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Asignatura: Política comparada, Profesor: no dire su nombre po, Carrera: Ciencias Políticas, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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7. Violencia politica
y revolución social
El empeño por comprender las motivaciones individuales, estructurales y culturales de la violencia política y lasvÍ>ndiciones que favorecen el éxito de las revoluciones sociales se vio en parte estimulado pm el proceso de descolonización iniciado después de la Segunda Guerra Mundial. En efecto, el interés por la violencia y la inestabilidad políticas se halla directamente relacionado con la instauración y el mantenimiento de la democracia. En pri mer lugar, al intentar comprender los orígenes de la violencia política y las condiciones que llevan a la revolución, los investigadores en este campo esperan ante todo promover la paz (Lichbach 1989: 470), la estabilidad democrática (Huntington 1968; Sanders 1981: 1-21; Carnmack 1997), la protección de los derechos humanos (Poe y Tate 1994) y, en general, una mayor «seguridad para la humanidad». Al igual que en las comparaciones de muchos países examinadas en el capítulo anterior, en este se comparan el diseño de investigación y los hallazgos sustantivos de las comparaciones de muchos países, pocos países y de estu dios de un solo país, en un intento por comprender y explicar esta importante pregunta de investigación. La «comparación de comparaciones}} que ofrece este capítulo presta aten eión a la selección y el número de casos, el periodo temporal de los estudios, los tipos de medidas e indicadores que utiliza cada estudio para operacionalizar los conceptos teóricos, así como los diferentes tipos de técnicas cualitativas y cuantitativas que prevalecen en cada iestudio.
160 Comparación^ de^ comparaciones
El problema de investigación
Tres preguntas de investigación interrelacionadas forman la base de este campo de investi gación en política comparada:
l. ¿Por qué se rebela la gente?
La primera pregunta hace referencia a los factores individuales, estructurales y cultura les que llevan a la gente a rebelarse. Estos factores son muy variados y entre ellos cabe ci tar la «privación relativa» (Gurr 1965, 1970), los niveles generales de desigualdad (Muller y Seligson 1987; Lichbach 1989), las respuestas racionales al cambio de condiciones eco nómicas (Popkin 1979; Lichbach 1994), la indignación moral ante la injusticia (Scott 1976; Moore 1978) y la composición estructural de las economías de exportación de materias pri mas característica de los países menos desarrollados (Paige 1975; Wickham-Crowley 1993). La segunda pregunta remite a los tipos de grupos más susceptibles de prestar el má ximo apoyo a las rebeliones violentas o a los movimientos revolucionarios. Dado que mu chas de las revoluciones que tuvieron éxito durante el siglo xx ocurrieron en países con unas economías en grfll medida basadas en la agricultura (Midlarsky y Roberts 1985: 163 164), las investigaci~s comparativas han prestado una gran atención al papel que desem peñan los campesinos en los movimientos revolucionarios y su aportación al nivel global de violencia política. Por último, la tercera pregunta se refiere a los factores explicativos clave para el éxito de las revoluciones (Goodwin y Skocpol 1989), eventos que no han abundado mucho en la historia del mundo moderno. Los estudios que comparan muchos países tienden a centrarse en los aspectos motiva cionales de la violencia política, mientras que los que comparan pocos países y los estudios de un solo país suelen hacer hincapié en la identificación de los grupos clave y de las con diciones necesarias para el éxito de las revoluciones, sin perder de vista las motivaciones individuales de la actividad rebelde. Los estudios de muchos países enfocan su atención prioritaria en la relación entre el cambio de las condiciones socioeconómicas y la violen cia política, mientras que las comparaciones de pocos países y los estudios de un solo país amplían su análisis examinando el rol de las élites rebeldes, las coaliciones revolucionarias, la fuerza de grupos guerrilleros y la fortaleza del Estado, entre otros factores. Por otra parte, mientras que los estudios de muchos países sólo insinúan un vínculo con la revolución, las comparaciones de pocos países y los estudios de un solo país son más explícitos en la aten ción que prestan a la revolución. De este modo, al igual que en las comparaciones que exa minan la relación entre el desarrollo económico y la democracia, las comparaciones que fi guran en este capítulo ponen de manifiesto una variedad de factores que explican la violencia política y el éxito de las revoluciones. La discusión se centrará ahora en ejemploS paradigmáticos de la política comparada que ilustran los diferentes modos en los que se han abordado estas cuestiones.
