillado en oración delante de san Juan Bau- tista y de dos santos patrones de la familia real, san Eduardo el confesor y san Edmundo, quienes lo encomiendan a la santa Virgen que aparece en el panel opuesto, o quizá más bien al Cristo niño que está en sus brazos y que extien- de su manita para saludar mientras los ángeles del paraíso sobre la pradera en flor le ayudan a que se fije en el soberano en súplica. o de Se ajusta a mi objetivo el hecho de que este ejemplo paradigmá estilo gótico internacional, con su cuidados exposición de bellas doncellas y encantadoras flores, de valioso oro y joyería, haya sido objeto de un inten- so debate: ¿es una obra inglesa, como parece sugerir el tema, o fue pintada quizá por un maestro francés? ¿Data de la época en que vivió Ricardo Il, que murió en 1399 y la habría ofrecido como donación devota a la Virgen para ganar su salvación en la otra vida? ¿O deberíamos interpretar esta representación de forma literal? Es decir, como una imagen del rey acogido an su emblema, el venado con la cadena de oro. Personalmente me inclino por esta última en el paraíso y siendo recibido por los ángeles que lle hipótesis, elaborada por el difunto Francis Wormald", pero lo que me inte- resa en este momento es el cará cler internacional del estilo empleado por cl maestro". Hay una cierta similitud entre un detalle del Díptico de Wilton de la Virgen y el Niño (Fig. 97) y otro de otro cuadro que representa a la Madon- na y al Cri: o niño con igual delicadeza y belleza (Fig. 98). Ahora bien, este E 15861 Ml A A dl a 81 Las mágenes soto objexis de Lo 9 Conde, Chantlry 33 101 Mes do Mayo, procedente de Las muy ricas horas del dh Besry, h. 140, Mus ve de 6, Chantl y Los usos de las mágenes estilo que una comparación entre estas encantadoras imágenes y un ciclo de murales dedicado también a las labores de los meses, felizmente conserva- do en un castillo de las afueras de la ciudad sur-tirolesa de Trento: el de la Torre dell' Aquila. En ese hermoso ciclo”, encontramos un gusto similar por los placeres de la vida despreocupada, por celebrar la juventud, la belleza y el amor, no sólo en el jovial mes de mayo en que las damas coronan de flo- res a sus fieles mozos (Fig. 103), sino también en junio, cuando otras pare- jas más maduras se unen a la excursión por el precioso campo (Fig. 104) Como para demostrar una vez más el carácter internacional del esti- lo, resulta que esta sala del castillo situado cerca de la froniera de territo- rios ítalo y germano parlantes fue encargada por un obispo de Trento, John Liechtenstein, que era de Praga, en la actual República Checa, y que fue pintada con toda probabilidad por alguien originario de Bohemia, posi- blemente el pintor Wenzeslav, a quien se menciona en un documento”. Es tentador considerar que estos cuadros son un espejo de la vida de la época y contemplarlos —con la frase fácil— como una expresión del Les usos ne 43 imagenes tes imágenes de dicha apacible. ¿Acaso el estilo gótico internacional no pudo haber surgido como fantasía de satisfacción o como lo que hoy día denominamos «evasión»? Francamente, nunca me he dejado impresionar por ningún Gpo de argu- mentación que aborde períodos enteros de las diferentes sociedades como si éstas dispus ¡eran de una mentalidad colectiva o un espiritu específico común". Creo que si queremos hacer progresos en las explicaciones hi ricas debemos resistir la tentación de mitificar. El mundo antiguo pensaba en la naturaleza en términos de Fuerzas personificadas como el viento o las estaciones. Sólo cuando la ciencia comenzó a progresar se dejó atrás esta tendencia. Es por esa misma razón por lo que creo que nos hemos vuelto tan escépticos ante aquellas filosofías de la historia que personifican épocas, pue- blo nos individuales que reconocidamente interactuaban entre sí abiertamente El histo- riador debe tener siempre en mente lo que Popper ha denominado «la lógi- so clases sociales. Debemos aprender a pensar en términos de seres huma- y respondían a situaciones que no habían producido ellos mismos «ca de las situaciones» . Esto incluye, por supuesto, gos humanos inva= riables que nos permiten comprender y reconstruir las reacciones de la gente tanto del pasado como de nuestros días, así como las modificaciones de dichos rasgos debidas al aprendizaje y a las influencias culturales. Es probable que algunos de los rasgos del estilo gótico internacional admitan este análisis sin mucha dificultad. