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UNIVERSIDAD NACIONAL SIGLO XX FORMACIÓN POLÍTICA NACIONAL HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO I DOCENTE: DR. EDWYN F. RODRÍGUEZ CÉSPEDEZ
Figuras políticas Daniel Salamanca José Luis Tejada Eusebio Ayala Comandantes Filiberto Osorio José Leonardo Lanza Hans Kundt Enrique Peñaranda José Félix Estigarribia Luis Irrazabal Rafael Franco Eugenio A. Garay Unidades militares Fuerzas Armadas de Bolivia Fuerzas Armadas de Paraguay Fuerzas en combate 250 000 hombres 150 000 hombres Bajas 60 000 - 80 000 muertos y heridos 21 000 prisioneros^567 10 000 desertores.^8
muertos y heridos^910 2556 prisioneros^11 [editar datos en Wikidata] ocultar Principales batallas de la Guerra del Chaco 9 de septiembre de 1932-12 de junio de 1935 Boquerón Kilómetro Siete Nanawa I Corrales Toledo Fernández I y II Alihuatá I Campo Jordán Nanawa II Gondra Campo Grande Alihuatá II Campo Vía Magariños
Tarija Strongest Algodonal I Carandaytý El Carmen Yrendagüé Ybybobó Villamontes Ingavi La guerra del Chaco es la denominación del conflicto bélico entre Paraguay y Bolivia librado entre el 9 de septiembre de 1932 y el 12 de junio de 1935 por el control del Chaco Boreal. Es considerada la guerra más importante en Sudamérica durante el siglo xx. En los tres años de duración, Bolivia movilizó a lo largo del conflicto a unos 250 000 soldados y Paraguay 150 000, que se enfrentaron en combates en los que hubo gran cantidad de bajas (60 000 bolivianos y 30 000 paraguayos), gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos. Los distintos tipos de enfermedades tanto físicas como psicológicas, la característica hostil del teatro de operaciones, la falta de agua y mala alimentación produjeron el mayor porcentaje de bajas y afectaron la salud de los soldados sobrevivientes, a muchos de por vida. El enfrentamiento consumió ingentes recursos económicos de ambos países, de por sí muy pobres. Paraguay abasteció a su ejército con gran cantidad de armas y equipos capturados en distintas batallas a los bolivianos. Terminada la guerra, algunos excedentes los vendió a España (Decreto-ley 8406, 15 de enero de 1937). El cese de las hostilidades se acordó el 14 de junio de 1935. Bajo la presión de Estados Unidos, por un tratado secreto firmado el 9 de julio de 1938, Paraguay renunció a 110 000 km² ocupados por su ejército al cese de las hostilidades. El Tratado de Paz, Amistad y Límites se firmó el 21 de julio de 1938 y el 27 de abril de 2009 se estableció el acuerdo de límites definitivo. La zona en litigio quedó dividida en una cuarta parte bajo soberanía boliviana y tres cuartas partes bajo soberanía paraguaya. Bolivia recibió una zona a orillas del alto río Paraguay, denominada Triángulo Dionisio Foianini. Descripción de la región en litigio[editar] La región central sudamericana conocida como el Gran Chaco se divide, de norte a sur, en tres regiones: Chaco Boreal ―al norte del río Pilcomayo―, el Chaco Central ―entre ese río y el río Bermejo―, y al sur de este último el Chaco Austral. El área disputada entre Bolivia y Paraguay correspondió exclusivamente al Chaco Boreal.
