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Asignatura: Bases Psicopedagógicas de la Educación Especial II, Profesor: cmc cmc, Carrera: Audición y Lenguaje, Universidad: UAM
Tipo: Resúmenes
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En líneas generales, el esquema elemental expositivo y argumentativo sigue el orden indicado en los siguientes epígrafes.
5.1. PRESENTACIÓN O RESUMEN TEMÁTICO
Idea principal del texto y accesorias. Es importante saber definir la cuestión esencial o el núcleo del tema. Comprende este el título, si lo hay, subtítulo, si procede, y tipología del texto, que puede ser también mixta. Normalmente, un texto interconecta diferentes rasgos, lo cual contribuye a su valor estilístico. El resumen ha de ser breve y atender a lo esencial del tema propuesto, su desarrollo, conveniencia, oportunidad e interés de su tratamiento. Si se trata de un ensayo o texto argumentativo, habrá alguna hipótesis o su desarrollo permite establecerla. El resumen conviene dejarlo abierto. Se procede siguiendo el orden clásico de las preguntas mentales relacionadas con toda noticia e iniciadas por qué, cómo, cuándo, en qué circunstancias o bajo qué aspectos, etc. Lo importante es la capacidad de síntesis.
DIVISIÓN EN PARTES DEL TEXTO
El desarrollo del núcleo puede hacerse siguiendo diversas técnicas que ya se suponen adquiridas. Una de ellas es la basada en la progresión textual del enunciado (tema-rema). Procede de la Escuela de Praga y distingue cinco tipos: lineal simple, de tema continuo (un tema y varios remas), de temas derivados (hipertema y diferentes subtemas), de rema escindido (el rema se ramifica en temas) y de salto temático (inferencia por contexto de algo elidido).
Normalmente, un texto o discurso procede enunciado la primera cuestión o tema, al que le sigue su correspondiente rema y así sucesivamente.
El esquema admite también exposiciones encadenadas entre temas y remas, con indicación de los conectores gramaticales que contienen su correlato lógico, por ejemplo los relativos, condicionales, causales, disyuntivos; los indicadores de tiempo, modo y espacio, etc.
Para el desarrollo resultan adecuadas las consideraciones gramaticales y expresivas, como el seguimiento de los sustantivos, adjetivos y verbos. Cabe incluso encuadrar las principales ideas o rasgos temáticos en un corchete o matriz lingüística, gramatical, morfológica o semántica. La exposición de los esquemas oracionales recurrentes también ayuda a la correlación de ideas.
El análisis de algunas oraciones, las más relevantes, permite determinar el prototipo o la tendencia oracionales de una parte o de todo el texto. Por ejemplo, la relación del tipo de sintagma y su función en una oración respecto de otra, nos indica si hay progresión léxica, temática, foco de acción, fijación de contexto semánticos (isotopías), etc. Ayuda a ello el seguimiento de los morfemas verbales como el modo y tiempo, si puede ser también el aspecto (por ejemplo, la predominancia del modo indicativo suele ser más objetiva y expositiva).
La ventaja de estos esquemas reside en que exponen de forma simple el contenido gramatical y la argumentación del texto.
En cuanto a la conclusión, conviene un comentario personalizado, bien cotejando otras fuentes paralelas, confirmativas de la tesis o tema desarrollado, bien de reflexión propia. En este último caso, debe tenerse mucho cuidado con lo que se dice, pues normalmente caemos en apreciaciones simples.