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que la sociedad representada aquí era una sociedad refina- da a la que le gustaba la exhibición del lujo. Esto seguramente cs un ras- go bastante universal, si bien requiere determinadas condiciones espe- cial para que florezca, por así decirlo, a cielo abierto. A este respecto he hablado de la lógica de la feria de las vanidades", de las consecuencias de y del gusto superior. El atuendo que llevaban los hombres y mujeres de la corte debe de haber la competitividad en el lucimiento de la riqueza sido tan caro como el que estaba de moda en cualquier otra época en la que los poderosos pudieran permitirse impresionarse entre sí y al popu- lacho. Además, eran modas reales que deben de haber sido doblemente caras por lener una vida relativamente corta, Quiza de las primeras en contemplar este tipo de modas de exhibi rada que cualquier cortesano que se preciara de serlo tenía que adoptar si había de defenderse entre sus iguales. Hay productos del estilo inter- esta época fuc una n exage- nacional, como por ejemplo un dibujo que se encuentra en Uppsala (Fig, 105), que realmente nos recuerdan a las ilustraciones de la moda. “ales extremos de la moda reflejan lo que Veblen' ha denominado «gasto conspi- cuo»: fijémonos en las largas mangas que llevan los hombres y mujeres de la escena de la pelea de bolas de nieve de Trento (Fig. 106); éstos son rasgos típicos que no sirven a ningún fin, sino al lucimiento, y que pue- den servir a este fin sólo por el breve periodo de tiempo en el que llaman 86 Las imagenes mero objezos de ajo 105 idscarórima, exar encos del sig ose Bibl Unive-sidad de dea pps 1086 Derlaliz de Mes de Eneco, h. 1400 Torre Aquila, Ireto la atención por su extravagancia, después del cual puede ser otro rasgo el que cobre relevancia. No cabe duda de que los artistas y artesanos que abastecían a estas cor- tes debieron de haber tenido en cuenta semejantes demandas. Su tipo de obra más Lípica podía calificarse también como objets de luxe, de todas tas cuales ninguna lo es tanto como Las muy ricas horas del duque de Berry, que aparece descrita en los inventarios del duque mediante esta elocuente designación. Al volver la primera página del ciclo del calendario vemos al propio duque festejando en una mesa bien abastecida de un salón hujosamente adornado con tapices (Mig. 107). El maestro de ceremonias llama hospitalariamente a toda la corte, «Aproche, aproche», y podemos estar seguros de que hay de sobra para todos, incluyendo al perro que se alimenta en la esquina. Pero Rijémonos en piezas de la vajilla, como por ejemplo el enorme barco de oro, descrila en los inventarios como «la saliére du Pavillon», así como en todas las vasijas doradas del aparador. ¿Dónde se encuentran ahora? He aquí que yl p é estas obras nacidas del talento del orfebre han sido fundidas casi todas para pagar las guerras y conflictos que acuciaron la vida de aquella época. Sólo 5 cuantas de ellas se salvaron de este destino porque hallaron protec 87 dela glesa de Si y Sar Jacozo. Al-Ótring Las invágeres como objetos de lujo Ss De hecho, si hay algo a lo que se puede llamar rasgo humano univer- sal es a este gusto por el esplendor y el brillo. El refrán nos recuerda que No es oro todo lo que reluce; pero si es oro mucho mejor, ya que entonces se aúna la atracción visual de los destellos con el valor de la rareza. Por tan- to, el pader siempre ha tratado de rodearse de la abrumadora y sobreco- gedora pompa visual, tanto si pensamos en los tesoros de utankamon como en los de los indios mogoles. Es por esta misma re Ln por lo que este gusto por el oro y la elegancia no puede servirle al historiador del arte como principio de explicación adecuado; como máximo puede querer tener cn consideración la lógica de una situación allá donde descubra que este gus- to está ausente, cuestión ésta sobre la que tendré que volver más adelante. Sabemos sin duda que para el estilo internacional no era nada nuevo adornar manuscritos y cuadros con una generosa dosis de pan de oro y de pigmentos preciosos. Se pueden citar ejemplos de esta tendenci pro dentes de casi cualquier período. La