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historia de Platón..., Resúmenes de Historia de la Filosofía

información sobre platón como ideas

Tipo: Resúmenes

2022/2023

Subido el 01/11/2023

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rocio-canovas-garcia 🇪🇸

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TEXTOS SELECCIONADOS PARA EL CURSO 2009/20010
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
PLATÓN:
República, Libro VI, 508e1 - 511e; Libro VII 514a-517c (Trad. C. Eggers Lan).
Gredos, Madrid. 1992.
Libro VI
Platón comienza con una comparación de la idea de Bien con el sol. La idea de Bien
es la que da luz a las demás ideas y permite al alma conocerlas. Es una idea que está por
encima de todas las demás y las hace “visibles”.
(508e-1)- Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el poder de conocer,
puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y de la verdad, concíbela como cognoscible; y aun
siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos correctamente el asunto, tendremos a la idea del
Bien por algo distinto y más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines
al sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y
la ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien
es mucho más digna de estima.
Obviamente el bien no es el placer, frente a lo que piensan los sofistas, que
concluyen así que la sociedad y sus normas son contrarias a nuestra naturaleza, que,
según ellos, es buscar el placer.
- Hablas de una belleza extraordinaria, puesto que produce la ciencia y la verdad, y además está por encima de
ellas en cuanto a hermosura. Sin duda, no te refieres al placer.
- ¡Dios nos libre! Más bien prosigue examinando nuestra comparación.
- ¿De qué modo?
La idea de Bien es, además de la luz de la razón para ver las ideas, la causa de las
propias ideas, de su contenido o esencia y su existencia misma.
- Pienso que puedes decir que el sol no sólo aporta a lo que se ve la propiedad de ser visto, sino también la
génesis, el crecimiento y la nutrición, sin ser él mismo génesis.
- Claro que no.
- Y así dirás que a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, sino también de él les llega
el existir y la esencia, aunque el Bien no sea esencia, sino algo que se eleva más allá de la esencia en cuanto a
dignidad y a potencia.
Y Glaucón se echó a reír:
- ¡Por Apolo!, -exclamó-. ¡Qué elevación demoníaca!
- Tú eres culpable, repliqué, pues me has forzado a decir lo que pensaba sobre ello.
- Está bien; de ningún modo te detengas, sino prosigue explicando la similitud respecto del sol, si es que te
queda algo por decir.
- Bueno, es mucho lo que queda.
- Entonces no dejes de lado ni lo más mínimo.
- Me temo que voy a dejar mucho de lado; no obstante, no omitiré lo que en este momento me sea posible.
- No, por favor.
El Bien es, según Platón, en el mundo de las ideas como el sol en el mundo sensible.
Tras esto expone su alegoría de la línea dividida, en la que pide a Glaucón que imagine
una línea dividida en dos que simbolice los dos mundos. En la primera parte de la línea
estará lo sensible y, dentro, dos divisiones a su vez: la de las imágenes –copias de las
cosas- y la de las cosas sensibles. En general, la línea representa lo imitado –las ideas- y
las imitaciones imperfectas –las cosas-.
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TEXTOS SELECCIONADOS PARA EL CURSO 2009/

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

PLATÓN:

República , Libro VI, 508e1 - 511e; Libro VII 514a-517c (Trad. C. Eggers Lan).

Gredos, Madrid. 1992.

Libro VI

Platón comienza con una comparación de la idea de Bien con el sol. La idea de Bien

es la que da luz a las demás ideas y permite al alma conocerlas. Es una idea que está por

encima de todas las demás y las hace “visibles”.

(508e-1)- Entonces, lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles y otorga al que conoce el poder de conocer, puedes decir que es la Idea del Bien. Y por ser causa de la ciencia y de la verdad, concíbela como cognoscible; y aun siendo bellos tanto el conocimiento como la verdad, si estimamos correctamente el asunto, tendremos a la idea del Bien por algo distinto y más bello que ellas. Y así como dijimos que era correcto tomar a la luz y a la vista por afines al sol pero que sería erróneo creer que son el sol, análogamente ahora es correcto pensar que ambas cosas, la verdad y la ciencia, son afines al Bien, pero sería equivocado creer que una u otra fueran el Bien, ya que la condición del Bien es mucho más digna de estima.

