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Asignatura: historia de las religiones antiguas, Profesor: Fernández Ubiña, Carrera: Historia, Universidad: UGR
Tipo: Apuntes
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(Materiales para Historia de las religiones antiguas. Curso 2016-2017)
Como señaló Eliade (1978, 319), el estudio de la religión irania es fuente de continuas sorpresas y decepciones. El tema se aborda con el más vivo interés, pues son bien conocidas las aportaciones iranias a la formación de la religiosidad occidental, en particular a la religión hebrea. De ellas cabe destacar la articulación de diversos sistemas dualistas (cosmológico, ético y religioso), el mito del Salvador y la propuesta de una escatología “optimista”, que anuncia el triunfo definitivo del bien sobre el mal y la salvación universal. Pero, al mismo tiempo, la decepción se apodera del estudioso novel cuando contacta con las fuentes: tres cuartas partes del Avesta antiguo se han perdido y de los textos conservados solamente los gathas , que algunos atribuyen a Zaratustra, son capaces de fascinar al no especialista.
El Imperio persa representa, a juicio de Moscati (1963, 307), una síntesis estable de las culturas del Próximo Oriente, síntesis basada en una política ilustrada de libertad y tolerancia, de la que sólo quedó fuera Occidente. Eran indoeuropeos (Irán deriva de un término que significaba «país de los arios») asentados en la meseta irania desde el milenio II a.C., que en el milenio siguiente formaron poderosos organismos políticos: el último triunfo de la periferia sobre el centro. Ellos serían los primeros unificadores de Oriente (asirios y babilonios lo fueron fugazmente) y esa unidad política sería la que se enfrentaría a Occidente y encontraría aquí su final.
El primer estado de los medos, prólogo de la nueva época histórica, se remonta al siglo VIII a.C. y tuvo como capital Ecbatana, (actual Hamadán), pero no abandonaron la vida nómada. Entre sus primeros reyes destacó Ciaxares (625-584) que tomó Assur en el 614 y Nínive en el 612 (con su aliado Nabopolasar), dando así un golpe letal al Imperio asirio. Luego sometió e
integró diversos estados persas y pueblos iranios. Le sucedió Astiages (584-555), que adoptó el lujo de las cortes mesopotámicas y se enajenó a la nobleza caballeresca meda. Otro problema fue el creciente prestigio de la estirpe de los magos, especie de casta sacerdotal que monopolizaba los sacrificios y profesaba doctrinas secretas, en contraste con la sencillez religiosa propia de los iranios. Esto hizo que hacia el 550 los persas, encabezados por Ciro, se rebelaran con el apoyo de jinetes medos, siendo Ecbatana saqueada. El episodio medo desapareció, pues, como un meteoro. Algunas instituciones y costumbres religiosas del Irán prezoroástico se mantendrán en épocas posteriores, con transformaciones de difícil evaluación. Es a) el caso antes mencionado de los magos, b) la importancia simbólica y ritual del fuego, c) del llamado haoma (jugo de una planta desconocida que, mezclado con leche y otros productos, adquiría poderes alucinógenos), y era utilizado en los sacrificios. Se consideraba fuente de la fuerza de los guerreros y de la sabiduría de los sacerdotes. Con el zoroastrismo se convertirá en una especie de viático para el difunto, que con él garantiza la inmortalidad de su alma en el otro mundo), d) de la división del mundo divino en ahura (“señor”) y daeva. Con el zoroastrismo los daevas se devaluaron y se convirtieron en demonios, quizá como resultado de la condena del politeísmo por Zaratustra, e) el dios Mithra, tan importante en los siglos siguientes, ya es mencionado como garante de un tratado entre el rey hitita Suppiluliuma y el rey Sattiwaza de Mitanni. Mithra significa en iranio “pacto o contrato”, pero nos consta que sus atribuciones cambiaron sustancialmente con el paso de los siglos y hasta cabe preguntarse si es el mismo dios que los romanos conocieron como Mitra. Lo cierto es que en un primer momento era considerado como dios de la justicia, de la luz y de la verdad, rasgos que mantendrá en todas las culturas.
2. EL IMPERIO PERSA Una leyenda transmitida por Heródoto narra el siguiente sueño del rey medo Astiages: del vientre de su hija nacía una fuente que inundaba toda Asia y brotaba una vid que cubría todo el continente. Atemorizado por este mal presagio, la casó con un noble vasallo persa, Cambises I, y luego ordenó matar al hijo fruto de ese matrimonio (y nieto, por tanto, del propio Astiages). Pero el bebé (el futuro Ciro II el Grande) se salvaría (fue acogido y criado por la esposa de un boyero llamado Mithrídates), sería luego reconocido por su abuelo y destronaría finalmente a éste. Jenofonte narra otros datos legendarios en su novelesca Ciropedia o Educación de Ciro. En el mito de Ciro, similar al de otros héroes populares, aparecen con claridad sus elementos principales: a) la pruebas sufridas por el protagonista, en especial su exposición, equivalen a una iniciación de tipo guerrero; b) el futuro rey es, simbólicamente, hijo de Mithra (su padre adoptivo se llamaba Mithrídates = “don de Mithra”); c) funda un imperio y una nueva dinastía, lo que equivale a decir que creó un nuevo mundo e inauguró una nueva era. MAUSOLEO DE CIRO EN PASARGADA
Tras tomar el poder con apoyo de tropas medas, Ciro el Grande (559-530) conquistó todo Oriente en apenas 12 años. Babilonia, en el año 539, lo recibió como un libertador. Los sacerdotes de Marduk lo reconocieron hijo del dios (algo parecido harían los judíos, que lo proclamaron “mesías”) y el propio Ciro se consideró designado por este dios para restaurar su culto
griegos de Jonia se sublevaron a principios del siglo V, con apoyo ateniense, y Darío fracasó primero en su abortada invasión de Grecia (492) y poco después, en la campaña del 490, sufrió la célebre derrota de Maratón.
