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La crisis alimentaria, Apuntes de Geografía Política

Asignatura: Geografía de Asia y África, Profesor: , Carrera: Estudios de Asia y África: Árabe, Chino y Japonés, Universidad: UAM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 10/05/2013

madotsuki
madotsuki 🇪🇸

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alimentaria Movilizaciones en el Sur Laurent Delcourt Primer semestre de 2008. El Sur vive una oleada de violentas irrupciones popula- res tras el vertiginoso aumento de los precios alimentarios. Ningún continente logró escapar. Como un reguero de pólvora, estallan de manera sucesiva manifestaciones urbanas en Guinea, Burkina Faso, Camerún, Senegal, Haití, Costa de Marfil, Filipinas, Bangladesh, Pakistán, Indonesia, Malasia... Ocurren casi de forma simultánea en Marruecos, Túnez y Egipto. Por doquier el escenario parece repetirse: aumento local de los precios, manifestaciones de cólera popular, saqueo de tiendas o almacenes, proclamación de estado de emergencia por parte de las autori- dades, enfrentamientos violentos con las fuerzas del orden que, en ciertos casos, no vacilan en disparar contra la “multitud”. Rápidamente un viento de pánico se apodera de la comunidad internacional. Ante esta multiplicación de “manifestaciones contra el hambre”, algunos hablan ya de la “primera crisis alimentaria global después de la Segunda Guerra Mundial”. Otros señalan el carácter inédi- ISBN: 978-84-7884-450-0 Il Il LU MA allz84478 8445001 to de esta crisis, muchos temen el contagio alborotador. El tono es alarmante; el cuadro pesimista: Se trata de 100 millones de personas, señalan las Naciones Unidas, que podrían caer en la pobreza debido al alza de los precios de los productos alimentarios básicos, si no se toma ninguna medida enérgica. Sin embargo, el concepto de “soberanía alimentaria” sale a relucir, que sintetiza los dife- rentes retos ligados a los problemas agrícolas y alimentarios y define un proyecto alternativo para las políticas de liberalización, y que puede servir de base a tales convergencias, como lo muestra el éxito de la experiencia de Vía Campesina. Por otro lado se reclama una reorientación radical de las políticas agrícolas para superar el caos a cuya creación ha contribuido la globa- lización, recordando de paso que las | de libre comercio han desestructurade sociedades rurales y “lanzado a millc trabajadores rurales y urbanos a una ec informal, en donde el hambre constitu. realidad cotidiana”. UNIVERSIDAD AU ONOMA LE MAD | | | | ! | 5409659604 La crisis alimentaria... Movilizaciones en el sur Coordinado por Laurent Delcourt Laurent Delcourt Shawn llattingh Patrick Mbataru Michel Luntumbue Fred Eboko Olutayo Adesina Augustin Loada Demba Muussa Dembélé Lamia Zaki Sarah Ben Néfissa Caroline Abu-Sada Myriam Catusse Karam Karam Laurent Bonnefoy Aysen Uysal Vinod Raina Sarath Fernando Editorial Pp Hamíidul Hug Lau Kin Chi Jacques-Chai Chomthongdi Raoul-Marc Jennar Khudori Tamatoa Brambridge Hiria Ottino Maristella Svampa Manielle Palau Mamerto Pérez Carlos Walter Porto-Gongalves, Paulo Roberto Alentejano Héctor Lucena Leticia Montilla Maggy Mathurin Simona Violetta Yagenova Guillermo Almeyra opular La primera edición de este libro fue publicada en francés Índice por Centre Tricontinental (louvain-laNeuoe, Bélgica) y Editions Syllepse con el título La Crisse Alimentaire EDITORIAL Movilizaciones en el Sur ante la cri is alimentaria, Laurent Delcouré 1 9 PARTE I África Subsahariana Capítulo E Sudáfrica: movimientos sociales frente a la industria agroalimentaria Shawn Hattingh 45 Capítulo 2 Kenia: inercia de la sociedad civil, insuficiencia de las políticas agrícolas 1 53 € Editorial Popular, Madrid, 2009 Ci Doctor Fsquerdo, 173 6? Izqda. 28007 Madrid - España Mbatari Tel: 91 4093573 Fax: 91 37341 73 mail: popularifeditorialpopular.com Capítulo 3 http:/ Fwwys.editorialpopular.com República Democrática del Congo: una crisis que genera otra | 39 Michell antumbe Centre Tricontinental Capítulo 4 Camerún: actores y lógicas de los disturbios de 2008 Pret Lboko és; Éditions Syllepse 67 1.5.B.X.: 978-84-7884-450-0) DT. NA-2837 ¡2009 Capitalo 3 Nigeri Disdayo Adesina . . : poca acción colectiva, mucha violencia | 75 Diseño de portada: José Luis del Río Traducción: Alexander Paredos Capítulo 6 Imprime: Llzama Burkina Faso: pequeñas maniobras y grandes resoluciones ante las movilizaciones 81 Printeal in Spain > Lmpreso en España Agustín Londo Quedan rigurosamente proúbidas sin la autorización escrita de los titula- Capitulo? res del «copyright», bajo las sanciones establecidas en las leyes, la repro- Senegal: toma de conciencia a favor de la autosuficiencia alimenta- ria | 93 Deraba ¿Ansa Dem ducción Lotal o parcial de esta obra por exalquier medio e procedimiento, vomprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución ale ojemplares de ella mediante alquiler o préstamo publicos Capita Bolivia: La actual situación alimentaria ¿erisis o momento dificil? 