Antecedentes y causas Artículo principal: Antecedentes de la Guerra del Chaco Los antecedentes y causas de la guerra del Chaco son complejos. Cuando Bolivia y Paraguay se volvieron estados independientes heredaron de la época colonial una vaga determinación de los límites de esa zona inhóspita y despoblada por lo que tuvieron que fijar sus respectivas jurisdicciones de acuerdo con documentos muchas veces contradictorios o mediante el trazado de líneas geodésicas. Los cuatro tratados de límites que se acordaron entre 1879 y 1907 no fueron aceptados definitivamente por ninguna de las partes. Cuando Bolivia perdió la salida al océano Pacífico, como consecuencia de la guerra del Pacífico (1879-1884), esa región adquirió un valor estratégico para ese país: la ocupación del Chaco Boreal fue necesaria para salir al océano Atlántico por el río Paraguay. Ambos países realizaron pocas expediciones al Chaco. Otra causa fue la supuesta existencia de petróleo en el subsuelo chaqueño que la empresa estadounidense Standard Oil ya extraía en sus bordes serranos. Esta empresa había fracasado en su intento de transportar el petróleo boliviano a través de un oleoducto a construir en territorio argentino hasta la refinería que tenía una subsidiaria suya, en Campana, sobre el río Paraná, quedándole como única opción cruzar por el Chaco Boreal hacia el río Paraguay, lo más al sur posible.^15 En color ámbar, la reivindicación máxima propuesta por Bolivia en el territorio del Chaco Boreal que disputó con Paraguay. En color blanco, la reivindicación máxima propuesta por Paraguay en el territorio del Chaco Boreal que disputó con Bolivia. Números en los mapas: 1 : Bolivia; 2 : Argentina; 3 : Brasil; 4 : Paraguay; 5 : río Apa; 6 : río Paraguay; 7 : río Pilcomayo; 8 : río Parapití. Paraguay, unas décadas antes, había sido devastado por la guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Una de las consecuencias fue la pérdida de enormes territorios en
la zona oriental. Respecto del Chaco Boreal, Argentina pretendió incorporar una parte a su territorio recurriendo al arbitraje del presidente estadounidense Rutherford Hayes en 1879; este falló determinando que la zona comprendida entre el río Pilcomayo y el Verde, al norte, correspondía a Paraguay. Con estos antecedentes, era difícil que ese país pudiera aceptar las pretensiones bolivianas sobre el Chaco Boreal. Véase también: Tratados limítrofes entre Bolivia y Paraguay anteriores a la Guerra del Chaco Comandantes en jefe de los ejércitos[editar] Daniel Salamanca, presidente de Bolivia entre 1931 y 1934. General Hans Kundt. Enrique Peñaranda. Comandantes bolivianos [editar] Durante la guerra del Chaco, el ejército boliviano fue dirigido sucesivamente por cuatro generales: Filiberto Osorio (entre septiembre y octubre de 1932); José Leonardo Lanza (entre octubre y diciembre de 1932); Hans Kundt (entre diciembre de 1932 y diciembre de 1933); y Enrique Peñaranda Castillo (entre diciembre de 1933 y el fin de la guerra). Detrás de ellos, tuvieron fuerte influencia el presidente Daniel Salamanca y la oligarquía boliviana. Osorio y Kundt fueron sustituidos por errores de conducción y motivos políticos.
Toro al cargo de jefe del estado mayor, comandó el ejército casi en forma colegiada con él. El historiador Bruce W. Farcau sostiene que está pendiente de evaluación si la conducción de Peñaranda no fue peor que la del denostado Kundt. Comandante paraguayo [editar] José Félix Estigarribia. En contraste con los sucesivos comandantes en jefe bolivianos, el ejército paraguayo fue dirigido por José Félix Estigarribia desde el comienzo hasta finalizar la guerra, periodo en el cual nunca abandonó el Chaco. José Félix Estigarribia era de extracción social humilde, realizó estudios superiores en la Facultad de Agronomía. Luego de obtener el diploma cambió de carrera y en 1910 se alistó en el ejército con el rango de teniente de infantería. De 1911 a 1913, asistió a la Escuela Militar Bernardo O’Higgins, en Chile. En 1917, fue ascendido a capitán. Fue seleccionado para asistir al curso de Estado Mayor en la École Supérieure de Guerre en Francia. Era un estudioso de la guerra de movimiento superadora de las estrategias de la Primera Guerra Mundial. Su primera experiencia militar en el desierto lo hizo en Marruecos, en las operaciones que realizó el ejército francés al mando del mariscal Louis Lyautey. En 1927, culminó el curso de tres años de duración y, en 1928, fue nombrado jefe de Estado Mayor. Cuando la guerra parecía inevitable, el Gobierno decidió que Estigarribia era el hombre más capacitado para dirigir al ejército paraguayo. En abril de 1931, fue ascendido a teniente coronel y, el 18 de junio, asumió el comando de la 1.