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cal Violence los «procesos causales subyacentes a las diferencias entre países en cuanto a niveles de violencia política masiva durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mun dial». Declaró abiertamente su disposición a sacrificar tanto el examen de factores micro políticos como el estudio de países individuales en aras de generalizaciones basadas en evi dencias globales. Hibbs desarrolló dos grandes indicadores de violencia política masiva (su variable dependiente). El primero, la protesta colectiva, engloba revueltas, ataques arma dos, huelgas políticas, asesinatos políticos, muertes por violencia política y manifestacio nes contra el gobierno. El segundo, la guerra interna, comprende ataques armados, muer
. bajos nivele . las sociedac j.<VUU'''i:L bie formas I violenci.
162 Comparación de comparaciones
Figura 7.1 Un modelo causal de las luchas civiles
Legitimidad
,--c---,----.----, Privación persistente +
~+ -----+------~~._>~fM;gnit;;d del conflicto
. civil 1961-
ICondiciones :
. socio-estructurales i 1
teóricos, mientras que el aná11sis cuantitativo muestra cómo la variación en la magnitud de conflicto civil en 114 países se explica en virtud de estas diferentes medidas de privación relativa. La figura 7.1 muestra que las dos variables independientes clave (privación persis tente y de corto plazo) tienen efectos positivos sustanciales sobre la magnitud del conflicto civil, controlando el propio análisis los efectos de las demás variables independientes. Este estudio pone igualmente de relieve que la comparación de muchos países constituye un mé todo apropiado para identificar factores universales que ocasionan contiendas civiles. El gran número de países permite que haya un amplio grado de lib.ertad para incluir en el mo delo las siete variables independientes. En otras palabras, hay Un número suficiente de paí ses como para permitir que las variables varíen (véanse los capítulos 2 y 3). Asimismo, la selección de países no está determinada por el resultado que se pretende explicar, por lo que no adolece de sesgo de selección. Por todo ello, el estudio de Gurr destaca como uno de los análisis más tempranos y exhaustivos que se plantearon la pregunta de investigación que aquí nos ocupa usando este particular método comparado. Al igual que Gurr (1968), Douglas Hibbs (1973: íx) se propuso examinar en Mass Politi
tes por violt indicadores I World Handl hacen las ve' tico y sirver ción. Los da concretamen En lugar se embarcó I pítulo 1) an las hipótesü variables Íní fueron agru¡ ciales y sep, sumen de Ul traste de hi' bivariable e aunque algu separatismo les pasados mientras qm presencia de Aunque 1 gos para COI en cuenta la dos posteri( Hibbs fue c; variables mI gunda déca( Este comple pales conclt En conjunte
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- 7. Violencia política y revolución social 163
tes por violencia política y asesinatos políticos. Los componentes de cada uno de estos indicadores (o índices) fueron codificados a partir de fuentes periodísticas y figuran en el World Handbook of Politieal and Sociallndicators (Taylor y Hudson 1972). Ambos índices hacen las veces de variables dependientes que se usan a lo largo de todo el análisis estadís tico y sirven como controles recíprocos al existir un cierto solapamiento en su composi ción. Los datos están disponibles para 108 países y se agrupan en dos décadas separadas, concretamente 1948-1957 y 1958-1967. En lugar de establecer una teoría cabal sobre la violencia política masiva, Hibbs (1973) se embarcó en un ejercicio exhaustivo de generación y contraste de hipótesis (véase el ca pítulo 1) antes de pasar a especificar un modelo causal complejo. A la hora de contrastar las hipótesis, especificó más de 25 relaciones lineales y no lineales diferentes entre sus variables independientes y sus dos índices de violencia política masiva. Estas relaciones fueron agrupadas en categorías generales que incluyen desarrollo económico, fracturas so ciales y separatismo, coerción y represión estatal, y política nacional. En la tabla 7.1 se re sumen de una manera no cuantitativa las principales conclusiones de su ejercicio de con traste de hipótesis. En general, Hibbs apenas halla respaldo para una relación directa bivariable entre las distintas variables independientes y sus dos variables dependientes, aunque algunos de sus hallazgos apuntan en la dirección esperada. Por ejemplo, el nivel de separatismo político en una sociedad parece estar ligado al nivel de guerra civil. Los nive les pasados de represión en la década anteríor parecen inhibir la violencia política masiva, mientras que los niveles de represión en la misma década parecen impulsarla. Por último, la presencia de un régimen totalitario comunista desalienta la violencia política.
