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Asignatura: Teoría de la Comunicación, Profesor: , Carrera: Comunicación Audiovisual, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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Gilles Deleuze (1925 – 1995)
Filósofo francés de obra influyente en el arte y la literatura de la segunda mitad del siglo XX, clasificado unas veces dentro del posmodernismo y otras en el estructuralismo. Como teórico ha desempeñado un papel determinante en el saber contemporáneo combinando en un mismo plano del análisis la filosofía, el arte, la literatura, la ciencia y otros discursos.
Entre sus libros más importantes se encuentran Lógica del sentido (1969), El Anti Edipo (1972) y Mil mesetas (1980). El primero de ellos, Lógica del sentido , intenta una teoría del sentido en sus límites paradójicos con el sin sentido; el segundo, El Anti Edipo , coloca el psicoanálisis en la sociedad, dentro de la producción capitalista; Deleuze llama esquizoanálisis a su método, enfrentándolo al psicoanálisis. El tercer libro, Mil mesetas , desarrolla la teoría del “rizoma” en contraposición a otros órdenes del saber y de la vida de estructura más clásica. Su idea dinámica de la escritura y la desterritorialización de la lengua desde los language poets estadounidenses hasta los neobarrocos latinoamericanos, así como a escritores actuales de diversos géneros. Entendía la literatura más como un proceso abierto de “ensamblajes” y “conexiones” que como una obra orgánica en el sentido tradicional.
Félix Guattari (1930 – 1992)
Militante político, escritor y psicoanalista. Después de tres años, abandona los estudios de Farmacia e intenta una licenciatura en Filosofía, que interrumpe al poco tiempo. Concurre a cursos de Merleau-Ponty y de Bachelard. Se aproxima a la obra freudiana a través del pensamiento de Jacques Lacan. Comienza su psicoanálisis con el propio Lacan y es uno de los primeros no médicos que participa en su Seminario. Años después se integra a la Escuela Freudiana de París creada por Lacan, en la que alcanza el título de Analista Miembro de la Escuela. Participa del grupo hasta su disolución en 1980. Concibe el pensamiento como herramienta de lucha social. Milita en la Voie Communiste y en diferentes grupos de izquierda. Para Guattari, el movimiento de mayo del 68 anuncia la posibilidad de otros modos de subjetivización política y de lucha microsocial. Tratar con la psicosis es una de las marcas del pensamiento de Guattari.
Trabaja durante cuarenta años en la Clínica La Borde con Jean Oury. Desarrolla una serie de prácticas y teorizaciones que son el inicio de la llamada corriente de análisis institucional. Pertenecen a Guattari las nociones de transversalidad , analizador y transferencia institucional. Estas ideas son adoptadas después por institucionalistas como Georges Lapassade, René Lourau o Michael Lobrot. El análisis institucional es, para Guattari, implicación en un proceso molecular. Se trata de una intervención política que, a través de un dispositivo analístico de enunciación, revela aristas de una constelación social.
Gianni Vattimo (1936 – Actualidad)
Filósofo y político, es una de las figuras clave de la posmodernidad. Ha sido profesor en las universidades de Turín, Los Ángeles y Nueva York. Es autor de una amplia producción ensayística, entre la que destacan Vocación y responsabilidad del filósofo y Comunismo hermenéutico. Vattimo ha ido asumiendo una actitud más amigable hacia la sociedad avanzada y sus aparatos tecnológicos e informáticos, hasta el punto de identificar la sociedad postmoderna con la sociedad de los media.
Los media, precisa Vattimo, son la premisa en acto del posible advenimiento de una humanidad desubicada capaz de vivir en un “mundo de culturas plurales”. Insistiendo sobre el nexo entre media y régimen pluralístico de la sociedad “compleja”, Vattimo ha acabado afirmando que,
gracias al “mundo fantasmagórico” de los media, hemos tenido una multiplicación de los centros de acopio y de interpretación de los acontecimientos, hasta el punto de que la realidad coincide, para los postmodernos, con las imágenes que estos medios distribuyen.
