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Asignatura: Sociología, Profesor: , Carrera: Comunicación Audiovisual, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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PAULA SIBILIA y RODRIGO FERNÁNDEZ LABRIOLA
LA INTIMIDAD
COMO ( ESPECTÁCULO
'-.
, MÉXICO - ARGENTINA - BRASIL - COLOMBIA - CHILE - ESPAÑA ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA - GUATEMALA - PERÚ - VENEZUELA
Primera edición, 2008
Sibilia, Paula La intimidad como espectáculo - la ed. - Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2008. 325 p.; 21x14 cm. (Sociología) Traducido por: Rodrigo Fernández Labriola ISBN 978-950-557-754-
C
Ilustración y armado de tapa: Juan Balaguer Foto de solapa: Eric Lecerf O.R. © 2008, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA DE ARGENTINA, S.A. El Salvador 5665; 1414 Buenos Aires, Argentina [email protected] I www.fce.com.ar Av. Picacho Ajusco 227; 14200 México O.F. ISBN: 978-950-557-754- Comentarios y sugerencias: [email protected] Fotocopiar libros está penado por la ley. Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión o digital, en forma idéntica, éxtractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma, sin autorización expresa de la editorial. IMPRESO EN ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA Hecho el depósito que previene la ley 11.
I.^ show^ del^ yo^ ............................^ o^ •^ o^ ••••^ ,
n.^ Yo^ narrador^ y^ la^ vida^ como^ relato^.^ o^ •••••••••••••••••^ ' l)
nI.^ Yo^ privado^ y^ el^ declive^ del^ horr^ bre^ público^ ......^ o^ •^ o^ o^ • o'
IV.^ Yo^ visible^ y^ el^ eclipse^ de^ la^ intfrioridad^ o^ •^ •^ •^ •^ •^ •^ •^ •^ •^ •^ •^ •^ •^ •
V. Yo^ actual^ y^ la^ subjetividad instantánea.^.^ o^ ••••••••••••^ ,^111
VI. Yo^ autor^ yel culto a^ la^ personplidad.^ o^ •••••••••••^ o^ .....1\
VII. Yo reai y la crisis de la ficción r ••••••• o ••• o •••••••••
VIII. Yo personaje y el pánico a la goledad ................ "
IX. Yo^ espectacular^ y^ la^ gestión^ ¿le^ sí^ como^ una^ marca^.^ ....^ ,. 'bl' ,r,'....... ................ .. 115 B^1 IOgra)la^ ...........^ o^ •••••••• Índice de nombres. ............................... o o ••••'In
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11 10 LA INTIMIDAD COMO ESPECTÁCULO
En l'Os chispaz'Os de ese libro, Nietzsche revisaba su trayect'Oria c'On la firme intención de decir" quién s'Oy y'O". Para es'O, s'Olici- taba a sus lect'Ores que 1'0 escucharan p'Orque él era alguien, "pues y'O s'Oy tal y tal, ¡s'Obre t'Od'O, n'O me c'Onfundáis c'On 'Otr'Os!". Está clar'O que atribut'Os c'Om'O la m'Odestia y la humildad quedan radi- calmente ausentes de ese text'O, 1'0 cual n'O s'Orprende en alguien que se en'Orgullecía de ser 1'0 c'Ontrari'O a "esa especie de h'Ombres venerada hasta ah'Ora c'Om'O virtu'Osa"; en fin, nada extrañ'O en al- guien que prefería ser un sátir'O antes que un sant'O. 1 Tal actitud, sin embarg'O, m'Otivó que sus c'Ontemp'Oráne'Os vieran en la 'Obra de Nietzsche una mera evidencia de la l'Ocura. Sus fuertes pala- bras, es'O tan "inmens'O y m'Onstru'Os'O" que él tenía para decir, se leyer'On c'Om'O sínt'Omas de un fatídic'O diagnóstic'O s'Obre las fallas de carácter de ese yo que hablaba: megal'Omanía y excentricidad, entre 'Otros epítet'Os de igual calibre. ¿P'Or qué c'Omenzar un ensay'O s'Obre la exhibición de la inti- midad en Internet, al despuntar el sigl'O XXI, citand'O las excentri- cidades de un filós'Of'O megalóman'O de fines del XIX? Quizás haya un m'Otiv'O válid'O, que permanecerá latente a 1'0 larg'O de estas páginas e intentará reenc'Ontrar su sentid'O antes del punt'O final. P'Or ah'Ora, bastará t'Omar algun'Os elementos de esa provocación que viene de tan lej'Os, c'Om'O una tentativa de disparar nuestro problema. Calificadas en aquel ent'Onces com'O enfermedades mentales o desví'Os pat'Ológic'Os de la n'Ormalidad ejemplar, h'Oy la megal'Oma- nía y la excentricidad n'O parecen disfrutar de esa misma dem'Oni- zación. En una atmósfera c'Om'O la contemporánea, que estimula la hipertrofia del yo hasta el paroxism'O, que enaltece y premia el de- seo de "ser distint'O" y "querer siempre más", son 'Otros l'Os desva- rí'Os que n'Os hechizan. Otros s'On nuestros pesares porque también s'On 'Otros nuestros deleites, otras las presi'Ones que se descargan
