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Hª Medieval Universal I, Apuntes de Historia de la Edad Media

Asignatura: historia medieval, Profesor: Jose Luís del Pino García, Carrera: Historia, Universidad: UCO

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 01/06/2017

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APUNTES MEDIEVAL
LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO Y EL FIN DEL MUNDO ANTIGUO.
La caída de roma es una d elas cuestiones historiográficas más debatidas en los últimos tiempos,
sobre todo desde que Edward X publicase su obra “Decadencia y caída del Imperio Romano”.
El número de tesis y teorías sobre la caída del Imperio supera las 500, y sobre las causas, las
200, y es que la caída de los imperios es uno d elos asuntos más complejos.
Es cierto que muchos historiadores han aludido varios argumentos causales. La Historiografía
suele proponer una causa causal capaz de explicar el fenómeno por la actuación de un factor
prioritario.
Los contemporáneos de la caída propusieron causas y sacaron conclusiones dependiendo de
dónde viviesen, oriente u occidente.
La idea de ocaso es casi una obsesión en los autores antiguos e incluso en la mentalidad de la
gente común, como una amenaza presente. Muchos autores como Tito Livio tenían la
mentalidad de que su mundo y costumbres se habían consumido y que el fin de su civilizción
estaba cerca.
Horacio, en el siglo I a.C. Se lamentaba cuando escribía: Nuestros padres, pero que sus abuelos
y nosotros, peor que nuestros padres, una visión pesimista que ha durado en toda la
historiografía europea hasta ahora.
También los cristianos creían que el mundo se acabaría un día antes de la resurrección, y lo
esperaban con miedo y con ansias. Libro de Daniel. Coloso de los Pies de Barro. En época
cristiana se compusieron varios Apocalipsis, siendo el más influyente el de San Juan, que se
interpretaría como un vaticinio del fin de Roma. Las fechas eran variadas, pero todas las
visiones del fin del mundo eran precedida spor guerras, hambre, peste y destrucción.
Por otra parte, era una opinión extendida entre los romanos que las desgracias públicas eran
debido al incumplimiento de los deberes religiosos. En momentos de grandes dificultades para
el Imperio, se acusó a los cristianos de ser los culpables por abandonar el pasado, y es que el
abandono de la tradición está en la base de sobre quién recaía la base de la culpa del fin del
mundo. Más adelante, en tiempos mejores, se pensaba (los cristianos) que era el paganismo el
causante de los males. Durante una crisis del Imperio, el obispo de Cartago escribiría una carta
defendiendo a los cristianos y hablando de cómo ese mundo había envejecido ya, cómo las
desgracias se sucedían porque los paganos no honraban a Dios. En los textos de los siglos IV y
V se habla del fin inminente del Imperio Romano; un ejemplo es la derrota en Xpolis por parte
de los Godos. Otros autores paganos, como Amiano Marcelino, no eran tan pesimistas y
apelaban a la aún grandeza de roma. Agustín de Hipona, por ejemplo, hablaba de la decrepitud
de Roma. No se pensó, sin embargo, que Roma hubiese caído hasta que la propia ciudad fue
tomada y saqueada por Alarico, lo que les hizo tomar consciencia de la situación. Unos,
entonces, se empezaron a echar la culpa a otros. Los romanos decían que el imperio había
empezado a caer cuando se difundió el cristianismo. Agustín de Hipona contestó a éstos con su
obra La Ciudad de Dios, cuyos 5 primeros libros de los 25 que contiene, para defender que las
catástrofes se habían venido produciendo mucho antes de que apareciese el cristianismo sin que
los dioses paganos hubiesen podido remediarlo. Que Roma hubiese salido victoriosa en otras
ocasiones, no se debía a la protección de los dioses, sino a las virtudes de los romanos y de su
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APUNTES MEDIEVAL

LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO Y EL FIN DEL MUNDO ANTIGUO.

La caída de roma es una d elas cuestiones historiográficas más debatidas en los últimos tiempos, sobre todo desde que Edward X publicase su obra “Decadencia y caída del Imperio Romano”. El número de tesis y teorías sobre la caída del Imperio supera las 500, y sobre las causas, las 200, y es que la caída de los imperios es uno d elos asuntos más complejos.

Es cierto que muchos historiadores han aludido varios argumentos causales. La Historiografía suele proponer una causa causal capaz de explicar el fenómeno por la actuación de un factor prioritario.

Los contemporáneos de la caída propusieron causas y sacaron conclusiones dependiendo de dónde viviesen, oriente u occidente.