Michel Maffesoli (1944 – Actualidad)
Michel Maffesoli es un sociólogo francés, considerado como uno de los fundadores de la sociología de lo cotidiano y conocido por sus análisis sobre la posmodernidad, el imaginario y por la popularización del concepto de tribu urbana. Para él, ni Dios ni la Historia han muerto, sino que ha muerto nada menos que la era que dio origen a ambas ideas. Este reconocido intelectual pronostica el advenimiento de un nuevo grupo, el de las tribus – término al que dio un nuevo significado en 1988 – y el hombre nómade.
La tribu como nueva categoría sociológica se extendió rápidamente en los medios académicos y se incorporó al lenguaje cotidiano como palabra de moda. Fue fundador del Centro de Estudios de lo Actual y Lo Cotidiano y reivindica su pertenencia a la corriente posmodernista de Jean-François Lyotard, Walter Benjamin y Theodor Adorno.
Escuela de Constanza
La Escuela de Constanza es una escuela alemana literaria sobre la recepción creativa cuyos miembros principales son Hans Robert Jauss y Karlheinz Stierle. Estos y otros autores coinciden con la posición promovida por los estudiosos de Constanza al rehabilitar el registro y la relevancia de la participación del lector en la creación literaria; desde este punto de vista, el autor aparece como un lector que escribe, el lector, como un autor que no.
A partir de la intervención del lector se comprueba la incidencia de una presencia y una precedencia, de un presente y un pasado, una nueva vuelta de la historia, un vuelco y un regreso. La teoría de la recepción reacciona contra la certidumbre formalista y estructuralista relativa a la existencia de una obra autónoma por un lado y, por otro, de la aplicabilidad incontrovertiblemente fiel e infalible de sus sistemas. El texto debe conformarse a una regla, un lector indiferenciado, indiferente, que debe adecuarse con esa imposición. La Rzeptionsaesthetik reconoce que la presencia dinámica de la historia se impone entre la literatura y su estudio, entre la obra y el lector pero, desde el momento en que no puede eludirse, la asume.
Así, la Escuela de Constanza es una escuela muy importante que trabaja con todo el proceso creativo. Analiza cómo los usuarios aprenden los discursos a través de la ficción. En esta Escuela, el texto es muy importante para la recepción del discurso debido a la eclosión de ideas. Las ideologías surgen a partir de la recepción del discurso del receptor activo. Sin embargo, todos somos emisores, receptores y mensajes porque la comunicación es un proceso cíclico y retroalimentado (feed-back). Además, el enjuiciamiento de informaciones importantes crea nuevas identidades.
Dos importantes autores de la Escuela de Constanza son Hans Robert Jaus y Karlheinz Sierle, quienes estudian la eclosión de ideas a partir de la recepción creativa de la lectura de un texto ficticio. De este modo, los blogs pertenecen al estudio ficticio que realiza la Escuela de Constanza, pues la mayoría de las veces no se sabe si el contenido que hay en ellos es cierto o no.
La posmodernidad supone que una información es recibida a la vez por muchas personas en poco tiempo, lo cual evidencia la existencia de una pluralidad de
Los Estudios Culturales se caracterizan por su importante influencia política y social pues la mayoría de los autores presentan una ideología de izquierdas y abordan los movimientos sociales. Un autor de los más relevantes en esta Escuela es Jesús Martín Barbero, quien muestra que el proceso de comunicación se centra directamente en el movimiento de las clases. Además, sostiene que la cultura popular es más importante para la formación de la ideología y, según Barbero, el factor sociológico es crucial para la comprensión.
Otro importante autor de los Cultural Studies es Stuart Hall, uno de los teóricos más importantes en los estudios de “identidad”. Para la Escuela de Birmingham, la cultura es un fenómeno que atraviesa a toda la sociedad y que queda en la base de los procesos de producción y reproducción social. Stuart Hall entiende a los medios de comunicación como el productor y reproductor de las ideologías y de los contenidos y, de este modo, los medios ejercen el poder a los sujetos y ayudan a crear ideologías por medio de un proceso de alienación, es decir, un mensaje para muchos sujetos. Además los teóricos de la Escuela de Birmingham sostienen que hay una articulación entre clase social y práctica cultural.
