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Documento anónimo que se atribuye al Hudson Institute 1966
Tipo: Monografías, Ensayos
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Documento publicado supuestamente por el Hudson Institute y a pedido del entonces Secretario de Defensa, Robert S. McNamara Traducción de Adrian Salbuchi Edición Original: 1966 Edición Electrónica: 2004
ADVERTENCIA AL LECTOR Carta de transmisión Introducción Sección 1 - Ámbito del Estudio Sección 2 - El Desarme y la Economía Sección 3 - Escenarios de Desarme Sección 4 - La Guerra y la Paz como Sistemas Sociales Sección 5 - Las funciones de la guerra
Sección 6 - Sustitutos para las Funciones de la Guerra Sección 7 - Síntesis y conclusiones Sección 8 - Recomendaciones Otras Obras Recomendadas Mearsheimer y Walt El Lobby Israelí y la Política Exterior Estadounidense Reseau Volatire Los Misterios del Atentado contra el Pentágono Adrian Salbuchi El Cerebro del Mundo Anttony Sutton Wall Street y los Bolcheviques
La historia oficial afirma que " El Informe de Iron Mountain sobre la Posibilidad y Conveniencia de la Paz " es una falsificacion perpetrada en el año 1967 por un grupo de graciosos que fabricaron un "informe", supuestamente producido por un "banco de cerebros" norteamericano, con el fin de "revelar" los principales planes de una gran conspiración mundial de ultraderecha... Al denominar el informe como "Iron Mountain", se estaría aludiendo a su teórico emisor, el Instituto Hudson originalmente fundado por los padres de la cibernética, Herman Kahn y Norbert Wiener. Se dice también que el documento habría sido comisionado por el entonces secretario de defensa estadounidense, Robert McNamara (conspicuo miembro del Council on Foreign Relations y la Trilateral Commission, y ex-presidente del Banco Mundial). El problema que hace que este informe aún preocupe a muchas personas, es el hecho de que, cuando se publicó originalmente, un amplio sector de la opinion publica especializada lo consideró absolutamente genuino y verídico. Se dice que por eso, resultó necesario crear - a posteriori - una narración "explicativa" que permitiera aseverar que el informe era "falso" y nada más que "una chanza" pergreñada por un grupo de traviesos universitarios que se pasaron de la raya.
Hemos completado nuestro cometido según nuestro mejor saber y entender, sujeto a las limitaciones en tiempo y en los recursos a nuestra disposición. Nuestras conclusiones y nuestras recomendaciones son unánimes; aquellos de nuestro grupo que han diferido sobre algunos aspectos secundarios respecto de lo que se indica en el presente informe, no consideran que dichas diferencias sean lo suficientemente importantes como para justificar un informe separado sobre estos aspectos menores. Es nuestro sincero deseo que el fruto de nuestras deliberaciones sea de utilidad para nuestro gobierno en sus esfuerzos de liderar a la nación en la resolución de los problemas complejos y de amplio alcance que hemos examinado, y que nuestras recomendaciones para una posterior acción presidencial en este área serán adoptadas. Debido a las circunstancias poco usuales relacionadas con la formación de este Grupo y en vista de la naturaleza de nuestra información, no recomendamos que este Informe sea publicado. Es nuestro juicio afirmativo que tal acción no se ajustaría al interés público. Las inciertas ventajas de una discusión pública de nuestras conclusiones y recomendaciones son - en nuestra opinión - ampliamente superadas por el claro y predecible peligro de una crisis en la confianza pública que la publicación a destiempo de este Informe previsiblemente provocaría. Consideramos obvia la probabilidad de que el lector común, no expuesto a las exigencias de una mayor responsabilidad política o militar, malinterprete el propósito de este proyecto y las intenciones de sus participantes. Recomendamos que la circularización de este Informe se vea restringida cuidadosamente a aquellos cuyas responsabilidades requieren que estén al tanto de su contenido. Lamentamos profundamente que la necesidad de anonimidad, un prerequisito para que nuestro Grupo pudiera abocarse a su objetivo sin ataduras, no nos permita que reconozcamos de la manera correspondiente nuestro agradecimiento a las muchas personas dentro y fuera del gobierno que tanto contribuyeron a nuestro trabajo. Por el Grupo de Estudios Especiales [Se retienen las firmas para esta publicación] 30 de septiembre de 1966.
