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Asignatura: historia contemporanea, Profesor: , Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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“La colonización es la fuerza de un pueblo, es su poder de reproducción, es su dilatación y su multiplicación a través del espacio; es la sumisión del universo, o de una gran parte de él, a su lengua, a sus costumbres, a sus ideas y a sus leyes. Un pueblo que coloniza es un pueblo que pone los cimientos de su grandeza y de su supremacía futura”. LEROY-BEAULIEU.
Esta definición, expresada a finales del siglo XIX, se puede aplicar a todos los pueblos que a lo largo de la historia utilizaron una u otra forma de colonización o de imperio. El imperialismo del siglo XIX fue la repetición de este hecho histórico con los matices propios de las circunstancias políticas, económicas y sociales de su tiempo.
Las motivaciones que han conducido a los pueblos a extender su poder colonizando otros territorios han sido muy variadas a lo largo de la historia. Egipto se lanzó a la conquista de sus vecinos movido por el deseo de dominarlos. Los fenicios se extendieron por el Mediterráneo impulsados por sus pretensiones comerciales. La creciente población, necesitada de espacio vital, empujó a Grecia, entre los siglos VIII y VI a.C., a crear colonias en las costas mediterráneas, y en los tiempos de Alejandro Magno, tratando de emular al Imperio persa. Roma deseó extender a otros pueblos su elevada cultura. La creencia religiosa fue la impulsora de las conquistas árabes. Portugueses y españoles, intentando mejorar las rutas comerciales, lograron en un corto periodo de cincuenta años explorar y colonizar las costas de Asia y África y descubrir América.
A principios del siglo XIX, el impulso militar de Napoleón, cuyo afán era crear una Europa unida bajo su autoridad, supuso la formación de un poderoso imperio. La expansión colonialista 2 europea de finales del siglo XIX se inscribe en esta tradición y no fue un hecho único en la historia de la humanidad.
Hacia finales del siglo XIX surgió un nuevo concepto , el imperialismo , con el que se aludía a la formación , por parte de las potencias europeas , de imperios ultramarinos en Asia, África y Oceanía. Estos eran continentes hasta entonces poco conocidos y, en el caso de África, incluso inexplorados, donde británicos, franceses y holandeses tenían algunas factorías comerciales. Desde ellas negociaban con los nativos y exportaban, hacia Europa, especies, seda, porcelana, marfil y esclavos. Aunque desde el siglo XV habían existido imperios europeos en América , estos pertenecían al mundo preindustrial y pre 1 Imperialismo: Imperium , en latín, significa poder. Adquisición y administración de un imperio, generalmente creado por la expansión comercial e industrial. El historiador M. Artola define el imperialismo como “teoría y práctica por la que un Estado capitalista extiende su dominación a otros países más débiles o menos desarrollados más allá de sus fronteras”. 2 Colonialismo: Conquista, asentamiento y explotación de territorios por extranjeros. La primera oleada de colonialismo tuvo lugar en el siglo XVI, por España, Portugal, Francia, Inglaterra y Países Bajos. La segunda oleada se produjo durante los siglos XIX y XX, por Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Alemania, Rusia, Estados Unidos y Japón, entre otros.
liberal , desapareciendo la mayoría de ellos en el siglo XIX. La tendencia a crear imperios de ultramar se incrementó entre 1880 y 1914 , cuando las potencias europeas se repartieron África y Oceanía. Incluso países sin tradición colonial como Alemania, Italia, Bélgica, Estados Unidos o Japón adquirieron territorios.
“La primera forma de colonización es aquella que ofrece un lugar donde vivir y trabajo al excedente de población de los países pobres o de los que tienen un contingente humano excepcional. Pero hay otra forma de colonización que afecta a los pueblos que cuentan con excedente de capitales o de productos. Esta es la forma moderna. Las colonias constituyen para los países ricos una inversión de las más ventajosas (…). Las naciones, en nuestro tiempo, no son grandes por la actividad que desarrollan ni por el brillo pacífico de sus instituciones. Es necesario que nuestro país se ponga a hacer lo que los demás y, puesto que la política de expansión colonial es el móvil general que importa en el momento actual a las potencias europeas, hay que tomar partido en su favor”. Discurso de Jules Ferry.