6.- GRAMÁTICA POÉTICA DEL TEXTO
Beaugrande y Dressler analizan el proceso de coherencia y cohesión. Determinan elementos y unidades básicas, independientes entre sí, así como el marco que las integra. Parten, pues, de elementos y estructuras mínimas (sustantivo, verbo, sus adyacencias) que se interconectan y producen. En el fondo de esta estructuración subyace el principio que ya conocemos: un Término (X), sustantivo o verbo, su Relación (R) y la función (F) correlatada con un factor interpretativo inherente (i). Tal proceso equivale al de las primeras unidades del sistema y su horizonte de integración conforme a sentido. Se desvela así un engranaje de redes implicadas que se repiten -recurrencia y replicación lingüística- y convergen grandes y pequeñas de las unidades textuales superiores, como de la frase u oración (cláusula) en gramática, párrafo, período, capítulo, obra, texto en general. Los dos componentes básicos del signo (referencia y conceptualización de la que procede el significado) quedan circunscritos en el del texto (“text-world”) y el mental, cognoscitivo (“world-knowledge”). La interconexión entre unidades pequeñas, los microestados, y las grandes, macroestados, evidencia en circunstancias concretas del lenguaje correlaciones del nivel textual y del conocimiento, es decir, la gramática y la mente, lo que llamamos contexto (a través de la coherencia y cohesión).
definidos, cuando se concrete un objeto), sustantivos, adjetivos o verbos sustantivados, de carácter abstracto, genérico y universal, o concretos de especificación técnica (tecnicismos, neologismos, cultismos).
La búsqueda de objetividad y delimitación de objetos es componente lógico de toda ciencia, exacta o humanista. Tiende a la univocidad: un concepto, una palabra y una realidad acotada. Lo unívoco supone identidad conceptiva y esta hace reproductible el concepto. No habría connotaciones, equívocos, ambigüedades, lo cual favorece la traducción a otras lenguas.
Las ciencias se correlatan entre sí más allá de sus diferencias metodológicas. La definición anteriormente dada de ciencia como binomio conocimiento + método indica también este correlato de fondo. El carácter material de los datos estudiados y el formal del método diferencia unas de las otras. Por eso, en todo método científico se distingue entre el objeto material (común a varias ciencias) y el formal (lo específico suyo dentro de cada una en particular). Así, a la definición anterior debemos añadir la intencionalidad objetiva:
Conocimiento más método: objeto material y formal.
El estudio experimental de los datos y su clasificación no es suficiente para fundar ciencia propiamente dicha.
Se utilizan recursos como los híbridos (de raíz griega y latina o viceversa) o los préstamos, que contribuyen al incremento del vocabulario técnico de la ciencia. En este caso, a veces se mantiene la forma originaria, con ligeros cambios de pronunciación, y otras se adapta a esta y a la escritura. Influye en ello la transmisión cultural, el impacto técnico, asociado al político y, por supuesto, el mayor grado de investigación científica. También son frecuentes los extrangerismos, muchas veces por esnobismo (snob). Hay casos en que prevalecen las dos formas.
Todos estos recursos (neologismos, tecnicismos, extranjerismos) indican la flexibilidad de un idioma, pero también el grado de dependencia en las áreas respectivas de cultura, innovación técnica, científica, avance intelectual, respecto de otras naciones o lenguas.
Contribuyen a estos procedimientos trópicos de transducción entre lenguas como los calcos y la formación de acrónimos. El calco léxico incorpora a un significante ya existente en una lengua el significado de otra cuyo significante se parece. En cuanto a los acrónimos, siglas que asocian en forma de palabra los sonidos, letras o iniciales de otras, se incrementan por la intersubjetividad expansiva del mundo (globalización).
La ciencia remite siempre a operaciones lógicas del conocimiento según un método específico de estudio y conforme a sentido. De ahí el carácter abstracto y técnico de su léxico a la vez que la ejemplificación de casos concretos con muestras de igual índole. El paso de lo concreto a lo común, genérico y abstracto, y comprobación suya, otra vez, con casos singulares, refleja el procedimiento epistemológico de la ciencia, incluido el lingüístico.
El lenguaje científico exige, por otra parte, simplicidad y fecundidad, independencia del analista o del sujeto que realiza la ciencia. La simplicidad hace ver lo complejo y la fecundidad aporta nuevos principios, fundamentos y aplicaciones antes no advertidas. Por eso el lenguaje refleja impersonalización (oraciones con pronombre 'se', impersonales, pasivas reflejas) o prefiere sujetos lógicos abstractos, genéricos, inanimados, nominalizaciones. Es consecuencia de la primacía del objeto de estudio sobre el sujeto cognoscente.