1 223 al Brasil: movimientos campesinos ante las consecuencias territoriales del alza de los precios | ln Pto Retardo Alertcimo Capilares Venezuela: La crisis alimentaria mundial Politicas públicas y movimientos sociales | 239 m1 Dacia A Capitulo a 0] Sá laití: cólera popular en un momento de crisis total | 24 May Mathuría Capítulo 7 Guatemala: Las luchas sociales frente al impacto de la globalización neoliberal | 253 Sinnia Vialcita Yégenooa Capítulo 3 Mexico: la tortilla voladora y la lormenta que se aproxima | 259 pon heras Almera 231 Editorial Movilizaciones en el Sur ante la crisis alimentaria Laurent Delcourt! “Pensumos que debemos dar a esta crisis tm nombre más exacto. Todavía hay que encontrarlo. Pero no se trata de unta crisis alimenta ria. Es una cr de valores que atañe tanto 1 las empresas trans cionales y a los gobiernos nacionales como u la cooperación internacional.” Sinforiano Cáceres, presidente de la Federación Nacional de Cooperativas, Nicaragua (Envio, 2008). Primer semestre de 2008. El Sur vive una oleada de violentas irrupciones populares tras el vertiginoso aumento de los precios alimentarios. Ningún continente logró escapar. Como un regue- ro de pólvora, estallan de manera sucesiva manifestaciones urbanas en Guinca, Burkina Faso, Camerún, Senegal, Haití, Costa de Marfil, Filipinas, Bangladesh, Pakistán, Indonesia, Malasia... Ocurren casi de forma simultánea en Marruecos, Túnez y Egipto. Por doquier el escenario parece repetirse fiel- ment : aumento local de los precios, manifestaciones de cólera popular, saqueo de tiendas o almacenes, proclamación de esta- do de emergencia por parte de las autoridades, enfrentamientos violentos con las fuerzas del orden que, en ciertos casos, no vaci- lan en disparar contra la “multitud”. Y Sociólogo hiscorador, encargado de estudias en el CETRI (Centro Tricontinental), lsurvain- Neuvo. 0 - La erisis alimentaria, Movilizaciones y alternativas Movilizaciones en cl Sur ante la crisis alimentaria - 11 Las pérdidas humanas son muchas: en total, cientos de heri- dos y decenas de muertos, sobre todo en África (Camerún, Costa de Marfil, Maurilania, Somalia, etc.). En algunos países, la presión en las calles es tanta que los gobiernos nacionales se ven directamente amenazados. Haití constituye una dolorosa expe- miencia de ello: al término de tres días de disturbios que provo- can la muerte de cinco personas, de ellas un casco azul de la MINUSTAH (Misión de la ONU para la estabilización en Haití, oslantes), y el uno de los blancos privilegiados de los manif intento de loma del Palacio Nacional, el gobierno de Alexis se ve obligado a dimitir. En otros lugares, la cuchilla de la represión Cae: ya no se tienen en cuenta los arrestos. Rápidamente un viento de pánico se apodera de la comuni- dad internacional. Ante esta multiplicación de “manifestaciones contra el hambre”, algunos hablan ya de la “primera crisis ali mentaria global despu de la Segunda Guerra Mundial”. Otros seña- lan el carácter inédito de esta crisis que en adelante azotará fuertemente a las ciudades. Muchos temen el contagio alborota- dor. La prensa internacional, en un discurso con acentos dramá- licos, se convierte en el eco de los acontecimientos. El Waten, el principal per] dico argelino, predice, ante el aumento de los precios alimentarios, una nueva “inflación de la pobreza” (Ali Benyahía, 13 de abril de 2008). El semanario briláni- co The Observer enciende la alarma poniendo en guardia contra cl “espectro de la catástrofe” que “se lanza sobre el planeta” (MacKie, Steward, 13 de abril de 2008). É cia en Le Monde, el “regreso de las barrigas vacías” y previene: “Para ric Le Boucher, por su parte, anun- cientos de millones de pobres, la contida supera el 75% del ingreso. No tienen más opción que el ayuno. La inflación alimentaria corre el riesgo de aniquilar la victoria histórica contra la pobreza y la desnutrición que el hambre estaba a punto de lograr (sic)” (13 de abril de 2008). Las instituciones internacionales evidentemente tomadas Por sorpresa por el alcance y la gravedad de la crisis, pese a las reiteradas advertencias de la FAO desde hace varios meses”, activan una tras otra la alarma y plantean los primeros diagnós- ticos. El tono es alarmante; el cuadro, pesimista: se trata de 100 millones de personas, señalan las Naciones Unidas, que podrían caer en la pobreza debido al alza de los precios de los productos alimentarios bá cos, si no se toma ninguna medida enórgica. Al acumular niveles elevados de subalimentación crónica, un fuer- le crecimiento demográfico y una gran dependencia con respec- to a importaciones energéticas y alimentarias, cerca de unos cuarenta países son evaluados como particularmente vulnera- bios. Los países emergentes, advierten también, sí continúa el alza de los precios, podrían no verse afectados por las huelgas, pero sí por fuertes tensiones sociales, Las diferentes agencias de la ONU mulliplican las llamadas a la acción y a los planes de emergencia. Seguidamente, la FAO convoca una cumbre extraordinaria en Roma (junio de 2008) y Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, para quien esta crisis podría acabar con cerca de siete años de esfuerzos en la lucha contra la pobreza, aboga por cl establecimiento de un “New Deal alimentario” que priorice nuevamente las inversio- nes agrícolas. Por su parte, las grandes potencias Estados Uni- dos y Europa a la cabeza— se comprometen a aumentar su. ayuda alimentaria y el desarrollo agrícola. La inquietud resulta evi- dente en los círculos de los dirigentes mundiales, en donde algunos opinan que la inseguridad alimentaria significa en ade- lante una amenaza mucho mayor que la que ejerce el terrorismo sobre la estabilidad internacional. En el Sur, numerosos Estados no tardaron en tomar la delan- tera. Por miedo al furor en las calles, se han tomado medidas de urgencia para contrarrestar la espiral inflacionista: bloqueo “Desde Sutio de 207, la FAO había propues: sin tajo, la organización de uno Canterencia de alto nivel Subre laseguridad alimentaria y en dictorabr- del mismo año, el prever la recvinenda y el card ler de en vs ea especial ua multipiización de les manifestaciones conta el darnos, había propecaso na ini vistiva, también poca apoyada, contra «l súsito aumente de los per ios de los alimentos y a 2avos del aramento de la producción agrícola mundzal. 