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Hermenéutica, Apuntes de Literatura

Asignatura: Hermenéutica Filosófica, Profesor: Couceiro Couceiro, Carrera: Humanidades, Universidad: UDC

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 13/03/2016

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humanidadesferrol 🇪🇸

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NUEVA PERSPECTIVA. EL JUEGO
El concepto de juego se hace necesario para determinar el acceso a la manifestación de la
experiencia del arte. La razón: la conciencia estética se muestra insuficiente y queda en mora con la
amplitud de tal experiencia. Los obstáculos que la conciencia estética representan para la
comprensión del fenómeno artístico llevan a Gadamer a apropiarse del concepto de juego. ¿Qué se
gana con la nueva perspectiva? Contesto de antemano : se evita entender el fenómeno a través de
las subjetividades implícitas en él (creador o receptor) y por tanto se avanza en la superación del
moderno sujeto-objeto, se devuelve al fenómeno del arte su historicidad y ocasionalidad (con
la exposición del concepto de representación) y se confiere un carácter festivo al fenómeno del arte
poniendo de relieve su temporalidad.
El juego supera las subjetividades de quienes juegan y se escapa al asimiento que éstas quieren
imponerle. Gracias a este rebase puede afirmarse que el juego es el Sujeto y no el Objeto; por tanto
"jugar es ser jugado".
Unas precisiones fundamentales sobre el modo de ser del juego conducen a entender el porqué se
le toma como concepto de partida para explicar el fenómeno del arte.
"El movimiento de vaivén es para la determinación esencial del juego tan evidentemente central
que resulta indiferente quien (sic) o qué es lo que realiza tal movimiento".
No se entiende el juego cuando se explora a través de los sujetos que participan en él. La esencia
del juego los rebasa: la esencia del arte está por encima de quien está en juego en él; por tanto es
inocuo preguntarle al artista, por ejemplo: ¿cuál es la esencia del arte? O ¿cuál es la esencia de su
arte? O ir en búsqueda de lo que el artista quiso decir, quiso expresar: no es fortuito que más
adelante desmitifique Gadamer la postura del artista frente a su obra, al fin y al cabo, al apreciarla,
es ya receptor.
Ahora bien, para que el juego ocurra es necesario que se juegue. La forma de manifestación del
juego es la auto representación y en ella también los jugadores se manifiestan, justamente,
representándose. No hay juego sin representación: in abstracto. No hay arte sin representación: in
abstracto.
La explicación ontológica del arte cuando se tiene como hilo conductor el concepto de juego es
lograda, en un primer momento, al pensar en el juego escénico (es decir, al tener presente que se
juega para alguien).
"Lo que ocurre al juego como tal cuando se convierte en juego escénico es un giro completo. El
espectador ocupa el lugar del jugador. Él, y no el actor, es para quien y en quien se desarrolla el
juego".
Así se supera de algún modo la separación entre jugador y espectador que conjuraba la conciencia
estética. El juego, alcanzando su perfección en la obra de arte, se transforma y convierte, según
Gadamer, en una construcción. Y ello implica que la construcción es una unidad de sentido que
adquiere su valor en la representación: no se la juzga correcta o incorrecta por su referencia a la
<<realidad>>, ni se entiende su representación como una imitación del original, sino que en la
representación emerge la obra: es baladí acercarse a la representación con el afán de juzgar su valor
por comparación a un "original".
"... la obra de arte tiene su verdadero ser en el hecho de que se convierte en una experiencia que
modifica al que la experimenta. El <<sujeto>> de la experiencia del arte, lo que permanece y queda
constante, no es la subjetividad del que experimenta sino la obra de arte misma. Y éste es
precisamente el punto en el que se vuelve significativo el modo de ser del juego. Pues éste posee
una esencia propia, independiente de la experiencia de los que juegan".
Hay en el arte, como en la fiesta, una ocasionalidad muy particular. Digamos que se celebra lo
mismo con cierta frecuencia, pero cada fiesta es distinta de la que la antecede. De esta forma
intuimos un encuentro: una obra habla distinto cada vez.
La experiencia de la relectura y la historicidad de un cuadro representan momentos diferentes de
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NUEVA PERSPECTIVA. EL JUEGO