Reorganizó el aparato político-administrativo del Estado, con capital en Susa, encabezado por el rey, que gozaba de poderes absolutos y honores divinos (ante él se hacía la proskynesis ). Bajo su autoridad estaban los sátrapas o gobernadores provinciales, asistidos por secretarios («ojos y oídos del rey») que los supervisaban. El control real lo aseguraban además los inspectores y se vio facilitado por el servicio de postas entre Susa y las capitales de las satrapías. Los sátrapas pagaban al rey las cantidades estipuladas en oro, plata y diversos productos, incluyendo mancebos castrados para servir como pajes en la corte. El ejército de cada provincia estaba sometido al sátrapa, pero el rey nombraba a los jefes militares. Una guardia permanente, los «diez mil inmortales», que protegía al rey, puede verse representada en el «friso de los arqueros» de Susa (hoy en el Louvre). La caballería y los arqueros persas gozaron siempre (incluso en época romana) de gran prestigio y fueron muy temidos por todos sus enemigos. Es un tópico reiterado que los niños persas eran educados en la equitación, el tiro del arco y decir la verdad. También se organizaron los impuestos (los persas estaban exentos) y se impulsó el comercio, favorecido por una extensa red de caminos (destaca la ruta Susa-Sardes, de 2400 km. Ellos medían en «parasangas», unidad de longitud incierta) y por las monedas acuñadas por Darío («dáricos» de oro y siclos de plata). Sus inscripciones aparecen a veces hasta en cuatro lenguas, pero como idioma de la administración se impuso el llamado «arameo imperial», escrito en caracteres alfabéticos fenicios. Levantó palacios en Susa, Ecbatana y Pasargada. INSCRIPCIÓN DE BEHISTUM
Entre los SUCESORES de Darío cabe recordar a Jerjes (486-464), al que los griegos humillaron en Salamina, Platea y Eurimedón, y tildaron de tirano cruel. En una de sus inscripciones parece hacer una abierta afirmación de zoroastrismo, al condenar a los «dioses malévolos», los daevas , cuyo culto prohibió ( Texto en Moscati, 313-14). Otras fuentes hablan de su devoción a la religión de los magos, que al final del reinado alcanzaron un gran poder.
Jerjes construyó lujosamente en Persépolis, ciudad con más significado religioso que político, como ya se ha dicho, y de su reinado son las partes más importantes del palacio. Los griegos prácticamente la desconocieron hasta la llegada de Alejandro. Las ruinas de la ciudad han sido consideradas como una de las maravillas del mundo antiguo.
Con Artajerjes I (464-424) era ya evidente la gran transformación del régimen, dominado ahora por la corrupción, el despotismo y la represión intolerante. Con ello se ahonda la crisis que llevará a su final. Este se produjo bajo Darío III Codomano (335-330), cuyos ejércitos fueron derrotados por Alejandro Magno en Gránico, Iso (donde la familia real fue apresada) y Gaugamela (llanura de Arbela). Perseguido por Alejandro, Darío murió cerca del mar Caspio y fue enterrado en Persépolis. Alejandro sometió enseguida todo el Imperio. Los persas sólo recuperarían cierto protagonismo en el concierto internacional bajo la dinastía parta de los Arsácidas (171 a.C-223 d.C.), que obtuvo algunos éxitos sonoros frente al Imperio romano, y, sobre todo, con los Sasánidas (223-651 d.C.). Ambas dinastías mostraron su adhesión al zoroastrismo, convertido así en creencia oficial del Estado, si bien los sasánidas esgrimieron razones de pureza religiosa para desbancar a sus predecesores partos. La principal innovación religiosa de los partos arsácidas fue postergar a Ahura Mazda en beneficio de Mithra, antigua divinidad indoaria que durante el Imperio romano gozaría de gran predicamento en la cuenca del Mediterráneo (aunque con rasgos específicos) y que algunos textos describen como "señor de los anchos pastos, el de mil oídos, el de diez mil ojos" (Eliade, 1980, 232). Arsácidas y sasánidas permitieron, sin embargo, la existencia de otras tradiciones religiosas iranias, en particular el culto a la diosa Anahita, aunque los testimonios religiosos son tan escasos que es casi imposible percibir la fuerza de cada divinidad o de cada movimiento religioso. Un manuscrito en lengua árabe atribuye este consejo a un rey sasánida: “Ten en cuenta, hijo mío, que la iglesia y el estado son gemelos y ninguno puede existir sin el otro. La religión es la base del Estado y el rey es el guardián de la religión. Sé sensible a las necesidades del pueblo religioso. Si lo descuidas y lo oprimes, en ese pueblo aparecerán líderes secretos entre quienes has tiranizado y privado de sus derechos y humillado” (Snell, 129).