gos para construir un elaborado modelo causal multivariable de violencia política que tiene en cuenta la primacía causal de ciertos factores, los cuales, a su vez, detenninan los resulta dos posteriores. Al estar divididos los datos en dos décadas (1948-1957 y 1958-1967), Hibbs fue capaz de construir modelos que examinan los efectos de los valores de algunas variables medidas para la primera década sobre las mismas variables medidas para la se gunda década, estimando al mismo tiempo sus efectos globales sobre la violencia política. Este complejo modelo se representa en la figura 7.2 y sirve de base para discutir las princi pales conclusiones del estudio y poner de relieve los puntos fuertes y débiles del mismo. En conjunto, Hibbs (I 973) dio cuenta de más de 30 hallazgos sustantivos a partir de su análisis estadístico, la mayoría de los cuales refutan proposiciones ampliamente aceptadas (Sanders 1981: 19), siendo algunos de ellos relevantes para la discusión que nos ocupa. En tre las variables más destacables a la hora de explicar los mayores niveles de violencia polí tica figuran los niveles pasados de violencia política, la presencia de fracturas sociales, los bajos niveles de represión y la ausencia de un régimen totalitario comunista. De esta forma, las sociedades profundamente divididas tienden a registrar niveles más altos de violencia política, bien en fonna de protesta colectiva o de guerra interna. En la segunda década, am bas fonnas de violencia se deben, en parte, a los niveles de violencia en la década anterior. La violencia también tiende a ser mayor en los países sin niveles altos de represión y en aquellos no controlados por regímenes comunistas.
Figura 7.2 Un modelo causal de violencia política
Variables causalmente anteriores Variables determinadas simultáneamente
---........ Relación unidireccional oC )lo Relación simultánea ............. Inexistencia de relación significativa FUENfE: Adaptada de Hibbs (1973: 135~3).
La fuerza del estudio radica en que Hibbs (1973) trató de evitar el problema del «ses go de las variables omitidas» (King et al. 1994: 168-182) mediante la inclusión de una multitud de variables que, a su entender, pueden (o no) estar relacionadas con la violen cia política. Contando con dos décadas de indicadores separadas, efectivamente duplica el tamaño de su muestra hasta 216 países (108 x 2), lo que proporciona unos grados de libertad adecuados para el análisis; sin embargo, el uso de agregados de diez años ha lle vado a algunos observadores a cuestionar sus conclusiones (véase Sanders 1981: 41-43). Lo cierto es que las conclusiones de Hibbs se ajustan mucho a los resultados estadísticos y es muy cuidadoso a la hora de especificar qué efectos son causalmente anteriores a otros. A pesar de estas fortalezas, en el estudio no se desarrolla una teoría general de la violencia política, sino que más bien se contrasta una serie de hipótesis interesantes y se construyen modelos individuales de muy diversas formas, lo que realmente, al final, hace que «los árboles no dejen ver el bosque». En todos los modelos, los niveles pasados de ....• violencia se toman como dados, oexógenos al sistema, y su efecto significativo en los actuales de violencia política obliga a preguntarse por la explicación de los ni
veles anteriores de violencia política. Por último, aparte de una pequeña referencia, en el análisis nunca se examina la relación entre la protesta colectiva y la guerra interna. Hibbs postuló su estrecha asociación mutua, pero no incluyó ninguna de ellas corno variable independiente en alguno de los modelos. En su conjunto, el estudio sirve como ejemplo de una forma extrema de comparación cuantitativa internacional. Si bien incluye mu chas más variables que Gurr (1968), el «beneficio» teórico parece ser considerablemente menor. En Agrarian Revolution, Jeffrey Paige (1975) se marcó un objetivo académicamente di ferente del de Gurr (1968) o del de Hibbs (1973), pero utilizó el mismo método compara do para alcanzarlo. Al igual que ellos, intentó explicar la incidencia de la rebelión y de la violencia colectiva; sin embargo, se centró únicamente en la rebelión rural en el sector agrario, y diferenció la variable dependiente dividiéndola en cuatro categorías: reforma, revuelta, rebelión y revolución. Su muestra empírica incluía 135 sectores exportadores di ferentes de 70 países en desarrollo durante el periodo comprendido entre 1947 Y 1970 (Paige 1975: 72). En contraposición a la teoría psicológica e individual de Gurr (1967) y a la multitud de factores de Hibbs (1973), Paige se centró en la estructura del sector agrario yen su relación con la violencia colectiva. Para Paige, existen dos tipos de grupos en este sector (cultivadores y propietarios) con tres fuentes de ingresos (tierra, capital y salarios). Los propietarios obtienen sus ingresos de la tierra (plantaciones) o del capital (explotacio nes comerciales), rpientras que los cultivadores obtienen sus ingresos de la tierra o de los s~larios. Dife~enti~ombinaciones de ti~rra,. capital y. salarios producen los siguientes tres tIpOS de conflIctos <:hferentes entre propIetanos y cultIvadores: revuelta, reforma y revolu ción. Según la teoría estructural