exposición celebrada en Londres hace algunos años y titulada The Age of Chivalry nos permitió regalarnos la vis- ta con muchas de estas resplandecientes páginas de los siglos XI11 y XIV. Y, por si no bastara el testimonio de estos monumentos, el historiador del arte 89 109 La cornación la tiger, 1 1330. B bloreca Toiizara, Vilán 110 ta coronas: Virgen, porleneciente Pos amy as horas gel que de Berry, 1.1410 Museo Cendo, Channlly Los 4sus ee las imágenes puede volver la vista hacia el estudio de la literatura con el in de apoyar y matizar sus observaciones. Descubrirá que las palabras nada menos que de Dante nos dicen que los ilustradores de su época, los comienzos del Tre- cento, trataban de competir entre si en la satisfacción de esta demanda uni- versal. En un famoso episodio del Prrgatorio". Dante encuentra a un minia- turista de su época, un tal Oderisi da Gubbio, y se dirige a él con estas palabras: «¿No eres tú Oderisi, el maestro de ese arte que en París se deno- mina ¡huninación?», Pero como el encuentro tiene lugar en el Purgatorio, en donde las almas purgan sus pecados de orgullo, Oderisi recha, plido diciendo que «las págin a el cum- s de liranco Bolognese son más radiantes»: «Piú ridon le carte che pennelleggia Franco Bolognese». «El honor es todo suyo; y ólo en parte mío; sí bien nunca habría admitido tal cosa mien- tras moraba entre los vivos Pintar la página más radiante, la más jovial, era obviamente el objeto de competición entre los miniaturistas de la época de Dante (Fig. 109). ¿Quién puede dudar de que al menos en el Purgatorio habrían tenido que admitir que unas poca s generaciones después esta competición la habrían ganado los hermanos Limbourg (Fig. 110)? Digo «¿quién puede dudar?», pero nor- malmente los historiadores del arte no aprobamos semejantes afirmaciones apodicticas. Después de todo, sabemos que el gusto varía y que lo que pare- cesonriente para una generación podría haber parecido fúnebre para otra. Confieso que no estoy de acuerdo con estos extremos del relativismo, que son de riguetr en la vida académic. . Al menos me resultaría divertido some- ter mi aseveración a un test experimental como esos en los que los psicólo- gos preguntan a una serie de sujetos cuál de dos páginas dirían que es más NA 30 ma 111 Mienelno da Besozzo, bocetos para 1 adoración h. 1420, Alea dela Virgen, tunas, Viena Les usos e Es imágenes la Virgen que incluyen guepardos, una de las criaturas exóticas de las pri- meras representaciones del séquito de los Magos. En bién los tipos de jóvenes gráciles tienen parientes en dibujos anterjores. a composición tam- Boccaccio comparaba el superior logro de Giotto con el inferior arte de complacer al ignorante ofreciéndole placeres visuales. Pero en cierto modo el contraste era exagerado, al menos ante los ojos de los artistas en activo de la época de Boccaccio. Después de todo, hay muchas cosas en la naturaleza que complacen la vista tanto del sabio como del ignorante y, ¿por qué no concentrarse en aquellas que complacen a todo el mundo? Estoy, naturalmente, elaborando esta actitud a posteriori, pero creo que se puede sostener que a finales del siglo x1v ganó la batalla algo parecido a lo que me gustaría denominar «naturalismo selectivo», No se hacía nin- gún esfuerzo por emular las casi asombrose exhibiciones de tromp Pocil alas simuladas de ambos lados de como aquellas que creó Giotto en la bóveda de la capilla de la Arena. Por el contrario, encontramos una creciente dedicación a la representación de motivos individuales prove- dentes de la natural, ra como por ejemplo las hermosas flores o los ani- males exóticos exhibidos en algunos de mis anteriores ejemplos, No conoz- co ningún modo más fácil de ilustrar este tipo de naturalismo selectivo que reliriéndome a un género de arte que fue inmensamente popular entre 2 Las imágs:1es como objetos de lujo los ricos de la época, si bien por desgracia nos han quedado pocos ejem- plos de ello. Estoy pensando en los tapices y alahílcas que hacían del inte- más hermo- sos de los que nos han quedado se encuentran los tapices del duque de Devonshire en el Victoria and Albert Museum de Londres, que decidida- mente datan de finales de la época del estilo internacional, en torno a 1440. rior de los castillos algo más acogedor y habitable. Entre 1 