La subjetivización del análisis indica otra cosa. Se refiere a la presencia del analista en el proceso, quien debe dejar al margen sus prejuicios. El principio de evidentia resulta decisivo. No hay prueba sin datos, pero tampoco puede concebirse ningún experimento sin ningún tipo de teoría. Es lo propio de la ciencia común -determinación del hecho, acoplamiento con la teoría y articulación de esta mediante nuevos registros u objetos similares-, pero cuando aparecen otros anómalos (nuevos factores o instrumentos más exactos de medición) se produce una anomalía de paradigmas, la frustración de lo esperado y la crisis científica. Puede ir acompañado de un debate (período crítico, fórmula nueva).
De todo esto se sigue que el lenguaje científico no dispone de un lenguaje puro de observación ni es enteramente neutral u objetivo. El cambio de paradigma supone interpretación. Además, las crisis científicas suponen un cambio en la visión conceptiva del mundo. Cada época tiene las suyas.
El mundo “objetivo”, “verdadero” de la ciencia se basa en una substracción lógico- teórica. El método científico se apoya en un mundo común de entendimiento entre los hombres, la unidad cognoscitiva del enunciado, por ejemplo. Y esto ya pertenece al lenguaje. Por tanto, el soporte constatable de la ciencia, su campo de experimentación, presupone correlaciones previas fundamentales, como el ser-en-sí precientífico, del que se ocupa la fenomenología y el lenguaje.
Las representaciones científicas llevan dentro de sí este a priori, del que prescinden o dan por supuesto. Olvidan el correlato ontológico y hermenéutico que las fundamenta.
La comprensión de la realidad se basa en unidades intelectivas y las cosas y objetos representan algo concreto, lo singular o plural del mundo. Ahora bien, estos mismos conceptos son y forman unidades cognoscitivas. Existen cosas varias, distintas, plurales, pero la “unidad”
una suspensión mental, no cabe duda, como los incisos intencionales de la ironía, las anticipaciones mentales, la interrogación retórica. Tales actos pertenecen también al lenguaje. Son el subsuelo de lo que se enuncia. Todo esto forma parte de la intersubjetividad lingüística considerada objetivamente. Existe un modo propio de pensamiento lingüístico.
3.3. ABDUCCIÓN
Las transiciones científicas entre datos o unidades no implican siempre referentes objetivos demostrados, con evidencia empírica de primer grado. En bastantes momentos de la historia, la ciencia ha procedido abduciendo una teoría al no encontrar conexión entre las reglas o principios que explican unos datos y las relaciones que estos presentan en otro orden de consideración diferente o relacionados con áreas de otros datos diversos que, no obstante, ofrecen similitudes, correlaciones, integración de contextos constelados, etc.
El proceso discursivo del texto científico tiende en algún momento a definir los términos y conceptos que introduce. La definición misma puede ser uno de sus objetivos. Los axiomas, postulados (principio primero indemostrable o no demostrado) y teoremas son, en el fondo, definiciones.
La definición sintetiza con precisión y exactitud formal, que se refleja en el lenguaje que la enuncia, los conceptos fundamentales. Su grado máximo de realización es la ley científica: determinación de la regla o constante universal. Tiene carácter atemporal y se enuncia mediante nominalizaciones (algún relativo especificativo, infinitivos, que son parte nominal del verbo, o el presente atemporal del verbo ser). Su proposición hace siempre un juicio.
Las ciencias particulares adecuan esta ley a sus propias exigencias. A partir de ahí, la ciencia predice acontecimientos como derivaciones futuras de lo descubierto. La predicción constituye el grado máximo de certeza científica.