El concepto de juego se hace necesario para determinar el acceso a la manifestación de la experiencia del arte. La razón: la conciencia estética se muestra insuficiente y queda en mora con la amplitud de tal experiencia. Los obstáculos que la conciencia estética representan para la comprensión del fenómeno artístico llevan a Gadamer a apropiarse del concepto de juego. ¿Qué se gana con la nueva perspectiva? Contesto de antemano : se evita entender el fenómeno a través de las subjetividades implícitas en él (creador o receptor) y por tanto se avanza en la superación del moderno sujeto-objeto, se devuelve al fenómeno del arte su historicidad y ocasionalidad (con la exposición del concepto de representación) y se confiere un carácter festivo al fenómeno del arte poniendo de relieve su temporalidad. El juego supera las subjetividades de quienes juegan y se escapa al asimiento que éstas quieren imponerle. Gracias a este rebase puede afirmarse que el juego es el Sujeto y no el Objeto; por tanto "jugar es ser jugado". Unas precisiones fundamentales sobre el modo de ser del juego conducen a entender el porqué se le toma como concepto de partida para explicar el fenómeno del arte. "El movimiento de vaivén es para la determinación esencial del juego tan evidentemente central que resulta indiferente quien (sic) o qué es lo que realiza tal movimiento". No se entiende el juego cuando se explora a través de los sujetos que participan en él. La esencia del juego los rebasa: la esencia del arte está por encima de quien está en juego en él; por tanto es inocuo preguntarle al artista, por ejemplo: ¿cuál es la esencia del arte? O ¿cuál es la esencia de su arte? O ir en búsqueda de lo que el artista quiso decir, quiso expresar: no es fortuito que más adelante desmitifique Gadamer la postura del artista frente a su obra, al fin y al cabo, al apreciarla, es ya receptor. Ahora bien, para que el juego ocurra es necesario que se juegue. La forma de manifestación del juego es la auto representación y en ella también los jugadores se manifiestan, justamente, representándose. No hay juego sin representación: in abstracto. No hay arte sin representación: in abstracto. La explicación ontológica del arte cuando se tiene como hilo conductor el concepto de juego es lograda, en un primer momento, al pensar en el juego escénico (es decir, al tener presente que se juega para alguien). "Lo que ocurre al juego como tal cuando se convierte en juego escénico es un giro completo. El espectador ocupa el lugar del jugador. Él, y no el actor, es para quien y en quien se desarrolla el juego". Así se supera de algún modo la separación entre jugador y espectador que conjuraba la conciencia estética. El juego, alcanzando su perfección en la obra de arte, se transforma y convierte, según Gadamer, en una construcción. Y ello implica que la construcción es una unidad de sentido que adquiere su valor en la representación: no se la juzga correcta o incorrecta por su referencia a la <>, ni se entiende su representación como una imitación del original, sino que en la representación emerge la obra: es baladí acercarse a la representación con el afán de juzgar su valor por comparación a un "original". "... la obra de arte tiene su verdadero ser en el hecho de que se convierte en una experiencia que modifica al que la experimenta. El <> de la experiencia del arte, lo que permanece y queda constante, no es la subjetividad del que experimenta sino la obra de arte misma. Y éste es precisamente el punto en el que se vuelve significativo el modo de ser del juego. Pues éste posee una esencia propia, independiente de la experiencia de los que juegan". Hay en el arte, como en la fiesta, una ocasionalidad muy particular. Digamos que se celebra lo mismo con cierta frecuencia, pero cada fiesta es distinta de la que la antecede. De esta forma intuimos un encuentro: una obra habla distinto cada vez. La experiencia de la relectura y la historicidad de un cuadro representan momentos diferentes de