de Paige, la revuelta es más probable en sectores agrarios en los que los propietarios y los cultivadores obtienen sus ingresos de la tierra, mientras que la probabilidad de comportamiento revolucionario es más alta en sectores agrarios en los que la tierra es la fuente de ingresos de los propietarios, y los salarios el sustento de los cultivadores. Paige (1975: 73) señaló críticamente que estudios como los de Gurr (1968) identifican motivaciones para la violencia política a nivel individual, pero usan corno unidades de análi sis los Estados nacionales. Su estudio de la organización agraria emplea una unidad de aná lisis correcta, el propio sector agrario, «definido por las grandes regiones productivas para un determinado cultivo de exportación dentro de un país concreto» (Paige 1975: 73). De esta forma, Paige evitó el problema de la falacia ecológica (véase el capítulo 2) y minimizó el problema de las relaciones espurias en su análisis estadístico. Una vez definida la unidad de análisis, operacionalizó tanto la organización agrícola como el comportamiento colectivo a partir de los movimientos sociales rurales. Categorizó los distintos sectores agrícolas en fun ción de la organización de su fuerza de trabajo y la propiedad de su empresa agrícola (véase la tabla 7.2) y definió los movimientos sociales, en general, como «actos colectivos que tie nen lugar fuera del marco institucional establecido y aglutinan a participantes unidos por al gún sentimiento compartido de identidad» (Paige 1975: 87, véase también el capítulo 8). Las actividades de los movimientos rurales fueron codificadas a partir de eventos reflejadoS en los sumarios de los periódicos y de resúmenes de prensa regionales, pero sólo cuando ~e trataba de iniciativas colectivas, no institucionales, con participación de grupos de solidari dad y acciones de «personas que llevan a cabo el trabajo físico del cultivo» (ibíd.: 90·91)·
168 Comparación^ de
A pesar de esta fuerte correlación entre la organización agrícola y los eventos protagoni zados por movimientos sociales rurales, Paige (1975: 120) hubo de completar una cadena ( de inferencias para vincular la estructura del sector agrario con la disidencia política colec tiva. No obstante, esta cadena de inferencias es ligeramente más corta que la requerida por Gurr (1968), ya que su unidad de análisis se halla más próxima a los conceptos teóricos que desarrolla. En ambos tipos de sistemas agrícolas en los que se observaron revueltas y revoluciones, los propietarios de la tierra dependen de ella como fuente de ingresos y de
rece el comportamiento revolucionario (Paige 1975: 120-121). Además de la evidencia in ternacional recabada para su teoría, Paige «trianguló» (Tarrow 1995: 473-474) su estudio comparando tres casos (Perú, Angola y Vietnam), cuya discusión se aborda en el siguiente apartado de este capítulo. Los estudios que siguen los pasos de Gurr (1968), Hibbs (1973) y Paige (1975) tienden a centrarse en un factor explicativo -la desigualdad- para la violencia política en el mundo. En general, sin argumentos a priori sobre el tipo de relación existente entre la desigualdad y la violencia política, esos trabajos comparados han intentado aportar evidencias referen tes a los cuatro tipos de relaciones trazadas en el cuadro resumen 7.1 (lineal positiva, lineal negativa, forma de U y forma de U invertida)!. Puesto que el repertorio de estudios inter nacionales sobre des¡gUa.i 1 d.. ad y violencia polftica es muy extenso (Sanders 1981; Lichbach 1989: 435-436), este ap~tado se centrará en dos ejemplos destacados de ese conjunto de investigaciones comparadas. Las diferencias entre ellos residen en los diferentes modos en los que conciben la desigualdad (en la distribución de la tierra o de la renta), los modos en los que miden la violencia política (guerra interna o muertes por violencia política) y las especificaciones de sus respectivos modelos. Sigelman y Simpson (1977) compararon indicadores de desigualdad y violencia política en 49 países durante los años centrales de la década de los años sesenta, controlando (o man teniendo constantes) al mismo tiempo los efectos de los niveles generales de riqueza, las pau tas de movilidad social, los grados de heterogeneidad sociocultural, la tasa de cambio social y el tamaño de la población. La riqueza se midió a través del producto nacional bruto per cápita. La amplitud de la matrícula educativa nacional se tomó como indicador de la movilidad social, y el grado de división étnica como indicador de heterogeneidad sociocultural. La tasa de cam bio social se calculó a partir de la variación de la población urbana entre 1950 y 1960 (ibíd.: 113-114). La desigualdad se operacionalizó como la distribución de la renta, medida por el coeficiente de Gini (véase el cuadro resumen 7.2). Finalmente, para medir la violencia polí tica se empleó el Índice de guerra interna de Hibbs (1973) (ibíd.: 113-114). Así pues, las me didas de los distintos conceptos se asemejan a las utilizadas por Hibbs (1973), pero el estudio de Sigelman y Simpson se centra en un tema más reducido, ya que pretende contrastar única mente la relación entre la desigualdad en la distribución de la renta y la violencia política.