La descripción científica puede adelantar la definición del objeto de estudio al comienzo o introducirla cuando se ha demostrado la existencia de la regularidad constante y de carácter universal entre fenómenos. Si se hace primero, funciona como enunciado del tema objeto de estudio. Si la definición se sitúa avanzado el desarrollo del estudio, resume lo expuesto y, si se hace al final, lo cierra con las conclusiones más importantes. Aquí hay un orden de actuación descriptiva:
Documenta el proceso seguido en la investigación, sus circunstancias, problemas, consultas, recursos, experimentos realizados, pruebas, así como aciertos y desaciertos.
Una variante de la descripción e informe científico es la recensión de un proyecto u obra. Consigna el título, la entidad de realización o editorial, si se trata de una obra publicada, la ciudad de referencia, el período de estudio o año de edición, el número de páginas, es decir, la referencia del conjunto. Se procede de modo similar al de las citas. Y luego, metidos ya en el tema y desarrollo, se continúa según lo indicado en la descripción científica. Es importante señalar los aportes de estudios anteriores.
Como ciencia, la lingüística busca la determinación de su campo de experiencia y la estructura conforme a esa unidad de sentido creando, para ello, una terminología propia. Y recurre, como toda investigación, a leyes y teorías de otros campos científicos con las que sistematiza las suyas, formalmente específicas.
Una vez determinados los elementos esenciales de cada nivel, la terminología adecuada y los principios derivados del método inductivo-deductivo (lo que entendemos por signo), se establece el sistema o código lingüístico.
Pero, como la determinación de unidades y terminología no siempre es uniforme en las distintas escuelas y autores, las teorías de sistemas difieren notablemente. Además, el lenguaje actúa en la creación de la terminología y conceptuación científica. Podemos decir, entonces, que el acto de nominación pertenece a la esencia misma del concepto científico. El nombre es, cuando menos, cognado del concepto.
Una palabra técnica significa en origen algo concreto, preciso, una operación manual, práctica, y hoy día además, un acto complejo de la inteligencia. Esta transición de lo unívoco a lo connotado es continua en el lenguaje científico.
La relación íntima entre lenguaje y pensamiento resulta evidente.
Toda ciencia se determina como conocimiento fundado de la realidad desde la determinación de un objeto material y formal específico. En cuanto tal, lo descubierto por ella es siempre algo nuevo o diferente en relación a lo ya conocido. El proceo implica el uso del lenguaje no solo como medio de comunicación entre los investigadores, sino como acto nominal, fase de anotación, registro de datos, denominación terminológica de partes, elementos, clasificaciones, distribución y, sobre todo, definiciones específicas, unívocas, mediante un vocabulario técnico y estandarizado.
San Agustín describe el modo de conocimiento inicial de todas las cosas. Es el método introspectivo, fuente de cualquier otro conocimiento. La ciencia se manifiesta en las operaciones del pensamiento, al conocerlas. Y el filósofo recurre a la etimología del verbo latino (COGNOSCERE) ponderando el acto de recolección o acogimiento de lo sembrado en la mente por los sentidos, pero de algo más que ellos no pueden recoger, pues no es objeto suyo: las regulaciones internas de los objetos. La ley científica. Influirá en numerosos autores posteriores.
El lenguaje propicia abundancia de términos relacionados con el pensamiento mismo y la semántica filosófica, como sucede en la obra de San Agustín. Se trata de un lenguaje admirativo e interrogativo, que propicia adjetivos, pronombres y adverbios de evaluación de la realidad, recursos propios del afecto y de la problemática intelectual. Y además algo importante que transciende luego en el ensayo: el recuro a metáforas e imágenes precisas, alusiones y elisiones continuas, es decir, tropos. El tropo sensibiliza el fondo conceptual de los términos y vocabulario reflexivo.
También destaca la movilidad y alternancia de la puntuación con comas, puntos y comas, puntos, guiones, con distribución de ideas. Predominan las aposiciones, oraciones enunciativas, interrogativas, adversativas, concesivas, condicionales o causales. Hay, además, abundantes marcadores y correlaciones de cohesión y coherencia.