1 Friedrich Nietzsche, Ecce Horno. se a ser lo que se es?, Buenos Aires, Elaleph.com, 2003, pp. 3 Y 4.
EL SHOW DEL YO c'Otidianamente s'Obre nuestros cuerpos, y 'Otras las p'Otencias -e imp'Otencias- que cultivamos. Una señal de l'Os tiemp'Os que c'Orren surgió de la revista Time, t'Od'O un íc'On'O del arsenal mediátic'O gl'Obal, al perpetrar su cerem'Onia de elección de la "pers'Onalidad del añ'O" que c'Oncluía, a fines de 2006. De ese m'Odo se creó una n'Oticia rápidamente difundida p'Or l'Os medi'Os masiv'Os de t'Od'O el planeta, y luego 'Olvidada en el t'Orbellin'O de dat'Os in'Ocu'Os que cada día se pro- ducen y descartan. La revista estad'Ounidense repite ese ritual hace más de 'Och'O décadas, c'On la intención de destacar "a las pers'Onas que más afectaron l'Os n'Oticieros y nuestras vidas, para bien,o para mal, inc'Orporand'O 1'0 que ha sid'O imp'Ortante en el año". Así, nadie men'Os que Hitler fue elegid'O en 1938, el Ayat'Ollah J'Omeini en 1979, Ge'Orge W. Bush en 2004. ¿Y quién ha sid'O la pers'Onalidad del añ'O 2006, según el respetado veredict'O de la re- vista Time? ¡Usted! Sí, usted. Es decir: n'O sólo usted, sin'O también yo y t'Od'Os nosotros. O, más precisamente, cada un'O de nos 'Otros: la gente c'Omún. Un espej'O brillaba en la tapa de la publicación e invitaba a l'Os lect'Ores a que se contemplasen, c'Om'O Narcisos sa- tisfechos de ver sus personalidades resplandeciend'O en el más alto p'Odio mediátic'O. ¿Qué motiv'Os determinaron esta curi'Osa elección? Ocurre que usted y yo, t'Od'Os nosotros, estarnos "transf'Ormand'O la era de la in- f'Ormación". m'Odificand'O las artes, la p'Olítica y el c'Omer- ci'O, e inclus'O la manera en que se percibe el mundo. Nosotros y no l'Os grandes medi'Os masiv'Os tradici'Onales, tal c'Omo ell'Os mismos se 'Ocupan de subrayar. L'Os edit'Ores de la revista resalta- ron el aument'O inaudit'O del c'Ontenido producid'O p'Or l'Os usuari'Os de Internet, ya sea en l'Os blogs, en l'Os sitios para compartir vide'Os c'Om'O YouTube 'O en las redes de relaci'Ones s'Ociales c'Om'O MySpace y FaceBook. En virtud de ese estallido de creatividad -y de presen- cia mediática- entre quienes s'Olían ser meros lect'Ores y espectado- res, habría llegad'O "la h'Ora de los amateurs". Por t'Odo es'O, ent'On- , ces,^ "por^ tornar las^ redes^ de^ los medi'Os gl'Obales,^ p'Or^ forjar^ la nueva democracia digital, p'Or trabajar gratis y superar a los pr'Ofe-
(^12 ) LA INTIMIDAD COMO ESPECT ACULO sionales en su propio juego, la personalidad del año de Time es usted", afirmaba la revista. 2 Durante las conmemoraciones motivadas por el fin del año siguiente, el diario brasileño O Globo también decidió ponerlo a usted como el principal protagonista de 2007, al permitir que cada lector hiciera su propia retrospectiva a través del sitio del perió- dico en la Web. Así, entre las imágenes y los comentarios sobre grandes hitos y catástrofes ocurridos en el mundo a lo largo de los últimos doce meses, aparecían fotografías de casamientos de per- sonas "comunes", bebés sonriendo, v:acaciones en familia y fiestas de cumpleaños, todas acompañadas de epígrafes del tipo: "Este año, Pedro se casó con Fabiana", "Andrea desfiló en el Sambó- dromo", "Carlos conoció el mar", "Marta logró superar su enfer- medad" o "Walter tuvo mellizos". ¿Cómo interpretar estas novedades? ¿Acaso estamos su- friendo un brote de megalomanía consentida e incluso estimu- lada por todas partes? ¿O, por el contrario, nuestro planeta fue tomado por un aluvión repentino de extrema humildad, exenta de mayores ambiciones, una modesta reivindicación de todos no- sotros y de cualquiera? ¿Qué implica este súbito enaltecimiento de lo pequeño y de lo ordinario, de lo cotidiano y de la gente común? No es fácil comprender hacia dónde apunta esta extraña coyun- tura que, mediante una incitación permanente a la creatividad personal, la excentricidad y la búsqueda de diferencias, no cesa de producir copias descartables de lo mismo. ¿Qué significa esta repentina exaltación de lo banal, esta espe- cie de satisfacción al constatar la mediocridad propia y ajena? Hasta la entusiasta revista Time, pese a toda la euforia con que re- cibió el ascenso de usted y la celebración del yo en la Web, admitía que este movimiento revela "tanto la estupidez de las multitudeq como su sabiduría". Algunas joyitas lanzadas a la vorágine de In- ternet "hacen que nos lamentemos por el futuro de la humani-
EL SHOW DEL YO dad", declararon los editores, y eso tan sólo en razón de los erro- res de ortografía, sin considerar "las obscenidades o las faltas de respeto más alevosas" que suelen abundar en esos territorios. POI' un lado, parece que estamos ante una verdadera "explo- sión de productividad e innovación". Algo que estaría apenas co- menzando, "mientras que millones de mentes que de otro modo se habrían ahogado en la oscuridad, ingresan en la economía in- telectual global". Hasta aquí, ninguna novedad: ya fue bastante celebrado el advenimiento de una era enriquecida por las poten- Cialidades de las redes digitales, bajo banderas como la cibercul- tura, la inteligencia colectiva o la reorganización rizomática de la socie<;lad. Por otro lado, también conviene prestar oídos a otras voces, no tan deslumbradas con las novedades y más atentas a su
. lado menos luminoso. Tanto en Internet como fuera de ella, hoy la capacidad de creación se ve capturada sistemáticamente por los tentáculos del mercado, que atizan como nunca esas fuerzas vitales pero, al mismo tiempo, no cesan de transformarlas en mercancía. Así, su potencia de invención suele desactivarse, porque la creati- vidad se ha convertido en el combustible de lujo del capitalismo contemporáneo: su protoplasma, como diría la autora brasileña Suely Rolnik. 3 No obstante, a pesar de todo eso y de la evidente sangría que hay por detrás de las maravillas del marketing, especialmente en su versión interactiva, son los mismos quienes suelen pe- dir y estímulos constantes, como advirtió Gilles Deleuze a principios de los años noventa. Ese autor agregaba que les corresponde a ellos descubrir "para qué se los usa"; a ellos, es decir, a esos jóvenes que ahora ayudan a construir. este fenómeno como Web 2.0. A ellos también les incumbiría la impor- tante tarea de "inventar nuevas armas", capaces de oponer resisten- cia a los nuevos y cada vez más astutos dispositivos de interferencias e interrupciones, huecos de como
2 Lev Grossman, "Time's person of the year: You", en Time, vol. 168, núm. , 3 Suely Rolnik, "A vida na berlinda: Como a mídia aterroriza com o jogo 26, 25 de diciembre de 2006. (^) entre subjetividade-lixo e subjetividade-Iuxo", en Trópico, San Pablo, 2007.