Según la Teoría Encoding/Decoding de los Estudios Culturales, los lectores o el público tienen conocimientos y competencias culturales aprendidas por experiencias sociales previas y se actualizan a la hora de interpretar el texto o la imagen. Codificar y descodificar no es simétrico, pues existen numerosas interpretaciones como el rechazo o la aceptación.
Por su parte, la Teoría de la Resistencia (Radway, Fiske y Wills) se basa en que los sujetos comunicativamente activos aprovechan las ambigüedades del texto para efectuar una lectura resistente contra la ideología dominante. Así, el sujeto cuestiona la idea del enunciador/ interlocutor. Los sujetos comunicativamente activos interpretan los mensajes para sus propios propósitos.
La Teoría del Pulpo Ideológico (Lewis) de los Estudios Culturales defiende que los medios son el reflejo del poder dominante y que la interpretación del mensaje es la del dominio imperante. De este modo, las interpretaciones no son personales de cada individuo sino que son impregnadas del entorno ideológico en el que cada uno habita.
La revalorización del lenguaje corriente
Austin defiende la tesis de que el lenguaje que usamos en nuestra comunicación ordinaria es una herramienta que el paso del tiempo ha ido puliendo, hasta hacer de ella un útil perfectamente adaptado a los fines a los que sirve. Se trata de un instrumento empleado por generaciones que lo han ido ajustando a las necesidades de cada momento.
De este modo, se considera que la revalorización del “lenguaje corriente” es el resultado de la experiencia y la agudeza heredada de muchas generaciones de hombres. Todo el interés que Austin tiene por los aspectos del uso lingüístico, hoy considerados pragmáticos, tiene su raíz en una actitud especial ante el lenguaje de cada día. Esto es algo novedoso, pues consiste en descubrir el “metalenguaje” de nuestro lenguaje corriente. El “metalenguaje” es la reflexión de nuestro lenguaje, es decir, de nuestros actos de habla (el lenguaje para hablar del lenguaje).
Contra el verificacionalismo
Es interesante el hecho de que Austin se sitúe fuera de la línea en que solían colocarse los filósofos con respecto a la verdad o falsedad, es decir, se aleja de la tradición filosófica del verificacionalismo. Para otros autores, las proposiciones se caracterizaban siempre como verdaderas o falsas. Sin embargo, de oraciones como “¿Cuándo has llegado?”, “¡Sal de la habitación inmediatamente!” u “Ojalá deja de llover…”, no puede decirse que sean ni verdaderas ni falsas, no
pueden evaluarse con su correspondencia o no con la realidad, ya que ninguna de ellas está pretendiendo reflejar un estado de cosas existente.
El patrón normal para decidir si un enunciado es verdadero es el de su correspondencia con los hechos. Pero Austin señala que “ser falso no es corresponder a un no-hecho, sino corresponder incorrectamente a un hecho”. La correspondencia o no con los hechos no puede entenderse como una caracterización bipolar que solo utiliza dos valores. En la vida corriente no nos movemos en dos extremos, sino que reconocemos una buena gama de matices intermedios. “Decimos, por ejemplo, que un determinado enunciado es exagerado, o vago, o árido; una descripción, un tanto tosca, o desorientada, o no muy buena; un relato, más bien general o demasiado conciso. En casos como estos es inútil insistir en decidir en términos simples si el enunciado es verdadero o falso”.
La falacia descriptiva
Según Austin, “emitir expresiones rituales obvias, en las circunstancias apropiadas, no es describir la acción que estamos haciendo, sino hacerla. Tales expresiones no pueden, estrictamente, ser mentiras”. El interés de esta perspectiva supone un punto de inflexión en la historia de la filosofía del lenguaje, ya que los filósofos normalmente se ocupaban del lenguaje tomando solo en consideración su faceta descriptiva. Sin embargo, con la propuesta de Austin, los enunciados no descriptivos adquieren un lugar propio dentro de la reflexión filosófica.
La distinción entre oración y enunciado
“Los enunciados se hacen, mientras que las palabras o las oraciones se usan. La misma oración puede usarse para hacer diferentes enunciados (yo digo “es mío”; tú dices “Es mío”); puede usarse en dos ocasiones o por dos personas para hacer el mismo enunciados, pero para eso la emisión debe hacerse con referencia a la misma situación o evento”. Con esto, Austin deja entrever un concepto fundamental en la teoría pragmática: la adecuación del enunciado. De este modo, se debe establecer una diferencia entre oración y enunciado.