“Me parece que hay tres distintos estadios en nuestra historia imperial. Comenzamos a ser y luego nos convertimos en un gran poder imperial en el siglo XVIII , pero durante la mayor parte de ese período las colonias eran consideradas, no solo por nosotros, sino por cualquier poder europeo que las poseía, como posesiones valoradas en proporción a la ventaja pecuniaria que le producía a la madre patria, país que bajo ese punto de vista no era realmente madre, sino que era más bien un codicioso y ausente propietario deseoso de sacar de sus arrendatarios las más grandes rentas posibles que pudiera lograr (…).
Ese fue el primer estadio, y cuando despertamos abruptamente por la guerra de la Independencia de América, cuando las colonias podían ser sojuzgadas solamente para nuestro beneficio, ingresamos en el segundo capítulo, y la opinión pública parece haberse orientado entonces hacia el extremo opuesto. A causa de que las colonias ya no eran recurso de ingresos, parece que mucha gente creyó y argumentó que la separación de las colonias era solo cuestión de tiempo, y que tal separación debería ser deseada y alentada para que aquellas no se convirtiesen en un estorbo y una fuente de debilidad.
Mientras los little Englanders sostenían esa opinión, fue fundado este Instituto para protestar contra doctrinas tan injuriosas hacia nuestros intereses y tan humillantes para nuestro honor. Y yo me regocijo al ver que lo que entonces fue un grito en el desierto hoy es el deseo expreso y definido de la brumadora
Hacia el año 1800 existían en el mundo dos grandes conjuntos de territorios coloniales. Uno de ellos era el resultado de la expansión europea desarrollada entre los siglos XV y XVII; el otro, más reciente, se produjo como consecuencia de la revolución industrial. La última oleada expansionista, denominada expansión imperialista , fue una continuación del proceso anterior. Tuvo lugar a lo largo del último tercio del siglo XIX, cuando las grandes potencias europeas se lanzaron a la conquista de materias primas y de nuevos mercados. Esta proyección de Europa sobre el resto del mundo constituye uno de los acontecimientos clave de la historia contemporánea.
Las causas subyacentes de este impulso colonialista hay que buscarlas en el espíritu imperialista que se apoderó de Europa. No se trataba sólo del expansionismo basado en necesidades mercantiles , sino que implicaba un control territorial y político de las zonas ocupadas.
La política imperialista se desarrolló como una secuencia de demostraciones de fuerza y poder de los países europeos enfrentados entre sí. Las aspiraciones imperiales que surgieron en Europa en el último tercio del siglo XIX dieron lugar a un extraordinario auge del colonialismo. A las razones estratégicas se añadieron, a veces, motivos de prestigio, como fue el caso de la expansión francesa en Argelia, impulsada por Carlos X, en un intento de consolidar su trono. Causas similares se encuentran tras la política de anexión de nuevos territorios desarrollada por Francia tras su derrota frente a Prusia en 1870.
comercial autosuficiente, en la que las colonias proporcionarían materias primas a la metrópoli y ésta les abastecería de productos manufacturados.
Los países europeos encontraron en otros continentes la posibilidad de invertir capitales, bajo la forma de préstamos a soberanos extranjeros, en la construcción de redes de ferrocarril, en la creación y modernización de zonas portuarias y en la realización de grandes obras públicas. Los intereses financieros estaban al servicio de las políticas gubernamentales y servían como justificación para las expediciones coloniales. Las expansiones hacia México, Túnez, Egipto, Marruecos o China se justificaban con el pretexto de garantizar la seguridad económica. Estas expediciones se vieron favorecidas por los avances técnicos que impulsaron las industrias militares y del transporte, y por las presiones de las compañías navieras, que dejaron sentir su influencia en las decisiones políticas.