¡ Un repaso exhaustivo de comparaciones cuantitativas que examinan la relación entre la desigualdad Y el conflicto político arroja que la falta de un modelado formal claro y de reflexión teórica ha llevado a resul tados no concluyentes, producto de operacional izar los conceptos y especificar los modelos de maneras di ferentes (véase Lichbach 1989).
J. Abajo se representa cadal1nade<estasformas,funcionales~
7 .6reflejalare1ad6ncontraria.Akdargo.de.losaños.tosest~dios ~uecompa
rou :;::; !§C. "t:> ro ::9ro ::::J en oc; (IJ o Desigualdad económica Figura 7.3 Relación positiva
~ C. "t:> ro ::
'r¡; I ~ ~~-'::'"""-----_l> Desigualdad económica Figura 7.5 Relación con, forma deU
Desigualdad económica Figura 7.4 Relación negativa
Desigualdad económica Figura 7.6 Relación con (orQla de U invertida
'Figura 7.8 El coeficiente de Gini
B
Coeficiente de Gini=~~ área total BCD
Curva de lorenz
Porcentaje de perceptores de renta
Adaptada de Todaro (19_ 146).
C
'~~atcular el grado en el que la curva de Lorenz se aparta de la línea de igualdad perfecta. ~El coeficiente de Gini oscila entre O (sin desigualdad) y 1 (desigualdad perfecta). De este ;,~modo, cuanto más alto es el coeficiente de Gini, más desigual será la distribución de la cÍré·nta nacionaL. El coeficiente de Gini es una medida ampliamente utilizada en estudios 'que comparan muchos países, ya que puede aplicarse a todos los países del mundo.
En su análisis comparado, Sigelman y Simpson (1977) contrastaron las formas lineales y no lineales de la relación entre la desigualdad en la distribución de la renta y la violencia política. Sus modelos simples sólo incluyen la desigualdad en la distribución de la renta y la población como variables independientes, y sus resultados sugieren la existencia de una relación lineal positiva entre la desigualdad en la distribución de la renta y la violencia po lítica. En otras palabras, entre los 49 países de su muestra, los países populosos con altos niveles de desigualdad de renta registran altos niveles de violencia política; ahora bien, la relación curvilínea no recibe tal respaldo empírico. Aparte de la población y de la desigual dad en la distribución de la renta, los autores incorporaron a sus modelos más complejos los indicadores de riqueza, movilidad social, heterogeneidad sociocultural y la tasa de cam bio social. Nuevamente se muestra la existencia de una relación positiva lineal entre la des igualdad en la distribución de la renta y la violencia política, mientras que la movilidad so cial y la riqueza parecen tener un efecto negativo, y la heterogeneidad sociocultural un efecto positivo. Estos resultados indican que si bien altos niveles de desigualdad en la dis tribución de la renta llevan asociados altos niveles de violencia política, existe menos vio lencia política en países ricos con oportunidades de avance social, y más violencia política en países con sociedades profundamente divididas.