14 - La crisis alimentaria. Movilizaciones y alternativas ciones”, fieles testimonios de las tensiones que viven las socie- dades del Sur, no deben leerse e interpretarse como simples accidentes coyunturales, aislables en el tiempo y el espacio, sino restifuirse a un continuo o a una genealogía de luchas y resis- tencias ancladas en conlextos sociales, políticos, culturales, específicos y variados, Xecesilamos, finalmente, para completar el cuadro, hacer justicia a los otros tipos de rcacciones populares que engendró el disparo de los precios y para lograrlo, ampliar la perspectiva. En otras palabras, pasar de una geografía de la huelga a una geografía de la protesta, con el fin de evidenciar la gran diversi- dad de las resislencias, de los registros de acción colectiva y de facción en el los lugares de expresión de la insatis Sur. Pese a que los medios de difusión internacionales han cen- trado su atención esencialmente en las huelgas urbanas por su simultaneidad y su carácter espectacular, han ignorado amplia- mente los demás tipos de movilizaciones, en especial en el medio rural y fuera de este famoso “cinturón de pobreza” defi- nido por la FAO. Estas luchas, ciertamente más convencionales, menos ruidosas sin duda, son muy importanles para compren- der los múltiples retos relacionados con la cuestión alimentaria, tanto en el plano nacional como en el plano internacional. Ela- borar un panorama de estas movilizaciones colectivas en su diversidad y su complejidad, situarlas en las realidades nacio- nales, comprenderlas de acuerdo con las tendencias mundiales constituye el desafío que asumimos en este momento. Raíces de la crisis Un concurso de circunstancias, un efecto de coyuntura, una combinación infeliz e irreflexiva de factores agravantes, en donde cada cual se atribuye un papel más o menos determinan- te, de acuerdo con la lectura que se hace de la crisis; ésta es la explicación más frecuente que brindan los expertos y los medios Movilizaciones en el Sur ante la crisis alimentaria 15 de difusión masiva para dar cuenta de la actual problemática alimentaria: aumento de los costos de la energía; cambio climá- tico; aumento de la demanda debido a las nuevos hábitos de consumo en los países emergentes; disminución de la oferta producto de las malas cosechas en algunos países exportadores (Australia, Brasil, Ucrania, etc.); agotamiento de las reservas internacionales a su grado más extremo desde la Segunda Gue- rra Mundial; anticipación a los precios y especulación con res- pecto a los productos alimentarios convertidos en valores de escape en un moroso clima económico y financiero; voluntad de ciertos países exportadores de reservar su producción al merca- do interno; caída del dólar; yy sobre todo, la carrera de agrocar- buros que se ofreciera en algún momento como una receta milagrosa contra el cambio climático”. in duda, estos factores han influido a diferentes niveles en el repentino aumento de los precios alimentarios, pero no más il en que los propios faclores endógenos (sequía, guerra ci Kenya, bloqueo de los territorios palestinos, etc.) que no agotan toda la explicación de la crisis alimentaria. No damos cabida al engaño por el carácter espectacular del alza de los precios que azuza el miedo ncomaltusiano de una penuria generalizada de bienes alimentarios ante una galopan- te demografía. En realidad, en estos cincuenta últimos años, la producción alimentaria y agrícola mundial ha aumentado de forma tan rápida, si no más rápida, que el crecimiento demo- gráfico?. En la actualidad, a pesar de que desde hace varios años los niveles de producción récord se habían registrado y podrán Varios ej vialistas opinan que la predue ón de agsacarzusos conteibniria -costande con las pol.sicas ¿programas de iaverscón, subsidios, en 3 y os eteclos especulativas andodos= al 75%, del samerta de los previos desde el 2046 ¿De da rates, 2008), Y segs Marvel Mazayor tovinsmista e ingenioro apónorto, pratrsor demertto del Inscitito Nas iomal e Agrimswma Paris Crignon, aresicente de: Comúls £si prsgrana de da FAO de L9NT a 198%), ha bastante: herra cultivasle some pata alimentas de manera ssitenible a toda la población inclina hasta «2 2050, cuando ésta hsbrá alcanzado Lodo su posiblr apogeo dexnográfica, sin Terr vu euenta los bosques y las ieeras reservadas a otros cultivos (agrocarburos, por ejemplo Pese el autor recuerda, ne obstante, que el ojet «uctos irrencarios para mejorar así su product ida (Mazoye, 20084, ve sólo podrá alcanzarse si se permilon anversiones substendales est el vector del cultivos de pros le La crisis alimentaria. Movilizaciones y alternativas si nada alcanzarse nuevamente en un futuro, bastaría con <: «disminución relalivamente ligera de la producción en algunos de los grandes países exportadores junto a fenómenos de antici- pación para provocar un alza desproporcionada de los precios en los mercados inlernacionales. Pero aun así este impulso no constituiría algo excepcional, de no ser quizás su rapidez, sobre todo por intervenir despues de un largo período de baja tendenciosa de los precios agrícolas y alimentarios: “Esta situación, explica Sylvie Brunel, recuerda las anteriores de 1973-1974 y de 1996, que constituyen también períodos de tensión sobre los precios.” Y la economista añade: “Lo novedoso de esta situación radica en el hecho de mostrar la extrema vulnerabili- dad y la dependencia de numerosos países en desarrollo con respecto a sus importaciones alimentarias” (2008). Evidentemente, las consecuencias tan desastrosas que tuvo la taba pre- coyuntura en el Sur se deben a que el terreno aquí ya es parado. La memoria mediática es corta, Ya en los años 1980-1990, los países en desarrollo constituyeron el teatro de numerosas huelgas urbanas... cerca de unas