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Asignatura: REDACCION PERIODISTICA: GENEROS DE ANALISIS Y OPINION, Profesor: Yolanda Martinez, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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La base de la retórica es la palabra. Debemos empezar hablando de los orígenes, del comienzo clásico. La primera escuela fue la de los presocráticos (Heráclito y Parménides), cuya filosofía “un río no pasa dos veces por un mismo sitio”. Esto hace referencia a los principios del conocimiento.
Había una rama de la filosofía que eran los sofistas. Según José Ferrater Mora, su aparición se debe:
Ante los excesos de los sofistas, Aristóteles empieza su retórica. los sofistas defendían por dinero cualquier cosa. Lo único importante para ellos era ganar con su elocuencia y retórica.
El concepto de retórica en Occidente parte del siglo V a.C y ha tenido una influencia absoluta en el conocimiento posterior. La decadencia de los sofistas comienza con ese abuso del empleo de la elocuencia que convertía la técnica en superior a los saberes de los que estaban tratando, es decir, la sofística fue usando esas armas de debate para ganar sin importar las ideas previas que existían, se trataba exclusivamente de la eficacia final.
La palabra sofismo significa razonamiento incorrecto formulado con conciencia de su falsedad con objeto de engañar al otro. Esta es la diferencia que hay entre falsear pero sin intención o mentir. Las críticas de los sofistas contribuyeron a la degeneración del concepto. Sócrates criticaba que los sofistas se dedicaran a enseñar a convencer y ganar a espensas de la verdad en lugar de que este método sirviera para persuadir de la necesidad de la virtud. Sócrates decía que debían utilizarlo para promover la conciencia social y para pensar correctamente en cómo alcanzar la verdad. La crítica a los sofistas es perceptiva, porque el método lo ponen por encima de todo y solo les importaba ganar.
Platón acusó a los sofistas de convertir el bien decir en un mero arte para la persuasión con independencia del contenido enunciado. Platón reconoce la existencia de un saber intermedio entre la ignorancia y la ciencia, que es la opinión, y que se trata de una facultad que nos hace capaces de “juzgar sobre la apariencia”. Platón construye la realidad a partir de las ideas, que tienen dos formas:
La ascensión a la verdad sería un proceso costoso e incómodo que implica desprenderse de creencias muy arraigadas en nosotros. Platón tenía en cuenta que el pasado de las personas condiciona el modo en el que experimentan el presente, y por eso asumía que un cambio radical en la manera de entender las cosas tenía que acarrear necesariamente malestar e incomodidad. De hecho, eso es una de las cosas que quedan claras en su forma de ilustrar ese momento mediante la idea de alguien que trata de salir de una
pero admitiendo la posibilidad de equivocarse por tener uno conciencia de que la aserción no se apoya en suficientes elementos objetivos. Dovifat ofreció una definición de la opinión (de inspiración platónica) en la que puede apoyarse el periodista: “La opinión es el sostenimiento de una aseveración objetivamente insuficiente pero susceptible de confirmación y que por eso busca testimonios y confirmaciones por medio del convencimiento”. El convencimiento es la verificación ante una evidencia demostrada. Esto solo ocurre en la ciencia. La ciencia es incertidumbre. La opinión, como decía Platón, descansa en la probabilidad y se sostiene con elementos objetivos y subjetivos. Un concepto parejo a la opinión es la persuasión. Platón entendió que la persuasión necesitaba de las palabras y del poder de encantamiento. Para Platón la verdad es el saber de los filósofos mientras que la opinión sólo puede ocuparse de las cuestiones inconsistentes que se perciben por los sentidos, es decir, creía que la opinión no conduce a la verdad ni al conocimiento. Pese a esto, Platón no descartó la utilidad de la opinión como arte de persuasión. Todo esto nos ayuda a delimitar el estilo de solicitación de opinión en periodismo. Se trata de un artículo cuyo fin es establecer opiniones razonadas para lograr una adhesión a tesis difícilmente comprobables y, en general, perfectamente refutables. A mejor argumentación, más difícil será la refutación y más fácil la persuasión de que lo que se expone está cerca de lo verdadero. El modo de presentar los hechos en las informaciones y el proceso de selección constituye un modelo de persuasión con fines ideológicos. Por eso no conviene considerar que la opinión de un periódico solo aparece en su página editorial, sino que todo el periódico es un discurso ideológico.
Es cierto que las ideas de Platón, su concepto del conocimiento, se comparte actualmente por muchas personas como Fernando Savater que dice que hay varias formas de opinar: una de ella es el “yo opino”, que deja posibilidades de revisión, y que en este caso los argumentos no son ni excluyentes ni concluyentes. Un segundo caso es el contrario, el “yo opino” se previene de la posesión de lo dicho sin la más mínima duda para negar argumentos adversos.
Es cierto que Aristóteles es uno de los discípulos de Platón, alguien que sigue las opiniones despectivas que tiene Platón pero que entendió que el ejercicio
retórico podía apoyarse en el conocimiento de la verdad aunque no lo consideraba como una pura transmisión de esa verdad. Para Aristóteles la retórica es un entimema, que lo definió como la facultad de considerar en cada caso lo que cabe para persuadir. Ej de entimema: el sol alumbra, luego es de día. El término entimema en griego significa deducir por raciocinio. La retórica va un paso más allá. La retórica no contiene verdad, sino verosimilitud que es lo que le corresponde al mundo de la opinión. La retórica aristotélica es un legado para el saber periodístico. Nos enseña a razonar y a juzgar que partiendo de lo verosímil puede acercarse a la verdad. No demuestra, solo muestra esa verdad. Verosímil es aquello que puede ser y que también puede ser de otra manera, aquello a lo que se llega por indicios y que no se tiene certeza absoluta. El concepto verosímil es un concepto esencial, porque nosotros no podemos hablar del concepto verdad. Verosímil es aquello que puede ser y que también puede ser de otra manera. Es aquello a lo que se llega por indicios y que no deja en la conciencia un estado de certeza absoluto y tampoco de una total incertidumbre. Razonar sobre lo verosímil es intentar persuadir. La retórica aristotélica nos enseña a juzgar, a utilizar un lógica discursiva que partiendo de lo verosímil pueda acercarse a la verdad, pero la retórica no demuestra, para eso está la lógica con la dialéctica, la retórica sólo muestra.
Por esto Aristóteles representa el equilibrio, porque para transmitir la verdad intuyó algo que hoy en día es esencial en toda comunicación: para persuadir de lo verdad, la personalidad del oyente es fundamental. Aristóteles decía que la argumentación depende de tres factores: el carácter del orador, los oyentes, y el discurso. Aristoteles decia que hay que conocer al auditorio muy exhaustivamente antes de dirigirse a él, hay que conocer sus características psicológicas, sus condiciones sociales y físicas, y esto es algo que está totalmente implicado con la comunicación social actual (publicidad, periodismo y relaciones públicas). Si yo conozco las condiciones de fortuna de mi auditorio sabre el plano que tengo que seguir para persuadir. También podemos encontrar una relación con las seis funciones del lenguaje que define el lingüista Jakobson:
un bello discurso, y para ellos utiliza la función poética, para envolver ese discurso.
En un libro habla de las personas, en otro del mensaje, y en otro de cómo crear un envoltorio con el que tú compres ese mensaje. Quien habla ha de conocer el auditorio y saber sus gustos.