Una oración no es un enunciado, sino que una oración es un tipo de estructura gramatical, abstracta, no realizada. En cambio, un enunciado es la realización concreta de una oración emitida por un hablante concreto en unas circunstancias determinadas. “Con respecto a las oraciones, puede decirse que son elípticas, compuestas, aliterativas o a gramaticales. (…) Un enunciado se hace, y el hacerlo es un evento histórico: la emisión, por parte de un determinado hablante o escritor, de determinadas palabras (una oración) a una audiencia, con referencia a una situación, evento, o lo que sea, históricos”.
Por su parte, las oraciones elípticas son aquellas en las que explícitamente no aparece ningún sujeto, o en ocasiones el verbo. En este último caso, la coma elíptica reemplaza el verbo en la oración elíptica. Por ejemplo, “El profesor escribe en el tablero, los alumnos en el cuaderno”, “Salí con Marta”, “Mal de muchos, consuelo de tontos” o “Juan estudia química; María, física; Pedro, ingeniería”.
Los enunciados realizativos
El concepto de “enunciado realizativo” es introducido por John Austin en 1962, quien distingue en este primer momento entre dos tipos de enunciados: constatativos y realizativos. Según esta primera distinción, los enunciados constatativos son los que describen un estado de cosas de la realidad y pueden caracterizarse como verdaderos o falsos. Por ejemplo, “Nieva” es un enunciado constatativo.
Así, los enunciados realizativos se oponen a los enunciados constatativos que describen estados de cosas y que pueden evaluarse en términos de verdad o falsedad. Como ejemplos de
b. Todos los participantes deben actuar de la forma requerida por el procedimiento; y además deben hacerlo así en todos los pasos necesarios. Si hay un fallo que atañe a estas reglas, se habla de mala ejecución del procedimiento. c. Cuando el procedimiento requiere que las personas que lo realizan alberguen ciertos pensamientos o disposiciones de ánimo, deben tenerlos. Además, los participantes deben comportarse efectivamente de acuerdo con tales pensamientos. La violación de esta regla produce un acto hueco, es decir, un acto aparentemente válido en la forma externa, pero sin el contenido necesario. Austin llama abusos al conjunto de infortunios que producen actos huecos. Los actos huecos son de dos tipos: actos insinceros e incumplimientos.
■ Cuando se emite el siguiente enunciado: “Te felicito por tu ascenso”; se espera que realmente se quiera hacer su sincera felicitación a su interlocutor, pero si en el fondo se está lamentando su buena suerte, el acto es válido pero insincero.
■ Cuando se hace una promesa sin la intención de comprometerse a realizar lo prometido, el resultado es un incumplimiento.
En definitiva, el concepto de “enunciado realizativo” es introducido por John Austin (1962), quien distingue en este primer momento entre dos tipos de enunciados: constatativos y realizativos. Según esta primera distinción, los enunciados constatativos son los que describen un estado de cosas de la realidad y pueden caracterizarse como verdaderos o falsos. Por ejemplo, “Nieva” es un enunciado constatativo.
Por el contrario, los enunciados realizativos no describen un estado de cosas de la realidad sino que crean un nuevo estado de cosas, realizan una acción. Por ejemplo, el enunciado “Prometo que voy” no describe la realidad, por lo que no puede juzgarse que sea verdadero o falso. Lo que hace es realizar un acto, el acto de prometer y crear así un nuevo estado de cosas, una promesa.
Ejemplos de enunciados realizativos y constatativos (verificar)
Sus puntos de partida
La idea que sirve de base a toda la teoría de Searle es el supuesto de que “hablar una lengua es tomar parte en una forma de conducta (altamente compleja) gobernada por reglas. Aprender y dominar una lengua es haber aprendido y dominado tales reglas. Cuando Searle habla de reglas, en modelos posteriores, en lo que se concreta es en la “competencia comunicativa” por la que usamos tres tipos de códigos en todas nuestras situaciones comunicativas: el código sintáctico- gramatical, el código metarregulativo (entre las que se encuentra la pragmática) y el código cultural. Sin embargo, hay autores que añaden el código psicológico.