Como también puede suceder con las obras seculares de esta época, representan el principal goce de la nobleza: la matanza de animales (Fig. 112). No es preciso que me extienda sobre el contraste entre el fondo esquemático de plantas y edificios y el maravilloso detalle con el que están representados los perros y sus presas, en donde elegantes miembros de la par- tida se presentan con grados de realismo de algún modo intermedios. O fijémonos en la pareja de Amantes cortesanos (Fig. 113) en un bosque, algo aún más típico del estilo internacional, y veamos el contraste entre los árbo- les y la representación de los conejos, uno de los cuales aparece en perfec to escorzo visto desde atrás. Un famoso manuscrito de mediados de este período, la primera parte del Libro de Horas de Giangaleazzo Vis tado para Giangaleazzo Visconti por Ciovannino de Grassi, contemporá- conti de aproximadamente 1400, pin- neo de Michelino da Besozzo"!, muestra otro aspecto del naturalismo selec- sacras del relato bíblico, como por ejemplo Joaquín, un tipo gótico característico, y tivo (Fig. 114). Hay un sorprendente contraste entre las figuras la representación naturalista de los dos pastores que parecen proceder abso- lutamente de otro mundo. El ganado y el perro están representados con esa mis ma observación cuidadosa, pero lo que es axn más revelador para mi propósito es el uso de motivos naturalistas al servicio de la decoración en los márgenes, sobre todo los guepardos en cuatro posturas diferentes, Seguramente no debemos sorprendernos de que en los palacios hubie- ra una demanda de obras de este tipo que recordaran a los poderosos sus placeres favoritos. Pero hay una diferencia importante entre, por una par- te, la demanda de oro y esplendor y, por otra, la de imágenes naturalistas, aunque fueran selectivas, Para satisfacer la primera no es necesario mucho más que riqueza y voluntad de gastarla; la otra no se satisface fan mente por el hecho de pedirla. La destreza especial necesaria era con razón el orgullo de sus maestros más de tacados. Tenemos suerte al disponer de otro testimonio de la habilidad del maestro del Libro de Horas de Gian- galeazzo Y onti, el libro de bocetos de Giovannino de Grassi que se en- cuentra en Bergamo y que contiene otros dibujos de animales exóticos (Fig. 115). Sabemos que estas peculiares creaciones del estilo interna nal representaron una novedad en este período. Si hicieran falta pruebas para evidenciar una demanda más amplia se podrían encontrar una vez más en las páginas del L. lo- muy ricas horas del duque de Berry. El mes de diciembre se representa aquí mediante la ima- 93 115 Giovanni do. de un libro de bocetos, h. 1393. Risviotoca Civ ea. Borgamo Las images como oretas gen de una cacería en la que la jauría de perros está atacando al jabalí acorralado (Fig, 116), y este grupo procede de una composición similar que se encuentra en el boceto de Bergamo realizado unos diez o quince años antes (Lig. 117). O permítaseme remontarme hasta cl Díptico de Wil- | reverso de los paneles (Fig. 119) mues tador venado heráldico con el emblema del rey, y este venado tiene un ante- ton con el que empecé: ra un encan- cesor muy cercano en el libro de bocetos de Bergamo (Mig. 118), si bien el dibujo se ha desvanecido en gran medida. Sies relativamente fácil establecer la es istencia de semejante demanda, ¿podemos también explicar que contaba con su correspondiente oferta de creaciones de este tipo de naturalismo selectivo? La pregunta puede pare- cer un tanto ociosa, ya que ¿por qué los artistas no iban a dibujar animales naturalistas si sus clientes los querían? En este punto debo referirme a mi libro Arte e dusión”, que trata precisamente esta cuestión. En aquel libro tra- té de mostrar que resulta ingenuo creer que todo lo que se necesita para rca- lizar una imitación convincente de la naturaleza sea buena vista, mano dics- tra y deseo de copiar las apariencias. Lo que la historia del arte demuestra es que la diestra representación de la naturaleza no se puede adquirir, por así decirlo, de la noche a la mañana. En aquel libro analicé el famoso ejemplo del león dibujado por el artísta gótico francés del siglo xn Villard de Hone- court, que lleva una sorprendente inscripción que dice «y sabed que fue dibu- jado del natural» (Lig, 120). Él