ª División con asiento en el puerto Casado, en el Chaco Boreal. Después de la batalla del fortín Boquerón, en septiembre de 1932, fue ascendido a coronel, grado con el cual comandó el ejército paraguayo hasta septiembre de 1933. Tras el exitoso cerco de Campo Grande, fue ascendido a general. Era un hombre tranquilo, serio y austero, en su inconfundible uniforme con las mangas siempre cortas. El buen conocimiento de cada oficial bajo su mando le permitió exigir a cada uno el máximo de esfuerzo que podía dar. Dirigió las operaciones desde muy cerca del frente para agilizar la toma de decisiones y dejó en libertad a sus oficiales para que realizaran las operaciones tácticas que el momento y lugar lo requirieran. Se lo ha criticado por haber sido excesivamente conservador en los primeros meses del conflicto. Su mayor logro estratégico fue conducir la guerra en el desierto chaqueño como si se tratara de una batalla naval.
Estrategias de los ejércitos[editar] Camión Ford similar a los que usaron Bolivia y Paraguay. Estrategia boliviana La estrategia boliviana se apoyó en la indudable superioridad de recursos económicos y de población (3 a 1) que tenía sobre Paraguay. Para el Estado Mayor boliviano la ocupación del Chaco y el acceso al río Paraguay era más un problema diplomático que militar. El teniente coronel Ángel Rodríguez consideraba que solo había agua suficiente para enviar a cinco mil hombres, y que solo las unidades no más grandes que una compañía podrían maniobrar entre los arbustos, mientras que Kundt seguía firmemente convencido de que tres mil hombres bastarían para tomar Asunción. No se tuvo en cuenta la historia de ese pequeño país ubicado al sur y a la importancia que le daba a la posesión del Chaco Boreal. En 1928, el doctor Salamanca, para quien Paraguay era «la más miserable de las republiquetas de Sudamérica, decía: Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con una guerra victoriosa. Así como los hombres que han pecado deben ser sometidos a la prueba del fuego para salvar sus almas los países como el nuestro, que han cometido errores de política interna y externa, debemos y necesitamos someternos a la prueba del fuego, que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay único país al que podemos atacar con seguridades de victoria. Comenzada la guerra, Bolivia no realizó una movilización total, consideró que era suficiente llevar adelante una guerra económica y que no alterara la vida cotidiana de la población. Por estas razones no se intentó mejorar el abastecimiento hasta el lejano frente chaqueño construyendo una línea férrea hasta Muñoz y el imprescindible puente sobre el río Pilcomayo. Las tropas fueron transportadas en camión y ferrocarril hasta Villazón, desde allí en camión hasta Tarija y desde ese punto a pie hasta Villamontes, la base principal en el Chaco. Desde allí los soldados tuvieron que marchar hasta 400 km a través del polvo, barro y el calor sofocante del Chaco Boreal. El medio básico de transporte fue el camión, y estos siempre escasearon. El presidente Salamanca preguntó al jefe de Estado Mayor: Dígame señor general, ¿qué piensan hacer con los 600 camiones y qué han hecho con los últimos 20 que he comprado hace dos meses? Para cubrir las seis etapas del tramo Villazón-Muñoz se necesitaban 480 camiones. Como solo había unidades para los pertrechos y sobre todo el agua, los soldados tuvieron que movilizarse a pie durante toda la guerra. Los vehículos estuvieron