cincuenta. Recientemente, Níger (2005), Bangladesh (2006), Mauritania, Guinea e incluso México y Marruecos (2007) han experimentado rebeliones simi- lares, a pesar de que estos dos últimos países no aparecen en la lista de los llamados países “vulnerables” de la FAO. Otra manera de plantear la interrogante es: ¿cómo llegamos a esto? ¿De qué forma ciertos países, antes autosuficientes, se han sumergido en semejante dependencia? Aunque la meláfora naturalista utilizada por el representante europeo para el desa- rrollo, Louis Michel, que habla de un “tsunami económico y huma- nitario” para calificar los recientes sucesos, expresa muy bien la gravedad de la situación, no resulta por ello menos falaz, ya que esta “crisis alimentaria” era perfectamente previsible. Sus raíces son profundas y su amplitud en los países del Sur dependen más de las opciones políticas y económicas que se han adopta- Movilizaciones en el Sur ante la crisis alimentaria - 17 do, reforzando así una vulnerabilidad que se ha hecho poco a poco estructural, que al solo efecto de coyuntura o a un simple accidente de recorrido. Esta crisis, no tanto por la carencia, sino por el acceso a la comida para los países y los grupos más pobres, tiene sus causas principalmente en la transformación de los sectores agrícolas nacionales durante las últimas décadas. Para comprender bien esta evolución se hace necesario un breve regreso en el tiempo. En los inicios de 1980, estalla la cri- sis de la deuda. Con el fin de paliar un presupuesto ya amplia- mente explotado por el “servicio” de esta última, la mayoría de los Estados del Sur se ven impulsados por las instituciones financieras internacionales a ajustar su economía. Se conocen las recutas: austeridad presupuestaria, privalización de los servi- vios públicos, cortes netos a los gastos sociales, apertura a los intercambios y a los capitales extranjeros, etc. El propio sector agrícola, costoso y poco productivo según dicen, constituye también objeto de reformas de fondo. Los paí- ses en desarrollo se ven incitados a eliminar las regulaciones de sus mercados agrícolas, abrir ampliamente sus fronteras a las importaciones (especialmente alimentarias) y desarticular sus políticas de asistencia al sector, incluso las instituciones públicas encargadas de controlar a los productores. Paralelamente se les vxige que enfoquen su producción y la exportación de produe- tos de mayor valor añadido (fuentes de divisas en los mercados internacionales) y para los que disponen de evidentes ventajas comparativas (mano de obra abundante y barata, condiciones de explotación favorables, facilidades en el acceso a los recursos, ute), en detrimento de los cultivos de productos alimentarios. Para los que concibicron estas políticas neoliberales, la seguri. dad alimentaria no peligraba realmente ya que los mercados internacionales se ocuparían, en teoría, del abastecimiento de los mercados locales —urbanos en particular— con productos ali- mentarios de precios bajos, en especial los de la agricultura del 20 - La crisis alimentaria, Movilizaciones y alternativas empresas agroindustriales que supieron aprovechar plenamen- te la apertura y la liberalización de los intercambios agrícolas (acceso a nuevos mercados, disponibilidad de mano de obra, posibilidad de concentrar nuevas y mejores tierras, compradas por un pedazo de pan a los campesinos pobres, etc.) o exiliarse en las aglomeraciones urbanas con el fin de inslalarse en los suburbios cuya alimentación el campo ya no podrá asegurar. Asimismo, la apertura del mercado mexicano al maíz impor- tado de los Estados Unidos obligaría a cerca de 1,3 millones de campesinos a abandonar los campos entre 1994, fecha de la firma del ALENA (Acuerdo de Libre Comercio Norteamerica- no) y el 2003. El país, antes autosuficiente, importa en adelante de los EE.UU, cerca del 30% del maíz necesario para su consu- mo. En este caso, la deci ¡Ón de los Estados Unidos de producir de manera masiva agrocarburos a base de maíz, junto a los jue- gos especulativos de las principales empresas importadoras en condiciones casi monopólicas, va a provocar en algunos meses un aumento de cerca del 60% del precio de la tortilla, causa de las huelgas de 2007. La entrada de Filipinas en la OMC tuvo también consecuen- cias catastróficas en cl campesinado local. La supresión de las cuotas sobre las importaciones del arroz y la decisión del gobier- no de Aquino de reducir drásticamente la ayuda a los producto- res para aliviar el presupuesto nacional, provocaron la disminución de la población activa en los campos en unas 400.000 personas entre 1994 y 2001. Entonces, el gobierno prometió que las eventuales pérdidas de empleo serían más que compensadas mediante la creación de 500.000 puestos de trabajo adicionales en los campos, gracias al surgimiento de una industria agroexporta- dora basada en producciones de “mayor valor añadido” (coliflor, brócoli, espárragos, etc.). Filipinas, exportadora neta de arroz duranle el régimen autoritario de Marcos (1965-1986), importaría en adelante cantidades considerables de Tailandia para el consu- Movilizaciones en el Sur ante la crisis alimentaria - 21 mo doméstico (Bello, 2008). En estas condiciones, tras la brusca motivación par las cotizaciones internacionales del artoz, la gente de las ciudades, repletas por la llegada masiva de campesinos pobres, tendrán que pagarlo caro. Después de esto, como señala con razón Sylvie Brunel, “act sar a los países del Norte y a las instituciones financieras internacio nales de haber querido sumir en el hambre a los países en desarrolla, L...] forma parte más bien del oportunismo coyuntural que de una rea lidad” (2008). Los países industrializados y las instituciones