El deseo de evasión y aventura y la búsqueda de paraísos perdidos sirvieron como soporte favorable de la opinión pública. Las ilustraciones y las narraciones literarias de viajes y aventuras crearon un halo de misterio. Las sociedades geográficas desarrollaron una gran labor, a través de actos, conferencias, publicaciones y congresos. Los numerosos viajes de exploración organizados para estudiar la fauna y la flora, la mayoría de las veces apoyados o promocionados por estas sociedades geográficas, sirvieron para el posterior trazado de vías de comunicación.
Paralelamente aparecieron opiniones contrarias al imperialismo, que veían en el colonialismo u ataque a la dignidad de los indígenas y constituyeron la base de los movimientos independentistas.
A comienzos del siglo XIX en las riberas oriental y meridional del Mediterráneo existían una serie de estados islámicos bajo la soberanía o influencia del Imperio Turco. Este imperio, que había perdido los territorios de Grecia (1830) y los Balcanes (1867), se fue debilitando y dejó de ejercer la soberanía efectiva sobre los territorios del Norte de África. También aumentó su dependencia de las potencias europeas debido a sus dificultades financieras. Aun así, Gran Bretaña no quería que el Imperio Otomano desapareciera, dado que era un freno para la expansión rusa. Pero Gran Bretaña tenía un gran interés en el Mediterráneo, donde poseía varios enclaves (Gibraltar, Malta y Chipre), por su importancia en la ruta hacia la India. Entre 1859 y 1869, de hecho, Gran Bretaña construyó el Canal de Suez.
En 1830 Francia inició la ocupación de Argelia. En principio era una acción contra la piratería, pero finalmente se transformó en una colonización gracias a la masiva emigración francesa. En 1881 Túnez , un país con graves problemas financieros y gran dependencia europea, fue ocupado por Francia. En 1882 Egipto , en similares condiciones a las de Túnez, fue ocupado por Gran Bretaña, para garantizar el control del Canal de Suez. Marruecos mantuvo su independencia hasta la celebración de la Conferencia de Algeciras (1906), cuando se aceptó el predominio francés salvo en la franja norte frente al Estrecho de Gibraltar, que se entregó a España.
El Imperio francés. Ninguna colonia francesa podía compararse con las británicas Canadá o India, pero, en su conjunto, el Imperio francés constituía el segundo por extensión. Los franceses se establecieron en el sureste asiático : la Conchinchina, el delta del río Mekong y Camboya. En 1887 se formó la Unión Indochina, que englobaba a Vietman, Laos y Camboya. En África , la expansión comenzó en 1830 con la conquista de Argelia. Más tarde se anexionó Túnez y se creó un protectorado en Marruecos. Más al sur dominó Senegal, Costa de Marfil, Guinea, Chad y, hacia finales de siglo, la isla de Madagascar. Los territorios coloniales se completaron con varias islas en Oceanía y pequeños territorios en América , como la Guayana francesa, y algunas islas del mar Caribe y frente a Canadá. Francia controló importantes vías comerciales y obtuvo grandes beneficios con su extenso imperio colonial.
Los enclaves comerciales de las potencias europeas en el norte de África compraban gran cantidad de material como marfil, esclavos o aceites del interior del continente, suscribiendo tratados comerciales con sus reinos.
Leopoldo II , rey de Bélgica, dominó la zona al sur del río Congo (actual República Democrática del Congo) para explotar sus minas y comercio. Esta acción desencadenó la expansión territorial de otras potencias interesadas en la zona: Francia, Portugal, Gran Bretaña y Alemania. La polémica sobre el Congo obligó a las potencias a reunirse en la Conferencia de Berlín (1884-1885) , punto de partida de la carrera colonial.