La idea de ocaso es casi una obsesión en los autores antiguos e incluso en la mentalidad de la gente común, como una amenaza presente. Muchos autores como Tito Livio tenían la mentalidad de que su mundo y costumbres se habían consumido y que el fin de su civilizción estaba cerca.

Horacio, en el siglo I a.C. Se lamentaba cuando escribía: Nuestros padres, pero que sus abuelos y nosotros, peor que nuestros padres, una visión pesimista que ha durado en toda la historiografía europea hasta ahora.

También los cristianos creían que el mundo se acabaría un día antes de la resurrección, y lo esperaban con miedo y con ansias. Libro de Daniel. Coloso de los Pies de Barro. En época cristiana se compusieron varios Apocalipsis, siendo el más influyente el de San Juan, que se interpretaría como un vaticinio del fin de Roma. Las fechas eran variadas, pero todas las visiones del fin del mundo eran precedida spor guerras, hambre, peste y destrucción.

Por otra parte, era una opinión extendida entre los romanos que las desgracias públicas eran debido al incumplimiento de los deberes religiosos. En momentos de grandes dificultades para el Imperio, se acusó a los cristianos de ser los culpables por abandonar el pasado, y es que el abandono de la tradición está en la base de sobre quién recaía la base de la culpa del fin del mundo. Más adelante, en tiempos mejores, se pensaba (los cristianos) que era el paganismo el causante de los males. Durante una crisis del Imperio, el obispo de Cartago escribiría una carta defendiendo a los cristianos y hablando de cómo ese mundo había envejecido ya, cómo las desgracias se sucedían porque los paganos no honraban a Dios. En los textos de los siglos IV y V se habla del fin inminente del Imperio Romano; un ejemplo es la derrota en Xpolis por parte de los Godos. Otros autores paganos, como Amiano Marcelino, no eran tan pesimistas y apelaban a la aún grandeza de roma. Agustín de Hipona, por ejemplo, hablaba de la decrepitud de Roma. No se pensó, sin embargo, que Roma hubiese caído hasta que la propia ciudad fue tomada y saqueada por Alarico, lo que les hizo tomar consciencia de la situación. Unos, entonces, se empezaron a echar la culpa a otros. Los romanos decían que el imperio había empezado a caer cuando se difundió el cristianismo. Agustín de Hipona contestó a éstos con su obra La Ciudad de Dios, cuyos 5 primeros libros de los 25 que contiene, para defender que las catástrofes se habían venido produciendo mucho antes de que apareciese el cristianismo sin que los dioses paganos hubiesen podido remediarlo. Que Roma hubiese salido victoriosa en otras ocasiones, no se debía a la protección de los dioses, sino a las virtudes de los romanos y de su

propio Dios, que se sirvió, sin que ellos lo supiesen, de los romanos virtuosos. Remitía también al hecho de que, durante el saqueo de Alarico, se respetasen muchas iglesias donde se habían refugiado cristianos y paganos.

Más autores hablaron de las anteriores catástrofes de Roma y de cómo éstas habían sido mayores antes d ela llegada del cristianismo.

No todos, sin embargo, estaban de acuerdo con esta idea. Socido(¿) y su Historia Nueva, son un ejemplo de esto, pues culpaba no sólo al cristianismo, sino a la legislación de los emperadores cristianos, había acabado con la protección que, hasta entonces, los Dioses habían prestado al Imperio.

En cualquier caso, es evidente el papel fundamental del cristianismo tuvo en la crisis y caída del Imperio Romano.

En el periodo medieval apenas se mostró interés en éste tema, y habría que esperar al Renacimiento y tiempos posteriores para que el mundo Clásico y Grecorromano volviese a estudiarse y considerarse una auténtica Edad de Oro en contraste con épocas anteriores y posteriores (medievo)

Edwar GXXX (ya citado), con su obra Caída del imperio romano, publicada entre 1776-1782, una obra que recoge la historia de varios siglos, pero cuyo núcleo principal es la historia de la caída del imperio romano, al que dedica 2 de las 3 partes de su libro. Da las causas de la caída a la difusión del cristianismo y al ejército, barbarizado desde el siglo IV.

Al margen de ésta valoración, su aportación no se limita al descubrimiento de la sposibles causas, sino que su obra contiene la idea de que la organización d elas civilizaciones históricas son como los seres vivos, de forma que las civilizaciones e imperios nacen, crece y mueren. También es mérito de éste autor el hecho de que prestase atención a una cuestión prácticamente olvidada, tanto que el propio imperio cayese por el peso de su propia estructura, como que se mantuviese durante tanto tiempo (al menos cinco siglos), aunque la realidad es que el IR, en la práctica, había dejado de existir casi un siglo antes de su desaparición de forma oficial y reconocida, el año 476.