16 17 LA INTIMIDAD COMO ESPECTÁCULO esas redes. MySpace es la favorita: con más de cien millones de usua- rios en todo el planeta, crece a un ritmo de trescientos mil miembros por día. No es inexplicable que este servicio haya sido adquirido por una poderosa compañia mediática multinacional, en una tran- sacción que involucró varios centenares de millones de dólares. Otra vertiente de este aluvión son los diarios íntimos publi- cados en la Web, para cuya confección se usan palabras escritas, fotografías y videos. Son los famosos webblogs, fotologs y videologs, una serie de nuevos términos de uso internacional cuyo origen etimológico remite a los diarios de abordo mantenidos por los na- vegantes de otrora. Es enorme la variedad de estilos y asuntos tra- tados en los blogs de hoy en día, aunque la mayoría sigUe el modelo confesional del diario íntimo. O mejor dicho: diario éxtimo, según un juego de palabras que busca dar cuenta de las paradojas de esta novedad, que consiste en exponer la propia intimidad en las vitrinas globales de la red. Los primeros blogs aparecieron cuando el milenio agonizaba; cuatro años después existían tres millones en todo el mundo, y a mediados de 2005 ya eran once millones. Ac- tualmente, la blogósfera abarca unos cien millones de diarios, más del doble de los que hospedaba hace un año, según los registros del banco de datos Tecnorati. Pero esa cantidad tiende a duplicarse cada seis meses, ya que todos los días se engendran cerca de cien mil nuevos vástagos, de modo que el mundo ve nacer tres nue- vos blogs cada dos segundos. A su vez, las webcams son pequeñas cámaras filmadoras que permiten transmitir en vivo todo lo que ocurre en las casas de los usuarios: un fenómeno cuyas primeras manifestaciones llamaron la atención en los últimos años del siglo xx. Ahora ya son varios los portales que ofrecen links para miles de webcams del mundo entero, tales como Camville y Earthcam. Hay que mencionar, además, a los sitios que permiten exhibir e intercambiar videos caseros. En esta categoría, YouTube constituye uno de los furores más recientes de la red: un servicio que permite exponer pequeñas películas gratuita- mente y que ha conquistado un éxito estruendoso en poquísimo tiempo. Hoy recibe cien millones de visitantes por día, que ven
EL SHOW DEL YO unos setenta mil videos por minuto. Después de qué la empresa Google lo comprara por una cifra cercana a los dos mil millones de dólares, YouTube recibió el título de "invención del año", una distin- ción también concedida por la revista Time a fines de 2006. Existen, además, otros sitios menos conocidos que ofrecen servicios seme- , jantes, tales como MetaCafe, Bliprv, Revver y SplashCast. Además de todas estas herramientas -que constantemente se diseminan y dan a luz innumerables actualizaciones, imitaciones y novedades-, existen otras áreas de Internet donde los usuarios no son sólo los protagonistas, sino también los principales pro- ductores del contenido, tales como los foros y grupos de noticias. Un capítulo aparte merecerían los mundos virtuales como Second
desempeñando diversas actividades on-line, como si tuvieran una vida paralela en esos ambientes digitales. En resumen, se trata de un verdadero torbellino de noveda- des, que ganó el pomposo nombre de "revolución de la Web 2.0" y nos convirtió a todos en la personalidad del momento. Esa expre- sión fue acuñada en 2004, en un debate en el cual participaron va- rios representantes de la cibercultura, ejecutivos y empresarios del Silicon Valley. La intención era bautizar una nueva etapa de desa- rrollo on-line, luego de la decepción provocada por el fracaso de las compañias puntocom: mientras la primera generación de em- presas de Internet deseaba vender cosas, la Web 2.0 "confía en los usuarios como codesarrolladores". Ahora la meta es "ayudar a las personas para que creen y compartan ideas e información", según una de las tantas definiciones oficiales, de una manera que "equi- libra la gran demanda con el autoservicio".5 Sin embargo, también
5 Para evitar la sobrecarga de referencias de naturaleza efímera, cuyo senti- do para el tema analizado no depende prioritariamente de la fuente emisora, se omiten las notas correspondientes a las abundantes citas de este tipo que aparecen a lo largo de este ensayo, relativas a datos y testimonios extraídos de diversos periódicos de circulación masiva, revistas de actualidad, sitios de , Internet, gacetillas corporativas, material publicitario y otras informaciones provenientes del universo mediático contemporáneo.
19 18 LA^ INTIMIDAD^ COMO^ ESPECTÁCULO
es cierto que esta peculiar combinación del viejo eslogan hágalo usted mismo con el flamante nuevo mandato muéstrese como sea, está desbordando las fronteras de Internet. La tendencia ha conta- giado a otros medios más tradicionales, inundando páginas y más páginas de revistas, periódicos y libros, además de invadir las pantallas del cine y la televisión. Pero, ¿cómo afrontar este nuevo universo? La pregunta es pertinente porque las perplejidades son incontables, acuciadas por la novedad de todos estos asuntos y la inusitada rapidez con que las modas se instalan, cambian y desaparecen. Bajo esta ruti- lante nueva luz, por ejemplo, ciertas formas aparentemente ana- crónicas de expresión y comunicación tradicionales parecen vol- ver al ruedo con su ropaje renovado, tales como los intercambios epistolares, los diarios íntimos e incluso la atávica conversación. ¿Los e-mails son versiones actualizadas de las antiguas cartas que se escribían a mano con primorosa caligrafía y, encapsuladas en sobres lacrados, atravesaban extensas geografías? Y los blogs, ¿po- dría decirse que son meros upgrades de los viejos diarios íntimos? En tal caso, serían versiones simplemente renovadas de aquellos cuadernos de tapa dura, garabateados a la luz trémula de una vela para registrar todas las confesiones y secretos de una vida. Del mismo modo, los fotologs serían parientes cercanos de los antiguos álbumes de retratos familiares. Y los videos caseros que hoy circu- lan frenéticamente por las redes quizá sean un nuevo tipo de pos- tales animadas, o tal vez anuncien una nueva generación del cine y la televisión. Con respecto a los diálogos tipeados en los diver- sos Messengers con atención fluctuante y ritmo espasmódico, ¿en qué medida renuevan, resucitan o le dan el tiro de gracia a las vie- jas artes de la conversación? Evidentemente, existen profundas afinidades entre ambos polos de todos los pares de prácticas cul- turales recién comparados, pero también son obvias sus diferen- cias y especificidades. En las últimas décadas, la sociedad occidental ha atravesado un turbulento proceso de transformaciones que alcanza todos los ámbitos y llega a insinuar una verdadera ruptura hacia un nuevo
EL SHOW DEL YO horizonte. No se trata apenas de Internet y sus mundos virtuales de interacción multimedia. Son innumerables los indicios de que estamos viviendo una época limítrofe, un corte en la historia, un pasaje de cierto "régimen de poder" a otro proyecto político, so- ciocultural y económico. Una transición de un mundo hacia otro: de aquella formación histórica anclada en el capitalismo indus- trial, que rigió desde fines del siglo XVIII hasta mediados del xx -y que fue analizada por Michel Foucault bajo el rótulo de "socie- dad disciplinaria"-, hacia otro tipo de organización social que empezó a delinearse en las últimas décadas. 6 En este nuevo con- texto, ciertas características del proyecto histórico precedente se intensifican y ganan renovada sofisticación, mientras que otras cambian radicalmente. En ese movimiento se transforman tam-
. bién los tipos de cuerpos que se producen cotidianamente, así como las formas de ser y estar en el mundo que resultan" compa- tibles" con cada uno de esos universos. ¿Cómo influyen todas estas mutaciones en la creación de "modos de ser"? ¿Cómo alimentan la construcción de sí? En otras palabras, ¿de qué manera estas transformaciones contextua les afectan los procesos mediante los cuales se llega a ser lo que se es? No hay duda de que esas fuerzas históricas imprimen su influen- cia en la conformación de cuerpos y subjetividades: todos esos vectores socioculturales, económicos y políticos ejercen una pre- sión sobre los sujetos de los diversos tiempos y espacios, estimu- lando la configuración de ciertas formas de ser e inhibiendo otras modalidades. Dentro de los límites de ese territorio plástico y po- roso que es el organismo de la especie homo sapiens, las sinergias históricas -y geográficas- incitan algunos desarrollos corporales y subjetivos, al mismo tiempo que bloquean el surgimiento de for- mas alternativas. ¿Pero qué son exactamente las subjetividades? ¿Cómo y por qué alguien se vuelve lo que es, aquí y ahora? ¿Qué es lo que nos constituye corno sujetos históricos o individuos singulares, pero , 6 Michel Foucault, Vigilar y México, Siglo XXI, 1976.