En la práctica, esta hipótesis es una extensión de las ideas de Austin, pues sigue habiendo una clara identificación entre acción y lenguaje, en el sentido de que el uso del lenguaje en la comunicación se concibe como un tipo particular de acción. Además, Searle llega a afirmar que un estudio de las propiedades exclusivamente formales de una lengua no tendría sentido si no va acompañado de un estudio sobre el papel que desempeñan tales formas.
La teoría de los actos de habla
El lenguaje o, más apropiadamente, el uso del lenguaje en la comunicación, está sometido a una serie de reglas –ello no implica que sean conscientes– que gobiernan cualquier emisión lingüística. Los infortunios de que hablaba Austin para los enunciados realizativos no son sino un caso más de diversos fallos en la correcta aplicación de las reglas. Y estos principios reguladores que utiliza el lenguaje no son, en esencia, diferentes de los que se siguen en todas las actividades humanas, pues toda acción tiene su base en la comunicación.
La tricotomía locutivo, ilocutivo y perlocutivo
Según Searle, “de la misma manera que forma parte de nuestra noción de significado el que una emisión literal de esa oración con ese significado en un cierto contexto constituye la realización de un acto de habla particular, así también forma parte de nuestra noción de acto de habla el que exista una oración (u oraciones) posibles, cuya emisión, en cierto contexto, constituiría, en virtud de su(s) significado(s), una realización de ese acto de hablar”. En el enunciado “¿Quieres una taza de café?”, el acto ilocutivo es el ofrecimiento; mientras que el acto perlocutivo sería que “el oyente piensa que el hablante es más hospitalario de lo que creía”. El acto ilocutivo es algo que el hablante pretende hacer al emitir un enunciado. En cambio, el acto perlocutivo puede ser algo que pretende provocar o generar en el interlocutor; en este caso que se piense que el emisor es muy hospitalario. También podría ser simplemente que si el receptor lo desea acepte una taza de café.
Resulta evidente que el acto ilocutivo ha sido realizado en el momento en que se emite el enunciado. También es cierto que el acto perlocutivo ha sido realizado en el momento en que se emite el enunciado (en este caso el acto perlocutivo se relaciona con la hospitalidad). De ahí, se desprende que el acto ilocutivo es algo que está bajo el control del hablante, ya que es el emisor el que decide ofrecer café. Pero el acto perlocutivo no está íntegramente bajo el control del hablante, aunque sí puede ser parte de los objetivos del emisor
Searle afirma que “si usamos el fin ilocutivo como noción básica, entonces hay un número más bien limitado de cosas que se hacen con el lenguaje: decimos a la gente cómo son las cosas; nos comprometemos a hacer cosas; expresamos nuestros sentimientos y actitudes; y producimos cambios a través de nuestras emisiones. A menudo, hacemos más de una de estas cosas a la vez”. Cuando un loro dice “¡Fuego!”, tiene lugar un acto fónico, pero no hay un acto ilocutivo porque según Austin los actos ilocutivos “hacen referencia a las acciones intencionadas que realizamos mediante el uso de enunciados”. Esto no es posible para un loro. Tampoco tiene lugar un acto perlocutivo porque solo podría influir en los demás si el emisor fuera un ser humano.
El significado de cualquier oración podrá analizarse en dos partes: un indicador proposicional (es el contenido expresado por la proposición); y un indicador de fuerza ilocutiva. Este último muestra en qué sentido (con qué fuerza ilocutiva) debe interpretarse la proposición, y
alusión a las máximas de Grice. Esa forma de uso ya existe y todos nosotros lo usamos de forma inconsciente. Grice no inventa nada, describe como es nuestro modo de comunicarnos.
A pesar de lo que su formulación en forma de imperativo pudiera sugerir, no se trata de un principio prescriptivo, en el sentido habitual del término, sino de un principio descriptivo: es simplemente una condición de racionalidad que resulta básica para que el discurso sea inteligible y tenga sentido. De hecho, el principio de cooperación de Grice es, en el fondo, un cierto tipo de “condición preparatoria” que se espera que los participantes observen. Cuando los participantes no se ajustan a él, la conversación es inconexa y absurda.