había visto un león —una oportunidad sin duda no muy frecuente— y de algún modo la había cotejado con la fórmu- 95 -9s usos de las imágores 116 Mes de Di pra ricas horas del duque de Berry, P 14D Musas Conse, Chantily viembre, suerte de Las muy 117 Posros atagando a 0 ¡Abal srocedente del l:bro de bocetos de Giovaaino de Grassi, F 1385 Bibliotece Civica Bergamo 118 Venado, Hol bro de bocatos dí Grass, n. 1395, Bib Craca, Bergamo Natioral Gallery, Londres 26 124 Animaies, procederse del Lite ee Muestras de Jaun h. 1200. Pintiareca Nacional, Viena Los Lscs de las magonos Creo que esta observación es particularmente relevante para explicar el desarrollo del denominado estilo internacional. Se sabe desde hace mucho tiempo que estos artistas y artesanos hicieron buen uso de los libros de muestras, No es que los libros de muestras fueran una innovación de esta época: los artesanos medievales habían dependido ciertamente desde muy pronto de estas recopilaciones, si bien se han conservado pocas de ellas. Uno de los primeros ejemplos del período en torno a 1200 es el denomi- nado Libro de Muestras de Reun (Fig. 124), con sus páginas de bestias rea- les y animales fabulosos. Pero durante el período del estilo internacional el número de estos libros de muestras parece haberse incrementado con- siderablemente. Esto puede deberse en parte a la casualidad de la conser- ¡ón, pero apenas cabe duda alguna, como podrá verse, de que estas reco- pilaciones gozaron de una creciente demanda entre los artesanos, quienes a su vez esperaban satisfacer con ellos las demandas de sus patrones. Una de las primeras recopilaciones de este tipo de dibujos que permitió al artis- ta acumular un almacén de imágenes es un libro de muestras que se encuen- tra en la Pepysian Library de Cambridge y que contiene animales y pája- ros. La l'igura 125 muestra una página con dos leones que obviamente contrastan con el dibujo de una vaca y las famosas páginas de pájaros (Fig. 126) que tan a menudo se utilizaban en los márgenes decorativos. ¿Quién podría decir cuántos de estos pájaros había visto realmente el art: ta y cuántos había visto en otro libro de muestras? s de las Se puede demostrar fácilmente que no todos los detalles realis obras de este estilo estaban tomados del natural. Existe un libro de mues- tras de esta época en el Museo de Viena que sirve como adecuado punto de partida para realizar esta demostración. Mi profesor Julius von 98 era cemo objetos de lujo 125, 126 Aimsios y Pájoras, procedente it siglas cv Popysiar Library, Magdalena llega, Camoridge "nuestras, Schlosser, que publicó por primera vez hace más de ochenta años”, lo lla- maba el vademecum de un aprendiz de pintor itinerante, Su inusual forma lo convertía en algo adecuado para ser llevado en un morral: está formado por tablillas de papel verde preparado y se puede plegar convenientemen- tc hasta introducirlo en una pequeña bolsa de cuero (lg. 127). Gracias a la industriosidad de todo un equipo de historiadores podemos ver cómo los mismos u otros artistas utilizaban es cómo por ejemplo el anciano barbudo (Fig. 128) se ajusta a un cuerpo cubierto con suntuosidad para convertir del arte fórmul c en un digno apóstol (Fig. 129). Los artistas sin duda anotaban las invenciones artísti (1 que pudieran reve- se útiles para vencer dificultades. Se ha mostrado cuánto se parece su imagen de un hombre mirando hacia abajo (Fig. 130) a una fórmula em- pleada posteriormente por Gentile da Fabriano en La adoración de los Magos (Vig. 131) para un paje que está alojando las espuelas del rey. Estas inven- ciones contaban de hecho con un mercado internacional. Sabemos ade- más que los libros de muestras como nuestro vademecuin no eran únicos en sí mismos. No sólo en Viena hay también cabe Virgen que pudieran encajar en una Anunciación (figs. 132 y 134), sino que ha aparecido otra versión de ellas que ahor Fogg (ligs. 133 y 135); están dibujadas con más sutileza y quiz originales, en la medida en que en este contexto podamos hablar de dibu- jos originales. as de un ángel y de la se encuentra en el Museo sean los Este vademecum se realizó probablemente en Bohemia, pero el tipo de Virgen recuerda a un cuadro de la Anunciación que por regla general se considera borgoñón de en torno a 1400. No es difícil suponer por qué se 99