propio y cerrado en que ellos pudiesen moverse con entera libertad. Eso sí, pedían soldados, camiones, provisiones, armas y municiones en cantidades crecientes sin atender a las posibilidades financieras que limitaban los esfuerzos del Gobierno (a pesar de su buena voluntad). Algunos historiadores, Querejazu Calvo entre ellos, caracterizaron al ejército boliviano de entonces como un ejército colonial porque era una fuerza fundamentalmente dirigida a la represión interna, que carecía de apoyo popular, que estaba dividido racialmente y que era utilizado para defender un sistema político que ya estaba en proceso de desintegración. La compra de armamentos, a fines de la década del 20, fue desproporcionada frente al probable enemigo, el ejército paraguayo. Esto despertó la inquietud de otros países limítrofes: Chile y Perú. Esa compra, unificada mayormente en la firma inglesa Vickers, produjo una serie de problemas en cuanto a la calidad y al cumplimiento de las entregas.^37 Se compraron tanques pese a la oposición de los técnicos bolivianos que afirmaban que no servirían en el Chaco. Al comienzo de la guerra, un volumen importante de armas todavía estaba sin fabricar ni embarcar en Inglaterra. En 1932, Bolivia sufrió serias dificultades económicas por la caída del precio y el volumen de las exportaciones del estaño que en 1929 habían sido de 46,9 millones de dólares, reduciéndose a 10 millones de dólares en 1932. Además, careció de crédito internacional por haber entrado en mora en los pagos de su deuda externa. La producción minera concentraba, en 1930, el 95 % de las exportaciones bolivianas absorbiendo mano de obra campesina que impedía el desarrollo de la agricultura y favorecía la dependencia de la importación de alimentos provenientes de los países vecinos, especialmente de Argentina. En 1931, el general Osorio, en un informe al Ministerio de Guerra, advertía sobre esta debilidad estratégica: en una emergencia bélica con el Paraguay existe el peligro que nuestro abastecimiento y aprovisionamiento casi total y obligadamente efectuados en los mercados argentinos, quede obstruido con gravísimo perjuicio para nuestros intereses militares. Si bien existieron problemas, las importaciones de alimentos y otros insumos desde Argentina y otros países vecinos se mantuvieron durante toda la guerra. Hasta productos de Paraguay ingresaron a Bolivia con el visto bueno del gobierno paraguayo. La producción de petróleo de la empresa estadounidense Standard Oil en Bolivia no pudo satisfacer las necesidades del ejército y durante la guerra fue permanente el reclamo por la falta de gasolina. Bolivia tuvo que importar combustible y lubricantes, a un mayor costo, de una destilería que la Standard Oil tenía en el Perú, o de la que ingresaba ilegalmente desde Argentina cruzando el río Pilcomayo por Puerto Cabo Irigoyen (Argentina) hacia Linares, según Kundt, «a un precio exorbitante. Después de terminada la guerra se confirmaron las denuncias de que la Standard Oil de Bolivia, desde 1926, venía sacando de contrabando parte de su producción hacia Argentina, a través de un oleoducto clandestino, con el visto bueno de altos funcionarios del Gobierno argentino y boliviano vinculados a esa empresa norteamericana. El estado mayor paraguayo planeó la defensa del Chaco utilizando las comunicaciones existentes en la zona. Se trasladaron hombres y recursos desde Asunción por el río Paraguay hasta Puerto Casado y desde allí por un ferrocarril de trocha angosta,
usado en la explotación de tanino, hasta muy cerca de Isla Poí, la principal base militar en el Chaco. Durante la primera parte de la guerra, esta ventaja compensó, en cierta medida, la superioridad boliviana en recursos. Sin embargo, la falta de camiones fue crónica y permitió muchas veces que el enemigo, totalmente desarticulado, pudiera escapar. El abastecimiento de agua, por igual motivo, fue otro problema difícil de resolver. El 5 de octubre de 1934, en su visita al frente, el presidente Ayala le manifestó al general Estigarribia que no podía proveerle de los 500 camiones que el ejército necesitaba con prioridad absoluta debido al alargamiento de su línea de abastecimiento. Estigarribia justificó entonces su plan de atacar a los