La teoría de los postulados conversacionales: Máximas de Grice
A continuación, se plantean algunas puntualizaciones epistemológicas que son las bases de nuestro lenguaje simbólico, y que ayudarán a entender algunas cuestiones teóricas tanto de la pragmática como de la “mediación simbólica”.
“Los acontecimientos lingüísticos (speech events) no se explican por la sola aplicación de la competencia lingüística de los hablantes (lo que sería el código gramatical y sintáctico), porque la capacidad de hablar es inexplicable sin la de comunicar, que requiere el conocimiento implícito de normas psicológicas, culturales y sociales, estas últimas están incluidas en el que llamamos código metarregulativo, del que también hacemos un uso inconsciente en toda acción comunicativa, o en todo “acto de habla”. Por esas acciones comunicativas que desempeñamos, en adelante, en lugar de utilizar los conceptos de emisor y receptor (que implican una actitud pasiva) pasaremos a hablar de “sujetos hablantes” a “sujetos comunicativamente activos”.” (Hymes, 1974)
En resumen, en nuestros actos de habla construimos nuestros mensajes y nuestras proposiciones haciendo uso de varios códigos: el sintáctico-gramatical o lingüístico, el metarregulativo y el código cultural. Estos dos últimos (código metarregulativo y código cultural) conforman un único código desde ciertas posiciones teóricas.
Los códigos son aplicados por los sujetos comunicativamente activos de forma flexible atendiendo a las características de la situación y de la relación comunicativa en que intervienen. A esa adaptación y aplicación del código contextualmente, es decir, a esa capacidad de producir e interpretar de forma razonable y contextualizada se denomina competencia comunicativa, que aplicamos en las distintas acciones comunicativas.
En nuestras conversaciones y diálogos cotidianos, nosotros como agentes comunicativos nunca recibimos informaciones exhaustivas, ni los códigos que posibilitan las representaciones semánticas pueden anticipar la incalculable variedad de contextos comunicativos y de sentidos potenciales de las expresiones. Pese a esto, los procesos comunicativos son completos. “Una concreción de la competencia comunicativa serían las reglas o condiciones que según Austin, se aplican a los actos ritualizados: las personas y circunstancias que concurren deben ser las apropiadas para el procedimiento ” (Victoria Escandell, 2002).
Experiencia comunicativa, código metarregulativo y metarreglas
Los agentes o sujetos comunicativamente competentes poseen un conocimiento enciclopédico (metafóricamente hablando) basado en su experiencia comunicativa. Dentro de esa “experiencia”, cabe destacar su código o nivel metarregulativo, en el que se localizan las metarreglas. Dicho código no se localiza en las escuelas, sino en diferentes ámbitos y escenarios cotidianos. Algunos elementos de nuestro código metarregulativo son las inferencias y las metarreglas. Las inferencias pueden ser evaluadoras o elaboradoras.
Según Cicourel, las metarreglas son “ciertas propiedades invariantes que gobiernan las condiciones fundamentales de toda interacción y que indican cómo el actor y el observador deciden lo que es correcto, normal o regular; que fundamentan, por tanto, la posibilidad de que existan o se negocie y construya un orden comunicativo y un sentido compartido de las acciones comunicativas”. Ejemplos de metarreglas son las Máximas de Grice:
En nuestras conversaciones y diálogos cotidianos, nosotros como agentes comunicativos nunca recibimos informaciones exhaustivas, ni los códigos que posibilitan las acciones semánticas (el diccionario sería la compilación de los códigos léxicos de una lengua) pueden anticipar la incalculable variedad de contextos comunicativos y de sentidos potenciales de las expresiones. Pese a esto, los sentidos comunicativos son completos por las inferencias.
Las inferencias
Las inferencias pueden ser elaboradoras o evaluadoras:
Por ejemplo, al decir la proposición “abre la ventana”, la inferencia elaboradora sería “abre la ventana más próxima al lugar donde te encuentres”. Si en un titular de un periódico se menciona que “el Gobierno rebajará los impuestos”, la inferencia elaboradora sería que “el Gobierno actual del Estado en el que se publica este periódico ha dicho que rebajará los impuestos”.