Sabemos, en todo caso, que durante la dinastía sasánida el zoroastrismo fue restaurado y convertido en religión del estado, lo que llevó a la marginación, si no persecución, de religiones rivales como el cristianismo y el maniqueísmo. Y fue ahora cuando la imposición del culto a Ahura Mazda se vio acompañada de la recopilación de los textos que conformarían el Avesta. Quizá esté relacionado con estas innovaciones el surgimiento de la controversia zurvanita. Dado que, en efecto, en Yasna 30,3-4 se afirma que Ahura Mazda es gemelo de Angra Mainyu (al que los textos del siglo IX d.C. llaman Ahreman, y de ahí Arimán), espíritu del Mal, el cual ponía en peligro el triunfo definitivo del Bien, se intentó solucionar este problema suponiendo a ambos hijos de Zurwan o Zurvan, el dios del tiempo. En época sasánida, bajo el reinado de Kavad I (488-531), estalló el movimiento mazdakista (por el nombre de su fundador, Mazdak), donde confluyeron ideales gnósticos, esotéricos y mágicos, y principios sociales revolucionarios, como la comunidad de bienes y de mujeres. Su principal propuesta teológica era explicar la existencia no por la providencia divina, sino por una combinación fortuita de luz y tinieblas. La reacción aristocrática y clerical vio en este movimiento una amenaza, lo tachó de herejía y lo ahogó en sangre. El zoroastrismo, forma tardía de la religión predicada por Zaratustra, pervivió como cierta ortodoxia sasánida hasta la llegada del Islam a mediados del siglo VII. Los musulmanes lo vieron como un culto pagano del fuego (pues los mazdeístas identificaban el fuego con Spenta Mainyu y lo asociaban, junto al sol, con Ahura Mazda) y apenas se detuvieron en precisar sus características. Si bien gozó de la consideración de “religión del Libro”, en la práctica, sus seguidores fueron frecuentemente escarnecidos como “adoradores del fuego” y perseguidos como politeístas. La persecución se acentuó en Irán tras la revolución de Jomeini en 1979 y muchos fieles debieron
parsis. El llamado Khorda Avesta (“Pequeño Avesta”) es un breviario para laicos que contiene plegarias diarias. Otra parte importante de este libo sagrado son los Yasht (“Himnos”), 21 composiciones dedicadas a los llamados yazata (“venerables”), que eran las entidades divinas (entre ellas Mithra) a las que era licito o necesario rendir culto (Filoramo, 2012, 134). En resumen, las doctrinas de Ahura Mazda y las reformas de Zaratustra fueron recopiladas en el Avesta , obra compuesta en un largo periodo de tiempo, y que consta de partes muy diferentes (himnos, oraciones, disposiciones jurídicas o rituales...). La parte más antigua, los Gathas , son himnos atribuidos a veces al propio Zaratustra (que algunos, como Mary Boyce, los sitúan en el milenio II). La redacción conservada es de época sasánida (223-651 d.C.). En rigor, el Avesta , como la Biblia, es una recopilación de textos trasmitidos oralmente (algunos desde casi mediados del milenio II) y fijados por escrito a partir del 600 a.C. aproximadamente (proceso, pues, similar al del AT y NT). Y como suele ocurrir con todo proceso de canonización textual, ideas tardías pueden interpolarse, y lo único cierto es que sólo después del año 520 a.C. los reyes persas mencionan a Ahuramazda en sus inscripciones. Según Skjaervo ( Zoroastrianism , p. 103), el llamado Antiguo Avesta se compuso en los años 1500-1000 a.C., y el Nuevo Avesta entre el 1000 y el 500. Como veremos más adelante, su moral se basaba en la generosidad, el conflicto del bien y el mal, la resurrección de los muertos y el juicio final por el fuego. No practicaban sacrificios sangrientos y su influencia se dejaría notar en el judaísmo posexílico.
Otra fuente importante es la literatura persa media, escrita en pehlevi, que procede de la época sasánida e inmediatamente posterior. Se trata de textos complejos cuyo estudio y comprensión están lejos de haber concluido. Muchos fueron redactados ya en época musulmana, en torno al siglo IX, y como acaece con el propio Avesta , es muy difícil dilucidar lo que han conservado de tradiciones antiguas. Entre ellos cabe recordar el Denkard (“Obras de religión”), enciclopedia de carácter moral, filosófico y apologético conservada solo en parte; y el Bundashin (“Creación primera”), que trata de la cosmogonía, las estaciones, el hombre, la historia repartida en doce milenios y las suertes del alma. En tercer lugar estarían las inscripciones cuneiformes persas antiguas, incluyendo las que aparecen en monedas y en sellos. Y a ellas habría que añadir la arqueología, las obras persas nuevas y las fuentes indirectas, especialmente las referencias de algunos autores clásicos, armenios, árabes y sirios. Como queda patente, el total aprovechamiento de estas fuentes no es todavía posible. Muchas partes del Avesta son breves fragmentos carentes de sentido, un “campo de ruinas”, según expresión de un estudioso moderno (König, 583), y aún están por precisar los diversos estratos cronológicos de esta obra. Algunos pasajes de los Gathas aluden a temas personales de la vida de Zaratustra, pero la traducción de este texto plantea, al parecer, problemas insalvables, hasta tal punto que al día de hoy “toda traducción de los Gathas es al mismo tiempo una interpretación”. Peor aún, las traducciones modernas de algunas estrofas difieren sustancialmente unas de otras (König, 584). A pesar de ello, como señala este autor, para conocer la imagen del mundo genuinamente zaratústrica hemos de utilizar e interpretar, en primer término, los Gathas. Ante situación tan confusa, algunos especialistas han propuesto llamar “zaratústrico” sólo a las ideas religiosas que con un mínimo de seguridad se pueden considerar procedentes de Zaratustra o de su época. Las demás ideas, que nacieron en épocas posteriores como producto de una evolución deberían catalogarse como “zoroástricas”. Por su valor pedagógico seguimos aquí esta propuesta terminológica.