Una característica del ensayo es la alusión al lector del libro. La escritura adquiere una proximidad afectiva y es una estrategia de intersubjetividad locutiva. A su vez, la obra se convierte en trasunto del yo que la escribe, de tal modo que yo y obra constituyen otra unidad objetiva como la ontológica sujeto-objeto, ya estudiada. Tenemos ahora la correlación yo-obra. Así, tenemos al yo-emisor y al otro-receptor. El libro es símbolo de la unidad intersubjetiva.
La unidad poética de un texto no es la forma que en él observamos por adición de elementos o intenciones extraíbles. Tampoco consiste su unidad en la verosimilitud. El texto en cuanto unidad de sentido viene de su origen. El origen es germinación constante, asistencia continua e integradora o unidad de la obra. No concluye en resultado. Remite siempre a sí mismo.
Al estudiar el ensayo o un texto de ficción literaria nos movemos solo en la frontera verosímil del enunciado. Observamos, no obstante, que algunos autores buscan el máximo de integración intersubjetiva en sus obras. Un caso típico es el de Montaigne. Sus Essais dan la pauta de este tipo de textos.
El modo de decir sobre lo dicho. El enfoque por la que se contemplan los fenómenos de la vida y del mundo. El como y cómo prevalencen sobre el que y qué. Montaigne incluso desaconseja la lectura de su libro a quien pretenda un rato de ocio con ella. Busca la intimidad. No el cuento simple de las cosas.
Este tipo de textos es más que un género literario. Tampoco es un híbrido de ciencia, historia, filosofía, arte y literatura. Tiene algo de todo esto. Su materia y foco formal coinciden en un mundo personalizado de la vida: la subjetividad humana. Y el método es el camino que abre el pensamiento ahondando en su sentido.
No es cierto que el ensayo no profundiza en el tema. Importa antes el hombre que su acontecimiento y, sin este, no conocemos al hombre. Así, diría Ortega y Gasset que el yo se define en su circunstancia.
El objeto específico del ensayo es la resonancia viva y dicente del pensamiento y sentir humanos. Se constituye en referencia o punto de comparación para el estudio del hombre.
Rousseau habla en nombre del género humano. Estudiar a un hombre es conocer a todos los hombres. El análisis de sí mismo dota a Rousseau de una energía también singular. Es el don de libertad que, casi con arrogancia, le permite dirigirse al Ser eterno de lo creado como a un tú correlativo del yo que habla y escribe. El tono confidencial y humilde de San Agustín desvela ahora una confianza profunda.
El ser único y consciente de su autonomía se sincera ante los demás y el “Ser eterno” mostrándose tal cual se siente, actúa, sueña y vive.
En su obra escribe “Yo redacto un proyecto” y alude de nuevo al símbolo del libro, alusión velada al Libro bíblico. Es imagen típica del Renacimiento. Dios escribe o moldea el mundo redactando los principios que lo rigen. Y Rousseau cree inaugurar este nuevo descubrimiento de la naturaleza: el ser desnudo del hombre ante sí mismo, el Creador y los demás hombres. Emplea palabras como “je” o “moi”.
La tematización concreta del yo adquiere dimensión dramática en los ensayos de Miguel de Unamuno. Este autor contrapone al homo de la filosofía, e incluso al modelo ideológico de especie humana, de Rousseau, el hombre concreto, encarnado.
Unamuno advierte la inclinación poética de este modo de reflexión, propiamente humanista. Invierte el encuadre de Aristóteles, quien privilegia a la poesía, más que a la historia, del lado filosófico, y añade un matiz nuevo respecto de la ciencia. Unamuno se fija en el afán de autoconocimiento antes que en los objetos conocidos. El ansia de conocer ya es objeto del conocimiento. No hay nada más universal, por tanto científico, que el individuo, aquello que no admite ninguna división. Lo irreductible.