172 Comparación de comparadones
Diez años después de que Sigelman y Simpson (1977) publicaran su estudio, MuIler y Seligson (1987) reexaminaron la relación entre la desigualdad y la violencia política. A di ferencia del estudio anterior, compararon los efectos que tiene la desigualdad en la distribu ción no sólo de la tierra, sino también de la renta, en la violencia política. Midieron ambos tipos de desigualdad mediante los coeficientes de Gini de distribución de la tierra y de dis tribución de la renta. Otras variables independientes de su modelo son el tamaño de la pobla ción activa en la agricultura, el porcentaje de campesinos sin tierra, la represión, los actos coercitivos del Estado (pasados y presentes), el separatismo político, el nivel de desarrollo económico y los niveles pasados de violencia política. Desviándose de los estudios anterio res expuestos en este apartado, Muller y Selígson (1987) definieron «las muertes por violen cia política» como medida de la violencia política, excluyendo otros indicadores (como los ataques armados y asesinatos) que forman parte del índice de guerra interna de Hibbs (1973). El análisis de Sigelman y Simpson compara 62 países durante los años 1960 y 1970 usando técnicas de regresión simple y múltiple, con el fin de examinar la relación primaria entre la desigualdad y la violencia política. Las conclusiones se resumen en la figura 7.9, que mues tra que la injusta distribución de la tierra y la desigualdad agraria únicamente adquieren relevancia explicativa si se traducen en niveles generales de desigualdad en la distribu ción de la renta. En otras palabras, los niveles generales de desigualdad en la distribución de la renta tienen un efecto positivo en la incidencia de la violencia política. Además, los autores concluyeron que la represión del régimen contribuye a la violencia política, al igual que los actos de coerción estatal, los niveles pasados de violencia política (compárese con Hibbs 1973) y el nivel de separatismo político. Está claro que este estudio incluye muchas de las variables independientes que utilizó Hibbs (1973), combinándolas con la variable de desigualdad en la distri.ución de la renta de Sigelman y Simpson (1977) y, al mismo tiem po, comparando los efe5tos globales de la desigualdad en la distribución de la tierra.
Figura 7.9 Desigualdad y violencia política
Población activa en la agricultura
Desigualdad en I Desigualdad en la la distribudón i distribudón de de la renta Ila tierra + Violencia política· 1968-1972 (^) +
Actos coercitivos del Estado 1973-
FUENTE: Adaptada de Muller y Selígson (1987: 442).
rad La tiPl dir· tan en Pai COI
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tarios de tierra necesitaran más tierra, lo cual, unido al crecimiento de la población en cada país, llevó a percepciones de escasez. Entre las demás variables significativas de Wolf (1969: 282-302) figuran la presencia de una autoridad estatal central cuya base de poder se vio rápidamente erosionada; la presencia de campesinos de clase media y «libres» suscepti bles de ser movilizados para la lucha revolucionaria; y la propia rebelión campesina violen ta, que se llevó a cabo para preservar las formas de producción agrícola tradicionales. La tabla 7.3 resume la comparación de Wolf (1969); se relacionan en ella los países, las principales variables independientes, el resultado y los grandes beneficiarios de estas revo luciones. La tabla demuestra que Wolf adoptó el diseño de sistemas de máxima diferencia (DSMD) para su comparación (véanse los capítulos 2 y 4), que se caracteriza por que el resultado está siempre presente y todos los países comparten las principales variables expli cativas. Su estudio presenta el problema del sesgo de selección, ya que no permite que la variable dependiente (revolución social) varíe. Por ejemplo, no incluye en la comparación casos en los que las guerras campesinas no acabaron en revolución social. De este modo, sus.i.nferencias resultan menos seguras y se limitan a los países incluidos en su estudio, aunque una de las motivaciones de su análisis era la de ofrecer orientación a los responsa bles de las políticas públicas de los Estados Unidos para evitar más «Vietnams» (Wolf 1969: x). Irónicamente, los grandes beneficiarios de estas guerras y revoluciones campesi nas no han sido los campesinos, sino más bien las clases medias, las distintas organizaciones de partidos revolucionarios y las coaliciones de ejército y partidos políticos. No obstante, al igual que Barrington Moore (1966), el estudio de Wolf destaca como uno de los primeros ejemplos en la historí?íde la investigación comparada que trata de identificar rasgos comu nes en un conjunto dtJ.países muy diferentes en un intento de explicar una serie de resul tados similares. Paige (1975) demostró que la comparación de Perú, Angola y Vietnam corroboraba sus hallazgos previos obtenidos mediante la comparación de una muestra grande de países. Se leccionó estos tres casos porque cada uno de esos países «había experimentado un movi miento especialmente bien conocido y descrito y porque cada uno de ellos prometía propor cionar un conocimiento detallado de los principios generales que vinculaban los tipos de organización agrícola y los tipos de movimientos sociales rurales» (ibíd.: 123). En el caso de Perú, comparó los movimientos obreros de las plantaciones industriales de azúcar y los movimientos agrarios de los sistemas de hacienda de explotaciones agrícolas comerciales. En el caso angoleño, examinó el movimiento revolucionario nacionalista en el sector de la exportación de café, propiedad de los colonos. En el caso vietnamita, abordó el estudio de la guerra como ejemplo de movimiento