23 (^22) LA INTIMIDAD COMO ESPECTÁCULO
consumo exacerbado, el marketing y la publicidad, los servicios y los flujos financieros globales. Y también la creatividad alegre- mente estimulada, "democratizada" y recompensada en términos monetarios. Algunos ejemplos pueden ayudar a detectar los principales ingredientes de este nuevo régimen de poder. Uno de los funda- dores de YouTube, significativamente presente en el encuentro del Forum Económico Mundiat declaró que la empresa pretende compartir sus ganancias con los autores de los videos exhibidos en el sitio. Así, el usuario de Internet que decida mostrar una pelí- cula de su autoría en el famoso portal ""va a recibir parte de las ganancias publicitarias conseguidas con la exhibición de su tra- bajo". De hecho, otros sitios similares implementaron tal sistema, y ya hace tiempo que compensan con dinero a sus colaboradores
(. más populares. MetaCafe, por ejemplo, asumió el compromiso de pagar cinco dólares por cada mil exhibiciones de una determinada película. Uno de los beneficiados fue un especialista en artes mar- ciales que facturó decenas de miles de dólares con un brevísimo video en el cual aparece haciendo acrobacias, titulado Matrix for real, que en pocos meses fue visto por cinco millones de personas. Las operadoras de teléfonos móviles también empezaron a remunerar las películas que sus clientes filman con sus propios celulares. Respondiendo a diversas promociones y campañas de marketing, los usuarios envían los videos al sitio de la compañía telefónica, donde el material queda disponible para quien desee verlo. Los mismos clientes se ocupan de divulgar sus obras entre sus contactos; en algunos casos reciben créditos por cada película bajada, que luego pueden gastarlos en otros servicios de la misma empresa. En el Brasil, por ejemplo, una de esas compañías ofrece diez centavos de crédito por cada download de las películas reali- zadas por sus clientes, monto que sólo se puede retirar una vez que la cifra haya superado doscientas veces ese valor. Una joven de 18 años figuraba entre las primeras en el ranking de esa em- presa, cuyo servicio lleva el nombre de Claro Vídeo-Maker, y llegó a recaudar unos cien reales con sus creaciones. ¿De qué se trata?
EL SHOW DEL YO
Imágenes que registran un campamento con un grupo de amigos, por ejemplo, y otras escenas de la vida adolescente. Una competi- dora de esa compañía telefónica decidió parafrasear un célebre manifiesto de las vanguardias artísticas locales para promover su servicio, parodiando en clave bien contemporánea la famosa con- vocatoria del Cinema Novo de los años sesenta: "una idea en la ca- beza, su Di en la mano ... y mucho dinero en el bolsillo':. De modo semejante, con el anzuelo de la recompensa monetaria por la crea- tividad de los usuarios, la empresa estimula que las películas gra- badas con el teléfono portátil de sus clientes se envíen al sitio Vocé Na Tela; todo, por supuesto, usando la conexión que la misma firmarprovee y factura. Así, mientras vocifera: "¡Usted en la pan- talla!"; agrega que "hay gente dispuesta a pagar para ver"; y, en rigor, no parece faltar a la verdad. Pero los ejemplos son innumerables y de lo más variados. Ese esquema que combina, por un lado, una convocatoria informal y espontánea a los usuarios para "compartir" sus invenciones y, por el otro, las formalidades del pago en dinero por parte de las gran- des empresas, parece ser "el espíritu del negocio" en este nuevo régimen. La red social por ejemplo, también decidió compensar monetariamente a quienes desarrollen recursos "inno- vadores y sorprendentes" para incorporar al sistema. Por eso, di- señar pequeños programas y otras herramientas para ese sitio se transformó en una auspiciosa actividad económica, que incluso llegó a motivar la apertura de cursos específicos en institutos y universidades como la prestigiosa Stanford. Algo similar ocurre con algunos autores de blogs que son des- cubiertos por los medios tradicionales debido a su notoriedad conquistada en Internet, y se los contrata para publicar libros im- presos (conocidos como blooks, fusión de blog y book) o columnas en revistas y periódicos. De esta manera, estos escritores comien- zan a recibir dinero a cambio de sus obras. Un caso típico es la brasileña Clarah Averbuck, que publicó tres libros basados en sus blogs, uno de los cuales fue adaptado para el cine. La autora de- , fiende abiertamente su opción: "ahora voy a escribir libros, basta
24 25 LA INTIMIDAD COMO ESPEéTÁCULO de gastar mis historias".7 Sin embargo, su blog cambia de nombre y de dirección pero sigue allí, siempre actualizado, como una ven- tana más para promover los otros productos de su marca. Su per- fil se parece demasiado al de la argentina Lola Copacabana, quien se considera "harta de los blogs" pero agradece el hecho de haber sido descubierta, ya que desde entonces puede cobrar por hacer lo que le gusta. "Escribo los mejores mails del mundo", afirma sin falsa modestia y con escaso riesgo de suscitar acusaciones de me- galomanía o excentricidad, al tiempo que confiesa ser "prostituta de las palabras", ya que" disfruto escribir, que me paguen por fa- vor por escribir". 8 Estos pocos ejemplos ilustran la forma en que opera el mer- cado cultural contemporáneo. Son sumamente arteros los disposi- tivos de poder que entran en juego, ávidos por capturar cualquier (^) '- vestigio de "creatividad exitosa" para transformarlo velozmente en mercancía. Para "ponerla a trabajar al servicio de la acumula- ción de plusvalía", diría Suely Rolnik. 9 Sin embargo, esa táctica suele ser ardientemente solicitada por los mismos jóvenes que ge- neran dichas creaciones, tal vez sin comprender exactamente "para qué se los usa", como intuyera Deleuze hace más de quince años, antes incluso de que la ya vetusta Web 1.0 llegara a popula- rizarse. En la página inicial de Second Life, por ejemplo, entre vis- tosos cuerpos tridimensionales y fragmentos de paraísos virtuales, no hay mucho espacio para sutilezas: constantemente se notifica la cantidad de usuarios que se encuentran on-line en el momento; alIado de esa cifra, con idéntico formato y propósito, el sitio in- forma la cantidad de dólares gastados por los parroquianos del mundo virtual en las Últimas veinticuatro horas. A su vez, la empresa que administra MySpace anunció ellan- zamiento de su nuevo servicio de publicidad dirigida, para cuya,
7 Luciene "Blogs: a escrita de si na rede dos textos", en 1vfatraga, vol. 14, núm. 21, Río de Janeiro, UER], julio-diciembre, 2007, p. 55. B Agustín Valle, "Los blooks y el cambio histórico en la escritura", en Debate, núm. 198, Buenos Aires, 29 de diciembre de 2006, pp. 50 Y 51. 9 SueIy Rolnik, op. cit.