Habría, pues, un orden o parcela de conocimiento que afronta el principio científico de universalidad en lo concreto singularizado. La abstracción olvida a quien abstrae. Generaliza las constantes de los fenómenos observados como leyes y fundamenta estas en principios universales. Unamuno parte de Niestzsche, pues considera que en la razón “hay siempre algo irreductible” (aquello que la mueve a más búsqueda). Toda ciencia es relación humana, en ser relacional del hombre en y con el mundo.
El autor desafía al principio fundamental de contradicción, el fundamento racional de la lógica, sin prescindir del germen creador del conocimiento. Recurre como Hegel al método dialéctico.
Unamuno nos recuerda la íntima relación del lenguaje con el pensamiento. Su vínculo precede a la ciencia y la explica una vez configurada.
El ensayo participa a la vez del enfoque científico, de la razón histórica y de la reflexión filosófica, pero sin ser exactamente ciencia, historia o filosofía.
Para Ortega, la acción abstractiva es ante todo creadora. Encierra un acto de nominación semántica e implica un conocimiento urgido por la actualidad de la circunstancia. Aun cuando nos volvemos al pasado para conocer las fuentes del tema o problema sugerido, lo hacemos a impulso del presente, del tema de cada día, de nuestro tiempo.
Ortega salva el reducto que la abstracción supone respecto de lo reducido y lo integra de nuevo en la génesis creadora del conocimiento. Salvar el tema con preocupación humana. Buscarle el aspecto que interesa al hombre, la relación que guarda con él.
Los temas que captamos son, finalmente, el hilo con que captamos la fluencia de la vida que transcurre entre los objetos y circunstancias. No hay otro modo o método de obtener este nuevo objeto, decía Rousseau.
Por último, decir que la proyección de hipótesis es aquí más libre que en la investigación científica, no, por ello, menos rigurosa. Por más evidencia que muestre lo vivido, su planteamiento ya obedece a una intención vital y, por tanto, a un deseo intelectivo, que prima, en el fondo, sobre la claridad de la idea obtenida. El ensayista prueba a repetir, como el científico, el experimento de su fluencia vital. La ciencia, también. No hay investigación científica sin vuelo imaginario.
El lenguaje y el conocimiento desentrañan el horizonte humano de la investigación científica.
Los autores de ensayo evocan continuamente al lector. Dependen de él. La lectura está, por tanto, en la base de sus concepciones. Cuando un autor escribe, habla mentalmente y va leyendo, o relee, lo escrito. Lectura es una palabra que lleva implícita la operación comprensiva del conocimiento. Su raíz, lect, es la misma del intelecto y lección (lectio).
La acumulación de palabras en el discurso es la relación interna que las constituye al ser polos de una correlación intersubjetiva, dialógica, pues nacen en función de lo que refieren y de quien las escucha. Cada una lleva una intención alterativa.
El texto se recompone o reconstruye, como dice Derrida, en partes de la génesis (título, párrafos, epígrafes) que lo iba conformando. Podemos rehacer lo escrito, hablado. Pero nunca sabremos cuál
ha sido el proceso real de composición, a no ser que lo diga el propio autor y aun este lo ignora a veces. En un ensayo cabe deducir el orden final por las secuencias implícitas de ideas, capítulos, epígrafes, períodos, párrafos, citas. Rehacemos el mosaico del texto. Sin embargo, en muchas novelas, poemas, nada garantiza una conclusión.
Este proceso deconstructivo nos muestra el modo, al menos uno, de construcción. Nos retroproyectamos, volvemos atrás y, cada vuelta, nos lanza hacia delante. La retroproyección es el mecanismo mental del conocimiento y la constitución, ahí mismo, del lenguaje. Se refleja en la escritura y lectura.
Podemos decir entonces que la lectura rehace lo escrito o hablado reconduciendo sus procesos. Es parte decisiva de la comprensión del lenguaje. Por eso debemos incluirla en el estudio lingüístico. Es su base hermenéutica y fenomenológica.