El África occidental básicamente quedó en manos de Francia. El África oriental , sin embargo, tuvo predominio de Gran Bretaña , interesada en el curso del Nilo y proteger el Canal de Suez. Francia no logró extender su poder al mar Rojo e Italia fracasó en su invasión de Abisinia (actual Etiopía). Sólo Liberia y Abisinia (Etiopía) fueron territorios independientes. Los estados bóers quedaron aislados y sometidos a la corona británica tras una guerra de tres años (1899-1902). En 1910 se creó la Unión Sudafricana , un estado autónomo dentro del Imperio británico. En África del sur las presiones de los colonos de El Cabo impulsaron la expansión de los británicos hacia el norte, donde crearon Rhodesia del Norte (actual Zambia) y Rhodesia del Sur (Zimbabue).
Hasta el siglo XIX , el dominio europeo en el Pacífico, con la excepción de la India, se limitaba al control de bases navales y de algunos puertos (particularmente Portugal y Holanda ). Tan sólo España contaba con una colonia propiamente: Filipinas. El comercio hasta entonces se limitaba a la compra de productos (canela, pimienta, te, seda, porcelana, etc), pero no conseguían introducir artículos europeos. El comercio de China con los occidentales hasta el siglo XIX se limitaba al puerto de Cantón. Todo este modelo preindustrial de comercio y relaciones cambió radicalmente en el siglo XIX.
Ante el déficit comercial de los británicos, decidieron vender el opio que cultivaban en la India a China. Las autoridades chinas acusaron a los occidentales de promover el consumo de opio y trataron de impedir su entrada. Los británicos aprovecharon este conflicto para desencadenar una serie de guerras:
Tipos de administración:
En todas las colonias la población indígena carecía de derechos políticos.
Francia aplicó a todas sus colonias el modelo de administración existente en la metrópoli y las convirtió en departamentos de ultramar. Sin embargo, los franceses residentes en las colonias tenían todos los derechos políticos, mientras que los nativos carecían de ellos. En los departamentos de ultramar no existía ningún tipo de autogobierno : todas las decisiones se tomaban en Francia.
Entre los pueblos dominados surgió una resistencia cultural y religiosa que, en ocasiones , se manifestó en forma de oposición violenta , con las armas. Aunque la resistencia anticolonial en el siglo XIX no logró éxitos, sirvió de base para asentar el orgullo nacional que, en el siglo XX, impulsaría la descolonización. Las guerras coloniales se caracterizaron por su ferocidad. Los europeos, portadores de ideologías racistas , se sentían superiores a unos nativos que consideraban “salvajes”.
Casos importantes de resistencia armada:
El reparto del mundo produjo enormes rivalidades y tensiones entre las potencias europeas. Entre 1870 y 1890 el canciller Bismarck diseñó hasta tres sistemas europeos de relaciones internacionales a partir de diferentes alianzas y equilibrios. El objetivo era que no se desencadenara una guerra europea , al mismo tiempo que Alemania se consolidara como la gran potencia del continente.
Líneas básicas:
Liga de los Tres Emperadores : Guillermo I (Alemania), Francisco José (Austria) y Alejandro II (Rusia). Mantenimiento del orden monárquico. Cualquier de los tres emperadores se apoyarían en caso de que otra potencia les atacara.
Ruptura:
Italia:
Rusia:
Imperio austro-húngaro:
Japón y EEUU:
Los incidentes se iniciaron en 1908 cuando Austria , aprovechando los problemas internos de Turquía, se anexionó la región de Bosnia- Herzegovina , a pesar de las protestas de turcas, serbias y rusas. Francia, Gran Bretaña e Italia apoyaron a Serbia y Rusia. Alemania apoyó al imperio austro-húngaro.
1. Primera Guerra Balcánica (1912-1913). - Grecia, Montenegro, Bulgaria y Serbia se aliaron y declararon la guerra al Imperio turco. - Turquía quedó reducida prácticamente a su territorio actual, aunque seguía controlando los estrechos al mar Negro. 2. Segunda Guerra Balcánica (1913).