EL SHOW DEL YO implementación no sólo recurre a los datos personales que com- ponen los perfiles de sus usuarios, sino también a eventuales in- formaciones rastreadas en sus blogs sobre gustos y hábitos de con- sumo. En la primera etapa de esta experiencia, la compañía clasificó a sus millones de usuarios en diez categorías diferentes, según sus intereses manifiestos -tales como autos, moda, finanzas y música-, con el fin de que cada uno de ellos recibiera publicidad acorde con sus potencialidades como consumidor. Pero esa pri- mera clasificación fue sólo el comienzo, según la propia empresa admitió, destacando la novedad de la propuesta y las grandes ex- pectativas que despierta. " .Ahora los anunciantes disponen de mucho más que simples datos demográficos extraídos de loS formularios de inscripción", explicó un miembro de la firma. Consideran además que no se trata de nada intrusivo para los usuarios, ya que éstos pueden op- tar por hacerse amigos de las empresas que les agradan. "Muchos jóvenes no parecen tener instintos de protección de la privacidad", justificó otro especialista, mientras preveía lucros millonarios para el naciente behavioral targeting o envío de publicidad en función del comportamiento. Un representante de MySpace ilustró el opti- mismo que rodea estas iniciativas, con el ejemplo de una usuaria de la red social a quien le gusta la moda y "escribe en su blog acerca de las tendencias de la temporada, incluso llega a contar- nos que necesita un par de botas nuevas para el otoño". La con- clusión parece obvia: "¿quién no querría ser el anunciante capaz de venderle esos zapatos?". Razones motivaron que el valor de FaceBook se cal- culase en quince mil millones de dólares, tan sólo tres años des- pués de su nacimiento como el despreocupado hobby de un estu- diante universitario. A fines de 2007, cuando esta otra red de relaciones ya contaba con más de cincuenta millones de usuarios y crecía más rápido que cualquiera de sus competidoras, ocupó espacio en los noticieros porque dos grandes empresas del área, Google y Microsoft, disputaron por la compra de una fracción
(^28 ) LA INTIMIDAD COMO ESPECrAcULO espacios públicos es la otra cara de una creciente publicitación de lo privado, una sacudida capaz de hacer tambalear aquella dife- renciación de ámbitos antes fundamentaL En medio de los vertigi- nosos procesos de globalización de los mercados, en el seno de una sociedad altamente mediatizada, fascinada por la incitación a la vi- sibilidad y por el imperio de las celebridades, se percibe un despla- zamiento de aquella subjetividad "interiorizada" hacia nuevas for- mas de autoconstrucción. En un esfuerzo por comprender estos fenómenos, algunos ensayistas aluden a la sociabilidad líquida o a la cultura somática de nuestro tiempo, donde aparece un tipo de yo más epidérmico y dúctil, que se exhibe en la superficie de la piel y de las pantallas. Se habla también de personalidades alterdirigidas y no más introdirigidas, construcciones de sí orientadas hacia la mirada ajena o exteriorizadas, no más introspectivas o intimistas. (^) ""'" E incluso se analizan las diversas bioidentidades, desdoblamientos de un tipo de subjetividad que se apuntala en los rasgos biológicos o en el aspecto físico de cada individuo. Por todo eso, ciertos usos de los blogs, fotologs, webcams y otras herramientas como MySpace y YouTube, serían estrategias que los sujetos contemporáneos ponen en acción para responder a estas nuevas demandas sociocultura- les, balizando nuevas formas de ser y estar en el mundo. Sin embargo, pese al veloz crecimiento de estas prácticas y a la euforia que suele acompañar todas estas novedades, siempre espoleadas por el alegre entusiasmo mediático, hay datos que conspiran contra las estimativas más optimistas sobre la "inclu- sión digital" o el u acceso universal". Hoy, por ejemplo, sólo mil millones de los habitantes de este planeta poseen una línea de te- léfono fijo; de ese total, menos de un quinto tiene acceso a Internet por esa vía. Otras modalidades de conexión amplían esos núme- ros, pero de todos modos siguen quedando afuera de la Web por lo menos cinco mil millones de terráqueos. Lo cual no causa de- masiado asombro si consideramos que el 40% de la población mundial, casi tres mil millones de personas, tampoco dispone de
EL SHOW DEL YO La distribución geográfica de esos privilegiados 'que poseen contraseñas para acceder al ciberespacio es todavía más elocuente de lo que insinúa la mera cantidad: el 43% en América del Norte, el 29 % eri Europa y el 21% en buena parte de Asia, incluyendo los fuertes números del Japón. De modo que en esas regiones del pla- neta se concentran nada menos que el 93% de los usuarios de la red global de computadoras y, por lo tanto, de aquellos que dis- frutan de las maravillas de la Web 2.0. El magro porcentaje res- tante salpica las amplias superficies de los "países en desarrollo", repartido de la siguiente forma: el 4% en nuestra América Latina, poco más del 1% en Oriente Medio y menos todavía en África. ASÍ, a contrapelo de los festejos por la democratización de los me- dios, Íos números sugieren que las brechas entre las regiones más ricas y más pobres del mundo no están disminuyendo. Al contra- rio, quizás paradójicamente, al menos en términos regionales y geopolíticos, esas desigualdades parecen aumentar junto con las fantásticas posibilidades inauguradas por las redes interactivas. Hasta el momento, por ejemplo, sólo el 15% de los habitantes de América Latina tienen algún tipo de acceso a Internet. Constatacio- nes de esa índole llevaron a formular el concepto de tecno-apartheíd, que intenta nominar esta nueva cartografía de la Tierra como un archipiélago de ciudades o regiones muy ricas, con fuerte desarro- llo tecnológico y financiero, en medio del océano de una pobla- ción mundial cada vez más pobre. Ese escenario global se replica dentro de cada país. En la Ar- gentina, por ejemplo, se calcula que son más de quince millones los usuarios de Internet, lo cual representa el 42% de la población nacional, pero las conexiones residenciales no pasan de tres millo- nes; la mayor parte de los argentinos accede esporádicamente, a partir de cibercafés o locutorios. Casi dos tercios de ese total se concentran en la ciudad o en la provincia de Buenos Aires; mien- tras en esas zonas los accesos por banda ancha tienen una pene- tración del 30%, en las provincias más pobres del norte del país una tecnología bastante más antigua y reconocidamente más basi- (^) , esa opción ni siquiera abarca al 1%. En el Brasil, por su parte, ya lar: el inodoro. (^) existen casi cuarenta millones de personas con acceso a Internet,