3.2. Vida y obra de Zaratustra La realidad es que no hay certeza alguna sobre cuándo, dónde y cómo vivió Zaratustra, cuya grafía más correcta parece ser Zarathushtra. Los griegos lo conocieron como Zoroastro. Dos son las propuestas cronológicas de más aceptación: a) en torno al año 1000 y b) en el siglo VI, bajo los aqueménidas. Un dato interesante al respecto es la mención del dios Ahura Mazda en una
inscripción del rey asirio Sargón, fechada en los años 714-713. Algunos autores griegos aseguran que Zaratustra vivió seis mil años antes que Platón (cf. referencias y más detalles al respecto en König, 586-587). La figura de este profeta, como queda dicho, está envuelta en tinieblas y es por tanto discutible su aportación religiosa. En esencia, dos concepciones historiográficas se enfrentan a este respecto: a) una sostiene que Zaratustra fue un personaje histórico y un reformador de la religión étnica tradicional, esto es, la que compartían los indoiranios del milenio II a.C. b) la otra concepción afirma que la religión de Zaratustra sólo representa un aspecto de la religión irania, es decir, el mazdeísmo, en cuyo centro se sitúa la adoración de Ahura Mazda. Para los defensores de esta concepción historiográfica, Zaratustra no habría protagonizado ninguna reforma y hasta su historicidad sería dudosa. Para los defensores de la primera, habría sido una especie de profeta que aceptó algunas creencias tradicionales al mismo tiempo que les daba un nuevo valor y significado. Lo que sabemos de él por los Gathas es, ciertamente, muy poco y poco relevante, salvo que fue perseguido y encontró amparo bajo la protección de un príncipe ( Texto en Moscati, 1963,
es una denominación por descripción de su esencia abstracta y espiritual. Mazdah (sabio) es una perfección que no pertenece a la esfera del poder corporal o mágico, sino a la del espíritu, y que desvela el carácter intelectual de su mensaje. Ahura (señorío) viene determinado por Mazdah y pertenece igualmente a la esencia divina. Los adeptos de este dios y de la predicación de Zaratustra se llaman, por eso, mazdeos. En la tumba rupestre de Darío en Naqsh i Rustam, cerca de Persépolis, aparecen algunas ideas zaratústricas (aunque los Grandes Reyes pesas nunca citan a Zaratustra en sus inscripciones): “Habla Darío, el rey. Por voluntad de Ahuramazda soy yo de esta suerte: lo que es justo lo amo; odio la injusticia. No es grato para mí que el humilde padezca injusticia por causa del elevado. No es grato para mí que el elevado padezca injusticia por causa del humilde. No soy vengativo. Detengo a los que encolerizan y soy severo señor de mi propia pasión. Al que se esfuerza lo premio según su mérito, al que comete una falta lo castigo según su mala acción” (König, 590).
TUMBA DE DARÍO EN EN NAQSH-E ROSTAM (A LA IZQUIERDA, RELIEVE DEL EMPERADOR VALERIANO ARRODILLADO ANTE SAPOR I)
Esta imagen abstracta de dios, del que también se destaca su capacidad creadora, se fue desvaneciendo con el paso del tiempo, como vemos en el Nuevo Avesta , donde la descripción de la esencia se convierte en nombre personal. Y de este modo las palabras que en los Gathas estaban separadas ( ahura y mazda ) se unen en una sola: Ohrmuz, Oromazes… Algo similar a lo que más tarde sucedió con "cristo" y Jesús (> Jesucristo). Los rasgos no mitológicos de Ahura Mazda son objeto de precisiones en el Antiguo Avesta , donde es caracterizado claramente como creador: “Esto me pregunto, dímelo ¡oh Señor! ¿Quién era el creador del orden recto, quién su padre desde el principio? ¿Quién creó el sol y el curso de las estrellas? ¿Quién es aquel por el que la luna crece y decrece? Esto me pregunto, dímelo, ¡oh Señor! ¿Quién sostiene la tierra abajo y el cielo para que no se caiga, quién creó las aguas y las plantas? ¿Quién enjaezó el viento y las nubes? ¿Quién es el creador del ánimo bueno? Esto me pregunto, dímelo, ¡oh Señor! ¿Qué maestro creó la luz y las tinieblas, la vigilia y el sueño? ¿Quién creó el amanecer y la noche…? Como creador de todo esto quiero reconocerte por el espíritu que da la salvación” (Y 44,3-5,7. König, 590-591).
Ahura Mazda es, pues, creador de todo, incluyendo la paz, la justicia o la bondad, y es el legislador de de la naturaleza y del cosmos. Los textos pahlevis recogen una serie de sacrificios mediante los cuales Ahura Mazda creó el cosmos, el hombre primordial y a Zaratustra. Su imagen está, sin embargo, libre de rasgos naturalistas o mitológicos, se sitúa en la abstracción ética y metafísica, y todavía no se percibe una concepción dualista del universo. Además de creador, Ahura Mazda es juez, en un sentido ético, tanto del destino del alma individual después de la muerte como en el final del mundo. Él es la meta que anima a los justos. El hecho de que, al final de los tiempos, Ariman, principio del mal, y toda su creación malvada sean aniquilados y den paso a un estado inmortal, perenne, de bienaventuranza, viene a significar la negación de la variabilidad del tiempo y el comienzo de un estado sin fin que sustituye al actual estado terreno. En este sentido, se puede decir que el dios está dotado de la cualidad de eternidad. Zaratustra está al servicio de este dios y anuncia sus exigencias poniendo especial énfasis en las ideas escatológicas.