El Informe que se brinda a continuación constituye una síntesis de los resultados de un estudio de dos años y medio acerca de la amplia problemática a ser anticipada en el caso de que se produjera una transformación general de la sociedad Americana hacia una condición que carezca de su más critica característica actual: su capacidad y estado de alerta para ir a la guerra cuando se lo juzgue necesario o deseable por sus líderes políticos. Nuestro trabajo se ha basado sobre la previsión de que algún tipo de paz general podría ser negociable en un futuro cercano. La admisión de facto de China Comunista en las Naciones Unidas parecería encontrarse a tan solo unos pocos años en el futuro. Se ha tornado cada vez más claro que los conflictos del interés nacional norteamericano con aquellos de China y la Unión Soviética son susceptibles de una resolución política, a pesar de las contradicciones superficiales de la actual Guerra en Vietnam, de las amenazas de un ataque sobre China y del tenor necesariamente hostil en las declaraciones diarias de la política exterior. También resulta obvio que las diferencias que involucran a otras naciones pueden ser resueltas por las tres grandes potencias cada vez que logren una situación estable de paz entre sí. No resulta necesario, a los efectos del presente estudio, presumir que una détente general de este tipo será una realidad - y no proponemos ningún argumento de esa naturaleza - sino meramente decimos que podría ser una realidad. Seguramente no constituye ninguna exageración decir que una condición de paz mundial generalizada conduciría a cambios revolucionarios en las estructuras sociales de las naciones del mundo de una magnitud sin paralelo histórico. El impacto económico del desarme general, para nombrar tan solo la consecuencia más obvia de la paz, modificaría los patrones de producción y distribución en todo el planeta hasta un grado tal que haría que los cambios de los últimos cincuenta años parezcan insignificantes. Los cambios políticos, sociológicos, culturales y ecológicos también tendrían un amplio alcance. Lo que ha motivado nuestro estudio de estas contingencias ha sido la creciente sensación de hombres pensantes dentro y fuera del gobierno de que el mundo se encuentra totalmente carente de preparación para afrontar las demandas de una situación semejante. Originalmente, al iniciar nuestras tareas, habíamos planeado focalizarnos en las dos siguientes amplias preguntas y sus componentes: ¿Qué podrá esperarse si llega la paz? ¿Qué debemos estar preparados para hacer al respecto? Pero a medida que nuestras
indicaciones sobre la verdadera dimensión del problema, no coordinadas previamente en ningún otro análisis. En la séptima sección, hacemos una síntesis de nuestras investigaciones y en la octava proponemos nuestras recomendaciones sobre lo que creemos sería un curso de acción práctico y necesario.