sentido. Conferimos, pues, una vinculatividad muy particular a la obra con su tiempo. Huero es ya decir La Obra. "Hemos partido de que la obra de arte es juego, que su verdadero ser no se puede separar de su representación y que es en ésta donde emerge la unidad y mismidad de una construcción. Está en su esencia el que se encuentre referida a su propia representación; sin embargo, esto significa que por muchas transformaciones y desplazamientos que experimente en sí, no por eso deja de seguir siendo ella misma". Cierta nostalgia me provoca el final de esta glosa. Intenté exponer los argumentos que hacen del juego un concepto apropiado para explicar el fenómeno del arte y temo que apenas sí haya intuido algunas razones válidas. Imposible apresar ciertas cosas que se escapan a la escritura, sin quererlo. Ya se ve cómo también la filosofía es juego. La propuesta hermenéutica de Gadamer Una vez contextualizada la experiencia que permite a Gadamer hacer síntesis y ofrecer elementos para una nueva hermenéutica, vamos a la parte central de nuestro trabajo: presentar los aspectos y categorías centrales de la hermenéutica gadameriana. Gadamer, como discípulo de Heidegger, en su obra magistral: Verdad y Método, prolonga la iniciativa hedeggeriana, con un giro ontológico y lingüistico. Ante la propuesta radicalmente proyectiva, de futuro, en Heidegger. Nuestro autor complementa, con lo pretérito, una fundamentación histórica que rescata el pasado. El hombre no solamente va hacia..., tiende a..., si no que también viene de... El horizonte existencial no sólo implica la contemplación de lo que viene, sino de lo que fue. Fundamentos de la hermenéutica gadameriana El horizonte será pues el ámbito de captación que recoge y toma todo lo que se presenta ante el conocer, desde la condición de cada persona. "Pero el horizonte del intérprete puede ensancharse, ampliarse hasta su fusión con el horizonte del objeto que se desea comprender". Para Gadamer el comprender no es tanto una acción de alguien, cuanto más bien insertarse en lo que se ha vivido mediante la transmisión histórica, en la que se logra la síntesis del pasado y el por-venir. La comprensión para Gadamer implica necesariamente la forma del lenguaje, como agente existencial mediador de la experiencia hermenéutica. El lenguaje cumple esa misión de unir los horizontes, realizar una continua síntesis entre lo que viene del horizonte pasado y en horizonte del presente. Sobre esto reflexionaremos más adelante. En el pasado se ubica el texto y la tradición, en el presente el intérprete, con su posibilidad de comprensión y con sus prejuicios. No se admite la intención de fenomenología de Husserl de hacer epojé, descontar los prejuicios; estos son importantes, aportan mucho en la acción hermenéutica. "En realidad el horizonte del presente está en un proceso de constante formación en la medida en que estamos obligados a poner a prueba constantemente los prejuicios". Regresamos, para entrar en la reflexión sobre los aportes concretos de Gadamer, a su tesis inicial. La manera esencial de comprender del hombre consiste en la interpretación, que va realizando una comprensión antropológica o traducción de una realidad externa a la propia realidad subjetiva. El conocimiento, como facultad propiamente humana, implica dialécticamente una interpretación y, sin lugar a duda, toda interpretación humana implicará, por ende, un reconocimiento de la realidad estudiada o que se quiere comprender. Por lo tanto, el objeto central de la hermenéutica gadameriana será: "Explicar lo que ocurre en esta operación humana fundamental del comprender interpretativo: este se nos aparece ahora como una experiencia antropológica, es decir, como experimento de realidad". Para ello la experiencia

hermenéutica ha permitido rastrear la experiencia de la verdad, buscarla, indagar sobre ella, como experiencia realizativa de cada persona. Es una visión que hace de la hermenéutica una metodología universal y una manera lógica que antecede u absorbe los métodos particulares de la ciencia. Esta visión trasciende la oferta de su maestro Heidegger, que es su propio punto de partida. Por esto, la hermenéutica ha pasado a ocupar un puesto relevante en la reflexión filosófica actual. Siendo el comprender, el carácter óntico de la vida humana, cuando se analiza concretamente un texto, se entiende que éste tiene un autor, con su propia historia de vida, con su contexto histórico que lo condiciona, con la situación en que ha vivido, se ha desarrollado, ha crecido, se ha constituido. Esto, que se aplica a la existencia del autor del texto, es aplicable a su vez al texto mismo, a la obra que se deja para la posteridad y que asume personalidad propia. Esto permite hacer conciencia histórica del contexto de lo que se interpreta: "El interés histórico no se orienta sólo hacia los fenómenos históricos, las obras transmitidas, sino que tiene como temática secundaria el efecto de los mismos en la historia" El problema histórico entra, por lo tanto, no sólo con una pretensión mensurable y positivista de acertar un dato de la historia, sino entender el valor de la historia efectual, como conciencia de la situación hermenéutica en que se está. En el acto y hecho de la interpretación también se da una situación histórica , aunque sea de momento presente, donde influyen las motivaciones y expectativas hacia el futuro que tiene el intérprete. Quien interpreta tiene su horizonte, tiene su propio pasado y vive una situación concreta en el momento que interpreta. Su acción interpretadora no se separa de su realidad vivida, de lo que es, y con ese horizonte aborda el texto. Existen prejuicios, precomprensiones de parte del interprete, sobre la obra que analiza. Existen expectativas sobre lo que se quiere lograr y arrojar con ese análisis. El diálogo que se dará con el texto implica, de parte del intérprete, toda una carga de puntos de vista, de concepciones, dadas por su momento histórico; ciertamente diverso al del texto y al del autor del mismo. El mismo texto, una vez que fue escrito adquiere personalidad, asume independencia, y va pasando por el devenir histórico, siendo presa de múltiples elucubraciones que se le van apropiando. El texto mismo tiene su contexto, que se ensancha con el paso del tiempo, con las múltiples interpretaciones de que es objeto. El intérprete debe recibir no sólo el texto tal cual, en su presencia física, objetiva, sino con las variadas interpretaciones que del texto se han hecho. Puede el intérprete criticar, argumentar, pero ya son parte del texto, se conozcan o no las mismas, ya forman parte de la tradición del texto. En esa realidad del autor del texto y del texto mismo y de la realidad del intérprete se conjuga un diálogo, como experiencia del círculo hermenéutico que describe Gadamer. Esa vivencia dialógica de preguntas y respuestas, entre los horizontes que se fusionan, implican la relación hermenéutica. "La estrecha relación que aparece entre preguntar y comprender es la que da a la experiencia hermenéutica, su verdadera dimensión". Esto plantea un continuo, que hace entender el límite propio de la interpretación humana; la comprensión será pues siempre finita e histórica, nunca finalizada ni totalmente correcta. "Entre la precomprensión del intérprete y el sentido del texto se da una comunicación dialógica móvil y siempre creciente". Neohermenéutica gadameriana y lenguaje Con la reflexión de Heidegger y Gadamer, se entiende claramente la realidad existencial del comprender hermenéutico y de la naturaleza lingüística del hombre. Ciertamente que, al Gadamer plantear la experiencia hermenéutica como una ontología, no se centra sólo en el lenguaje, pero para Gadamer el lenguaje es el conductor eficaz que permite la experiencia de interpretación y comprensión del acontecer de la verdad.