bolivianos en Cañada El Carmen. En este caso no se debería perder tiempo esperando mejores perspectivas sino por el contrario actuar pronto y decididamente porque nosotros no podemos movernos [por falta de camiones] pero tampoco podemos quedar donde estamos. Las ofensivas paraguayas se realizaron en las estaciones de poca lluvia, cuando el calor era preponderante. Se utilizó la táctica del cerco y aniquilamiento, el popularmente llamado corralito: ruptura o envolvimiento del frente, penetración hacia la retaguardia enemiga, corte del abastecimiento y mando enemigos. Se priorizó el movimiento, rebalsando por los laterales las defensas fijas bolivianas, evitando los ataques frontales de gran intensidad. El objetivo fue el aniquilamiento del ejército enemigo y no la ocupación territorial. En febrero de 1934, un informe del Comando Superior boliviano sobre el modus operandi del ejército paraguayo decía: La forma sistemática que el enemigo viene empleando en sus ataques consiste en el amarramiento frontal, con grupos de combate y activas exploraciones de fuego para buscar el envolvimiento, con su masa, de una o ambas alas, y la salida de fracciones sucesivas sobre los caminos de retaguardia. Estas maniobras piden serias precauciones para su ejecución; sin embargo, son llevadas a cabo por el enemigo con una confianza imprudente, apoyado simplemente en el resultado moral de sus éxitos anteriores. Los oficiales más capaces fueron enviados al extranjero: Argentina, Chile, Francia, Bélgica, Italia, para realizar estudios superiores. El pueblo paraguayo, con la convicción de estar siendo nuevamente agredido, como había ocurrido 60 años antes por Argentina, Brasil y Uruguay, se unió nuevamente detrás del Gobierno y su ejército en lo que se conoce como Guerra total. Nadie dudaba de que el Chaco debía ser defendido. El pueblo colaboró con todo tipo de actividades, tanto en el país como en el extranjero, para aumentar la producción de bienes exportables, recaudar fondos y todo tipo de recursos para la guerra. En abril de 1934, los ciudadanos entregaron 800 mesas de madera de sus casas para construir 1200 cajas para 18 000 granadas de mano construidas en los arsenales y que debían enviarse al frente con urgencia. Había homogeneidad entre oficiales y soldados donde todos tenían las mismas tradiciones, costumbres y hablaban el mismo idioma: el guaraní. En este aspecto el ejército paraguayo tuvo una decisiva ventaja sobre su oponente boliviano donde había distintos grupos étnicos/lingüísticos, pronunciadas diferencias de clase, origen y cultura entre soldados y oficiales, y hasta mercenarios extranjeros en los mandos superiores. Al poeta y excombatiente boliviano Ángel Lara, que observaba a un grupo de prisioneros
Ataque al fortín Carlos A. López[editar] Artículo principal: Incidente de laguna Pitiantuta Ataque del capitán paraguayo Abdón Coronel Palacios. Rojo: defensas bolivianas. Azul: ataque paraguayo El 6 de mayo de 1932, el secretario de estado de los Estados Unidos, Francis White, presidente de la Comisión de Neutrales, propuso que el pacto de no agresión entre Bolivia y Paraguay, en curso de negociación, debía partir de los territorios ocupados por las partes en el momento de su firma. El ejército boliviano aceleró su plan de ocupación territorial, especialmente de la importante laguna descubierta accidentalmente por su aviación el 25 de abril de 1932. En su tercer intento por llegar a ese objetivo, el 15 de junio de 1932, un destacamento boliviano al mando del mayor Óscar Moscoso atacó y destruyó el fortín paraguayo Carlos Antonio López, ubicado al borde de la laguna Pitiantuta (o laguna Chuquisaca como fue nombrada después por los bolivianos). Esta sorpresiva acción militar se hizo contrariando órdenes del presidente boliviano Salamanca de evitar todo tipo de provocación en el Chaco dadas las negociaciones que se venía discutiendo en Washington desde noviembre de 1931. Con esta operación de encubrimiento, mentiras y desobediencia y hasta extravío de documentación, realizada por miembros del alto mando a espaldas del presidente, se inició uno de los conflictos que afectarían