Obviamente el bien no es el placer, frente a lo que piensan los sofistas, que

concluyen así que la sociedad y sus normas son contrarias a nuestra naturaleza, que,

según ellos, es buscar el placer.

  • Hablas de una belleza extraordinaria, puesto que produce la ciencia y la verdad, y además está por encima de ellas en cuanto a hermosura. Sin duda, no te refieres al placer.
  • ¡Dios nos libre! Más bien prosigue examinando nuestra comparación.
  • ¿De qué modo?

La idea de Bien es, además de la luz de la razón para ver las ideas, la causa de las

propias ideas, de su contenido o esencia y su existencia misma.

  • Pienso que puedes decir que el sol no sólo aporta a lo que se ve la propiedad de ser visto, sino también la génesis, el crecimiento y la nutrición, sin ser él mismo génesis.
  • Claro que no.
  • Y así dirás que a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, sino también de él les llega el existir y la esencia, aunque el Bien no sea esencia, sino algo que se eleva más allá de la esencia en cuanto a dignidad y a potencia. Y Glaucón se echó a reír:
  • ¡Por Apolo!, -exclamó-. ¡Qué elevación demoníaca!
  • Tú eres culpable, repliqué, pues me has forzado a decir lo que pensaba sobre ello.
  • Está bien; de ningún modo te detengas, sino prosigue explicando la similitud respecto del sol, si es que te queda algo por decir.
  • Bueno, es mucho lo que queda.
  • Entonces no dejes de lado ni lo más mínimo.
  • Me temo que voy a dejar mucho de lado; no obstante, no omitiré lo que en este momento me sea posible.
  • No, por favor.

El Bien es, según Platón, en el mundo de las ideas como el sol en el mundo sensible.

Tras esto expone su alegoría de la línea dividida, en la que pide a Glaucón que imagine

una línea dividida en dos que simbolice los dos mundos. En la primera parte de la línea

estará lo sensible y, dentro, dos divisiones a su vez: la de las imágenes –copias de las

cosas- y la de las cosas sensibles. En general, la línea representa lo imitado –las ideas- y

las imitaciones imperfectas –las cosas-.

  • Piensa entonces, como decíamos, cuáles son los dos que reinan: uno, el del género y ámbito inteligibles; otro, el del visible, y no digo ‘el del cielo’ para que no creas que hago juego de palabras. ¿Captas estas dos especies, la visible y la inteligible?
  • Las capto.
  • Toma ahora una línea divida en dos partes desiguales; divide nuevamente cada sección según la misma proporción, la del género de lo que se ve y otra la del que se intelige, y tendrás distinta oscuridad y claridad relativas; así tenemos primeramente, en el género de lo que se ve, una sección de imágenes. Llamo ‘imágenes’ en primer lugar a las sombras, luego a los reflejos en el agua y en todas las cosas que, por su constitución, son densas, lisas y brillantes, y a todo lo de esa índole. ¿Te das cuenta?
  • Me doy cuenta
  • Pon ahora la otra sección de la que ésta ofrece imágenes, a la que corresponden los animales que viven en nuestro derredor, así como todo lo que crece, y también el género íntegro de cosas fabricadas por el hombre.
  • Pongámoslo.
  • ¿Estás dispuesto a declarar que la línea ha quedado divida, en cuanto a su verdad y no verdad, de modo tal que lo opinable es a lo cognoscible como la copia es a aquello de los que es copiado?
  • Estoy muy dispuesto.