Una operación tan simple como la de leer implica varios actos mentales. Amor Ruibal considera siete fases en la evolución del grafismo alfabético y conversión del habla en escritura:
intentase significar”.
Al retroproyectar, recordamos lo ya vivido. Procediendo así proyectamos. Retención y proyección son fenómenos de la intención comprensiva, a la que sigue o no la evidencia de lo intencionado. La retención -memoria- y protención -futuro hipotético- se dan en un acto propioceptivo, de captación de uno mismo conociendo y hablando. Aunque no encontremos el objeto, el significado, sí obtenemos el ansia de encontrarlo. Y el lenguaje es propioceptivo por excelencia.
7.1. Computación digital
Hoy podemos codificar matemáticamente este proceso. Es el fenómeno de computación digital. El texto se hiperboliza. Es más que símbolo. Basta trazar vínculos e hipervínculos entre las secuencias
para obtener los modelos, mapas, estructuras, plantillas de conocimiento. El lenguaje sería “una ventana del pensamiento”. Las palabras encajan en los modelos biológicos de la mente, que hoy conocemos gracias a técnicas neurológicas. A la lógica del pensamiento le corresponde la sintaxis del lenguaje.
El paralelismo sería de correlación casi perfecta al encajar cada unidad respectiva. Una secuencia del lenguaje se correlata con otra del cerebro.
La dificultad estriba, no obstante, en saber si las palabras se produjeron así realmente. La hipótesis genética solo respondería a cómo se reproduce el lenguaje una vez adquirido (ya inventado). Aún no tenemos evidencia del instante del pensamiento del lenguaje, o del lenguaje pensamiento. Seleccionamos un modo de actuación lingüística, lo computamos por simulación de acuerdo con las emisiones fluidas del cerebro al pronunciar o leer palabras, y deducimos correlación mutua. La computación simboliza numéricamente las relaciones y representaciones mentales.
La computación lingüística subsume al lenguaje en el sistema de conocimiento. Ya Saussure cifraba en el código del signo lingüístico la clave significativa de todo sistema semiológico.
He aquí, en síntesis, un resumen del proceso neurolingüístico. Evidentemente, pudiera suceder que el lenguaje, ya previamente constituido antes de computarlo, se hubiera producido o creado de otro modo. Ahora bien, su reproducción nos demuestra que, al adquirirlo, impresiona el cerebro, lo imprime y una parte suya reacciona, al menos, de tal manera. No se puede decir que lo crea el cerebro. Si fuera así, todos hablaríamos el mismo idioma.
Benveniste advirtió esta característica del fenómeno lingüístico. En la estructura formal del lenguaje, la realidad del objeto no se separa del método apropiado que lo define. Los niveles del lenguaje no son externos al análisis, sino algo interno suyo. Esta relación de una unidad a otra en la que halla su horizonte de integración resulta fundamental para la ciencia lingüística.
La perspectiva de horizonte se da en toda unidad correlatada, por tanto también en el fonema, pues no existe por sí solo. El horizonte de integración asiste como factor correlativo a priori a cualquier unidad de lenguaje. No puede separarse el nivel fonémico, de la sintaxis, aunque después (determinada la estructura sintáctica) observemos el orden ya constituido como resultado relacional de un operador-argumento (Harris). Este enlace relacional muestra que existe un principio interno de conformación.
7.2. Profundidad del texto
Veamos algunos ejemplos de hipertexto según la disposición computacional de secuencias fluyentes por niveles y en paralelo. La idea proviene de Ted Nelson, quien introdujo los términos de hipertexto e hipermedia.
Cada retícula es el homólogo de las fichas en la información científica o las notas previas a la redacción del ensayo. En vez de grafos, tenemos ahora números y burbujas electromagnéticas, nanológicas, que reproducen a gran velocidad luz y sonido.