En los últimos años, ha empezado a hablarse de Bajo Imperio o Antigüedad tardía, como una época no de crisis, sino de transición, con personalidad propia.

Es evidente que el golpe final, en occidente, lo dieron los germanos, quienes demostraron ser, militarmente hablando, superiores a los romanos. El que roma no pudiese defenderse de éstos ataques, cuando tantas veces lo había hecho en el pasado, ha tenido múltiples explicaciones en función de los autores. Se ha hablado incluso de cambio climático, sequías, degeneración racial por el mestizaje, privación de la libertad al destruir el espíritu de iniciativa con el absolutismo del poder imperial, la supervivencia de los nacionalismos dentro del imperio, la ruina económica, al aumento insostenible de la presión fiscal, el fin del sistema esclavista, la corrupción generalizada, la decadencia de la vida urbana, la barbarización de la sociedad, etc.

Durante mucho tiempo se pensó en una o dos como causas principales, cuando son todas en su conjunto las que nos ayudan a entender mejor éste periodo.

notable en el número de legiones: Adriano 28, M.Aurelio 30, Severo 33. Aumentan también los salarios de los legionarios, de 300 a 500 (¿) denarios. Se autoriza a los soldados a tomar matrimonio y a asentarse en las inmediaciones del campamento. Los graduados tienen derecho a juntarse y formar asociaciones, colegios, etc., se da una participación del ejército en la elección del emperador.

Aumenta aún más el carácter sagrado del Emperador y de todo lo que lo rodea. También la importancia del consejo de príncipes (50 senadores y 20 ¿)

Hay también problemas de tipo económico, con un despoblamiento de los campos en un éxodo rural, provocado en parte por las epidemias de peste, y un abandono de las tierras, que pasan a ser improductivas. El descenso de la producción agrícola, hace más difícil el aprovisionamiento de las materias primas, lo que reduce el número de artículos fabricados y aumenta su coste. Se da una acaparación de tierras y medios por parte de los poderosos, que empobrece aún más a los pequeños y medianos campesinos. Para tratar de solventar los problemas de la época, éstos poderosos procuran rebajar los alquileres y otras actitudes que, aun así, no frenan el abandono del campo, lo que acaba con una falta inmensas de mano de obra que acaba afectando también a estos poderosos. Los poderosos se van también a la ciudad, y esto hace que los gastos municipales aumenten y que las ciudades decaigan, pues cada vez resulta más difícil atender a la inmensa población de pobres que acude allí. Debido a estos problemas, las magistraturas municipales pasan a ser un problema más que un honor, y los poderosos dejan de querer acceder a ellas. Para acometer todos estos problemas, los emperadores tomarán medidas como ofrecer tierras a los soldados de frontera a cambio de un servicio militar hereditario, se venden los tesoros imperiales, se realizan confiscaciones. Aumentan las acuñaciones, lo que hace que se devalúe el precio de la moneda, que da lugar a una subida de los precios. Otra medida en relación a la presión fiscal es la supresión de privilegios, la elevación de impuestos, etc. Un ejemplo es el Obispo de calaX, que aumentó el impuesto a las herencias, hasta entonces solo para la plebe, al resto de ciudadanos (no es seguro, mirar).

26 de Septiembre de 2016

Crisis del siglo III d.C.

Pese a los problemas conocidos, interesa destacar la pervivencia de la autoridad imperial, que hubiese sido vana de haberse deshecho la administración del estado. Los servicios de la administración, pese a la crisis, continuaron funcionando más o menos con buenos resultados; los contribuyentes siguieron pagando y las oficinas emitiendo los recibos; casi en ninguna administración local o regional se paralizó la burocracia. Esto se debió a la buena organización de la administración y la disciplina de funcionarios y contribuyentes.

Aparece una evolución en las mentalidades como el orgullo de pertenencia a la sociedad romana y un cierto patriotismo ante los bárbaros, además de devoción por el emperador.

También hubo, sin embargo, tendencias a la descentralización, debido sin duda a la consecución de varios emperadores en pocos años. Los jefes de ejército y gobernadores de provincia aprovechan la debilidad del poder imperial y lo sustituyen.

La anarquía del siglo III hará que resurjan los nacionalismos y dará lugar a una descentralización, en especial en las provincias de los confines del imperio. Ésta se producirá de forma legal, con la división del poder imperial, o ilegal, por medio de usurpaciones.