Cuando el Grupo de Estudios Especiales fue formado en Agosto de 1963, se instruyó a sus miembros a regir sus deliberaciones según un criterio basado en tres principios. Descriptos brevemente, éstos fueron: (1) objetividad de corte militar, (2) evitar presunciones de valor preconcebidas, (3) incluir todas las áreas relevantes de teoría e información. Estas guías no son de manera alguna tan obvias como podría parecer a primera vista y consideramos que resulta necesario indicar claramente en qué forma influirían sobre nuestro trabajo. Ya que expresan sucintamente las limitaciones de los "estudios para la paz" anteriores e implican la naturaleza de la insatisfacción, tanto del gobierno como de círculos no oficiales, con estos esfuerzos anteriores. No es nuestra intención minimizar la importancia del trabajo de nuestros predecesores o de disminuir la calidad de sus contribuciones. Lo que hemos procurado lograr, y creemos haberlo hecho, es ampliar el ámbito dentro del cuál incurrieron. Esperamos que nuestras conclusiones puedan servir, a su vez, como un punto de partida para examinaciones aun más amplias y más detalladas de todos los aspectos de los problemas planteados por la transición hacia la paz y de las preguntas que deben ser respondidas antes de que se pueda permitir que semejante transición sea llevada a cabo. Es un hecho que la objetividad es antes una intención expresada que una actitud lograda, pero esa intención - consciente, sin ambigüedad y constantemente autocrítica - conforma una precondición para su logro. Consideramos que no es ningún accidente que se nos instruyera utilizar un modelo de "contingencia militar" para nuestro estudio y tenemos una deuda considerable con las agencias civiles de planeamiento bélico, debido a su trabajo de pioneros en la examinación objetiva de las contingencias atinentes a una guerra nuclear. No existe un antecedente semejante en el estudio de la paz. Por ejemplo, gran parte de la utilidad
de los programas más elaborados y cuidadosamente diseñados de conversión económica para la paz, se han visto opacados por el deseo de probar que la paz no solamente es lograble sino que resulta barata y fácil. Un informe oficial en particular se encuentra repleto de referencias al rol crítico del "optimismo dinámico" en relación a los desarrollos económicos y pretende someter como evidencia el hecho de que "resultaría difícil imaginar que el pueblo (norte)americano no respondiera favorablemente a un programa acordado y asegurado para implantar un esquema de ley y orden internacional."(1)^ Otro argumento frecuentemente adoptado es que el desarme acarrearía relativamente poca disrupción de la economía dado que solo necesita ser parcial; nos referiremos a este enfoque más adelante. Sin embargo, si se aplica una objetividad genuina en estudios de la guerra, entonces se la suele criticar como inhumana. Como dijera Herman Kahn, el escritor de estudios estratégicos mejor conocido por el publico en general, "Los críticos a menudo objetan la gélida racionalidad del Hudson Institute , de la Rand Corporation y de otras organizaciones semejantes. Siempre me veo tentado a preguntar "¿Preferiría usted un error humano y cálido? ¿Se sentiría mejor con un lindo y emotivo error?" (2)^ Y como ha señalado el Secretario de Defensa, Robert S McNamara, (3)^ al referirse a la necesidad de enfrentar la posibilidad de una guerra nuclear, "Cierta gente tiene miedo de hasta asomarse a la cornisa. Pero en una guerra termonuclear no podemos darnos el lujo de cualquier acrofobia política." (4)^ Debería resultar obvio que esto se aplica también a la posibilidad opuesta, pero hasta el momento nadie ha dado más que un tímido vistazo por sobre la cornisa de la paz. La intención de evitar juicios de valor preconcebidos hasta puede convertirse en un factor generador de cierto auto-engaño. Nosotros, como individuos, no pretendemos disfrutar de ninguna inmunidad de este tipo de subjetividad, pero hemos realizado un esfuerzo auto- conciente continuo para abordar la problemática de la paz sin, por ejemplo, considerar que una condición de paz es, por si misma, ni "buena" ni "mala". Esto no ha sido fácil, pero ha resultado obligatorio; que nosotros sepamos esto nunca había sido hecho anteriormente. Estudios previos han tomado la conveniencia de la paz, la importancia de la vida humana, la superioridad de las instituciones democráticas, el mayor "bien" para el mayor numero de personas, la "dignidad" del individuo, la conveniencia de la máxima salud y longevidad, y otras premisas deseables, como si fueran valores axiomáticos, necesarios para la justificación de un estudio sobre temas relacionados con la paz. Nosotros no hemos hallado que esto sea así. Hemos procurado aplicar los standards de las ciencias físicas a nuestro proceso intelectual, la
para determinar las consecuencias de la transición hacia la paz y en determinar si semejante transición resulta factible en absoluto. No debe sorprendernos que estos factores menos obvios hayan sido generalmente ignorados por las investigaciones realizadas sobre la paz. No se han abocado a un análisis sistemático. Ha sido difícil, quizás imposible, medir con algún grado de certeza la confiabilidad de las estimaciones de sus efectos. Se trata de factores "intangibles", pero solo en el sentido en que los conceptos abstractos en las matemáticas son intangibles por comparación con aquellos que pueden ser cuantificados. Los factores económicos, por otra parte, pueden ser medidos, al menos en la superficie; y las relaciones internacionales pueden ser verbalizadas - como el derecho - en un conjunto de secuencias lógicas. Nosotros no pretendemos haber descubierto un sistema infalible de medir estos otros factores o de atribuirles un peso especifico preciso en la ecuación relacionada con esta transición. Pero estimamos haber tomado en cuenta su importancia relativa con el siguiente alcance: las hemos sacado de la categoría de lo "intangible", por lo que serían sistemáticamente sospechosas y, por ende, de un valor secundario. El resultado, creemos, brinda un contexto de realismo para poder abordar los temas relacionados con la posible transición hacia la paz que ha faltado hasta hoy. Esto no significa que presumamos de haber encontrado las respuestas que estábamos buscando. Pero consideramos que nuestro énfasis sobre la amplitud del ámbito ha tornado posible que, por lo menos, empecemos a comprender cuales son las preguntas que deben plantearse.
