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Asignatura: Lengua Española, Profesor: Alberto Hernando, Carrera: Comunicación Audiovisual, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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La semántica es el estudio del significado de las unidades léxicas. La semántica, además de reflejar los avances registrados en otros campos de la lingüística, se ha beneficiado de los resultados de otras ciencias, sobre todo de la lógica y de la psicología:
reglas que aseguran una exacta significación.
psíquico que se establece entre el hablante y el oyente en el acto de comunicación.
Por otro lado, es preciso recordar que, si se concibe la semántica como la ciencia del significado, esta domina también extensos terrenos de la semiología o semiótica, tanto en su faceta de teoría de los signos (semiótica) como en la de teoría de la comunicación (semiología).
La lexicología, concebida como el estudio científico de las estructuras del léxico, es una disciplina reciente. El término aparece por primera vez (igual que el de lexicografía) en la “ Encyclopédie de D’Alembert y Diderot” , en 1765. Sin embargo, los campos de estas disciplinas apenas se distinguen, soliendo ambos vocablos ser considerados como sinónimos hasta que, mucho tiempo después, en el marco de las investigaciones del estructuralismo, la lexicología adquiere su autonomía.
J. Fernández-Sevilla, consciente de los problemas que entraña el no contar con una tradición secular, la define como una «disciplina lingüística que se ocupa del vocabulario global de una lengua como conjunto estructurado, de la medida y volumen del mismo, de sus movimientos y tendencias generales, según sus épocas; es decir, de los problemas generales relativos al sistema o conjuntos estructurados de palabras»
El léxico de una lengua forma un conjunto abierto que ningún hablante es capaz de utilizar en su totalidad, lo que supone que las relaciones de oposición no tienen en la conciencia del hablante la nitidez que el análisis lingüístico parece mostrar. Así, el rasgo ‘cocido de una vez’, por el que se opone pan a bizcocho, queda oculto para la mayoría de los hablantes del español.
La complejidad de estas relaciones y el diferente grado de conocimiento del idioma explican que el significado de gran parte de las palabras resulte impreciso. Prescindiendo de los factores subjetivos de un mejor o peor conocimiento de la lengua, podemos afirmar, en general, que la imprecisión se encuentra en relación directa con el número de combinaciones en que aquellas puedan aparecer y en relación inversa con el número de semas que se descubran en su significado. Por ejemplo, alimento es más impreciso que pan, por figurar en una serie de contextos, como alimento asado, congelado, crudo, fresco, hervido, líquido, en los que pan nunca se utiliza.
La polisemia , factor de economía lingüística, contribuye en gran medida a la imprecisión de las palabras. Pero la polisemia es posible porque la situación y el contexto evitan confusiones (aunque a veces se juegue humorísticamente con la posibilidad de error) en la interpretación del enunciado. Así, en «Han traído cinco toneladas de galleta para la calefacción», por ejemplo, de las acepciones que en el DRAE tiene la voz galleta, se actualiza la tercera (‘carbón mineral lavado y clasificado, cuyos trozos han de tener un tamaño reglamentario comprendido entre 25 y 45 mm’).
Las necesidades de precisión o exactitud en la comunicación humana son variables. Mientras que en un examen se suele buscar la máxima exactitud, en los chistes se juega constantemente con la imprecisión y el equívoco. Por ello, en todas las lenguas existen términos genéricos, como asunto, cosa, cacharro, fulano o máquina, que proporcionan una gran comodidad expresiva cuando no se encuentra el vocablo exacto o cuando la situación comunicativa facilita la comprensión entre los interlocutores.
En lingüística se suele emplear el término denotación para hacer referencia a los aspectos conceptuales, objetivos y estables, del significado de una unidad léxica, analizables fuera del discurso; y connotación para denominar a los afectivos e imaginativos, subjetivos y variables según los contextos y situaciones. Sin embargo, en la práctica, la distinción entre ambos conceptos no siempre resulta clara.