La única limitación, ya señalada, que aparece en los Gathas y otros escritos, es la conocida concepción dualista del mundo y de la vida, concepción que se irá acentuando con el paso del tiempo. La primera pareja de opuestos es de orden metafísico: todo el ser se subdivide en un ser espiritual y un ser material. Platón desarrollará una concepción análoga, pero nada indica que se inspirara en Zaratustra. La segunda pareja de opuestos es de orden ético. Desde un principio hubo dos espíritus que, por su elección (ética), entraron en una oposición irreconciliable: uno eligió el bien (el Espíritu bienhechor o Spenta Mainyu ) y el otro el mal (el Espíritu destructor o Angra Mainyu ), y así vinieron el mal y el bien al mundo ( Yasna 30). Ambos espíritus o seres o principios son iguales en todos los aspectos. Pero uno es el espíritu salvador y el otro el espíritu malvado, de donde saldría Ariman. La oposición se daba en todo. Por eso, Spenta Mainyu habla así al Espíritu destructor: “Ni nuestros pensamientos, ni nuestras doctrinas, ni nuestras fuerzas mentales, ni nuestras palabras, ni nuestras elecciones, ni nuestros actos, ni nuestras conciencias, ni nuestras almas están de acuerdo” ( Yasna 45,2), lo cual también pone de relieve que los dos espíritus son diferentes no por naturaleza, sino por elección, y que ambos procedían de Ahura Mazda. Así pues, “la separación primordial entre el bien y el mal es consecuencia de una elección iniciada con Ahura Mazda y repetida por los dos Espíritus gemelos, que eligieron respectivamente a Asha (la Justicia) y a Drug (la Mentira). Los daevas , dioses de la religión tradicional irania, eligieron la Mentira. Zaratustra pedirá por ello a sus seguidores que no les rindan culto y, sobre todo, que no les sacrifiquen sus bovinos” (Eliade, 1978, 327- 328). En otras palabras, “aquellos espíritus originarios son bueno y malo en pensamiento, palabra y obra. Entre estos dos, los de buena intención han escogido bien, no los de la mala. Y cuando estos dos espíritus coincidieron, fijaron vida y muerte, cómo será el final. La peor existencia para el mentiroso, la mejor para el íntegro…” (Y 30, 3,5. König, 593).
Esta decisión ética primordial es el fundamento y el modelo de la acción de los humanos, pues en ella se muestra al hombre que también ha de decidirse y pasar a engrosar las filas de uno u otro “lado”. El revestimiento de esta oposición con la imagen de luz y oscuridad parece tardío, y con ella enlaza el mito soteriológico de la religión de Mani.
Yasht 10, 1 hace decir a Ahura Mazda: “Cuando creé a Mithra, el de los dilatados pastos, lo hice tan digno de veneración y reverencia como yo mismo”. Y con Mithra, dios de contrastes y sobrecargado de atributos (era dios guerrero, pero también dios solar y de la fertilidad), vuelven formas de culto sacrificial que Zaratustra había condenado. Aunque Ahura Mazda y los Amesha Spenta le construyeron a Mithra una morada en el monte Hara (el mundo espiritual situado por encima de la bóveda celeste), Mithra se queja al Señor porque, aun siendo el protector de todas las criaturas, no es adorado con plegarias como los restantes dioses ( Yasht 10, 49-54). Eliade (1978,
3.3.2. Los amesha spentas (Inmortales salvadores o Inmortales benéficos) Constituyen uno de los rasgos más peculiares de la religión de Zaratustra, probablemente una idea personal de este reformador. Pero no está claro su significado. Para algunos iranistas son abstracciones éticas divinizadas, similares a los arcángeles cristianos. Otros, en cambio, los consideran atributos o aspectos de Ahura Mazda, con el que se identificarían. Pudiera ser que, además de cualidades o virtudes del dios, lo fueran también de los creyentes. Lo único cierto es que su significado cambió en el Avesta reciente y en el zoroastrismo tardío, donde los “Inmortales salvadores” son simplemente un grupo de seis dioses protectores en torno al Sabio Señor, a través de los cuales Ahura Mazda actuaba en el mundo de los hombres. Estos, por su parte, debían colaborar con ellos.
En los textos zoroástricos del siglo IX d.C. se dividían en seres masculinos y femeninos. Se pueden enumerar en este orden: 1) Vohu Manah (buen pensamiento); 2) Asha (verdad); 3) Khshathra (poder); 4) Armaiti (devoción); 5) Haurvatat (integridad), y 6) Ameretat (inmortalidad). En esos textos cada amesha spenta es la personificación de un elemento natural: de los bueyes, del fuego, del metal, de la tierra, de las aguas y de las plantas respectivamente, a la manera de cualquier politeísmo. La frecuencia con que aparece Asha (justicia, verdad) revela su importancia, tanta que a veces parece encarnar la exteriorización de la voluntad de Ahura Mazda. De ahí la constante exhortación dirigida a los hombres para que se conviertan en ashavan , es decir, adeptos del orden de la justicia divina. Realizando el Asha en este mundo, la comunidad humana debía convertirse en una imagen del mundo espiritual, supraterrenal y divino. Su opuesto era la mentira ( drug o druj ), que desempeñaba en el mundo de Ahriman un papel parecido al de Asha en el reino del bien. Sus adeptos eran drugvan. Depende de la decisión del hombre subordinarse a la influencia de Ahura Mazda o de Ahriman. Sobre los demás “Inmortales salvadores”, pueden verse algunas especulaciones e interpretaciones modernas en König, 598-601.