En esta sección examinaremos brevemente algunas de las características comunes a los estudios que han sido publicados y que se relacionan con algún aspecto del impacto que previsiblemente produciría el desarme sobre la economía (norte)americana. Ya sea que se considere al desarme como un resultante de la paz o como su precondición, en cualquiera de los dos casos su efecto sobre la economía nacional será el que más hará sentir sus consecuencias. La calidad cuasi-medible de las manifestaciones económicas ha dado lugar a una especulación más detallada en este área que en cualquier otra.
Existe un consenso general respecto de los problemas económicos más importantes que ocasionaría el desarme general. Una evaluación breve de estos problemas, en lugar de una crítica detallada de su importancia comparativa, resulta suficiente a los efectos del presente Informe. El primer factor se refiere al tamaño. La "industria mundial de la guerra" como acertadamente la describe un escritor (8)^ insume aproximadamente un 10% de la producción total de la economía mundial. Aunque esta cifra está sujeta a fluctuaciones, cuyas causas a su vez se encuentran sujetas a variaciones regionales, su tendencia se mantiene relativamente estable. A los Estados Unidos, como la nación más rica del mundo, no solo le corresponde la proporción más grande de este gasto, actualmente de más de U$S 60.000.000.000 por año, sino que también "...ha aplicado una proporción (nuestro énfasis) mayor de su producto bruto interno a su estructura militar que cualquier otra nación importante del mundo libre. Esto era así aun antes de que nuestros gastos se vieran incrementados en el sudeste Asiático." (9) Los planes para una reconversión económica que minimice la magnitud del problema, tan solo pretenden lograrlo a través de la racionalización
del marco de la actual economía. ¿Qué se ha propuesto para utilizar las capacidades productivas que el desarme presumiblemente liberaría? La teoría más comúnmente sostenida es que simplemente la reinversión económica general absorbería la mayor parte de estas capacidades. Aunque hoy ya se da por sentado (aun por el equivalente actual de los economistas tradicionales del laissez-faire ), que la asistencia gubernamental sin precedentes (y el correspondiente control gubernamental) serán requeridos para resolver los problemas estructurales de una transición semejante, una actitud general de confianza prevalece en el sentido de que nuevos patrones de consumo absorberán cualquier desfasaje. Lo que resulta menos claro es cuál será la naturaleza de estos nuevos patrones. Una escuela de economistas sostiene que estos patrones se desarrollarán por sí solos. Presupone algo así como si el equivalente del presupuesto en armamentos se devolviese al consumidor bajo un cuidadoso control a través de una reducción de impuestos. Otra, que reconoce la necesidad indiscutible de incrementar el "consumo" en lo que usualmente se considera el sector publico de la economía, enfatiza el enorme incremento en gastos estatales en áreas de interés nacional tales como salud, educación, transporte masivo, viviendas de bajo costo, provisión de agua, control del ambiente físico y, en términos generales, la "pobreza". Los mecanismos propuestos para controlar la transición hacia una economía libre de armas también son tradicionales: cambios en ambos lados del presupuestos federal, manipulación de la tasa de interés, etc.. Reconocemos el innegable valor de las herramientas fiscales en el ciclo normal de la economía, sobre la que brindan un elemento de control para acelerar o demorar una tendencia existente. Sus proponentes más comprometidos, sin embargo, tienden a perder de vista el hecho de que existe un limite al poder de estas herramientas para influir sobre las fuerzas económicas fundamentales. Pueden brindar nuevos incentivos dentro de la economía pero no pueden por si mismas transformar la producción anual de U$S 1.000.000.000 en misiles en su equivalente en alimentos, vestimentas, viviendas prefabricadas o televisores. En última instancia, reflejan la economía pero no la motivan. Analistas más sofisticados y menos sanguíneos contemplan el desvío del presupuesto en armamentos hacia un sistema no-militar igualmente remoto de la economía de mercado. Lo que los "constructores de pirámides" a menudo sugieren es que se expandan los programas de
