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Asignatura: ADE, Profesor: , Carrera: Administración y Dirección de Empresas, Universidad: UVIGO
Tipo: Apuntes
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Dinero, comercio y mercados de capital en el mundo preindustrial (1500-1750)
El conocimiento geográfico de la economía mundial no se estableció hasta el siglo XV con los viajes de conquista llevados a cabo por portugueses y españoles. Con la entrada del siglo XVI, la extensión geográfica del comercio en Europa aumentó mucho conectando con Asia por vía marítima e incorporando a América en el dominio de sus transacciones. América supuso la llegada al Nuevo Mundo y con él el acceso a Europa de productos nuevos, desconocidos hasta entones, propios de una fauna y flora tropicales distintas.
1. El Imperio español y la conquista del Nuevo Mundo
Es bien sabido que los viajes de conquista de Cristóbal Colón estuvieron impulsados por la Corona de Castilla. Durante el siglo XV, el comercio de lana de Castilla con Europa del Norte había implicado la extensión de redes comerciales castellanas. Este comercio de lanas fue simultáneo a crecientes viajes de conquista a través del Atlántico. La colonización y ocupación de las islas Canarias y las campañas en el norte de África contra los musulmanes, prepararon logísticamente a los monarcas castellanos para proseguir la exploración del Atlántico como vía más corta para llegar a las especias asiáticas tan demandadas por las clases socialmente adineradas en Europa.
En expediciones sucesivas a lo largo del siglo XVI, los conquistadores españoles econtraron vastos territorios de tierras fértiles y poco pobladas, y extendieron las fronteras del Imperio hacia los actuales territorios de Chile, Argentina y Paraguay a lo largo de la década de los años cuarenta del siglo XVI, mientras que lo que actualmente es Brasil quedaba bajo dominio portugués. La conquista fue rápida, a pesar de que no estuvo protagonizado por oficiales del ejército. Los conquistadores fueron sobre todo colonos provenientes de Castilla y Extremadura, pero tenían armas de fuego, utensilios de hierro y caballos, todo ello desconocido por la población indígena.
El descubrimiento y colonización de América supuso la unificación biológica de dos continentes. Un primer aspecto de la unificación biológica fue la unificación microbiana. Los colonos castellanos difundieron por América los virus y bacterias de los que la población indígena era inmune. El tifus, el sarampión y las paperas, infectaron a la población indígena, lo que llevó a una verdadera catástrofe demográfica. Así, el declive demográfico se explica también por la expulsión y emigración forzada de los indígenas hacia áreas muy inhóspitas, lo que provocó a su vez una temprana mortalidad.
Pero la unificación biológica no solo se llevó a cabo en el terreno de los microbios, sino también en el de los macroorganismos y especies de la fauna y la flora. Los españoles llevaron consigo ganado propio de su dieta, aunque desconocido en América. Dada la abundancia de recursos naturales en el nuevo continente, estas especies ganaderas se desarrollaron y reprodujeron con rapidez. Por su parte, América aportó a la dieta europea productos agrarios como el maíz, la patata, el tomate o el tabaco. A su vez, los colonos incorporaron nuevos cultivos de productos europeos como el trigo, la caña de azúcar o el algodón en rama que pasaron a exportar masivamente hacia Europa. La población europea se dobló entre 1500 y
La emigración de españoles a América se puede cuantificar en 200000-300000 colonos durante el siglo XVI y hasta 450000 durante el siglo XVII. Inicialmente su actividad primordial fue la de mantener la colonización de las tierras mediante su explotación agrícola y ganadera. Pero pronto se encontraron fuentes de riqueza más lucrativas. Las colonias latinoamericanas disponían de preciosos tesoros acumulados por las civilizaciones azteca e inca. En Perú y México se descubrieron valiosas minas de plata que sí tenían mucha demanda como medio de intercambio en Europa. Las fortunas amasadas en las minas de plata y mediante el comercio de productos agropecuarios fueron tan cuantiosas que, desde los inicios de la colonización, financiaron la pervivencia y expansión del Imperio sin inversión neta adicional por parte de la Corona de Castilla.
España se aseguró el material precioso que había de garantizar la circulación monetaria en un periodo en que su economía no estaba en expansión. El mayor crecimiento de la cantidad de dinero en relación a la renta generó una fuerte presión inflacionaria bautizada con el nombre de revolución de los precios. A lo largo del siglo XVI en España los precios de los bienes y servicios se multiplicaron por más de cuatro a causa de la llegada de metales preciosos y mas monetaria. Este aumento de la masa monetaria provocó la revolución de los precios en España, pero también significó el aporte de dinero necesario en Europa para mantener el crecimiento de su comercio y expansión transoceánica.
Durante el reinado de Felipe II, posteriormente a la inmensa expansión del Imperio durante el reinado de Carlos V, la parte europea de sete albergaba un número significativo de países de Europa central y meridional, varias colonias norteafricanas, Filipinas a partir de 1571 y Portugal y su Imperio a partir de 1580, lo que originó una situación de guerra continua. Esta situación se financió a través del proceso de endeudamiento por el que la monarquía tuvo que hacer suspensión de pagos en más de una ocasión. A pesar de los problemas de liquidez de la corona castellana, estos títulos de deuda fueron normalmente rentables para sus tenedores, situándose el rendimiento de este tipo de activos en niveles alrededor del 15%. Pero de forma inherente a los conflictos bélicos generados a lo largo del siglo XVII buena parte del Imperio se independizó y los dominios españoles quedaron circunscritos a América Latina y el Caribe y las islas Filipinas.
2. Los Imperios holandés y británico
Ya durante la última década del siglo XVI, Holanda desplazó a España como potencia colonial naval, pero durante el siglo XVIII perdió su supremacía a causa de la rivalidad y superioridad británica. A finales de la década de los años sesenta del siglo XVI, siete de las diecisiete provincias holandesas pertenecientes a España se sublevaron en contra de Felipe II y alcanzaron la independencia. Flandes, en la actual Bélgica, quedó bajo el dominio español y desarrollo económico de Flandes. La población de Ámsterdam no dejó de crecer a lo largo del siglo XVII, pasando de los 50000 habitantes en 1600 y los 200000 en 1650, a causa de su gran desarrollo mercantil.
La ventaja comparativa en Holanda estaba en la navegación y la industria. Desde el siglo XVI desarrolló una intensa actividad comercial en el Báltico por la que importaba los excedentes de cereales de Rusia y los reexportaba al resto de Europa. La apremiante necesidad de alimentos en el viejo continente hacía que este tipo de comercio fuese muy rentable. A lo largo del siglo