3.3.3. Propuestas éticas El hombre era el punto central de la creación, el ser donde se entrecruzan el mundo del bien y del mal y a quien se esfuerzan en conquistar Ahura Mazda y Ariman. Por tanto, era en la tierra donde se daba la primera batalla por el triunfo del bien, y por eso aquí los humanos están repartidos en dos grandes campamentos enemigos y pueden ser ciudadanos de dos reinos en lucha, el reino de la verdad y el reino de la mentira. Al reino de la mentira pertenecen los ladrones nómadas, que con sus ataques amenazan la vida pacífica de la población sedentaria. Parece, pues, claro que la reforma de Zaratustra pretendía transformar la situación a favor del campesinado sedentario, cuya labor se ensalza religiosamente: “El que cultiva cereales para sembrarlos, ese cultiva el asha , favorece la religión mazdea y la hace prosperar…” (König, 607). Y por eso era hostil a las deidades que exigían sacrificios de animales. De hecho, rechazaba todo culto sacrificial externo y sólo respetaba la validez del culto del fuego, que simbolizaba a Ahura Mazda. Para Zaratustra, todo lo que favorece el aniquilamiento y la muerte está al servicio de las deidades hostiles y todo lo que estimula la vida es grato al Sabio Señor. Según esta doctrina, matar a los animales de presa y a los insectos dañinos, que están al servicio de las potencias hostiles a la vida, es un acto de veneración de dios exactamente igual que la cría de bóvidos. No obstante, en el Avesta se conocen algunos sacrificios de animales ( Yasna 11,4; Yasht 8,58).
KABA-I ZARTOSHT O CUBO DE ZOROASTRO. PROBABLE ALTAR DE FUEGO DE ÉPOCA AQUEMÉNIDA EN NAQSH-E ROSTAM (NW DE PERSÉPOLIS).
Zaratustra quería que los seres humanos comprendiesen su responsabilidad personal y que eligiesen rectamente. Por eso les exhorta en los Gathas : “Oíd con vuestros oídos lo mejor y considerad con claro pensamiento las dos posibilidades de elección que se ofrecen a vuestra decisión… Entre estos dos (espíritus primordiales) se han decidido correctamente aquellos que obran bien y no aquellos que
deberes estaba, además del cuidado del fuego, la recitación de plegarias ante el altar del fuego. Al recitarlas, el celebrante cubría su boca con un pañuelo para no contaminar el fuego con su aliento. Para el desempeño de sus funciones estaba provisto de instrumentos especiales (cuchillo, bandeja para la carne de la víctima, un mortero para extraer el jugo del haoma y una taza para recogerlo). Por ser el fugo el símbolo central de la presencia divina, a los zoroastrianos se les solía (des)calificar como “adoradores del fuego”. Su culto se celebraba, en efecto, en el templo del fuego, lugar donde ardía permanentemente el fuego sagrado mantenido por los sacerdotes. El propio fuego necesitaba purificarse, lo que requería rituales muy complejos que a veces duraban más de tres años. La instauración y el mantenimiento de los fuegos sagrados adquirieron en el mazdeísmo unas proporciones desconocidas en otras culturas y para todo soberano mazdeísta el acto religioso por excelencia era fundar un templo de fuego, dotarlo de rentas y asignarle sacerdotes (Eliade, 1978, 343). Actualmente, los zoroastrianos de Irán tienen uno de estos fuegos en la ciudad de Yazd, y los parsis cuatro en Bombay. En el Avesta no se mencionan templos del fuego, pero en el curso del tiempo fueron edificadas pequeñas construcciones destinadas a este culto. Sabemos de su existencia en época aqueménida, y que en tiempos de los sasánidas existía una jerarquía de fuegos (ubicados en sendos montes) que se correspondía con la jerarquía sacerdotal. De este modo, Irán estaba cubierto por una red de fuegos. Llamas ardían en sus montañas e iluminaban los altares de los grandes santuarios de la ciudad. Cada poblado poseía su ateshgah y en cada casa ardía el fuego sagrado. Y todo se purificaba en el fuego. En los templos del fuego entregaban los creyentes sus ofrendas y eran ellos quienes debían cuidar del mantenimiento del sacerdote. Este podía reemplazar las penitencias y castigos con penas pecuniarias, lo que era también una fuente para su mantenimiento. En época tardía se ponía especial cuidado en conservar puros los elementos de la naturaleza: fuego, agua y tierra. Por eso la cremación de un cadáver era una profanación del fuego y se castigaba con la pena de muerte.