Llamamos contexto al conjunto de palabras, junto con las relaciones que se establecen entre ellas, integradas en un enunciado, elemental o complejo. Si comparamos «Voy a dar un paseo» y «Me lo encontré en el paseo», observamos que paseo significa en ambas oraciones cosas distintas debido a que los contextos son diferentes; en el primer ejemplo, significa ‘acción de pasear’, y en el segundo, ‘lugar destinado en las poblaciones para pasearse’.
Y llamamos situación , a los datos comunes que el emisor y el receptor tienen sobre la situación cultural y psicológica, las experiencias y los contenidos de ambos dentro de la comunicación. Así, un enunciado como «un clavo» no significa lo mismo si lo emite un conductor que está indagando por qué se ha pinchado la rueda de su automóvil; que si lo emite un carpintero dirigiéndose a su ayudante; la situación hace que, en el primer caso, interpretemos ‘Ha sido un clavo’, y, en el segundo, ‘Dame un clavo’.
Encontramos diferentes tipos:
Existen signos que tienen significados opuestos. En estos casos nos encontramos con el fenómeno de la antonimia. Dentro de la antonimia pueden distinguirse:
Los significados de algunos otros signos guardan entre sí una relación jerárquica:
En principio, y atendiendo a su sentido más amplio, podemos decir que el campo semántico de una palabra está constituido por todas las que se relacionan con ella en el plano del significado.
La estrecha conexión existente entre la constitución de un campo (plano del paradigma) y su funcionamiento (plano del sintagma) hace que se pueda afirmar que un campo semántico está formado por un conjunto de palabras de la misma categoría que pueden aparecer en un punto determinado de la cadena hablada. Si decimos «Tardaré tres minutos», en el lugar donde hemos elegido minutos podrían figurar palabras como años, días, horas, meses, segundos o semanas, que integran con minutos el campo semántico de las ‘unidades de tiempo’.
Los morfemas, en la medida en que tienen significado, también presentan fenómenos semejantes a los estudiados en los apartados anteriores. Por ejemplo, el sufijo -azo posee una polisemia que puede formularse de esta manera:
a) ‘aumentativo’: perrazo;
b) ‘afectivo’: padrazo;
c) ‘despectivo’: aceitazo;
d) ‘golpe dado con’: estacazo;
e) ‘ruido producido por’: cañonazo
Existe un campo integrado por los morfemas que se emplean para formar sustantivos con el sema común ‘lugar en donde’, significado básico al que se añaden ciertos rasgos sémicos que lo concretan. Sin pretender ser exhaustivos, tendríamos ‘lugar en donde’:
a) ‘se realiza una acción’: -(ad, ed, id)uría (pagaduría, expendeduría, freiduría), -(ad)ero (fregadero), -(ed)or (comedor), -(at)orio: sanatorio; b) ‘se colocan o guardan cosas’: -ario (campanario), -ero: monedero; c) ‘se tiran o arrojan cosas’: -ero: cenicero; d) ‘se venden objetos o productos’: -ería: librería; e) ‘colectivo’: -al (trigal), -ar (olivar), -edo: robledo.
Estos campos morfosemánticos proporcionan una extraordinaria economía al idioma y, por ello, facilitan el aprendizaje de las lenguas. Conocido el modelo de derivación, es fácil comprender el valor significativo de numerosas palabras que, de otro modo, tendríamos que aprender una a una. Así, sobre la base de estacazo, que contiene el morfema -azo, se explican garrotazo, lanzazo, martillazo, navajazo, cabezazo, codazo, manotazo o rodillazo.
El cambio semántico consiste en la modificación del significado de una palabra, tanto cuando afecta al significado en cuanto tal, como cuando atañe a las relaciones entre el significado y el significante o entre el significado y el referente.
Las causas son:
contenía los semas ‘con tinta’ y ‘difícilmente borrable’, ahora tenemos que descomponer el primer sema en dos, ‘con tinta líquida’ y ‘con tinta fluida’.