(^30 ) LA INTIMIDAD COMO ESPECT
la mayoría concentrada en los sectores más acomodados de las áreas urbanas. De esa cantidad, sólo tres cuartos cuentan con co- nexiones residenciales, y de hecho son apenas veinte millones los que se consideran "usuarios activos", es decir, aquellos que se co- nectaron por lo menos una vez en él último mes. Los números han crecido mucho y ya representan un quinto de la población nacio- nal mayor de quince años de edad; sin embargo, conviene explici- tar también lo que esos números braman en sordina: son 120 mi- llones los brasileños que -¿aún?- no tienen ningún tipo de acceso a la red. Si bien en números absolutos el país ocupa el primer lu- gar de América Latina y el quinto del mundo, si las cifras se cote- jan con el total de habitantes, el Brasil se encuentra en el puesto número 62 del elenco mundial, y es el cuarto en el ya relegado subcontinente. A la luz de estos datos, parece obvio que no es exactamente "cualquiera" quien tiene acceso a Internet. Aunque dos tercios de los ciudadanos brasileños nunca hayan navegado por la Web y muchos de ellos ni siquiera sepan de qué se trata, seis millones de blogs son de esa nacionalidad, posicionando al Brasil como el ter- cer país más bloguero del mundo. Sin embargo, tampoco es un de- talle menor el hecho de que dos tercios de esos autores de diarios digitales residan en el sudeste del territorio nacional, que es la re- gión más rica del país. Por todos esos motivos, habría que formular una definición más precisa de aquellos personajes que resultaron premiados con tanto glamour como las personalidades del momento: usted, yo y todos nosotros. De persistir las condiciones actuales -¿y por qué no habrían de persistir?-, dos tercios de la población mundial nunca tendrán acceso a Internet. Más aún: buena parte de esa cantidad de gente "común" ni siquiera oirá hablar en toda su vida sobre los blogs ni sobre los rutilantes YouTube, Second LiJe o MySpace, por ejemplo. Esos miles de millones de personas, que no obstante ha- bitan este mismo planeta, son los "excluidos" de los paraísos ex- traterritoriales del ciberespacio, condenados a la gris inmovilidad local en plena era multicolor del marketing global. Y lo que quizás
EL SHOW DEL YO sea más penoso en esta sociedad del espectáculo, en la que sólo es lo que se ve: en ese mismo gesto, también se los condena a la invi- sibilidad total. De modo que es imposible desdeñar los lazos incestuosos que atan estas nuevas tecnologías con el mercado, institución omni- presente en la contemporaneid,ad, y muy especialmente en la co- municación mediada por computadoras. Lazos que también las amarran a un proyecto claramente identificable: el del capitalismo actual, un régimen histórico que necesita ciertos tipos de sujetos para abastecer sus engranajes -y sus circuitos integrados, y sus góndolas y vitrinas, y sus redes de relaciones vía Web-, mientras repele activamente otros cuerpos y subjetividades. Por eso, antes f de investigar las sutiles mutaciones en los pliegues de la intimi- dad, en la dialéctica de lo público-privado y en la construcción de modos de ser, hay que desnaturalizar las nuevas prácticas comu- nicativas. Algo que sólo se logrará si desnudamos sus raíces y sus derivaciones políticas. Lejos de abarcamos a todos nosotros como un conjunto armó- nico, homogéneo y universal, cabe recordar que tan sólo una por- ción de la clase media y alta de la población mundial marca el ritmo de esta revolución del usted y del yo. Un grupo humano dis- tribuido por los diversos países de nuestro planeta globalizado, que aunque no constituya en absoluto la mayoría numérica, ejerce una influencia de lo más vigorosa en la fisonomía de la cultura global. Para eso, cuenta con el inestimable apoyo de los medios masivos en escala planetaria, así como del mercado que valoriza a sus integrantes -y solamente a ellos- al definirlos como consumi- dores; tanto de.la Web 2.0 como de todo lo demás. Es precisamente ese grupo el que ha liderado las metamorfosis de lo que significa ser alguien a lo largo de nuestra historia reciente. En ese mismo sentido, se impone otra aclaración: la riqueza de las experiencias subjetivas es inmensa, sin duda alguna. Son incontables y muy variadas las estrategias individuales y colecti- vas que siempre desafían las tendencias hegemónicas de la cons- 'trucción de sí. Por eso, puede ocurrir que ciertas alusiones a los
¿Qué es una obra? [... ] Hay que publicar todo, ciertamente, pero ¿qué quiere decir este "todo". Todo lo que el propio Nietzsche publicó, de acuerdo. ¿Los borradores de sus obras? Cierta- mente. ¿Los proyectos de aforismos? Sí, ¿tam- bién los tachones, las notas al pie de los cuader- nos? Sí. Pero [ ... ] una cuenta de la lavandería, ¿es obra o no es obra? ¿Y por qué no? MICHEL FOUCAULT
Aquí no voy a contarle a nadie los" diez pasos" para nada, ni voy a dar consejos de qué hacer o no para tener éxito. Éste va a ser tan sólo un re- lato de las lecciones que el mundo y la vida me enseñaron hasta este momento. En esta corta, pero intensa trayectoria, mucha gente se ha em- peñado en no verme. BRUNA SURFISTINHA
CUANDO más se ficcionaliza y estetiza la vida cotidiana con recur- sos mediáticos, más ávidamente se busca una experiencia autén- tica, verdadera, que no sea una puesta en escena. Se busca lo real- mente real. 0, por lo menos, algo que así lo parezca. Una de las manifestaciones de esa "sed de veracidad" en la cultura contem- poránea es el ansia por consumir chispazos de intimidad ajena. En pleno auge de los reality-shows, el espectáculo de la realidad tiene éxito: todo vende más si es real, aunque se trate de versiones
, dramatizadas^ de^ una^ realidad^ cualquiera.^ Como^ dos^ caras^ de^ la misma moneda, el exceso de espectacularización que impregna 221
(^222) LA INTIMIDAD COMO ESPECTÁCÚLO 223