En el zoroastrismo se vigorizó cada vez más la intencionalidad escatológica del sacrificio, aunque ello no supuso menoscabo alguno para su valor cósmico y de renovación universal. Como el mundo y el tiempo, en efecto, se renovaban simbólicamente mediante el rito de Año Nuevo, se acabó por situar en este ritual la renovación escatológica y, de este modo, el sacrificio oficiado por el sacerdote zoroastrista anticipaba el sacrificio final. Así pues, con el tiempo, las dos finalidades del sacrificio -la escatológica y la cósmica- llegaron a unirse. La renovación escatológica se producirá durante la fiesta de Año Nuevo: entonces resucitarán los muertos y serán juzgados e inmortalizados (Eliade, 1978, 344). Es una hipótesis controvertida que los magos fueran fieles discípulos de Zaratustra y quienes conservaron y trasmitieron sus doctrinas. Y que, dadas las dificultades de las masas para seguir una religión libre de mitos y formas sensibles, estos magos se vieran en la necesidad de aceptar una solución de compromiso e incorporar al legado del reformador algunos elementos de la religión popular, dando así lugar a una forma mixta, que es la reflejada en el Nuevo Avesta. De este modo el monoteísmo cedió ante el politeísmo popular como cedieron algunos principios éticos y sociales. El resultado fue un culto y sacerdocio que König resume así (604-607):
Al predominio del culto externo y a la proliferación de ritos corresponde siempre una mayor importancia de la clase sacerdotal. En la religión zaratústrica de la época tardía la misión más excelente de los sacerdotes era el culto al fuego, ya arraigado en Irán desde tiempos remotos. También la denominación del sacerdote se tomaba del fuego ( athravan ). Pero los griegos llamaron “magos” a toda la clase sacerdotal de medos y persas. En estos círculos es donde, sin duda, se encontraba una formación más elevada. La función sacerdotal gozaba de una elevada consideración, como atestiguan numerosos textos, aunque a veces eso llevó también a la corrupción. En un texto se dice: “Tú llamarás sacerdote –así habló Ahura Mazda-, ¡oh tú, ashavan Zaratustra!, a aquel que el día entero estudia la sagrada sabiduría del asha , la que libera de la necesidad, crea la libertad, da bienaventuranza para alcanzar la otra vida, la justicia de asha , lo mejor de la mejor vida” (König, 607). Pero no está clara la relación o incluso identificación de esta religión de los magos y el zoroastrismo. Como antes se ha dicho, los magos eran originariamente una tribu de hechiceros y nigromantes, una especie de casta hereditaria de sacerdotes medos, similar a los levitas y brahmanes. Sabemos que se presentaban como intermediarios entre el pueblo y las divinidades, que estaban presentes en la corte real y que practicaban una religión vinculada al fuego y con elementos secretos. En sus ritos funerarios, los magos dejaban los cadáveres en lugares altos y, tras ser devorados por las aves de rapiña, recogían y guardaban los huesos. Bajo los aqueménidas representaron a la casta sacerdotal por excelencia y, según Heródoto, interpretaban los sueños (I, 107 ss.), profetizaban mediante el sacrificio de caballos blancos (VII, 113) y durante los sacrificios salmodiaban una “genealogía de los dioses” (I,132), todo lo cual hace pensar que eran depositarios de una tradición poética religiosa y que habían adoptado algunos ritos y costumbres zoroastristas y por eso terminaron por ser considerados los discípulos de Zaratustra, al que algunos autores griegos también tienen por un mago. No obstante, algunos autores los tienen por responsables de la degradación del zoroastrismo (Eliade, 1978, 338). Algunos historiadores han establecido paralelismos entre los rabinos y los magos. Unos y otros se tenían por hombres santos y expertos en la tradición, implicados en asuntos religiosos pero también en la administración y la jurisprudencia y con habilidades mágicas y nigrománticas que les permitían realizar milagros, además de conocimientos astronómicos y de medicina (Stemberger, El judaísmo clásico , Madrid 2011,196). En todo caso, es bien sabido que la influencia de los magos se dejó sentir en el mundo clásico y en el Evangelio de Mateo, si bien la tradición cristiana posterior los transformaría en “reyes” y fijaría su número en tres.
3.3.5. El destino del hombre tras la muerte Dado que los ritos funerarios y las mitologías en torno al más allá cambian lentamente, se puede pensar que las noticias al respecto, aunque tardías, podrían remontarse en gran parte a la época anterior a Zaratustra. Sabemos, por ejemplo, que la incineración de cadáveres y la sepultura de cenizas en una urna se practicaba en el Irán occidental y se difundió por otras regiones junto al zoroastrismo. Y todavía más antigua parece ser la costumbre, propia de las estepas de Asia Central, de exponer los cadáveres en un lugar determinado para que fueran devorados por buitres y perros. Estos ritos se practicaban, sin embargo, acompañados de lamentaciones y autoflagelaciones que fueron prohibidas por el zoroastrismo. Para los mazdeos, en efecto, la muerte se relaciona con las potencias del mal y por eso existían ritos especiales que se aplicaban a los moribundos, para alejar a esos espíritus malignos. Tras la muerte, no se podía tocar el cadáver, y quienes debían portarlo tenían que observar diversos preceptos. Para no contaminar ni a la tierra ni al fuego, los muertos eran llevados, tras ritos purificadores, a las llamadas torres del silencio ( dakhma ), que eran de forma cilíndrica y al aire libre, donde, como ya se ha dicho, eran devorados por los buitres. Los huesos limpios (libres de impurezas) se exponen en un lugar situado en el centro del dakhma , y cuando está lleno de huesos se construye otro. De todo esto nada dice Zaratustra, sino las fuentes tardías, pero sus
final permanecerá allí sufriendo toda clase de tormentos. En fuentes tardías aparecen como jueces un colegio de tres personas: Mithra, Sraosha y Rashnu, y el propio Zaratustra, pero de esto nada dicen los Gathas.