internacionales no son los únicos responsables de la erosión del paisaje agrícola en los países del Sur. Preocupados por maximi- zar sus intereses económicos y políticos a corto plazo, “los país en desarrollo, mucho antes de la crisi de la deuda, fueron los primeros en sacrificar a sí campesinado sobre el altar de la urbanización, la industriatización y la paz social” (1bí4.). En efecto, desde los años 60, la mayoría de los gobiernos del Sur obviaron de forma intencional el desarrollo y fortalecimien- to de la agricultura familiar y de subsi tencia, juzgada poco importante desde un punto de vista estratégico, para concentrar sus inversiones y sus esfuerzos en programas de industrializa- ción con progreso forzado. Esta modernización a alto nivel se apoyó en la importación masiva de víveres a bajos precios”, como medio, en un lógica de cliente, de comprar la paz social en la ciudad y moderar los salarios con vistas a facilitar el proceso de industrialización, corriendo el riesgo de afectar a un sector que representaba entonces a la gran mayoría de la población activa y de aumentar su dependencia alimentaria. La importación de productos alimentarios lenía además la ventaja de aportar tasas providenciales para estos gobiernos sin dinero y con falta de legitimidad. En múltiples casos (Brasil Se tracaba sobe todo de excodntos de prodscción concsdidos aimablercenee per las bsiados Unblas en calidad dl: ayisla alimentaria o vendidos a precios concesit ys, En exte periodo e Guerra Fría, la ayudo alimenteria tera con ob. etivo estratégico. Los Estados Liwichos al igual que la LRSS utiizaran el instras merto de la ayuda alimentaria para retorzar las aliencas. 22 - La crisis alimentaria. Movilizaciones y alternativas Argentina, Indonesia, Tailandia, Egipto, Costa de Marfil, Kenya, elc.), este proceso ha estado acompañado igualmente de una polí- tica dirigida al desarrollo de los monocultivos de exportación heredados del período colonial, a expensas de los cultivos de sub- sistencia (Friedmann, 2008; Mazoyer y Roudart, 2002). Más arde, durante la fase neoliberal, son varios los gobiernos que tomaron por sí solos además la iniciativa de desregular su mercado agrí- cola, sin esperar las directivas de las instituciones internacionales, No ver las responsabilidades locales en el deterioro de la situa ción implica impedir la comprensión del significado y el “alcan- ce” real de las movilizaciones sociales y populares en el Sur. Movilizaciones: actores, formas, retos... Aunque el origen de la “crisis alimentaria” se encuentra principalmente en la reestructuración del paisaje agrícola y la erosión de la agricultura familiar durante los veinte, treinta e incluso cincuenta últimos años, los efectos más inmediatos del alza de los precios se hicieron sentir en las ciudades. También en las ciudades se registraron las más violentas reacciones popula- res ante la subida de los precios. Con razón, a medida que tenía lugar el triple proceso de éxodo rural, de urbanización y de extraversión económica, las ciudades del Sur acabaron depen- diendo casi exclusivamente de las importaciones de productos alimentarios para alimentar a una población cada vez más numerosa y en adelante a merced de la menor oscilación de las cotizaciones internacionales. Sin embargo, las protestas urbanas, intensificadas por la caja de resonancia mediática, no deben hacer olvidar que la proble- mática alimentaria concierne más a los campos que representan, la mayoría de la población en situación de extrema pobreza?. Pero centrémonos primero en las protestas urbanas. "Segun Marcel Mazuyer, de Jos 552 wilones de pernos que padeeca de hambre ee ol Planeta, Tas tres exarias partes sun rurales, Los campesinos representan cerca de un tercio de los 3 mil rnillones de per ctas ago icon ome mein do 2 casos diarios (200%), Movilizaciones en el Sur ante la crisis alimentario 23 Protestas urbanas Primeramente, señalemos que dudar de un solo culpable por las numerosas expresiones de descontento en medio urbano ante el alza de los precios significa especulación, pues en este caso, la diversidad impera: diversidad de lugares, de situacio- nes y de contextos de movilización, diversidad de formas y de repertorios de acción, diversidad de participantes y actores pre- senciales, diversidad de motivos, etc. ¿Qué elemento común sino una mera coincidencia podríamos ver en efecto entre las huelgas de Puerto Príncipe; los estallidos esporádicos de vio- lencia en Abidján o en Karachi; los enfrentamientos homicidas entre jóvenes desempleados y las fuerzas del orden en las pequeñas ciudades de Sidi Tfíni en Túnez y Gafsa en Marruecos; la larga huelga de las transportistas viales en Managua por una disminución del precio de la gasolina; la de los obreros de la industria textil en Bangladesh y en Egipto, o las generales e intersectoriales organizadas en El Salvador, Guatemala, la India o Sudáfrica? Ya reactivas o reivindicativas, ya espontáneas o estructuradas, ya dispersas o unificadas, escalofríos superficiales o profundo estremecimiento; estas protestas urbanas difícilmente se insertan en un único patrón interpretativo. En primer lugar, porque su carácter y alcance dependen fuertemente sin que signifique una reducción total a este elemento— de los contextos nacionales en los que se insertan, caraclerizadas por lógicas de conflicto propias. En segundo lugar, porque los retos que las estimulan las alejan a menudo de la única problemática alimentaria. En este contexto de alza de precios, se han movilizado en efecto varias categorías alrededor de variados temas y de causas diversificadas. Estas movilizaciones, al prolongar a menudo luchas mucho más antiguas, revelan sobre Lodo las fuertes ten- siones (sociales, económicas, políticas, culturales, étnicas, etc.) 26 - La crisis alimentaria. Movilizaciones y alternativas Movilizaciones campesinas Esta crisis alimentaria también ha beneficiado a algunos: las empresas agroexportadoras y los negocios agrícolas han apro- vechado plenamente el alza de las cotizaciones. La coyuntura de precios elevados, desde inicios de los años 2000, les ha permiti- do no sólo acumular beneficios sustanciales, sino también refor- zar su posición económica. Los pequeños negocios familiares, en cambio, no corrieron la misma suerte, pues para ellos los beneficios potenciales de la coyuntura fueron anulados por el aumento de los costos de producción (alza del precio del com- bustible, la lierra, el cultivo, la importación de maleria agrícola como la semilla, etc.), del transporte, las prácticas abusivas de los negociantes en condición de casi monopolio en las zonas ais- ladas e incluso una dramática situación de endeudamiento. Más allá de los efectos coyunturales, recordemos una vez más la doble tendencia histórica, aplicable a los Lres continentes (Africa, América Latina y Asia), que empobreció profundamen- te y desarticuló a las sociedades campesinas: la baja creciente de los ingresos agrícolas, agravados por la apertura de los merca- dos y cl reforzamiento concomitante de un modelo productivo dirigido a los monocultivos de exportación y a los grandes pro- yectos industriales y de infraestructura que agudizan la presión sobre la tierra y los recursos nalurales (agua, bosques, etc.). Con- tra esta doble tendencia venenosa para el mundo del pequeño y mediano campesinado se movilizan, desde hace varios años, movimientos sociales rurales, campesinos e indígenas, ulilizan- do cada uno un registro de acción defensivo, ofensivo y reivin- dicativo. En los países emergentes, los proyectos de modernización económica (concesiones mineras y petrolíferas, construcción de prosas, creación de zonas francas, etc.) y sus corolarios (expul- sión, expoliación, etc.) constituyen la causa de una multiplica- Movilizaciones en el Sur ante la crisis alimentaria ción de las resistencias en el mundo rural, algunas espontáneas, otras asumidas por organizaciones bien plantadas a nivel local o nacional. En la Indía, China, Indonesia o Filipinas, por ejem- plo, las zonas francas o zonas económicas especiales, creadas como iniciativa de los gobiernos para atracr las inversiones extranjeras y favorecer la expansión económica, constituyen actualmente el teatro de una serie de conflictos entre las pobla- ciones rurales (indígenas y campesinas) por una parle, obliga- das a ceder su tierra por un precio irrisorio o a cambio de vagas promesas de reinstalación, y las autoridades públicas y los grandes grupos privados por otra parte? Este tipo de conflicto se intensifica de igual modo en Améri- ca Latina, donde la lucha contra cl modelo agrícola ncolíberal y sus avalares ha tomado en varios países (México, Paraguay, Bra- sil, etc.) nuevas fuerzas en el contexto de la crisis. Asimismo, las organizaciones campesinas brasileñas, asociadas eventualmente a las principales coordinaciones urbanas, introdujeron en junio «de 2008 una serie de movilizaciones en cerca de trece Estados Uirigidas contra proyectos de infraestructura (puertos, centrales hidroeléctricas, etc.), incluían, entre otros repertorios de acción, marchas, bloqueos viales e incluso ocupaciones de tierra. Con este conjunto de acciones coordinadas, los movimientos y organizaciones movilizadas (MST, MAB, CPT, etc?) pretendían denunciar la orientación de las políticas agrícolas del gobierno de Lula (política de apoyo a los negocios agrícolas y a los seclo- res agroexportadores, promoción de los OGM y de los agrocar- Por sicr.o, en cbertas rogamos, estos ultimos 0 vaclóban e practicar la itiaradación e in lo ed asen 50 de miFtantos para lograr sus mbjeticos, En Filipinos, el movimiencs campesina regieral Kain. sam que se opane al Norih Lacin Super Economia Pasrshio basto plan de deseado ecorimica aburado por las autoridades locales que prevé la construcción dun suero en ol morte de la inta de gon. da croación ee zonas Irancas y el cesarrodo de los vrllivos de vssouctación! ha expericuerrado el esinato de varios de lores pOr parte le grupos paramilitares, Esta cingar zación, Considerada el rencipol obstáculo bará la aplicación de esse p.az, había iespulsado la luche vontta el arrerlacniento en sesión y había obteniéu algunas victorias decieivas éin de la entrega del 30% dle as sosechas a los Señores de la lora” + imposición a os comerciantes de condicions de compra sle les cesechas con navor beneficia para lor pequeñes productores) (Riwell, 200% Mavimnienta de los campesinos sin tierra, Muvimientos de las victimas de las presas, Comisión Pancora! leia Tiorta, 28 - La crisis alimentaria. Movilizaciones y alternativas buros etc.), exigir una relorma agraria activa efectiva, así como programas de apoyo a la pequeña agricultura familiar y de sub- sistencia. Políticas de apoyo a la pequeña agricultura familiar que son reivindicadas igualmente por la mayoría de las coali- ciones campesinas africanas. Siguiendo el ejemplo de sus homó- logos asiáticos y latinoamericanos, no cesan de denunciar también el abandono y la falta de inversión del Estado en el sec- tor, la política de liberalización y Jas subvenciones que graban dramáticamente los ingresos. Estas coaliciones, signo de los tiempos en medio de la crisis, crearon en Addis Abeba una pla- taforma panafricana común para defender los intereses de la explotación agrícola familiar y de los productores!", La “crisis” constituyó finalmente el marco para las organiza- ciones campesinas de hacer progresar en el seno de las opinio- nes