investigaciones espaciales al nivel en dólares de los actuales gastos en materia de armamentos. Este enfoque tiene el mérito superficial de reducir el tamaño del problema de la transferibilidad de los recursos, pero introduce otras dificultades que evaluaremos en la sección 6. Sin pretender criticar a ninguno de los varios estudios principales que se han realizado respecto del previsible impacto del desarme sobre la economía, podemos sintetizar nuestras objeciones a los mismos, en términos generales como sigue:
Los escenarios, como se los denomina actualmente, configuran construcciones hipotéticas de eventos futuros. Inevitablemente, se componen de proporciones variables de hechos establecidos, inferencias razonables y adivinación más o menos inspirada. Aquellos procedimientos que han sido propuestos como modelos para realizar el control internacional de armas y el eventual desarme, son
ventajas opuestas) del ahorro que se lograría con el desarme. Un análisis (13)^ ampliamente leído estima que el costo anual de las funciones de inspección del desarme general en todo el mundo sería de tan solo entre un 2 y un 3 por ciento de los actuales gastos militares. Ambos tipos de planes tienden a enfocar el problema previsto de la reinversión económica, únicamente en forma acumulada. No hemos visto ninguna secuencia de desarme propuesta, que se condiga con el reemplazo secuencial de determinados tipos de gastos militares con nuevas formas substitutivas de gastos. Sin examinar los escenarios de desarme en mayor detalle, podríamos caracterizarlos con los siguientes comentarios generales:
Nos hemos referido tan solo en términos generales a los escenarios de desarme y a los análisis económicos propuestos, pero la razón por la cual hemos abordado con aparente liviandad a estos estudios tan serios y sofisticados, no yace en que no seamos respetuosos acerca de su competencia. Se trata más bien de una cuestión de su relevancia. Para
decirlo claramente, todos estos programas, a pesar de lo detallado y bien desarrollado de su contenido, son abstracciones. La secuencia de desarme mejor diseñada inevitablemente se parece más a las reglas de un juego o a un ejercicio de lógica académica que a un pronóstico de eventos reales en el mundo real. Esto es tan cierto respecto de las complejas propuestas de la actualidad como lo fue del "Plan para la Paz Perpetua en Europa" del Abad de St. Pierre de hace 250 años. Claramente, parece que algún elemento esencial está faltando en todos estos esquemas. Una de nuestras primeras tareas fue la de procurar focalizar más nítidamente este factor faltante y creemos haberlo logrado. Consideramos que en el núcleo de cada estudio sobre la paz que hemos examinado - desde una modesta propuesta tecnológica (por ejemplo, la reconversión de una planta de gases venenosos a la producción de bienes equivalentes que sean "socialmente útiles"), hasta el más elaborado escenario de una paz universal para nuestros tiempos
un subproducto de la creciente alfabetización y de las comunicaciones rápidas. Esta distinción es tan solo táctica y refleja una concesión a la creciente falta de adecuación de la antigua lógica política para organizar la guerra. Las guerras no son "ocasionadas" por conflictos de intereses internacionales. Una secuencia lógica correcta indica que más a menudo resulta preciso decir que las sociedades guerreras requieren - y por ende deben generar - tales conflictos. La capacidad de una nación de hacer la guerra expresa el mayor poder social que pueda ejercer; hacer la guerra, activamente o contemplada, es un asunto de vida o muerte en la mayor escala sujeta al control social. Por ende, no debe sorprendernos