No obstante, como queda dicho, este infierno no es eterno, pues al final de los tiempos, cuando llegue el Juicio Final, los cuerpos resucitarán para reunirse de nuevo con sus almas. Entonces tendrá lugar una purificación definitiva y universal de la que todos los hombres, sin excepción, saldrán limpios y entrarán en el Paraíso: "todos los hombre, según dice el Bundahishn Mayor , resucitarán, tanto los que se hayan salvado como los que se hayan condenado. Y todo hombre resucitará en el lugar en que su espíritu le dejó o donde cayó en tierra... Entonces todos los hombres se unirán en una misma voz y alabarán a Ohrmazd. Y al mismo tiempo se preparará el haoma blanco, la bebida de la inmortalidad y se dará a todos los hombres, y todos se harán inmortales para siempre... Y las dos Mentiras, Ahrimán y Az, serán reducidas a la impotencia y arrojadas a las tinieblas, y el mundo material se hará inmortal para siempre" (Eliade, 1980, 374- 377 y 407-411). En realidad, las ideas escatológicas, aquí resumidas, cambiaron mucho con el paso del tiempo. En lugar de las concepciones abstractas de los Gathas, en el Nuevo Avesta y en la literatura pehlevi tardía aparecen descripciones concretas, plásticas y fantásticas, sin apenas contenido espiritual, sobre esos jueces y sobre el puente Cinvat, ahora convertido en un instrumento más del juicio final, como si se tratara de una prueba iniciática, pues, como se ha señalado, se ensancha ante el justo y se estrecha como el filo de un cuchillo ante el injusto y no deja pasar su alma. Se llegó además a creer que la sentencia dividía a las personas en tres grupos: las que siguieron los mandatos del Sabio Señor, las que optaron por Ariman y las que en parte eligieron correctamente y en parte no. Este tercer grupo rompe el dualismo puro. Lo cierto es que nada queda oculto al juez divino. Además, lo bueno y lo malo ya se registra en una especie de libro de cuentas (¿similar al libro de la vida?).
En los Gathas se dice que, tras el juicio, se ejecuta de inmediato la sentencia. El alma pasa entonces a un lugar de permanente felicidad o de eterno horror y lamento. Un tercer lugar, intermedio, queda reservado para el tercer grupo. El reino del Sabio Señor es el lugar donde el enemigo ya no puede causar daño ( Texto en Moscati, 320). Como antes se ha dicho, en el Avesta reciente y otros textos posteriores vuelven las descripciones plásticas, poco espirituales, del más allá. Sirva de ejemplo el texto sobre las regiones del infierno recogido por König (614): “Cuando seguí adelante vi también los abismos espantosos del infierno, como un hoyo terrible, que conduce a un lugar estrecho y espantoso, en el que reina una oscuridad tan tenebrosa que es necesario apoyarse con la mano, y una tal fetidez que aquel a quien el aire suba a la nariz vacilará y caerá. Nadie soporta estar allí y cada uno piensa: estoy solo”.
3.3.6. Las postrimerías El mazdeísmo conoce, por lo menos en su etapa más tardía, una resurrección de los muertos independiente del juicio personal, que tiene lugar inmediatamente después de la muerte; en relación con una especie de juicio final tiene lugar el definitivo triunfo del Sabio Señor y la aniquilación del reino enemigo de la mentira. A él sigue luego la restauración de la existencia corporal en una forma nueva y glorificada. Según el Bundahisn y otras fuentes tardías, incluyendo las griegas, la historia del mundo se divide en cuatro periodos, cada uno de tres mil años, formando así un ciclo de doce mil años. En los dos primeros se crea la existencia espiritual y corporal. Al inicio del tercero, penetra Ariman en el mundo de Ohrmuz (forma tardía de Ahura Mazda) y produce una mezcla de los dos mundos. En el último periodo se desarrolla la lucha del hombre contra el mal. Es entonces, en el año 9000 de la creación, cuando aparece Zaratustra y anuncia su religión. Este periodo final se subdivide también en tres fases, cada una de mil años, en cada una de las cuales aparecerá uno de los hijos
salvadores de Zaratustra, todos concebidos mediante el semen que depositó en un lago en el que se bañarán tres vírgenes y quedarán encinta. El hijo más importante es el tercero, que preparará la ambrosía y convertirá la existencia en inmortal e indestructible. Los hombres que vivan entonces no morirán, sino que todavía en vida serán objeto de la transformación escatológica. Cuando esto ocurra, los cuerpos de los difuntos despertarán a la nueva vida. [ N.B : TODO ESTO, según creo, refleja una degradación mental y espiritual, siendo curiosas las similitudes de algunas ideas escatológicas con las de Pablo].
El justo irá al cielo y el mentiroso al infierno, donde durante tres días y tres noches padecerá penas corporales y espirituales. Pero el justo también llorará por el mentiroso, pues alguno puede ser un familiar o amigo condenado a los infiernos. Es difícil conciliar estas ideas sobre el juicio final con la existencia de un juicio personal tras la muerte. De hecho, los Gathas nada dicen de una resurrección de los muertos, a la que sí alude el Nuevo Avesta y textos tardíos. De ahí que las discrepancias de los estudiosos sean irreconciliables. En suma, con la resurrección de los muertos se introduce el drama escatológico en la religión zoroástrica o mazdeísmo tardío, drama compuesto por dos elementos: el juicio final y el triunfo definitivo del Sabio Señor sobre sus enemigos. Ambas ideas aparecen esbozadas en los Gathas , aunque en estos la expresión más apropiada no sería juicio final, sino lucha final (cf. textos en König, 618). En efecto, en los Gathas se habla del triunfo de uno de los ejércitos sobre el otro, lo cual sólo puede entenderse como un gran juicio y una sentencia inapelable. En este caso no hay contradicción con el juicio individual en el puente Cinvat, pues en este caso sólo se toma en consideración la vida aislada mientras que en el juicio final se trata de un juicio cósmico. Este acontecimiento, que tendrá lugar al final de los tiempos, es el gran viraje de la historia del mundo, la última crisis de la creación, en la que vuelven a encontrarse el principio y el final.