nuestro ambiente tan mediatizado va de la mano de las distintas formas de "realismo sucio" que hoy están en boga. Internet es un escenario privilegiado de este movimiento, con su proliferación de confesiones reveladas por un yo que insiste en mostrarse siem- pre real, pero el fenómeno es mucho más amplio y abarca diversas modalidades de expresión y comunicación. Aún aSÍ, no se trata de algo completamente nuevo: es posible detectar las raíces de este gusto por lo real ya en el siglo XIX. Una disposición que no se plasma solamente en la ficción, como las novelas realistas y naturalistas que se convirtieron en uno de los grandes vicios de la época, sino también'en el periodismo sensa- cionalista que floreció en aquellos tiempos y que los lectores devo- raban en tabloides y folletines. E inclusive en los museos de cera y (^) (¡. otros espectáculos de la vida moderna que se ofrecían en las calles de las ciudades y apelaban al realismo como un ingrediente fun- damental de su éxito. De esa forma, inclusive, se asentó el terreno para el surgimiento del cine, cuyas manifestaciones ancestrales eran promovidas con ganchos publicitarios del tipo: lino son imi- taciones ni trompe l'oeil, son reales!".l A lo largo de la era burguesa, entonces, el arte imitaba a la vida y la vida imitaba al arte. Pero esa creciente ficcionalización de lo real en los diversos medios, así como la gradual naturaliza- ción de los códigos del realismo en la ficción, también contri- buyeron a cambiar los contornos del mundo y de la realidad misma. Esos recursos de verosimilitud pronto desbordaron páginas impresas de los libros y de los periódicos para invadir las pantallas del cine y de la televisión, y luego empaparían tam- bién la vida cotidiana. La realidad de todos nosotros también se
Cfrtr lejano siglo XIX, el arte contemporáneo ya no pretende imitar a la
1 Vanessa Schwartz, 110 espectador cinematográfico antes do aparato do cinema: o gosto pela realidade na París fim-de-século", en Leo Charney y Va- nessa Schwartz (comps.), O cillema e a inve11l;iio da vida moderna, San Pablo, Cosac & Naif y, 2004, p. 341.
YO REAL Y LA CRISIS DE LA FICCIÓN
vida. Del mismo modo, la vida actual tampoco anhela imitár esas artes. En cambio, hoy vemos cómo los medios de comunicación sin pretensiones artísticas están más y más atravesados por los imperativos de lo real, con una proliferación de narrativas e imá- que retratan la vida tal como es en todos los circuitos de la comunicación. Mientras tanto, la Pwpia vida tiende a ficcionali- zarse recurriendo a códigos mediáticos, especialmente a los re- cursos dramáticos de los medios audiovisuales, en cuyo uso he- mos sido persistentemente alfabetizados a lo largo de las últimas décadas. En una sociedad tan espectacularizada como la nuestra, no sorprende $lue las fronteras siempre confusas entre lo real y lo ficciqnal se hayan desvanecido aún más. El flujo es doble: una contamina a la otra, y la nitidez de ambas definiciones queda comprometida. Por los mismos motivos, se ha vuelto ha- bitual recurrir a los imaginarios ficcionales para tejer las narra- ciones de la vida cotidiana, lo cual genera una colección de rela- tos que confluyen en la primera persona del singular: yo. En años recientes, sin embargo, las narrativas de ficción parecen }:ta-; ber perdido buena parte de su hegemonía inspiradora para la autoconstrucción de los lectores y espectadores, con una cre- ciente primacía de su supuesto contrario: lo real. O más precisa- mente, la no ficción. Todo indica que esta inyección de drama- tismo y estilización mediática que se apropió del mundo a lo largo del siglo xx ha ido nutriendo un anhelo de acceder a una experiencia intensificada de lo real. Una realidad aumentada cuyo grado de eficacia se mide, paradójicamente, con estándares mediáticos. Por eso, si la paradoja del realismo clásico consistía en inventar ficciones que pareciesen realidades, manipulando todos los recursos de verosimilitud imaginables, hoy asistimos a otra versiÓn de ese aparente contrasentido: una voluntad de in- ventar realidades que parezcan ficciones. Espectacularizar el yo consiste precisamente en eso: transformar nuestras personalida- y vidas (ya no tan) privadas en realidades ficcionalizadas con\ecursos mediáticos.
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LA INTIMIDAD COMO ESPECT ÁClJLO mos de datos fidedignos sobre su intimidad que puedan dis- traernos de lo que hizo, no hay relatos ni imágenes que puedan contaminar sus escritos. Si el poeta inglés logró ocultarnos "sus rencores, sus envidias y antipatías" -y podríamos agregar, in- cluso, "su rosto" -, es también gracias a ese elegante silencio que "su poesía brota de él libre y sin impedimentos".2 Tal es la cons- tatación de Virginia Woolf: si alguien logró expresar completa- mente su obra, lejos de las vanas poluciones biográficas, ese au- tor fue William Shakespeare. Sin embargo, dichos detalles extraliterarios sobre quién fue realmente se crean y recrean sin pausa, se investigan con avidez de pruebas y cita de fuentes. Otro ejemplo de esa búsqueda es un libro pavorosamente titulado La verdad será revelada. Desenmascarando al verdadero Shakespeare, firmado por Brendan James y William Rubinstein. .. En todos estos casos, lo que se busca es rellenar con informacio- nes "reales" esa mudez intolerable, que se acoraza en la más per-
. feda ficción y se rehúsa a salir de ese universo. Pero esta búsqueda frenética por lo real-banal tampoco per- dona a otras figuras históricas que, por haber vivido en épocas dis- tantes de nuestro culto a la personalidad espectacularizada, deja- ron poco material para discurrir acerca de sus yos. En ese descuido nos han legado, tan sólo, sus obras. Un libro publicado por una re- conocida especialista en la Divina Comedia de Dante Alighieri, por ejemplo, trajo algunas revelaciones que los medios de comunica- ción enseguida se ocuparon de propalar con tono de escándalo. El libro develaba "el verdadero origen de las visiones dantescas" del infierno y del paraíso, descriptas por el poeta florentino hace siete siglos. He aquí la revelación: "para inspirarse, Dante ingería sustan- cias estupefacientes como cannabis y mezcalina".3 Fueron apenas unos pocos renglones referidos al asunto en un libro de quinientas
2 Virginia Woolf, Un cuarto propio y otros ensayos, Buenos Aires, a-Z, 1993, p.77. 3 Barbara Reynolds, Dante: the Poet, the Political Thinker, the Man, Londres, Tauris, 2006.