Además, entre los años 260 y 264, el imperio se encuentra dividido en tres; el Imperio Galo (La Galia, Britania e Hispania), cuyos emperadores toman los títulos tradicionales e incluso acuñan moneda y no pretenden marchar contra Roma. Los apoyan los ejércitos del Rin y se entregan, sobre todo, a la defensa de la frontera. En el Este, nos encontramos con Palmira, el único bastión que Roma posee para defender Ziria, Asia Menor y Egipto de Persas y Godos. La tercera y última parte se ubica en el centro y engloba África septentrional, Egipto, Italia, Anatolia, las provincias del Danubio y los Balcanes. Ésta parte, salvo periodos de secesión, estará en manos de los emperadores legítimos. En este siglo, el imperio se encuentra en vías de transformación, cuando se desencadena una crisis que mantendrá durante medio siglo otra inquietante gravedad: una crisis exterior contra la frontera y , por otra, una crisis interna multiforme que abarca todos los factores sociales (cultura, religión, etc.)

Durante este siglo (III) la presión exterior y la debilidad interna irán aumentando durante su desarrollo. Con respecto a la crisis externa, el imperio conocerá una repetición ampliada de lo sufrido en el siglo anterior. Ahora los ataques los llevan a cabo de forma simultanea Persas y Bárbaros (occidente). El fin del reino Parto conlleva en oriente un cambio de dinastía. La nueva dinastía Sasánida, que pretende descender de los Aqueménidas, reivindica la posesión territorial de los mismos y reclama la religión madeisma(¿) Mantendrá su hostilidad hacia roma hasta el 230, hasta que en el 260, el emperador XXXX sería secuestrado.

En occidente, los romanos se enfrentan a un mundo agitado, a una serie de movimientos de tribus bárbaras. Los ataques en este sector empezarían en torno al 233, coincidiendo con un periodo de anarquía militar que padece el imperio entre 235 y 284. Se produce un empuje de unas tribus hacia otras que rebasa los límites del imperio. Tanto por oriente como por occidente, de manera simultanea, el imperio se encuentra cercado. La ofensiva bárbara, sin embargo, decrecerá a partir del 269. Las penetraciones en este siglo III tienen carácter de bandidaje, sin que surja la voluntad de ocupar la tierra. Dado el carácter de estas incursiones, la mejor estrategia por parte de roma fue separarles de sus bases e incluso hacer el vacío entre estas tribus, empujándolas lo más lejos posible de sus tierras natales. El resultado para roma fue positivo: consiguió una gran masa de prisioneros.

En cuanto a las causas internas, nos movemos en una crisis económica, política y social. En economía, lo más destacado es el declive progresivo del senado, que ve muy mermada su autoridad. NO participa ya, salvo contadas excepciones, en el nombramiento de los emperadores, y sus prerrogativas en materias legales y jurídicas se ven aún más reducidas. Los senadores son quitados del dominio del ejército y las provincias. Lo importante, desde el punto de vista político, será la importancia del ejército y su voluntad sobre los emperadores. El emperador no es ya un monarca absoluto, sino más bien un jefe militar, pues su poder reside en el ejército que lo proclama, en lugar del senado y el pueblo. La propia ambición de generales y prefectos de pretorio crea una gran inestabilidad desde el punto de vista político. Los reinados en este periodo son breves, siendo el más largo, de Galiero(¿), de 9 años, y todos acaban brutalmente.

la heretariedad de los oficios y de los cargos de las administraciones. Ese proceso consolidaría la administración.

Transformación del Imperio por las reformas de Dioclesiano, que gobierna entre 284 y 305. No obstante, habría que indicar que esta transformación del imperio comenzó a dibujarse en el reinado de Galiero(¿), que llevaría a cabo una serie de reformas en el ejército. En este campo, agrupó a una guardia formada por la flor y nata de los oficiales. Grandes cuerpos de caballería acorazada y un ejército de reserva para la intervención rápida de los territorios fronterizos acorazados.

Con respecto a la autoridad imperial, se mostró cercano a la religión y la filosofía, y quiso acercar la figura del emperador a la divinidad.

Algunos de sus sucesores continuarían con éstas transformaciones. La autoridad imperial se dedica a restablecer las provincias en declive, se instalan bárbaros que trabajen las tierras, se controlan las administraciones y se pretende restaurar la moneda.

Aureliano (270-275) se proclamó señor y dios y adoptó al dios Sol como dios supremo.