En el lenguaje se da la síntesis entre la experiencia del mundo y la realidad personal. En el lenguaje, donde habita el ser, según Heidegger, se incluye el contenido transmitido y ese contenido abarca la experiencia del mundo y la conciencia histórica. El lenguaje es pues, condición fundante y fundamental para la experiencia hermenéutica. Experiencia dada en el diálogo, en la conversación, en el intercambio de ideas, por medio de habla o la escritura. "El lenguaje es el medio en el que se realiza el acuerdo de los interlocutores y el consenso sobre las cosas". El diálogo se entiende pues, como un camino que permite llegar a acuerdos; la interpretación hermenéutica de uno y otro es compartida, como síntesis relacional, intersubjetiva. La experiencia de diálogo que permite a los interlocutores situarse en el lugar del otro para comprenderlo, es análogamente la misma que se hace al hermenéuta abordar un texto y a su autor. Se conjugan las contradicciones, las refutaciones, los desacuerdos, los puntos de vista. En fin, se intercambia la vida. El lenguaje hablado, pero sobre todo el escrito, permite captar la vida y el aporte de otro. "En la escritura el sentido de lo hablado está ahí, por sí mismo, enteramente libre de todos los momentos emocionales de la expresión y la comunicación". Se descubre, por lo tanto que el lenguaje es una tradición creativa, una vinculación poética, una producción de sentido que emana de la persona, del horizonte subjetivo del intérprete. No en vano Gadamer lo presenta como el hilo conductor de la ontología hermenéutica. Vemos pues que en la propuesta hermenéutica de Gadamer se expresa una dialogicidad circular del pensamiento, que no cae en la condena viciosa. En Gadamer se admite el círculo hermenéutico de la conciencia, en fidelidad al pensamiento alemán contemporáneo; pero de manera especial la conciencia de la existencia de la historicidad, donde se cristalizan los existenciarios, y de la lingüicidad, desde donde se expresan los mismos. Conclusión A resultado sumamente interesante el estudio un poco más profundo de este autor, en su contextualización, al abordar su filosofía y sobre todo al describir su hermenéutica, hemos podido captar una enorme coherencia, dando posibilidad de rescatar aspectos tan importantes, que la contenporaneidad se estaban perdiendo. Elementos tan importantes para el pensar y hacer del hombre tales como: la tradición, los prejuicios y la autoridad. Propone también una interesante epistemología del mundo y de la persona con un fuerte sustento en la ontología heideggeriana. Su concepción de la comprensión que ofrece una integral gnoseología, ha permitido contrarrestar esta propuesta de hermenéutica, como forma esencial del hombre, con las posibilidades pedagógicas que están emergiendo emn el último siglo, entendiendo que muchas de estas están referido unicamemente a estados psicológicos de la conciencia, pero que se pueden ver enriquesidas con fundamentos teóricos tan sólidos y coherentes como el de Gadamer Este autor da pie para no quedarse sólo en el peligro que corre la filosofía actual de encerrase en el análisis del lenguaje, es necesario abrir nuesvo horizontes, nuevas perspectivas que enriquezcan el comprender humano. No puede ser el sentido de la filosofía, el sólo hecho de indagar, hacer metareflexiones únicamente contemplativas de la realidad del pensamiento y del lenguaje, se tiene que explicitar esa reflexión, y la manera más clara de esa explicitación descansa en la educación Sería muy interesante revisar la experiencia docente de Gadamer, y con ello entrever, los aportes didácticos de quien entiende una manera de intelección humana, de forma anasíntetica, que funge en una continua dialéctica de inducción y deducción, comprendiendo a su vez el todo y las partes de toda la experiencia vivida, en la fusión del horizonte del pasado y del presente, hacia el futuro, el la conexión de los horizontes del objeto que se conoce, se interpreta y del sujeto que hace de intérprete.