YO REAL Y LA CRISIS DE LA FrCCIÓN
páginas sobre la vida y la obra del escritor italiano, pero también es claro que fue sólo esa cuestión la que logró despertar el interés me- diático sobre un tema tan poco actual. Uno de los suplementos li- terarios británicos más prestigiosos, el Times Literary Supplement, estampó el siguiente titular en la tapa: "Dante drogado". , De modo semejante, aprovechando el cuarto centenario de la publicación de Don Quijote, se lanzaron al mercado decenas de li- bros y otros productos, todos referidos a asuntos "reales" relacio- nados con la célebre novela de Miguel de Cervantes Saavedra. Pasando por alto el pequeño detalle de que se trata de una ficción escrita hace cuatrocientos años, el mercado editorial no ahorró in- vestigadorrs y articulistas: cuál sería el verdadero pueblo del cual partió el ingenioso hidalgo, cuáles eran los alimentos que él real- mente consumía, y hasta quién habría sido la dama real que ins- piró el personaje de Dulcinea del Toboso. Una nota periodística advertía que" doce cocineros se comprometieron en el proyecto de hacer un libro de recetas basado en el Quijote", y apostaba a que la obra podría ser "traducida a tantos idiomas como la no- vela; por ahora, se planea su publicación en inglés y japonés". Considerando el éxito de la gastronomía en el universo de las le- tras contemporáneas, la culinaria quijotesca puede llegar a vender más que la propia novela en la cual se ha inspirado. Por cierto, la ficticia Dulcinea no está sola en esta bús- queda actual de realidad. También proliferan obras dedicadas a revelar la verdadera identidad de La Gioconda, para citar otro ejemplo típico, especulando sobre quién fue la mujer que quinien- tos años atrás posara para los pinceles de Leonardo da Vinci. A propósito, la popularidad de este último artista ha aumentado bastante últimamente, pero tal incremento en el interés del pú- blico no se deriva de sus famosísirnas obras de arte, sino que se debe al éxito de un best seller como El código Da Vinci, de Dan Brown, que ya vendió decenas de millones de ejemplares en más
4 Peter Hainsworth, "Dante on drugs", en Times Literary Supplement, Lon- dres, '8 de octubre de 2006.
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de cuarenta idiomas y transformó a su autor en una celebridad millonaria. Ese libro logró sacar el máximo provecho de la ambi- güedad que florece entre las fórmulas de la ficción y la no ficción, dando a luz, inclusive, otros libros que desmenuzan sus diversos tópicos y también lideraron, durante meses y años, las listas de best sellers de todo el mundo. En este caso, las de no ficción. "Son más de doce libros publicados sobre el tema, casi todos mostrando que los argumentos de Brown están equivocados o son increíbles, olvidando que el libro pertenece al territorio de la fic- ción", advertía un artículo publicado en un suplemento cultural brasileño. 5 De todas maneras, de ese granero también surgieron guías de turismo e itinerarios para viajes temáticos, conferencias y objetos de decoración inspirados en el libro, e incluso la inevitable película con estrellas de Hollywood en su elenco. Cabe imaginar además algún tomo bien encuadernado que reúna misteriosas rece- tas de cocina bíblico-conspirativas, ¿por qué no? De hecho, al am- paro de este éxito, por lo menos un libro de recetas fue lanzado al mercado con una repercusión considerable: el Códice Romanoff, un manuscrito a partir del cual se publicaron, en varios idiomas, las Notas de cocina atribuidas a Leonardo da Vinci. Aunque son muchas las dudas acerca de su autenticidad, tales recelos se mencionan ra- ramente en las lujosas ediciones de la obra. Las anotaciones se refie- ren a los extravagantes manjares que Da Vinci mandaba preparar en la corte de Ludovico Sforza, en pleno siglo xv. Pero conviene su- brayar que todo ese merchandising se ha engendrado en el vientre de aquel otro códice best seller, que supo capitalizar muy bien las perplejidades que dinamitan las fronteras entre ficción y no ficción. Insistiendo en el tema, un estudioso de la genealogía de las familias de Florencia comunicó a la prensa los resultados de sus investigaciones, que enseguida se replicaron en todo el planeta: el investigador había ubicado a las últimas herederas de la Mona Lisa. Dos jóvenes italianas descendientes de la noble familia Strozzi,
5 Alexandre Matias, "Fenomeno Da Vind", en Folha de Sao Paulo, San Pablo, 9 de agosto de 2004.
YO REAL Y LA CRISIS DE LA FICaÓN
que en el siglo XIV fue la gran rival de los Médici, se déjaron foto- grafiar en el Museo del Louvre y fueron cotejadas con el célebre retrato de La Gioconda, que habría inmortalizado el rostro de su ancestral Lisa Gherardini. En 1495, a los dieciséis años de edad, esa joven florentina se casó con Francesco Bartolomeo del Gio- condo, un rico comerciante de seda que habría encomendado el retrato de su esposa en 1503. "Es poco lo que se sabe de la Mona Lisa, salvo que llevaba una existencia recluida y discreta en su casa familiar de la calle Della Stufa", revela el investigador. "Mu- rió el 15 de julio de 1542 y fue inhumada en el convento de Santa Úrsula; la línea directa de Del Giocondo se extinguió a fines del siglo pero sobrevivió por la rama femenina".6 Ésa es toda la relevancia de esta información real. "Posiblemente la Mona Lisa se parece a la dama cuyo retrato pintó Leonardo da Vinci", dice el crítico de arte Ernst Fischer. "Pero su sonrisa está más allá de la naturaleza, no tiene nada que ver con ella y depende absolutamente de la experiencia vivida, del conocimiento alcanzado por el hombre a quien la dama sirvió de modelo".7 Una obviedad capaz de invalidar todo interés en la verdadera -y, por lo visto, poco transcendente- Lisa Gherardini. Sin embargo, no es eso lo que ocurre hoy en día. "Cuando Picasso comienza a pintar un objeto tal como lo hizo la naturaleza y luego va renunciando poco a poco al parecido superficial por medio de un esfuerzo gradual de simplificación, de concentración", conti- núa Fischer, "con ello se va revelando paulatinamente una reali- dad más fundamental".8 No obstante, no es esa hondura revelada en ocasiones por el arte lo que parece interesar al ávido público contemporáneo. En vez de esa búsqueda, hay una voluntad de sa- ber todo sobre aquella otra realidad más pedestre y supuesta- mente más real. Interesa saber quién era realmente esa mujer que
6 Fran<;ois Hauter, "De la Joconde aux princesses Strozzi", en Le Fígaro, Pa- rís, 5 de febrero de 2007. 7 Ernst Fischer, "El problema de lo real en el arte moderno", en Realismo: \ ¿mito, doctrina o tendencia histórica?, Buenos Aires, Lunaría, 2002, p. 68. s Ibid.