públicas la cuestión de la “soberanía alimentaria”, un concepto movilizador clave de la red internacional Vía Campesi- na. La soberanía alimentaria, concebida como una solución glo- bal a la crisis actual y a las venideras, toma exactamente el polo opuesto a teorías liberales fundadas a partir de las ventajas com- parativas. Analizada como un derecho internacional, constituye la posibilidad para un país o un grupo de Estados de definir democráticamente y de forma autónoma las políticas mejor adaptadas a las necesidades de su población. A la noción de “seguridad alimentaria” que remite a la cantidad de alimentos producidos en el plan nacional y a su disponibilidad, añade igualmente una dimensión social y medioambiental: mejor repartición de la tierra, por medio de una reforma agraria, protección y reforzamiento de la pro- ducción familiar y de subsistencia, preservación de los lazos de vida, reflexión sobre el tipo de producción y la forma en que se producen los alimentos, priorizando sobre todo, en l Esa plolatoriza reagrupa las cualro grandes godos sulregionales africanas: Reg de las organizaciones campocuir sel Árrico Astra :5ACAUA, sel Álrica Contrel (PROPAC) de Áfrca del Este (EAFI:) y de Det ROPAS Movilizaciones en el Sur ante la crisis alimentaria - 29 contra de los OGM, la agricultura biológica y el uso de semi- las locales. Respuestas gubernamentales a la crisis La reacción de las autoridades públicas ante la crisis debe analizarse de acuerdo con el carácter de las relaciones entre Estados y sociedades civiles. Por una parte, porque el tipo de respuestas concretas va a depender generalmente de la capaci- dad de la sociedad civil de influir en el curso de las decisiones públicas. Por otra parte, porque las respuestas gubernamentales se insertarán con mayor frecuencia en estrategias políticas que intentan canalizar o desmantelar la algarabía popular. Al hablar sobre el alza de los precios alimentarios y las “manifestaciones contra cl hambre” que provocó en Marruecos, Yemen, Uzbekistán, Mauritania, Guinea y Senegal, el Tepresen- tante de un gran organismo internacional declaraba durante el Forum Económico de Davos en enero de 2008 “Estos fenómenos inquietan mucho más a los gobiernos que el atsnento del precio de la gasolina” (Lemaitre, 9 de febrero de 2008). Muchos temían, en efecto, más que al impacto económico directo en el alza de los precios de la energía, a los conflictos sociales y los riesgos polí- licos asociados resultantes del disparo de los precios de los ali- mentos, especialmente allí donde los gobiernos se caracterizan por un déficit de legitimidad. En general, este temor, más que una voluntad real de resol- ver la situación de los pueblos más afectados directamente, ha propiciado la rápida reacción de las autoridades, adoptando con urgencia un conjunto de medidas para evitar que el creciente descontento de la población se exprese en manifestaciones masi- vas, políticamente peligrosas. En Asia, la mayoría de los gobiernos anticiparon estos acon- tecimientos. Al avizorar la primeras señales de insatisfacción, Pailandia, Vietnam, la India e incluso China optaron enseguida 32 - La crisis alimentaria. Movilizaciones y alternalivas acabó haciendo concesiones y decidió aumentar los salarios de los obreros en un 50% y los de los funcionarios públicos en un 30%, Una concesión inusual, destinada principalmente a preser- var, tras de una aparente apertura, el statu quo social y político. Como explica Sarah Ben Néfissa en esta obra, “estas decisiones revelan la nueva actitud de los poderes públicos egipcios ante las movi- lizaciones de tipo social: una voluntad de “calmar el juego” intentando responder de forma parcial n los demandas tratando de evitar cualquier politización de estas acciones colectivas y cualquier posible unificación entre los activistas sociales y los activistas políticos”. Al igual que en Marruecos y Túnez, las autoridades egipcias tomaron medidas temporales para reforzar el acceso a los alimentos: aumento de las cuotas de harina subvencionada, multiplicación del número de puntos de distribución de pan en las grandes ciudades, aumento de la producción de las panaderías estatales, amplia- ción de la categoría de los “derechohabientes”, etc. El caso de América Latina mercce también especial atención. Con la considerable excepción de Haití y México, la mayoría de los países latinoamericanos no han experimentado movilizacio- nes de gran envergadura. Manifestaciones intersectoriales y huelgas generales se produjeron en varios países de Centroamé- rica (El Salvador, Guatemala, Honduras), pero la temática ali- mentaria sólo aparecía en lo más profundo, basada en un amplio panel de reivindicaciones diversas. Además, se registra- ron sobre todo movilizaciones sectoriales dirigidas a revaloriza- ciones salariales. Un hecho significativo constituyen los casos en los que Jos gobiernos alcanzaron cl poder gracias a la movilización de amplios sectores populares y la sociedad civil y los movimien- tos sociales se manifestaron con mayor discreción, absteniéndo- se de movilizarse de forma masiva debido a la crisis alimentaria; una actitud reticente que se explica sobre todo mediante las fuertes expectativas cifradas en estos gobiernos. Asimismo, Movilizaciones en el sur ante la crisis alimentaria - 33 egún Marielle Palau, en Paraguay, “el clóna postelectoral y las xpectativas con respecto al nuevo gobierno contribuyeron a la mode- ación de las interpelaciones”. Es cierto que Fernando Lugo, fot- nalmente clegido, había dirigido su campaña a Jos temas de la eguridad y la soberanía alimentaria, la participación del con- unto de sectores sociales en la elaboración de las políticas públi- as, la reforma agraria e