que las instituciones militares en cada sociedad reclamen las máximas prioridades. A su vez, hemos concluido que la confusión prevalente en el mito de que hacer la guerra constituye la herramienta de la política estatal, proviene de una generalizada malinterpretación de las funciones de la guerra. En general, estas funciones se perciben como consistentes en: la defensa de una nación ante el ataque militar por parte de otra nación, o la disuasión ante tal ataque; la defensa o avance de un "interés nacional" - económico, político, ideológico; el mantenimiento o el aumento del poder militar de una nación porque sí. Estas son las funciones visibles u ostensibles de la guerra. Si no hubiera ninguna otra, la importancia del establishment guerrero en una sociedad podría, en verdad, declinar hasta el nivel subordinado que se cree que ocupa. Y en tal caso, la eliminación de la guerra sería, en verdad, un asunto de procedimiento como los escenarios de desarme sugieren. Pero existen otras funciones de la guerra, de mayor alcance y de efectos más profundos, en las sociedades modernas. Son estas funciones invisibles o implícitas las que mantienen a la disposición para la guerra como el factor dominante en nuestras sociedades. Y es el rechazo o la incapacidad de los analistas de escenarios de desarme y de planes de reconversión de tomarlos en cuenta lo que ha reducido la utilidad de sus trabajos, y los ha hecho parecer como poco relacionados con el mundo real que conocemos.
Como hemos indicado, la preeminencia del concepto de la guerra como la principal fuerza organizadora en la mayoría de las sociedades no ha
sido suficientemente apreciada. Esto también es verdad respecto de los efectos amplios a través de muchas actividades no-militares dentro de la sociedad. Estos efectos son menos evidentes en las sociedades industriales complejas como la nuestra que en las culturas primitivas, cuyas actividades pueden ser visualizadas y comprendidas más fácilmente. Propusimos para esta sección examinar estas funciones no-militares, implícitas y usualmente invisibles de la guerra en lo que hace a su incidencia sobre los problemas de la transición hacia la paz para nuestra sociedad. La función militar u ostensible del sistema de guerra no requiere mayor elaboración; simplemente sirve para defender o avanzar el "interés nacional" a través de la violencia organizada. A menudo, resulta imprescindible para un establishment militar el poder crear la necesidad de sus poderes únicos - para mantener la justificación de su existencia, por así decirlo. Y un aparato militar saludable requiere de "ejercicio" regular, a través de cualesquiera circunstancias que se consideren necesarias, a fin de evitar su atrofiamiento. Las funciones no-militares del sistema de guerra son más fundamentales. Existen no meramente para auto-justificarse, sino que también desempeñan un propósito social más amplio. Si algún día se elimina la guerra, las funciones militares que le han servido terminarán con ella. Pero sus funciones no-militares no concluirán. Resulta esencial, por ende, que se comprenda su significado antes de que podamos evaluar razonablemente cualesquiera instituciones que serán llamadas a reemplazarlas.
La producción de armas de destrucción masiva siempre se ha visto asociada con el "desperdicio" económico. El término es peyorativo dado que implica una incapacidad funcional. Pero ninguna actividad humana puede considerarse justificadamente como un desperdicio si logra sus objetivos contextuales. La frase "un desperdicio, pero necesario" aplicable no tan solo a los gastos militares sino también a la mayoría de las actividades comerciales "no-productivas" de nuestra sociedad es una contradicción en los términos. "....Los ataques que se han lanzado desde los tiempos en que Samuel criticó al Rey Saúl por los gastos militares como si se tratara de un desperdicio bien pueden haber ocultado o malinterpretado la cuestión de que cierto tipo de desperdicio bien puede tener una utilidad social más amplia." (14)