a Bolivia durante toda la guerra, la de Salamanca contra los responsables del ejército y que culminaría, años más tarde, con su destitución. Un mes después, el 16 de julio, el destacamento paraguayo Coronel Palacios recuperó la zona después de una pequeña refriega. Este hecho fue presentado al pueblo boliviano como un artero Astuto ataque de Paraguay a Bolivia y se lo condimentó además con falsos actos de barbarie cometidos por los soldados paraguayos. El 19 de julio de 1932, desde los balcones del Palacio Quemado, Salamanca se dirigió al pueblo que se había congregado para escucharlo: Ciudadanos, hijos de Bolivia, en un momento de verdadera angustia nacional, al presentarse una nueva agresión a la dignidad nacional, se ha producido esta magnífica
reacción que manifiesta la vida y el vigor del patriotismo boliviano. Si una nación no reaccionara ante los ultrajes que le infieren no merecería ser una nación. Miles de bolivianos aplaudieron esas palabras sin sospechar del engaño y de que irían a la muerte poco tiempo después en la desconocida y árida planicie chaqueña. La recuperación paraguaya de la laguna Pitiantuta, que volvió las cosas a su estado anterior, no lo fue para Salamanca. Como si se tratara de una afrenta al honor nacional pidió al general Osorio el enjuiciamiento de los responsables. Poco después, debilitado políticamente y empujado por un clima guerrerista que él mismo había incentivado, ordenó al general Quintanilla que en represalia se apoderara de los fortines paraguayos Corrales, Toledo (del 27 al 28 de julio) y Boquerón (el 31 de julio de 1932). Ejecute bien la orden, si hay en ello algún mérito, sería suyo; si surgen responsabilidades, serán mías. En el frente diplomático, ante la protesta paraguaya como país agredido, Salamanca se mostró firme en no devolver los tres fortines y exigió que fueran incorporados a una zona en litigio. Previamente, el 22 de julio de 1932, ordenó que la delegación boliviana abandonara la Comisión de Neutrales, que actuaba de mediador entre ambos países. Ante el pedido paraguayo de que se investigara lo sucedido en Pitiantuta, Julio A. Gutiérrez, ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, descolocado por la acción militar realizada por el alto mando, intentó defender lo indefendible mediante un lenguaje cada vez más agresivo: Después del ataque se refiere a la recuperación paraguaya del fortín Carlos A. López el Paraguay se presenta nuevamente en Washington alardeando pacifismo. Esto es un sarcasmo de la realidad de los hechos, una burla, no solo para nosotros, sino para los mismos neutrales. Finalmente el canciller Gutiérrez, en una arrogante nota del 1.º de agosto, agregó: No nos interesan las investigaciones que no definen la cuestión fundamental. El 7 de agosto fuerzas bolivianas ocuparon el fortín paraguayo Carayá, bautizándolo como Huijay. Con esta excesiva reacción sin razones valederas, el Gobierno de Salamanca avanzó desde una política de desmilitarizar el Chaco a una guerra con miles de muertos y heridos. Pero el ejército boliviano, a fines de julio de 1932, no estaba preparado para una operación militar en gran escala en el Chaco. El 30 de agosto de 1932, a solo 9 días del ataque de todo el ejército paraguayo sobre Boquerón e inicio de la guerra, el general Osorio envió el Memorando 507/32 al presidente Salamanca. Con un tono casi altanero e irrespetuoso, expuso que el alto mando no tenía directivas precisas ni existía un Plan de Operaciones que guiara al ejército boliviano en el Chaco. En el mismo memorando propuso un plan que consistía en avanzar por el norte, en el alto Paraguay, zona diametralmente opuesta al que se estaba realizando en el sur. El plan de Osorio tenía como objetivo ocupar la costa del río Paraguay frente a un país neutral (Brasil), fácil de aprovisionar y mantener indefinidamente. Al mismo tiempo, en la zona sur, el general Carlos Quintanilla, jefe de las fuerzas bolivianas en el Chaco, pidió autorización para ocupar dos fortines más: Así Quintanilla, el General de las Represalias, movido un tanto por la orden presidencial y más por sus ansias locas por popularizarse obteniendo