(DIBUJO LIBRO 360)
Singularidad suya es que podamos acceder a este espacio reticulado desde cualquier punto. Nos permite abrir nuevas rutas, itinerarios, en quebrada, circularmente, en ángulo recto, a saltos o en zig-zag. Y si prende el sentido en alguna de estas trayectorias, ciframos un texto que automáticamente queda emplazado por el contexto. Trazamos la figura integradora de un contorno, o como prefiere Ortega, un escorzo: delineamiento de sentido.
El hipertexto convierte el fono en icono y, a este, o alternativamente, pero de modo simultáneo, en fondo y superficie. Nuestra percepción tiene siempre a configurar una figura o forma (Gestalt) que esboce algún tipo de sentido. Palabra e imagen interactúan estableciendo relaciones recíprocas. Bajo tal consideración, una página de periódico puede ser hipertexto si, al colocar una foto de alguien, situamos en otra columna contigua un titular no directamente relacionado, pero que el ojo percibe conjuntamente.
Suele decirse que el hipertexto es multívoco, no lineal, y que, por el contrario, el texto delinea siempre en un mismo sentido. El hipertexto asocia mediante nexos, nódulos, redes de implicación, trayectos. Sin embargo, estos recursos también existen en el texto académico y literario: es interactivo, asocia imágenes mentales a lo leído, o ilustraciones gráficas; el contexto recurre continuamente al lenguaje no verbal, icónico; y los vínculos tienen la misma función psicológica y cognitiva de superponer, replicar... En análisis gramatical usamos nexos, nodos, redes, trayectos, reversibles en cuanto a su entendimiento. Así procede la gramática generativa. El hipertexto equivale al esquema gráfico del resumen textual, animado con recursos paraverbales.
Resumiendo, todas las características del hipertexto se hallan en el texto. Aquel no existe sin este y sus condiciones de reproducción. El modo de funcionamiento es común: retroproyectivo. Las diferencias son cuantitativas y de velocidad de transmisión. Comparemos unas y otras:
La lenta incorporación del e-book funde muchas de estas características y sintetiza las diferencias. El texto y su configuración comprensiva es siempre el fundamento del hipertexto. Podemos decir incluso que todo texto presupone un horizonte de comprensión metatextual. Se reinterpreta. Y este efecto es el que programa el hipertexto. Pretende el marco global de integración comunicativa. Disimula los fragmentos y puntos numéricos con la velocidad de transmisión en la también veloz comprensión receptora.
En el hipertexto subyace una canalización discursiva programada. Hay un autor y un lector implícito. Se ha realizado una lectura previa, una representación. No todos somos creadores, pero cada uno dispone de una ilusión sugestiva. El programador lo sabe y la aprovecha para codificar el modo de observación lectora.
La proyección de imágenes secuenciadas crea una ilusión de movimiento (como el cine). Tal virtus opera también en el texto. Recubre el presente con un halo de ausencia. En uno y otro caso hay huecos y varía la intensidad, el medio de presentación, pero el fenómeno comprensivo sigue siendo único. Los términos hipermedia o mass-media reflejan ese efecto cuantitativo. Intervienen medios múltiples y llegan a mayor número de receptores.
La lectura tiende siempre a un centro de comprensión entitativa, a un punto culminativo. Es la estructura elemental de representación y narración discursiva. Acontece en ella la relación ontológica sujeto-objeto integrada en la acción cognoscitiva según contexto. Y la gramática la refleja con la estructura que ya conocemos. De donde resulta la síntesis gnoseológica de la Gramática poética, también conocida (capítulo cuarto).
Alcanzamos así la secuencia mínima de narración discursiva. El lenguaje evidencia el dinamismo del conocimiento. En cada una de las unidades textuales hay un proceso de inherencia específica, un punto de conformación cuyo acto, simple y uniforme, es complejo.
Es el ámbito de categorización. El decir, gramática, discurso y texto concentra la relación cosmos-mundo, su contexto, en la unidad de conocimiento, relacional entitativa.
El instersticio de texto y discurso es la acción común unificada, siempre nueva, del lenguaje.