El mundo inteligible también está dividido. Hay dos partes. En la primera el alma

tiene que apoyarse en imágenes y necesita además suponer algo para llegar a ciertas

conclusiones, verdaderas pero sin un fundamento real. En la segunda parte el alma

busca el fundamento real de todo y lo alcanza ascendiendo por medio de ideas

(dialéctica ascendente).

  • Ahora examina si no hay que dividir también la sección de lo inteligible.
  • ¿De qué modo?
  • De éste. Por un lado, en la primera parte de ella, el alma, sirviéndose de las cosas antes imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de supuestos, marchando no hasta un principio sino hacia una conclusión.
  • Por otro lado, en la segunda parte, avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un supuesto y sin recurrir a imágenes -a diferencia del otro caso-, efectuando el camino con Ideas mismas y por medio de Ideas.
  • No he aprehendido suficientemente esto que dices.
  • Pues veamos nuevamente; será más fácil que entiendas si te digo esto antes. Creo que sabes que los que se ocupan de geometría y de cálculo suponen lo impar y lo par, las figuras y tres clases de ángulos y cosas afines, según lo investigan en cada caso. Como si las conocieran, las adoptan como supuestos, y de ahí en adelante no estiman que deban dar cuenta de ellas ni a sí mismos ni a otros, como si fueran evidentes a cualquiera; antes bien, partiendo de ellas atraviesan el resto de modo consecuente, para concluir en aquello que proponían al examen.
  • Sí, esto lo sé.
  • Sabes, por consiguiente, que se sirven de figuras visibles y hacen discursos acerca de ellas, aunque no pensando en éstas sino en aquellas cosas a las cuales éstas se parecen, discurriendo en vista al Cuadrado en sí y a la Diagonal en sí, y no en vista de la que dibujan, y así con lo demás. De las cosas mismas que configuran y dibujan hay sombras e imágenes en el agua, y de estas cosas que dibujan se sirven como imágenes, buscando divisar aquellas cosas en sí que no podrían divisar de otro modo que con el pensamiento.
  • Dices verdad.
  • A esto me refería como la especie inteligible. Pero en esta su primera sección, el alma se ve forzada a servirse de supuestos en su búsqueda, sin avanzar hacia un principio, por no poder remontarse más allá de los supuestos. Y para eso usa como imágenes a los objetos que abajo eran imitados, y que habían sido conjeturados y estimados como claros respecto de los que eran sus imitaciones.
  • Comprendo que te refieres a la geometría y a las artes afines.
  • Comprende entonces la otra sección de lo inteligible, cuando afirma que en ella la razón misma aprehende, por medio de la facultad dialéctica, y hace de los supuestos no principios sino realmente supuestos, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo, que es no supuesto, y tras aferrarse a él, ateniéndose a las cosas que de él dependen, desciende hasta una conclusión, sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas hasta concluir en Ideas.

La división de la línea no sólo es una división de lo real, sino también del

conocimiento. Ya vimos que las dos grandes divisiones representan a la opinión y a la

ciencia. Y en la parte de lo inteligible, hay que distinguir el pensamiento discursivo, que

necesita supuestos, y la inteligencia, que va hacia los fundamentos de todo.

  • Comprendo, aunque no suficientemente, ya que creo que tienes en mente una tarea enorme: quieres distinguir lo que de lo real e inteligible es estudiado por la ciencia dialéctica, estableciendo que es más claro que lo estudiado por las llamadas ‘artes’, para las cuales los supuestos son principios. Y los que los estudian se ven forzados a estudiarlos por medio del pensamiento discursivo, aunque no por los sentidos. Pero a raíz de no hacer el examen avanzando hacia un principio sino a partir de supuestos, te parece que no poseen inteligencia acerca de ellos, aunque
  • Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
  • Mucho más verdaderas.
  • Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
  • Así es.
  • Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?
  • Por cierto, al menos inmediatamente.
  • Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
  • Sin duda.
  • Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.
  • Necesariamente.
  • Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
  • Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
  • Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
  • Por cierto.
  • Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
  • Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
  • Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
  • Sin duda.
  • Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
  • Seguramente.
  • Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.
  • Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.