revolucionario socialista en un sistema de aparcerías del sector exportador de arroz (ibíd.). Basándose en correlaciones sustanciales entre movi mientos sociales rurales y la peculiar estructura del sector agrario en cada uno de estos casos, Paige (ibíd.: 210) puso de manifiesto que el «determinante primordial» del conflicto político es la distribución de recursos políticos y económicos establecida por las nuevas formas de organización agrícola de la exportación. Para cada caso, Paige fue capaz de aportar eviden cias sobre la estructura del sector agrícola y la incidencia de la rebelión rural para replicar la relación que estableció en su comparación global de 135 sectores exportadores. James Scott (1976) proporcionó una comparación binaria de Birmania y Vietnam en un intento de ilustrar cómo su teoría de la «economía moral» explica el comportamiento revo
Tabla 7.3 Condiciones para el estallido de guerras y revoluciones campesinas en el siglo xx (^) l~
Variables
Condiciones de partida
Transformación capitalista
Modo de expansión capitalista
Crecimiento de la población
México
Campesinado atado a la tierra
Sí
Expansión violenta de las granjas
Sí
Rusia China
Campesinado atado Campesinado a la tierra atado a la tierra
Sí Sí
Empresarios (^) .1m-<=olonízación de tierras nuevas
Sí Sí
Vietnam
Campesinado atado a la tierra
Sí
Empresarios
Sí
Argelia
Campesinado atado a la tierra
Sí
Expansión violenta de las granjas
Sí
Cuba
Proletariado azucarero
Sí
Empresarios
Sí
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t.II o O.a,¡
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Autoridad central Porfirio Díaz Zarismo Chiang Kai-shek Francia Francia Batista
Partidarios de la vanguardia
Ejército constitucional
Ejército ruso soldados campesinos
Ejército Rojo
Campesinos libres (^) Sí Sí Sí Sí Sí Sí
Guerra campesina (^) Sí Sí Sí Sí Sí Sí
Resultado Revolución Revolución Revolución Revolución Revolución Revolución
Beneficiarios (^) Clase media Partido comunista Partido comunista Partido comunista Clase media Ejército-Partido comunista
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176 Comparación^ de^ comparaciones
lucionario campesino. Haciendo uso de muchas de las ideas desarrolladas en la explicación de Wolf (1969), Scott desarrolló un modelo, o retrato, de la comunidad campesina y de su organización básica que, cuando se ve transformada por la llegada del capitalismo de mer cado, incuba las semillas de la rebelión. La economía moral, como él la denomina, se de sarrolla a partir de la naturaleza particular de la economía campesina, organizada para aten der las necesidades básicas de subsistencia de sus habitantes. Para Scott, estos campesinos reúnen dos características: son «aversos al riesgo» y viven tan cerca de una línea de sub sistencia básica que establecen redes de apoyo basadas en la comunidad y en normas de reciprocidad que les permiten sobrevivir. Su explicación no se centra en averiguar las razo nes del triunfo de una revolución social, sino por qué los campesinos se rebelan, aunque su análisis se apoya en argumentos similares a los hallados en Moore (1966) Y Wolf (1969). Su variable explicativa maestra es el capitalismo de mercado, y su variable dependiente la rebelión campesina. Así pues, según la explicación de Scott, la irrupción del capitalismo de mercado en el Sudeste asiático durante la época colonial transformó de tal manera la «ética de subsistencia» básica de la economía moral que los campesinos se rebelaron en un intento de preservar su sistema de organización centenario. Mediante una comparación cua litativa de la historia del cambio colonial y la introducción del capitalismo de mercado en el sur de Birmania y Vietnam, Scott (1976: 157) puso de manifiesto que «el cambio estruc tural en el periodo colonial permitió a las élites y al Estado ... violar cada vez más la econo mía moral del campesinado y hacerse más explotadoras». De manera simil~a Wolf (1969), Theda Skocpol (1979) se sirvió del método compara tivo histórico para e~licar las revoluciones sociales en Francia, Rusia y China. Aunque su universo de países es bastante más reducido que el de Wolf (1969), incluyendo los casos «negativos» de Japón, Prusia e Inglaterra pretendió solventar el problema del sesgo de se lección mediante la «comprobación» de su teoría estructural de la revolución (Skocpol 1979: 37; Mahoney y Goertz 2004; véase también el capítulo 4 de este libro). Skocpol tam bién estableció una distinción entre revolución «social» y revolución «política». La revolu ción social conlleva una transformación rápida y básica del Estado y de las estructuras de cIase de un país, mientras que una revolución política supone una reforma de las institucio nes políticas dominantes del momento, pero no de las sociales (ibíd.: 4). Al igual que Wolf (1969), Paige (1975) y Scott (1976), Skocpol prestó especial atención a los campesinos en virtud de su importancia en una revolución social. En contraste con estos estudios, su varia ble explicativa maestra es el Estado absolutista y su posterior caída ante la creciente pre sión internacional, circunstancia que brinda la oportunidad política necesaria para el éxito de los movimientos revolucionarios. Argumentando contra una explicación puramente marxista de la revolución, Skocpol (1979: 34-35) escribió que
mas variables causales que remiten a la fortaleza y la estructura de los Estados del Antiguo Régimen y a las relaciones de las organizaciones estatales con las estructuras de clases pueden discriminar entre casos de revoluciones triunfantes, casos de revoluciones frustradas y ausencia de revolución mucho mejor que las variables que hacen referencia a relaciones de clases y pautas de desarrollo económico.