incluso el apoyo y el reforzamiento de a agricultura familiar y de subsistencia, algunas de las tantas nedidas reivindicadas desde hace mucho tiempo por los movi- nientos sociales paraguayos. De igual modo, en Bolivia, en un contexto político extrema- lamente tenso y polarizado, los movimienlos populares parecen aber priorizado ampliamente los retos políticos del momento zon respecto a las preocupaciones materiales inmedialas, ofre- siendo así su apoyo al gobierno de Morales que se encontraba en lificultades a causa de la revuelta de los gobernantes del este del aaís. Sólo los partidarios de cstos últimos han tratado de apro- vechar la situación para atraer a la población hacia su causa... sin lograr realmente su objetivo hasta el momento. Pero los países latinoamericanos que sin duda alguna han sido los menos afectados por la crisis y sus consecuencias socia- les son aquellos cuyas políticas públicas aplicadas por gobier- nos progresistas han desempeñado a plenitud su papel, evitando que el alza de los precios se haga sentir con demasia- da dureza en las poblaciones más expuestas, Por esta razón, aunque limitado, no cabe duda que el programa “Bolsa Familia” adoptado por el gobierno de [ ula, que prevé la asignación, bajo ciertas condiciones, de un ingreso adicional a las familias más pobres, ha permitido aliviar sustancialmente Ja factura alimen- taría"!. El aumento de los precios es alenuado de igual modo en Venezuela en donde una red muy densa de tiendas subsidiadas Hi programa abarca acutal meme cerca de 11 mellones de laraizas. o bea, la cara armes a zo brasileña. 34 - La crisis alimentaria. Movilizaciones y alternalivas y el otorgamiento de bonos alimentarios a los asalariactos, finan- ciados gracias a los ingresos petroleros, permite en adclante a las clases sociales más pobres contar con una alimentación variada y barata. En este país fuertemente dependiente de las importaciones y que ya vivió en el pasado huelgas explosivas (el famoso Cara- cazo en 1989), el problema de la soberanía alimentaria, la refor- ma agraria y el reforzamiento de la agricultura familiar y de subsistencia ha sido igualmente priorizado en la agenda políti- ca del gobierno. Pero el discurso oficial que convierte la “lucha contra los latifundios” en uno de sus caballos de batalla no debe enmascarar una realidad marcadamente más prosaica, que señala la dificultad de conciliar renta petrolífera y autosuficien- cia alimentaria. El auge del petróleo, unido a una estricta política de control de cambios que intentan moderar la inflación y evitar la fuga de capitales, abaratan en efecto las importaciones alimentarias, bajo el riesgo de perjudicar la competitividad de los pequeños productores, aumentar el éxodo rural y reforzar la dependencia alimentaria del país —importa en efecto cerca del 73% de los ali- mentos para su mercado doméstico; todo esto en detrimento de los esfuerzos del gobierno de Chávez por resolver esta situa- ción a través de una política voluntarista de diversificación agrí- cola y cconómica. La aplicación de la reforma agraria, por su parte, no ha esta- do exenta de errores e incomprensiones. Asimismo, como expli- ca un agrónomo de Ta Universidad Central de Venezuela, “se han asignado tierras y se han distribuido recursos, pero en un ambiente de improvisación, sin comprensión de las dimensiones técnicas de las decisiones, sin integrar la inversión econóntica a la necesidad del mer- cado” (citado por Saint-Upéry, 2007). Picho esto, estas medidas, sin anticipar su fracaso o éxito a más largo plazo, no dejan de evidenciar una voluntad real de Movilizaciones en el surte la eres climentaria - 35 modificar de forma radical la orientación de las políticas agríco- las y alimentarias, a diferencia de la mavoría de los países del Sur cuyas iniciativas se enfocan en las consecuencias y no en las causas del problema: cero proyectos de gran alcance, cero refor- mas de envergadura, cero inicialivas dirigidas a un verdadero cambio estructural, Curiosamente, la agricultura familiar y de subsistencia, eterno pariente pobre de las políticas públicas se ve nuevamente fuera del alcance de estas medidas dirigidas principalmente a las necesidades urbanas. Y el gobierno tailan- dés, por ejemplo, justifica el statu que declarando indislintamen- te que el alza de los precios reviste un carácter positivo para el sector rural. Desafío de la soberanía alimentaria La cumbre de la FAO que tuvo lugar en Roma en junio de 2008 con el objetivo de encontrar soluciones comunes a la crisis alimentaria, constituyó sobre todo el marco para que los partici- pantes expusieran s de s protundas divergencias: divergencias puntos de vista prácticamente irreconciliables sobre los agrocar- buros, los subsidios y las ayudas agrícolas, el tipo de política a aplicar, etc. De ahí que las esperanzas cifradas en esta cumbre cedieran su lugar a la desilusión. Dentro de sus puntos, una serie de promesas por parte de los Estados del Norte de aumentar su ayuda alimentaria de emer- gencia y su apoyo al desarrollo agrícola!?, llamados a más res- ponsabilidad de los Estados cn la gestión de sus políticas alimentarias y agrícolas, una nueva preocupación en cuanto al futuro de la agricultura familiar y de subsistencia y, finalmente una declaración a mintna que, nivelando los numerosos conflic- tos de interés económico y político entre los países, los com- Dlay que deca que la suma total de ¿as aguctas para el desarrolo de la agro lara 1 ia de mí muimtait deso finales de los años 71 pasandirde riás de 7 mil llos de déames a mr tun o nes sn 2095, En e misma período, la proporción de esla ayuda con especie al vos ar e ae Les e e Públicas pusá de más de, 16% a menos del 4 (de Ravigsan, 2008),