Con respecto al poder imperial, Dioclesiano restauró el sistema de tetrarquía, que tiende a asegurar la permanencia del poder imperial, su eficacia y su unidad. A partir de este momento, la sucesión de Dioclesiano queda asegurada por el nombramiento como Cesar de Masimiano. Más tarde, queda igualmente asegurada por la concesión del título de Cesar a Galerio y Masimiano como Augusto. De esta manera se sustituye el problema sucesorio. Además, durante el cesarato, los futuros augustos se preparan, mejorando así la calidad de los emperadores. El poder se divide entre cuatro: dos augustos y dos césares (estos últimos a cargo de los cesares indistintamente) Las decisiones se toman en común entre los dos emperadores. Por las condiciones en las que se ejerce el poder, el poder no se divide en realidad, sino que se multiplica. Se da una división geográfica. Tréveris es la sede de Constancio, y se encarga de los asuntos de la Galia. Los asuntos de África, Hispania e Italia, incumben a Masimiano, que reside en Milán. Los asuntos de los territorios del sur del Danubio, recaen en Galerio, instalado en Zirbido(¿). En Nicomedia está Dioclesiano, que se encarga de Oriente. La unidad del imperio se mantiene, pues las decisiones se toman en conjunto. Entre cada cesar y el augusto que surge se forma un lazo familiar, que se estrecha por la adopción.

Defensa del derecho romano contra la contaminación de los derechos “nacionales”, lo que implica el regreso a las tradiciones morales y religiosas de la antigua Roma. Al dios Sol lo sustituye Júpiter. Esto implica la imposición del latín en oriente y la persecución de los cristianos, aunque de forma menos rigurosa que en veces anteriores. Para entonces, sin embargo, el cristianismo ya había calado en todas las capas sociales.

Aumentan las oficinas de administración y la burocracia, además del número de funcionarios.

Se crean nuevas provincias, llegando al final del tiempo de Dioclesiano a ser 100, frente a las 40 que eran antes.

Se procedió también a la creación de la diócesis, una autoridad territorial que agrupaban varias provincias bajo el mando de una autoridad equestre. Esta organización se mantendría con escasas modificaciones durante todo el bajo imperio. El vicario era el encargado de la diócesis y de él dependían los gobernadores provinciales.

3 de Octubre de 2016

La formación de reinos por parte de los pueblos bárbaros invasores en el solar de lo que fuese el Imperio Romano es un problema complejo, situación que se agudiza por la poca cantidad de fuentes. Después del siglo V, todo escrito proviene de una fuente eclesiástica. Estos movimientos migratorios tan prolongados y complejos son por tanto difíciles de explicar. Consideraremos como factores detonantes de las sucesivas holeadas el empuje de pueblos asiáticos, que obligó a los germanos a dejar sus tierras de origen en busca de tierras más tranquilas. Otro factor es el crecimiento democrático producido en esos pueblos tras el cambio de Era e incluso cambios climáticos que trajeron una época de sequías y malas cosechas y empujaron a los germanos a esas tierras controladas por Roma donde la producción y la riqueza era mayor. Tenemos en cuenta también, como hemos dicho, la crisis del propio imperio, que facilitó las penetraciones. Aun así, estas causas explican solo someramente estas invasiones.

Recordemos que mientras el sector occidental del imperio desaparece por completo, la parte oriental sobrevive a lo largo de un milenio. Esto se debió a las diferencias entre oriente y occidente, que son: un occidente más dispuesto a los ataques bárbaros, por las fronteras del Danubio y el Rin –Oriente solo el curso bajo del Danubio-, y una frontera oriental con la Persia Sasánida no demasiado peligrosa. Por otra parte, una vez superados el Rin y el Danubio, el resto de tierras al sur de los ríos era fácil de alcanzar. Tenemos, por tanto, unas fronteras más defendibles en la parte oriental, con los Balcanes tras el Danubio haciendo de frontera natural y una frontera Persa más bien pacífica.

Las incursiones de germanos que huían de los pueblos asiáticos fueron muchas veces controladas por el poder Imperial.

Además, las provincias Occidentales estaban mucho más despobladas que las orientales, lo que suponía una gran cantidad de tierras libres de cultivo.

Tenemos también el hecho de que en Oriente había una mayor estabilidad política, con menos golpes de estado militares.

Por último, la pequeña propiedad era más abundante en Oriente, mientras que en Occidente la aristocracia latifundista controlaba la administración y gozaba de amnistías fiscales que hicieron que reinase un gran descontento social y que la administración se viese mucho más empobrecida. En oriente, los funcionarios eran muchas veces de una clase media que hacía llegar más dinero al erario público.

El término “germanos”, que apareció por el griego XXXX en el siglo I a.C. y se popularizó con los comentarios de César, aunque sin connotaciones étnicas. Los propios germanos no tomaron un nombre que los identificase como comunidad.