De este modo, Skocpol (1979) intentó salvar el vacío de la explicación marxista mediante un análisis directo de los cambios en las pautas de la organización estatal y su relación con
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Este pasaje deja bien claro que Womack (1969) consigue mucho más que sólo contar una historia. La conclusión es que la gente del campo, se defina como se defina este colec tivo, se opondrá al cambio, ya sea inducido por la transformación capitalista de la agricul tura o por la imposición de proyectos de reforma dirigidos por el Estado; esta es una con clusión que tiene una fuerte resonancia en los demás estudios sobre rebelión y revolución reseñados en este capítulo. Nugent (1993) se hizo eco de esta conclusión y de esta percepción de la resistencia cuando examinó la historia dialéctica de las relaciones comunidad-Estado en Namiquipa. Como Womack (1969), Nugent se sentía incómodo con el término «campesino», aferrán dose al de serranos (que literalmente significa residente en la sierra), conocidos más gene ralmente como un tipo de campesinado libre. Nugent adoptó una visión no instrumental del Estado y una definición relacional de ideología, a la que se atribuyó una función mediadora entre los serranos y el Estado. Echando mano de estas categorías analíticas, Nugent se movió hacia atrás y hacia adelante en la historia para desvelar temas comunes en la lucha política por la tierra, una lucha basada en la resistencia a la invasión de outsiders. Entre estos outsiders figuran los apaches en el siglo XVII, la expansión de la modernización eco nómica en el siglo XIX y la imposición de reformas agrarias por el Estado mexicano pos revolucionario. En términos generales, la explicación de Nugent se centra en cuestiones tales como la tierra, el trabajo, la identidad y la movilización revolucionaria. La inferencia clave es que históricamente se libraron en esta región luchas similares sobre tipos de agra vios similares, aunque tlles luchas no siguen una pauta evolutÍva lineal (ibíd.: 151). Nugent concluyó más bien que'" relación entre tierra, trabajo y política se halla inscrita en la ideo logía de Namiquipa, que responde a los desafíos siempré cambiantes llegados del exterior; pero también representa una constante en la historia que el campesinado, independiente mente de cómo se defina este término, «se niega a marcharse» (ibíd.: 165). Por último, Harvey (1998) analizó la rebelión zapatista, que comenzó oficialmente en enero de 1994 en el estado sureño de Chiapas. Como su nombre indica, la rebelión zapa tista se basa en la historia de lucha en el sur de México y en el líder de Morelos Emiliano Zapata, pero, según Harvey, añade nuevas dimensiones a las pautas de aquella rebelión más antigua. Al rastrear la historia del conflicto político con uso de violencia entre el campesi nado, Harvey puso de manifiesto que la rebelión de Chiapas se basó en nuevas organiza ciones campesinas independientes que se habían desarrollado en los años sesenta y setenta, así como en una variedad de redes de ámbito nacional. Además de la exigencia de reforma agraria en Chiapas, los protagonistas de la rebelión exigían la plena garantía y protección de los derechos de los pueblos indígenas y de las mujeres, al igual que la democratización del sistema político mexicano (ibid.: 199-200). Esta forma más reciente de rebelión fue provocada por una serie de «trastornos» en la región, incluido el mal reparto de la tierra, la modernización económica (proyectos de presas hidroeléctricas, exploraciones petrolíferas, talas de árboles y explotaciones ganaderas), los cambios en el seno de la Iglesia católica, la educación de maestros y catequistas bilingües, el activismo estudiantil post-1968 y la gra dual liberalización del sistema de partidos políticos mexicano (ibid.: 228). Para Harvey, el resultado clave de la rebelión fue que los derechos y la cultura del pueblo indígena pasaron a formar parte integral del proceso de democratización en México.
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